Capítulo 19

Sentimientos…

En un edificio del centro de la ciudad se encontraron Sakura y su maestro, como todas las veces en el departamento de Syaoran realizando un rito privado entre ambos jóvenes. La flor de cerezo abrazaba fuertemente a su profesor, quien estaba con su dorso al descubierto, mientras bebía de él su sangre. Sakura adoraba esto, no por calmar su sed de sangre sino porque sentía que ese momento los unía de una manera tan especial, íntima y cálida. Ella juraría que podía escuchar el latir del corazón de Syaoran.

-Terminé… -susurró la chica mientras se separaba con lentitud de su profesor.

-Bebiste poco, ¿segura que no quieres más? –preguntó el vampiro, algo extrañado.

-Sí, segura… -respondió Sakura, a la vez que sus mejillas se veían levemente sonrojadas.

-Bien… prepárate que en un momento empezaremos con tu entrenamiento.

La muchacha de ojos verdes entró en silencio a la habitación de su maestro, donde se dispuso a vestirse adecuadamente para su entrenamiento del día. Se quedó pensativa por causa de la razón que la obligó a detener de beber sangre de su protector; sentía que su corazón iba a estallar. La verdad era que Sakura estaba enamorada de Syaoran.

Pero la chica no quería decirle lo que sentía, ya que le tenía miedo al rechazo. Sabía perfectamente que en la mente de su profesor sólo habitaba el deseo de vengar la muerte de su esposa, Ying Fa. Eso significaba que aún él amaba a su difunta mujer, y Sakura no se sentía preparada para enfrentarse en contra de ese recuerdo tan fuerte en el corazón de Li, ya que pensaba que ella saldría lastimada. Entonces decidió que esos sentimientos jamás saldrían a la luz.

Después, y vestida con ropas deportivas, se dirigió hacia uno de los amplios cuartos, lo más parecido a un dojo, donde ella era instruida. Allí la esperaba Syaoran, sentado en frente de una especie de altar, donde descansaba su espada. Él también estaba vistiendo un atuendo de combate japonés, un kimono.

-Ya estoy lista -dijo Sakura con algo de nerviosismo, más de lo habitual.

-Está bien, empecemos.

Y de esa manera otro día de entrenamiento daba inicio: lo primero era meditación, algo que a Sakura le aburría a horrores. Después seguía una sesión de ejercicios básicos, que Syaoran impartía duramente. Y por último, el joven vampiro se dedicaba a enseñarle alguna técnica nueva o mejorar alguna habilidad en especial, como sería en aquella ocasión.

-Bien, Sakura, primero debo decir que has progresado mucho desde que empezamos a entrenar –dijo Li, orgullosamente-. En pocas semanas lograste dominar a la perfección tu cuerpo y tus habilidades. Ahora necesitamos desarrollar tus sentidos ya que en ello aún eres algo… atolondrada.

La chica de los ojos verdes no pudo evitar sentirse avergonzada con el comentario, a tono de regaño, de su profesor. Era verdad que había sido descuidada con Tomoyo la primera vez, pero aun así no cambiaría su opinión respecto a su nueva amiga.

-Lo… ¿lo dices por Tomoyo?

-En parte sí, pero también ten en cuenta que Daidouji es una vampiresa muy especial –afirmó Syaoran-. Ella no solo puede saber la ubicación de cada vampiro en la cercanía, sino también puede ocultar su presencia para no ser percibida.

-Entonces, ¿aún crees que Tomoyo sabe que yo también soy un vampiro?

-Eso no lo sé…

Por pocos segundos, los cuales parecieron eternos, Syaoran se perdió en sus pensamientos: ¿Tomoyo sabe la verdad sobre Sakura? Para él eso era todo un misterio; ya que aún cuando la muchacha se encontraba al frente suyo, no lograba percibir su esencia. Pero extrañamente otro tipo de presencia emanaba de la flor de cerezo. Era cálida y dulce como ella; era su humanidad lo que Syaoran sentía.

