CAP. 19.- ALERE FLAMMAM VERITATIS.
("Alentar la flama de la verdad")
- Entonces… ¿Qué quieres de mí? ¿Dinero? Llévate lo que quieras, me da igual, nada de lo que hay en esta casa tiene valor para mí.
- Quiero respuestas.
El Consejero se sentó en una butaca que ocultaba parcialmente su rostro de su interlocutor, con un gesto de su mano le invito a sentarse frente a él a lo que el encapuchado se negó.
- Como prefieras…- dio un nuevo trago a su copa lo que provocó un gesto de desaprobación en su invitado. – Dices que quieres respuestas, pero ¿sabrás hacer las preguntas adecuadas?
- ¿Qué sabes de la familia Bon-Ice? – le inquirió sin más dilación.
- Algunas cosas, sé más preciso. – A pesar de su estado de embriaguez no se lo iba a poner fácil.
- Natassia Bon-Ice ¿usted la conocía?
- Si.
-¿Cómo se conocieron?
- Hace muchos años, viví en Rusia, allí nos conocimos.
- ¿Cuál era su relación con ella?
-Así me gusta, ya empiezas a ser más concreto. Yo era un joven perdido ella una mujer de buena familia. El destino aciago nos cruzó durante un tiempo. Me enamoré de ella y durante un tiempo creí también que ella me amaba a mí.
Un breve silencio se hizo entre ellos hasta que Camus continuó con su relato.
-Por aquel entonces era un don nadie, su familia era cercana a la realeza por lo que mi amor se antojaba como un imposible, aun así peleé, peleamos porque su familia lo entendiera y nos permitiese estar juntos. Finalmente tomé la decisión más dura de mi vida. Su padre me ofreció ganarme su respeto, tenía que convertirme en un hombre de negocios importante, sin embargo aquello tenía un precio alto pues conseguirlo me mantendría lejos de Natassia durante un tiempo, años incluso, pero si lo completaba alcanzaría un estatus suficiente para pedir formalmente su mano.
- Entonces ¿ustedes estaban enamorados?
-La amaba con locura, como un hombre nunca ha amado a una mujer. Y ella parecía que me correspondía. Nos prometimos esperarnos y formalizar el juramento de matrimonio que le robé poco antes de partir.
- Usted nunca cumplió.
-¿Por qué dices eso? Haces suposiciones muchacho. ¡No fui yo el que incumplió! – Golpeó la mesa con su vaso con fuerza, derramando parte de su contenido. – ¡Ella fue la que me traicionó! Nunca jamás dejé de amarla, la escribía a diario, cada día me esforzaba lo inimaginable por convertirme en el hombre que pudiera aspirar a ella… Y cuando me enteré que falleció… - Estaba llorando, no sabía si de rabia o era fruto de los sentimientos que aquella conversación le había evocado. – Siempre me pregunté cuál fue el motivo por el que tuvo que coger ese barco ¿qué la empujó a venir a Japón? – Se había levantado y andaba sin rumbo por la habitación. – Hace poco lo descubrí.
- ¿Qué descubrió?
-Ella tuvo un hijo con otro hombre y, por su edad, ya estaban juntos cuando yo la conocía. Él si era el tipo de hombre que su familia podría aceptar. Cada vez que lo pienso… Nunca he vuelto a amar a otra mujer atrapado por su recuerdo…
El visitante escuchaba con atención sin decir palabra.
- ¿Se te acabaron las preguntas? – Camus hizo un esfuerzo por recuperar la compostura.
- ¿Ella nunca te explicó nada?
Camus se acercó a un pequeño escritorio de madera incrustado en la pared, lo abrió y sacó una carta. Dejó la misiva en la mesa baja de café que le separaba de su interlocutor y fue a servirse otra copa.
