hola chicas, saluditos a todas yo se que me amaran pero quiero dejarles este capitulo que esta de lo mas emocionante.

Saludos a todas.

Mientras Terry se encontraba en la biblioteca, no podía creerlo, ¡ella lo había besado!, desde cuándo era tan atrevida; sin embargo le había demostrado que era importante y más que Albert, desde el día en que la perdió o al menos eso creía, había soñado con ese momento, pero era más que un sueño, era un sueño que duró hasta ya muy entrada la mañana del siguiente día.

Terry se había levantado y de inmediato corrió a arreglarse, había ordenado el almuerzo y Candy se encontraba con Albert, Dorothy y Mary Jean en la sala de té.

Buenas días, espero que estén siendo bien atendidos – preguntó el anfitrión a todos los presentes.

Sí gracias joven Grandchester, le agradecemos su hospitalidad – agradeció Albert amablemente.

No hay por qué agradecer, es un gusto tenerlos aquí – respondió él dirigiendo una burlona sonrisa hacia Albert y una linda para Candy.

Le informamos que hoy por la tarde el señor Andley mandará por nosotros - le informó Albert a él.

Bueno pero podré visitar a la enferma en los días de su convalecencia, ¿no es cierto? – fue la pregunta dirigida hacia Albert por parte de Terry.

Por supuesto, pero Terrence no estoy enferma – aclaró ella.

Princesa si lo estás y no me refiero al pie, debo cuidarte – le recordó el rubio.

Si claro, pero no tanto Albert – Candy le hizo una advertencia con la mirada.

Bueno no tanto, por el momento veremos que todo esté en su sitio – Albert entendió que ella quería hablar con Terry a solas, así que le pidió a Dorothy que le acompañase.

Por supuesto, con su permiso mi lord, señorita – Dorothy se disculpó y ambos comenzaron a retirarse.

¡Hola pecosa! ¿Cómo amaneciste? – le preguntó él corriendo y arrodillándose a su encuentro.

Mejor gracias, ¿y tú, cómo dormiste? – le devolvió la pregunta.

Mejor que los ángeles, sabes…soñé con uno – le confesó abiertamente.

Ah! ¿de verdad y cómo era? – preguntaba ella coqueta.

Así como tú, igualita, era tan linda que en realidad te quiero hacer una pregunta – le sonrió por unos segundos.

¿Cuál? – preguntaba ella divertida.

Albert en realidad no los había dejado solos, simplemente se apartó de ellos para que pudieran hablar.

Pues quiero pedir permiso al señor Andley para pretenderte – le dijo muy serio aprovechando que Albert estaba en la habitación.

¡Terry! Esto es una sorpresa– le dijo Candy.

Sí, lo es bastante princesa. Creo que el joven Grandchester debe pensarlo mejor – recomendó un divertido Albert.

Creo que a usted no debe importarle si ella acepta o no – le respondió él furioso.

Quizás no, pero debe tomar en cuenta que no toda su vida la recuerda. Candy la decisión es tuya, sabes que el señor Andley te apoyará, pero deben considerar que no será fácil puesto que él no está siempre contigo – Albert le informó a ellos haciendo caer a Terry en el juego entre Candy y Albert, pues nadie debía saber la verdadera identidad de Albert.

Pero puedo estarlo – argumento él.

Joven Grandchester seguro que podrá con todo esto, no debe olvidar que hasta ahora me he convertido en la única persona en la que confía plenamente – desafiándolo y preparando el terreno para su plan.

No, no es la única persona; en la crisis del colegio, la reconforté y usted no estuvo ahí- le confesó el castaño.

Pero… - se mofó internamente Albert.

¿Quién se ha creído usted? – espetó Terry con mirada furibunda.

Albert por favor aquí no, paren, por favor – decía Candy suplicando pues un nuevo dolor de cabeza hacia su presencia.

Princesa, aprisa llame a Mary Jean, ¡Candy, Candy despierta, por favor despierta, aquí estoy!... – la llamaba mientras le daba indicaciones a Terry para ir por la enfermera.

¡Candy!… señorita Mary Jean, venga por favor a la habitación de la señorita Candy – se había quedado inmóvil, solo viendo como ella se aferraba a Albert, cuando hubo oído lo que le ordenaba Albert salió en busca de Mary Jean.

Candy despierta – le pedía Albert.

Tome póngale esto en la nariz – le ordenaba Mary Jean cuando llegó con las sales.

Será mejor que se retire señor Albert – le condicionó la enfermera.

Joven Grandchester el que debería salir es usted, yo la cuidaré – le pidió Albert a Terry.

Sobre mi cadáver, además se está tomando un papel que no le corresponde – amenazó el anfitrión.

