Capítulo 19: La Batalla Final

Alicia echó a correr, con el Patronus trotando a su lado siguiéndole el paso, colina abajo hacia la explanada donde la cruenta batalla estaba dando lugar. Desde el castillo se oían gritos y chillidos, lo cual sumaba más desesperación y angustia al ambiente.

De pronto, sintió que algo pesado la botaba al suelo, desvaneciéndose el Patronus. Miró a su lado, encontrando a un muchacho de unos quinces años, cubriéndose el ojo izquierdo, intentando frenar una profunda hemorragia.

- Son unos ilusos si creen que con un puñado de estudiantes mediocres como ustedes van a derrotarnos. - habló una alta y oscura figura a cinco metros de distancia.

Alicia se colocó trabajosamente de pie, y cuando lo logró, después de ayudar al muchacho a hacer lo mismo, azotó el aire con la varita, mientras la máscara del mortífago salía disparada.

El curtido rostro de uno de los seguidores más apreciados por Lord Voldemort se contorsionó en una mueca de desprecio.

- No voy a preguntar qué haces ahí, Riddle. - murmuró Dolohov, golpeando la varita contra su pierna, la cual escupía chispas violáceas.

Alicia sacudió la varita en espiral, al tiempo que una venda se amarraba alrededor del rostro del muchacho.

- Lárgate de aquí. ¡AHORA! - el chico echó a correr como alma que lo persigue el diablo hacia el castillo.

- Eres una estúpida, Riddle. Aún desde aquí puedo alcanzarlo. - se mofó Dolohov, apuntándolo en el centro de la espalda.

- De ningún modo harás eso. ¡Imperio!- el mortífago se giró hacia atrás, evitando la maldición con una voltereta asombrosa. Rió estridentemente.

- ¿Qué harás conmigo hechizado? ¿Salvar sangresucias y traidores a la sangre? - volvió a burlarse. Pero esta vez fue Alicia la que curvó sus labios perversamente.

- ¿Acaso ya olvidaste lo que puedo hacer a las personas que caen bajo mi dominio? - cuestionó, avanzando amenazadoramente hacia él, tan letal como solía recordarla con sus escasos años y su sonrisa aterradora.

- ¡Maldita zorra!... - un rayo de color violeta se dirigió directo hacia ella. Alicia giró la varita, creando un escudo que absorbió toda la energía de la maldición.

Dolohov protestó por lo bajo.

- ¡CRUCIO!- la bruja giró la varita hacia el otro lado, y el hechizo se devolvió hacia él. Ambas maldiciones golpearon en el centro, creando un estallido de luces brillantes que iluminaron de súbito el oscuro campo.

- La protegida del Señor de las Tinieblas ha de conocer todo el poder de la Magia Negra... - manifestó el Mortífago, caminando de un lado al otro como un animal enjaulado. - Poseyendo un poder que sólo el mismo Señor de las Tinieblas es capaz de derrotar... - chispas azules brotaron de su varita, quemando el césped a su alrededor.

- Esa no es una excusa para no batirte conmigo... ¡Serpensortia!- rugió. Una enorme serpiente saltó de su varita, arrastrándose furiosa hacia Dolohov.

- Tú y tus serpientes... vamos a ver si has mejorado... ¡Incendio!- las llamas rodearon a la reptil por segundos, sin siquiera rozarla. Dolohov expandió los ojos, asombrado.

- Por supuesto que he mejorado... - se burló la bruja. - Atácalo. Síguelo y atácalo. - susurró en pársel. La serpiente obedeció la orden, persiguiendo al hombre.

Se hubiera quedado a mirar cómo la serpiente lo devoraba, pero tuvo que evitar un mangazo que le atinó un segundo mortífago. Un novato, quizá, pero que sabía muy bien el arte de la lucha cuerpo a cuerpo. No pudo esquivar el segundo golpe, que le dio de lleno en el centro del pecho, tropezando y dando de bruces al suelo. Ya en tierra, el mortífago le propinó una patada en el estómago. Asustada, cubriéndose el vientre, levantó la varita y gritó:

- ¡Diffindo!- un tajo atravesó el tórax del mortífago, quien quedó petrificado unos segundos, y luego se dobló en dos por el dolor. Furiosa con el tipo, aún agarrándose el estómago con una mano, escupió con frialdad:

- Avada Kedavra. -

No alcanzó a contemplar la magnitud de su maldición, porque los gritos de unos niños cercanos la hicieron voltearse. Tres Mortífagos acechaban a cinco niños, algunos indefensos y petrificados del miedo.

