Capítulo 19: Dos caminos se separan
- Liss, sé que esto será medio desagradable, porque somos casi hermanos, y tal vez demasiado chicos, pero me tienes que ayudar. No puedo dejar que Molly piense que tiene razón. –le pidió a la que él creía era su mejor amiga.
Y dio un paso adelante, captando por un momento el color de pelo de cierta Gryffindor en la chica, pero no le quiso dar importancia al leve cosquilleo que sintió al reconocerlo.
"No pienses en eso, quita esa imagen de tu cabeza…", se dijo a sí mismo, sin lograr que su mente le obedeciera.
De modo que se decidió a hacer lo que se proponía. Salvar su orgullo y dejar de ser ignorado.
Y lo hizo.
La besó.
º º º
- ¡PETRIFICUS TOTALUS! - Albus vociferó el hechizo incluso antes de ser consciente de que lo estaba haciendo. Simplemente tenía que hacerlo.
El cuerpo de Scorpius se puso, como era de esperar, muy rígido, y cayó hacia su costado derecho, aunque luego se golpeó la parte trasera de la cabeza al rodar. Albus se le acercó, mirándolo más enojado de lo que jamás lo había hecho. Levantó un momento la mirada para observar la expresión de la que él creía era Alyssa, y sólo vio una chica en estado de shock.
No tuvo tiempo de observarla por más tiempo que una Rose con el pelo cada vez más oscuro pasó por su lado y la arrastró fuera del Gran Salón, y fuera de su alcance. Culpó a las luces por los extraños colores de cabello, y en cambio se concentró en Scorpius.
Muchas miradas se encontraban puestas en ellos, y por el rabillo del ojo vio que un profesor se acercaba. Tomando una decisión en el último momento, apuntó con su varita al rubio y lanzó el contrahechizo.
Guardó su varita en el instante en que Edmund Bullstrode aparecía a su lado.
- Señores Potter, Malfoy, ambos están…
- ¡No hice nada malo! –se defendió Albus, ante lo cual Scorpius lo miró entrecerrando los ojos. – Él estaba molestando a una chica.
- ¿Es eso verdad, señor Malfoy?
El aludido no había desviado su atención sobre el de pelo verde, y, cuando parecía que Bullstrode estaba por perder la paciencia, asintió escuetamente.
- Es verdad.
El profesor le indicó que estaba castigado y que había perdido puntos, pero el lo ignoró. Tan pronto como se fue, arrastró a su compañero fuera del Gran Salón.
- Increíble lo tuyo, Albus. Con amigos como tú no sé para qué tengo a Molly. –le dijo Scorpius despreocupadamente, sin que sus ojos compartieran la expresión.
- Oh, ¿eres mi amigo? –fingió sorprenderse el menor de los hermanos Potter.
- No, soy tu fan, pero se me cayó el libro de autógrafos por el inodoro. –le contestó el otro sarcástico. - ¿Bromeas? Claro que soy tu amigo. O eso creía hasta hace un minuto.
Albus estaba por contestar cuando de repente cerró la boca, y su expresión cambió. Parecía mucho más relajado que momentos antes.
Incluso rió.
- Perdón por lo de Bullstrode. No sé qué me pasó.
Scorpius miró ceñudo el cambio tan repentino de actitud.
- ¿Y tengo que creerte?
- Me equivoqué, ¿de acuerdo? No volverá a pasar. – y aparentemente lo decía en serio, porque se dio vuelta y comenzó a caminar, como si se hubiera hartado de pedir perdón.
- ¡Está bien! Te disculpo. –lo llamó Scorpius, cuando el chico de pelo verde había dado el décimo paso, aproximadamente. – Y… sobre lo de Liss… -comenzó, pensando que también debía dar aunque sea una explicación.
- Está todo bien, Scor. No me tienes que explicar nada. –le quitó importancia Albus.
- ¿Me petrificaste y ahora no te importa? –señaló el rubio.
- Dije que me equivoqué. Tampoco era para tanto.
- El chichón de mi cabeza no dice lo mismo. –insistió el otro.
- Pues arréglatelo, y hazte ver porque los chichones no hablan. –le recomendó Albus, intentando cambiar de tema.
Scorpius rió, creyendo que habían superado el problema. Comenzó a caminar hacia su Sala Común, pensando en que tal vez encontrara a Alyssa en el camino para hablar con ella.
No fue así, de modo que el trayecto lo hizo únicamente con la compañía de un silencioso chico de pelo verde.
Juntos, pero separados.