- Esta es la última carta que recibí de ella. Llegó después de que me enterara que había fallecido. En aquel momento estaba en Europa y, al enterarme de lo sucedido, demoré mi estancia allí, no quería regresar y enfrentarme a la realidad. Esta carta me esperaba a mi regreso como un juez acusador. Nunca tuve el valor de abrirla, temía descubrir que ella había cogido ese barco para venir a buscarme. – Dio un trago a su copa. - Llévatela si tanto interés tienes en esa familia. A mí ya no me importa…
Cuando Camus se giró ni la carta ni el encapuchado estaban en la habitación. Dejó exhalar un suspiro. De algún modo aquella conversación le había reconfortado al permitirle poner en palabras un pasado que le había atormentado durante mucho tiempo, quizás así podría liberarse por fin de su último recuerdo. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, finalmente no había sido el diablo quien le visitó esa noche, tan sólo un emisario con el que expiar sus pecados.
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Cuando Seiya llegó a la oficina esa mañana sabía que no la encontraría allí. Sin perjuicio de que con la presencia de Hilda en la ciudad ella continuaría ejerciendo de anfitriona, algo le decía que, aún si no fuera así, ella no aparecería. Los recuerdos de la noche anterior le atormentaban. La recepcionista entró sobresaltándole ligéramente.
- Disculpe Sr. Kido, han llamado de las oficinas de Horse and Lion para recordarle su cita de hoy. Le esperan en dos horas en el hipódromo.
- Gracias. – Se limitó a decirle.
Se levantó dispuesto a irse a su apartamento hasta que llegara la hora de su cita. Entonces reparó en la agenda de Saori sobre la mesa de su despacho.
- Quizás no pueda contarte nada de momento pero… - buscó en la agenda la fecha del primer día, el día en el que aquella herencia les volvió a juntar y se puso a escribir.
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- Buenos días Hilda.
La asgardiana disfrutaba de una taza de té en el jardín trasero de la casa del Consejero de Aquarius. No era tan grande como el de la Mansión Kido pero era un lugar agradable y tranquilo, lleno de cerezos y con un pequeño lago artificial en el centro alrededor del cual habían dispuesto unas sillas y una mesa de estilo francés para el almuerzo.
- Buenos días Saori, acércate, pediré que te sirvan un té. – Hizo un gesto a la sirvienta que se mantenía a una distancia prudencial. – Se te ve cansada ¿no dormiste bien hoy?
- No mucho, la verdad. – Dos sombras negras ensombrecían la mirada de la muchacha.
- Imagino por qué querías hablar conmigo hoy. – Hilda no se andaba con rodeos nunca. – Es por Julian ¿verdad?
- Cierto. Ese hombre anda detrás de las propiedades de mi familia y estamos teniendo algún problema con ello. De hecho, necesitaba pedirte un favor al respecto pero… cuando vi tu cara de pavor anoche al verle ¿de qué le conoces Hilda?
- Saori, haz lo que sea necesario pero aléjate de ese hombre, es un monstruo. – La contundencia y vehemencia de sus palabras la asustó.
- Hilda… ¿qué ocurrió? Me estás asustando.
Hilda se giró esforzándose por sonreír, pero era evidente que los recuerdos que habían ocupado su mente la entristecían y preocupaban.
- Saori… ese chico de tu familia, Seiya. ¿Es importante para ti verdad? – La reacción de Saori le confirmó su sospecha. – Discúlpame, ayer me pareció veros… bueno estabais en un lugar apartado del resto de la fiesta. – Saori recordó el momento en el que Seiya la había atraído tras una columna, se sonrojó. – Si de verdad te importa, no dejes que él lo sepa.
- ¿Julian? No entiendo Hilda… Sé que él siempre ha estado detrás de concertar un matrimonio entre ambos, pero no creo que yo le interese como mujer más allá de por ser la llave a obtener todo el patrimonio de mi abuelo.
Hilda bajó la mirada y una extraña mueca se dibujó en su sonrisa.
- Julian no es lo que parece. Es un loco y un depravado. No le subestimes o lo pagarás caro.