-Ahora, Kinomoto, trabajaremos ese lado. Intentemos desarrollar tus sentidos…

De entre sus ropas, el joven Li tomó lo que parecía un gran trozo de tela con el cual cubrió los ojos de Sakura. En cuestión de un instante, la chica no podía ver nada.

-¿Para qué es esto…? –preguntó la muchacha algo confundida.

-Aún estás acostumbrada a usar tus ojos para ver, con esto aprenderás a ver con tus otros sentidos –explicó Syaoran a su discípula-. Listo, ¿empezamos?

-Sí.

-Debes estar atenta a todo lo que pasa a tu alrededor. Dime qué puedes oír

Sakura estuvo en silencio por unos segundos. En ese tiempo intentó identificar los sonidos que había a su alrededor.

-Puedo oír a unas aves volando afuera… escucho a unas personas conversando…

-¿De dónde viene esa conversación?

-Del piso de abajo…

-Perfecto. Dime, ¿qué más puedes percibir?

-Yo… yo siento… ¡AAAAYYYY!

Un fuerte golpe sacudió la cabeza de la chica, quien rápidamente se quitó la tela que cubría sus bellos ojos verdes, para descubrir que su maestro la había golpeado ya que en sus manos sostenía un bokutou1.

-Syaoran, ¿por qué me pegaste? –preguntó Sakura, mientras tomaba su cabeza donde había recibido el golpe.

-Te dije que estuvieras atenta, debiste sentir la corriente de aire que produjo cuando usé la bokutou –contestó el vampiro seriamente.

-¿Podrías ser más gentil, Syaoran? Eso me dolió… -murmuró la muchacha quejándose de su dolencia.

-Lo hago así porque quiero que seas más atenta a los peligros que te asechan

-Si lo dices por Tomoyo te diré que ella es una chica dulce y gentil –exclamó Sakura, molesta con su maestro.

-No es por ella porque te lo digo. ¡Entiéndelo! –dijo Syaoran, levantando la voz.

-Pues parece todo lo contrario –reclamó Sakura mientras tomaba sus cosas-. Me voy a casa…

-Espera, Kinomoto

-Déjame en paz, Syaoran

-¡Detente!

En ese instante, el joven lobo sujetó el brazo de Sakura fuertemente. La chica lo miró fijamente, sorprendida por la actitud de su maestro, y vio en sus ojos un extraño brillo: mezcla de tristeza y soledad.

-Sakura… perdóname pero no quiero que te ocurra nada malo –explicaba Li con un suave tono en su voz-. Eres mi primera alumna y trato de ser un buen maestro para ti.

-Syaoran, eres un gran maestro y sé que quieres lo mejor pero te pido que confíes en mí –dijo la flor de cerezo dulcemente.

-De acuerdo, puede irte si quieres.

Pero antes que la joven de ojos de jade abriera la puerta del departamento, Syaoran la interceptó.

-Kinomoto, mañana no habrá entrenamiento pues saldremos de la ciudad.

-¿Adónde iremos? –preguntó la chica algo confundida.

-Vamos a ir a ver a mi maestro… Eriol.

El anuncio de Syaoran dejó sin palabras a Sakura: conocería al maestro de su maestro. Sentimientos encontrados la envolvieron nuevamente.

Sin embargo esa misma noche, en aquel pueblo escondido en lo más profundo en las montañas, era invadido por las criaturas de la noche. Eriol, que se encontraba meditando en su habitación, percibió las presencias oscuras que se acercaban a su hogar. Tomando su espada en sus manos decidió prepararse para recibir a las visitas enviadas por Lilith.

1 Bokutou: Espada maciza de madera utilizada para la práctica del Kendo. Por su semejanza a una espada samurai (Katana) solo se utiliza para la práctica de movimientos y no para el combate.