º º º
- Annie, la estudiante barbuda… ¿te das cuenta de que le estamos arruinando una oportunidad de ser famosa? –le recriminó James a Sue en un susurro, mientras se ocultaban detrás de unos arbustos, mientras pensaban la forma de salvar a la chica en cuestión.
- James, cállate. Y dime qué se te ocurre.
- No te puedo decir nada si estoy callado.
- …
- No me mires así, es verdad.
La chica soltó un suspiro de resignación. Pero de repente se le iluminó la cara.
- ¡YA…! –soltó emocionada, pero no pudo agregar el "sé" para terminar la frase porque James le había cubierto la boca con la mano.
- ¿Puedes dejar esa manía de gritar por un momento? ¡Nos van a descubrir! –le advirtió en voz baja.
Milagrosamente, no fue así. De modo que Sue pasó a explicar su plan.
- ¡Ya sé que hacer! ¿A ti te gusta hacer señas verdad? –James se encogió de hombros, pero asintió. – Bueno, tienes que decirle esto: "Te va a crecer barba, ¡corre!"
- Será pan comido. –le sonrió el chico, e inmediatamente, se asomó por detrás del arbusto y se acercó a la pareja sigilosamente, aunque a una distancia prudente.
- Y… ¿estás saliendo con alguien? –preguntó Patrick, algo dubitativo.
Anne estaba por contestar, cuando por el rabillo del ojo captó a un James haciendo señas frenéticas con las manos.
¿Y qué haría cualquier persona en su situación?
Abriría los ojos y se quedaría boquiabierta.
Ella abrió los ojos y se quedó boquiabierta. Enfrente de Patrick.
- ¿Estás bien? ¿Hay algo…? –se estaba dando vuelta pero Anne reaccionó justo a tiempo.
- ¡Estoy TAN contenta! –gritó, abrazándolo, y, efectivamente, logrando retener su atención. "¡VETE!" le espetó a James por encima del hombro del otro chico, sólo moviendo los labios.
"¡Vete tú!" intentó decirle éste, señalándola a ella.
"¡No quiero!", se negó la chica.
- Emmm… ¿Te encuentras bien? –preguntó Patrick, algo preocupado, con los brazos alrededor de Anne, pero casi sin presionarla, como si tuviera miedo de que se rompiera.
- S-sí, sí. –respondió ella, distraída, ahora viendo como James se acariciaba su barbilla. "¿Qué?"
"¡Barba! ¡Barba!", intentaba decir él.
- Y… ¿por qué estás tan contenta?
- Porque… porque las estrellas… ¡brillan! –inventó apresuradamente.
"¿Barba?"
James asintió frenético. Ella lo miró confusa.
- ¿Porque las estrellas brillan? –se extrañó él.
- Ehh… ¡Claro! ¿No te parecen increíbles? –siguió ella, mientras James corría quieto en su lugar.
"¡Corre! ¡Corre!"
"¿Qué?"
Patrick miró hacia el cielo, porque, quién sabe, tal vez era una noche estrellada muy linda.
Estaba nublado.
- Amy… Amy… -la llamó.
Anne tardó unos segundos en reaccionar que ése era el nombre que había fingido tener.
- Sí, dime.
- Está nublado.
- Ajá. –contestó ella, nuevamente distraída.
"¿Que las barbas corren?"
"¡No!"
Y siguió corriendo.
- Y que no hay estrellas. –señaló Patrick.
- ¿Y qué tiene? –preguntó ella.
- ¿Segura que estás bien?
- Sí, claro.
Sue, desde detrás del arbusto, miró frustrada los fallidos intentos de James por darse a entender. Luego cayó en la cuenta de algo.
Era bruja.
Podía escribir palabras con su varita.
Y eso hizo.
Se paró y se fue al lado de su novio, que seguía intentando comunicarle el mensaje a Anne.
¿Y cómo escriben los occidentales?
De izquierda a derecha.
¿Cómo escribió Sue entonces?
De izquierda a derecha.
¿Entonces cómo quedó el texto desde el punto de vista de Anne?
Al revés.
Pasaron unos segundos hasta que la chica por fin entendió la problemática situación en que se encontraba.
"¡Ayúdenme!", suplicó.
- Entonces… ¿sales con alguien?
Sue le llamó la atención. "¡Haz esto!", escribió apresuradamente, y luego hizo la mímica de pegarle a James en sus partes… privadas.
- ¡NO! –exclamó Anne, horrorizada.
Patrick parpadeó, algo sorprendido por el rotundo "No".
- Eh… de acuerdo… pero…. ¿estás buscando a alguien?
Sue le llamó la atención nuevamente, pero, esta vez, hizo la seña de hacerle un piquete de ojos a su novio.