Hizo aparecer más serpientes, enviándolas a atacar a los oscuros seguidores.

- Es muy propio de ti esa firma de la serpiente. -

Aquella voz la recorrió entera, provocándole un estremecimiento que nada tenía que ver con la presencia de los dementores. Una voz ronca, grave y gélida. Una voz que no admitía réplica ni otorgaba misericordia. Una voz que había susurrado en el pasado memorables palabras de aliento e incluso felicitación.

Se volteó lentamente, cuidadosa, no queriendo hallarse frente a la figura que la recibiría.

- Yo no quise asesinar a tu hermano, Rodolphus. -

Rodolphus Lestrange mantenía su porte, intimidante, frío, distante. Elegante. Tranquilo. Peligroso.

- Pero no tuve más alternativa. No podía permitir que me amarraran a él. -

La expresión en el rostro del mortífago no varió en los más mínimo.

- Es una lástima, Alicia. Realmente. -

¿Por qué Lestrange? ¿Por qué ellos, que la conocían tan bien?

Prácticamente, se había criado con ellos.

Luego de que Voldemort hubiera añadido a sus (en ese tiempo) nacientes filas al heredero de la familia Lestrange y a la mayor de los Black, ambos ya convenidos en matrimonio, dejaba a Alicia a cargo de ellos. Con sus respectivos elfos, claro, pero ya sin nodrizas. Voldemort estaba conciente de la oscura influencia que los jóvenes ejercerían sobre la niña Alicia de 6 años.

Bellatrix había creado un tipo de lazo con ella, que ahora no era más que un vago recuerdo. Y Rodolphus había creado otro tipo de lazo. Uno que, al menos para Alicia, le costaba romper.

- La verdad, yo no. Quien de nada se arrepiente es más feliz. - se jactó ella.

Le hacía gracia, ya que había sido precisamente él quién le había enseñado eso.

Rodolphus desenfundó la varilla. Una a la que Alicia más de una vez había temido, al ver las marcas que dejaba en Bellatrix. Marcas que la misma bruja disfrutaba de portar. Nunca había entendido esa relación que existía entre Rodolphus y Bellatrix.

- ¿Algo más que lamentar, Rodolphus? -

El mago se inclinó con cierta reverencia a modo de saludo.

- No, ni siquiera el hecho de ser yo quien acabe contigo. -

Alicia imitó su sonrisa despiadada.

- No me digas... -

Fuertes estruendos sacudieron la tierra. Rodolphus frenaba la maldición de la bruja con un simple movimiento de la varita, impávido.

- No alarguemos más lo inevitable. En ese estado, no puedes hacerme frente. - comentó indiferente, viendo el esfuerzo sobrehumano que hacía Alicia por debilitarlo. Con una leve sacudida, cortó la maldición, enviándola contra el suelo.- Tampoco debemos molestar al Señor de las Tinieblas. Está muy ocupado en planear la victoria. - murmuró, mientras Alicia intentaba apoyar su brazo que temblaba descontroladamente en el césped para darse impulso y levantarse. - Avada...

- AVADA KEDAVRA.- demasiado rápido el mago, demasiada lenta la bruja, pero como haya sido, la maldición colisionó en el escudo protector del mortífago, neutralizando el hechizo incompleto que él había tratado de conjurar.

Retrocedió algunos pasos, tambaleándose por la potencia del impacto. Algo que Alicia aprovechó para colocarse de pie otra vez. Levantó la varita, dispuesta a acabar con él. La blandió con toda la fuerza de la que era capaz, y un rayo de tonos carmesíes se dirigió velozmente hacia el mortífago.

Una fuerte explosión se produjo sobre Rodolphus. Alguien más había atacado por atrás de él, lo que ayudó a su caída. Alicia expandió los ojos, sin poder creer que lo había hecho. Avanzó unos pasos, cubriéndose la vista por la luz blanquecina que se apagaba de a poco, cuando descubrió al actual director de Hogwarts agachado junto a él.

- Está inconciente. - dictaminó Snape. - No está muerto, Riddle. -

Alicia lo taladró con la mirada, asustada. De inmediato, echó a correr alejándose de Snape.

- ¡RIDDLE! - gritó el ex profesor de Pociones, persiguiéndola.