- Hilda, por favor, necesito que seas más clara. No puedo arriesgarme aponer en peligro a mi familia y tus palabras me están asustando mucho.
La mujer de larga cabellera plateada dejó escapar un suspiro.
- Levántate, daremos un paseo. Quizás hasta me venga bien hablar de esto con alguien de confianza.
Ambas mujeres se adentraron en los laberintos de arbustos y árboles del jardín que, a esa hora, mostraban un verde intenso gracias a los rayos de sol matutinos que se reflejaban en las gotas de rocío aun presente en sus hojas. Aunque era una estampa que ambas mujeres hubieran disfrutado, en ese momento no era más que el lugar que más intimidad les podía garantizar.
- Cuando conocí a Julian no sabía el tipo de hombre que era. Nos engañó de una forma magistral. Todo ocurrió hace ya un tiempo pero lo ocurrido ha atormentado a mi familia desde entonces…
"Cuando mi padre falleció todo mi mundo se desmoronó. De la noche a la mañana tuve que ocuparme de un reino que no confiaba en mí. No fue fácil, ni fui tan fuerte como se cree, en realidad, si Siegfried no hubiera estado a mi lado, me hubiera derrumbado mucho antes él siempre creyó en mí, fue mi pilar y me dio la fuerza que necesitaba para seguir adelante. No sé en qué momento nos enamoramos, pero sucedió y fue lo más maravilloso que me ha pasado en la vida. Sin embargo, yo era una reina y él un miembro de la guardia real, no nos estaba permitido relacionarnos y menos en la situación en la que se encontraba el país.
Todo el conflicto social que estalló con el intento de derrocar a nuestra dinastía con la muerte de mi padre había dejado las arcas del tesoro prácticamente vacías, así que lo que en ese momento se esperaba de mí como reina era mi compromiso oficial con otro monarca que devolviera la estabilidad económica a la nación. Aquella idea me atormentaba, yo amaba a Siegfried y él me amaba a mí, la sola idea de acabar atada a otro hombre me desesperaba.
Entonces apareció Julian y en ese momento pensamos que era nuestro salvador. La empresa de Julian estaba investigando una nueva fuente de energía renovable basada en el aprovechamiento fotovoltaico de la luz en las superficies heladas, por lo tanto, Asgard era el sitio ideal para esa investigación. El acuerdo con Julian nos daría suficientes ingresos para que mi posible compromiso pudiera demorarse en el tiempo. Poco a poco nuestra confianza en Julian fue aumentando y cerramos muchos más negocios. Prácticamente nos salvó de la quiebra, por lo que finalmente Siegfried y yo pudimos comprometernos.
Pero todo era demasiado bonito para ser cierto. Poco a poco las demandas de Julian empezaron a ser mucho más exigentes y él sabía que nos tenía atrapados. Cuando toda esa relación con Julian comenzó a resultar asfixiante… Siegfried se enfrentó a él. El hombre que habíamos conocido en todo ese tiempo cambió por completo, su amabilidad fue sustituida por una crueldad desmedida. Empezó a retirarnos su apoyo empresarial y económico, lo que hizo que el descontento del pueblo se reavivara. Estábamos desesperados.
Entonces apareció un día con una extraña proposición. Te juro que nos tenía totalmente descolocados, no era poder económico lo que buscaba era algo más, quería someternos de una forma absoluta y… cruel, quería dominarnos, sentir que tenía el control y utilizarlo para rompernos como personas. ¡Nos quería a nosotros Saori! – Hilda tuvo que hacer un auténtico esfuerzo para continuar con su relato. – Al principio pensamos que simplemente era un sádico, un pervertido y te juro que estuve dispuesta a entregarme a él si es lo que buscaba y si aquello acababa con todo aquel sufrimiento. Pero no era a mí a quien quería, le quería a él."
-Dios mío Hilda, es horrible… - Saori no pudo evitar empatizar con él dolor del relato de su amiga, intentó coger su mano, pero Hilda se apartó.