- ¡TAMPOCO! –esta vez más horrorizada que antes porque sentía un cosquilleo en la mandíbula que sólo significaba una cosa: malas noticias.
El chico se desilusionó un poco.
- Pero, ¿por qué? –preguntó, separándose un poco.
Anne lo abrazó más fuerte aún.
Estaba al borde de la desesperación, pero James utilizó un último recurso.
Corrió y le cubrió los ojos a Patrick.
- ¡CORRE! –gritó, pero no fue necesario que lo dijera dos veces. Anne se había cubierto la cara y corrió lo más rápido que sus piernas le permitían.
- ¡AMY! –vociferó Patrick, intentando sacarse a James de encima, pero no lo logró a tiempo.
Y, por segunda vez en la noche, alguien utilizó el mismo hechizo.
- ¡Petrificus Totalus!–pronunció Sue, dando en el blanco.
- Lo tenía dominado, Sue, no tenías por qué intervenir.-dijo un agitado James, luego del forcejeo.
- Como quieras. –respondió ella, e hizo un ademán de realizar el contrahechizo, pero su novio la detuvo.
- ¡Pero te salió tan bien! ¿Para qué arruinarlo, no? –comentó con una no tan convincente despreocupación, mientras arrastraban el inmóvil cuerpo de Patrick Nottingham al interior del castillo. Tampoco era cuestión de dejarlo tirado fuera.
- Valentía Gryffindor, ¿no?
- Valentía Gryffindor contra metro setenta Hufflepuff.
- ¿Muy joven para morir? –concluyó Sue.
- Exacto.
- ¿Crees que Anne habrá encontrado a Poppy despierta?
- O a una navaja para afeitarse, da igual.
- James.
- De acuerdo. –un momento de silencio. – Dos navajas.
º º º
- Mis padres quieren comprometerme, estoy segura que están en una conspiración, tuve que soportar una noche siendo tú, y, como si fuera poco…. ¡Tuve que soportar verme besando a Scorpius! –soltó Alyssa, ahora físicamente en su cuerpo, paseando alterada por la habitación del tercer piso donde se encontraba la puerta trampa.
- Disculpa, pero yo tuve que soportar ser besada.
- Pues no te veo quejarte mucho. –señaló la Slytherin.
- ¡ME QUEJO! –chilló. - ¿Es suficiente?
- Dije que no te veía, Weasley, no que no te escuchaba. –puntualizó Alyssa.
- Pues lo que pase en tu vida es tú problema, yo también tengo los míos.
- Tú no tuviste que ver semejante cosa.
- ¿A Malfoy? Lo veo todos los días, Ogden. –soltó Rose.
Alyssa la miró molesta.
- ¿No entiendes verdad? ¡Para mí es como haberme visto besando a un familiar! ¿Por qué no pruebas en besar a tu primo o tu her-…?
- PUAJ, ¡CÁLLATE! –la cortó, antes de que pudiera continuar.
- Veo que vas entendiendo la idea. Y no sólo eso, sino que Potter se enojó con Scor. Y tú vas a arreglar eso.
- ¿Y yo por qué? –se extrañó Rose.
- Porque sí, Weasley. Si no le digo a Scorpius quién era de verdad la que ganó la apuesta. –intentó amenazarla.
- ¿Ah sí? ¿Y quieres que se entere a quién besó? –contestó Rose, sin dejarse amedrentar.
- No me pongas a prueba. Soy capaz, te lo aseguro. –respondió Alyssa, sin retroceder un milímetro.
- Entonces yo le diré a todo el mundo cómo es tu pelo de verdad.
La de pelo negro la miró elevando una ceja.
- Estoy temblando, Weasley. –se burló.
Hubo un momento de silencio, hasta que Rose finalmente cedió primero.
- De acuerdo, haré lo que pueda… -aceptó. Alyssa estaba por irse, pero la detuvo antes. - ¿Qué era eso de que tus padres estaban en una conspiración? ¿Tiene que ver con lo que le pasó a mis tíos?
- Weasley, mis padres están detrás de todo lo malo que sucede en el mundo mágico. Y si no están detrás de algo, es porque no se enteraron a tiempo. –fue la ácida respuesta de la chica.
- ¿Y qué piensas hacer? –preguntó la otra.
- No lo sé exactamente… pero me aseguraré de causarles un buen dolor de cabeza. O en caso de mi madre, algo mucho peor: que le salgan arrugas. –y dicho esto, se fue, dejando a una pensativa Rose detrás.
"¿Ogden está de nuestro lado?"