Están alterando a la señorita, hagan favor de salir los dos – pidió la enfermera a ambos.

Pero…- Terry contestó enérgicamente.

Por favor Terry – pidió Candy recuperándose un poco de dolor.

Está bien pecosa, lo sigo – condujo a Albert delante de él para salir.

Más tarde

No deben de importunarla con sus pleitos y espero que esta vez ambos se comporten, ¿han entendido? – había salido Mary Jean a advertirles que guardarán sus peleas para otra ocasión y no enfrente de la delicada salud de Candy; ambos se quedaron viendo el uno al otro.

Hice una pregunta – solicitó ella.

Si Mary Jean - ambos accedieron a regañadientes, mientras cada quien se iba por su lado.

Con su permiso caballeros - dijo ella regresando a la habitación donde estaba Candy.

Así pasaron varias horas, con la campanilla Candy llamó a Dorothy y está fue en busca de Albert y Terry.

Pasa algo princesa – preguntó Albert.

Quiero ir a mi casa Albert, ¿me llevas? – le pidió al rubio.

Primero tendremos que ver si Mary Jean accede a moverte – le pidió considerar la propuesta.

Si señor Albert puede moverse e incluso caminar, pero despacio señorita Candy– recomendó Mary Jean.

Candy ¿será que puedo hablar contigo a solas? – pidió Terry.

No Terry…hablaremos en el camino, Albert nos esperara en la mansión Andley, ¿verdad Albert? – le dedicó una mirada ante su petición.

Si lo quieres así, eso haré – Albert se sintió incómodo ante su propuesta que desvió la mirada y se condujo hacia la salida.

¿Nos vamos señorita? – le dijo Terry ofreciéndole su brazo.

Claro y quita esa sonrisa, que no te voy a disculpar el comportamiento de hace unas horas - le advirtió ella.

Pero Candy, el dueño de la casa soy yo – dijo él reafirmando.

Pero es grosero que te comportes tan celoso por Albert, además él tiene razón Terry, aún estoy enferma – le contestó adecuadamente, ya que ese comportamiento solo era admitido por los bárbaros.

Pero exagera, no estás inválida, lo que no entiendo es por qué se toma tantas libertades – se defendió él.

Bueno ese tema no lo voy a discutir contigo.

Se quedaron un buen tiempo sin hablar.

Candy – le dijo él.

Dime Terry.

¿Por qué eres así conmigo?… sé que no debo ponerme celoso, pero siento que algo me ocultas – le dijo molesto y un poco celoso ante la actitud de la rubia.

Lo sé, pero… no puedo decírtelo, sólo confía en mí. Debes admitir que sólo le he dado noches de insomnio a Albert estos meses, además él responde por mí porque así se lo ha encargado el señor Andley, ¿lo entiendes?

Sí, lo entiendo, pero ¿cómo le hago para controlar este miedo por perderte? – le preguntó a ella, mirándola a los ojos.

No te estoy pidiendo eso, sólo quiero que me digas que vas a confiar en mí, que Albert no es lo que tú piensas, además te tengo una sorpresa pero…¿ podemos sentarnos cerca del lago?– le pidió de manera abrupta.

¿Cuál es la sorpresa Candy? – preguntó ansioso.

Espera Terry, ven sentémonos –y una vez sentados Candy prosiguió- Terry ¿me puedes hacer la pregunta que ayer me hiciste?

¿Cuál? Ah…oh…esa, ¿Candy quieres ser mi novia? – preguntó él emocionado.

Mh, déjame pensarlo, tengo que tomar en cuenta que no confías en mi, ni que...comenzó ella a enumerar los malos hábitos de él.

Candy…no me tortures – suplió el chico.

Mm que será, sí quiero ser su novia joven Grandchester – aceptó muy solemne.

Candy no me llames así, para ti soy Terry, además se te oye tan dulce – la reprendió él.

Y cuando esté enojada serás Terrence – le reconvino.

Llámame como quieras cuando te enojes, o cuando te pongas necia, o cuando no te quiera dar un beso o cuando nos casemos, ¿pero sabes una cosa?, me da mucho gusto que hayas aceptado – la miró como si fuese un sueño.

¿Por qué? – preguntó ella confundida.

Porque si no hubieras aceptado, no podría darte esto – dijo acercándose y dándole un beso para sellar su compromiso.

Aunque a ver si dejas de ser tan celoso – le advirtió.

Lo veo complicado – soltó un bufido.

Pues entonces no preguntes por qué dejaré de hablarte por mucho tiempo – sonrió atreviéndose a amenazarlo.

