XIX.- Nuevos Brotes, Nueva Tierra


"Es amargo recordar las lecciones que la juventud nos trajo, y no pesamos hasta que nos hacemos adultos. Un viejo y capaz Coronel Profesor de la Academia Superior Naval Grechko en mi querido San Petersburgo dijo una vez a nuestra clase, que lo más duro para un hombre no era vencer o perder en la guerra, sino sobrevivir a la guerra. Hoy que el horizonte es un sembrado de cráteres que apagaron la vida humana casi hasta la extinción, comprendo que seguir respirando en este planeta devastado es más duro que haber cerrado los ojos en la noche final, pero también es una responsabilidad ante el planeta mismo y quienes sobrevivieron, para levantarlo todo otra vez. Por eso es que no me sorprende en nada que el hermano espiritual de la Capitana Hayes haya sido el primero en oír el llamado de su planeta herido y ponerse manos a la obra para ello…"

(Extractado de la Bitácora Personal del Almirante Henry J. Gloval, citado en "Los Tigres de la Cubierta: Recuerdos del Prometheus 2009 – 2012")


Cuando el sol finalmente apareció, en medio de algunas venenosas nubes negras y arremolinadas que se sentían todavía en capacidad de descargar algo más de muerte al deprimente paisaje general, el SDF-1 ya se encontraba convertido en el epicentro de la esperanza en el corazón mismo de la desolación. El Doctor Lang y sus equipos Robotech habían hecho un esfuerzo estéril tras otro por intentar vencer a ese invierno nuclear que podría ser no solo la catástrofe final para la tierra, sino para toda la raza humana.

Exprimiendo todos los recursos disponibles para su sección, había logrado encontrar finalmente la forma de romper el equilibrio de aquella lluvia ácida ininterrumpida, y dejar que el bendito sol difundiera sus rayos sobre la castigada superficie. Eso tampoco era cantar victoria. La despiadada artillería zentraedi había causado no pocos daños en la delgada envoltura atmosférica terrestre, de modo que la protección contra la radiación UV era un paso obligatorio para todos los que trabajaban en los exteriores de la arruinada fortaleza, y eso, claro está, incluía también a los equipos de la cubierta de vuelo.

La inclinación en grados de la ahora arruinada cubierta del Prometheus no permitía por el momento la operación de naves salvo para las más elementales maniobras que permitieran el mantenimiento de los grupos varitech. Andy estaba furioso, El Capitán Duquesne no le hacía caso, y el resto del equipo debía encarar el peliagudo tema de cómo dividir y hacer funcionar con una cadena de mando viable ese escenario, en medio de la elemental disputa.

-Ya te lo dije, Steinhauser, y no estoy usando etiqueta militar para que tu espeso cerebro lo considere válido. Estamos enganchados a la tierra como un yunque en el fondo del mar. No hay forma de hacer funcionar las catapultas mientras sigamos con inclinación negativa, y hasta nunca antes de tener las suficientes reservas energéticas como para mover este pesado carcamal agujereado y ponerlo más al centro del lago.

-…Alfie…

-Nada de Alfie, Nuevededos. Necesitas tres cosas: Primera, que la nave consiga moverse más hacia el centro para poder reacomodar al Daedalus y El Prometheus. Segundo, que la temporada de lluvias sea lo suficientemente buena como para que el lago se rellene casi hasta el borde del cráter. Y tercero, que con todo eso el Prometheus pueda poner quilla recta en el agua para ser de alguna utilidad. –Alfie miró a su subalterno a los ojos desde el sillón de su despacho- ¿Se han cumplido esas condiciones, Jefe Steinhauser?

-No, Señor.

-Entonces no hay más que hablar. Tendrás disponible sobre cubierta un jefe de turno que se encargue exclusivamente de recibir mantenimiento VT, y otro en la parrilla para ordenar la operación de aeronaves.

-Odio la jodida Parrilla –Andy hizo un fuerte gesto de asco- Los infantes no pudieron ponerle un nombre más a propósito. Basta un día sobre ella para que sientas que solo te falta la salsa para que te sirvan a la Barbacoa.

-Dale las gracias a tu amigo Damon, que eligió el único emplazamiento posible lo suficientemente plano para instalarla con el tiempo justo para que nuestros Varitech pudieran aterrizar sin aumentarse los daños.

-Ja… Las gracias hay que dárselas a los jodidos marcianos, que no nos dejaron ni una miserable carretera en condiciones de usarse con ventaja –Replicó con amargura- Sabes bien que berrinche o no porque no es el bote, Alfie, hay que trabajar con lo que podamos… Moveré al personal según tus órdenes. –Se puso de pie, esta vez de manera estrictamente oficial- Permiso para retirarme, Señor.

-Continúe, Jefe…

En cuanto la puerta del tan espartano como arruinado despacho del Capitán, Duquesne se echó en la butaca con un crujido nada de tranquilizador "Y un carajo, Nuevededos, es lo que hay y con eso trabajamos. De nosotros no me preocupo… Es la gente que ya no quiere saber más de todo este dolor que causa ver como salimos de esta… Si por mí fuera dejo este cuchitril de inmediato y me busco un sitio tranquilo donde poder empezar otra vez… Si de mí dependiera, ya no más, ya no más…"

"Ya no más" La frase quedó colgando en el salón en medio de un silencio tan incómodo, que tanto Jonathan como Luca comenzaron a sentir la urgencia de largarse cuanto antes de ese hogar que los había acogido con gran bondad para que tanto los dueños de casa como sus visitas les ayudaran con un filón tan inédito como inesperado para convertirse en un simple reportaje de prensa escolar. La Almirante Hayes y Joni notaron al instante, con ese séptimo sentido de toda madre curtida en los avatares de la crianza, lo que pasaba por la mente de los muchachos.

-Creo que nos pasamos un poquito -Lisa sonrió cálidamente a ambos- Es cierto que fue un Armagedón, Y todo Armagedón cobra su precio, Chicos.

-Pero tengan claridad, Jonathan y Luca, que no lo hemos contado por el mero placer de revivir historietas guerreras -Terció Joanna- Lo hicimos y lo estamos haciendo porque son ustedes hoy los depositarios de la promesa que esto jamás vuelva a pasar las veces que pasó en este pobre planeta lleno de cicatrices que recién hoy comienzan a desaparecer.

-Y aunque les cueste creerlo, muchachos-Remató el Almirante Hunter- A nadie más que a nosotros nos interesa a las alturas de nuestras respectivas vidas, que el mensaje que estamos tratando de darles quede con ustedes, aunque sea un simple trabajo escolar, y no un estirado y caro libro de memorias que terminará muerto en vida en la biblioteca planetaria.

-...Pero la Almirante -Balbuceó Bron, con la sorpresa pintada en el rostro- La Almirante escribió…

-Sus memorias, chicos, sus memorias -El Señor Steinhauser volvió a sacar la voz mirando con gran cariño a la que iba a ser por el resto de su vida "Su Hermanita"- Es la vivencia de Lisa, todo aquello que le tocó vivir, desde sus ojos y su historia personal. Y eso no incluye a las pomposas y espesas memorias de varias mangas galoneadas que se metieron a escritores para decir, con todo el respeto que me merecen, absolutamente nada que tenga relación con lo que hicieron realmente, ni donde yo mismo vi a varios tan perfectamente escondidos, que casi no se veían.

-Y de eso, es precisamente de lo que NO estamos hablando aquí, muchachos, así que tranquilos -Joni volvió a sonreír con relajo- No es necesario ni que se disculpen ni que se vayan, porque todavía falta la mejor parte de esta historia. Porque dejó de ser hace rato, por si no se dieron cuenta, solamente del cabeza de adoquín de mi esposo, ni mía, o la de Lisa y Rick que tenía lugar verdaderamente donde no llegó nunca la mirada de ningún guionista de televisión, sino la de una…

-...Familia… -Completó Jonathan con los ojos brillantes de deducción resuelta- De la familia en que se convirtieron a pesar de la guerra y la destrucción.

-Y la familia, chicos, sufrió lo que pocas sufren y salen bien librados de ello -Steinhauser volvió a intervenir con voz profunda- El planeta crujió y se cuarteó mientras se convertía en un desierto, pero resistió. Y en las mismas condiciones quedamos todos los que pudimos volver a poner los pies en el. Y el "Ya no más" que se escuchó demasiado por aquellos días, en la medida que las historias pequeñas de muerte, destrucción, valor y sobrevivencia fueron formando un cuadro sinóptico tan incomprensiblemente grande como aterrador, se convirtió para mí, para mi familia y para todos los tigres que sobrevivieron, en la oportunidad que todos esperamos alguna vez en la vida: La oportunidad de partir de cero, y crear algo completamente nuevo, y para mejor…

- OOOO -

"Atención, esta es la central de comando del SDF-1. Hemos aterrizado sin novedad en la parte norte del continente americano. Disponemos para la población sobreviviente de atención médica y alimentación. Las unidades militares y soldados de la tierra unida que puedan escuchar esta transmisión, favor dirigirse a las siguientes coordenadas..." El mensaje que con voz algo trémula grabara Sammy Porter, para ser retransmitido por todas las frecuencias de emergencia civiles y militares desde la torre de comando de la arruinada fortaleza espacial, a pocas horas del accidentado aterrizaje, seguía todavía en el aire, mientras la lluvia ácida y venenosa castigaba sin tregua a un planeta todavía más exhausto que sus exhaustos sobrevivientes. Al principio fueron pocos. Unos pocos y hartos civiles y militares que solo querían lo esencial para intentar sobrevivir a lo insobrevivible. Y a medida que el sol comenzó a emerger con fuerza, fueron aumentando, hasta convertirse en restos de pueblos buscando alivio a sus estómagos, cuerpos, y motivo para incordiar a alguien con la suficiente autoridad para escuchar su corrosiva queja contra la locura en la que se habían visto envueltos sin un miserable aviso de por medio. Y en el caso de los militares, fueron apareciendo en unidades desperdigadas y muy castigadas, integradas por gente que sabía bastante más que los civiles, y que en su gran mayoría solo querían arrancarse los uniformes para tratar de vivir en el silencio de una paz elusiva y triste, bien lejos del camino que los había llevado a soportar la carga de sentirse culpables por haber logrado lo que millones no pudieron.

El despacho del ahora Almirante Gloval y su único ocupante, se había convertido en un reflejo de la situación en el exterior de la fortaleza. Había sido ascendido tan urgente como económicamente, tal como si fuera, que de hecho lo era, la máxima autoridad civil y militar dentro de su sector, con poder, fuerza militar y abastecimientos para intentar hacer gobierno en medio del apocalíptico caos de un planeta arrasado casi hasta sus cimientos. Y era humano como todos, por lo que entendía de sobra esa actitud, pero comprendía también que eso, por más lógica y natural que fuera dicha reacción, comprometía sus esfuerzos con cada hora que pasaba: Los ingenieros y técnicos civiles y militares que habían cohesionado la infraestructura de la nave desde el principio de la guerra con admirable tesón y originalidad en las soluciones que habían conseguido en el tiempo, trabajaban a todo vapor en el trazado de una ciudad… Una Ciudad Macross que replicara hasta donde se pudiera la vida que habían construido en la isla del estrellamiento de la fortaleza durante diez activos años, y que en su presente se convirtiera en el ancla y epicentro de la recuperación planetaria hasta donde su potencial alcanzara a cubrir esa necesidad. Aquello era la idea de base de los largamente más de Setenta mil sobrevivientes civiles y militares habituados y aclimatados al cambio a niveles que nadie de la superficie había tenido que enfrentar en mucho tiempo. Pero la corriente de sobrevivientes tarde o temprano lograría sobrepasarlos, y el contagio de la fiebre de las bajas terminaría por llegar a su personal convirtiendo un simple goteo en una riada inacabable e imposible de atajar.

"Podría ser capaz de vivir con esto… Olvidarme de los horrores que toda esta gente ha vivido y dejarlos en paz para recomenzar. Pero no puede haber un recomienzo sin una base, sin lo mínimo necesario para rehacerse y crecer en la dirección que quieran adoptar. Es como ser un pez teniendo que atravesar un desierto para cambiarse de estanque. Habrá quienes lo logren, pero serán muchos más los que mueran en el intento..." A solas en su despacho, mordió con fuerza la pipa, gesto desusado en él, mientras soltaba volutas de espeso humo de tabaco, hasta casi desaparecer tras él y tras la visera de su gorra, tan baja como nadie nunca le había visto en servicio o en la camaradería habitual. "Tengo que convencer al menos al núcleo más duro de mis hombres que dejar a absolutamente todos hacer lo que sientan o quieran, compromete incluso su propia sobrevivencia. Los oficiales entienden y sacan las mismas pésimas cuentas que yo estoy sacando hasta este exacto minuto. Pero sin subalternos y tropa tenaces y decididos, como el hermano espiritual de la Comandante Hayes, sencillamente… Lo perderemos todo. Incluso aquello que ya teníamos y que sangre y esfuerzo hasta la muerte misma nos costó alcanzar..."

-OOOO-

-¿Ahora entienden por qué esto jamás salió en televisión? -Jonathan y Luca asintieron como si fueran gemelos idénticos a la frase del Almirante Hunter- El equilibrio era peligroso y delicado, el malestar crecía sordamente, y el Almirante Gloval estaba al bate en la parte baja de la novena y con tres hombres en base…

-¡Cielos! -Fue lo más que pudo articular Luca ante el ominoso escenario al que los habían llevado- Entonces…

-Entonces el viejo Henry tuvo que recurrir a su mucho más profundo y repleto baúl de trucos navales -Terció el Señor Steinhauser con sonrisa algo deslavada- Tenía tres cosas que hacer por delante: Uno, retener con todo lo que tuviera disponible a personal sensible tanto civil como militar para que le ayudara en la tarea de sacar adelante la reconstrucción, como nombró con mucha fe inicial a ese proceso. Dos, Usar de la forma más creativa posible los recursos técnicos a los que podía echar mano para mantener y fortalecer el balance de la situación militar, para precaverse tanto de los terrícolas como los probables Zentraedis sobrevivientes con el deseo de luchar, fuera por cultura o sobrevivencia, lo que los hacía doblemente peligrosos. Y tres, reformar tan decisivamente como en tiempo record tanto el escalafón militar como las instalaciones bajo su jurisdicción. A las tres semanas escasas de la decisión del Almirante, la parrilla fue reubicada, y en esa ubicación original los ingenieros comenzaron la construcción de la primera losa de lo que sería en muy poco tiempo la Base Aeroespacial Macross, o como los Infantes la nombraron muy gentilmente en la entrada de aquel primer perímetro vallado a toda prisa: la Base Prometheus.

-¿Así nació? -Jonathan se incorporó, esta vez interesado- Vaya…

-Y te quedas corto -Joni respiró aliviada al darse cuenta que los muchachos habían superado el horror que les habían relatado- El Almirante imprimió a la maquinaria que tenía disponible una velocidad tan constante como vertiginosa, como si sospechara que no había tiempo para lamentaciones, porque la guerra no había terminado. Como se lo escuche decir a Andy, que se lo oyó en primera fila en una de las tantas inspecciones que realizó en aquellos días "Fuera esta la guerra contra los elementos Zentraedi sobrevivientes, la guerra por salvar el planeta, o la guerra por conservar nuestras propias vidas"

-0000-

En la terrosa y asfixiante superficie planetaria, no solo civiles y militares trabajaban a todo vapor para intentar nuevamente lo imposible que habían vuelto posible fuera de todo pronóstico: Los notables talentos de los equipos de rescate y recuperación que no habían dejado un solo día de trabajar y salir adelante de la forma que pudieran, incluso AIO mediante, desde el fatídico día del despegue inaugural del SDF-1 en Isla Macross, reciclaban tan rápidamente como podían todos los materiales posibles para dar cabida a los primeros trazados y el replanteamiento de todas las edificaciones de la ciudad que permanecían dentro de la nave, y que tan lenta y delicadamente como podían, eran traídas nuevamente a la superficie para seguir dando techo y cobijo a sus habitantes. Pero eran demasiados ya en esos días y los que siguieron, y hacerlos vivir en las carpas y alojamientos de campaña de la RDFMC era una media paliativa pero inevitablemente malsana para los civiles, especialmente los niños, por mucho más que un dudosamente admisible mediano plazo.

-Adelante

Los toques en la puerta de su cámara no inquietaron demasiado al Almirante Gloval. Conocía el largo, la fuerza y la repetición de los toques de todo su personal: desde el suave e invitador toque de la Ahora Comandante Grant, hasta la cortante y telegráfica dureza del de la Comandante Hayes, ya lista para un ascenso económico a Capitán. No había sido difícil para él tomar la decisión en su momento. Lisa Hayes ya pintaba hacía mucho para grandes cosas, y en los proyectos más escondidos del Almirante ya rondaba la idea de darle un mando superior, para lo que las estrellas eran demasiado necesarias, independiente de que se tratara de una mujer en una milicia dominada por los hombres en el lado estrictamente operativo.

-Con su permiso, Almirante…

La suave pero firme voz, y el saludo militar, demasiado grácil para ser considerado marcial, hicieron que Gloval levantara la vista, y casi al mismo tiempo dejara de morder la pipa.

-...Señora...

-Teniente Especialista Profesional Steinhauser se presenta, Almirante. Permiso para hablar libremente con usted.

La pipa no cayó de milagro, porque Gloval, en un gesto que trató con toda su alma de ser natural y no de pura impresión, la sostuvo con la derecha, mientras su izquierda levantaba la gorra para no perder detalle ¿En qué momento de la existencia al filo de la improvisación total en la que habían vivido guerreando sin respiro contra los Zentraedi aquella mujer formidable que había entregado en la capilla ecuménica, se había metido en un uniforme de sistemas de la espacial, y ahora pedía licencia para hablar con él?

-Discúlpeme, Joanna, perdón, Teniente Steinhauser -Gloval se corrigió al instante- Puede hablar libremente. Descanse y tome asiento, por favor.

-Le ruego me disculpe por el atrevimiento de uniformarme para llegar hasta usted, Almirante -Joanna se sentó en una de las sillas frente a su escritorio, casi disculpándose con la cabeza baja- Pero es la Torre Principal, y no iba a lograr llegar con solo mi apellido de casada hasta usted.

-Sabe que no está cometiendo ninguna falta, Joanna -Gloval esbozó una breve sonrisa- conozco la historia de su enrolamiento de urgencia, aunque déjeme decirle que con o sin uniforme, su apellido es demasiada garantía de éxito en esta nave tanto como en el Prometheus.

-Le agradezco el halago, Almirante, que ya lo iba necesitando por estos días -Joanna sonrió casi tan contenidamente como él- Los turnos y el trabajo incesante de mi esposo dejan espacio con suerte para los buenos días y las buenas noches… si cabe…

-Quisiera no entender su predicamento -Gloval se puso serio- Pero soy el primero en darme cuenta que las cosas no han variado desde el día cero y hasta hoy, y como somos soldados, eso pasa factura a las familias de todos, y créame que esto no es solo un bache o una situación temporal.

-Lo entiendo mejor de lo que imagina, Almirante -Joni se echó un poco hacia adelante para darle un poco más de fuerza a lo que venía más a proponer que a decir- Estoy más que consciente de nuestra situación, y las medidas que ha tomado casi, como dice mi esposo, con el sentido que Dios les dio a los gansos. Pero ya no más…

"Ya no más" La frase le rondó en segundos como un hado maligno a Henry Gloval. El odioso fantasma de la falta de manos, en el momento que más se necesitaba de ellas, en todos los sitios, tanto posibles como imposibles del vasto panorama de la destrucción de todo un planeta, con la feroz y trágica incógnita de saber cuántos en realidad habían sobrevivido para poner manos a la obra ladrillo a ladrillo hasta ponerse finalmente de pie, le supo a derrota, una demasiado amarga tratándose de la persona que conocía y que le decía aquella frase que golpeaba decisivamente su ánimo cada vez que la escuchaba.

-...Teniente Steinhauser…

-No adelante conclusiones, Almirante -Joni lo miró seria, al notar tanto la postura como el tono de voz de Gloval, que como buena maestra que era, interpretó al instante como una reprimenda en ciernes- Si le dije lo que le dije, no es porque haya decidido tirar la toalla, darme por vencida, echarme como gallina clueca, o darle la espalda a gente que realmente necesita toda la ayuda posible, sino todo lo contrario. He venido hasta aquí para pedirle directamente que deje operar al Círculo Femenino Prometheus fuera de la nave.

-...Joanna -El Almirante se echó hacia atrás, más para combatir el sobresalto que con auténtico alivio- Sabe mucho mejor que casi todos los habitantes de la nave que…

-Lo tengo claro, Almirante -Lo atajó Joni con decisión- Esto todavía es una operación militar delicada, y por lo mismo no ha concedido ningún permiso de desembarco a ningún civil tanto porque no existe infraestructura para ellos en la superficie, como para no alterar el orden y el trato de la corriente de los refugiados, que sé por mi esposo no han parado de llegar, en las más horrendas condiciones que se pueda imaginar. Pero no podemos quedarnos eternamente en la nave, o como esposas de militares que somos todas, de brazos cruzados sin hacer nada, cuando lo que se necesita es todo lo contrario, Almirante. Mi hija primero se arrastró, luego gateó y al final caminó como una niña común y corriente. No le estoy pidiendo caminar si no sabemos todavía todos los pasos anteriores, sino solo que nos deje arrastrarnos lo mejor que podamos hasta gatear. De ahí para adelante, será decisión de cada uno cómo y cuándo ponerse de pie.

-Sabe que me está pidiendo demasiado, y eso la pone tan cerca del AIO que asusta tanto o más que cuando su esposo se pone a ello, Teniente Steinhauser- Gloval suspiró con la gorra baja- Son tan delicadas como un secreto militar, y si las dejo bajar, los civiles y la tripulación del Prometheus se amotinaran en menos tiempo que el que me tomó argumentar esto, Joanna…

-Pero, Almirante…

-Sin embargo, Joanna -El Almirante finalmente se irguió, y al alzar la gorra, ella pudo ver sus ojos relajados y conformes pese al peso de su propuesta- Si no hacemos algo pronto para dejar de arrastrarnos y al menos comenzar a gatear, nunca nos pondremos de pie. Tiene usted razón, Teniente, cursaré la orden para que puedan desembarcar su contingencia y ayudar en todo lo que puedan a esa gente. Garantizaré hasta donde pueda sus suministros sin afectar la subsistencia de toda la nave… Y, otra cosa, Teniente: Mientras esto sea necesario, seguirá metida en ese uniforme, Porque, y no estoy bromeando, activaré su comisión de servicio. Seguirá mis órdenes, para que sus compañeras sigan las suyas. Y donde yo defina que van a operar, es allí, y en ningún otro sitio del perímetro de refugiados ¿He sido claro, Teniente?

-Transparente como un vidrio, Almirante -Joni sonrió, se puso de pie, y esta vez con gesto marcial, saludó a su superior- Permiso para retirarme, Señor.

-Continúe, Teniente -Gloval esta vez soltó una tímida sonrisa- Haré llegar sus órdenes por conducto del AOC Capitán Duquesne. Puede retirarse.

-OOOO-

-Increíble -Jonathan estaba impresionado- Aquí encontré cimiento a mi idea de que los libros no lo cuentan todo… Y esto es…

-Asombroso -Luca completó la frase con decisión- Siempre tuve la idea de que los militares habían hecho todo durante aquellos días. Por mi abuelo oí muchas historias, pero eran chismes, rebotes de información fragmentada. El, como todos los refugiados Zentraedi, tenía estricta prohibición de desembarcar. Lo entiendo... Las cosas debieron estar demasiado delicadas como para admitir a ex-enemigos como ciudadanos comunes y corrientes.

-Rico, Konda y tu abuelo, Luca -Sentenció Lisa suavemente- Terminaron por convertirse en ejemplo vivo de convivencia sana y amistosa. Pero en esos días siquiera intentarlo era demasiado inflamable y peligroso.

-Eso era evidente incluso para todas nosotras, y por lo mismo decidimos que si no metíamos las manos pronto, ningún intento iba a ser posible más tarde -Terció Joni con tono satisfecho- ¿Han ido a Nueva Macross últimamente?

-Yo... -Admitió Jonathan tímidamente- Estuve para la ceremonia de aniversario luctuoso de mi abuelo y el resto de su escuadrón...

-¿Visitaste la Plaza central de la ciudad? -Indagó Joni, y ante la muda afirmación de Jonathan, prosiguió- ¿Viste por casualidad dos monolitos, uno de granito negro y otro de mármol rojo de Tennessee en los alrededores?

-Sí, pero solo los vi de lejos...

-Esperaba algo como eso... -Joni sonrió con ganas- Son casi parte del paisaje, y no muchos saben que existen, salvo, claro está, la Almirante aquí presente, que fue quien los hizo poner...

-¡Joni! -Lisa saltó con su clásica impostación de Oficial avinagrada, pero con una evidente sonrisa pícara en los labios- ¡Sabes que los agradecimientos no esperan, y menos a quienes los merecen!

-...No entiendo... -La cara de perplejidad de Bron fue tan evidente, que todos se echaron a reír al mismo tiempo- ¡Qué! ¿Qué dije?

-No es por tí, Luca -El Señor Steinhauser salió al rescate del muchacho, todavía riéndose- Yo sé que mi hermanita me quiere, y por eso que la Comisión Histórica de la Tierra Unida dio a lugar a su Furibunda sugerencia oficial, que era de justicia poner ambos monolitos... Aunque yo sinceramente agradezco con calor solo uno de ellos.

-¿Es que acaso son por ustedes? -Jonathan supo al instante que se venía otro filón de revelaciones inéditas, y se irguió casi con ansia en el sofá- ¿La Almirante? ¿El jardín? ¿Usted, Señor Steinhauser?

-...No vas demasiado descaminado, Jonathan -Rick intervino con voz satisfecha- El monolito de granito negro marca el sitio donde empezó a operar el Círculo Prometheus en la superficie polvorienta de lo que iba a ser el centro de la esperanza para los refugiados... Allí donde yo lo vi, el único sitio donde escuchabas risas quebrando el silencio y el horror, allí donde comenzó a acallarse el horror...

-...Y el de mármol rojo, chicos -Terminó Joni- Marca el sitio histórico donde siempre estuvo el vivero del grandote, en Isla Macross, en el SDF-1, y luego en lo que sería la Plaza Central de Nueva Macross...

-Allí donde empecé de cero... -El Señor Steinhauser- Allí donde, sin que yo lo supiera, también nuestro planeta empezó de cero...

-OOOO-

-Atención, Este es vuelo RDFN sin etiqueta VC-27, última misión realizada vuelo Force-31, último destino registrado RDFN NAS Adak, en vuelo a coordenadas de reunión SDF-1, Torre SDF-1, conteste por favor…

El sensacional mensaje, repetido una y otra vez sobre la frecuencia libre de respuesta del SDF-1, que quedara abierta junto con el mensaje de reunión desde el día del aterrizaje, nada tardó en llegar hasta el despacho del Almirante Gloval, que, otra vez con la gorra levantada, no podía contener el asombro de saber que si tripulaciones completas sobrevivieron tan al norte y tan cerca de la Base Alaska, los civiles también podrían haberlo conseguido.

-¿Es completamente real, Claudia?

-Es positivo, Señor. Pedimos que nos confirmaran si Force-31 era un vuelo estratégico, por lo que debería haber tenido paquetes de órdenes sellados, codificados y restringidos. Como la respuesta fue afirmativa, les validamos los últimos sellos aunque estaban abiertos. No es una estratagema Zentraedi, Señor. Ese Tunny está intacto y viene hacia nosotros.

-Pues avise a la torre y a la Pista de la Base Prometheus que despejen la losa y el espacio aéreo de todo tráfico, Claudia. Y que cuando ese Tunny aterrice, que me traigan a toda la tripulación a mi despacho. No debe faltar ninguno, Claudia.

Nada tardó en llegar la orden hasta la única pista de rodaje que por el momento prestaba servicio en la Base Prometheus, y hasta el acelerado cambio que generaba el trazado de la nueva ciudad, y hasta la zona de refugiados… Joni y Andy, el segundo por gusto y ganas, atendían a todo vapor a la corriente de seres humanos que solo buscaban alivio y acompañamiento para sus males en las carpas, cocinas, comedores y salas de reconocimiento médico de campaña montadas a toda prisa por el Círculo, era que no, con la ayuda comprometida de todos los Tigres que lograron apuntarse. Lizzie jugaba con los sobrevivientes como si fuera la cosa más natural del mundo, y Andy agradecía en silencio por su niñez y su falta de ideas preconcebidas, que le hacían jugar con todos y todas, sin ver ni sus heridas, ni el estado de su ropa "Dios te bendiga, Hija… En él confío que nunca dejes de ser así…"

-Base Prometheus, Primario-1, Charro, para Jefe Nuevededos, Conteste, Nuevededos

-Adelante, Charro –Hasta Joni, que estaba cerca de las cocinas, y la zona de comedores, donde había hecho habilitar de la mejor manera posible un patio de juegos para los niños más pequeños, incluida la pequeña Lizzie, frunció el ceño con preocupación al oír el seco tono de la respuesta de su esposo a la llamada radial "Si las cosas están en la Base Prometheus como para que llamen a Andy, es que nada bueno puede estar pasando…"- Buenas noticias o me cantas el Ultimo Corrido, Tinoco

-Relax, Guey –Tinoco rió claramente por la radio- Ni loco me atrevería a interrumpirte. Bueno, en realidad, Es tu vieja la que me saca el pedo, chingón.

-No mames, guey que luego te lo sacaré yo a tí –Steinhauser cambió la cara y el tono, y Joni suspiró con alivio- Que te traes, Charro…

-Solo para que te informes, Jefe –Tinoco se puso serio- Acaba de pasar lo más increíble que podría pasarnos… Llegó la orden de suspender y despejar tráfico acá… Nos va a caer un VC-27 nuevecito de paquete, Guey, y los cajetos de la tripulación vienen del sitio más chingón de este mundo…

-Te oigo fuerte y claro, Charro.

-Estos chingados vienen de Adak, Guey ¡De Adak! Un chingo más allá y las Aleutianas se vuelven lunares en los mapas, Jefe.

-…Eso solo significa…

-Eso mismo, Guey… Esta cabrón que los parientes de mi Kirima salvaron el culo, porque si a estos mamones que vienen les falta, me corto un huevo que al clan de mi chata le sobra más que un largo para llegar a lo mismo, Jefe…

-Eso es seguro, Bennie… Mantenme informado. –Los ojos de Steinhauser se achicaron hasta parecer dos rendijas de acero- Puedes contarle a Lu… Pero si lo sabe alguien más, perderás la opción de la paternidad, Tinoco. Es seguro que el Almirante quiere el máximo sigilo con el circo que puede armarse ante las posibilidades de esa nave. Nuevededos Fuera.

Lizzie seguía jugando como lo más normal del mundo, bajo la mirada atenta y vigilante de su padre, que había elegido contra todo pronóstico no recogerse a la Casa de los Maquinistas, demasiado lejos tanto para él como para su esposa y su hija. Y Joni, atornillada por propio gusto a la comisión militar temporal que Gloval le había asignado, había cortado por lo sano habilitando un hogar temporal en la zona de refugiados.

-¿Qué pasó, Grandote?

-Que la vida se abre paso a como dé lugar, cielo –Andy suspiró profundamente- El sitio más peligrosamente cercano a Alaska y dejado de la mano del todopoderoso, tiene sobrevivientes…Sabe Dios qué tuvieron que hacer para conservar la piel tan al norte, y no solo eso. Salvaron un Tunny, el transporte militar más usado de la RDF… Y eso a Gloval, en este minuto exacto, le amplia los horizontes de una forma en la que más tarde que temprano nos vamos a enterar…

Las Palabras de Andy resultaban proféticas de un modo que ni su ciencia subalterna hubiera sido capaz de dilucidar. En cuanto el VC-27 estacionó finalmente al final de la losa de rodaje, luego de un aterrizaje algo violento para ser calificado como un correcto VTOL, inmediatamente abrió la bahía de carga, y un abigarrado y desorientado conjunto de militares, civiles, y algunos esquimales todavía con las pieles de foca sobre el cuerpo, bajaron a la losa como si encontrarla fuera la prueba capital de que todavía estaban vivos sobre la tierra. En nada el "Comité de bienvenida" se hizo cargo de ellos, y un M-299 del SDF-1 esperaba sin tardanza para llevar a la tripulación, apenas un piloto y un ingeniero de vuelo, hasta el mismo escritorio de Gloval

-Teniente Nathan Fitch, RDFN, y Teniente Paul Carrizo, RDFN se presentan, Almirante.

-Descansen, Caballeros, y por favor tomen asiento. –Gloval soltó la pipa fría, y se la guardó en el bolsillo interior de la guerrera- Esto es una ocasión formal, pero no es una audiencia de descargo ni una corte marcial, ni menos un interrogatorio. Ya a su tiempo mi personal se ocupará de sus bitácoras de vuelo y de rellenar los vacíos en su relato. Lo que deseo es que me digan de qué forma un VC-27 terminó en Adak, intacto, siendo que como están las cosas, y ustedes mismos tienen que haberlo visto con sus propios ojos en el vuelo hasta acá, todo al norte de la frontera canadiense es casi un paisaje lunar.

-Permiso para hablar libremente, Señor.

-Adelante, Teniente Fitch, le escucho.

-Force-31 era parte del componente aéreo de la Operación Force, por órdenes directas del Almirante Hayes, Señor.

-¿Y cuál era el objetivo de la Operación Force, Teniente?

-Bajo la ley de secretos oficiales, Señor, y dado el carácter de la Operación, no me es posible decirlo.

-Por si no lo sabe, o no dimensiona el tamaño de la catástrofe planetaria que estamos sufriendo, Teniente -Gloval lo miró serio, y luego la gorra bajó hasta el punto en que apenas se veían sus labios, hablando ronco y bajo- Probablemente soy el oficial de más alto rango, con vida y cohesión de fuerzas suficiente para declararme, al menos de forma interina y temporal, único representante del Gobierno de la Tierra Unida en este continente, y salvo información o mando superior inmediato que esté en este minuto fuera del alcance de mis comunicaciones, probablemente del mundo entero… Así que bajo las circunstancias, y ateniéndome a la ordenanza militar, Le ordeno tajantemente que me explique los fines y motivos de la operación militar de la cual formaba parte.

-Entiendo, Señor…

Fitch se lo dijo. Y la impresión de Gloval fue tanto o más intensa que cuando le informaron que ese vuelo venía desde las Aleutianas. Sin mediar transición alguna, levantó el intercomunicador para llamar a Lisa Hayes al puente, quien llegó en menos de cinco minutos al despacho del Almirante. Gloval hizo que Fitch repitiera palabra por palabra el objetivo de la operación. Lisa quedó tan impresionada como él, pero más porque había descubierto que su padre, pese al empecinamiento de querer lidiar con la fuerza de las armas para demostrar que estratégicamente la tierra no era pelele de ninguna raza alienígena, había sin embargo mostrado el suficiente sentido común de llevar adelante una salvaguarda en paralelo, operación de la que le había hablado personalmente dentro del gigantesco corazón y ánima del gran cañón.

-Los datos son rigurosamente correctos, Almirante -Lisa admitió con decisión- El Teniente habla de una operación planeada por mi padre, quien me lo confirmó en persona cuando me reasignó en la Base Alaska. Permiso para retornar a mis obligaciones, Señor.

-No, Lisa, por favor, quédese -Gloval necesitaba más oídos, y luego muchos más brazos y mentes para terminar de dar forma a la idea ambiciosa que comenzó a delinearse en su mente- Ahora, Teniente ¿Por qué terminaron en Adak?

-Como le dije anteriormente, los vuelos del componente Force tenían lugar desde la Base Alaska. Cuando la alerta máxima se declaró para toda la RDF, nosotros todavía estábamos en el Aire. El Capitán Dennis Mercer, comandante de nuestro vuelo, solicitó instrucciones, y desde Alaska nos dijeron que no podíamos aterrizar allá porque el tráfico aéreo se hallaba en zona de exclusión a 250 kilómetros a la redonda de la base, y se nos suministraron las coordenadas alternativas para tocar tierra en la NAS Adak. De acuerdo con las instrucciones detalladas, la tripulación nunca dejó la nave, en tanto el Capitán Mercer solucionaba el apartado del reabastecimiento del Tunny con el mando de la base, cuando vino el primer ataque. El Sargento Karcher, nuestro jefe de carga, no lo pensó dos veces, y bajó la rampa de la bahía. Personal de todas partes comenzó a subirse al avión, bajo mi protesta personal y amenaza de Corte Marcial, pero el Sargento no la cerró. Los impactos eran superiores a cualquier cosa que yo hubiera experimentado, y a cada segundo que pasaba comenzaban a caernos más y más cerca…

El Teniente Fitch, todavía bajo la impresión de haber sobrevivido al caos mortal de la Lluvia de la Muerte, guardó un silencio forzado por sus sensaciones y recuerdos. Más frío y calmado, el Teniente Carrizo puso su mano sobre el hombro de su compañero.