Corrió y corrió sin pensar en los diferentes dolores que aquejaban su magullado cuerpo, oyendo el murmullo de la batalla eclipsándose. Hasta que ya no oyó nada.

- Dementores... - susurró. El frío empezó a afectarla. El vaho que salía de su boca era blanco, y la neblina enceguecía su visión. Alzó la varita.

- Expecto Patronum- y de la varita sólo salió un débil vapor pálido.

- ¡No! - chilló, sintiendo voces en su cabeza. - ¡Expecto Patronum! - esta vez, nada sucedió. La niebla comenzó a atacar sus fuerzas, congelándola, haciéndola caer de rodillas, oyendo esas voces más fuertes y claras inmiscuyéndose en su mente.

Tú no eres así, Alicia...

Sacudió la cabeza, alejando esa voz.

No, tú... tú no eres así... yo sé que tú eres buena persona...

Presionó los dientes, enterrándose los dedos en la cabeza tapándose los oídos. Volvió a sacudir la cabeza.

- No... no... -

¡No puede ser así, Alicia...!

- Por supuesto que no, no es así, jamás fue así... -

¡No puede ser así, porque yo... yo te quiero!

- Expecto... Expecto...- murmuraba, tratando de olvidar el llanto agudo que resonaba por todos lados.

Sintió una mano de dedos fríos y largos aferrarse a su garganta. Los gritos en su cabeza aumentaron de volumen.

¡NO ESTÁ MUERTO!

Soltó la varita. El Dementor se bajó la capucha.

¡NO ESTÁ MUERTO! ¡SIRIUS! ¡SIRIUS!

- Expecto... - el frío se introdujo en su interior, paralizándola. Respirar le hería los pulmones. - Expecto... - el Dementor empezó a acercarse inexorablemente. - Expecto...

¡Yo te quiero, Alicia!

¡SIRIUS NO ESTÁ MUERTO!

El putrefacto hedor que desprendía el agujero de la boca del Dementor le dio arcadas.

- ¡EXPECTO PATRONUM! -

Cayó de bruces contra la hierba, jadeando. Le mejilla, la boca y la nariz chocaban contra el suelo mojado. Enterró los dedos, sintiendo el pasto entremedio. El ensordecedor barullo de la batalla volvió a imponerse por sobre todo. Los gritos fueron perdiéndose en lo más hondo de su mente, hasta que ya no los oyó más.

Una cierva plateada la vigilaba, como confirmando si se encontraba bien.

- ¿Riddle? ¿Riddle? - alguien la aferró de los hombros, volteándola. Alicia se encontró de cara con el firmamento nocturno, las estrellas y sus constelaciones refulgiendo a los lejos con todo su esplendor. - ¿Estás bien, Riddle? Ese Dementor estuvo a poco de darte el beso...

Boqueó, recuperando el aire, la energía y el despojo de vida.

- Estoy bien, Snape. - apenas susurró. - Estoy bien...

- No, no estás para nada bien, Riddle, vas a desplomarte en cualquier...

- ¡TÚ LO MATASTE! -

Ese grito los puso en alerta a ambos. Alicia se afirmó de Snape para colocarse de pie, buscando al emisor de esa grave acusación.

- ¿Quién es, Snape? ¿Quién fue? - preguntó, entornando los ojos hasta que pudiera recobrar la visión que se le había nublado.

- Es Tonks... - contestó el director, llevándola firmemente agarrada de la cintura.

- ¿Tonks? - repitió alarmada. - Pero según tengo entendido, Tonks estaba en casa de su madre cuidando de su hijo...

- ¿Triste, sobrina? - preguntó una voz demasiado familiar cargada de locura.

- Bellatrix... - murmuró Alicia, liberándose de Snape para caminar sola hacia el lugar de la escena.

El cuerpo de Remus Lupin yacía tirado en el suelo a tres metros de distancia, con marcas y secuelas que indicaban de la batalla que había dado antes de caer.

- No, yo no lo maté, aunque me hubiera gustado. Fue Dolohov, le daré la felicitación de tu parte en cuanto lo vea. - la mortífaga sonreía con insana demencia, contoneándose peligrosamente.

Tonks levantó la mirada del cuerpo de su esposo hacía quién por sangre era su tía.

- Voy a matarte, Bellatrix, lo juro, aunque sea con estas manos... - profirió la joven auror, avanzando hacia la Mortífaga. Ésta soltó otra carcajada.

- ¿Matarme, tú? No tienes oportunidad... no tienes el valor para hacerlo, insulsa bastarda...