Aunque nada que no pueda cambiar ¿verdad? – le espetó tratando de suavizar las cosas. Me gustas pecosa – declaró él abiertamente.

A mí también, pretencioso – le dijo dándole otro beso.

Mientras en el trayecto a la mansión Andley, Albert iba casi taciturno, no quería dejar a Candy sola y no se le ocurría nada más que proseguir con el plan inicial, comprometer al joven Grandchester para que cuidara de Candy, no había otra opción, aunque esta fuese la única.

Joven William, ¿le pasa algo? – preguntó Dorothy que miraba el paisaje.

No Dorothy, ¿por qué? – contestó él.

Lo veo extraño – le comentó Dorothy.

No es nada Dorothy, sólo estoy cansado. Vengan bajemos, dile a George que venga al despacho – le pidió con un tono menos efusivo.

Cuando llegó a la biblioteca, Albert se dispuso a tomar un poco de brandy, lo sirvió pero después lo dejo tal cual, no se le antojaba.

Joven William y la señorita Candy, ¿está mejor? – le preguntó George al no verla con él.

Si, viene caminando hacia aquí con el joven Grandchester – le informó Albert mientras se sentaba en el sofá cerca de la ventana.

Ah ya veo, y usted ¿cómo se encuentra?

Bien, sólo un poco cansado – le espetó Albert.

Si ya veo, sabes William creo que debemos hablar de algo –para Albert no era extraño que George le hablara con tanta familiaridad pues eran casi como hermanos y en momentos como este la formalidad la dejaban a un lado -Dorothy te ha notado un poco…celoso en relación al joven Grandchester.

¡¿Celoso yo?, perdón pero creo que ya están viendo mal – se enderezó rápidamente y caminó hacia su escritorio, mientras veía cómo se desplazaba George hasta él.

Es en serio William, nos preocupa la relación que tienes con la señorita Candy.

¿Relación?, no espera, sólo somos amigos y muy buenos, por cierto. Creo que están mal entendiendo, no estoy enamorado de Candy si eso es a lo que te refieres. Sólo que últimamente he estado muy preocupado por ella, sólo es eso - afirmó William.

¿Seguro William? – replanteó George.

Seguro George, dejen de pensar esas cosas, además si fuera cualquiera de mis sobrinos sucedería lo mismo, sólo que cada vez que Candy recuerda lo hace con tanto miedo, si antes no le importaban las acciones de los Leagan ahora ya les toma aversión, ha cambiado en su forma de ver la vida. Terrence es sólo otra preocupación, me da miedo que la confunda más – explicó el rubio su turbación.

Claro, veo lo que quieres decir, pero estar tan cerca de ella puede resultar peligroso – le advirtió George nuevamente.

No George, si me enamoro o no, que no es el caso, estando cerca o lejos no importará, de igual forma lo haré, sólo sé que me estoy convirtiendo en una persona sobreprotectora – tradujo su notada preocupación.

Si William, sólo ten cuidado con eso – le recomendó George.

No se preocupen, no pasará "eso" – le confortó Albert.

Días antes se había formulado la misma pregunta, ¿realmente estaría enamorado de su pequeña?, esa idea había estado circulando en su cabeza desde que tuvo el enfrentamiento con Terry, y después de la plática con Candy dio por entendido que sólo se estaba volviendo sobreprotector y que nadie más que él podría salvar a Candy de sus recuerdos pues nadie la conocía tan bien como él. Terry en realidad representaba una amenaza, llegó a la conclusión de que era realmente ridículo, para él no lo era, pero tenía que ver por el bien de ella no el de su celoso pretendiente. Eso era lo que tenía que aclarar con ella, lo haría cuando llegara.

Hola Candy hubieras llegado después del almuerzo, necesito hablar contigo, ¿le molestaría joven Grandchester? – fue la solicitud por parte de Albert.

Por supuesto que no, ahorita te veo – reconvino Terry.

Gracias puede usted acomodarse en la sala de té, Dorothy atiende al joven Grandchester.

Si señor Albert, me puede seguir – dijo esto a Terry.

¿Qué pasa Albert? – preguntó Candy cuando le tomó la mano en la biblioteca.

¿Ya son novios? – la interrogó.

¡Albert! Por favor o comiences, pero si quieres saber…sí, Albert, soy tan feliz – dijo ella girando sobre sus pies y aspirando el aroma de las rosas que llegaba desde el jardín.

¿Ya se besaron? – preguntó divertido.

Albert eso no se pregunta – no contestó poniéndose roja como un tomate.

Jajajaja tu cara me dice todo, no me lo puedes ocultar – dijo él burlándose.

Albert, no hagas eso, me haces sonrojar – contestó una Candy muy afligida.