-No teníamos noticias del Capitán Mercer, Almirante -El Teniente Carrizo reanudó el relato- Y usted es Marino como nosotros… Sabe que nunca se deja a nadie atrás. Aunque se nos cayera el cielo encima, como nos estaba pasando, no íbamos a despegar sin nuestro Comandante. Pero la suerte se nos acababa, y tarde o temprano nos iban a volatilizar… Hasta que fue nuestro propio comandante quien nos ordenó despegar. Protestamos, pero se mantuvo firme. Nos transmitió desde la torre coordenadas de vuelo alternativas… Y luego solo estática, Señor. El Bombardeo era infernal, ya teníamos dos impactos de importancia en el cabezal de la pista, de modo que, tomando el lugar del copiloto, y Fitch el del piloto, traspasé en automático toda la ingeniería de vuelo, y nos preparamos a levantar un despegue VTOL al límite de la capacidad del Tunny… Cuando Karcher, comprendiendo que recibir más gente en la bahía de carga solo apresuraría nuestra muerte, apretó los dientes y la cerró… Con un montón de gente intentando salvar la vida todavía sobre la losa…

Lisa y el Almirante estaban cariacontecidos, intentando controlar sus emociones ante el espeluznante relato. Lisa intentaba con todas sus fuerzas no sentirse demasiado afectada. El caos claustrofóbico y mortal del osario y tumba colectiva en que se había transformado la caída Base Alaska seguían todavía muy frescos en su mente. Solo la luz en los ojos de Rick, su abrazo, el beso arrollador que la había arrancado del horror de la muerte por aquel instante fugaz, la bolsa que como un féretro él le había ayudado a subir al Skull Uno, conteniendo tal vez dos kilos de placas de identidad de compañeros caídos en el bunker principal de la Sala 47 y los otros búnkeres a los que había tenido acceso antes de ser rescatada, la ponían demasiado cerca de los sentimientos que aquellos dos soldados intentaban a toda costa contener.

-Las coordenadas finalmente nos pusieron en ruta, cuando un fogonazo tan cegador como un sol nos alcanzó -Más calmado, y en su calidad de comandante del vuelo, el Teniente Fitch retomaba el relato- Dios, pareció como si la tierra misma le escupiera al enemigo, el indicador de velocidad del aire cayó a cero, como si los Tubos de Pitot se hubieran tapado totalmente, y el altímetro nos dio un bajón del terror… mil metros o más, tal vez. Los indicadores cambiaban tan rápido que era casi inútil leerlos. Carrizo y yo solo le dimos más gas a las turbinas y tiramos de los timones todo lo que nos atrevimos, hasta que logramos estabilizarnos y volver a subir.

-¿Y las coordenadas de ruta que el Capitán Mercer les transmitió? -Lisa intervino, más para calmar su inquietud que por verdadera curiosidad- Habían volado una misión larga, y no alcanzaron a ser reabastecidos.

-No podíamos ir muy lejos, y nosotros lo sabíamos, Comandante -Carrizo la miró a los ojos- Pero nuestro capitán sabía lo que su nave podía. Contemplando lo que podía pasarnos y lo que sabía nos quedaba para volar, nos dirigió a la Estación Aérea de los Guardacostas en Astoria, Oregon. Lo que luego me enteré monitoreando las comunicaciones de la nave era una verdadera batalla apocalíptica en los cielos, nos iluminaba el camino. Los fogonazos y explosiones eran tan brillantes que veíamos la superficie del mar a nueve mil metros delante del morro del avión. Y aquel brillo fantasmagórico nos siguió toda la noche. A las cuatro y media de la mañana un fogonazo casi tan grande como el que casi nos hizo estrellarnos, iluminó como un sol estallando todo a nuestro alrededor. Nos quedaba a lo sumo una hora de vuelo hasta Astoria, cuando la reserva se encendió en el panel de instrumentos.

-A riesgo de quedarnos fritos y tener que amarizar, gasté combustible en subir por sobre los doce mil metros, y planificar una trayectoria de planeo a base de mapas, sextante y compás, porque la batalla en los cielos nos dejó sin un miserable satélite para intentar posicionarnos. –Fitch soltó la revelación con rabia contenida, cosa que no pasó desapercibida a los ojos de Gloval- De no haber sido por el Alférez Gould, un pichón de oficial naval de la Guarnición de Adak, con los conocimientos lo suficientemente frescos para subir a la astrocúpula y darnos el rumbo sin equivocarse, no lo hubiéramos conseguido.

-Pero finalmente llegaron… -Lisa soltó comprensiva- Su comandante confiaba en que lo harían y lo consiguieron…

-No sé si fue lo mejor… -Carrizo notó también la rabia contenida de Fitch, y se apresuró a intervenir- En realidad, no hay palabras para describir lo que vimos en cuanto tocamos tierra… Era Horrible. Astoria como tal, no existía, siendo reemplazada por dos cráteres ennegrecidos… No eran tan grandes como los que habíamos visto más al norte, pero habían bastado para engullir a casi toda la ciudad. Ya no había nada de color a lo largo y ancho de lo que, o se incendiaba sin control, o quedaba razonablemente en pie. Todo era negro y tierra hasta donde alcanzara la vista. Con buen ojo, aterrizamos con un carreteo infernal sobre la losa de la estación… La reserva se agotó justo a tiempo para evitar que intentáramos un VTOL.

-Pero llegaron, Teniente Carrizo –Gloval sabía que había más, y era ahora, en el silencio de su cámara, y no afuera, para alterar el delicado equilibrio en el que estaban caminando, con caos seguro si fallaban el paso, que lo que ellos no vieron quedara delante de sus ojos- Y repostaron, o si no, no hubieran llegado aquí.

-¿Repostaje, Almirante, Señor? –El tono rabioso de Fitch se desbordó- ¡Fue una lucha por sobrevivir! Ni bien se pararon los motores, que ya no tenían con qué funcionar, se nos echó encima una turba de civiles fusil en mano. Y todavía no terminábamos de levantarlas cuando el líder se identificó como un Teniente Comandante, único oficial Guardacostas sobreviviente y al mando de la estación. Nunca olvidaré lo que me dijo "Sáquense esos uniformes, y tapen como puedan las marcas del avión. Hay turbas descontroladas, armadas, recelosas y sedientas de sangre por todas partes… Si llegan siquiera a oler a RDF en cualquiera de sus ramas por aquí, habrá lucha y nadie verá salir el sol mañana". Solo entonces nos dimos cuenta que las vallas de la base no existían, las insignias y letreros estaban rotos y en el piso por todas partes… Ya no había nada ni remotamente parecido a una cohesión civil o mando militar. Para efectos prácticos, Almirante, en ese minuto ya éramos irregulares, así que no hubo más remedio que tirar insignias de grado y enseñas, y voltear por el forro las chaquetas de vuelo para disimular. Lo más rápido que pudimos hicimos bajar a todos nuestros refugiados para alivianar el avión, y tratando de hacer el menor ruido posible un tractor de naves lo metió a un hangar. Allí hicimos lodo con tierra y aceite quemado para tapar las enseñas y números de serie… Pero a la vista de lo que estaba pasando, Carrizo estaba receloso. Sin decírmelo entró al avión y abrió nuestro ridículamente pequeño gabinete de armería. Karcher, Carrizo y yo teníamos fusiles, sin las suficientes rondas como para sostener un combate prolongado. Las tres pistolas restantes, Mas nuestras armas de reglamento con un cargador de doce tiros cada una, quedaron con militares de nuestra confianza, como el Alférez Gould. Y entonces fue el infierno. Los mismos Guardacostas, que en realidad eran solo dos, y el resto civiles de las turbas, se nos echaron encima bloqueando el hangar, con la clara intención de asaltar el avión y quitarnos de enmedio para apoderarse de el y largarse de Astoria… Y a cada minuto que pasaba venían más, y más…

-Aquello fue el infierno… -Carrizo tembló por primera vez desde que iniciaran el relato- a la primera descarga, aquellos zombies cubiertos de tierra y hollín, incluso mujeres y niños, se llevaron por delante a decenas de nuestros pasajeros… Y no solo a balazos… Dios, vi niños con los ojos desorbitados gritando ¡Malditos! ¡Malditos! Mientras cosían a nuestros muertos a cuchilladas, bayonetazos o simples estacas astilladas…

-Fueron catorce horas de la más despiadada carnicería… Algo que ni siquiera puede imaginarse, Almirante, ni nosotros que fuimos testigos y víctimas –Fitch parecía a punto de quebrarse- Ellos se quedaban con nuestros muertos para despedazarlos, y nosotros con los de ellos para quitarles armas y municiones. Aunque no lo crea, fueron los esquimales que venían con nosotros los que inclinaron la balanza. Se lanzaron al sacrificio… Dios, no sé porque lo hicieron, nada habíamos hecho por ellos, ¡y durante el vuelo apenas nos dirigimos la palabra! Con bayonetas, cuchillos de hueso, barras de metal que encontraron en el hangar… Se lanzaron como un ariete de cobre y piel de foca sobre la muchedumbre… Dios, no lo merecían... -Un frío de muerte llenó la cámara del Almirante cuando el Teniente Fitch comenzó a soltar las lágrimas sin sollozos que le surcaron el rostro- Solo tres de ellos lograron escapar de la muchedumbre, más muertos que vivos, pero se gastaron hasta la última gota de su sangre para traernos las cisternas, dos de las varias que había desperdigadas por la base, sin saber a ciencia cierta si estaban llenas o vacías. Con el acelerador a fondo se lanzaron sobre la gente frente al hangar desarticulándolos como muñecos o aplastándolos sin contemplación, mientras nosotros acribillábamos a todo el que se nos cruzaba al frente para hacerles camino, sin consideración alguna y con una rabia insana que nos retrocedió de un plumazo a las cavernas…

-El alboroto fue lo suficientemente grande y sangriento como para inducir a una retirada a la turba, que parecía no decrecer nunca pese a todas las vidas que nos cobramos -Concluyó Carrizo con más calma, mientras Fitch se limpiaba discretamente las lágrimas de las mejillas y ojos- El último de aquellos nueve valientes que nos regalaron la vida murió en mis brazos y el respeto pétreo y silencioso de los suyos, mientras cargábamos todo el combustible que logramos extraerle a aquellas dos cisternas, que de todos modos no era mucho. También hubo que darle las gracias al arrojo y previsión de Karcher, que había estacionado el avión aculatado en el hangar, de modo que solo tuvo que tirarlo hasta la pista de rodaje apartando cadáveres, mientras nosotros rezábamos nuestra mejor oración por el APU de la nave, pues si no contenía la suficiente chispa para echar a andar los sistemas y nuestros secos motores, tendríamos que usar una externa. La clase de dilación fatal que podía costarnos la vida. Con valentía increíble Karcher estrelló la mula contra las cisternas dentro del hangar para provocar un incendio, mientras el resto de nuestros refugiados hacía paraguas protector con las armas de que disponíamos, protegiendo su carrera hasta subir la rampa de la bahía de carga y cerrarla a continuación. Los motores funcionaron, y en medio de una balacera infernal ejecutamos el más perfecto VSTOL de nuestra bitácora de vuelo para largarnos de Astoria, a donde espero no volver nunca más, Señor. -Marino y soldado hasta el final, Carrizo cerró su relato con una nota cínica- De eso hace casi tres semanas, que fue cuando logramos cazar su señal lo suficientemente fuerte como para meterla en el transpondedor y llegar hasta acá.

-¿Tres semanas de viaje?- Gloval estaba perplejo- El VC-27 tiene más autonomía que eso, Teniente Carrizo.

-Tiene que entender, Señor, que lo que logramos cargar en Astoria resultó ridículamente poco en contraste con el desproporcionado sacrificio de los esquimales para obtenerlo. Apenas mantuvo funcionando los motores por un poco más de seis horas. Nos fuimos saltando de pueblo en pueblo siguiendo la señal de radio, por todo el sur de la frontera canadiense, dejándonos caer en aeropuertos civiles y militares, gasolineras, tragando herrumbre de estanques de aviones y helicópteros para obtener todo el combustible que lográbamos saquear cada vez que tocábamos tierra, filtrando con nuestras propias camisas y hasta las gorras todo lo que lográbamos reunir para mantener el avión funcionando, conscientes de que si se detenía, era nuestra muerte segura… Y como debe suponer, el combustible no nos alimentaba, de modo que a punta de balas nos peleamos cada mendrugo que logramos llevarnos a la boca en estos días. Fuera de lo que parece haber aquí, el resto es un caos selvático y atemorizante que borró de un plumazo todo vestigio de civilización. Ya hay bandas de merodeadores peores que las del viejo oeste, acaparando todo lo que pueden en medio de los cráteres, y los restos chamuscados de naves propias y enemigas, quitándoles todo lo que pueden a los nuestros y a los gigantescos cadáveres carbonizados que hay tirados por doquier, que aún desde el aire dan miedo a siete mil metros.

-Y eso es todo, Señor… -Casi con cansancio físico, el Teniente Fitch cerró el horrendo relato- Ya que hemos llegado hasta aquí, solicito licencia para salir de operaciones con mi tripulación, a la espera de nuevas órdenes y la recomisión de la nave…

-Seré sincero, Capitán Fitch, y Comandante Carrizo -Gloval pronunció las palabras sin un ápice de emoción o temblor en la voz, ante los ojos impactados de ambos oficiales- Pensé que tanto ustedes como el Sargento Mayor Karcher iban a pedirme la baja… Pero han demostrado hasta este minuto una fortaleza de carácter y apego a la vida que no puede ser medido bajo ningún parámetro de orden militar. Y a pesar de ello han respetado su deber primordial -Gloval se puso de pie- Serán recomisionados dentro de poco, señores, así que aprovechen todo el tiempo que les quede disponible en descansar mientras llegan sus nuevas órdenes. Capitana Hayes, Haga el favor de conducir a estos oficiales a los pañoles de vestuario, ducha y comida caliente, nuevos uniformes, y una litera en los camarotes de cortesía de la nave. Que un tripulante los acompañe todo el tiempo hasta que vuelvan a ellos para su merecido descanso. Haga traer también al Sargento Mayor Karcher a la nave con la misma finalidad. Y que el resto de los refugiados reciba la mejor atención posible del Puesto del Círculo femenino.

-Enseguida, Señor.

En cuanto la puerta de la cámara se cerró Tras lisa y los dos sorprendidos oficiales, ascendidos de forma tan económica como fulminante, Gloval volvió a sacar la pipa del bolsillo interior de la guerrera. Llenando la cazoleta a rebosar, la encendió hasta que el rojo de las brasas de tabaco le iluminó los ojos, en medio de espesas nubes de humo "Es curioso como las cosas han ido engranando… Soy soldado, y si me toca hacer esto, es más porque puedo orillar ciertas cosas ya que no tengo poder civil alguno empujándome, frenándome o respaldándome… Tendré que hablar lo antes posible con el Doctor Lang. Y esperar hasta el último segundo para dar una orden que sé que va alterarle la vida, Jefe. Pero siento que antes que una protesta, voy a escucharlo agradecer por ello..."

-OOOO-

-¿Entonces? –Jonathan venteaba como un perro de presa las revelaciones, y luego del panorama general, él sabía que había más para escarbar sin vacilaciones ni miedos- ¿Qué era la Operación Force?

-A eso ya vamos a llegar, Jonathan… -El Señor Steinhauser rió suavemente- El tema principal para mí, es que el viejo y querido Henry comenzó a armar algo gigantesco… incluso a la altura y talla de su propia nave arruinada, ahora en el centro de lo que hoy es el Lago Gloval, por fin con el Prometheus y el Daedalus en cero grados de inclinación. Mi amada cubierta tenía como ver acción nuevamente.

-Ahora lo recuerdo… -Bron abrió los ojos, sorprendido de su memoria- El Almirante Gloval acumulaba día con día más material aéreo luego de la odisea del Tunny. Esas naves volaban fundamentalmente desde la Base Aeroespacial. Los Grupos de intercepción, una mezcla balanceada de veteranos y pilotos al vapor, volaban sus turnos de alerta desde las plataformas de combate originales del SDF-1.

-El grandote era feliz otra vez con su juguete feo y pesado –Joni rió de la comparación con un niño, ante el gesto de murria de su esposo- Y yo le dije hola nuevamente a mi Casa de los Maquinistas, un poco menos caos que desde el día cero, pero igualmente caos para mis reglas. Y a Dios gracias, comencé a despedirme de mi comisión militar temporal. No fue sino hasta la era de la REF que no volví a ponerme un uniforme, y bajo protesta… ¿Cómodos y protectores? Yo los consideraba lisa y llanamente escandalosos…

-…Pero, cielo –Steinhauser se dio el placer de picar el mal genio de su esposa con el tema- ¡Nada que envidiarle a las más jovencitas! ¡Te veías increíble!

-…Y lo más increíble era tu cara de sátiro pervertido mientras me mirabas el trasero enfundado en esos leotardos de alta tecnología –Rumió Joni- Tu cara era detectable a veinte kilómetros a la redonda cuando me veías aparecer. Mientras, el Señor Contramaestre Mayor nunca renunció al uniforme negro de la naval…

-…Tuve que autorizarlo, Joni, Lo siento… -Rick alzó los brazos en el gesto de la rendición- Este atormentador con suerte es una piedra en el zapato cuando se lo propone… En aquella época mi escritorio estaba atestado de papeles… Y la pila más alta era la de las peticiones que Andy me hacía llegar por el conducto regular tres veces al día, solicitando conservar su uniforme…

-Epa, que nos estamos yendo unos cuantos cientos de parsecs y años más allá de la historia original ¿Podríamos volver a la Primera Guerra Robotech, por favor? –Lisa intervino para parar los recuerdos, pero el tono resultó ser demasiado cercano a la mitológica Reina del Hielo, lo que después del silencio, les sacó risas a todos los presentes, haciendo que se avergonzara- ya… Está bien ¡Ya entendí!

-Lo siento, Hermanita, no puedo defenderte… Yo también me reí –Andy se encogió de hombros, pero más todavía cuando vió a Lisa contestarle sin palabras que no se acercara a la fuente del Parque Macross- El caso era que Gloval planeaba y planeaba, otra vez con la ayuda de Lisa y saltándose al Estado Mayor. Como Maistroff, Carruthers y los otros carcamales estaban enredados en sus parcelas y guerritas personales de poder, casi nadie se daba cuenta de lo importante que resultaba en el panorama general todas las pequeñas cosas que el viejo Henry estaba haciendo sin darse punto de descanso… Lisa es testigo que al par con los civiles, se preocupó intensamente de los soldados. La entrega de las primeras manzanas de la Colonia Militar Macross, las cuatro primeras manzanas de la ciudad, los cimientos para el Teleférico, la pasarela Daedalus y el ascensor rápidoPrometheus… Había pasado un Mes y medio, El puesto de auxilio del Círculo Femenino casi era un recuerdo sano y un alivio en el corazón de las personas que nuestras buenas esposas tocaron con su bondad, tanto, que dejaron de quejarse y más temprano que tarde se pusieron a trabajar.

-Y Otra vez la fortaleza increíble de carácter de Max y Lena destapó la botella de un genio al que, esta vez, Gloval no quería encerrar para nada –Apuntó Joni- El Dragón Blanco fue una de las primeras edificaciones comerciales que los equipos de recuperación sacaron a la superficie… Y casi de inmediato cubrió su plantilla de meseros y cocineros. En menos de tres días ya estaba lleno de bote a bote.

-Joni tenía razón –Apuntó Rick- Parece como un chiste, pero con Erin y Roy lo experimenté sin quitarme el asombro pese a la experiencia. Les costó un infierno comenzar a arrastrarse para conseguir cualquier cosa que quisieran. Pero en cuanto lograron doblar las rodillas y gatear… Les quité la vista un segundo y ya caminaban… Ahí entendí que el ser humano puede generalmente solo, pero a veces y solo a veces, necesita de un empujoncito. Es entonces cuando muestra sus más bellas cualidades, al ponerse de pie cuando toda su raza apostaba a que seguiría en el suelo. Así pasó con los refugiados. Para cuando se decidieron a caminar, mirar adelante y ocuparse de su futuro, ya teníamos, a Dios gracias, una ciudad.

-Pero todavía seguíamos viviendo en un erial, Rick –Apuntó Andy, esta vez con los ojos brillantes- Eso me nublaba los ojos, me ponía mal, casi físicamente enfermo. Ver a mi planeta convertido en una mancha amarilla parda y negra, sin nada de verde desde la cubierta del bote y hasta el borde del horizonte… El único sitio donde podía estar tranquilo era con las pocas plantas que pude salvar de los restos de mi vivero. Un impacto directo terrorífico se llevó por delante escudos, blindaje, esclusas de vacío y hasta el mismo Parque con fuente y casi todo lo demás… Cada minuto que me quedaba disponible entre turnos bajaba a la superficie para excavar la tierra quemada hasta encontrarla sana y con buena consistencia. Reuní un par de sacos, y me los llevé hasta la Casa del Maquinista para enriquecerla con los pocos materiales que me quedaban. Todavía estaba arrastrándome, no avanzaba casi nada, y excepción hecha de la cubierta y mi familia, poco más me quedaba por defender.

-Entonces, a punto de decir "Ya no más", quienes menos esperabas –Lisa sonrió al recordar- Te dieron el empujoncito que necesitabas para ponerte a gatear. Y antes que pasara un suspiro, te pusiste a caminar…

-OOOO-

Los Pasos de Gloval, a solas, y con las manos tomadas a su espalda, se perdieron en los vericuetos más profundos del SDF-1, hasta un sitio que no había visitado sino un par de veces durante toda la extensión de ese primer y violento año de guerra pasado en el espacio. Llegar al Laboratorio Robotech del Doctor Emil Lang era una suerte de experiencia surrealista, por la pasión científica que desbordaba a sus ayudantes y técnicos especializados, al punto que, dentro del militarizado escalafón de la nave, el laboratorio era un mundo aparte, y Gloval solo un neófito con galones dentro de el, por lo que no le sorprendieron demasiado los gestos fríos y molestos, teñidos de descortesía en cuanto entro en la zona.

-Almirante.

-Emil.

-Le ruego disculpe nuevamente a mi personal…

-No se preocupe, Doctor Lang –Repuso Gloval sin afectación- Los prefiero así, trabajando, concentrados encontrando soluciones para nuestros problemas que no son pocos… Si me consideran un intruso, me doy por bien pagado al no interrumpirlos más que lo estrictamente necesario. –Gloval soltó el aire contenido en los pulmones mientras caminaban por el atestado espacio del laboratorio- Emil, no quiero que me escondas nada… ¿Qué o cuanto sabes de la Operación Force?

-Almirante –Emil Lang se sobresaltó, pero de inmediato se relajó. Años iban ya desde el estrellamiento del emisario alienígena, de la lucha política de las cúpulas deseosas de echar mano a sus secretos, de los turbios duelos en la oscuridad que tanto él como Gloval habían experimentado mientras corrían una desesperada carrera de obstáculos a ciegas intentando no tropezar y seguir adelante a despecho de la ambición de los demás. Para ambos el apoyo del Almirante Hayes había sido tan fuerte como decisivo para llegar hasta donde habían llegado, heredando de cierta forma el asombroso legado extraterrestre que les había permitido sobrevivir a una guerra interestelar que hubiera sido un mero genocidio de no haber contado con el- Aquí no. Vamos a mi despacho.

El atestado espacio de trabajo del Doctor Emil Lang no podía ser considerado propiamente un despacho. Fruto más de la enorme actividad cerebral y creativa que el caldero del diablo de los chismes de Macross había atribuido a un choque energético alienígena, que a mero desorden o desidia, sin embargo tenía al menos visible la silla de cortesía, donde Gloval, sin esperar por la gentileza de invitarlo a tomar asiento, lo hizo él mismo sin emitir comentario alguno. A su tiempo Lang tomó asiento frente a él, con los ojos bajos y la frente muy tensionada.

-…La puerta está cerrada, Emil. Estoy esperando.

-De acuerdo, Almirante, Usted gana – Lang suspiró con fuerza- El origen de la Operación Force puede rastrearse hasta el minuto exacto del estrellamiento de la Fortaleza Espacial contra la Isla Macross. Los Planificadores Militares de élite, como el Almirante Hayes, tuvieron que frotar muy repetidamente su bola de cristal para poder prever todos los posibles rumbos de acción.

-Es raro –Gloval se mostró dubitativo- Yo estuve en Grechko por segunda vez a muy poco del estrellamiento… Pero entonces estábamos en trincheras distintas, y hasta nosotros nada se filtró.

-Evidentemente lo que sería más tarde el Gobierno de la Tierra Unida no quería caer en jueguitos de espías, de modo que eligieron quedarse en pétreo silencio, mientras la campaña de desinformación escondía la realidad, y quitaba toda importancia a la llegada de esta nave, Almirante –Lang se movió algo incómodo en su silla- Pero tal como le dije, Los planificadores civiles, militares y de inteligencia de todas las ramas se pusieron de cabeza a destripar hasta los huesos todos los escenarios posibles de lo que nosotros supimos en vivo y en directo, porque estuvimos ahí, era una nave extraterrestre con una fantasía tecnológica que considerábamos inalcanzable, y el oscuro y terrorífico secreto que nos planteaban sus creadores.

-Se tuvieron que poner en todos los casos, y en buscar las mejores soluciones posibles para ellos -Terció Gloval, a punto de sacar la pipa. El gesto duro de Lang, sin embargo, consiguió que volviera a guardarla, esta vez en un bolsillo exterior de la guerrera- ¿Era un accidente? ¿Producto de una deserción, una batalla, una huida? ¿Vendrían sus creadores, o sus perseguidores a recuperarla? ¿Se llevarían la nave entre gallos y medianoche? ¿O la reclamarían a las buenas, o derechamente por las malas, borrándonos del mapa?

-Por eso es hoy Almirante, Henry -Lang estiró los labios en un duro remedo de sonrisa- Esos y otros casos, incluyendo el Casus Belli defendido a ultranza por el Almirante Hayes, fueron sentando las bases de las providencias básicas que terminaron dando cuerpo, músculos y vida propia a la Operación Force.

-¿De qué estamos hablando entonces, Doctor Lang?

-Nada menos que del ascenso de Donald Hayes a la Comandancia Suprema de la Tierra -Lang se echó envaradamente contra el respaldo de su silla- Como ha debido suponer correctamente, La tesis belicista del Almirante se impuso al final, y las águilas en el Consejo de la Tierra Unida lo acogieron calurosamente, Y junto con él, a todas sus ideas al respecto para enfrentar lo que ya suponían podía desembocar en una guerra para arrebatarles una presa que no pensaban soltar. Force se creó como una operación de carácter reservado bajo el mando directo del Comandante Supremo de la RDF, respondiendo solo ante él y los protocolos de operación por él designados en el libro maestro del plan.

-¿La Base Alaska? -Gloval levantó una de sus cejas al recibir la muda afirmación de Lang- ¿El Gran Cañón? ¿El desarrollo Varitech? ¿La reconstrucción del SDF-1? ¿La flota y fuerzas espaciales?

-Todo eso y más en el lado militar, Almirante -Lang juntó sus manos frente al escritorio, y se cargó hacia adelante en ellas- De hecho, para sacar el máximo provecho de la energía del planeta, se planeaban construir nada menos que seis grandes cañones, para cubrir todos los ángulos posibles en una tierra redonda y levemente achatada en los polos… La mente del Almirante era maravillosamente previsora, pero no contábamos con el tiempo ni la tecnología suficiente pese al empujón que Robotech nos dio, para alcanzar todo lo que él quería. De modo que tuvimos que priorizar. Y en la lista de prioridades de un militar las pistolas cargadas y listas a disparar siempre van a ir en primer lugar.

-Por lo que supe de la tripulación del Tunny, sin embargo, algunas cosas lograron salvarse-Agregó Gloval con voz algo oscura- De modo que en estos años aparentemente no todo fue contar cuantas balas había en cartuchera.

-En eso también tiene razón -Admitió Lang- Los planes eran grandiosos: Dos bancos genéticos, uno animal y uno humano, para salvaguardar una variedad genética suficiente que impidiera la endogamia en caso de ser diezmados, iban a ser construidos y llenados con genomas purificados provenientes de toda la vida conocida en la Tierra. Se hicieron Planes detallados para construir refugios que almacenaran toda clase de elementos, tecnología y materias primas para partir de cero en caso de una catástrofe ambiental total. Incluso se planeó el rescate cultural, con el diseño de las criptas que guardarían para la posteridad todos los registros y tesoros artísticos e intelectuales de la cultura planetaria. Y lo que a usted le interesa y que por su cara ya sé que le contaron. Sí, es verdad, pero me sorprende que en medio del canto de las armas el Almirante haya echado a andar con tanta urgencia esa parte del plan, y que aparentemente lo haya conseguido, justo ahora que nos es desesperadamente necesario.

-Pues así parece ser, pero hasta que no haya ampliado el rango de acción de mis fuerzas, no tengo modo alguno de responder preguntas que ambos deseamos ver contestadas, Emil.

-Y ampliar el rango de acción de sus medios es precisamente lo que va a comenzar a hacer en cuanto salga por la puerta de mi despacho, Almirante.

-En realidad, Doctor Lang -Gloval hizo una pausa frente al mamparo automático para girar la cabeza y agacharla evitando chocar con el marco- Solo necesitaba confirmar lo que los años haciendo este trabajo me enseñaron, Ya tengo las suficientes respuestas para saber que las ordenes que he dado no estaban erradas, Emil, Porque lo que acabas de decir es algo que, desde antes de entrar aquí, ya estaba haciendo.

-OOOO-

-Eres mala, Hermanita –Andy hizo un puchero compungido ante los ojos asombrados de Lisa- Dejaste que todo el mundo se enterara más tarde que temprano, y el más interesado en ello terminó siendo el último en saberlo.

-Y yo, Cabeza de Piedra enfurruñada –Lisa sonreía pese al tono de las palabras- Te repito ahora como te lo he repetido las últimas tres décadas: Gloval selló mis labios, y solo me autorizó a contarte cuando no hubiera más remedio que hacerlo…

-…Que resultó ser casi desde la escotilla del avión…

-¿Todo esto tiene que ver con el Tunny? –Bron no quiso o no pudo resistir preguntar- ¿Es ese el avión del que hablan?

-Sí, Se trata del Tunny, de Damon, de los infantes… -Andy suspiro con fuerza- …Y también de mi herencia…

-OOOO-

Los pasos duros que resonaban en los pasillos algo estrechos de la torre de comando, se diferenciaban claramente de los quietos y algo agudos tacones de reglamento del personal femenino, que era lo más común de ver en ese sector de la Fortaleza Espacial. Tampoco era común ver esa mano cuadrada como un martillo que golpeó con decisión y propiedad a la puerta de la cámara del Almirante Gloval, como desde hacía varias semanas venían haciéndolo militares de los más diversos rangos y ramas de la defensa ya representadas en lo que paulatinamente se iba reordenando como la RDF que todos conocían antes de la Lluvia de la Muerte.

-Adelante.

La apertura de la puerta dio paso al negro uniforme y figura del Contralmirante Jacob Burnett, seguido de su plana mayor: Su Jefe de Operaciones, Capitán de Navío Alfred Duquesne, El Jefe de Logística y Comunicaciones, Capitán Damon Hettie, El Comandante del 1º MEF, General de Brigada Emmett Souter y el Comandante del 1º MER, Teniente Coronel Chris MacMullin.

-Señores –Gloval se puso de pie, y saludó, recibiendo en retorno el mismo gesto, pero de tono más duro, de sus subordinados- Descansen, y tomen asiento, por favor.

Gloval no tenía que argumentar mucho delante de hombres y soldados como esos, que hacían carne inatacable al desaliento la Consigna del AIO. Adaptar. Improvisar. Sobreponerse. En cuanto pudo normalizarse en algo la estructura militar a cuya cabeza se encontraba como Almirante, Henry Gloval, Astutamente, había dejado en manos de su Estado Mayor el Orden de Batalla de los restos de sus fuerzas. Con sorprendente rapidez los Mandarines más notorios de dicho cuerpo, como el Coronel Winston Carruthers por parte del Ejército de Tierra y el Coronel Stanislav Maistroff por parte de la Espacial, Navegaron con gran pericia sus escritorios como si fueran acorazados en medio del agitado maremágnum de la burocracia militar, y habían logrado consenso con sus pares para establecer un ordenamiento tan en tiempo record como sentido común necesario para operar con la transversalidad de fuerzas que poseían. Suya fue la idea de separar a la oficialidad y tropas de las diferentes ramas en guarniciones bajo el estatus de adjuntos a trabajos cooperativos. De ese modo vieron la luz el Contingente Espacial Macross (MSC), la Guarnicion Aérea Macross (MAG) y la Guarnición Naval Macross (MNG). En Teoría, Dichas fuerzas deberían haber tenido sobre sus comandantes superiores, la figura de un Jefe de Estado Mayor Combinado, respondiendo directamente ante el Almirante Gloval como cabeza de la estructura creada.

Pero nuevos espacios crean nuevos puestos, y nuevos puestos generan nuevas ambiciones. Cada Miembro del Estado Mayor libraba risibles guerritas burocráticas con los demás, esperando brillar lo suficiente para ganar esas estrellas, y al mismo tiempo el favor del Almirante, para agrandar su poder e influencia con su nombre como esencial rompefilas. Gloval los dejó enredarse en esa pugna, no soltando ni dando demasiado sedal; lo justo para mantenerlos picando. Y esa extraordinaria inspiración política le daba el espacio suficiente para dedicarlo al verdadero trabajo de levantar a la humanidad de cero, y a la paciente formación de la Capitana Hayes, quien de hecho fungía sin envanecimientos ni título oficial, como el verdadero Jefe de Estado Mayor de la renacida y en ascenso RDF.

-Señores -Gloval los miró con confiada dureza- Los he citado aquí y ahora con un solo motivo y misión en particular. Hemos estado casi tres meses centrados en la tarea de vigilar y dar nuevos aires al renacimiento de la humanidad desde el restringido puesto que hoy constituye Ciudad Macross. Por eso voy a ordenarles que pongan en práctica la legendaria herencia que portan, de ser la proyección del Poder Naval en Tierra Firme. Contralmirante Burnett.

-Señor.

-A contar de hoy, con los mapas y documentos que saldrán de mi cámara en sus manos, Diseñará con su Plana Mayor en el más breve plazo el planeamiento del despliegue de sus unidades por territorio continental norteamericano. Utilizará como base y medida para ello, del máximo radio de acción en torno al punto de retorno del VC-27 con el que ya contamos, al que se agregará dentro de poco un segundo, que ha respondido a nuestras frecuencias y que viene de la costa este del continente.

-¿Objetivos inmediatos, Señor?

-El Primero, Contralmirante, es establecer un circuito de defensa temprana, en torno a las bases artilleras que montaran en cada arco máximo de alcance de nuestros transportes. El segundo será el despliegue en esas coordenadas hasta llegar a Norfolk por el este, Pensacola por el Sureste, Portland por el Oeste, San Diego por el Suroeste, Y al sur hasta Crystal City en la frontera con el antiguo México. Tercero, será verificar en terreno que sus zonas de operación cuenten con sobrevivientes, civiles o militares. Prestará apoyo a los civiles y reordenará su estructura de mando y de tropas a medida que se le agreguen unidades sin mando inmediato. Hay un cuarto objetivo, Contralmirante Burnett, que viene en sus órdenes selladas de forma más exhaustiva, pero puedo adelantarle que verificará la existencia de refugios antiataque e instalaciones selladas de la Tierra Unida, para prestar asistencia y hacer acopio de artículos de primera necesidad en todos y cada uno de los sitios a los que lleguen a tener acceso.

-Entiendo, Señor. ¿De cuánto tiempo disponemos?

-De acuerdo con sus órdenes, Contralmirante –Gloval lo miró serio, pero sin dudas en el rostro- La primera Base Artillera debe estar montada y en funcionamiento a treinta días contados desde esta reunión. ¿Dudas o preguntas, Señores?

-Ninguna, Señor –Burnett había hablado solo, pero ver los gestos afirmativos mudos pero directos de sus oficiales le demostró a Gloval la cohesión que ese contingente diverso había forjado entre sí- Permiso para retirarnos, Señor. No disponemos de demasiado tiempo, y nos es absolutamente valioso.

-Adelante –Gloval encendió su pipa- Pueden retirarse.

Aquello echó a andar una maquinaria de planeamiento implacablemente aceitada por la convicción militar de que lo imposible era posible. Marinos e infantes tan acostumbrados a improvisar y a anticiparse para evitar desgracias, alistaron a sus tropas, completaron su programa de adiestramiento, ajustaron la logística, determinaron los materiales mínimos para tener comunicaciones, detección (Local y como repetidor de los sistemas de la Fortaleza Espacial) y defensa antiaérea, y determinaron tras ensayo y error la mejor manera de sacar provecho al transporte aéreo que iban a tener disponible, y que era su más esencial línea de vida mientras extendían el paraguas protector del SDF-1 por territorio norteamericano. Así comenzó a ver la luz en secreto lo que ya se conocía en susurros dentro de los límites restringidos de la Base Prometheus como "Operación Paraguas".