- AVADA KEDAVRA. -

Alicia parpadeó, sintiendo la presencia de Snape a su espalda, quien, como ella, se había convertido en mero espectador de esa batalla.

Sorprendida, Bellatrix se giró, esquivando magistral y limpiamente la maldición, que fue a parar a los árboles del Bosque Prohibido.

- ¡Tonks, no! - gritó Alicia. Ambas brujas se voltearon a mirarla.

- ¡Lo mató! - balbuceó Tonks; las lágrimas rodando por sus mejillas. - Mató a Remus, mató a Remus...

Después de todo lo que habían pasado para estar juntos...

- ¡TÚ, MALDITA TRAIDORA, EMBUSTERA DEL DEMONIO, ASQUEROSA DESHONRA DE TU ESTIRPE! - le espetó Bellatrix, con el rostro desencajado por la cólera.

Alicia la ignoró olímpicamente, asiendo a Tonks por el brazo como hace meses atrás había hecho con Lupin.

- Tonks, piensa en Teddy... - la auror negó con la cabeza. - No, escúchame... piensa en Teddy... piensa en tu hijo...

- ¡MÍRAME CUANDO TE HABLO! ¡CRUCIO!-

Hincó las uñas sobre el brazo de Tonks unos segundos con fuerza antes de soltarla y retorcerse de dolor en el suelo por la maldición de la mortífaga. La muerte llegaría pronto, ese era el único alivio para que todo ese insoportable dolor acabase...

Pero la maldición cesó abruptamente. Tirada en el suelo, escuchó la voz de Bellatrix y la amenaza final que estaba recitando.

- Ya me has fastidiado bastante, tú, tu madre y tu maldita familia... cuando me deshaga de ti, el Señor de las Tinieblas me dejará acabar con el resto de los traidores... tu madre y el pequeño mocoso... -

- ¡NO TE ATREVAS A TOCAR A MI HIJO! - bramó Tonks, que para sorpresa de Alicia, estaba tirada sobre el césped.

- Avada Kedavra. -

La luz verde le indicó a Alicia que Nymphadora Tonks Lupin yacía al lado de su amado licántropo.

El sonido del taco, letal golpeteo, resonó cerca de su oído.

- Ahora voy a encargarme de ti... finalmente acabaré contigo, zorra... - murmuró melodiosamente, enterrando las uñas en su brazo mientras subía gradualmente, aferrándola del mentón, girando bruscamente su rostro hacia ella. - Finalmente... - le dedicó una pavorosa sonrisa.

- No creo que eso sea algo que nos incumba a nosotros, Bellatrix... -

- ¡Cierra la boca, Snape! - le espetó la bruja por encima de su hombro. - No tienes idea de toda la verguenza que esta repugnante mujerzuela ha hecho sentir a mi Amo... - relató vilmente.

- ¡Severus! - gritó alguien a lo lejos. Aguardó unos segundos, hasta que la blonda cabellera de Lucius Malfoy bailoteó delante de sus ojos. - El Señor de las Tinieblas demanda tu presencia de inmediato. - habló Malfoy, mirando a Alicia. - ¿Qué haces, Bellatrix?

- Antes de que me interrumpieras, pretendía acabar con esta inmunda traidora. - le contestó la mortífaga, chasqueando la lengua.

- Deberíamos llevarla ante el Señor Tenebroso. - propuso Lucius.

- ¡No! - se opuso Bellatrix tajantemente, colocándose de pie de un salto. - ¡YO quiero acabar con ella!

- El único que tiene la autoridad para terminar con ella es el Señor Tenebroso. Descuida, Bella, él sabrá que fuiste tú quien la atrapó... otra vez. - la tranquilizó Malfoy con hastío. Bellatrix le lanzó una mirada asesina, y se volteó sin decir palabra, pisando intencionalmente una mano de Alicia con el afilado taco de su bota mortífera, en busca de nuevas víctimas.

- ¿Dónde se encuentra, Lucius? - inquirió Snape tranquilamente.

- Yo te llevo. Vamos, muévete Riddle. - ordenó a Alicia, levantándola de un brazo y aprisionándola. Sólo ante el tacto de Lucius pareció despertar del estado de shock en el que se encontraba.

- ¡SUÉLTAME MALFOY! - escupió, dando patadas tratando de librarse.

Y los tres se sumergieron en las profundidades del Bosque Prohibido hacia la Casa de los Gritos.