Candy no podía ocultar lo sonrojado de su rostro, así que Albert la tomó de la cintura para hacerla girar en los aires dentro del espacio desértico de la biblioteca, no dejaban de reír y sólo por un momento se miraban tan felices que ni ellos podrían creerlo –sobre todo por razones distintas- de pronto Candy comenzó a peligrar, Albert trastabilló y al caer, Candy cayó encima de él quedándose uno frente a otro y en una posición un tanto incómoda, de pronto se oyó un ouch y una risotada a todo lo que daba por parte de los dos. Cuando se oyó el golpe, Terry se encontraba deambulando cerca de la biblioteca y corrió a ver qué pasaba y cuando hubo entrado se llevó una desagradable sorpresa.

Pero…¿qué diablos?, ¡maldición…! – protestó un endiablado Terry, salió de la biblioteca hacia el jardín.

¡Ouch! Me dolió - espetó Albert adolorido aún por el golpe.

Tenemos problemas Albert, era Terry, tengo que hablar con él – dijo ella tratando de pararse.

No, espera Candy, yo voy por él, llega en diez minutos al jardín –dijo Albert saliendo de la biblioteca para ir en busca de Terry.

Joven Grandchester espere – dijo él llamándolo.

¿Qué quiere? No puedo creerlo, es mi novia y espera que no diga nada. ¿Sabe? Yo confío en ella, pero en el que no lo hago es en usted – le dijo él notablemente enojado.

Creo que esta malinterpretando las cosas – le afirmó Albert.

No me salga con que ahora el que malinterpreta soy yo – le dijo dando de vueltas y parándose cada vez que le hablaba.

Me parece que no está en posición de insultarme en mi propia casa – le respondió Albert muy enojado.

No es su casa y espero al menos una explicación – pidió él.

Usted no se merece ninguna, confíe en ella, lo toma o lo deja – le sugirió.

Pues usted no se saldrá con la suya, ella es mía y de nadie más – denotaba que además de colérico se estaba comportando idealmente posesivo, pero no era con él contra quién tendría que defenderla.

Señor Terrence Grandchester esto tiene que terminar, no le permito ese comportamiento delante del padre de su novia – le soltó sin más ni más.

¿Queeeé? – contestó él.

Veo que ya lo sabes Terry – afirmó ella al verle el rostro, totalmente desencajado.

No le creo ni media palabra – farfulló el castaño.

No está en posición de discutirlo, sólo entre y lo verá – pidió el tajantemente.

Señor Albert – le solicitó Dorothy.

Dorothy llama a George y por favor deja las formalidades a un lado y dime por mi nombre de pila.

Si joven William – hizo una venia y se retiró.

Toc toc

Adelante – accedió William.

Dígame joven William – contestó el George al obtener el permiso para entrar.

George,¿podrías decir cuál es mi nombre completo? – le preguntó observándolo.

Señor creo que todos lo sabemos, William Albert Andley – contestó sin más.

¿Quién es Candy? – volvió a preguntar.

Su hija adoptiva, por supuesto.

¿Realmente es verdad? – dijo Terry impresionado.

Por supuesto que es verdad, ¿ahora si me cree? – fue la interrogación dirigida a Terry.

No puedo creerlo, es tan joven – se encontraba estupefacto.

Lo sé, pero como podrás ver no creo que interfiera más en nuestros tratos, sólo que Candy y yo nos conocimos antes, como amigos – le hizo ver que no debería de estar tan receloso por su causa.

Yo…yo no sé qué decir – apenas y pudo hablar.

Pues más bien creo que le debes una disculpa a Albert, ¿no te parece? – le dijo Candy a Terry cuando cruzaba los brazos.

Pero primero que se siente pequeña. George ¿puedes traernos té y más vasos para Whiskey?

Enseguida joven William – se retiró rápidamente.

¿Alguien más lo sabe? – les preguntó mirándolos cuán bien se llevaban.

No, los únicos que lo sabemos somos nosotros – le aclaró sonriéndole.

Albert me tuvo paciencia y como hacía muchas preguntas tuvo que decirme la verdad – le contó ella.

Increíble, mi padre dice que el patriarca de los Andley es muy viejo – recordó una plática anterior con su padre.

Eso lo inventó la Señora Elroy Andley, por supuesto – le informó Albert a Terry.

Y ahora te pediremos que guardes nuestro secreto – viéndose mutuamente.

Tómate esto Terry – dándole un vaso de whiskey.

Por supuesto, por mi honor defenderé su secreto– dijo él levantando la copa.

Por el honor – todo había salido más que bien e igualando al castaño Albert levantó su copa.