-OOOO-

-Damon, Mi capitán, Señor.

-Dime luego que te escuece el culo, Jefecito –El Capitán Damon Hettie se llevaba el café a los labios con sonrisa beatífica- porque no ando sobrado de tiempo por estos días.

Andy era el primero en reaccionar en un clásico de la ciencia subalterna, No viendo el mal, no oyendo el mal y no hablando el mal. Pero entre despegues y aterrizajes, y entre el engorro de tener que oficiar como jefe de cubierta en el Prometheus y Maestre de Maniobras en la Losa de la Base Aeroespacial, Los susurros de la chismografía militar habían llegado limpios y claros hasta sus oídos. Tanto, que no le había quedado más remedio que hacer llamar a puerta cerrada de su despacho bajo la cubierta, al más poderoso escarbador de chismes de la naval para comprobarlo.

-¿Y qué hay, Charro? Desembucha o te cuelgo de las menudencias, canijo.

-Es que no te la crees, vato.

-No me creo qué, Tinoco.

- Te la suelto pero en tí muere, Gringo, que si mi chata sabe, cantaré el último corrido ¿Te enteras? Mira que para averiguar lo que querías tuve que elogiarle hasta los calzones a Chiara Fusco en el Cuartel General del MNG. A poco y no me viola, que ya me costó pararla pa` que no me mostrara las lecheras ahí mismo, mano…

-Vaya con esa mujer ¿A tanto le llega la desesperación por ser madre? Joni me dice que evita todo lo que puede toparse con ella, porque cuando tiene a Lizzie cerca es casi imposible quitársela. Y todo me dice que pasaste por lo mismo, chingado.

-Ni me mires, sangrón, que tú solo preguntas y es a mí a quien quieren violar.

-Tranquilo, Charro, tranquilo, que siempre puedo decir que fueron órdenes y así dejar mexicanos para la posteridad. Y bien ¿Qué te dijo la tórrida Teniente Fusco?

-Chiara no me dijo nada, Mano. Me mostró –Andy abrió mucho los ojos- Me hizo pasar a la sala de mapas cuando todos estaban almorzando. Hay una pared con un mapa enorme de los States, que tiene más puntos que un perro dálmata, Gringo. Todos los puntos marcan como GB en líneas casi rectas que van de la costa este a la frontera con México, y de ahí hasta la Costa Oeste. Y afírmate bien, mano. Las líneas extremas llegan hasta Norfolk y Pensacola en el este, Portland y San Diego por el Oeste.

- GB… Eso significa que Gloval va a adelantar líneas usando bases artilleras hasta llegar a ambas costas ¿Y al Sur, Charro?

-Tu pueblo, vato. Crystal City.

-Tú no viste nada, nadie intento violarte, no estabas aquí y yo no hablé contigo, Charro –Andy estaba pálido- Desaparece, Tinoco.

Andy salió de su pequeña oficina con el rostro nublado de dudas y dolor. Dudas por el verdadero motivo de la RDF para interesarse tan de improviso por un pequeño pueblo como el suyo. Y dolor apartado durante mucho tiempo, por la familia que no sabía si tenía luego de haber transitado como transitó la noche final de la tierra, viviendo de milagro para contarlo. Casi nadie lo vio en la cubierta interior, ni cuando subió a la cubierta de vuelo, y todavía menos cuando llegó a los límites de la Base Aeroespacial gracias a la presteza del ascensor rápido. Menos Todavía lo vio venir el Capitán Hettie en pleno Cuartel General, lo que obviamente despertó su avinagrada respuesta ante una formalidad militar que a Andy y él no les cuadraba cuando andaban en busca de la verdad.

-…Qué te traes con mi pueblo, Damon… Suelta ahora o el chisme llegará hasta los Zentraedi en la Antártica si es que los hay.

-¿!Pero quien caraj…!? –Hettie casi se atraganta con el café, y la silla casi lo deja en el suelo- ¡Demonios, Jefecito! ¡Cierra la puerta y siéntate ahora! ¡Ahora!

Andy sonrió a cubierto del alarmado pero duro rostro de Hettie mientras cerraba la puerta de su despacho. La estatura moral, y la antigüedad de la promoción de enlistamiento todavía surtían efecto en Damon, pese a que su rango de oficialidad hacía pesar las insignias delante de él mucho más contundentemente, al menos en el estricto apartado administrativo.

-Ya está cerrada la puerta, Damon. Aquí adentro no hay desnudistas, así que desclasifica luego y rápido, que no tengo todo el día para regalártelo.

-No te pongas estrellas que no te sobra pala en el hombro, Jefecito –Damon lo miró serio como Andy sintió que nunca lo había mirado- Te hice cerrar la puerta para que nadie viera aquí que eres tú, zopenco. Eso para iniciar. Y para terminar, Andy, lo siento mucho, pero no puedo decirte nada.

-¡CÓMO QUE NO PUED…!

-Cállate, Steinhauser, vuelve a sentarte y escúchame de una buena vez –Damon siseó con voz de mando imperiosa y dura, tanto, que tras su cortado exabrupto, Andy se sentó en silencio- Gloval nos cosió los labios a todos, pero si sabes eso, sospecho quién estuvo aquí, vio todo lo que pudo y te fue con el cuento, Andy. De paso, dile que no venga más, por favor, que Fusco está intratable, apenas trabaja, y está cantando música romántica en español como si lo supiera hablar… Y sabes que a los esquimales les encanta la carne cruda, así que ni lo intente de nuevo o correrá sangre sobre la losa.

-…Damon…

-Nada más puedo decirte, Andy, salvo que esta conversación nunca tuvo lugar.

…Entiendo… -Andy se levantó cabizbajo y silencioso de la silla- Gracias de todos modos, Damon.

-Cierra la puerta al salir.

-Entendido, Señor.

"Si crees que me dí por vencido, Damon, puedes quedarte aplastando tu trasero en la silla todo lo que quieras, que yo apenas y estoy estirando los músculos" Andy salió mudo y algo cabizbajo del Cuartel General de la Guarnición Naval. Al menos por un tiempo, no convenía volver a aparecerse por ahí luego de hablar con Hettie. Sus huellas digitales (Y las del Charro, por añadidura) estaban demasiado marcadas en ese sitio, de modo que esa veta de información estaba por el momento absolutamente condenada. "Sin embargo, todavía tengo un as bajo la manga. Es el más peligroso de jugar, pero así como están las cosas, si quiero llevarme el pote, me tengo que arriesgar con esta baza"

Steinhauser trató de parecer casual y marcial al mismo tiempo. Moviéndose lo más sigilosamente que pudo, saludando como lo más normal del mundo a todo el poco personal que encontró en su camino por entre los edificios completos y ocupados, y los que todavía estaban construyéndose dentro de la Base, se acercó al único sitio que no había visitado, ni había tenido la necesidad desesperada que tenía ahora por hacerlo. El Centro de Mando Prometheus era una construcción especial, que en sus formas recordaba vagamente la "Isla" de un Portaaviones por el voladizo diseño de su torre central y su galería acristalada que daba casi una visión de ciento ochenta grados. Era además un Sanctasantórum con el peso de llevar alivio al Puente Principal de la Fortaleza en el manejo de las patrullas y las emergencias de combate que, hasta ese momento, no habían pasado de falsas alarmas producto de los nervios sensibles que todavía persistían tras la Lluvia de la Muerte.

Con astuta superchería, se hizo pasar por un mensajero oficial para traspasar las primeras barreras y penetrar hasta las oficinas administrativas. Sin embargo, no alcanzó ni a llamar a la puerta marcada con un nombre tan conocido para él, porque la voz fría y los ojos brillantes de fuego verde de la dueña del despacho congelaron su gesto cuando de sus nudillos no escapaba ni siquiera el sonido que deberían haber hecho contra la hoja.

-...Contramaestre en Jefe…

-¡Capitana! Vengo con…

-¡Callate, Cabeza de Piedra, por Dios! -Lisa se materializó de la nada justo frente a él, siseando como una serpiente enojada-¡Cállate y entra en la oficina! ¡Ya!

-...Pero…

-¡Entra!

Pese a la enorme estatura de su Hermanito, Lisa se cargó contra él con más convicción que fuerza, haciéndolo entrar de un solo empujón. Mirando asustada en ambos sentidos del pasillo, entró también, seguida, no de un portazo furibundo, sino del leve y casi silencioso clic de la cerradura al engancharse en el marco.

-Lisa… -Andy intentó justificarse, ahora asustado luego de la mirada desencajada de la Capitana en el pasillo- Yo solo vine por…

-Andy, basta -Lisa se mostró firme- No digas nada. Solo cállate, siéntate y escúchame, aunque sea por una vez en tu porfiada vida ¿Puedes hacerte y hacerme ese favor, justo ahora, Cabeza de Piedra?

-Está bien -Andy bajó la cabeza, no de mala gana, pero casi- Y eso solo porque eres tú.

Lisa, sin emitir ni un comentario, pasó tras la silla donde Steinhauser se había sentado, por el costado de su escritorio, hasta finalmente llegar hasta su silla, donde se sentó con majestuosa y estudiada calma antes de hablar. Estaba dando la revisión de rutina en el centro de mando, cuando la llamada del Cuartel General del MNG alteró por completo el suave y aceitado tren de operaciones de su puesto "Steinhauser sabe algo, Capitana, ahora va tras usted, porque ya estuvo aquí y no consiguió nada. Pero si no lo detiene ahora, nada va a detenerlo y se va a meter en un gordo problema. Yo sé cuánto lo quiere y lo estima. Deténgalo ya, Capitana. Después de su esposa, solo usted puede hacerlo..." La llamada de Damon había sido tan providencial como parte del juego que no había dejado traslucir frente a un camarada tan querido. Lisa ni siquiera lo pensó, porque el solo nombre de la persona que la había llamado decía en segundo plano cuanto podría ser lo que aquella roca inamovible con galones había escarbado como para intentar saberlo todo a través de ella.

-Andy -Lisa suspiró, casi tomando fuerza antes de proseguir- ¿Tiene tu espeso cerebro alguna remota idea del lío enorme en el que te estás metiendo?

-No tengo un carajo de idea, Lisa -Respondió él con un dejo de brusquedad en la voz- Yo solo sé que la RDF va a mi pueblo, y nadie es capaz de decirme el porqué. Nadie me dice nada, y a todos los que he preguntado, solo me han hecho callar. Y yo…

-Suficiente, Andy -Lisa volvió a cortarlo en seco, y ella notó incluso pese al esfuerzo que había hecho, que su amigo comenzaba a sentir derechamente rabia- ¿Cuánto es lo que sabes en realidad? Si eres sincero y me lo dices, veré en serio cuánto más es lo que te puedo aclarar.

-¡Al fin! -Las facciones de Andy se relajaron, y Lisa pudo respirar- Mira, Lisa. Pasaste a mi lado poco más de un año en el espacio. Sabes de sobra entonces que la tropa y los subalternos forman un ecosistema propio. Los oficiales nos pueden mandar a hacer miles de cosas por separado, pero el chismorreo diario hace que al final del servicio todo encaje, y nos enteremos igual de todo lo que está pasando. Y si nos falta alguna pieza… Lisa, con el trío y el Charro trabajando, juntos o por separado, nunca faltó ninguna pieza.

-Me rindo -Lisa se echó en el escritorio bajo la sonrisa bondadosa de su hermanito, pero se rehízo inmediatamente- Todos ustedes son terribles. Ahora, suéltala de una vez, Andy.

-Me enteré de un loco plan que pretendía llevar a la RDFMC hasta la frontera con México -Andy se sinceró sin darse pausa- No me lo creí, de modo que le pedí al Charro que callejeara un poco, a ver que podía averiguar. Admito que se le fue de las manos endulzarle demasiado el Té a la Teniente Fusco en la MNG, pero me dijo justamente lo que yo deseaba saber.

-¿Qué el Charro hizo qué, Andy? –Lisa, ya curtida en las metáforas latinas por Joni, se escandalizó- No tienes un ápice de vergüenza, Steinhauser. Tinoco no es un ángel, pero hoy está casado y se está portando bien… No vuelvas nunca más a mandar a nadie a pelear tus guerras, Cabeza de Piedra ¿Fui Clara? Y menos a Bennie. –Lisa Rodó los ojos suspirando, y luego los clavó como dos dagas en los de Andy- Ahora dime, palabra por palabra, que te contó el Charro luego de embaucar a la pobre Teniente.

-¿Pobre? –Andy rió bajo y modulado- La Teniente Fusco es un fuego descontrolado, Lisa. De aquí a seis meses habrá licencia por maternidad –El gesto duro de "No digas una palabra más o mueres" de Lisa, le cortó la sonrisa de golpe a Steinhauser- De acuerdo, Lisa. Entendí. En suma, Tinoco me dijo que vió el plano de despliegue de los Infantes por todo Estados Unidos, me dio los nombres de algunas Bases Artilleras que se instalarían, y los de las ciudades al final de cada despliegue. Ahí me enteré que van a mi pueblo, Lisa ¿A Crystal? ¿Y qué carajos van a hacer a Crystal, que es tan pequeño que al Oeste solo Está Piedras Negras, Al sur Laredo, el Río Bravo y la frontera mexicana? No tiene sentido militar estando San Antonio, Houston o El Paso. Y yo quiero saber por qué, Lisa. Yo sé que tú sabes, y ya que estoy aquí, de aquí no me voy a ir hasta que me lo digas.

-No puedo, Andy. En serio no puedo decirte nada.

-¡Otra vez la burra al trigo! –Andy estuvo a punto de salirse de sus casillas- ¿¡Es que acaso brotó petróleo, o encontraron la olla de oro al final del arcoíris en mi pueblo que nadie quiere decirme una jodida palabra del porqué!? -Lisa estaba a punto de condolerse, en el preciso momento en que Andy contraatacó- Porque ¿encontraron algo, no es así?

-¡Basta ya, Contramaestre! -Lisa ya no tenía más defensa que su rango, su actitud oficial y su ascendiente natural sobre su amigo más querido, y apretándose el corazón se valió de todas ellas al mismo tiempo- De nuevo, y pese a todas las prevenciones de quienes lo quieren, lo estiman, y adicionalmente ayudaron de forma decisiva a que mantuviera los galones en las mangas en otro tiempo, y que respiraron aliviados cuando declaró que al menos hasta ese límite, no iba a repetir dichos comportamientos, ahora es justamente lo que está repitiendo, Jefe Steinhauser…

-¡Pero, Lis…!

-¡Capitana Hayes, Jefe Steinhauser!

A Lisa el llamado de atención le dolió de veras. Y al mismo tiempo vino el alivio al ver que Andy respondía a la impronta del adiestramiento por encima y sobre cualquier motivación personal "Lo que te acabo de comentar es solo entre Lothar y yo, hija. Y hasta que esta situación no tenga resolución según nosotros esperamos, el Cabeza de Piedra en el espacio no puede ni debe enterarse hasta que sea necesario. Y si se vuelve necesario, hija, es que las cosas aquí se pusieron lo suficientemente mal como para que él deba intervenir..." La prohibición no venía solo de Gloval; su padre también le había pedido discreción, lo que la había convencido más tarde de que esa parte de la Operación Force había sido una iniciativa personal del Almirante, adelantándose incluso al planeamiento establecido dentro de ella. "Traicionaré muchas cosas al decirte lo que te voy a decir, Andy. Así que si esto llega a desembocar en una Corte Marcial, ten por seguro que te vas a sentar a mi lado en el banquillo de los acusados..."

-Andy… Mírame -Lisa dulcificó la voz, un tono que solo se oía a puerta cerrada y para muy pocas personas, Steinhauser, por fortuna, una de ellas- Lo que voy a decirte es la verdad, la que puedo decirte sin comprometerme, y una promesa ¿De acuerdo? -Andy asintió mudamente- Perfecto.

-Gracias, Hayes.

-Me las darás cuando esto pueda ver la luz, sea de dominio público, y nadie se entere que hubo una fuga de seguridad, y los culpables fuimos el Charro, Tú y yo, Steinhauser. Hemos ido descubriendo, en la medida que los infantes se han ido desplegando por el terreno, que hay algo muy parecido a los Sierra que teníamos en Isla Macross, construidos a costa del GTU, sellados y enviando señales de posicionamiento que recién empezamos a captar -Lisa evadía todo lo que podía la realidad, de forma económica y sin mentir derechamente- Una de las señales más fuerte viene de tu pueblo, Andy. Pero todavía no podemos llegar allá, no sabemos que contiene, y si la transmisión es un refugio, solo un transpondedor, o hasta una trampa. Eso es lo que está sucediendo.

-¡Menos mal! Gracias, Lisa -Ella vio aliviada que la respuesta era favorable, tanto en el rostro como en la voz- Solo espero dos cosas ahora. Una, que disculpes mi actitud, en el entendido que el tema es sensible para mí -Lisa asintió- La segunda, es que me prometas al menos que elevarás ante Gloval mi solicitud personal de poder viajar hasta Crystal cuando la Base Artillera ya esté en funciones. Sé que es inaudito, y se sale de la formalidad militar tener ese tratamiento con un subalterno como yo… Pero es mi pueblo, y necesito saber si al menos quedó algo que me confirme que mis raíces siguen en la tierra, Lisa. Por favor.

-Solo porque eres tú, Andy… -Lisa sonrió levemente- Pero también debes prometerme que lo que acabas de escuchar, aquí se dijo, en tu cabeza de piedra quedó, y de ahí no saldrá nunca en la vida para nada que no sea recordar este momento junto conmigo, sin nadie alrededor, y a puerta cerrada. En cuanto tengamos un vuelo escalonado sin peligro hasta allá, me aseguraré que vayas en él. Contramaestre en Jefe…

-¡Entendido, Señora! -Andy se puso de pie y saludó con dureza marcial-¡Permiso para continuar, Mi Capitana!

-Continúe, Jefe Steinhauser -Lisa devolvió el saludo- ¿A las 2000 horas Zulu, en la Casa del Maquinista?

-ETA confirmado, mi Capitana, Con su permiso.

En cuanto la puerta del despacho se cerró, Lisa sintió brotar sudor de cada uno de sus poros "Podría haberle dicho sin temor que mi padre y el suyo trabajaron para sobrevivir el holocausto sin saber a ciencia cierta que se produciría. Y adicionalmente, que tanto su padre como el mío lo incluyeron en sus planes, en previsión que solo él quedara para seguir adelante. Es solo que hoy te necesitamos en tus cinco sentidos exactamente donde estás, por todo el tiempo necesario hasta que se vuelva imprescindible que tus talentos apunten en la dirección a la que nunca han dejado de apuntar..."

-OOOO-

A solo diez minutos al sur del impacto cuya sola cinética había segado hasta dejar irreconocible a Crystal City, y a solo siete del golpe directo que había vuelto cráter a Carrizo Springs, un grupo de fantasmagóricos personajes cubiertos con harapos y fúsiles, transitaba en Carros de Asalto Anfibio y Jeeps, por una huella que apenas guardaba pequeños testimonios chamuscados y retorcidos que en algo decían que esa había sido una carretera del desierto, mientras algunos helicópteros de ataque sobrevolaban la columna como abejorros ávidos de polen, sobre una llanura de esquistos cristalizados, tan árida que hasta podía notarse la curvatura de la tierra al mirar al horizonte. La columna estaba detenida, Y dos personajes delante de ella y a pie, registraban metódicamente el terreno.

-¿Cree realmente que la encontremos, Mi Teniente?

-Encontramos la de Fort Worth, con paciencia, tino y transpondedor, Sargento –El Teniente de la RDFMC al mando del pelotón de exploración, sonrió tras la Kufiyya que le cubría el rostro hasta las antiparras – Y esta no va a hacer la diferencia.

El Teniente no alcanzó a reír, cuando la señal del transpondedor se pasó de un suave toque, hasta volverse casi un chillido.

-¡Aquí, Sargento, aquí!

Ambos hombres comenzaron a retirar a mano la arena fina y brillante que era todo lo que veían de horizonte a horizonte, y varios hombres del pelotón se les unieron, con la frenética actitud de quien busca oro en el desierto. Tras un par de minutos de manotazos desesperados, un pequeño panel apareció ante sus ojos. Con la experiencia nacida de haber pasado antes por dicho trance, el Teniente hizo que todos sus hombres se retiraran, y en seguida tiró de la palanca, parecida a las de un sistema de incendios, que solo rezaba en su placa "Tire y gire hacia la izquierda". Al instante algo comenzó a levantar desde la tierra, tan lentamente que lograba incluso causar expectación entre esos soldados. Cuando el acceso de lo que parecía ser un Bunker Sierra del GTU quedó al descubierto, El pelotón actuó con presteza: Aseguró el perímetro en superficie, y por radio los dos helicópteros en el aire recibieron la consigna de hacer exactamente lo mismo.

-¡Otro más para la cuenta del RECON, Muchachos! –Gritó el Teniente exultante - ¡Preminger, ven y haz tu magia para que nos podamos volver luego a Crystal Palace!

Bajando de uno de los Jeeps, El Teniente Especialista MILINF Everett Preminger, Un oficial de la Espacial adjunto a la misión, caminó con parsimonia y seguridad hasta el acceso del Refugio, como lo había hecho ya varias veces en su escalonado camino al sur. Pero nada más al ver la escotilla al vacío de acceso, y el panel a su derecha, se quedó petrificado, aún con su pequeña terminal y los cables de puente colgando de su mano.

-Mejor llame al Gran Jefe en el norte, Teniente…

-¿Qué, Preminger? –El Teniente bajó la Kufiyya de su rostro para hacerse oír mejor- ¿Es que no la puedes abrir?

-No porque no quiera, Mi Teniente –Preminger todavía miraba el panel, con el asombro pintado en el rostro- Sino porque yo no puedo. Y si la memoria no me falla, solo hay una persona en lo que nos queda de mundo capaz de abrirla, así que si quieren saber qué hay detrás de esta puerta, pidan que lo envíen cuanto antes aquí…

-OOOO-

-¿Un acertijo? - La pregunta de Bron quedó colgando en la sala de los Steinhauser como un búho curioso- ¿La escotilla de seguridad no tenía cables sino una vieja chapa mecanica con llave?

-Algo así me pregunté durante casi seis meses de no parar de trabajar, de dirigir, de adiestrar y de morderme las preguntas y la lengua para no faltar a la palabra empeñada de mi hermanita, Luca -El Señor Steinhauser volvió a acomodarse en el Sofá con una silenciosa sonrisa que Lisa contestó con una inclinación de cabeza- La Base Prometheus crecía y crecía: el primer hangar de adiestramiento para cocinar pilotos al vapor, que no sobraban en aquella época, los talleres que se montaron a toda prisa para acelerar el reciclaje de varitech, de los muchos que las patrullas de recuperación sacaron del seco terreno a nuestro alrededor… Eran los cimientos de los Talleres y la Academia Espacial de la RDF que por años funcionó en Macross antes de llegar a Fokkertown y a la ARB Roy Fokker, su ubicación hoy. Debía adiestrar pilotos en la delicada maniobra de despegar del Daedalus y elPrometheus con el travieso pero importante viento lateral al que todos llegaron a acostumbrarse, salvo cuando las cosas se ponían balísticas al regreso y debían aterrizar en la base… Debía adiestrar en el flojo y descansado trabajo del Maestre de Maniobras a todos los turnos de la misma base, dejándome para mí a los Tigres veteranos para las cubiertas de vuelo a bordo de ambos botes. Rick corría junto con sus pilotos, yo con mis técnicos, y Gloval más que todos nosotros. A seis meses del aterrizaje la Colonia Militar ya llegaba a las 16 manzanas, y la ciudad a las 21. A medida que civiles y militares salían de el, El SDF-1 comenzaba el lento decaer desde la posición de salvavidas espacial y ángel de la providencia, a ser un cascarón vacío con más eco que movimiento militar en su interior. Y cuando hicieron bajar la Casa del Maquinista a Tierra cuando me asignaron terreno a la sombra de la nave…

-… Comenzaste en serio, y sin que nadie te autorizara, a reconstruir tu viejo vivero sobre las marcas de tiza que tú mismo trazaste para el Parque Macross, casi el mismo diseño que se ve hoy en día – Completó Joni- Fue entonces que…

-La llamada más increíble que me ha llegado en la vida, me llevó más lejos de lo que yo mismo llegué a suponer…

-OOOO-

-¿Es en serio, Comandante Grant?

-Tal cual lo oye, Almirante –Claudia estaba tan perpleja como él- El adjunto de MILINF se rindió sin siquiera empezar a trabajar, y el motivo está en las imágenes junto con el reporte, Señor.

-No puede ser… -Gloval se tomó la frente, y el gesto le levantó la gorra, que ni siquiera se había sacado al entrar a su cámara- Tenemos la tecnología más avanzada que queda en el planeta ¿E Informática Militar se declaró incompetente antes siquiera de intentar abrir el Sierra?

Solo entonces, mientras hojeaba las pocas hojas del reporte del pelotón de reconocimiento, y los comentarios agregados por el Jefe de la Base Artillera Crystal Palace, Gloval vio la imagen que había desatado el escándalo desde MILINF hasta su despacho. "La Capitana Hayes no pudo guardarse sus temores y me previno. La conversación con su padre en la Tierra, antes de la Lluvia de la Muerte, abarcó mucho más de lo que confirmó durante el reporte del vuelo Force-31. Y haberlo guardado para franquearse conmigo cuando se enteró que, otra vez, su hermano espiritual estaba orillando la fuga de seguridad intentando saber de su pueblo natal… Es como si hubiera sabido sin saberlo que, lo queramos o no, sigue siendo la clave primaria, y el empujón decisivo para salir del cero con la recuperación planetaria.

-Haga llamar cuanto antes a mi cámara a la Capitana Hayes y al Jefe Steinhauser, Claudia.

-Enseguida, Señor. Con su permiso, Señor.

Claudia no perdió tiempo en moverse de la Cámara. Tomando con gran presteza el teléfono sobre el escritorio, marcó la línea del Centro de Mando Prometheus. "¿Lisa? Menos mal, habla Claudia. Sal de ahí, busca a tu hermanito, y tráelo, a rastras si es preciso, a la Cámara del Almirante… No, no es un juego... Si, ustedes dos. Es de máxima prioridad, así que corre, amiga…"

Lisa salió como alma que lleva el diablo del Centro de Mando. Las tareas del estamento militar, tanto como los afanes civiles por establecerse no se detenían por casi nada. No era raro ver y oír el trabajo de los turnos nocturnos a lo largo y ancho de los cuarteles y la Ciudad Macross en sí. Por lo mismo, tratar de encontrar la hebra de las obligaciones del Jefe, pese a su admirable manejo de sus calendarios de servicio, se hacía un poco difícil dada la situación. "Veamos… No, en el Parque Macross no está, pese a que está replanteándolo por su cuenta como se veía en la nave. ¿Con el Charro? Es posible… Tinoco está de turno aquí y todavía está por la hora… Y luego solo me queda un sitio que visitar, pero ante la duda, seguridad en los números. Vamos allá…" Trepando ágilmente a su M-299 asignado, pisó a fondo, pero no demasiado para no despertar las iras de la PM, y giró en redondo para ir hasta los hangares y pistas de rodaje de la base. Como si los hados se pusieran de su parte, nada más aparecerse en el sector, topó a boca de jarro con uno de los compinches preferidos de su amigo, y eso la hizo abrigar la esperanza de encontrarlo en las pistas.

-¿Primero Flake? –Lisa frenó con prisa, y los neumáticos chillaron por un breve instante- ¿Corn?

-Sí, yo, Capitana… Y no me diga, que ya lo sospecho. ¿Es una búsqueda sana y bienintencionada, o debo preocuparme por la lista de bajas?

Lisa intentó reír, pero de inmediato recordó el por qué el Contramaestre Primero Flake había desaparecido de su radar personal por tanto tiempo. La familia de Robert, especialmente por el lado materno, estaba profundamente enraizada a la fundación y la tradición acerera de Pittsburgh, y pese a que su cuna era de altos vuelos y rancio abolengo, él había elegido la rebeldía, y dejando atrás a su novia de toda la vida con la promesa de volver, se enroló como marinero raso en la RDFN para abrirle a su vida las ventanas del mundo. Así comenzó a rodar de base en base y de nave en nave, desde la costa atlántica y luego la pacífica y en cruceros sucesivos que llevaron su nave hasta Yokosuka, en donde salieron las ordenes que lo subieron sin formación ni especialidad, a la cubierta del Prometheus. Mucho había sucedido en su vida desde entonces. En su ciudad natal, su padre era representante del GTU, y Robert se presentó voluntario para colaborar con las fuerzas de la Costa Este en su búsqueda. Y por lo que Lisa sabía, su visión del deber dio paso a la pena: Su novia y su familia directa se perdieron sin un adiós en la Lluvia de la muerte, lo mismo que tres cuartas partes de la ciudad, y más de la mitad de sus habitantes y su capacidad industrial. Ya estaba de vuelta en Macross, y aparentemente seguía siendo el mismo, Pero la sombra era evidente ahí, en su rostro, donde pese a la sonrisa, ella no dejaba de notarla.

-Nada de eso, Robert –Lisa estiró los labios, y por más que trató, la sonrisa salió algo nerviosa de ellos- Ahora es oficial ¿Sabes dónde está?

-La verdad no lo he visto, Capitana, pero si va al taller de…

-¡Gracias, Robert!

-Pe... Pero ¡Capitana, no…!

-¡hablaremos después, Robert, y gracias otra vez!

-¡No entre al…! –Robert sonrió socarronamente y se echó a andar hasta su puesto en la losa de estacionamiento encogiéndose de hombros, cuando comprendió que ya no la alcanzaba con la voz- En fin… La Capitana es grandecita y tiene criterio. Falta ver si los constructores de iglús encuentran el suyo con la que se va a armar…

Lisa frenó aliviada frente a la estrecha puerta que separaba la superficie del Hangar nº 5 de la Base, del pañol del tradicional taller menor, que antes estaba a la vera de la cubierta de rodaje del Prometheus. El sitio tradicional donde Dumbar y Plawski, la reserva "Moral" de trucos navales de a bordo, prestaban efectivo servicio, aportaban eficiente y notable experiencia, montones de ideas nuevas e ingeniosas para salir adelante en tiempos apurados que fueron vida diaria en otro tiempo para ellos… Y refugio solidario y silencioso que, por el repuesto correcto y el tabaco más oloroso, volvía a aquellos dos tan ciegos, sordos y mudos como algunas de las grandes rocas que podían todavía verse a orillas del lago. Lisa descendió con prisa de su vehículo, y al enfrentar la puerta ni siquiera lo pensó: Con gesto urgente giró del pomo de la puerta, y abrió sin pausa ni ceremonia.

-Hermanito, nada de peros que ¡…OH, POR DIOS!

-¡CAPITANA!

La puerta volvió a su sitio… Bueno, unos pocos milímetros más allá, víctima del furibundo portazo de orgullo herido que recibió. Y Lisa, todavía recostada contra la hoja con una vergüenza arrolladora, resollando como un fuelle, y roja hasta las orejas, intentaba purgar su mente con lo que fuera, para que lo que quedó en sus ojos no volviera a brillar en ellos. Y fue su propia y fría voz de mando lo que primero encontró para aplacar ese sentimiento.

-¡USTEDES DOS! ¡PRESENTABLES Y VISIBLES! ¡AHORA! ¡ANTES QUE TERMINE DE RESPIRAR!

-¡A SU ORDEN, MI CAPITANA!

"Muevete, Kabluna ¡estás pisando mi ropa! Ya me muevo, ya me muevo, mi chata" "¡Nada de mi chata, chingado pervertido! ¡culpa mía por ceder y culpa tuya por la idea! Me doy por bien librada si no hay corte marcial…" Lisa se llevó la derecha a su sien del mismo lado, mientras una sonrisa lenta le asomaba a los labios, tan lejos de su primera vergüenza como de su enojo por la absurda situación "No sé de qué me extraño…Este par ya no aprendió pese a todo el tiempo que ha pasado. Y esto, aunque sea tierra firme, sigue siendo el Prometheus" Respirando honda y calmadamente esta vez, caminó un par de pasos para poner distancia con la puerta del taller, en el preciso momento que dos figuras pasaban como una brisa a través del vano de la puerta, y se ponían firmes y correctamente uniformados delante de ella, momento en el que se giró, con un fuego maligno oscureciendo sus ojos verdes…

-¡Contramaestre Primero Tinoco, Sargento Primero de Sanidad Tinoco, Se presentan, Señora! ¡A sus órdenes, Señora!

-Debería colgarlos en la plaza pública por lo que me han hecho pasar… -Lisa moduló ronca y baja su voz mientras hablaba- Han ultrajado mucho más que un solo honor militar con su actitud y falta de cuidado.

-…Capitana, nosotros…

-¡Silencio, Contramaestre Tinoco! –Lisa siseó con tenebrosa firmeza- Esto ni siquiera está pasando por su falta de decoro, o de previsión. Lo lamentable del caso es que me acaban de hacer pasar por algo que difícilmente voy a olvidar en el futuro aunque quiera… Por una auténtica llamada militar del Almirante a mí y al Cabeza de Piedra, al que no estoy encontrando por más que me esfuerce.

-¡Haberlo dicho antes, huerita! –Fuera por los nervios, o por auténtica relajación, Tinoco sonrió mientras hablaba en español, probablemente sin darse cuenta- ¡El gringo a'sta hora está en su nueva casa, con su vieja y su escuintla, Isabelita!

-¿De qué estás hablando, Tinoco?

-¡En inglés, Kabluna! –Kirima trató de ser discreta, pero el fuerte codazo a su esposo no resultó en ese aspecto- ¡Espabila, Charro!

-Perdón, Capitana –Tinoco volvió a erguirse, y esta vez, con el temor de Dios en el cuerpo, habló en inglés- Me refiero a que el Contramaestre Steinhauser fue Sacado del servicio antes de la finalización de turnos, por orden del Jefe de Operaciones del MNG, para habilitar el traslado de la Nueva Casa del Maquinista en la Colonia Militar. Es seguro que esté ahí ahora, en plena mudanza, o su esposa lo hará cantar El Último Corrido, Mi capitana.

-Gracias… ¡Y desaparezcan de mi vista inmediatamente! –Lisa los miró a ambos con un enfado que en realidad camuflaba la risa que le producía aquel estrambótico matrimonio con costumbres tan poco anglosajonas. Los Tinoco apenas habían salido de la posición de firmes, cuando una idea repentina le atravesó la cabeza de lado a lado- ¡Alto los dos! No se van tan fácil, tórtolos… Si ustedes se dieron esta libertad, en este espacio de la base, que ya me di cuenta está totalmente vacío… -Lisa achicó los ojos, y los Tinoco comenzaron a sudar al unísono por todos los poros- ¿Quién más está ejecutando una "Misión de conveniencia" por aquí?

-Soldado en retirada pelea la siguiente Batalla, Mi capitana –Soltó Tinoco con tono vencido- Los Tigres con parejas no somos pocos, y los turnos entre los botes y la base no nos están dejando ni respirar con el jaleo de la Operación Paraguas, de modo que Dumbar, Plawski y el jefe crearon este espacio vacío para quien lo necesitara y se anunciara con tiempo para evitar cosas como la que le acaba de pasar, Mi Capitana…

-A nadie voy yo a dejar morir solo –Terció Kirima, esta vez con un brillo extraño de orgullo en los ojos oscuros- Porque el chisme, lo quiera o no, me va a alcanzar igual por haber sido sorprendida haciendo lo que ni en mi propia casa puedo hacer… ¿No notó que faltaba alguien en el Centro de Mando Prometheus cuando salió?

-¿Ah? –Lisa, tomada por sorpresa, entrecerró los ojos brevemente para fijar los recuerdos, hasta que se llevó las dos manos a la boca de pura e instintiva sorpresa- ¿Finney? ¿Doble D? –El silencio cabizbajo de los Tinoco sonó como un grito de afirmación- Como dice Joni que dicen en su Tierra del Sur: Ley pareja, no es dura. Miraré para el lado, pero, por Dios ¡Sáquenlos de aquí!

El Jeep partió marcando el pavimento de negro con la quemazón de neumáticos al irse… Momento mágico en que los Tinoco por fin alcanzaron el convencimiento de que habían salido bien librados, que no habría cargos, y probablemente tampoco chisme… Pero con la carga de haber sido sorprendidos y cortada su "Inspiración", probablemente en el punto culminante de su encuentro furtivo.

-Bennie…

-¿Si, mi chata?

-Lisa es mujer al fin y al cabo… Aunque no le parezca, entiende… La sacamos barata hoy, así que viviremos –Finalizó Kirima con una sonrisa decorándole el rostro- Pero, si nosotros no terminamos… Nadie puede terminar hoy aquí… ni lo hará en un buen tiempo, Charro…

-¿Qué quieres decir, Lu?