º º º
- ¡AY! –se quejó Harry, al sentir que, en vez de poder salir de la chimenea como en cualquier viaje de polvos flú, se golpeaba la cabeza contra algo duro. Una buena patada después, la madera que había sido clavada en la chimenea se quebró, y él pudo salir del angosto pasaje.
Frente suyo, un sonriente Draco Malfoy le daba la bienvenida. O algo así.
- No tengo ni la menor idea de qué estaba haciendo una madera clavada allí. –le dijo, con una expresión en la cara que denotaba exactamente lo contrario.
- ¿Ah sí? Tal vez te ayude la memoria si yo te clavo una buena patada en… -le amenazó Harry, pero se interrumpió al escuchar el sonido de pasos acercándose.
Draco apuntó a la chimenea, y en un instante desapareció la madera en cuestión. Instantes después, Ron, Hermoine y Ginny hacían su aparición, al igual que Astoria.
- ¿Qué eran esos ruidos? –preguntó la esposa de Draco.
- Potter se tropezó. No puede coordinar muy bien dar dos pasos juntos, ¿sabes? –fue la respuesta que causó que Harry lo mirara aún más molesto.
- Imbécil. – murmuró, aunque no lo suficientemente alto como para ser escuchado.
Finalmente se encontraron todos sentados en el living.
- Ni se te ocurra tocar eso, Weasley, vale más que tu familia entera. –le espetó Malfoy, al ver que Ron levantaba un curioso objeto para examinarlo.
Astoria decidió intervenir antes de que surgiera una nueva discusión.
- ¿Qué haremos para enfrentar a los Aurors?
- Creo que es generalizar demasiado. Ron y Harry son Aurors y sin embargo están aquí. –puntualizó Hermione.
- Están aquí no por ser Aurors "buenos", Granger, sino porque les pusieron precio a sus cabezas. –aclaró Draco. – Por cierto, Weasley, tú vales menos por ser pelirrojo.
- Y tú no vales nada, Malfoy. Así que mejor cállate. –se defendió Ron.
- No vamos a avanzar mucho si seguimos así. –intervino Ginny. – Y tú estás empezando las discusiones, Malfoy, así que es tu culpa. –finalizó justamente.
- No sabes lo mal que me siento. –contestó el aludido.
- Mira, no sé tú, Malfoy, pero yo no tengo ganas de perder el tiempo cuando podría estar pensando la forma de asegurar que mi familia no corra peligro. –le espetó Harry con firmeza. - Así que si no piensas decir nada útil, mejor cierra la boca.
- De acuerdo, Potter. –aceptó el rubio a regañadientes. - Entonces cuéntame tu gran plan.
- Primero que nada, deberíamos averiguar quién es el cerebro detrás de todo esto. –respondió el aludido, sin dejarse intimidar en lo más mínimo. – Pero para eso tenemos que infiltrarnos de alguna forma.
- Velak ya está infiltrado, pero… -comentó Ginny, dejando la frase en el aire.
- ¿Ralph Velak? –preguntó Draco.
- Sí, el mismo. –asintió Ginny.
- Fue uno de los Aurors que nos ofrecieron unírseles, junto a dos magos de sangre pura. –contestó el rubio, ceñudo.
- ¿Quiénes eran los otros? –preguntó Hermione.
- Un tal Llorch, y el otro no dijo su nombre.
- ¿Y los magos de sangre pura?
Esta vez fue Astoria quien contestó, con una expresión de molestia en su rostro.
- Annelise y Cassius Ogden.
A Hermione no se le pasó por alto el detalle del gesto de la otra mujer.
- ¿Los conocen?
- A él no demasiado. Pero ella…
- Prefiero comer grageas con gusto a vómito antes que pasar más de diez minutos seguidos con ella. –comentó Draco.
Astoria sonrió antes de dar su opinión.
- Es el tipo de persona a la que si le cuentas que te caíste de una escoba, en vez de preguntarte cómo te encuentras, te pregunta el modelo, para ver si tienes dinero.
Los demás rieron ante la explicación.
- ¿No tenemos una opción mejor que Velak? ¿O al menos alguien más confiable? –pidió Ron.
- No que yo sepa. –le contestó Harry.
El silencio de los demás confirmó la respuesta.
O Ralph Velak, o nadie.
¡Síii! Sé que quedaron miles de cosas pendientes, pero todavía quedan muchos capítulos, así que a no desesperar… Y perdón por la escasa longitud!
Capítulo para que también se vaya viendo la razón por la que Albus están en Slytherin…. Y cuando Rose tenga más tiempo para pensar, ahí caerá realmente en la cuenta de lo que sucedió.
Creo que lo subí en último minuto del domingo jaja.
Bueno, ¡Besos!