-Que independiente que Gloval haya hecho llamar a Andy –Kirima se reía suavemente por anticipado- La calentada de orejas que Lisa le va a dar por haber patrocinado este espacio le va a doler, y no se la quita ni el diablo… Muevete, Kabluna. Vamos a arruinarles la fiesta al otro par de tórtolos, a ver si así me siento un poco mejor…

-OOOO-

-…Y de hecho, todavía me duelen, chicos –Steinhauser hablaba con su cuerpo en claro gesto defensivo, mientras Lisa amenazaba brazo en alto desde el otro sillón- Desde mi reincorporación al servicio que no me había tocado correr por mi vida, y hasta hoy sigue siendo duro para mí que Lisa me alcance…

-¡Te mereciste todas las veces en que te alcancé, Cabeza de Piedra! –Lisa rió francamente después de la frase- En el momento fue un shock demasiado potente para mí saber que "Eso" pasaba dentro de la Base Prometheus… Ya casada entendí sobradamente los motivos que tuvo Andy para hacer esa concesión.

-El caso es que Joni no entendía nada, Lizzie se reía como loca de contenta y yo ya le había dado dos vueltas a la casa con Lisa respirándome en la oreja –Andy se rió de sus propios recuerdos- Para cuando me alcanzó, el convencimiento de que la tunda podía esperar, y Gloval no, hizo que esta menuda mujer me agarrara del cuello, y Dios sabe cómo, me subió a su Jeep.

-El tiempo nos corría en contra… -Lisa suspiró al recordar- Estaba tan enfadada por lo del "Espacio Vacío" y la pérdida de tiempo, que de vuelta al SDF-1 apenas si te hablé.

-Y menos hablé yo, chicos –Andy completó enigmáticamente- hasta conseguir que me devolvieran a mi casa…

-OOOO-

-…Todavía sigues enojada…

-No me hables, Cabeza de Piedra…

-Por favor, Lisa, si traté de explicar…

-¿Explicarme qué? –Lisa ni siquiera giró para mirarlo. Necesitaba contestarle a Andy, y no sentir vergüenza de hacerlo frente a un hombre- ¿Qué convertiste una base militar en un hotelucho de parejas? De no haber pasado por ese bochorno horrible buscándote, jamás me habría enterado lo mucho que se te quedó la ordenanza donde no te alumbra el sol, Andy…

El ascensor seguía su curso, y el silencio se abatió sobre la caja donde iban los dos rumbo a la cámara privada del Almirante, donde muchas de las cosas que estaban pasando en la ciudad, en la nave, en la colonia militar y en los alrededores de sus crecientes trazados, eran la caja de resonancia de sus ideas, y el empuje que todo su equipo y la población en general ponían en la obtención de esos logros. El silencio se prolongaba, y el tiempo se le acababa a Steinhauser para intentar convencer a Lisa con un buen argumento.

-De acuerdo, Hermanita. Paz, por favor –Andy bajó la cabeza- Me equivoqué, metí la pata y comprometí a mi propia gente al hacerlo…

Lisa se giró con los ojos abiertos hacia él, impactada por algo que se veía tan pocas veces, que era casi un momento para atesorar: Al inamovible Jefe Steinhauser admitiendo una de las pocas equivocaciones que marcaban hitos en su vida.

-Andy…

-Sí, Lisa… Acierto seguido, a Dios gracias, pero esta vez me equivoqué. El objetivo era plausible y necesario para mis muchachos: Tigres contentos rematan mejores turnos, le dije a Joni una vez, y ella me creyó como yo creo hoy… Pero el trabajo incesante y sin pausas nos está matando el amor, Lisa.

Lisa solo guardó silencio, y puso sus ojos en los números cambiantes del ascensor.

-Por tu cara ya sé a quién sorprendiste y en qué… Lo lamento sinceramente. Pero hasta ese minuto exacto, Kirima y el Charro llevaban exactamente un mes y cinco días sin verse ni ocupar el mismo lecho, Lisa… Podrás decirme que es la guerra, que eso pasa, y que los militares en guerra no tienen días libres…

-Andy…

-Pero no hay nadie disparándonos, menos mal… Y salvar la Tierra es demasiado trabajo para un puñado de humanos como nosotros. Se necesita una salida. Necesitábamos una salida, cualquiera… Y antes que a nadie se le ocurriera ocupar con malas mañas el espacio vacío que queda en ese sector, porque hay poca gente y el cambio de turnos hace el efecto de forma natural, decidí autorizarlo con muchas condiciones previas después de consultarle a Alfie…

-¿El Capitán Duquesne sabe?

-Por supuesto que sí, Lisa. Soy obsesivo e idiota, lo admito, pero no hasta ese punto. Alfie estuvo de acuerdo en que era mejor regularlo explícitamente antes que castigarlo. Solo parejas casadas o en convivencia previa, solo largos períodos de turnos contrapuestos… Solo dos por vez, Solo una vez al mes…

La puerta del ascensor se abrió. Lisa no dijo nada más. Su encrucijada no era distinta de la de los subordinados de Andy, y no encontraba forma alguna de romper un equilibrio que golpeaba decisivamente en su corazón y en su vida en general: Sin detenerse siquiera a plantear sus sentimientos, Rick y ella se habían lanzado de cabeza al embrollo de participar en una recuperación planetaria que era para todos los uniformes de la tierra, parte culpa y parte raíz de su responsabilidad fundamental. Y lo hicieron con tan poco espacio para dedicarse, que su relación, si a la clase de vida que estaban llevando, viviendo sobre la tienda 24/7/365, podía llamarse vida, o relación. "Rick y yo tendremos que hablar, tarde o temprano, antes que el beso en la salida de la sala 47 pase de ser una realidad palpable a un espejismo lejano" Agitó sus rizos en el aire para centrar otra vez su pensamiento, y no alcanzó ni siquiera a tocar a la puerta. A la entrada abierta de la Cámara del Almirante Claudia Grant los esperaba, brazos en jarra, evidentemente molesta por la demora.

-¿Qué diablos les pasó?

-Largo de contar, Claudia –Como nunca Lisa ahorró explicaciones- Mejor entramos a reportarnos.

Grant se encogió de hombros… Pero su vista de águila no dejó de notar el continente relajado y casi risueño de Steinhauser "Es casi seguro que sobreviviste a Lisa otra vez, Jardinero. Eres de lo que no hay por aquí…" Como si se tratara de un secreto máximo, Claudia paseó la vista por el pasillo antes de cerrar la puerta.

-Capitana Hayes y Jefe Steinhauser se presentan, Señor.

-No voy a cuestionar su demora –Gloval parecía profundamente sumido en sus pensamientos- Pero voy a hacerles presente que tiempo, es indudablemente un activo valioso, que en la época que vivimos, no tenemos precisamente de sobra.

-Entendemos, Señor –Lisa respondió al instante- A sus órdenes, Señor.

-Siendo así las cosas, iré directamente al grano. No voy a escandalizarme de sus movimientos para intentar saber algo más de lo que media base ya llama "Operación Paraguas", Jefe Steinhauser, Pero ya que no puedo esconderle lo que ya sabe, Puedo confirmarle que los pelotones de reconocimiento de la RDFMC alcanzaron hasta su pueblo natal, hace aproximadamente 50 horas.

-¿Es en serio, Señor?

-Sin asomo de duda, Jefe –Gloval tomó parsimoniosamente de su escritorio la carpeta que guardaba el informe y las fotos que había recibido de manos de la Comandante Grant- Y es más: A poco menos de 10 minutos de Carrizo Springs, los Infantes encontraron finalmente la Señal del SIERRA GTU que nosotros sabíamos…

-…Un momento, Almirante, Señor… ¿Sabíamos? -Andy creció de estatura en segundos, mientras Lisa abría los ojos, consciente de lo que se venía- Con todo respeto ¿Cómo diablos sabía tan fehacientemente que allí había un SIERRA, que se supone era solo una probabilidad..?

-…Andy… -Lisa trató de ser suave- Es el Almirante…

-No era una probabilidad, Jefe Steinhauser. Era una realidad confirmada por la Tripulación del Primer Tunny que llegó hasta nosotros –Gloval respondió ásperamente, pero sin agresividad- Ahora puedo decirle, porque antes no podía, que el GTU y la Comandancia Suprema de la RDF llevaron adelante la Operación Force, para salvar la mayor herencia posible del Planeta en todos los campos para el evento de una catástrofe. La operación estaba bajo el mando directo del Comandante Supremo, en este caso, El Almirante Hayes. Sabemos hoy que no pudo completarse todo lo planeado, pero de entre lo que sí se logró, está el contenido de ese SIERRA, que suponemos es un banco de semillas… granos inapreciables para repoblar el planeta y alimentar a su población. Lo sabemos porque la tripulación de ese Tunny hizo la última entrega de semillas en ese SIERRA antes de intentar volver a Alaska, directamente al encargado del refugio… Su padre, Jefe…

Andy bajó los brazos, cariacontecido y con los ojos brillantes. Lisa, en un gesto automático, puso su derecha sobre el hombro izquierdo de su amigo.

-Eso nos pone en un problema y en una duda…

-…Y es por eso que me mandaron llamar, Señor.

-Efectivamente, Jefe –Gloval abrió, ya decidido, la carpeta para extraer la foto- A medida que las Bases Artilleras fueron ensanchando nuestra visión del terreno, los daños, y lo que quedaba, fueron apareciendo destellos de esta operación, en los varios SIERRA que se fueron encontrando en posiciones claves a lo largo y ancho del territorio, con contenido invaluable para nosotros.

-Eso significa –Andy hablo bajo, todavía cogido por la emoción- Que todos han sido abiertos.

-Por fortuna, MILINF pudo quebrar todos los códigos de acceso para entrar en ellos, y todo lo hallado ha sido ayuda inapreciable para seguir adelante con una esperanza más cierta que, aunque no podamos ver el resultado en esta generación, la siguiente, tal vez la subsiguiente, si pueda apreciar los frutos de la previsión y el trabajo de reconstrucción.

-Pero si mi padre está mezclado, y yo estoy aquí, Almirante –Repuso el jefe- Es que algo salió mal…

-Su padre de seguro hizo esto para proteger al SIERRA de un probable saqueo –Gloval alzó la foto para que Andy la mirara, y luego de pestañear varias veces para ajustar su vista, solo se acercó para verla mejor- Y lo hizo tan bien, que MILINF no solo no pudo abrirlo… Sino que no tiene idea de cómo abrirlo…

Andy pestañeó un par de veces más, y en un gesto automático, tomó la foto de manos del Almirante, completamente absorto en lo que veía… Y de pronto solo comenzó a reír… muy bajo al principio, y luego, soltando la foto sobre el escritorio del Almirante, poseído de carcajadas que casi lo convulsionaban.

-¡Oh, Papá! ¡Por Dios! ¿No se te podía ocurrir otra cosa? –Seguía riendo, esta vez con más calma- Hast du das wirklich getan? Du wirst mich nicht vergessen lassen, und ich kann es nicht vergessen… Ay, papa…

Lisa estaba asustada. Nunca había visto a su amigo perder los estribos tan completamente como en ese instante. Cierto que no se trataba de rabia o temor. Pensó incluso que era una descarga nerviosa que no supo o no pudo controlar. El Almirante, con la mirada de un águila hambrienta, lo dejó hacer tranquilamente: Gloval ya sabía de antemano que lo más probable era que su subalterno descifrara la clave sin demasiado esfuerzo.

-¿Y bien, Jefe Steinhauser? –Gloval lo llamó suavemente al orden. Andy respiró hondo, y finalmente se aquietó- ¿Ya sabe cómo se abre el SIERRA?

-Por supuesto que sí, Señor.

-¿Y entonces, Jefe?

-Con todo respeto, Almirante –Andy lo miró, serio esta vez, y respirando profundamente- Pero no pienso decírselo…

-¡Andy! –Claudia y Lisa soltaron el grito casi al unísono, pero fue Lisa quien reaccionó primero, poniéndose delante de él, mirándolo muy directamente hacia arriba, en línea recta a sus ojos- ¡Eso es insubordinación, Jefe! ¡Le ordeno en este instante que entregue la información que solicita su superior! ¡Su superior, Jefe!

-No voy a hacerlo, Capitana…

-Lisa… Tranquilicese –Gloval la hizo girar en redondo con su pedido. Ahora ni ella entendía lo que estaba pasando- Jefe… Supongo que conozco el precio de obtener esa información ¿No es así? –Andy asintió mudamente- Y tiene que ir a Crystal en persona a cambio de ella.

-Almirante, Señor –Los ojos de Gloval le dieron ánimo para seguir pese a su azoro- Sí sé cuál es la clave para abrir el Refugio… Pero la verdad pura y dura es que no puedo decirle con exactitud desde aquí COMO se abre el refugio –Calló súbitamente, y respiró hondo- Por favor, Señor… Déjeme ir…

-Seré sincero con usted, Jefe Steinhauser… -Gloval se echó hacia atrás en su silla, aparentemente satisfecho- Desde que nos llegó la información, la idea básica siempre fue ponerlo al corriente de ella. Y que en su momento viajara hasta Crystal si se hacía necesario.

-¿Qué?

-Tal como oye, Jefe Steinhauser… Dejando de lado su intento de provocar una fuga de seguridad en su propio beneficio, conociendo como conoce que es material sobrado para una Corte Marcial Sumaria, la duda fundamental era, no si era correcto informarle, sino cuando informarle, de modo que no intentara montar una operación de alcance limitado que desperdiciara recursos con el solo fin de sacarle una duda ¿O me equivoco?

-No, Señor –Andy fue franco- Probablemente eso hubiera sucedido.

-Su hermana espiritual tanto lo quiere –Gloval estiró algo vagamente parecido a una sonrisa- y a los suyos, Jefe, que me consultó qué rumbo de acción tomar con usted. La Capitana Hayes guardó silencio bajo mi orden y consejo, Y se aguantó el chaparrón que sin duda la hizo pasar para que le dijera algo que no podía saber hasta que fuera el momento adecuado para que lo supiera. Irá a Crystal, Jefe Steinhauser. Y para evitar nuevos desaguisados, Lisa lo acompañará.

Por toda respuesta, ambos se cuadraron para saludar militarmente al Almirante.

-Perfecto. Mañana a las 0600 en la terminal Prometheus con su equipo de viaje y uniforme tropical. Pueden retirarse.

-OOOO-

-Ese fue sin duda el vuelo más doloroso y lleno de dudas que he sufrido en mi vida, que no han sido pocos los que he tenido o me ordenaron tomar -Admitió el Señor Steinhauser- Primero fue explicarle a Joni al llegar a casa que tenía que irme… Lizzie no me la puso fácil a su casi año y medio, así que solo imaginen la reacción de mi bien amada esposa aquí presente.

-De no haber existido el círculo femenino en aquella época, Grandote -Joni repuso con un mohín de enfado en el rostro- La monumental pateadura de trasero que te merecías hubiera sido de proporciones bíblicas -Se volvió hacia los chicos, que se habían recogido inconscientemente en el sofá- Descuiden, Chicos, esto solo es un recordatorio, el verdadero Armagedón ya tuvo lugar hace muchos años atrás -Soltó la carcajada casi para sí misma- El caso es que nadie tenía más claro que yo que me había casado con un militar, y dependía del vaivén de las ordenes que recibía y el servicio que le tocaba en su momento. Pero después de mucho presionar a Alfie para que lo liberara de turnos y participara en la mudanza de SUS cosas y las de la casa ¡Zas! Que se lo llevan en un suspiro a mojarse sus enormes pies al Río Bravo...

-Ordenes son ordenes, esposa mía…

-Te salvó entonces que las chicas cayeron en tropel para volver a meter todo como correspondía dentro de la casa ¡Hasta tus trastes de plantas ordenaron y no tenían ni para qué!

-Por fortuna eso fue después y no antes -Completó el Señor S con tono enigmático- O no habría podido descifrar mi desorden para encontrar lo necesario para abrir la puerta… Sí, abrir la puerta a una etapa decisiva de mi vida…

-OOOO-

El M-299 de Lisa frenó con fuerza haciendo cantar brevemente sus neumáticos frente a la reconstruida Casa del Maquinista, ahora en el Sector Prometheus de la Colonia Militar. La conferencia no había sido breve, y la orden del Almirante había sido perentoria. Solo por salir de dudas, Ella había venido haciendo camino desde el SDF-1 orillando las pistas de la Base Aeroespacial rumbo a la casa de Andy, y era evidente que las cosas habían estado yendo a todo vapor desde incluso antes de que ellos subieran a conferenciar con él: El VC-27 era aprestado con tal rapidez, que su frase sobre el valor del tiempo casi salía sobrando.

-Pasaré por tí mañana a las 0500, estés listo o no -Soltó Lisa cortante y directa cuando sus botas todavía no tocaban el tosco pavimento- Así que te recomiendo que ordenes tu equipaje y te eches a dormir en cualquier agujero cuanto antes, que yo no voy a esperarte, Cabeza de Piedra.

-Y el despertador tendrá que hacerlo por tí -Respondió serio, aunque intentando echarlo a la broma- Nunca ha conseguido sonar a las 0500, que es cuando te levantas.

-Ya me servirás del almohada en el avión, hermanito. Hasta mañana.

Con un brinco el vehículo partió, esta vez sin pena alguna por las iras de la PM que ya iniciaba sus recorridos del turno nocturno, en el preciso momento en que dos figuras bien conocidas y parte integral de su corazón iban saliendo a su encuentro por entre el galimatías de sus pertenencias, apiladas correctamente en cajas, pero casi por completo fuera del lugar que ocupaban corrientemente en la que era su casa.

-¡Ooote! ¡Ooote! ¡Azooo!

Andy apenas tuvo tiempo de preparar su cuerpo para lo que venía, porque sus sentimientos estaban claros, tanto, que no podía no derretirse ante lo que sus ojos le mostraban: Ahora firmes y decididos, los pasitos rápidos y casi en carrera de su hija salían a recibirlo brazos en alto, y él no podía sino agacharse todo lo que podía para recibirla entre los suyos, mientras los más pequeños de Lizzie enlazaban su cuello con autentico contento. Aquello no hizo sino recordarle lo que Lisa le dijo la última vez que lo condecoraron. Ya eran dos medallas importantes, dos condecoraciones, las mejores, y que no figuraban con cinta en ninguno de sus uniformes, cosa que lo llenaba de felicidad quieta y tibia en su pecho. Tomándola en peso, Andy se irguió con una ancha sonrisa, que se veló por solo un instante de preocupación.

-¿Te has portado bien hoy, pequeña bandida? ¿No has hecho ninguna travesura?

Lizzie solo negó con la cabeza, sonriente, y luego de hacerlo recostó la cabeza en el hombro de su padre, que luego de besar a su esposa, no había dejado de caminar con ella en los brazos hasta la puerta de la casa. Las luminarias ya comenzaban a encenderse, a medida que el sol rojizo que había castigado todo el dia al planeta devastado comenzaba a despedirse dando paso a la noche.

-Grandote… -Andy sintió encogerse sus tripas en cuanto se cerró la puerta principal y lo alcanzó el duro e interrogador tono de su esposa- ¿En qué clase de lío te has metido? Lisa viene a buscarte, te secuestra con un saludo a la rápida ¿Y llegas al final del día sin haber movido una sola caja? Comienza a desembuchar, Contramaestre, o la tendrás muy dura para caer sobre el piso de la Alerta-1, que al paso que vamos hoy no habrá cama salvo para lizzie…

-Ve un momento al sofá, Lizzie.

Andy soltó a su hija con las manos llenas de culpabilidad: Había estado luchando con la mudanza, con la presión que le había puesto a ingeniería para que le conectaran los servicios básicos en tiempo record, logrando durante el día que echaran a andar los paneles fotovoltaicos de la casa, y el servicio de agua corriente, vitales para su hija más que para ellos mismos. Y cuando solo restaba desarmar cajas y dejar toda su vida acumulada dentro de ella, cuajaba en el peor instante la idea que nunca lo había abandonado, de volver y echar un vistazo, por doloroso que resultara, a su tierra natal. Andy caminó tras Joni hasta la cocina consciente de que misión o idea loca, lo que iba a decir no iba a ser del todo bienvenido.

-Me voy en misión, Joni.

-¡Qué?

-Lo que oyes, cielo. Salgo mañana por vía aérea de aquí.

-No voy a discutir tus ordenes aquí -Le contestó ella mientras comenzaba a servir la cena- Tampoco puedo, porque, Dios me libre, también soy soldado, pero de fines de semana, y entiendo. Así que comerás y te echarás cuanto antes a dormir. ¿a las seis?

-A las seis, Terminal Prometheus. Lisa vendrá por mí. Vamos juntos esta vez. -Andy soltó los hombros- Mira, haremos lo siguiente. Cenaremos juntos, echaré las cajas que faltan dentro de la casa, y te juro que te lo contaré todo y me echaré a dormir… Pero antes… Debo encontrar algo entre mis cosas.

-¿Qué cosas? -Joni levantó una ceja con el plato a punto de aterrizar en la mesa del comedor- Armamento no, Andy, y sabes cuál fue el compromiso. Lizzie es muy pequeña y yo te dije claramente: Armas fuera de la casa.

-No, cumplo lo que prometo, cielo -Andy respondió con firmeza- En realidad, si pudiera darle un nombre a lo que debo encontrar, te diría que es una llave…

-¿Una llave?

-O al menos eso parece ser, Joni -Andy había llegado tras su esposa con el otro plato que faltaba en la mesa- Cenemos pronto, acostemos a la pequeña torbellino y ya te lo contaré todo con más detenimiento ¿Trato?

-OOOO-

-Debes estar de broma, Grandote ¿no me estás tomando el pelo?

Andy movió la cabeza gravemente. Había sido uno de los movimientos logísticos de la casa que menos tiempo le habían tomado. Los platos de la cena apenas habían llegado al fregadero, Y Joni llevaba a su cuarto a su hija dormida, cuando Andy ya había tomado el vaivén de hormiga necesario para poner lo más ordenadamente posible las cajas con sus cosas que todavía estaban sobre el trazado del jardín producto de su truncada mudanza. A su tiempo Joni había alucinado con el fuerte y obsesivo ánimo de su esposo mientras buscaba casi con desesperación entre sus cosas, repitiendo "Donde están, donde están, si yo sé que aquí los dejé" Casi como si se tratara de un mantra, hasta que se sintió satisfecho de sus hallazgos: tres pequeñas latas pasaron de las cajas con sus insumos de jardinería a un pequeño morral con su nombre. Luego había sido el tiempo dedicado a seguir rebuscando hasta hallar su saco de viaje, que empacó con mudas para tres días: suponía que la misión no daba para extenderse más allá de ese plazo. Luego fue soltar el resuello, sentarse con su esposa en el valioso sofa cama de la sala, y revelarle todo: La fuga de seguridad que patrocinó, la llamada de Gloval, la existencia del SIERRA en las afueras de Crystal, y el papel que su padre había jugado tanto en la existencia del refugio, como en la creación del puzzle con que lo había sellado, para que alguien como su hijo lo descifrara.

-No, cielo. En absoluto. Es por eso que voy, y es por eso que llevo lo que llevo. Sé perfectamente lo que mi padre hizo, pero debo estar al frente, verlo con mis propios ojos, y decidir sobre el terreno si mi idea es la buena, o debo encarar el acertijo de otra forma. Por eso es que voy, y es por eso que Lisa me acompaña. Si lo que Gloval dice es cierto, ya es ventaja para nuestro pobre planeta. Pero si decido confiar en mi padre, sé sin que me lo digan, que hay mucho más. Y eso puede cambiar en el sentido que yo quiero el rumbo de los acontecimientos.

-¿Qué quieres decir con eso, Andy? -Su esposa achicó los ojos sobre los suyos- ...Tú algo te traes entre manos…

-Eres mi esposa, cielo, y a Dios se lo agradezco, y por lo mismo no puedo ni nunca voy a mentirte aunque lo que me salga de los labios no sea bonito. Soy soldado, y aunque no haya un cese oficial de hostilidades, ya pelee una guerra en mar, aire y espacio por millones de kilómetros. Hoy nadie me está disparando, y los malditos que lo hicieron antes borraron mi planeta, y dejaron a la Madre Naturaleza tan herida, que mis tripas dicen que sola tardará una eternidad en curarse. Si me dejan, quiero ayudar a restañarle las heridas todo lo que mis riñones me lo permitan.

-...Andy…

-Te lo dije, cielo, y aunque no sé qué me trae el futuro, quiero hacerlo. Soy soldado, pero hoy ya no me necesitan como antes, y así, sirvo mejor como jardinero. Desde que mis ojos se posaron por primera vez en el desierto amarillo y brillante que asoma ni bien sacas la nariz de aquí, que mis manos se volvieron inquietas, y piden a gritos que las hunda bien hasta el fondo en la tierra.

-Yo soy la primera en darte la bendición para ello -Joni lo abrazó- Siempre me he preguntado cómo es que salvamos el pellejo de la forma en lo salvamos. Tú todavía más, que doy gracias silenciosas por todos los días que sobreviviste en la cubierta metido en un traje espacial que te mantenía respirando y no mucho más. Hoy lo sé: Dios a cada cual le da su tarea en la vida, sin decírsela claramente, y creo saber que tú has encontrado la tuya desde siempre. Ser Jardinero y Soldado. Y hoy se necesita al jardinero más que al soldado. Ven, vamos a la cama -Fue Andy esta vez quien achicó los ojos- ¿Qué? Ah, es que la cama fue lo primero que armé en cuanto te fuiste. Simple corazonada, grandote…

-OOOO-

-Déjalo ya, Cabeza de Piedra. Si sigues sé que te va a doler todavía más de lo que me duele a mí.

La frase de advertencia de Lisa no estaba de más. Pero Andy insistía en no despegar sus ojos, casi salidos de las órbitas, del pequeño trozo de paisaje terrestre que le mostraba la ventanilla del Tunny, que a despecho de su amplio radio de alcance, volaba con su carga completa a apenas a tres mil metros de la superficie. Podría haber trepado sin problemas por sobre los diez mil y a segura distancia de su techo de servicio, pero los daños en la atmosfera terrestre persistían, y el aire se enrarecía muy por debajo de los siete mil, forzando a una nave que era un activo precioso y digno de cuidado dada la situación misma de Ciudad Macross y la estructura en constante refuerzo de la RDF que había sobrevivido al ataque Zentraedi. El desierto sembrado de cráteres se extendía de horizonte a horizonte, tachonado de los restos de la civilización humana que habían persistido, principalmente por la acción del Gran Cañón, que había resultado un apoyo enorme, borrando del mapa a más de un tercio de las naves de Dolza antes que los daños del insostenible bombardeo lo hicieran incapaz de volver a disparar. Y los mismos restos de aquella agresiva y poderosa flota también hacían su acto de aparición en los cientos de estrellamientos, masas metálicas medio derretidas y quemadas que alzaban sus mortales restos como exvotos en medio del paisaje.

-Lo sé, hermanita, lo sé… -Andy quitó la vista por un instante de la pequeña claraboya y la miró a los ojos- No lo hago para sufrir. Yo creo que lo hago para que en ningún momento se me olvide por qué estoy aquí.

Llevaban en el aire algo más de tres horas, desde su salida de Prometheus, pasando en escalas sucesivas de aprovisionamiento por las Bases Artilleras Grass Bowl, Easy One y hasta Rilke's Boot, donde habían hecho repostaje para la aeronave, en medio de la frenética actividad de aquellos cuarteles, que con el pasar de los meses se habían convertido en asentamientos armados en toda la regla, con el sinnúmero de problemas humanos que traía el que el sitio más seguro de todo el contorno, que ya sabían por algunos testimonios, se había vuelto extremadamente hostil, fuera para los civiles quedarse al amparo de la artillería de lo que ya oficiaba en la práctica como un fuerte. Antes de despegar de Rilke's lo había comprobado por solo ejercicio de su visión: en la precaria parrilla de rodaje había dado con dos secciones y cuatro varitech de los Texas Rangers de Connie, estacionados en modo guardian y a la espera de su patrullaje del día. Ya había para entonces patrullas de Varitech de Los grupos aéreo, naval y espacial escudriñando el cielo y la superficie por sobre y a través de aquellas arterias vitales para extender el arco de visión y la capacidad de respuesta del SDF-1, lo que explicaba la carga inacabable de trabajo que tanto él como el resto de los tigres de la cubierta ya llevaban sobre sus hombros.

-¿Esto ya comenzó así, y no tiene vuelta, hermanita?

-Tú lo dijiste, Andy –Lisa se había puesto a su lado observando igual que Steinhauser las maniobras de mantenimiento de una nave noble que ambos querían, aunque por motivos diametralmente opuestos. Lisa, porque un piloto metido dentro de su corazón le había salvado la vida varias veces a bordo de una de ellas. Para Andy, sin embargo, esas naves eran su vida- Ya partimos, y no podemos parar hasta terminar la tarea. Así que guarda la nostalgia en el equipaje que hay que subir a bordo otra vez.

Dos horas más tarde, haciendo uso del aterrizaje convencional, el VC-27 tomaba pista correctamente en una de las dos losas plenamente operativas que quedaban del inmenso aeropuerto civil de Dallas – Fort Worth, entre cuyos restos se había afincado convenientemente la Base Artillera Oil Pit, el final de su viaje por aire.

-Ya era hora que llegaras, Jefecito –Saludó alegremente el Capitán Hettie desde la losa en cuanto terminó de bajar la rampa de la bahía de carga de la nave- ¿O te creíste que te iba a esperar eternamente como una solterona con el vestido de novia en la cartera?

-No me des la puntilla, capitancito –Respondió con tono jocoso Andy mientras descendía- Que si yo estoy aquí, es porque me mandaron llamar, y tus patos de agua dulce no pudieron hacer su trabajo.

-Y trabajo es lo que nos sobra –Repuso Hettie, dándole la mano inmediatamente a continuación del saludo de rango correspondiente- El Gran Jefe nos pidió que cruzáramos la frontera hasta Piedras Negras y de largo a Monterrey. No tenemos los brazos así de largos, así que estoy planeando la logística en base a lo que nos han entregado los reconocimientos.

-Tú corres, Damon…

-Dirás que me hacen correr, tormento con patas…

-Pero ¿Las proyecciones son buenas? –Lisa se puso del lado de Andy, caminando hasta el transporte de Hettie a metros del Tunny- El Almirante debe tener sus razones para pedir que crucemos la frontera.

-Capitana –Hettie saludó justo antes de ponerse al volante- Yo creo que el Gran Jefe es clarividente: Los chicos del RECON que fueron hasta Piedras Negras nos han dicho que del otro lado del Río Bravo el daño está, pero es bastante menor que acá.

-¿La Base Alaska? –Indagó Lisa- ¿Cómo si hubiera sido un efecto de concentración de fuego?

-Yo diría que es correcto –Hettie disimuló la sonrisa mientras echaba a andar el vehículo- El efecto del disparo del Gran Cañón debió cebar las naves que le quedaban al hijo de su madre de Dolza sobre la parte norte de América y el Canadá. Pero las que sobrevivieron no podían abarcarlo todo como con la primera andanada. Sin ser más que un soldado, podría decir que a medida que se avance más hacia el sur, tanto más entera estará la infraestructura y habrá más gente sobreviviente.

-Osea –Andy estaba sorprendido- ¿Seguirán más al sur?

-No sé cuánto más –Hettie volvió a sonreír- Por tierra contamos con los recursos suficientes por el momento, pero este solo salto nos va a estirar las líneas casi hasta cortarse. Hay que llevar el planeamiento logístico en tres dimensiones: Disponibilidad aérea de suministros, alcance de los vehículos, y el sostenimiento de las unidades que avancen. La ecuación parece fácil, pero no lo es… Supongo que por eso me llamaron… Y también para sostenerte en caso que te desmayes, Jefecito…

-Nunca me viste en esas, y tampoco será ahora, Damon –Andy se rió mientras observaba el erizamiento de artillería de las zonas de fuego de la base- ¿Tiene este agujero con qué consentirnos aunque sea por un rato?

-Confórmense con las raciones de combate, Chicos, Lo siento –Hettie, más relajado ya, metió la mano entre los asientos, y sacó dos kufiyyas de combate de los marines, tendiéndolas hacia el asiento trasero- Una para cada uno, y no arrisques la nariz, Jefecito… están perfectamente lavadas y son mías. En ruta la tierra salitrosa ahoga, pica y rasca hasta la muerte, y en serio las van a necesitar. Descansaremos lo que demore el pelotón en cargar el combustible, y luego seis horas a prueba de traseros hasta Crystal City. Tenemos que hacerlo de un tirón para tratar de llegar hasta Crystal Palace antes que caiga la noche, o los merodeadores nos la pondrán de cuadritos. Espero que hayan hecho algo de polígono antes de venir –En un gesto reflejo, Hettie comprobó que su arma de servicio saliera bien de la funda, Y Lisa y Andy se miraron entre ellos- No son los reyes de la puntería, pero son agresivos, tienen más gente, aunque menos armas… Y de todas maneras los accidentes pasan.

-¿Tanto así?

-Tanto así, Capitana –Hettie detuvo el vehículo junto a una cisterna que alimentaba los camiones y vehículos blindados del pelotón de reconocimiento- La primera base artillera de esta línea de exploración, Grass Bowl, estuvo tres días bajo ataque de los merodeadores ni bien se instaló, hasta que los refuerzos fueron los suficientes como para hacernos cargo de ellos. Esto no se ha filtrado ni debe, porque Gloval no quiere rumores o habladurías de algo que suene siquiera a guerra civil.

-¿Es lo que creo que es, Damon?

-Nos enseñaron la Guerra Civil en la prepa, Jefecito –Damon bajó del vehículo para estirarse. Ellos también descendieron- Y esto es lo mismo. Somos humanos, y humanas nuestras debilidades. Son solo oportunistas haciendo demagogia, osea que mueven gente por los motivos que los inflaman, mientras ellos rasguñan todo lo que pueden en su beneficio personal. Todavía debe quedar gente por aquí a favor o en contra de lo que hizo Quantrill y sus guerrilleros secesionistas.

-Eso es evidente, Capitán Hettie –Repuso Lisa, esta vez con voz concentrada- Pero ahora no puede ni debe haber norte, o sur, grises o azules. Hoy somos todos humanos, y quien resta en vez de sumar, hace que todo, en vez de ir adelante, vaya para atrás.

-Llegó al fondo de la cuestión, Capitana –Hettie llamó a voces al cabo a cargo de los víveres- ¡Cabo Mills, Traiga dos MRE para nuestras visitas!

-¡Enseguida, Mi Capitán!

-¡Y no te olvides que yo también como, mentecato!

-¡Imposible! ¡Voy, Señor!

-Disculpen por solo tener transporte y no comedor… Pero así es el RECON. –Hettie se encogió de hombros- Rutas largas, a veces peligrosas, pausas cortas, casi nada de sueño, y comida como se pueda. Ah, y volviendo al punto: El fondo de la cuestión, Capitana, es que merodeadores o no, el mero acto de defendernos genera bajas. Las bajas engendran odio, y los humanos terminaran por olvidar que son sobrevivientes y hermanos… Para ser enemigos… Otra vez.

Los tres, ahora sentados sobre el M-299, apretaron al mismo tiempo las capsulas de temperatura para calentar sus raciones, en medio del babel de los aprestos del Pelotón RECON. "Esto será una ruta inusualmente larga, o un viaje a los atavismos más primigenios de la raza humana" Lisa atacó su ración profundamente encerrada en sus pensamientos.

-OOOO-

-Después de mil novecientos kilómetros de viaje seguro y presurizado, aquellos seiscientos cincuenta de viaje por tierra, sintiendo una desnudez de medios que nada tiene que ver con ropa, se quedaron en mis ojos y no han podido borrarse en todos estos años -Lisa volvió sobre sus recuerdos con algo que no era nostalgia, sino ganas de olvidar- ¿Han visitado alguna vez el desierto de Manitoba?

-Yo estuve una vez ahí -confesó Bron- Para la reunión de las familias de los Tres Primeros, que a excepción de nosotros, viven todas un poco más al norte.

-Entonces entenderás de lo que se habla aquí -Repuso Rick- A Lisa hoy todavía le cuesta, pero solo imaginen seis horas de ese paisaje a ambos lados del vehículo de exploración. Era y sigue siendo devastador y depresivo. Más que los desiertos naturales de la Tierra, allí las armas Zentraedi provocaron un proceso erosivo tan profundo e irreversible, que en su momento ni el Invid pudo instalarse allí.

-La noche se nos echaba encima a pasos agigantados -Recordó el Señor Steinhauser- Y mientras no estuvieramos al alcance de los helicópteros de ataque de Crystal Palace no teníamos más defensa que la velocidad y el armamento de que disponíamos. Cuando vimos movimiento de armas en la columna, Lisa y yo ni siquiera lo pensamos. Sacamos nuestras armas de servicio, y al momento de hacerlo, el Cabo Mills y Damon nos entregaron un fusil a cada uno.

-No olvidaré la frase del Capitán Hettie mientras viva -Repuso Lisa- Me tendió el arma y nos dijo "Ni se les ocurra quitarle el condón al cañón hasta que no seamos materialmente blanco de los tiros. Si lo hacen y el fusil se atasca con arena, este vehículo perderá dos armas, y el tiempo que demoren en desatascarlas, si lo logran, puede ser el último tiempo de sus vidas"

-La misión era importante en mi cabeza -Terminó Lisa- pero conservarme viva y en pie se volvía más y más importante con cada minuto que el sol avanzaba hacia el ocaso.

-...El final más apurado como obertura -Completó Andy- como preámbulo de la increíble sorpresa que vendría después…

-OOOO-

La noche se volvía a momentos una especie de carnaval fantasmagórico que no conseguía hacerle conciliar el sueño. Las bengalas, los disparos y los ocasionales gritos conminatorios, junto con el rumor de las botas en los cambios de guardia era algo a lo que su cuerpo de soldado respondía sin problemas ignorándolo para buscar el descanso. Había más. Todavía estaba afectado por lo que sus ojos le habían mostrado al sol de la tarde: Cuando la columna de reconocimiento pasó por lo que quedaba de la avenida principal de Crystal, medio sepultada por la arena dura y cristalizada, pudo él constatar con dolor que, pese a que el impacto había sido muy indirecto, la potencia incontrarrestable de las armas Zentraedi había segado su pueblo con un vendaval huracanado de viento y fuego que cortó y carbonizó estructuras como si se tratase de una guadaña cortando trigo en un campo. Ni siquiera las modestas agujas de las capillas luterana y católica del pueblo, lo mismo que la torre del reloj de su secundaria habían sobrevivido a la hecatombe que lo había dejado sin raíces. El deseo de bajarse del vehículo había sido tan incontenible como la orden perentoria de Hettie para la columna, de acelerar y no detenerse ni siquiera al alcanzar la zona de cobertura defensiva de Crystal Palace. Solo Lisa y su comprensión silenciosa de su dolor lo habían calmado cuando sintió su mano en el hombro, y vio sus verdes ojos brillantes llenos de comprensión. Se había puesto a su altura, con la experiencia espeluznante de haber visto disolverse y morir a su padre en pantalla… De haber perdido como él, a lo único que le quedaba, sin un abrazo, sin un beso, sin un adiós. Incómodo, se sentó en la litera dentro del oscuro refugio, todavía vestido y con las botas de combate sin abrochar, para liberar en algo la presión sobre sus pies.

-Diablos –Se agarró la cabeza, pesada de su vivencia, y luego de ponerse las gafas, se abrochó las botas con movimientos bruscos- No es lo más sano salir a tomar aire fresco en medio de la fusilería, pero es lo que hay, y eso es lo que vas a hacer, Steinhauser.

-¡Póngase el casco, mentecato! –Dos pasos fuera del refugio, y la voz sin piedad de un sargento mayor le sacudió en un milisegundo la impronta del adiestramiento- ¡Esto no es la Plaza Macross! ¡Y póngase la kufiyya, que el viento nos da en la cara! ¡tome un fusil, insecto y vaya a la línea corriendo, o mi bota se encargará de ello!

-¡A la orden, Señor!

-¡Bonito número vamos a hacer aquí si nos envían estos sacos de porquería como refuerzos!

Andy se rió a cubierto de las maldiciones del manual de aquel curtido suboficial "Que no vayas a enterarte que no soy carne de cañón sino la visita… Y al fin y al cabo ocupar la cabeza en algo es mejor que tratar de dormir de nada…" ocupó un puesto de fuego en una trinchera, con uno de los equipos de la línea, manteniendo la guardia, con el cañón del arma apuntando en el ángulo que le correspondía, forzando los ojos y los oídos en medio de un silencio sepulcral. Hasta que una sombra se movió levemente. Andy pestañeó repetidas veces, para aclararse los ojos. Hasta que vio en medio de las sombras, una silueta cortada a la mitad por algo blanco, algo que brillaba tenuemente en la oscuridad del cuarto menguante.

-Sargento Mayor –Susurró quedamente- Contacto. Marca. 900 metros.

Reginald Dooley, un veterano de las campañas terrestres de la Guerra Global, se arrastró sin un murmullo hasta alcanzar la posición de Steinhauser. Enseguida alzó los prismáticos electrónicos, que tenían filtro de visión nocturna… Y los bajó asombrado.

-Vaya que tienes buena vista, insecto –Le dio un suave golpe de puño en el hombro- Para tener gafas lo haces de maravilla… Es un merodeador, y está a 895 metros de la línea. Mantenlo vigilado. Estas cucarachas astutas mandan exploradores que se quedan toda la noche fuera de la zona de fuego que nos mandan las reglas de combate.

-¿Esperando un descuido de la línea?

-Diablos, Insecto –Se mofó Dooley de buen humor- Ya vas marchando para la escuela de oficialidad, portento. Para eso se quedan. Donde detectan o suponen que se queda alguien dormido, o lo pierden de vista, y se dejan caer en tropel.

-¿Y entonces?

-Para eso perdemos el culo armando todos los días los cargadores para las guardias que El Gran Jefe nos pidió –Dooley volvió a echarle una mirada al intruso: seguía donde mismo- Si los merodeadores se atreven y llegan a 400 metros, tu Armalite dispara una trazadora de advertencia. A 200, la segunda. Si no espabilan y siguen avanzando, a 100 vienen cinco balines de goma. Los que queden, si quieren de verdad atacar, se van despachados a 50 con las 97 rondas de munición de guerra que le quedan al cargador. Cada guardia engancha lo mismo en cada turno. Si hay ataque, que los hay, rigen las reglas de combate. Los cargadores que siguen, que también los hay, traen todos munición de guerra en su totalidad. Ahora no le pierdas pisada al bicho ese. Reporta cada media hora, haya cambios o no.

-Entendido, Señor.

-Ya intentaron acercarse en la otra guardia, pero las trazadoras y las bengalas los frenaron –Terminó Dooley antes de comenzar a arrastrarse de vuelta a su puesto- Y todavía nos queda noche, así que no va a bajar de dos o tres intentos antes que la luz del día los mande de vuelta a sus agujeros. Dedos en el gatillo patanes…

Andy volvió a centrar la mirada en su descubrimiento "Tiene algo de conocimiento, lo admito. Sin duda ya ha pasado por esto antes, y conoce las Reglas de Combate. O tiene alguna clase de entrena… Pero ¿Qué diablos?" El pensamiento se le cortó de golpe a Steinhauser; Su intruso detectado hizo un movimiento absolutamente estúpido según lo que como soldado sabía de técnicas de exploración y combate por su entrenamiento. Se puso completamente de pie, de cara a las fortificaciones y puestos de disparo, y a la luz casi nula de la agónica luna menguante, pudo notar que la línea blanca que cortaba su sombra era un cinturón. Uno de hebilla cuadrada brillante de bronce "No puede ser… Es un cinturón de desfile JROTC de la Somerset… sí, es un cinturón, y probablemente el dueño sea camarada mío… hasta de la misma generación…" Aquello despertó una idea loca… Y peligrosa "Si pienso más en esto, voy a terminar por no hacerlo. Al diablo las reglas de combate. Ese pescadito es mío…"

-Bajen las cabezas y echen para atrás las armas –Susurró Andy, cortante- y manténganse alerta

-¿Y a tí quien te hizo oficial, zoquete?

-Las anclas, Patán –Andy levantó el velcro de su chaqueta de combate. Le habían dícho antes de salir de Prometheus que los Merodeadores se cebaban en las insignias, y desde el principio del viaje las había mantenido cubiertas. Los infantes vieron horrorizados las anclas cruzadas llenas de galones curvos y extendidos- Y Soy el Contramaestre en jefe Steinhauser… No tengo ganas de ser oficial, quiero vivir ¿Entienden?

-¡Santo Cielo! –Uno de los infantes terminó de reconocerlo, cuando se bajó la Kufiyya- ¡Jefe nuevededos!

-Todavía sigo siéndolo, Patán –Andy sonrió- Hagan lo que les digo. Quiero que la alimaña que nos acecha se nos acerque más. Si nos cree lo suficiente, se pondrá al borde de la línea de advertencia. Antes que de el aviso para sus compañeros, lo agarraré del pescuezo sin ruido y lo traeré hasta acá.

-De acuerdo, Señor –El infante que lo había insultado se puso de inmediato a sus órdenes- Lo haremos, pero de seguro a Mi Sargento Dooley no va a gustarle nada, Señor

-Ya tendré tiempo más tarde de tener una Agradable charla profesional con el Sargento Mayor- Andy enseñó los dientes antes de volver a cubrirse el rostro con la Kufiyya y bajar sus antiparras- Vamos, échense para atrás, como si fueran a echar un sueñecito. Mientras menos demore el zopenco en creernos más rápido saldrá esto.

-Y a todo esto, Señor –El infante que lo había reconocido se puso curioso de repente- ¿Usted qué diablos hace tan lejos del Prometheus?

-Digamos que salí un rato a estirar las piernas, soldado.

Andy fue hasta el fondo de la trinchera por la manta de camuflaje que había detectado al entrar en ella. Los infantes, de a uno por uno, habían ido retirando las bocas de los cañones de sus Armalite AR-21, como si estuvieran en medio de un relevo o tomando un descanso. De vuelta en el polvoso antepecho del nido, Andy escudriñó la noche sacando apenas los ojos a cubierto de la manta. La tenue claridad que desprendía la base, mas la poca luminosidad del ambiente, le dieron la clave de la distancia a la que tendría que moverse. La línea blanca se movió una, dos... Tres veces antes de quedar a 400 metros o menos de las fortificaciones. Entonces saltó sin un ruido al terreno. Sus nervios en tensión y el salto a punto estuvieron de hacerle perder el control de su equilibrio, pero respirando profundo y sin ruido, logró poner nuevamente su cabeza en balance "Bonito momento para tener vértigo, Diablos. Justo en la Tierra de Nadie…" Arrastrándose como una salamandra coja, con la barriga pegada al terreno, siempre cubierto por la manta, comenzó un lento circundar sobre la trayectoria del merodeador. El tiempo resultaba apremiante "Si no consigo atraparlo antes que lo detecten y brille la primera trazadora estaré tan frito como él… Vamos grandote, un esfuerzo más. Salto al cuello y a largarse de aquí…"

Como si se tratase de una profecía auto cumplida, Andy saltó como impulsado por un resorte sobre el sorprendido merodeador, tomándolo con su enorme izquierda del cuello, mientras su temible y pesada derecha lo mandaba directo al país de los sueños con un quejido ahogado. Y bastó… La primera trazadora brilló en la oscuridad, y luego otra, y otra… Y las dos primeras bengalas iluminaron el terreno circundante, mostrándole con horror infinito que la masa de los merodeadores lo acechaba a menos de cincuenta metros de su posición. "Mierda. A correr" Con las entrañas congeladas de miedo y dudas sobre si su vértigo le daría la tregua suficiente para alcanzar la trinchera amiga sin desvanecerse vomitando, se echó sobre los hombros al desmayado merodeador y echó a correr a todo lo que daban sus largas zancas de vuelta a la seguridad de la base. Mas bengalas, y el aullido más ronco de los balines de goma marcaron los últimos metros de su carrera, sintiendo sobre sus orejas el cálido aliento de las balas de los merodeadores, zumbándole ambos pabellones como avispas furiosas, sin poder mirar atrás, sabiendo que no podía mirar atrás, y sin querer mirar hacia atrás. Con un salto medio desarticulado, Andy cayó con su prisionero revueltos ambos en el fondo de la trinchera, mientras los Armalite de su equipo asomaban nuevamente los cañones y sin consideración de metros, gastaron los balines hasta que la munición de 5.56 milímetros hizo su aparición. Los merodeadores se arremolinaron a menos de cincuenta metros de la línea, recogieron a sus heridos y luego se retiraron.

-¡Qué carajo crees que haces, insecto? –El grito destemplado del Sargento Mayor Dooley lo alcanzo en el suelo y sobre el merodeador, que todavía estaba algo en órbita tras su puñetazo- ¡Esta posición se defiende, adefesio, no toma prisioneros!

-Lo tengo claro, Sargento Dooley, ay, carajo –Andy se levantaba con algo de esfuerzo desde la espalda de su prisionero, y al hacerlo sus insignias de grado quedaron otra vez bien visibles, ahora a plena luz del puesto, que brillaba como un pilar en la noche texana. Los ojos del irlandés se abrieron con sorpresa inaudita al ver las anclas bajo sus galones- Pero ví a esta alimaña demasiado sola en la noche, y me entraron ganas de aliviarle el aburrimiento… Date vuelta, escoria –Lo volteó sin ceremonias para descubrirle el rostro a tirones- ¿Qué carajo haces con un cinturón de la… ¡Mierda! –Andy estaba atónito. Se levantó las antiparras y se arrancó la kufiyya sin dar crédito a sus ojos- ¿Kozlowki? ¿Danny Kozlowki? ¿¡Qué mierda haces con los merodeadores!?

-…Y a tí que te im… ¡Brigadier Steinhauser!

Era solo un muchacho, no mayor que el mismo Andy, pero que no había madurado ni crecido demasiado en envergadura física, y por el contrario, las heridas mal cicatrizadas y todavía en carne viva del rostro hablaban a gritos de los sacrificios y horrores que había tenido que pasar. La tropa, impresionada, lo vio erguirse y saludar a Andy con toda la marcialidad que podía. Era solo una sombra del muchacho flaco y enfermizo al que su familia de inmigrantes polacos lo había metido a la clase militar de la Somerset "Para que se hiciera hombre" al mismo tiempo que Andy. Él Había llegado a Brigadier y era el Cadete Mayor del curso… Kozlowki en clases, en aptitud física, en tiro, combate cuerpo a cuerpo y en juegos de guerra… Marchaba siempre cerrando el pelotón. Su lista de deméritos era tan lamentable que Andy mismo tuvo que interceder ante el Comandante del curso, el Mayor Howard, para conseguir que pasara el corte y se graduara.

-Sí, Danny… Soy yo –Andy lo miró por un instante, y luego, de improviso, lo abrazó- …A Dios gracias, no lo perdí todo…

Kozlowki solo bajó la cabeza, cariacontecido. Andy comprendió que quería hablar, pero que no lo haría delante de tanta gente. Tomándolo por los hombros, comenzó a sacarlo por el acceso de la trinchera.

-¿Adónde cree que va, Steinhauser? –El tono irritado de Dooley ni siquiera lo conmovió. Evidentemente ya sabía quién era y por qué estaba ahí- ¡Es un prisionero y esto es una base militar, aquí no existe la hora del té!

-Lo entiendo, Sargento –Andy lo miró con gesto indefinible- Danny se entregará, le doy mi palabra. El entiende y lo hará. Déjelo por unos minutos ser mi coterráneo. Luego hablaremos usted y yo todo lo que quiera.

-Eres una Prima Donna con cojones, Steinhauser –Dooley se giró sobre sus talones, manoteando con la derecha como si no le importara- haz lo que quieras… Pero lo entregas a la guardia, o no llegarás al desayuno con el Coronel Neil…

Kozlowki ni siquiera se inmutó. Andy lo llevó hasta unas cajas de municiones, en el instante mismo en que Lisa salía de su refugio, despertada por la fusilería y las bengalas.

-¿Qué crees que estás haciendo, Steinhauser? –Lisa se acercó decidida hasta las cajas donde se habían sentado- Fusilería, bengalas y tu apellido no es precisamente una buena combinación para que yo esté tranquila. Y como sabes que no te salvas, suelta ahora que hiciste…

-Nada –Steinhauser sonrió seguro- solo dando una vuelta por el contorno… y justo me vine a encontrar a un viejo amigo de la secundaria –Kozlowki le dio las gracias con los ojos antes de agachar la cabeza- Danny… La capitana Lisa Hayes. Vine con ella desde el norte hasta acá. Lisa… Danny Kozlowki, fue cadete conmigo en la JROTC de la Somerset.

-Vaya… -Lisa se sintió incómoda. Tarde había comprendido que aquello no era un interrogatorio ni una confesión… sino un desesperado e íntimo intercambio de información- Estee… Los dejo, con su permiso…

-No, hermanita, no –Kozlowki levantó la cabeza, asombrado al oír el tratamiento- Por favor quédate. Y no te espantes, Danny. Tú sabes que perdí a Vladek… Y el Señor me trajo una esposa, una hija, y la hermanita del alma que ves aquí, para que mi corazón no estuviera tan solo.

Entiendo… -Kozlowki esbozó una sonrisa tibía. Lisa, por el contrario, se ruborizó, todavía de pie al lado de Andy- …Qué quieres saber…

-Lo lógico, Danny –Repuso Andy, esta vez serio- Qué pasó aquí que terminaste así.

-No hay mucho que contar… -Los ojos del muchacho brillaron- Como puedes suponer luego de tres años, no conseguí la selectividad en ninguna universidad estatal, que las privadas ni siquiera me llamaron. La USTA me ofreció el colegio universitario por las noches para intentar calificar, mientras trabajaba de día. Encontré un empleo en una Tienda de víveres de Carrizo, y así iba tirando por la vida… Fallé dos intentos de entrar, y estaba preparando el tercero cuando vino el ataque…

-Danny –Kozlowki no pudo superar su llanto de silencio y vergüenza. Andy, compadecido, puso las manos en sus hombros- Vamos, Danny, tómatelo con calma… eso, tú puedes…

-Puedo, Señor –Andy recordó las muchas veces que intentó inflamar el amor propio del muchacho, recibiendo esa contestación- No hubo ni un maldito aviso… Nada, y de pronto el cielo de Texas se oscureció pasando de celeste a un verde vago y brumoso como una ciénaga apestosa. Yo venía de vuelta desde Carrizo luego de todo un día de cargar melones en oferta –Se rió sin ganas- y había echado un par en la camioneta para compartir con mis padres. Solo recuerdo, a menos de medio camino por carretera, un rumor sordo, tan fuerte que ni siquiera era posible oírse uno mismo en medio de el; la luz, los rayos, tan gruesos y luminosos que herían los ojos, el viento insoportable, el fuego desde todas partes. La camioneta se volcó, yo caí en la zanja de desagüe al costado del camino, muerto de miedo y cubriendo mi cabeza con los brazos. Sentí que moría, que todo se acababa, y ni siquiera podía entender como en un segundo estaba al volante, y al otro había ido a parar ahí. Me fui a negro… y hasta hoy no consigo saber cuánto estuve así.

-Pero sobreviviste, Danny…

-Lo hice, y tampoco sé cómo lo logré, aunque tengo mis sospechas –Kozlowki volvió a bajar la cabeza- Comencé a tragar y a respirar arena ni bien estuve algo consciente, y la sensación de ahogo me hizo levantar desde el medio metro tal vez, que se había acumulado sobre mi cuerpo… Y mi cabeza se rompió, no sin sangre, al chocar contra el techo de la camioneta, que había vuelto a volcar, esta vez con la mitad sobre lo que había sido la carretera, y la otra sobre el desierto. Creo que al final eso me salvó. Cuando salí de debajo, el desierto ya no existía, la carretera ya no existía… Todo era amarillo, negro y cráteres por doquier… La arena cristalizada brillaba casi tanto como el sol, hería los ojos, y quemaba como tocar un horno cuando llegaba a tu piel… Me vendé la cabeza con el mandil de la tienda, y eché a andar por lo que reconocía del camino, y mis ojos eran incapaces de relacionar lo que veían con la ruta a Crystal que hacía todos los días. No sé cuánto anduve, o si caminé en círculos, aunque lo sospechaba tras haber caminado casi una hora sin llegar a ninguna parte…

-Pero llegaste.

-No, Brigadier –Kozlowki levantó la cara, y esta vez los ojos brillaban otra vez a punto de las lágrimas- No llegué ni cerca de la ciudad. Me había perdido en los eriales y no me había dado ni cuenta, ni había mirado al sol, a su posición, o a las estrellas en la noche… Todo lo que me enseñó se fue al basurero, las nubes se cerraron, y comenzó una lluvia turbia y oscura que me hizo desconfiar, y no la bebí. Seguí caminando apenas, tenía hambre, sed, estaba mojado, tenía frío y seguía sangrando, aunque menos, y me dolía atrozmente la cabeza. Entonces encontré algo.

-¿Qué encontraste?

-Encontré mi salvación – Kozlowki comenzó a llorar de nuevo- Yo no sabía, Brigadier, le juro que no sabía… -Los sollozos lo convulsionaron- No podía saberlo… no podía…

-¿Qué, Danny? -Andy comenzó a desesperarse, Y Lisa, con intuición oscura, puso una mano en el hombro de su amigo- ¿Qué no podías saber?

-Encontré… Encontré en un otero… Una camioneta casi intacta, tatuada en esa arena cristalizada como si fuera ese su color -Un poco más calmado, Kozlowki, respiró hondo para poder seguir el relato- No tenía ocupantes, pero tampoco parecía que los hubiera habido en el momento del ataque. Tenía de todo… Agua, comida, medicina… Y Ropa… Ropa que casi me quedaba. Lloré y reí como un niño mientras comía todo lo que podía y me curaba. Cuando descubrí, tras mover unos cables, que la podía echar a andar de nuevo, me eché a llorar otra vez… A pesar de la lluvia logré mirar al horizonte con calma, y orientarme. Me había salido mucho de la ruta, apenas había caminado un día y medio, casi dos, y estaba rendido. Dormí un poco más de doce horas de un tirón, y luego me preparé para irme de ahí. Con buena suerte y con el estanque por fortuna a la mitad, alcancé luego de una hora de viaje las afueras de Crystal… Y mi propio llanto me aturdió, tan profundo que no parecía humano.

Andy agachó la cabeza reprimiendo su propio llanto: La impronta del adiestramiento había prevalecido, pero seguía ahí, en su pecho, exigiendo sus derechos.

-Mi casa… Mi casa eran cuatro vigas carbonizadas. Toqué una y casi se deshizo hasta el suelo. Ya no tenía a nadie, lo había perdido todo… Estaba solo en el mundo, y ni siquiera sabía el porqué. Entonces llegaron los Merodeadores.

-¿Qué hizo, cadete? -Lisa tuvo que preguntar: El silencio lleno de presagios de su amigo lo mantenía en una tensión tan palpable, que ella lograba sentirla en su mano- La camioneta era su tabla de salvación. Si la perdía…

-Se perdía todo. No sé de donde me salió- El ceño del muchacho se endureció- Ya no me daba lo mismo morirme de hambre o enfermedad que hacerlo defendiendo lo que sentía mío. Retrocedí a las cavernas y no entendía el impulso, pero lo seguí sin vacilar. Me arrojé sobre los dos tipos que estaban husmeando con un grito. Había recogido del suelo la barra de las pesas que mi padre me había comprado para que me ejercitara. Con ella golpee a uno, que cayó como un saco al suelo. No tenía idea sobre si lo había matado o no, o si era un vecino de manzana, solo lo hice. El otro intentó sacar un arma, y lo golpee también… una, dos, tres veces… Supe de inmediato que a él sí lo había asesinado. Entonces sentí a mis espaldas el ruido metálico de cuatro o cinco armas cuando les meten una bala en la recámara. Ahí solté la barra.

-¿Los merodeadores, Cadete?

-Sí. El grupo de Virgil Weston…

-¿Virge? -Andy levantó la cabeza, atónito- ¿El hijo del Alcalde? ¡Pero si fue mi primer brigadier de la promoción!

-Sí, él, Brigadier. Pero hoy no le reconocería si lo viera. Entonces no andaban más que veinte bajo su mando. Hoy se hacen llamar "La Jauría" y tienen cinco veces más gente. Me hizo girar hasta él. Tenía la mitad de la cara hecha una cicatriz cárdena de sangre. Y me dijo "Tienes cojones, enclenque, los que no tuviste en clase. Elige. Te unes a nosotros y salvas la vida, o eliges ir por tu cuenta y por ahí solo se va al infierno cuando te matemos" Yo… Yo quería vivir, Brigadier. Y en el momento en que le dije que si, se lanzaron todos sobre la camioneta a apoderarse de todo lo que pudieran. Yo… yo me lancé también, porque entendí al fin el porqué de todo lo que me había pasado a bordo de ese vehículo. Logré apoderarme del bolso del que había sacado la ropa que casi me quedaba. Esa misma noche, después de comer todos juntos del producto de los saqueos, lo revisé. Y al fondo, en medio de ropa y zapatos… -Kozlowki se echó a llorar con vergüenza y dolor, mientras se desabrochaba el cinturon blanco en su cintura- ...Encontré este cinturon de desfile…. -Se lo ofreció a Andy con las dos manos- Es el suyo, brigadier, es su espadín de honor… La camioneta que me salvó la vida… Era la de su familia...

Andy se puso pálido. Con manos trémulas, recibió el cinturón de manos de Kozlowki. Y con los ojos brillantes y el mentón tembloroso, tomó el espadín por la empuñadura, y lo desenvainó "2007 SOMERSET HIGH JROTC – MAJOR CADET A. STEINHAUSER". Lisa se tapó la boca de la impresión. Andy solo envainó el espadín luego de leer en su hoja… Y abrazándolo se echó a llorar. Lisa solo lo abrazó en medio de su llanto convulsivo.

-...Yo no sabía, Brigadier, yo no sabía… Para todos nosotros usted estaba muerto… Yo vivía por su memoria… Yo no sabía, Brigadier, perdóneme, se lo ruego… Yo no sabía…

Por el rabillo del ojo, Lisa vió a dos infantes presenciando la escena a distancia, y por señas, les ordenó que se llevaran a Kozlowki, que salió de las cajas de municiones casi en brazos de ambos soldados, con la cabeza gacha, y arrastrando los pies. Sentada ahora junto al Jefe, al que tantas penas y pérdidas por tanto tiempo contenidas, habían endurecido como la coraza de un armadillo, lo abrazaba, arrullándolo como sabía necesitaba, porque el tiempo lo había alcanzado cuando debía y no antes, tratando de darle el calor y la protección contra el dolor que se siente cuando las lágrimas son tantas, que se vuelve a la niñez.

-OOOO-

Apenas había caído la última bengala apagándose contra la arena dura y brillante, cuando junto con la renovación de las guardias, volvió la vitalidad brusca y concentrada de la Base Artillera Crystal Palace. Entre pases de lista, órdenes del día para las diferentes secciones de la base, el desayuno cubría por breves minutos el apartado de la poca calma que podía darles alimentarse en plena situación de combate. El ruido de las cápsulas de calor de las MRE se podía oír por todas partes a lo largo y ancho de la instalación. Pero fue solo un instante. Como para dejar claro que fuera de noche o de día, las tareas del puesto nunca se interrumpían, en las LZ artilladas de la base los dos Commacheros de ataque eran aprestados junto a un Sea Sergeant, y como para darles seguridad de que la misión de reconocimiento ese día era más que especial, dos varitech de colas rojas del grupo RDAF del SDF-1 hacían las primeras luces de la mañana en el mantenimiento abreviado sobre las toscas parrillas de aterrizaje. Lisa había salido de la litera cubierta desde ya por la increíble gentileza de los Marines, que trabajando silenciosamente, habían habilitado un pasadizo privado, aunque elemental, para que tomara una ducha en un sector de los baños comunales de los infantes, dentro de lo que ellos consideraban un sector excedido de norma para lo que entraba en sus mentes como privacidad personal. Ella se lo tomó a bien, y no se sintió para nada afectada en su honra y su pudor por usar esa instalación. "Yo que había traído lo mínimo pensando en que no iba a tocar el agua, y mirenme, ducha caliente a más de dos mil kilómetros de casa. No está nada mal..." Sintiéndose fresca y renovada, pese a que su tenida tropical era la misma del día anterior, Lisa aterrizó el desayuno ya completamente preocupada: No sabía nada de Andy desde la madrugada. El llanto profundo y desesperado de su amigo más querido había estado a punto de desarmarla emocional y espiritualmente. Sabía que no las tenía todas consigo, que ella cargaba su propia cruz y sus demonios personales, pero apretó los dientes como supo que ambos lo habían hecho a su tiempo por el otro, y se quedó con él cuando más lo necesitaba.

Cuando lo depositó en la Litera, protestando débilmente para que Lisa no se rebajara a quitarle las botas de combate, ella le había dicho jocosamente que la próxima vez que le dolieran los pies, él tendría derecho de quitarle los zapatos aunque muriera protestando. Su sonrisa deslavada, borrada por el cansancio que su estallido emocional le había provocado, fue lo último que vio de su amigo antes que cerrara los ojos y ella saliera del precario alojamiento "¿Dónde te metiste ahora, Cabeza de Piedra? Tus penas y enojos a veces resultan en pésimas decisiones..." De Pronto se puso de pie, alarmada ante la idea que le cruzó por la cabeza, y saliendo del alojamiento que le habían asignado para ella sola, salió en derechura a las LZ, temiéndose que su hermanito hubiera hallado una salida en lo peor. "Si se le ocurrió que la cura de todos sus males está en intentar agarrar al tal Weston del pescuezo, esto se va a convertir en una Ley del Talión que a todos nos va a salir caro… Dios, Hermanito, que insufrible te pones cuando no puedo adivinar tu pensamiento..." No contaba sin embargo, con el continente risueño y poco habitual del comandante del puesto. El Coronel Marcus Neil, un atemorizante Marine con tipo físico y presencia de Tackle Defensivo, que salió a su encuentro casi a punto de alcanzar la zona, con una ancha sonrisa y relajado saludo de rigor.

-Buenos días, Capitana… -Neil sonrió- Espero que haya pasado buena noche…

-Algo así, Coronel -Lisa intentó no mostrarse ansiosa o circunspecta- Lo que cabe esperar en un puesto de primera línea…

-Lo suponía -Respondió cortés- Aunque solo puedo darle las gracias por haber traído a su subalterno consigo… Me lo estoy pensando seriamente acerca de si secuestrarlo o no, para que se quede con nosotros…

-¿Cómo dice, Coronel?

-¿No se lo han dicho? -El Coronel se sintió un poco incómodo- Anoche el Jefe Steinhauser se despachó solito la captura un centinela merodeador del hatajo de gusanos que nos ha dado la puntilla desde el día que llegamos. A nuestros chicos de inteligencia les han faltado orejas para escuchar todo lo que la alimaña cantó desde que lo trajeron a la Base. Hoy en la mañana les hemos localizado con los Commancheros, y demolimos todo su tinglado: Autos, alojamientos, almacenes, polvorines… Así que, aunque decidan extirparse a su líder, ya no les queda nada con qué volver. les hemos arruinado el espectáculo por un largo, largo rato.

-Vaya -Ahora Lisa estaba curiosa, y muy atenta a la aparición estelar de Steinhauser en toda aquella información- Sin duda que son buenas noticias…

-¡Son excelentes! -Neil soltó la carcajada- Anoche, cuando me comunicaron el numerito, sentí deseos de ponerlo de guardia cabeza abajo en primera línea… Pero ya sabemos que Steinhauser es de lo que ya no queda por el contorno. Y antes que nos llegara la luz verde para la operación, se fue derechito a las LZ y las ordenó como solo un maestro sabe hacerlo ¡Miró la manga de viento por diez segundos, y cambió el orden de las LZ! ¡Nadie se había dado cuenta de los vientos predominantes y ahora todo funciona de maravilla!

-¿Es en serio, Coronel?

-Tal como lo oye, Capitana. Tengo un puzzle a medio armar de novatos y muy poca gente capacitada realmente en esto. Han estado aprendiendo desde el día en que llegaron. Y el Jefe los ha hecho correr diez años enteros en unas pocas horas. Levantó los dos Commancheros a armamento pleno, tan bien balanceados que quedaron como hamacas, y Luego de la misión los volvió a dejar como navajas. Más tarde recibió al Sea Sergeant y a las Colas rojas para su misión de la mañana, con todo listo para su revisión y aprovisionamiento. ¡Y hasta se dio el tiempo con el Capitán Hettie de apartar espacio seguro y protegido dentro de los límites de la base para la columna de camiones que vendrá desde Fort Worth en cuanto su misión haya tenido éxito, Capitana! Le aseguro que si pudiera secuestrarlo, no se lo devolvería al Almirante Gloval nunca más.

-Es una fortuna que el Almirante no esté escuchando, Coronel –Lisa sonrió satisfecha- ¿Todavía sigue ahí?

-Por supuesto. Su comezón de ordenar solo estaba calentando la musculatura. Ahora mismo tiene a los armeros sentaditos como en clase explicándoles los protocolos básicos ¿Es en serio que no me lo puede dejar unos días más?

-Ojalá pudiera, Coronel –Lisa hizo el saludo de reglamento- Pero mucha más gente que el propio Almirante pondría el grito en el cielo. Con su permiso.

-Adelante, Capitana ¡Solo siga derecho y lo encontrará!

Lisa apresuró el paso. "Por fortuna, esta vez hiciste lo mejor, Cabeza de Piedra. Te ciñes muy bien a eso de que aciertas seguido. Y esta vez diste en el blanco casi con los ojos vendados…"

-…Y ya lo saben, Patos de agua dulce. La carga de armas y el repostaje siempre con la nave sobre la parrilla, siempre con el menú de armamento indicado por el Oficial de Sistemas de Armas. No hay nave, no hay menú, no hay nada sobre la parrilla. Que les enseñe lo que les pasó a los japos en Midway. Les echamos a pique a sus portaaviones porque los técnicos no almacenaron la munición mientras ejecutaban el cambio de armas. Una sola bomba bien colocada y se fueron chapoteando con el creador. Y si se les olvida, y viene un ataque, bastará con una chispa para decirle adiós a Crystal Palace. Eso es todo, infantes. Rompan filas…

Lisa estaba impresionada "Tienes dos escapes, Steinhauser. Las pistas o la jardinería. Y teniendo la posibilidad de hacer una de esas dos cosas que más te gusta, no vacilaste. Te ganas mi respeto día a día con cosas como esa…" En ese preciso momento él levantó la vista y, sonriendo, hizo un gesto muy gráfico a lo lejos para mostrar su morral, queriendo decirle con eso que estaba listo para irse. Lisa alzó la mano, y ahora con alivio, apresuró el paso de vuelta a su alojamiento por sus cosas.

-OOOO-

Entre nubes de arremolinado polvo duro y casi corrosivo, el Sea Sergeant descendió en medio de la nada, protegido en las alturas por los dos Commancheros asignados a la Base, y a más altura, de las colas rojas de los Varitech de la RDAF. Tras Andy y Lisa, que ya estaban sobre el terreno, descendió el Capitán Hettie, el equipo de escolta de los infantes, y el teniente Peter Riggs, quien había encontrado el refugio.

-¿Teniente Riggs?

-¿Capitán?

-Asegure el perímetro y levante el acceso.

-¡Enseguida, Señor!

Los infantes comenzaron su despliegue, en el preciso momento en que el pelotón RECON, que había venido por tierra, se les unía en el procedimiento. Pese al golpe mortal que habían infringido a "La Jauría" durante la mañana, convenía no descuidarse. La mera sospecha que había un botín apreciable bajo tierra, podía levantarles los ánimos lo suficiente como para intentar articular algún asalto por limitados que fueran ahora sus medios. Los fusiles apuntaban en todas direcciones, al tiempo que Riggs se agachaba sobre el terreno como la primera vez, y luego de apartar por breves segundos la arena, tiraba nuevamente de la palanca y la giraba. Desde el corazón de la tierra comenzó a levantarse una estructura con el vago parecido a un estrecho cobertizo de jardinería, hasta alcanzar los dos metros y medio por lo menos. Al instante quedó visible la escotilla de la construcción, y al lado tres símbolos que Ahora, en vivo y en directo, Andy reconoció de inmediato. Tres luces se encendieron al rojo bajo cada uno de ellos… y al mismo tiempo tres pequeños agujeros se abrieron solo un poco más debajo de las luces. Ahí estaba el acertijo, y ahí estaba la clave. Andy no perdió tiempo. Poniendo la rodilla en tierra, comenzó a escarbarla con la pala de jardinería que había echado junto a las tres latas en el morral.

-¡Listo, Jefecito! -Hettie miraba hacia el acceso- Ahora muéstranos tu ma… ¡Qué diantre se supone que haces ahí, Steinhauser! Te trajimos para abrieras el acceso… no para que crearas uno, zoquete.

-Oh, cállate, Damon… -Andy comenzaba a desesperarse. Aquella tierra estaba en muy mal estado, y para obtener lo que andaba buscando, debería cavar más- Vamos, Madrecita Tierra, deja que crea en ti lo suficiente para saber que hay una capa de tierra sana bajo toda esta porquería… -La pala escarbaba y rasguñaba en todas direcciones, haciendo cada vez más grande el agujero, y al mismo tiempo cubriendo de sudor la frente de Andy… Hasta que el metal tocó algo más consistente, y su mano lo sintió… -¡Ràpido! ¡Una bandeja, o algo plano y firme, ahora!

Lisa fue la primera en reaccionar: corriendo hacia el M-299 de los RECON, trató de desprender una cubierta de la zona de carga. Tras ella llegó Hettie, que solícito, la apartó cortésmente para arrancarla de un tirón.

-…Ahí tienes, Jefecito…

Andy no perdió tiempo: Echando separadamente cada palada sobre la cubierta, la midió con la vista antes de verterla. Con los tres montones formados, abrió las latas de a una por una "Vamos, ¿Cómo era?… Ah, sí, eso…dos partes, media parte, una parte… si, eso es…" Midiendo delicadamente cada contenido en la pala de jardinería, lo fue virtiendo despaciosamente en cada montón "¡Agua!" Nadie entendía nada, pero ayudaban en lo que el Jefe pedía. Uno de los infantes desenganchó la boquilla de la vejiga inflable donde llevaba el agua "Despacio, chico, solo estoy humectando, no necesito lodo" Cuando los tres montones de tierra se vieron negros y frescos, Andy se sintió satisfecho.

-…Ahora sí podemos abrir esa puerta…

Sosteniendo la cubierta con ambas manos, Steinhauser caminó hasta el acceso del SIERRA. Lisa, caminando ahora junto a él, agonizaba de preguntas, pero la sola cara de su amigo se lo impedía

-Lisa.

-¿Sí?

-¿Puedes sostener la bandeja por mí?

-Seguro, Andy. Trae acá – Lisa sostuvo la bandeja, mientras Andy se acomodaba los anteojos frente a las imágenes, hasta que se decidió- ¿Puedes decirme ahora de qué se trata todo esto?

-De algo que nunca me tomé la molestia de explicarte o enseñarte, Lisa, porque a mí me volvió loco cuando mi propio padre me enseñó.

-¿Qué?

-De las enmiendas de Terreno, Lisa –Andy sonrió- Mira las figuras. Son plantas en tierra que tienen un problema, evidente a simple vista –Tomo la pala y recogió el primer montón- Mi Padre debe haber hecho instalar algo parecido a un Cromatógrafo de Gas tras este panel para poder idear esto.

-…Debes estar bromeando, Andy…

-Para nada –Rió breve- La primera figura es una planta pequeña, con poco crecimiento, y pocas hojas. Entonces enmendamos el terreno usando nitrógeno, dos partes por cada parte de sustrato –Echó cuidadosamente la palada dentro del orificio- Ahora esperamos que el Cromatógrafo lea las trazas, y nos ponga la luz verde si estamos en lo correcto…

Se escuchó un breve rumor tras el panel del curioso acertijo, los segundos empezaron a correr, y casi al minuto exacto… La luz se puso verde.

-¡Excelente! –Andy miró la segunda figura – Ya tenemos nitrógeno, pero pude haberme excedido en la concentración –Andy apuntó con la pala a la segunda figura- la rama tiene pocas flores, pocos frutos, y son pequeños –Sacó el segundo montón de la cubierta- Entonces, agregamos Fósforo, Media parte por cada parte de sustrato, y así controlamos el exceso de nitrógeno… Vamos, otra buena, por favor…

La secuencia se repitió. El rumor tenue tras la pared, y esta vez en menos de medio minuto, la segunda luz pasó de roja a verde.

¡La última! –Andy Miró expectante a la tercera imagen- Ahora es la buena, o tendremos que empezar todo de nuevo.

-¿Qué dices?

-Lo que oyes, Hayes –Andy se puso serio- Las enmiendas son algo delicado. Si te equivocas, devolver el balance al terreno no es demasiado difícil, pero te insume tiempo y perdidas de cultivos. Un yerro siempre tiene el riesgo de partir de cero –Andy Respiró hondo- Mira la última. La raíz bajo la tierra es pobre… y sobre la superficie la planta tiene ramas débiles y quebradas. Entonces usamos Potasio. Una parte por cada parte de sustrato –Echó la última palada por el tercer orificio- Cruza los dedos, Hayes…

La luz se puso verde. El muro dejó de ronronear… Y al instante la tierra comenzó a transmitirles a través de sus pies el rumor sordo y seco de un ferrocarril muy pesado moviéndose por las vías. Todo parecía temblar a su alrededor.

-¡Atrás, Lisa, échate para atrás!

-¡Salgan de ahí ahora mismo!

Tanto los infantes de la cobertura como el Jefe y la Capitana Hayes se recogieron al sitio que consideraban seguro, es decir, donde todavía quedaban restos de la carretera del Desierto. Y con monótona lentitud, y como si se tratara de hongos gigantescos, una semicúpula se levantó desde el seco terreno al costado mismo del pequeño acceso del SIERRA… Y luego otra, y otra, y otra… a ambos lados de la destruida carretera. Cuando el ruido cesó, doce estructuras idénticas brillaban algo opacas al sol del desierto. La patrulla completa estaba con los ojos desórbitados. Un descorrido de cerrojos en la primera estructura los hizo volver sus ojos hacia ella. Lo que parecían las puertas del sitio comenzaron a abrirse.

-Bueno, Hettie –Andy lo buscó con los ojos, hasta que lo encontró- Ya no me desmayé, así que antes que se nos vaya la luz, sacudámonos los pies en el felpudo y entremos. Y qué se me hace que esto es solo la punta de Iceberg…

-OOOO-

-Que de hecho, lo era –Steinhauser puso ojos soñadores- Aquello que encontramos en ese refugio, que en justicia era como una cripta egipcia llena de pasadizos hasta a 60 metros bajo tierra en los sitios más profundos de cada bunker, sobrepasó en una sola mirada las expectativas de todo el mundo respecto de la instalación… Y las siguió sobrepasando cuando el inventario arrojó la realidad de su contenido. Dios, no sé realmente cómo le hizo mi padre.

-Ni el mío –Agregó Lisa- Nunca llegué a conocer totalmente a mi padre. Y me refiero a la persona. Al militar, al Almirante y figura política, lo llevaba ajustado al dedillo en todo cuanto hacía o decía, de cara a los medios, o encerrado a siete llaves en una sesión de consejo. Llegué a leerlo incluso cuando no me decía nada, o no contestaba mis preguntas… Pero lo del SIERRA de Crystal… Eso me dejó sentimientos encontrados, entre la sorpresa y la confusión.

-Y eso es porque el buen Donald –Dijo Andy, esta vez serio- Independiente de los pecados de su vida terrenal, era un padre que te amaba, y amaba a morir a aquellos que vivían en su corazón. Mi padre, y por extensión mi familia, estaban entre sus afectos. Era su deber intentar sacar adelante esa operación de salvataje… Pero incluso bajo esa premisa, lo que hizo él, y mi padre, lo hicieron por amor…

-¿La operación Force? –Luca todavía no se convencía, y hasta Jonathan sonrió ante la pregunta- ¿Están hablando de la Operación Force?

-Más bien te diría –Dijo Rick achicando los ojos con una media sonrisa- Que se trata del amor de dos padres… Que se exprimieron y arriesgaron más allá que cualquiera, para que sus hijos no anduvieran solos por este mundo, y que tuvieran un mundo por donde andar…

-OOOO-

Lisa volvía en helicóptero a Crystal Palace, con la urgencia que demandaba el tremendo descubrimiento "Lo que mi padre me contó, es solo un pálido reflejo de lo que tanto él como el Padre de Andy hicieron en realidad. No tengo tiempo para volver al SDF-1, pero al menos, ya que estoy en tan buenos términos con el Coronel Neil, intentaremos un puente de comunicaciones más largo que de ordinario. Esto tiene que saberlo el Almirante lo antes posible..." El viaje llegaba a los 20 o 25 minutos por tierra, y apenas 10 o 12 en helicóptero, No Obstante, su pensamiento seguía descargando electricidad intensamente en sus neuronas. La instalación de Búnkeres múltiples tenía doce refugios distintos, a diferentes profundidades, que iban de los veinte y hasta los sesenta metros de profundidad, totalmente abarrotadas, excepción hecha de los caminos interiores, a escala de un camión pesado, que se mantenían tan limpios como cabría esperar de una instalación que había permanecido sellada durante muchos meses antes y después de la Lluvia de la Muerte.

-…Dios, esto es gigantesco…

-Y por lo mismo, capitancito, ni se te ocurra cerrarlo…

-Estás frito, Jefecito –Hettie se encogió de hombros- Tendrás que explicarnos como hacer tu magia para la siguiente vez. Esto es demasiado grande, incluso para la guarnición de Crystal palace… Nadie puede custodiar este elefante blanco sin atraer la atención de los merodeadores. Y sabes mejor que nadie que una balacera a pecho descubierto suena más amarga que tras posiciones preparadas. Aunque La Jauría esté marcando baja, puede haber grupos más pequeños… Y los que queden del grupo de Weston pueden haber decidido abandonarlo y operar por su cuenta. Es demasiada gente dando vueltas por aquí. Lisa ya se fue, y quedo yo. Esto se cierra, Jefecito. ¿Algo más que agregar?

-Solo dame dos minutos, Damon –Andy, todavía parado en la entrada abierta del refugio uno, estaba meditabundo- Quiero darle una vuelta al nivel uno y vuelvo ¿Puedo?

-De acuerdo –Damon alzó los brazos- En diez minutos sobre el camión, o te quedas aquí solo, Jefecito.

-¡Diez minutos! ¡Hecho!

-¡Ya oyeron, Muchachos! ¡Recojan su ropa interior del suelo ahora! ¡Diez minutos y nos vamos!

Andy partió a paso muy rápido hacia el interior del bunker, todavía sin convencerse de que su tamaño multiplicaba por Díez o más incluso sus previsiones, a la vista de las instalaciones que todavía no se habían visitado. Aquel sitio, sin embargo, denotaba la mano escrupulosa y ordenada que había heredado de su padre. Cada sitio, cada almacenamiento de materiales, parecía llenar justamente y en la cantidad precisa, el sitio que hubiera ideado de haber estado presente junto con él "¡Santo cielo!" Andy se había detenido en una de las zonas de almacenaje, a meter la mano en un contenedor… y la había sacado rebosante de humus "Aquí solamente hay como para cuatro campos de futbol por lo menos" Todo el sitio tenía la humedad y la temperatura precisa para conservar lo que él consideraba tesoro precioso para el plan que se estaba forjando, más allá del propósito de dedicarse a curar a la tierra donde se hundían sus raíces. Cuando cerró la tapa del contenedor, no sin antes olfatearlo con delectación, algo llamó su atención al levantar la vista. Algo que en la primera visita a ese refugio todos habían pasado por alto. Un estrecho acceso, casi como un cubichete, estructura que solo se veía en algunos barcos, largo, y con una tenue luminosidad al fondo. "¿Más sorpresas? Ni siquiera pienso en lo que podría encontrar tras la puerta. Solo iré lo más rápido que pueda y de vuelta al camión" Su paso se aceleró por el estrecho pasillo, hasta llegar a lo que era en realidad una pesada escotilla a prueba de explosiones, ligeramente abierta. Tras ella la estructura de hormigón armado para disipar ondas de choque y la escala de caracol que venía a continuación, decían claramente que ese sector del refugio había sido expresamente planeado y construido para proteger a seres humanos. El ceño de Andy se endureció mientras bajaba los peldaños un nivel y medio por lo menos, hasta otra escotilla, esta vez de tamaño y peso corriente. Y al abrirla todo le gritó en la cara el drama callado, profundo y personal que unía a su familia. Era un refugio, el de sus padres, conteniendo la mayor parte de sus posesiones personales: En los escuetos muebles y paredes campeaban en ordenada escala temporal, las fotos, certificados y recuerdos que hablaban de las generaciones que su familia llevaba ligada a la tierra. En el muro principal colgaba la amarillenta y apergaminada copia del certificado de comportamiento, firmado de puño y letra del Canciller Bismark, elogiando los trabajos en la mansión familiar; fotos de la primera década del siglo veinte… Incluso tomas hechas en el campo de internación durante la segunda guerra mundial. Las fotos matrimoniales de su abuelo y de su padre… La Graduación en Annapolis de Vladek… Y sus fotos oficiales de la Secundaria y el JROTC. Andy estaba a punto de ponerse a llorar, caminando por la estancia, que recordaba vagamente la disposición de su hogar. Y al caminar a la siguiente estancia, lo vio: un espacio con una cámara de video, y un monitor. Con las entrañas congeladas por la duda, desacopló la cámara del trípode, y la conectó a la pantalla. En pocos segundos el ruido blanco dio paso a su padre, en la imagen, ajustando la cámara lo mejor que podía, y quejándose en alemán por su torpeza… Hasta que la imagen se centró correctamente en él, viéndolo respirar hondo antes de hablar…

"Veamos… Soy un poco duro con las palabras, así que intentaré ir al grano con esto, esperando que tu madre, que está un nivel más arriba, no se entere. Si estás viendo esta grabación, hijo, significa que todas las previsiones que ha tomado hasta este minuto el buen Almirante Hayes han fallado, y ni yo ni tu madre conseguimos volver a este refugio que tratamos que fuera lo más parecido al hogar que Linda y yo construimos durante tanto tiempo para nosotros, para tu hermano y para tí…"

Andy comenzó a llorar sin sollozos, las lágrimas rodando con despacioso respeto por sus mejillas.

"Todo lo que solo supongo has podido ver solo en este único refugio, es el legado del Almirante y el mío propio. Al poco tiempo de que nos llegara tu última carta desde Alaska, el Almirante Hayes en persona vino a tocar nuestra puerta para hablar conmigo…"

Andy puso las manos sobre los bordes de la pantalla, ahora incrédulo ante la confesión de su padre.

"… y proponerme asesorar esta construcción para llenarla con lo que considerara necesario para hacerle un reinicio natural a nuestro planeta. Fue duro negociar con él, pero conseguí que me dejara trabajar en paralelo con el negocio familiar, convenciéndolo de que era la mejor manera de conservar el sigilo y la confidencialidad que buscaba de mí. Menos de un año supervisando la construcción de los refugios, cuando los canales de noticias se llenaron de rumores de movimiento militar e insurrección en el Pacífico, y a tí parecía haberte tragado el mar. Dos horas después que llegara la nota oficial de tu muerte en acción, cuando todavía seguíamos abrazados con tu madre, sin poder secarnos las lágrimas, vino el Almirante en persona a contarnos la verdad. Estabas vivo, a millones de kilómetros de nosotros, en una ubicación en el espacio que, aunque hubiera podido decirnos cuál era, no íbamos a entender. Así de grande parecía ser la situación. Nos pidió que siguiéramos adelante con mayor rapidez que antes, y tu madre y yo nos pusimos codo a codo con el trabajo y uniéndonos todavía más si cabe, por tí más que por nosotros mismos…"

Andy sonrió a la pantalla, como si lo hiciera ante su padre de cuerpo presente, y a su muy presente tozudez y empuje.

"…Ese mismo día me contó lo que realmente se proponía, algo mucho, pero mucho más grande que un mero banco de semillas… Y que no había pensado en nadie sino en mí, en quien depositaba su confianza desde aquél rosal que monté en tu compañía en su mansión de Woodland, para echarla a andar. Era un trabajo inmenso… Por lo mismo, tu ausencia era el pretexto perfecto. Cerré contratos, la jardinería y el vivero, y comencé a, supuestamente, vivir de la pena y los ahorros con tu madre, mientras me metía de cabeza en la construcción y los ajustes de diseño de los refugios al costado de la carretera que va a Carrizo. El Almirante Hayes ideaba, proponía y mandaba, y yo lo aterrizaba en mi experiencia y consejo. En menos de tres años pasamos de un solo bunker climatizado, a doce en total, llenos de cosas de tecnología que te soy sincero, sé qué hacen, pero ni idea del cómo. Lo que quiero que entiendas, es que este salvamento, si se hace realmente necesario, lo hice por tí, por tu legado, por tu seguridad… Por la nieta hermosa que nos diste y que nos enteramos hace solo un día que existe… Por ese futuro que quería asegurar, pensando en que un día una nieta mía andaría por este planeta, acepté este encargo. No me equivoqué contigo, y no me equivoqué con esto. En este refugio, del que esta habitación forma parte, reposa la parte más orgánica y natural de todo el salvamento. En sus diferentes niveles irás encontrando todos los materiales necesarios para iniciar una zona de recuperación natural en caso de desastre, un corazón palpitante de potencia vegetal, un sitio donde puedas aplicar todo lo que tu apellido te legó, todo lo que te he enseñado…"

Andy movía la cabeza, incrédulo, emocionado, sonriente y moviendo la cabeza, a medida que su padre detallaba a grandes rasgos, todo el contenido, las variedades y peculiaridades del inventario del refugio. Luego se quedó en silencio.

"…Es por eso que el acertijo, que si ves esto sé que resolviste, abre este refugio en primer término, pero también todos los demás… Eso es lo que puedo contarte. La consola principal, que maneja las variables de los doce refugios, contiene toda la información e instrucciones para operar con su contenido. Una comunicación directa del Almirante durante la noche anterior, nos movilizó con urgencia hacia el refugio, pero no ha pasado nada de nada. Y tu madre, que me espera arriba, está desesperada por recuperar tus cosas, y alerta o no, no voy a convencerla de que se quede aquí. Intentaré apresurarme todo lo que pueda, pero si no lo logramos… Nuestro amor y nuestro legado eres tú, hijo… Te amamos con todo el corazón…"

Su padre salió de imagen con un apagado "¡Ya voy, Cariño!" y luego de un tremolo del lente, la grabación se cortó. Andy agachó la cabeza "Mi padre y mi madre comprendieron al final que no alcanzaban a volver… que no se salvaban por mucho que intentaran… y salieron juntos luego de asegurar la camioneta, juntos al encuentro de su eternidad… Y la camioneta salvó a Danny y a mi espadín, porque Dios sabe que yo necesitaba saber lo que hicieron para trascender en mí, en Joni, en Lizzie… Dios, Papá… Mamá… Los amo en la eternidad…Hallaron la paz junto a mi hermano… Hasta que nos volvamos a encontrar…" Se secó las lágrimas con las manos lo mejor que pudo. A punto de salir de la estancia principal y escaleras arriba, una caja pequeña lo sorprendió en la pequeña mesa al centro de la sala. En su cara visible solo rezaba "Nieta Steinhauser". Tomándola con las manos algo temblorosas, la abrió… Y al instante los ojos se le aguaron a marchas forzadas. Su padre incluso se había anticipado al hecho de que su servicio le iba a impedir cultivar la rosa negra de su descendencia… Y había trabajado cuidadosamente el bulbo que le correspondía en derecho a su nieta… Cerrando la caja con gran respeto, volvió a secar sus lágrimas, y salió de la habitación.

-OOOO-

-Eso era la Operación Force –Andy se irguió orgulloso en el sofá, y su esposa lo miró con ojos brillantes y satisfechos- O al menos, la parte decisiva que funcionó. Fue idea de tu padre, Hermanita, y a Dios agradezco que decidiera empujarla en el momento justo. Pero fue mi Padre y la misteriosa conciencia exacta de lo que habría de necesitarse para partir de cero, lo que realmente le dio sustrato, abono y potencia al valor de ese rescate.

-El que lo pasó peor sin duda fue el entonces Capitán Hettie –Apuntó Lisa- Aquel Mega Refugio, por mucho que lo quisiéramos, desbordó de una manera que no pueden imaginarse nuestros recursos. No eran pocos, pero si finitos. El Almirante fue claro ni bien pude hablar con él durante esa mañana: Una columna de camiones por 650 kilómetros desde Fort Worth era una gota en el océano. En ese mismo minuto Gloval canceló todo, y se dispuso a reagrupar sus fuerzas. Los planes para rebasar la frontera mexicana se archivaron sin fecha de ejecución. Y todo el poderío aéreo y logístico que pudo reunir con la urgencia de rescatar ese tesoro intacto fue puesto en manos del Capitán…

-Que como un director de orquesta, o el mejor de mis Handler bajo cubierta, organizó todo como una seda –Andy se rió- Aquello demostró no solo cuanto confiábamos en él quienes lo conocíamos, sino que le dio un sopapo al escalafón de los Marines que hizo un ruido de los demonios en el Estado Mayor… Damon casi perdió el pelo en ese rescate, pero si hubo cinco abolladuras en todo ese inmenso material, estaría pecando de exagerado…

-¿Y dónde quedo yo, eh? –Rick protestó a la broma- Era un piloto de circo… Con el Puesto de SCAG, sin tener un ápice de formación en planeamiento militar… Guiar escuadrones en medio de los disparos es una cosa, y planear un despliegue aéreo, con tiempos, cargas de armamento, horarios, tipos de misiones, salidas, relevos, reabastecimientos, era algo totalmente distinto. De no haber sido por Connie, me hubiera vuelto loco.

-Pero entre tú y Hettie dieron un golpe a la cátedra que todavía resuena a pesar de los años, Almirante –Andy lo miró a los ojos- Sé, porque tuve una muy buena espía en la Academia Superior Naval, que el rescate del SIERRA Crystal todavía se estudia ahí como en la Escuela Superior de la RDF, analizado como un modelo casi perfecto de planeación logística balanceada con el despliegue militar, ubicación de unidades y de abastecimientos sobre el terreno, con la mayor efectividad de combate y disponibilidad de suministros. No por nada al poco tiempo Damon ascendió a Mayor, Connie llegó a Capitán de Fragata, y Tú, Hunter, llegaste a Capitán de Grado Menor sin que a Lisa le diera un infarto.

-Estee… -Jonathan trató de interrumpir lo menos posible- Creo entender que todo ese material rescatado, era principalmente la tecnología Robotech para descontaminar y recuperar terrenos. El mismo material que el Doctor Lang utilizó para crear la Zona de Recuperación Natural al Sur-sureste de Macross, la que fue extendiendo en todas direcciones a medida que daba resultado…

-En algo tienes razón –Apuntó Joni con una sonrisa- Y no seas tan tímido, Jonathan, cenaste con nosotros, de una forma o de otra también eres familia por mi querido pero descocado Connie, así que puedes disparar cuanto quieras, que a esta altura del partido ya reescribimos los libros de texto hasta la preescolar…

La salida de Joni se cubrió de risas, mientras el Señor S levantaba las manos.

-De acuerdo a los libros que acabamos de reescribir –Andy se rió- Tienes la razón, Jonathan. Emil Lang le saco un rendimiento y provecho asombrosos a todo lo que contenían los refugios, que era mucho, pero muchísimo más masivo de lo que cualquier texto histórico pueda llegar a desmenuzar.

-Pero el principal activo de la Zona de Recuperación Natural, como llegó a llamársele –Apuntó Joni- Todavía tenía que ponerse en marcha, por lo que había una conversación pendiente con una persona muy especial para mí…

-OOOO-

Los aviones habían seguido llegando por diez días completos luego de su regreso al SDF-1. Aviones de todos los tamaños y formas, aviones que habían llegado desde bases apartadas pero en comunicación constante con la Fortaleza Espacial, aviones que hicieron mucho más de un viaje para traer un tesoro al parecer, inacabable. De hecho Tinoco, Flake, Wilkins y otros Tigres veteranos, se quejaban amargamente fuera de la vista de Andy "Como nunca le calentaron las orejas al Jefe por el espacio vacío y nadie dijo nada… Ahora lo recompensan con tierra vegetal, y todo el mundo pierde la cabeza" Andy, que como nadie sabía tomarle el pulso a su gente, solo se reía y movía a su gente a todo lo que daba su capacidad para buscar un lugar protegido, fresco y seco para toda aquella parafernalia que no paraba de llegar. Solo una inquietud le rondaba la cabeza: En el video, su padre establecía claramente que él era la llave y el medio por el que todo aquello iba a tomar forma. Su mente lo llevaba sin transiciones al tiempo de la primera niñez, a su infancia, a su adolescencia… a las lecciones que sin pausa su padre le fue dando, no solo de jardinería, sino de naturaleza, de ecosistema, de la paciente y silenciosa labor por la tierra, para curarla, repararla, darle nuevo vigor y equilibrio… Entonces entendió que no era, ni nunca fue un mero espectador, ni menos un nudo aislado y restringido a los materiales que ya estaba reuniendo para levantar de nuevo su vivero en la mínima parte que había logrado rescatar del precario trazado de la Plaza Macross.

-Cielo…

-Dime, Andy.

-¿Estaría bien o mal que yo fuera a hablar con Lang?

Joni se acomodó en el sofá de la casa, sosteniendo la taza, esta vez de té, entre las manos. Conocía la respuesta, tenía su mente clara al respecto. Pero no iba a hacer nada para inclinar la balanza en la mente de su esposo: El climax de la guerra había quedado atrás, la ductilidad y resiliencia de los habitantes de Macross estaba sobradamente probada, y la inquebrantable decisión de Emmeline Gantry no conocía obstáculo: La Escuela de Macross iba a ser prontamente reabierta, y ello implicaba que el tiempo valioso pasado viendo crecer a Lizzie iba a tocar a su fin, volviendo a la Guardería Central, y ella a levantar su salón desde cero para comenzar a normalizar su vida como maestra. Solo faltaba su esposo en el escenario, decidiendo más por él y su vocación primaria que como cabeza de familia.

-Creo que deberías hablar con él lo antes posible, grandote.

-¿Es en serio, cubanita?

-Lo es -Joni se giró un poco para verlo a los ojos- Mira, lloramos juntos en su momento, porque me tocó la pena en el corazón el saber que la incógnita de tus padres quedó al fin resuelta, aunque llena de dolor. Mi hija no conocerá a ninguno de sus abuelos porque no están en este mundo. Pero tiene un mundo, y nos tiene a nosotros trabajando por él, cada cual a su manera. Como su abuelo Steinhauser, que trabajó sin descanso para que ella tuviera la oportunidad de verlo como sus ojos lo vieron.

-¿Entonces?

-Tú lo dijiste, yo lo estoy diciendo, pero la clave, cabeza de adoquín, es que te lo admitas tú. Reconstruir tu vivero es demasiado restringido siendo que puedes y debes hacer mucho más, Andy… Mira. Tú sabes bien lo que tienes que hacer. Yo no quiero intervenir más que lo estrictamente necesario, pero solo te diré esto: Soy tu esposa, y no necesito recordar nuestros votos. Haz lo que tengas que hacer, que ni yo ni nuestra hija vamos a faltar si realmente nos necesitas. Anda, ve.

-De acuerdo… -Andy respiró hondo y aliviado, y Joni le sonrió- Mañana en cuanto pueda me acercaré hasta él.

Como si los hados se hubieran puesto de acuerdo en ese preciso momento y lugar, seis horas y media más tarde, cuando Andy estaba por pasar a la cubierta interior para liberar al nocturno y poner en pie al Turno-1 para el relevo de patrullajes, la figura circunspecta y de ojos brillantes de Emil Lang le esperaba al final el canal de la esclusa.

-¿Doctor Lang?

-No soy tan famoso como algunos creen a bordo, Jefe Steinhauser –Lang estiró sus labios en su característico rictus de sonrisa- Usted me supera por mucho, pero no es por famas personales que estoy aquí. Necesito hablar con usted ¿Puede darme un minuto al menos? No quiero interrumpir sus obligaciones.

-Con todo respeto, Doctor Lang –Andy inspiró hondo y su mano de cuatro dedos apretó con fuerza el casco de cubierta- Tal vez sea yo quien tiene todavía más que conversar con usted. Y cuatro palabras aquí en el canal, no le van a bastar a usted, ni me van a bastar a mí… ¿Le parece en el fin de la media parada? Debo inspeccionar los turnos de tierra en la Base Prometheus. Es odioso para mí bajar a tierra, pero puedo darme una pausa suficiente para poner todo en claro como sé que lo está pensando, y como yo sé que lo estoy pensando.

-¿A mediodía entonces?

-A mediodía, Doctor. Venga al hangar uno en la primera losa de rodaje. Ahí puedo recibirlo en un espacio un poco más mío a pesar de ser tierra.

-Lo veré ahí, Jefe –Lang inclinó la cabeza, y luego dio media vuelta para retirarse, con las manos enlazadas a su espalda- No falte.

-Ahí estaré, Doctor –Andy se giró poniéndose el casco- Sin falta.

Seis horas y minutos más tarde, cuando Andy entró en el seco y espartano despacho que ocupaba poquísimas veces en la base, al punto que el mobiliario escaso que había en ese espacio ni siquiera tenía marcas apreciables de desgaste, Ya Lang lo esperaba, correctamente sentado en la silla de cortesía frente a su pequeño escritorio. Sacándose el casco y dejando las balizas bajo la pantalla de su ordenador, se sentó con un suave quejido para poner su pensamiento en claro delante de su interlocutor.

-Y bien, Doctor –Andy lo miró a los ojos- Cuénteme qué lo trae por acá

-Seré sincero, Jefe –Lang se echó hacia adelante en la silla- Tanto como usted supone, por la parte importante que jugó en el descubrimiento y rescate del SIERRA Crystal City. Soy un científico, y me baso en hechos incontrovertibles que propulsen y mejoren tecnologías probadas, tratando en ese tanteo de encontrar la solución correcta a cada problema que se suscita. Robotech es una gran y poderosa herramienta que nos ayuda mucho más allá de la simple maquinaria de guerra, a la que lamentablemente se han dedicado incluso más esfuerzos de los que alguien como yo podría tolerar. Pero el descubrimiento del refugio en su pueblo natal, Jefe, me ha metido, sin yo pedirlo o quererlo, en un problema de proporciones monumentales.

-¿Tanto así, Doctor? –Andy se sorprendió del tono sincero teñido de sorpresa de Lang, que solía ser monótono incluso en situaciones de gran tensión- ¿Quiere mi ayuda? ¿Es eso?

-En pocas palabras, sí, Jefe. Necesito su ayuda.

-Ha sido mi intención ayudarle desde el principio, Doctor –Andy se sinceró- Y creo tener una idea del porqué.

-Por favor, Jefe –Lang extendió su izquierda suavemente delante de los ojos de Andy- Le escucho.

-No tengo más que la preparación elemental para la vida, Doctor –Andy fue derecho al grano- Porque elegí la Naval en vez de la Universidad. No lo alcanzo hoy ni aunque me dedicara los años que me quedan a estudiar lo que usted sabe por pura intuición. Pero cuando meto las manos en la tierra, deben quedar muy pocos en este pobre planeta castigado con las suficientes medallas para igualarme. Tiene ahora dos contenidos fundamentales de los refugios, ya que lo sé por haber estado ahí, y por mi padre: Tecnología que aportó el Almirante Hayes y los cerebros de la Base Alaska, sin duda compañeros suyos. Y el acervo natural ecológicamente balanceado y precisamente interrelacionado que reunió mi padre. Las máquinas son su dominio, y sabe exactamente qué hacer con ellas… Con lo segundo no tiene la menor idea de cómo hacerlo funcionar, porque la tierra vegetal, Doctor Lang, lamentablemente no tiene botones visibles como usted los conoce, aunque yo sepa que están sin verlos realmente.

-No pudo haber sido más gráfico, Jefe Steinhauser –Cosa rara en él, Lang se echó contra el respaldo de la silla con gesto satisfecho- Entonces, en el entendido de que preguntarle de más es un gasto de palabras ¿Cuándo puede empezar a trabajar con nosotros? Usted hará lo que sabe con la tierra y las plantas, mientras yo me dedico a la tecnología…

-Epa, Doctor –Andy alzó la mano suavemente- que las prisas matan… Esto no son dos caminos que discurren separados, sino que es una ruta muy estrechamente entrelazada…

-¿A qué se refiere, Jefe?

-Usted, Doctor, tiene la cabeza, la tecnología –Apuntó Andy mientras trazaba líneas sobre una hoja blanca que había sacado de un montón en su escritorio- Yo tengo el conocimiento que mi familia volcó sin cuartel ni piedad en poco más de un siglo de convivencia con las particularidades de la madre naturaleza. Usted no puede hacer esto solo, y yo, por más ciencia que mi legado haya metido entre mis manos y cabeza, tampoco puedo solo.

Andy, que no le había dado paz al bolígrafo mientras hablaba con Lang, extendió el resultado de sus dibujos delante de sus ojos. El Doctor dio un muy ostensible respingo al darse cuenta de lo que aquel curioso jardinero metido a soldado, o viceversa, le estaba proponiendo.

-¿Es eso entonces? –Lang todavía estaba sorprendido cuando sacó la voz- ¿Eso es lo que usted quiere, jefe?

-Tal como lo ve, Doctor Lang –Andy lo miró a los ojos sin dejar de exhibir el dibujo- Mire… Ni Dios altísimo partió nada sin hacer un corazón… Desde el Jardín del Edén hasta Adán. Por eso esta es mi idea. En vez de andar repartiendo maquinarias a lo loco, con demasiado terreno por cubrir… Haremos un corazón. Le meteremos toda su tecnología para descontaminar y hacer habitable lo que allí vamos a sembrar. Descontaminaremos aguas, crearemos cursos de agua… No haremos un parque, sino que le daremos un empujoncito a la Madre Tierra para que tenga por donde respirar… Plantaremos semillas, así… como las aerivagantes… y más…

Cuando Andy terminó de hablar, 45 minutos más tarde, Lang estaba definitivamente asombrado: Sus técnicos y científicos Robotech le habían hablado en más de una conferencia, de rendimientos, de alcances, de terrenos a cubrir… Andy, de una sola vez, y en menos tiempo, le había dado una clave demasiado básica para ser pasada por alto. Se trataba de ayudar al planeta a resurgir, no a hacer la tarea por él. No se trataba de andar a medias y cojeando con cuatro cuadrantes y kilómetros cuadrados de extensión inacabable de tareas… Sino de uno solo, trabajado como solo un conservador e inteligente hombre de la tierra podía hacerlo. Desde adentro hacia afuera… Desde el corazón a todo el resto del cuerpo.

-…Jefe… -Lang suspiró tan audiblemente que hasta Andy se sobresaltó- Me ha convencido. Digame donde quiere partir, y desde allí lo haremos como usted nos diga que se debe hacer…

-Un Corazón sin sangre es un corazón muerto, Doctor Lang –Andy volvió a alzar el dibujo frente a la vista de Lang- Así que nos centraremos en lo básico: Dividiremos, con Nueva Macross como centro, el territorio abarcable en cuatro cuadrantes a su alrededor: Noreste, sureste, noroeste y suroeste. Los últimos tres solo serán barbecho en la medida de lo posible: rascar la tierra lo más profundo que se pueda, retirar lo contaminado y dejar que el sol y el agua hagan el resto para que respire.

-¿Barbecho? ¿Agua? – Tal vez por primera y única vez en su vida, Emil Lang sintió que lo que le hablaban era un idioma incomprensible- ¿Respirar? ¿Y qué pasa con el cuadrante noreste? –Lang se atiborró. Riendo por dentro, Andy lo contempló pasando el dedo por la orilla del cuello de su guerrera- Vamos demasiado rápido, Jefe. De acuerdo, ya está a bordo, pero deberá normalizar cuanto antes su situación militar para que yo pueda admitirlo sin rozar a ninguna insignia ni generar una disputa. ¿De acuerdo?

-De acuerdo, Doctor –Andy se puso de pie y extendió su derecha. Lang, sin comentario adicional, le estrechó la mano- Ya estoy dentro.

Caía el sol de un día agitado. Claudia Grant estaba a punto de dejar sus labores diarias como asistente personal del Almirante Gloval, cuando un Marino del MNG la alcanzó, corriendo agitado casi hasta la falta de aire.

-Para el Almirante, Señora.

-¿A esta hora, Tripulante?

-El Contralmirante Burnett me pidió que lo trajera hoy mismo, Comandante.

-Las malas noticias siempre llegan primero –Grant habló para sí misma mientras comenzaba a abrir la nota oficial que venía con el legajo- No pierda tiempo, Tripulante, algunos pueden descansar, y ahora le toca a usted. Puede continuar.

-¡A su orden, Comandante!

El marino se retiraba a la carrera, cuando Claudia había logrado leer la nota en toda su extensión; Se tapó la boca con la mano libre, y comenzó a caminar, casi corriendo, hacia el despacho del Almirante.

-¿Claudia? –Gloval levantó la vista en cuanto sintió abrirse la puerta del despacho- Creí haberle dicho…

-Lo siento, Señor –Claudia fue al grano- Me pidió que lo interrumpiera a cualquier hora si esto pasaba… Ya llegó…

-¿Ya?

-Sí, Señor.

Sin más comentario, Claudia caminó hacia el escritorio del Almirante, y depositó legajo y nota bajo sus ojos. Gloval sonrió apenas con benevolencia. Había estado esperando el documento que ahora descansaba sobre la carpeta. Sabía que iba a venir, sabía cómo, y sabía de quien. También sabía que era el único documento de esa clase que iba a firmar, no solo sin reparos, sino con toda la fe del mundo. "CMC., RDFN Andrew Paul Steinhauser Stachowiak, Solicitud de Baja temporal a la Línea de Vuelo Aprobada. Recomisión solicitada al Departamento Científico Robotech, Doctor Emil Lang. Solicito refrendar lo obrado. RADM Jacob Burnett, RDFN, MNG" Gloval abrió la carpeta que contenía el legajo: El historial militar completo del Contramaestre en Jefe Andrew Steinhauser. Minuta escueta y fría, contenía las suficientes páginas como para ser considerado un archivo personal de novato. Pero ellos eran jóvenes, la crueldad impiadosa de la guerra interestelar los había golpeado con una furia tan arrolladora que casi no habían tenido tiempo de reaccionar, de adaptarse, de defenderse, hasta que hubo el suficiente espacio de reflexionar proactivamente su situación para atacar. Habían sido, en escala terrestre, seis años de guerra condensados a sangre y fuego en solo unos pocos meses. E incluso en esas pocas hojas, la secuencia de los hechos hablaba elocuentemente de la historia de esfuerzo y triunfo del Jefe sobre su carrera, sus logros, sus condecoraciones, sus heridas, su convalecencia, su baja, y su reincorporación "Ya es un hombre hecho y derecho. Esposo y padre, Especialista de cubierta, suboficial, veterano de guerra, Sin tener las estrellas de un Teniente o las barras de un Capitán, manda a los Tigres como si fuera un General… Y Tiene solo 22 años. Así y todo, por debajo del uniforme y las cintas de las medallas, sigue habiendo un jardinero. Y hoy más que nunca se necesita de un hombre como él… Uno que le hable en susurros a la Tierra, para sacarla de su dolor y su letargo con el calor de sus manos, recordándole que sigue viva y vivirá pese a la fuerza de las armas…" Cuando llegó a la Última hoja, el documento oficial de solicitud de baja temporal y recomisión, Gloval tomó la pluma, y firmó refrendando el documento sin una sola vacilación. Una mano torneada y una manga verde aparecieron entonces frente a sus ojos, poniendo delicada pero firmemente el sello de almirantazgo.

-¿Ahora sí va en serio, Almirante?

-Pues ahora sí, Claudia –Gloval se echó la gorra un poco hacia atrás- Ahora sé que hay un Dios en el Cielo. Uno que la tendrá difícil para saber si lo que el Jardinero de la Naval está haciendo en la superficie, es o no su Jardín del Edén. Ahora sí, Claudia. Ahora sí tenemos una verdadera reconstrucción.

-OOOO-

-¿Es ese usted, Señor S? -Jonathan se había quedado tan impresionado por el relato, que en cuanto una fotografía de la cercana galería, dentro de la misma sala, llamó su atención, se acercó casi con reverencia hasta ella, mirando sin decidirse todavía, hasta que sacó la voz- de lejos no me lo parecía, pero ahora…

-Si soy yo, Jonathan -El Señor Steinhauser se tocó levemente el pecho. Su esposa, Lisa y Rick trataron de dejarlo pasar como mejor pudieron. Él solo miro a los ojos a Joni, y bajando la mano, la posó sobre las de ella. Su esposa se tranquilizó- el estrambótico sombrero de paja que me ves en la cabeza fue un viejo traste del todavía más viejo Acapulco, que el Charro Tinoco guardaba entre sus cosas como si se tratara del Santo Grial "Si no te cubres esa sesera, quedarás un chingo más negro que una cucaracha, mano" Fue lo que me dijo mientras me lo encasquetaba hasta las orejas, Así que amistad mediante, me dije a mi mismo que ese iba a ser por largo tiempo el único casco que yo iba a usar. De modo que me lo quedé sin protestar.

-Tratar de devolver un regalo es un insulto para un latino, chicos -Apuntó Lisa- Yo aprendí por prueba y error.

La foto la tomó Hermanita esta vez, antes de mi partida al cuadrante Noreste -Recordó el Señor Steinhauser- en lo que había alcanzado a avanzar con mi minúsculo vivero en la Plaza Central de Nueva Macross. Iba a estar tan lejos, y temí tanto por su destino, que sin vacilar se lo encargué. Ella era feliz con su pequeño cachivache acristalado, y yo sufría por no haberlo podido poner más en forma antes de irme.

-¿Irse? -Esta vez fue luca el de la interrogante. Jonathan aplaudía en el corazón al darse cuenta que una nueva carretada de revelaciones iba a agregarse a su material, dando forma paulatina a la idea que se le había ocurrido antes de llegar siquiera a la mitad de aquel recorrido de recuerdos inéditos- ¿Adonde?

-A plantar su corazón, chicos -Joni sonrió al darse cuenta que su respuesta poco le aclaró a Bron- Si recuerdas bien, Andy le dijo al Doctor Lang…

-...El Cuadrante Noreste… -Soltó Bron, como si hubiera encontrado la raíz de la existencia humana- Se fue solo a trabajar al Cuadrante Noreste.

-Bueno… -Andy asintió a medias- En estricto rigor, partí solo ese día, pero materialmente, nunca lo estuve. Los equipos de Lang ya llevaban ahí casi una semana, haciendo un embrollo de órdago hasta que llegué yo para ordenarlo. La mayoría de los historiadores le dan el crédito a Lang, y no me molesta. El cuadrante Sureste era y es una maravilla y su obra… pero el corazón estaba conmigo, al Noreste. Y desde el principio ahí es donde me fui.

-Y yo -Completó Joni- Tuve que recordar que me había casado con un Marino. Viví sobre la tienda tanto tiempo, que casi había olvidado como se funcionaba en Modo Crucero.

-Y yo -Terció Lisa- Tuve que aprender a vivir sin el consejo sano, aunque un poco brusco y directo de mi hermanito.

-Y yo -Rick sonrió moviendo la cabeza- Tuve que pagar el precio de no conocer el valor de un beso. Dios, que falta me hiciste, atormentador…

-Así es -Completó el Señor Steinhauser- Todos tuvieron que enfrentarse a sus demonios personales en el momento en que partí. La Familia crujió y se cuarteó. Pero nunca se quebró. Yo también tuve que enfrentar los míos. Pero Dios tiene pícaras y creativas formas de hacerte saber que no estás solo. Yo las encontré en aquel terreno sembrado de cráteres y restos que me demostró sin lugar a dudas, que la Tierra seguía viva, y que solo había que poner la oreja quieta sobre el silencio del terreno para oírla respirar…

-OOOO-

Habia sido una de las despedidas más duras en su vida. Sin posible paralelo con aquella gris y llena de presagios antes de la batalla final por la tierra, o la de sus padres en la parada de autobuses de Crystal, pero despedida sin lugar a dudas, una dura y decisiva que, al igual que todas las otras, lo dividía exactamente por la mitad, entre el desafío de dar lo mejor de sí en aquellas cosas que dominaba y conocía, y el tener que hacerlo dejando atrás a los depositarios de su cariño más sincero "No por nada quebramos la regla fundamental anoche con Joni… el tiempo de la despedida, de esas que dejan huella en uno, no importa los meses que pasen, es algo que no dejamos pasar. Como me dijo ella alguna vez "Voy a dejarte tan marcado por el recuerdo, que cuando recién sientas que esa marca se entibia, ya vas a estar de vuelta con nosotros" Y así y todo, cubierta la formalidad, trajimos a Lizzie a nuestra cama, para ser familia bajo las mismas sábanas, a sabiendas que el tiempo iba a ser largo hasta volvernos a ver"

El Camión de la Naval se puso en marcha rumbo a la Base aeroespacial, trecho corto pero necesario por la cantidad de cosas personales que se llevaba para volver espacio suyo su futuro asentamiento en el Cuadrante Noreste. Andy sonrió: El gesto pocas veces visto de Lisa, de abrazarlo con fuerza y pedirle que se cuidara, vino a ser como la guinda de la torta luego de los abrazos y besos de su hija, y los besos, abrazos y bendiciones Católicas y Yorubas de su esposa. Pero las ganas de comenzar a trabajar eran tan intensas como el sentimiento del adiós temporal. "No por nada mi padre me advirtió que tarde o temprano algo como esto me iba a pasar, cuando me contó que mi familia era una especie de perro perdiguero del mundo de la jardinería, siempre venteando a la presa, siempre buscando un desafío mayor que el anterior para encarar. Me siento como una bala en la recámara de un fusil, lista para dispararse a la menor presión del gatillo. Cultivar rosas de altísima calidad como los Terciopelos Rojos en medio del desierto resultó ser un desafío no menor para mi padre, y que hubiera convertido el vivero de la familia en el único sitio a muchas millas a la redonda ¡a ambos lados de la frontera! donde se los encontraba, frescos y olorosos como si vinieran de los jardines de St. james… Sí, esa es la clase de desafíos que no solo no nos asustan, sino que nos gustan..."

¿Y qué pedo, canijo? ¿Te vas en misión o tu vieja te cantó el último corrido?

Al costado del Sea Sergeant, uno muy conocido por él, y más todavía al ver asomar el rostro y el saludo de Pete Rossetti por la ventanilla del piloto, le esperaban sus tigres más viejos: Tinoco, Wilkins, Flake, Kunstler, Estévez, Kano, Botero y varios otros… Quienes ni siquiera le saludaron, sino que pusieron manos a la obra sin dilación para estibar correctamente la nave con sus cosas…

-Me voy en misión, Culeros del Demonio, y aunque allá no haya aviones, sigo siendo su jefe, mentecatos… Y pobre que la chingues, vato, que no me cuesta nada devolverme a madrearte –Andy le sonrió afiladamente a Tinoco, y se unió a la descarga sin perder un segundo.

-¡A poco te entregué mal la cubierta, guey! –Tinoco relinchó salvajemente al decirlo- Tendría que estar mal de la cabeza para hacer cosa semejante. Ni Mi Chata mandándome a dormir a la alfombra de la sala se aproxima a lo que me pasaría contigo ¡Ni muerto ni enterrado!

-…Me alegro…Chingón…

-¡Andiamo, andiamo! -Pete y su temperamento italiano cortaron bruscamente el momento- ¡Está bien que sea tu transporte, Jefe! ¡Pero no soy tu Taxi! ¡Sube tu inexistente trasero de una vez y vámonos de aquí, Per la Madonna!

El Sea Sergeant estaba cargado. Los Tigres se pusieron firmes delante de él. Y Andy sintió palpablemente cómo iba cambiando el mundo con cada paso que lo acercaba a la escotilla abierta del helicóptero. Se giró y les devolvió el saludo justo antes de subir.

-Esto es solo una pausa temporal, Tigres. No hagan enojar a mi Hermanita y todo irá bien…

-Entendemos, Jefe –Los parabienes se enredaron en labios de sus hombres- Buen viaje.

El helicóptero se elevó, y tomando altura, enfiló perezosamente hacia el noreste. A Tinoco el cielo abierto en esa dirección, le sonó a revelación "A la virgencita de Guadalupe te encomiendo, Gringo… Y a ella le pido que no pase nada de nada… Que si llegamos a tener que irte a buscar… que no me lo quiero ni imaginar"

-OOOO-

A cualquier otro, el paisaje desde lo alto, bien sujeto al borde de la escotilla del Sea Sergeant, pudo haberle parecido lo más feo y deprimente de toda la tierra, pero a Andy, a medida que los minutos pasaban, comenzaban a brotarle como un sudor agradable, todo el conocimiento y el carácter inatacable por el desaliento de un verdadero Jardinero, hortelano y hombre de la tierra por sobre todas las cosas "Está acristalado, es cierto, pero hay pocos impactos y chatarra, y lo que la gente del Doctor ya ha hecho, aunque un poco desordenadamente, está bien. No estuvo mal elegido venir aquí a tratar de hacer latir el corazón..." Su ojo, paulatinamente acostumbrado a echar una mirada de conjunto como jardinero, no le dio un mal veredicto a la vista de lo que debería llevar adelante siquiera antes de lanzar la primera semilla por el aire para caer donde bien quisiera. El polvo abrillantado de la tierra cristalizada se levantó un poco, empujado por los rotores del helicóptero al posarse. Sin amilanarse siquiera, se encasquetó el sombrero de paja, y silenciosamente comenzó a bajar sus pertenencias.

-¿Jefe Steinhauser? -La voz un poco docta para ser la de un hombre sobre el terreno le sacó una sonrisa a cubierto de su enorme cuerpo a Steinhauser- Porque ¿Es usted, Jefe Steinhauser, verdad?

-Los del Laboratorio Robotech son los menos afectos a la disciplina militar que conozco -Respondió él, sin todavía darle la cara, evitando cortésmente que se le notara el sarcasmo- Pero sí, soy yo. Aunque estoy de baja temporal ahora. Puede Llamarme por mi apellido o decirme Andy. No soy extraordinariamente afecto a usar mi grado si no tengo que hacerlo.

-¡Menos mal! -el hombre se acercó y extendió la mano- Soy Walter Larrondo, Asistente del Doctor Lang para este trabajo de campo. Gusto en conocerlo personalmente, Señor Steinhauser.

-¿Larrondo? -Andy sonrió y se giró para darle la mano- Entonces eres de la cofradía, ¿no es así?

-Efectivamente, Señor Steinhauser, pero no juego tan al sur como su esposa -Larrondo sonrió- Mis abuelos, si es que todavía existen, son de Paraguay. Yo me vine más al norte con mis padres, y aquí me tiene…

Andy se sintió todavía más agradado. El contacto con la frontera mexicana, su esposa, y todos los hispanohablantes que había conocido desde que entrara a la Naval, lo habían vuelto cada vez más identificado con la cultura latina, lo que había aparcado, al menos en la vida cotidiana, rasgos culturales muy profundos tanto como inmigrante de tercera generación y estadounidense por añadidura. Adicionalmente, La cofradía (Un invento nostálgico del Beto Canalla) Era el grupito cerrado, y casi exclusivo, que aglutinaba a bordo a todos los nativos o con sus raíces y sangre en las tierras del sur. Allí había notorios personajes que habían sido habitués del Canalla desde antes del inicio de la guerra: Su esposa, Dos Santos, del LSO del Prometheus, el mismo Larrondo, y varios otros, que compartían sus experiencias, y la botella de lo que tuvieran más a mano, entendiéndose en español lejos del Spanglish de los Fronterizos, como llamaban cordialmente y sin ánimo de segregación, a los mexicanos y centroamericanos que eran mayoría dentro de los hispanos que servían y sirvieron en el SDF-1.

-Bueno, Larrondo, ya que te tengo, necesito transportación, y otro par de manos, si no fuera mucha la molestia -Andy siguió bajando sus cosas- Las demoras le atacan las úlceras al Comandante Rossetti, y eso no lo vuelve la Madre Teresa, solo a título de información.

Per Dío! -Solo la incomodidad de la ventanilla del helicóptero impidió que Rossetti le insultara con un muy poco cortés, pero muy italiano corte de manga- ¡No tienes remedio, Gringo Loco! ¡Saca ya tus porquerías de mi nave, Porca Miseria!

-Ya lo ves, Larrondo –Andy soltó su saco de equipaje, lo dejó junto al resto de sus cosas, y giró el dedo índice de su izquierda en el aire con el brazo levantado. El Sea Sergeant alzó el vuelo, y Rossetti le saludó militarmente al despegar- No muchos habrán querido venir de puro gusto, a excepción mía, claro está.

-No se crea, Jefe –Larrondo se apuntó al pecho- Cuando el Doctor Lang nos reunió para contarnos su idea –Andy le devolvió la mirada, impactado. No entraba en sus planes que Lang le hubiera dado todo el crédito por la operación, tal como se la esbozó el día en que conversaron y él aceptó venir- Pidió voluntarios… Todos los que ve. Nos dijo que iba a ser un comienzo frustrante, pero que íbamos a ver los frutos de nuestro esfuerzo.

-Frutos inmediatos, sí, Larrondo –Le apuntó Andy, en el preciso momento en que un M-299 llegaba a su lado, y el chofer comenzaba a echar su equipaje en la reducida zona de carga- En lo que toca a como preparemos este sitio para que el corazón funcione. Para el primer árbol, va a ser un poco lento, porque las prisas de la madre naturaleza tienen un tiempo distinto al de los humanos. Así que muéstrame donde voy a echar mis huesos y ya luego me pararé delante del plano para ver como lo han estado haciendo. ¡Vamos ya! Arranca ese jeep que ahora el tiempo me corre para atrás.

Larrondo se quedó de una pieza al verlo montarse en el Jeep, sentado al borde del pickup, como si fuera a la cubierta interior del Prometheus. Tomando el puesto del copiloto, esperó que el jefe le diera la señal de avanzar. Y pensó para sus adentros que en el cuadrante noreste, así como lo conocían desde el día en que llegaron, ya nada iba a ser lo mismo.

-OOOO-

-Y efectivamente ya nada fue lo mismo ahí –Andy se rió bajo y corto- En cuanto me puse delante del plano, les expliqué, usando la clave de preescolar, qué era lo que no estaban haciendo bien, que dado el tamaño en kilómetros cuadrados del cuadrante, nada nunca estuvo totalmente mal. La extensión del terreno por fortuna nos permitía tantear por prueba y error que era lo que no funcionaba correctamente, para enderezarlo como correspondía.

-O sea –Dijo Bron, tocándose la punta del mentón con el dedo- Que se echó una pala al hombro y se puso a trabajar.

-En justicia –Andy se acomodó nuevamente en el sofá- Sí andaba para arriba y para abajo, sobre un jeep, y armado de mi sombrero de paja, un juego de herramientas de jardinería, y una pala. Pero el principal trabajo se lo llevaron las máquinas. En tres semanas se retiraron millones de metros cúbicos de tierra contaminada y desechos de guerra del cuadrante. Trabajando sobre la cuadrícula llegamos hasta -3 metros en algunos sitios antes de decir que realmente lo que pisaban nuestras botas estaba limpio. Tuvieron que hacerse levantamientos topográficos y de fotogrametría aérea para definir qué tan arriba o abajo habíamos quedado después de la limpieza.

-No entiendo nada de plantas –Dijo Jonathan, volviendo al sillón- ¿Podría explicárnoslo, Señor S?

-Es más sencillo de lo que imaginan –Intervino Lisa- Salvo que decirlo es extremadamente fácil, y no refleja el trabajo endemoniado de sol a sol que los discípulos de Lang y mi Hermanito se llevaron por delante… Porque ¿Puedo explicarlo yo, Andy?

-¡No faltaba más, Hermanita! –Andy sonrió con cariño, y sin moverse de su sitio, extendió su derecha, como si hiciera una caravana- Por favor, haz los honores…

-Gracias –Lisa rió como una niña, y luego se tocó el cabello mientras movía la cabeza… Un gesto de seguro remanente de aquellos rizos sueltos que ahora no usaba- La ciencia Robotech que Lang y los suyos ejercitaban en propiedad, era extraordinaria, pero no hacía milagros. La tierra de la capa 0 era irrecuperable y se contuvo como desecho en algunas minas que quedaban activas en lo que antes era Kentucky. La tierra de las capas 1 y 2, y en algunos sitios la 3, eran tratables a través de la maquinaria que se concentraba en el cuadrante. Andy tuvo que meditar muy hondamente qué lugar iba a asignarle a la zona de descontaminación, porque ese iba a ser por mucho tiempo el último sitio en tocarse de todo el cuadrante para recuperarlo. Y no era solo eso: La descontaminación no solo era de la tierra, sino también de las aguas. ¿Tienes un mapa a mano, hermanito?

-¿Tú qué crees? –Andy codeó a Joni- Cariño… en el archivo están tus lecciones de geografía. Despliega el mapa de Norteamérica para que podamos verlo.

-…Solo porque me dijiste cariño… -Joni le acarició la mejilla, al mismo tiempo que el control unificado de la sala desplegó otra vez la pantalla blanca. En un instante el mapa se centró en Norteamérica… Y con gran teatralidad, le fue dando zoom hasta que se centró en la zona de la que estaban hablando: El antiguo cuadrante noreste- Ahí lo tienen. ¿No es hermoso, eh?

-La gran suerte de este grandote es que en la vida, y hasta el momento –Lisa rió por anticipado de su ocurrencia- no ha hecho nada feo…

-¡Hey!

-¡Te estoy elogiando y protestas!

-… No sonó a eso, Hayes…

-Ayyy –Joni alzó los brazos y frunció el entrecejo- si no se apartan los dejo sin recreo…

-¿Paz, Hermanito?

-Paz, Hayes… Por favor…

-Gracias –Lisa miró el mapa y luego a los muchachos- Bueno, luego de esta interrupción, común en esta casa y en las demás casas que nos han visto juntos… en fin.. ¿Ven la zona que está ampliada? Así se representa hoy el Cuadrante noreste… ¿Ven los cursos de agua? hubo un día en que allí no había nada… Hasta que Andy tuvo la audaz idea de darle sangre a su corazón con una obra de ingeniería natural que hasta que no volvimos al planeta no volvió a verse…

-¿Habla de la descontaminación de los lagos? –Jonathan se había informado todo lo que había podido antes de aquel largo y asombroso paseo por los recuerdos de dos familias, que en realidad siempre habían sido una- Los libros dicen que aquello duró años, y no fue sino el Invid quien la terminó en su propio beneficio.

-Es verdad, Jonathan –Respondió ella- Y haya sido o no nuestro enemigo, el Invid le quitó un milenio por lo menos a la edad natural de la Tierra al irse, dejando solo detalles en nuestras manos luego del maltrato sufrido por el planeta. Pero el primer disparo, era que no, lo dio mi hermanito, ayudado por lo que los colegas del Doctor Lang habían almacenado en el SIERRA Crystal: La descontaminación natural del Lago de los bosques.

-…Increible… -Bron abrió los ojos con legítima sorpresa- Otra cosa que no consta específicamente en los libros.

-Así es –Lisa sonrió- La idea original de Andy era descontaminar el Manitoba, pero los resultados de los análisis fueron descorazonadores. El Winnipeg era la elección ideal, pero era demasiada agua y poco el tiempo para llevarlo a cabo. El superior era un poco más manejable, pero igualmente representaba un reto, y de esos a mi hermanito le encantan. Pero bastaron un par de días para descubrir que los ocho impactos que tenía bajo sus aguas reducían a décadas sus posibilidades de recuperación Al final, el Lago de los Bosques resultó ser la mejor elección: Estaba en la posición correcta, no recibió impactos como los otros, y costó la mitad del tiempo ponerlo en forma. Hasta tiempo hubo de resolver si las especies de peces que había en el lago eran aptas para consumo humano, y los resultados fueron tan positivos, que no fueron retiradas. El problema era llevar el agua hasta el corazón, y la topografía del terreno no le ayudaba en lo absoluto.

-Por fortuna, recordé los cuentos de pueblos originarios de los leccionarios de Joni –Andy sonrió con cariño a su esposa- Las comunicaciones no era lo que se dice perfectas, pero logré que me transmitieran todos los detalles que ella guardaba en su gran unidad de entretenimiento digital.

-¿A qué se refiere, Señor S? –Ahora Jonathan estaba confundido- ¿La solución la tenía su esposa?

-Más que ella, su origen, chicos…

-Cálmense –Joni los miró con ojos tranquilos- Estos tres tienden a hablar muy rápido y les cuesta pensar que alguien pueda quedar atrás con sus tratamientos de los temas… Mi esposo se refiere a que vengo del sur. Y la mayor cultura originaria que se dio allá, en un tiempo que ahora recién comienza a constar en los libros de texto, fueron los Incas. Su imperio dominó la costa pacífica desde el antiguo Ecuador hasta el Río Maule, en lo que me queda de mi Chile. Ellos construyeron acueductos mucho antes que varias culturas, y sin conocerla como concepto, se valieron de la gravedad en todas sus obras de adelanto. Así, no necesitaban bombas para llevar el agua donde se requería.

-…Entonces… -Jonathan abrió la boca, asombrado- Eso quiere decir…

-Exacto. La topografía ponía el Lago de los bosques muy cerca del nivel del cuadrante. Las bombas iban a tener que necesitarse si Andy quería la valiosa agua para su corazón –Lisa le sonrió a Andy con cariño- Pero este Cabeza de Piedra es la única muralla de bastión con galones que el mundo ha conocido… Conducción sin bombas, y sin bombas tenía que ser…

-Así comenzó uno de los desafíos más importantes de Larrondo y mío: Lograr hacer un trazado que fuera un río de verdad y no el trazado de un canal de regadío –La voz de Steinhauser se tiñó de orgullo- y hacer esos cursos de agua usando la topografía del terreno yendo siempre en altura de más a menos para que el agua no se detuviera… Mientras yo araba la tierra y comenzaba a enriquecerla, Larrondo se lanzó de cabeza a lograr el efecto deseado.

-¿Entonces? –Bron abrió mucho los ojos- ¿Lo lograron?

-¡Por supuesto! –Andy miró nuevamente a su esposa- Cielo, Dale un poco más de zoom al mapa…

-…Veamos… -Joni sonrió- Ahí los tienen…

-No –Jonathan se quedó estupefacto- ¿Ustedes les pusieron así?

-¿Quiénes más podían ser? –Lisa sonrió nuevamente, esta vez con algo demasiado cercano al regocijo- Andy se propuso recrear el Jardín del Edén, así que lo atravesó con cuatro ríos…

-Y todos tienen su razón de ser –Andy soltó la carcajada- El río Resbaloso nació del día en que pisé los primeros cantos rodados que se soltaron en el curso para protegerlo de la erosión… Casi me rompí la crisma con esa caída. Por fortuna lo único que sufrió fue mi orgullo. El río Crystal lo bautizó Walter, para honrar a mi pueblo natal. El Río Perezoso nació del primer error que cometimos con las pendientes al trazar su curso, porque el agua tendía a estancarse y corría con una lentitud exasperante… Y el Río Larrondo, que al principio se llamaba Brillante, lo rebautizamos por Walter. Por desgracia, cuando ya estaban casi listos los trabajos, fue autorizado a volver de permiso a Nueva Macross. El helicóptero cayó a tierra a menos de un kilómetro de la ciudad, nadie se salvó, y a todos los que trabajamos a su lado nos partió el corazón. Por lo mismo, el lago que creamos justo al centro de la zona, se llama hasta hoy, justamente por ese motivo…

-…El Lago Corazón… -Jonathan se quedó hipnotizado viendo el mapa- Justo al centro de lo que hoy es La Reserva Planetaria El Corazón…

-Hoy es una reserva de biósfera –Andy se erguía con orgullo- En su momento fue el fruto del trabajo de mucha gente, que sacrificó manos, sueño, brazos y piernas rotos, hambre, frío y humedad, sin parar nunca de trabajar. Desde que volví al planeta que han tratado inútilmente de rebautizarlo con mi nombre, y mientras uno de mis descendientes esté aquí en la tierra, eso está absolutamente descartado, porque si de llevar un nombre se trata este juego… Debería llevar el de todos los que trabajaron conmigo y junto conmigo para hacer latir de nuevo el corazón del planeta. Hasta debería llevar los nombres de John y Yoko…

-¿John y Yoko? –Bron se giró hacia el Señor S- ¿No estará hablando…?

-…De la historia más bonita de todas las que tengo para contar, Luca – Andy puso ojos soñadores- Y de la lección inesperada que Dios le dio a toda mi familia, la de sangre y de los afectos –Dijo esto mirando fijamente a los Hunter-Hayes- Acerca de no rendirse y comenzar de nuevo…

-OOOO-

No había más que cinco hombres al pie de la básica esclusa que habían montado al empezar a excavar los kilómetros y kilómetros de aquella cuenca artificial que habían trazado de forma natural, respetando hasta donde les fue posible las particularidades del terreno, para hacer que el preciado y ahora seguro líquido siempre corriera sin interrupciones de este a oeste, hacia el enorme cráter que habían excavado tratando de respetar el terreno para que no pareciera una obra humana, y que con ese decisivo renuevo de aguas, iba a llenarse definitivamente.

-¿Crees que las orillas del lago aguanten, Andy?

-Por supuesto que sí, Walter -El rostro tostado de Andy Steinhauser, tocado con la marca de fábrica del cuadrante, aquel ajado sombrero de paja que no se había sacado ningún día para protegerlo del sol, dibujó una sonrisa, mientras sostenía en sus cuadradas manos un tosco y pesado martillo de demolición- Desde que el Doctor Lang inició el sembrado de nubes para normalizar el régimen de lluvias del cuadrante, la tierra ha bajado, las napas han comenzado a depurarse, y los brotes de junco y las piedras de la orilla sostendrán la tierra. No va a desmoronarse, Walter. Gracias al buen humus que guardó mi padre, el cinturón de coníferas que comencé a orientar sobre los vientos predominantes de la zona, contendrán muy bien y más temprano que tarde el proceso erosivo que todavía persiste fuera de aquí. Ya han comenzado a brotar las primeras flores, y cuando note que esos brotes se sostienen, plantaré todavía más, y sacaré un par de panales del estasis frío. Ahí veremos cómo se las apañan nuestras amigas abejas para hacer su miel con lo que ya hay por todo el cuadrante. Si la polinización da resultado, esto se sostendrá solo, y ahora que los cursos de agua estarán en funciones, la tierra se las arreglará prácticamente sin nuestra ayuda.

Ha sido el año más extraordinario de mi vida, Andy -Larrondo estaba visiblemente emocionado- Uno como científico a veces cree a pie juntillas que poco tiene la gente común para enseñarle. Voy a guardar todo lo aprendido como un tesoro, y no miento al decirlo.

-Me alegro que te haya servido todo este tiempo como a mí me sirvió, Walter -Andy volvió a sonreír, mientras hacía movimientos de tanteo con el pesado martillo- Hoy me siento más Steinhauser que nunca, y pronto me voy a sentir todavía mejor…

-¡Apunta bien con ese martillo entonces, sombrero de paja! ¡Que el Río Brillante brille de una vez!

El seco martillazo voló como una hoja el seguro metálico que sostenía en su sitio al portalón de la esclusa, que salió disparado hacia arriba, tirado por un contrapeso. En medio de una lluvia de chispas líquidas y brillantes, el agua se precipitó por el nuevo camino que le habían trazado, en medio de los gritos y brazos en alto de los presentes. El Río Brillante ya era una realidad.

-Te dejo entonces, Walter –Andy dejó caer el martillo con un fuerte ruido metálico en la caja del Jeep- Tengo algo que hacer todavía antes que termine el día.

-No vayas sin radio –Le previno Walter- La vez de los famosos dientes de león te nos perdiste nueve horas… Ya creíamos que te había cenado un Zentraedi

-Soy demasiado amargo, huesudo y correoso para ir a la barbacoa, Walter –Andy se rió de su propio chiste, mientras se sentaba tras el volante- Cualquier cosa llámenme, o les llamo por si aparece un Zentraedi, para que le sirvan de postre ¡Hasta la noche, Walter!

Larrondo solo movió la cabeza, como si fuera un discípulo suyo diciendo un disparate científico, con una ancha sonrisa en los labios. Andy, al volante, trataba todo lo que podía de no acelerar demasiado. Y no era solo por levantar polvo, o echar demasiado hacia las orillas del camino la tierra de los senderos. Tenía claro como nadie que en el estado calamitoso del planeta, cualquier proceso erosivo, por nimio que resultara, podía volverse virulento de la nada, haciendo retroceder seis meses el estado del cuadrante en solo pocos días.

Por esa misma razón se había perdido las nueve horas que Larrondo le había reclamado: en la cuadrícula G2, uno de los puntos más al noreste del cuadrante, había encontrado un campo de crecimiento absolutamente natural de Dientes de León. Se había quedado de una pieza al verlo. Aquella tierra había sido el primer emplazamiento escogido para la maquinaria Robotech de Descontaminación, pero había sido abandonada en el último minuto, a favor de una ubicación más al sureste, para favorecer el mantenimiento al hallarse más cerca y en línea con Nueva Macross y los Talleres y Laboratorios del Doctor Lang. Esa tierra estaba casi en su estado original, excepción hecha de unos cuantos pozos profundos para comprobar la existencia y el estado de las napas freáticas, y otras tantas trincheras para verificar visualmente y mediante escaneo los estratos del terreno, paso imprescindible para determinar qué tan profundo debería excavarse para el retiro del terreno irrecuperable, e ir descartando estratos sucesivos de tierra para descontaminar, y devolver al ciclo natural, enmendada mineralmente y con el suficiente humus para servir de colchón al plantío posterior.

Cuando llegó al campo, el espectáculo no había variado en lo absoluto… Un velo inacabable y brillante de amarillo brillante y cremoso se mostró al sol, casi totalmente compacto al centro, y disminuyendo en manchones hacia las orillas en una asombrosa extensión. Pero ahora no había sido como la vez anterior: Venía con la suficiente herramienta para investigar aquel hecho sensacional más a fondo. Caminando entre las plantas, entre las que encontró no sin asombro algunos ejemplares de Cardo y Galium, o Amor de Hortelano, como la conocía cotidianamente, se dedicó a tomar muestras del suelo, y a medir escrupulosamente la humedad, conductividad y acidez del terreno. Cuando terminó, se puso de pie nuevamente, respirando hondo el renuevo de aire que la fragancia de tantas flores le aportaba al ambiente "Tal vez me apresuré a sostener a la Madrecita Tierra, pensando plañideramente en lo peor… Y la Madrecita Tierra dejó un ojo medio abierto, se hizo la desmayada y se dejó querer, condenada… Jajaja! Ella puede sola y es tan fuerte y tenaz como los cardos y Dientes de León que ahora llenan este campo sin nada de preparación. El viento huracanado que provocó la primera andanada del hijo de su madre de Dolza, de seguro levantó las semillas y esporas tan arriba de las capas superiores de la atmósfera, que demoraron eternos seis a ocho meses en caer, y prender a como diera lugar en este terreno… ¿Ves lo idiota que fuiste, Marciano? Intentando borrarnos del mapa, solo conseguiste darnos un motivo más para seguir adelante…"

Solo entonces, en medio de ese mar de flores, sintió un chasquido… Uno que en medio del silencio deshabitado de ese campo de flores se sintió como un disparo. La impronta del adiestramiento funcionó como ni él mismo creía luego de desarraigarse durante todos esos meses del entorno militar que era su otra naturaleza. Echando el cuerpo a tierra, se quitó el ancho sombrero que, si la situación era lo que realmente sus sentidos le habían transmitido, era como una enorme diana de tiro cortando el liso amarillo del campo de flores. Solo un instante después levantó la cabeza en la dirección que le habían marcado sus oídos.

-...Por el amor del Padre… -Susurró con los ojos dilatados de asombro- ...No puedo creerlo…

Pero sus ojos no mentían. Aquel sector del cuadrante era casi el único donde había plantado arboles crecidos: Pinos y abetos, coníferas adaptadas al norte del territorio, que había encontrado junto con los panales en estasis frío en el nivel más profundo del primer refugio de Crystal, como si su padre hubiera adivinado la falta que iban a hacerle para cortar los vientos predominantes, fijar la tierra y evitar una erosión temprana que echara a perder su trabajo. No le pasaba desapercibido que estaba casi al borde de la Taiga, por más que el bombardeo Zentraedi hubiera desajustado con su arrolladora densidad las líneas de clima del planeta, y el frío y la nieve eran temas a tomarse en cuenta al momento de montar su corazón vegetal. Y de una de las primeras ramas de uno de aquellos pinos, el piar corto y profundo, pero desesperado de un Halcón Peregrino lo golpeó con fuerza, luego de los esfuerzos casi inútiles por rastrear población animal en el despoblado casi total del cuadrante, hallando solo roedores, que por su propio número y adaptabilidad apocalíptica habían sobrevivido a la destrucción. Era la primera criatura voladora que viera tan de cerca luego de once meses de trabajo ininterrumpido

-De verdad estás desesperado, amiguito -Andy comenzó a ponerse de pie relajadamente- Pero a menos que a un depredador como tú le hayan robado alguna presa, no tengo idea de por qué actúas así.

Se sacudió con gestos bruscos el sombrero y su ropa, y para cuando volvió a mirar en la dirección del Halcón. Entonces halló la razón de su desesperación. Había otro halcón en el suelo, al pié del arbol, que caminaba con mucha dificultad. Su ala derecha estaba correctamente recogida sobre su cuerpo. Pero la izquierda no cerraba, y parecía bloqueada en un Angulo incómodo "Son pareja. Diablos. Lo que escuché entonces es a este Halcón quebrándose el ala al chocar con alguno de estos árboles. Y el otro no quiere abandonarlo y lo llama para reemprender el vuelo..." A Andy se le partió el corazón. Más que aves, o seres vivos, eran una pareja, una que probablemente se aparearía de por vida, porque su pensamiento instantáneo fue que no cabía motivo al otro rapaz para impulsar al caído a levantarse y volar.

-Larrondo ¿Me oyes? -Andy se desenganchó la radio del cinturón y llamó sin clave, fórmula o dilación- Aprovecha que estoy dando señales de vida y ten la amabilidad de contestar, por favor.

-Aquí Larrondo -Andy respiró con alivio- Si estás llamando, significa que estás vivo, osea que ahora sí ponemos tu cena en el calientaplatos ¿O no?

-Lo que menos me interesa ahora es cenar, Walter -Andy se tragó con la corrección de un mayordomo inglés el sarcasmo- Dime ¿Tenemos alguna clase de veterinario en el cuadrante?

-¿Qué? -Larrondo se frotaba las manos de puro gusto al tener a Steinhauser a su merced- No me digas que te sientes enfermo.

-Le diré a mi esposa que me trataste de animal -Andy bajó la cabeza con una sonrisa. Si le tocaba a él con inteligencia y rapidez de parte de un buen oponente, aplaudía en vez de contestar- Claro que conociéndola, probablemente te daría la razón. Mira, la verdad es que esto va en serio. Necesito curar un ala rota, y no tengo un carajo de idea de como se hace una cosa semejante.

-¿Ala rota? ¿De qué diablos estás hablando, Steinhauser?

-De eso mismo. Acabo de encontrar al primer par de huéspedes del cuadrante, pero uno de ellos está herido, y si no lo curamos esto va a salir mal, Walter.

-¿Me estás diciendo que acabas de encontrar aves en el G2?

-Ni yo podría haberlo expresado más directo, Walter. Tengo una pareja de Halcones Peregrinos en el G2, esto es una alfombra natural de brotes de anemocoria que se entra el habla, lo suficientemente alta para esconder roedores, lo adoptaron como su coto de caza, pero uno de los dos está herido, y necesito ayuda profesional cuanto antes. Ya tenemos zoocoria aquí, Walter, y si le agregamos ornitocoria, más temprano que tarde estaremos haciendo las maletas a casita y a dejar que la Madrecita Tierra se las apañe sola.

-Diablos. No te muevas de allí, y no te les acerques. Puede ser que el ave sana te ataque. Mantén tu distancia que enseguida te informo.

-Aquí me quedo mientras no sea la cena de nadie. Steinhauser fuera.

-OOOO-

Comenzaba a sentir el azote del sol en su cabeza. Hacía una hora escasa que había cenado la MRE que guardaba como santo tesoro en su jeep, agua todavía tenía, pero dentro del plazo de una hora más, tendría que buscar otra fuente o desistir de hacerle guardia a aquella pareja de aves valiosa, no cabía duda, pero que ya estaba llevando al frenesí de la inmovilidad al siempre dinámico marino jardinero. "Me han dado tanto paño que cortar, que casi se parecen a John y a Yoko en el pináculo de su relación" No pudo evitar pensar en voz alta, sobre la hierba alta a menos de veinte o veinticinco metros de la linea de arbolado, viendo al ave herida tiritar y paralizarse en el suelo producto sin duda del estrés de su lesión.

-...Y es Yoko en esta oportunidad la de los problemas jefe.

-¿Qué?

Concentrado en el ir y venir del ave, y listo a correr si al vigilante Halcón en la rama le daba por considerarlo un intruso, o quien sabe, una presa, no sintió venir arrastrándose a alguien más que él hasta su posición.

-Lo que acabo de decir, Jefe. La de los problemas, esta vez por fortuna, es Yoko.

-¿Y usted? -Siseó Andy con un poco de irritación- ¿Quién diablos es?

-Lo que usted pidió, Jefe -El hombre moreno, de blanquísimos dientes bajo su bigote, de cabello negro algo indócil, se acomodó a su lado, y luego de hacer hacia adelante el cañón de un arma, se llevó los prismáticos a la cara- Me llamó Vijay Prageesh Nand, pero solo digame Vijay, o VJ, como se les ocurrió apodarme para no complicarse con los nombres hindúes. Soy el veterinario que estaba esperando.

-Menos mal -Andy se relajó- Pensé que no iban a encontrar a alguien.

-Macross era una ciudad grande pese a ser una isla -VJ sonrió- Y nadie dejó de tener mascotas durante diez años. Asi que quité garrapatas, luché contra las pulgas, intoxicaciones, heridas y patas quebradas , aunque ya con la guerra iniciada me asimilé a la espacial. Allí fue donde me encontró el Doctor Lang y me llevó con él como ayudante de laboratorio, Así que tuve que desenterrar mis apuntes en bioquímica, hasta ahora, que usted y el ave me acaban de salvar.

-Pero usted ha atendido perros y gatos, quien sabe, hasta un loro -Andy se inquietó de veras ante la perspectiva de una solución de parche- esto es un ave rapaz.

-Despreocúpese, Jefe -VJ no parecía perder el humor pese al algo acre diálogo- Me Gradué en el Colegio Veterinario de Bombay. Allí nos enseñan a tratar con vida silvestre, y adicionalmente me especialicé en Salud de Vida Salvaje en el Real Colegio Veterinario de Londres. Para que vea que el mundo es chico. En mis prácticas en el Zoológico de Londres me especialicé en Rapaces.

-Menos mal -Andy no pudo evitar el sarcasmo- Lo que ve allí no es un Chihuahueño.

-Y si lo fuera, sería uno de temer, jefe -VJ le pasó los prismáticos- Para que se conozcan más de cerca, le presento a Yoko, una hembra deFalco Peregrinus Tundrius. Ellas siempre son más grandes y pesan más. El más pequeño, que está en la rama, es John, el Macho. A simple vista se ve que ya son adultos, y aunque probablemente ya se aparearon, y para ellos estar juntos es de por vida, no han llegado siquiera a la primera nidada. Con toda seguridad el Idiota de Dolza los interrumpió cuando se disponían a agrandar la familia, y migrando hacia el sur buscando un nuevo sitio, Y no se enoje, la impronta de sus padres les jugó una mala pasada.

-¿De qué está hablando?

-De que con toda seguridad, esta es una ruta migratoria, y aquí no había árboles. Yoko de seguro chocó con un abeto de sus corta vientos, y John está desesperado porque se levante para seguir el viaje, pero ella no puede. A simple vista no se hizo demasiado daño, porque no veo sangrado pero si abceso -Andy se apresuró a devolverle los prismáticos. Era un asombroso diagnóstico a simple vista, pero quería seguridad a todo evento. Sin quererlo, o tal vez sí, se estaba encariñando con la pareja. VJ se llevó otra vez los prismáticos a los ojos- Sí, no me equivoqué. Es solo el abceso, pero puede infectarse si no controlamos la lesión y el estrés que le está produciendo. Si se sigue moviendo, puede dañarse aún más el ala, y el abceso derivar en una infección. Eso podría incluso obligarme a amputarla. Y es duro quitarle la libertad a un ave de estas.

-Te entiendo mejor de lo que crees -Andy tocó su propia experiencia de vida, y frunció el ceño- aunque quede viva, ver a las demás aves volar y que ella no pueda, lisiará su naturaleza antes que su ala… Vamos VJ, haz tu magia pronto y salvémosla.

-Lo haré -VJ dejó los prismáticos a un lado, y se colocó un casco de corcho- Esto no me defenderá mucho, pero me dará tiempo de ponerme a cubierto. Jefe, por favor. Donde está su Jeep, está el que me prestaron para llegar acá, y dos ayudantes que están levantando mi quirófano. Por favor, ayúdeles en todo lo que pueda.

-Voy enseguida. ¿Vas a dormir a Yoko?

-Esa es mi idea -VJ cargó un dardo tranquilizante en el rifle de aire comprimido, y se echó el arma a la cara- Solo espero que el instinto de conservación le funcione a John lo suficiente para darme el espacio de retirarla y operarla lo antes posible.

-Buena Suerte, VJ. Y gracias por venir.

-Soy yo quien te da las gracias. Has hecho algo increíble aquí. Y con los roedores que ya detecté, más las flores, esto se volverá un imán, y yo volveré a tener mi trabajo.

-Todos necesitamos hacer lo que nos gusta -Andy comenzó a retirarse con calma y sin movimientos bruscos- Buena suerte, VJ.

-OOOO-

-Aquel Hindú que parecía sonreírle incluso a la noche más oscura me enseñó una lección de paciencia que no olvidaré –Andy puso ojos soñadores- El mundo que apenas comenzaba a mostrar algo de orden estaba a nada de darse vuelta por el revés, pero en el silencio del cuadrante eso no importaba… O yo creía que no importaba en realidad.

-No te falta razón –Apuntó Rick con tono algo oscuro- El día en que encontraste tu campo de dientes de León, yo encontré el mío en el cuadrante noroeste… Y creo que han de saber que sucedió después. Por creer hacer lo correcto…

-Metiste la pata hasta el fondo, Señor Hunter –Lisa le respondió con tono apagado- Y no te preocupes, que yo, olvidada que de uno u otro modo éramos familia, no lo estaba haciendo mejor.

-Así es –Andy se puso serio- Yoko necesitaba curarse, VJ hizo un trabajo estupendo… Y a espaldas mismas de la vida, los Zentraedi más recalcitrantes comenzaban a articularse para la muerte. Portland fue el primer incidente visible de la resistencia. Una todavía sin una cabeza de liderato… Que por desgracia, no tardaría en llegar.

-OOOO-

Andy terminaba de tensar una de las esquinas de la tienda donde los ayudantes de Vijay disponían la mesa de cirugía y los materiales de veterinaria para su emplumada y averiada paciente, cuando lo sintió venir por el sendero entre las flores que su propio caminar había producido. Al levantar la vista, lo sorprendió su paso rápido, el rostro urgente, con el casco de corcho todavía en la cabeza, y el fusil veterinario cruzado a la espalda. En sus manos, delicadamente acuñada pese a su tamaño y peso, venía Yoko. Completamente sin sentido.

-¡Lo lograste, VJ! –Andy le salió al encuentro con auténtica alegría- ¡La sacaste!

-Y John casi me sacó los ojos –Respondió Vijay con urgencia, sin dejar de caminar- Tiene que agradecer mi paciencia. Tres veces me arruinó el tiro porque me sobrevoló. A la tercera me quitó el casco con las garras, así que ya no valían los fingimientos. Antes que virara hacia mí o soltara el casco, le disparé a ella de mampuesto sobre las rodillas. John soltó el casco y se alejó un par de árboles al interior del corta vientos. Recogí el casco, a Yoko, y me largué.

-Eres de lo que no hay –Andy llegó con él casi hasta la tienda- ¿En qué te ayudo?

-Esperándome aquí –Le dijo seriamente- Curarla es una cosa, pero el después es lo más importante, así que no te vayas.

Nand entró con un ruido de lonas a la carpa, y solo minutos después comenzaba el metálico tintineo del instrumental al ser descartado. Lleno de dudas, Andy se alejó. "¿A qué se referirá VJ con eso del "Después"? Es solo un ave, así que hasta donde sé, el tema es curarla, y como es salvaje, esperar que caigan las vendas y se largue con su pareja. En fin, tendré que confiar en su opinión profesional…" Se rio de sí mismo al darse cuenta que había iniciado un culpable paseo paternal alrededor de la carpa y los vehículos, absolutamente risible dada la curiosa situación "Como no sea que ahora por reírme de un ser vivo, a un hijo o hija mía le salgan plumas por hereje… Ten presente, Señor, que no es por tí la risa ¿De acuerdo?"

-Ya puedes entrar, Jefe –Vijay se quitaba el tapabocas y los guantes a la entrada de la tienda- ¿Quieres verla?

-¡Por supuesto!

Apenas entrado a la tienda, el olor del quirófano veterinario lo golpeó con fuerza: El tiempo pasado en el hospital después de su accidente no estaba entre los recuerdos buenos de su vida. Y el aroma que había quedado como un emisario desagradable en su olfato tenía la capacidad de alterar decisivamente su paz mental. Anchorage, pese a sus lesiones, había sido como un gran juego de intrepidez. Su amputación y su vértigo eran algo completamente distinto. Sin embargo, la vista de Yoko evaporó de inmediato su sentir.

-¿No es hermosa? – Vijay la acarició levemente siguiendo en sentido de su plumaje- La pesé antes de curarla y llega casi a los 920 gramos. Definitivamente esta chica ya es grande para volar sola.

-Maravillosa, Vijay –Andy sonrió con dulzura- ¿Va a volver a volar?

-Sin ninguna duda –Vijay sonrió- Llegué justo a tiempo. Es una asombrosa criatura de la creación… Parece mentira que esta pequeña emplumada sea tan aerodinámica que pueda alcanzar los trescientos kilómetros por hora en un picado de 30° a 40°. No hay como los peregrinos a la hora de la cacería o la rapiña. Son verdaderos proyectiles balísticos con plumas y garras. Toda su anatomía está hecha para la velocidad. No por nada los viejos aficionados a la cetrería prefirieron sin dudar a su raza a la hora de entrenarla para cobrar presas para ellos y no para sí mismas.

-Me dijiste antes de entrar que me querías hablar -Andy vio moverse levemente al ave- Y Yoko parece que va a despertar.

-Le faltan unos minutos más para desperezarse por completo -Admitió VJ- Por lo que Walter me contó, sospechaba que era una hembra, pero más madura. De modo que calculé la dosis del dardo para 950 gramos de peso. Le va a costar un poquito despertarse bien, pero lo hará sin problemas. De lo que te quería hablar, Andy, es que necesito un enfermero. Uno que se quede aquí por lo menos cuatro semanas.

-¿Qué?

-Lo que oyes -Vijay fue franco- hay que salvaguardar las improntas del ave todo lo que se pueda. Es una criatura salvaje, primero, y segundo, se trata de un rapaz con el que hay que rozarse lo más mínimo para no domesticarlo, aunque sea por error. Los peregrinos tienen sus particularidades para hacer su día a día, y la idea es que quien se quede con Yoko, tiene que respetar sus pautas de conducta sin invadir su entorno y modificarlo.

-Vaya ¿Y qué tendría que hacer este enfermero, VJ?

-Acompañar al ave –Nand fue directo al punto- Está vendada e inmovilizada. No puede moverse mucho, ni agacharse mucho, porque podría caerse y hacerse más daño intentando levantarse. Hay que alimentarla, y monitorizarla constantemente. Antes que despierte del todo, la pondré en una jaula, con instrucciones precisas de alimentación, cuidado y preservación.

-¿Preservación?

-Sí. Se trata de que el ave no pierda jamás conciencia del sitio en que cayó –Nand hablaba con seria propiedad- Que lo visite a menudo, que no lo olvide. Cuando esté completamente sana tiene que ser liberada exactamente en ese lugar. La idea es que recuerde, que integre la experiencia a su instinto básico de aprendizaje. Si tenemos suerte, en una generación más, sus hijos e hijas pasaran por lo alto de los árboles y no chocaran. ¿Te interesa la vacante, Jefe?

-Bueno… -Andy se mesó los bigotes un instante- …Eso me aparta un poco de las obligaciones del cuadrante. Tengo que estar en muchos sitios a la vez… No me gusta, y no me gusta porque podría pasarle la cuenta a Yoko…

-Hagamos algo –Nand transigió- Te quedas con Yoko como su cuidador titular. Aquí. Traeremos otra tienda o un habitáculo para que estés más cómodo. Cuando no puedas estar por tus tareas, Willoughby, que es mi ayudante más aventajado, revisará sus vendajes y hará curaciones si se hace necesario. Solo los verá a ustedes dos, pero a tí más que David. Y los paseos al arbolado solo serán en tu compañía ¿Es un trato?

-Me lo estoy pensando, VJ –Andy se revolvió incómodo. Se moría de ganas de hacerlo, de quedarse con ella, de verla volar. Con la vista clara tras sus gafas, lo miró directo a los a los ojos- De acuerdo. Ganaste. Me quedo con Yoko.

-¡Perfecto! –Nand sonrió con sus apretados y blancos dientes- Ahora que dijiste que sí, te diré porque allané tanto el camino para que aceptaras. Bajo las circunstancias en que Yoko se hirió, solo tú podías acercarte a ella y a John. Yo puedo hacerlo solo con ella, pero no con él. Y la razón es simple: Si John vuelve a verme me atacará, porque le disparé a su pareja. Solo podías ser tú. Ni siquiera David puede, porque John no lo conoce, y si lo ve con Yoko, también lo atacará. El único que los vio, y nunca hizo ruido, o daño, o atacó, siempre has sido tú.

-De acuerdo, de acuerdo -Andy respiró con fuerza. Y Yoko pareció oírlo, pues abrió sus negros ojos algo desenfocados hacia su posición- Yo me haré cargo de esta chica. Ven.

Tomando al ave todavía algo anestesiada, caminó con ella hasta la jaula. Vijay se apresuró a abrirle la puerta, y Andy, con gran cuidado, la depositó en el acolchado y suave interior. Apenas dos minutos más tarde, su cabeza curiosa miraba en todas direcciones, como condenando aquella prisión forzosa, que junto con la venda en su costado le robaba el preciado valor de la libertad.

-OOOO-

-Así llegaron Yoko y John a mi vida –Andy rió dulcemente con ojos soñadores- Yo no había tenido nunca una mascota. Cosas de mi padre, al que le gustaban mucho los animales, pero era fiero al declarar que las criaturas de Dios solo eran de su cuidado, y nosotros solo espectadores y parte de la potencia de su creación. Adicionalmente los animales y las plantas… Bueno, para que les digo más.

-Pero así como lo cuenta – Luca lo miró a los ojos- Esos halcones no eran mascotas.

-Por supuesto que no –Andy se puso serio- Eran maestros, recordándome cosas que ya sabía, y que OTROS olvidaron por completo… ¿O no?

-No seas así –Joanna palmeó la mano de su esposo, como si le pidiera calma- En cuanto me autorizaron a visitarte, corrí junto con Lizzie a tus brazos, justo antes de entrar a clases. Mía fue la culpa por ponerte al día de todo lo que había pasado. Se venía mi período escolar, Lizzie intentaba encajar nuevamente en la guardería, cosa que con su crecido año y fracción para los dos le costó la nada misma, pero fieramente se negó a los brazos de Jenny Sisler, y caminaba, segura e independiente por donde quisiera… literalmente. Y este par de zapatos… Ciudad Granite y luego Portland los pusieron a sacar chispas… Y ni siquiera había un fuego que encender.

-Nos enseñaron como se pelean las guerras –Lisa suspiró profundo- Y a sobrevivir como fuera. Éramos tan jóvenes que no nos habían enseñado a amar verdaderamente, y nuestros ojos no podían ver lo que para todos resultaba evidente. ¡Claro que nos besamos en la pasarela de la Sala 47! Yo estaba tan contenta de estar viva, que probablemente si hubiera venido el Charro a los mandos del Skull 001 también lo habría besado –Rick se enfurruñó, pero la mano de Lisa sobre su mano le cambió el rostro en un segundo- Pero no sabíamos vivir lo que sentíamos. Yo no encontraba ni la capacidad ni la valentía de decirle a Rick, y él sabía aún menos que yo, por lógica se aferraba a lo único que conocía ¿Cómo podíamos ser un proyecto de vida? ¿Cómo intentar proyectar lo que proyectábamos, si ni siquiera sabíamos lo que estábamos haciendo?

-Yo también me equivoqué, Amor –Rick levantó los ojos hacia ella- Aquel día, en el campo de Dientes de León aparecido de la nada en el Noroeste de Macross, Meditaba sin orden ni concierto sobre el rumbo de mi vida… Que risa. Diciéndome seriamente por un lado que ya no había guerra, y volar armado hasta los dientes no tenía sentido. Y por otro lado al alzar el vuelo, concluí que si volaba, lo hacía por los que quería… Yo, con la cabeza puesta en una chica que sabía todavía menos que yo en aquel tiempo, y al mismo tiempo con este rostro hermoso y enamorado justo frente a mí con deseos de volarme la cabeza en la pantalla del TACNET, seguía sin tener una sola pista o idea de a quienes quería…

-Por eso es que John y Yoko fueron tan importantes en la vida de mi esposo, Chicos -Joni suspiró- El compromiso, y la curiosa componenda que forjaron con Andy, le enseñaron para su propio crecimiento y la vida que vivía, que trabajar sin descanso abarca todos los aspectos del alma humana. Viendo el silencioso y consistente bregar de John, trayendo las presas más limpias y suculentas para su amada, estirando su reclamo en la voz para que soltara de una vez las vendas y a los humanos y buscara junto a él la libertad que trae ser dos sobre el mismo cielo… El único día que pude acompañarlo hasta el arbolado con aquella ave que parecía menuda y acomplejada con sus vendajes, y que se alzaba como una montaña de seguridad y brío en la percha ni bien sentía o veía el vuelo de John sobre nuestras cabezas, tan alta y majestuosa como una emperatriz con su hermoso plumaje por capa, entendí que la preocupación del Grandote no eran solo dos aves. Era toda su familia. Lisa, Rick, sus Tigres, Lizzie y Yo. Y hacer de Jefe cómplice, y pícaro alcahuete ya había agotado su cuota de acciones hacía mucho rato. Era hora de ponerse los pantalones con todos, y como había hecho con ese jardín del edén plantado por sus manos y su amor al noreste de Macross, su corazón hecho corazón de naturaleza palpitante, ni bien sintiera que podía poner fin a su comisión para volver a ordenar la casa, el tiempo fatalmente se acabó...

-OOOO-

Andy se calzó los guantes, gruesos, y que le quitaban sensibilidad a sus manos de forma importante, aunque sabía que así tenía que ser. Con gran cuidado, se subió los guardabrazos hasta los codos, y seguidamente abrió la jaula. La garganta de Yoko cantó triunfo al ver abiertas las puertas de la libertad.

-Tranquila, tranquila –Andy sentía sin daño los picotazos fieros de su emplumada huésped- ¡Hey, Yoko! Si sabes que te llevo a ver a John, ¡No te desesperes!

Por toda respuesta, el ave lo miró, curiosa, con sus negros ojillos diciendo con mucha decisión "Pues si no me llevas pronto, te va a tocar otra ración" Andy por toda respuesta, se rió.

-Quien me manda a hacer de casamentero también… Porque hace semana y media no te alimento yo, sino John. Así que quietecita en tu percha que en cuanto estés lista nos vamos.

Las afiladas garras de Yoko tomaron la percha en el jeep con firmeza, mientras su ejercitada y certera vista abarcaba todas las direcciones posibles, como si aún vendada, pudiera ventear y localizar posibles presas en su camino al arbolado cortavientos.

-Eso, Yoko. Ejercítate todo lo que puedas –Andy con un ojo en el camino y otro en el ave, la animaba suavemente- Cuando recuperes tu ala, tendrás tu libertad, y a John, por supuesto. Mira, ya casi llegamos.

Como si Yoko pudiera entender lo que Andy le hablaba, giró la vista hacia los árboles, y la clavó con fuerza y decisión. Y desde la rama de siempre el rumor de alas agitadas y el piar demandante de John volvieron a poner una sonrisa en el rostro de Andy.

-Este chico guapo te quiere de verdad, Yoko –Andy le hablaba al ave como a una gran amiga, pese a las repetidas reconvenciones de Vijay Nand de que no lo hiciera- Y es más, te dejó la parte más suculenta solo para tí.

Cuando el Jeep se detuvo, a pocos metros de la línea de árboles, John ya había llegado al suelo con el regalo personal para su amada Yoko. Un roedor de gran tamaño, completamente decapitado reposaba entre sus garras, Y VJ le había explicado por qué "Curiosidades de los peregrinos, Andy. Los machos cuando cazan para su pareja durante el cortejo, normalmente se comen la cabeza de la presa, o bien, si se trata de otra ave, la despluman adicionalmente. Aunque se aparean de por vida, las parejas se cortejan igualmente en cada temporada de reproducción" Antes que los impulsos de Yoko terminaran por hacerla caer de la percha, Ya Andy estaba listo, esta vez solo con el guante izquierdo. En el minuto de ofrecer el brazo, Yoko, a sabiendas de lo que significaba, se pasó despaciosamente de la percha a su muñeca. Con calma, Andy se giró para enfrentar a John, dio un par de pasos cortos, midiendo siempre con la vista al ave, y luego depositó su preciosa carga en el suelo. Al instante Yoko comenzó a caminar hacia John… que la miró fijamente, antes de retroceder medio paso, soltando la presa, para levantar un corto vuelo hasta la rama más cercana. Yoko se lanzó ávidamente sobre su comida, y con la saña del que es salvaje, dio cuenta de ella en sorprendente poco tiempo. De inmediato su reclamo satisfecho se pudo escuchar, respondido por el silencioso ánimo de John desde las alturas. Cuando Yoko, aun vendada, volvió a la percha rudimentaria montada en el jeep, ya habían transcurrido largas tres semanas y seis días, y el encuentro con David, al día siguiente, iba a ser decisivo. Andy parecía intuirlo, y le contaba sus cuitas al ave como no se las contaba a nadie dentro o fuera del cuadrante.

-Solo un poquito más, chica, y te liberarás de este humano hablador –Andy se reía de sus propios chistes, ante el silencio curioso de su emplumada amiga- Mañana temprano tengo que ir a ver unos plantíos que no van del todo bien en la cuadrícula 3A, así que pórtate bien cuando venga, no lo picotees demasiado ¿Puede ser así al menos una vez?

Andy se reía al recordar. Apenas iniciado el proceso de curación del ave, David Willoughby las había pasado a cuadritos intentando convencer a Yoko que su intención no era hacerle daño. De no haber sido por los guantes con guardabrazo de protección, podría haberle llegado a hacer mucho daño. Con más intuición que realidad científica en su mente, a Andy se le vino a la cabeza otra de sus ideas geniales que nunca tenían desperdicio, ya que era automático en él que cualquiera de sus iniciativas tocara a mucho más gente que el grupito indicado que deseaba beneficiar. Decidió un buen día seguir con la rutina que estaba tratando de hacerle sentir al ave, y eso la desconcertó cuando lo vio volver mientras forcejeaba con David en sus diarias escaramuzas para evitar que la atendiera. Como un verdadero actor la encaró haciéndole ver su falta de consideración para con la otra persona que más la quería después de él. Fuese lo que fuese lo que había capturado la atención de Yoko, el truco había dado resultado. En los días que siguieron, Yoko Atendía bien a las instrucciones de David, que sin embargo, no había bajado la guardia en lo que concernía a las reglas de trato con un animal salvaje. Y ella, muy a sus modos de Halcón, lo trataba con la brusca distancia del "Te trago pero no te mástico" común a los animales extremadamente celosos de su libertad, como su especie.

-Listo –Andy cerró la puerta de la jaula, y Yoko protestó sonoramente por el encierro forzado- Tranquila. Lo has hecho extraordinariamente bien. Piensa en que es tu última noche… Y yo creo que así va a ser.

Cuando apagó la luz de ese sector del habitáculo, el ave finalmente se aquietó. Con una taza de café en una mano, y un plato con galletitas en la otra, volvió a sentarse con un leve quejido frente al ancho monitor de su ordenador. Andy resentía un poco la falta de comunicaciones directas con Nueva Macross. Las noticias que llegaban al cuadrante merced al tren de los rumores, decían que gracias a la gentileza de Breetai, había nuevamente satélites de comunicaciones en órbita, luego de la limpieza no exhaustiva de las orbitas terrestres repletas de remanentes de la flota de Dolza, al que tiempo después se agregó un valioso Satélite Fábrica Zentraedi. Pero la comunicación militar era un activo importante, que apenas alcanzaba el breve margen de espectro disponible para que quedara la conectividad mínima garantizada para el cuadrante que no solo deseaba Gloval, sino que también era del agrado de todos allí. Moviendo la cabeza, volvió a centrar su vista en la esquemática del cuadrante Noreste que el monitor le desplegaba. Una pequeña serie de cuadros en la parte baja de la pantalla le mostraba el progreso en meses de toda la zona. El primero de todos, completamente amarillo, mostraba el estado del cuadrante al iniciar las tareas. El penúltimo, lo mostraba casi completamente verde, excepción hecha de zonas muy acotadas donde el rojo mostraba problemas, retrocesos o retoques necesarios para ponerlas a tono con el resto de la zona. Era el caso de una de las esquinas más llenas de interrogantes del 3A. Ese ínfimo pedazo de la cuadrícula había sido un quebradero de cabeza desde el día en que comenzó a ser preparado.

En aquella zona, un estrato de tierra arcillosa como para fabricar vasijas, lo había convencido de plantar especies mucho más duras y resistentes, capaces de sobrevivir por sobre la linea de vegetación. Era una apuesta arriesgada, pero eran buenos arbustos y plantas, capaces de germinar en un milímetro cuadrado de tierra entre las rocas, y sobrevivir un invierno a cuatro mil metros sin ninguna complicación. Pero igualmente las plantas no habían prendido del todo. Varios sectores se perdieron, aunque la tierra, bajo sus ojos, estaba correctamente preparada para recibirlas. Inquieto ante la posibilidad de haber pasado por alto un foco de contaminación, uno que se hubiera filtrado a capas mas profundas escapando a la remoción y contención, había hecho una probeta de terreno para hacerla ensayar en los laboratorios de Macross. Quería saber no solo la causa de aquella falla, sino de tener certeza que era una curiosidad del terreno y no contaminación pasada por alto, ahora con el potencial de arruinarlo todo. Mientras no llegaran los resultados, debería seguir con aquel rojo acusador en la esquemática, como si se tratara de una pelota de golf tras la pata de una mesa. No podía alcanzarla porque no podía verla. Curioso ante el hecho de no sentirse fastidiado por algo que en otra época podría haberlo puesto a maldecir con el mejor repertorio de la naval, decidió retomar un momento su diario de campo antes de irse a dormir.

"Con algo que me cuesta calificar de éxito resonante, aunque para todos los que aquí trabajan sí lo es, comienza a terminarse este año notable de destrucción, abandono y resurgimiento del cuadrante noreste. Todavía quedan, y a veces llegan de improviso en los helicópteros de abastecimientos, retornados que partieron aquí desde el principio, y que no pueden creerse que la arena dura, corrosiva e intensamente contaminada que pisaron al llegar, se haya convertido en un sitio donde la tierra para plantar a gusto y con éxito sobra. Y los vientos arremolinados de sabor y olor asfixiante y acre de contaminación y restos humanos y extraterrestres hayan sido reemplazados por el diáfano e intoxicante aire renovado de esta zona. Casi doce meses de trabajo, y gastados apenas el diez por ciento del total almacenado en los refugios Crystal, toca el turno ahora al cuadrante sureste, al que oportunamente hice descontaminar y poner en barbecho casi al mismo tiempo de empezar acá. La tierra ha tenido mucho más tiempo para recibir sol y aire, y cuando le llegue la hora de recibir nuevos brotes, con toda seguridad ya los habrá de forma natural. Cuando la hembra del Halcón Peregrino a quien en un impulso bauticé como Yoko, vuelva a volar, será el momento de renunciar a este trabajo, volver a casa, pedir una licencia larga, y seguir fuera de servicio, para recuperar el tiempo perdido con los míos..."

Las luces se apagaron en el habitáculo hasta que la noche estrellada fue la única luz sobre las cabezas del ave y el Marino jardinero.

-OOOO-

Cielo y sol despertaron a Andy muy temprano, pero más lo despertó el ruido que hacía la segunda puerta del habitáculo, la exterior, por donde entraba normalmente David Willoughby a revisar a Yoko. Indiferente a sus necesidades de aseo, puesto que su militar y pulcro bigote se había convertido al paso de los meses en una abigarrada barba completa, que durante la visita de su esposa y su hija había sido amargamente reprochada por ella, y alegremente tironeada por la princesita en funciones. Así que vistiéndose rápidamente con su manchada tenida militar tropical, se encaminó hacia su propia puerta interior para llegar hasta la minúscula zona veterinaria donde reposaba el ave. Ni siquiera no encontrarla dentro de la jaula le sacó un silencio tan espeso y con los ojos tan abiertos como el que sintió apenas la abrió. Acomodándose las gafas, se quedó de una pieza al notar que no era David, sino el propio Vijay Nand quien estaba tendiendo a Yoko, completamente laxa, sobre la mesa de cirugía, provisto de tapabocas y guantes, y encendía el fuerte foco para tener aún mejor visión.

-¡Qué carajo pasa, VJ! -Andy se alarmó en un pestañeo- ¿Está…?

-No, Para nada, Andy, relajate y no grites -Incluso bajo el tapabocas notó que Vijay sonreía- Ese rugido se escuchó hasta Nueva Macross…

-No es un agradable despertar ver lo que ví, Vijay -Andy se disculpó con un poco de dificultad- ¿Ya vas a quitarle las vendas?

-La verdad, no sé si todavía puedo quitarselas -Vijay comenzó a cortar con mucho cuidado de no tocar las plumas- Pero han pasado cuatro semanas, y tenía que revisar su progreso, y el estado del abceso que le curé. Y con esta chica agresiva no sirve sino un tranquilizante para completar esta tarea -Vijay retiró la última venda, y sacó el pequeño parche que había cubierto el abceso. Las plumas habían vuelto a crecer limpia y correctamente bajo el- esto pinta muy, pero muy bien.

-¿En serio?

-De verdad que sí -Vijay lo miró mientras sostenía delicadamente la punta del ala- Tiene el alta casi en el bolsillo -En ese minuto, Nand la estiró lenta y cuidadosamente, como si estuviera siguiendo el movimiento distintivo del ave. Y al instante, sin crujidos, ni estiramientos extraños, se extendió majestuosa y completa en su totalidad- Y ahora ya está de alta esta chica valiente, Andy ¿Ya desayunaste?

-Ni en mis sueños, VJ.

-Pues tendrás que posponerlo. Ahora que está dormida, hay que llevarla cuanto antes al arbolado. Sabes que yo no puedo, o será una guerra si me ven aparecer. Ve a encender el Jeep mientras yo vuelvo a poner a Yoko en la jaula. Corre.

-¡Enseguida!

Ya estaba sobre el Jeep, con su sempiterno sombrero de paja encasquetado hasta las orejas, cuando Nand salió con la Jaula en la mano, y la colocó en la caja posterior. Andy echó a andar el motor.

-No lo olvides, tal como lo hemos conversado -Nand fue claro y directo- Ahora que está dormida, corre al arbolado. Cuando llegues, ponte los guantes, sácala y procura dejarla lo más exactamente posible en el sitio donde la viste por primera vez. Quitate eso antes de llegar y ponte el casco de corcho. Puede que John se agite, y mucho. Yoko en el suelo, y te largas de ahí no menos de 25 metros para que las aves se sientan en libertad ¿De acuerdo?

-Transparente como un vidrio, VJ.

-¡Vete ya! ¡En cualquier minuto despierta y no debe hacerlo en la jaula!

Andy partió al instante, y tan solo 15 minutos más tarde llegaba a las cercanías del arbolado donde todo había dado comienzo con aquella pareja tan especial. Cambiando su sombrero de paja por el casco de corcho, se puso los guantes, y con extrema delicadeza, abrió la jaula, y teniendo sumo cuidado con su cabeza, extrajo a Yoko para comenzar a caminar con ella.

-VJ no me mintió -Comenzó a sentir unos gritos claros y fuertes a medida que se acercaba a la línea de árboles- John está preocupado y agresivo, así que despierta pronto, chica, que no quiero ser su almuerzo.

En cuanto sus ojos descubrieron el sitio exacto de aquel primer encuentro fortuito, Andy la depositó en el suelo, y se retiró caminando hacia atrás, sin quitarle la vista a John, que se había cambiado a la rama más cercana a donde su compañera reposaba, gritando con gran agitación. Incapaz de prolongar más la situación, Andy se dió media vuelta, y se internó en el campo de Dientes de León, a buscar un buen sitio para presenciar el final de aquella historia. A casi exactos veinticinco metros de la línea de arboles, provisto de unos potentes prismáticos de artillero, Andy presenció el paulatino regreso a la conciencia de Yoko, que demoró sorprendentemente poco en superar su desorientación y ponerse de pie. Y su emoción indescriptible cuando notó que no había nada impidiéndole desplegar sus alas. John gritaba con fuerza, en lo que parecía ser júbilo por el regreso de su pareja, mientras Yoko aleteaba alegremente en triunfo al darse cuenta que estaba completa otra vez.

Entonces la magia brotó como por encanto: John saltó de la rama, y planeando casi sin ruido, aterrizo a poca distancia de Yoko. Como si compartieran mucho más que simple instinto, las aves se miraron un momento, y luego alzaron el vuelo desde el suelo, ganando altura a unos tres o cuatro metros por sobre la cabeza de Andy, que se puso de pie agitando el casco de corcho con su grito tejano de la victoria.

-¡Son geniales! -Andy los miraba a simple vista, aunque con dificultad- ¡Vuelen, chicos, eso, vuelen!

Entonces algo pareció cambiar. Llevándose los prismáticos a los ojos, comenzó a verlos evolucionar, a separarse, a lanzarse desde direcciones opuestas y cambiar en pleno vuelo de dirección, cruzándose apenas sin chocar. Y luego planeando juntos a gran altura "Vuelos nupciales… VJ me lo había dicho. Entonces todavía falta el acto final" De pronto, ambas aves giraron y comenzaron a trepar desde direcciones opuestas, cada vez más alto… Y en la cima del encuentro de lealtad, de ese pacto de la naturaleza, ambos Halcones se tomaron por las garras, y comenzaron a caer en una barrena controlada por sus alas extendidas "Vamos, chica, demuéstrale, no te sueltes, vamos, vamos… solo un poco más" Andy masculló apenas, como si se encontrara en un sitio tan sagrado como ceremonial, siendo testigo como era, del milagro de la vida. Tras caer casi 20 metros, y con muy poco margen sobre las copas de los árboles, ambos Halcones se soltaron, Y Andy comenzó a bailar su disparatada danza de la victoria, mientras ambas rapaces, ahora volando ala con ala, se alejaban juntas, en dirección al oeste.

-...Gringo

Andy dejó su danza, volteándose impactado. Era el mismísimo Charro, en su tenida de combate, que lo miraba con un gesto tan atrozmente lleno de presagios, que casi salía sobrando preguntarle el porqué se encontraba allí.

-Charro…

-Yo mismo, Gringo -Tinoco bajó la cabeza- Le pedí con toda mi alma a la Virgencita de Guadalupe no tener que venirte a buscar. Pero el Contralmirante Burnett nos mandó llamar… a todos.

-...Carajo…

-Ibamos tan bien, Guey. Y de pronto todo se volvió Un condenado y pinche jaleo de su chingadísima Madre…

Andy comenzó a erguirse y su cuerpo a endurecerse. Y sus manos se fueron cerrando solo un poco, como si supieran que dentro de poco iban a asir nuevamente y con fuerza casco y balizas, en lo que intuía oscuramente iba a ser una amarga y frustrante lucha por sobrevivir...