- Saori, el Siegfried que regreso a mí, no era el mismo hombre que se fue y dudo que pueda recuperarse algún día de lo que sea que le hizo ese monstruo. Simplemente le quebró, le partió por dentro y por fuera. Llegó lleno de heridas, cortes y golpes, por todo su cuerpo, le habían forzado a cosas que no quiero ni imaginar… Durante mucho tiempo ha tenido pesadillas y no soportaba que nadie, ni siquiera yo, le tocara. Este último año ha sido el más duro de nuestra vida… y todo por ese hombre. Por suerte, después de aquello le dejamos de interesar.
Saori la miraba horrorizada, no sabía que decir por lo que se limitó a continuar callada, en el fondo era consciente de que no había palabras que pudieran dar consuelo a su amiga. No pudo evitar pensar en Seiya.
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Hyoga y Fleur paseaban por la zona del puerto. Desde fuera simplemente parecían una bonita pareja de jóvenes, sin embargo aquel encuentro no era el que la chica rubia hubiera deseado desde la primera vez que el joven Kido y ella se conocieron.
Hyoga le había llamado esa mañana pidiéndole que quedaran, su voz sonaba extraña, no es que fuera distante o estuviera molesto, algo que Fleur temía, más bien era como si estuviera cansado o incluso derrotado.
- Hyoga… ¿Qué ocurre? – El muchacho no había pronunciado palabra desde que se encontraron.
- Fleur, en la fiesta me dijiste que Camus había estado enamorado de mi madre y que él sufrió por amor. – La joven asintió. - ¿De dónde sacaste esa información?
- Le escuché hablar con Hilda. Sé que no debería escuchar tras las puertas pero… no pude evitarlo. – La joven bajó la mirada avergonzada.
Fleur relató a Hyoga lo poco que había escuchado hablar a su hermana y al Consejero. Hyoga quedó callado tras su relato.
- Hyoga ¿estás bien? Me tienes preocupada.
- Sí, no te preocupes, la sonrió. – Por un momento sintió la necesidad de compartir con la chica sus dudas y preocupaciones. Por alguna razón aquella joven le daba confianza y, lo que era más curioso, le daba paz. Su sola presencia le agradaba. Quizás si las circunstancias fueran otras…
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- ¿Te gustan los caballos Seiya?
- Si es un animal que siempre ha llamado mi atención pero ¿por qué me has traído aquí?
- Es un buen sitio y la comida no está mal. Además, los caballos son casi todos de mi empresa, los criamos para competir, por lo que me dejan visitarlos y comprobar que todo está bien.
El hipódromo no estaba especialmente concurrido ese día, aun así Seiya quedó sorprendido por la cantidad de jugadores que acudían entre semana a las apuestas, quizás porque ese mundo nunca le había llamado especialmente la atención.
Aioros le llevó por todos los rincones del recinto como un perfecto anfitrión y experto en el mundo de la hípica y los equinos, en otras circunstancias Seiya lo hubiera disfrutado pero justo ese día, después de todo lo ocurrido la noche anterior.
Llegaron hasta los establos donde Aioros, con un gesto, hizo que todos los empleados del lugar les dejaran solos.
-Imagino que sabrás perfectamente que no es para hablar de caballos para lo que te he citado hoy aquí ¿verdad Seiya?
- Lo imaginaba sí. Entiendo que quieres que te cuente personalmente porque estamos pidiendo vuestro apoyo para el veto.
- Te equivocas. – Aioros cepillaba un semental pardo mientras hablában. – Sé muy bien que Saga hace tiempo que dejó de ser de fiar y cuál va a ser mi posición en la votación del próximo día. También te digo que no servirá de nada…
- ¿Cómo? ¿Crees que no nos será posible conseguir el apoyo del Consejo?
- No, yo no he dicho eso. De hecho sería muy presuntuoso por mi parte hacer conjetura alguna en tal sentido, sobre todo porque hace tiempo que mi relación con el resto de Consejeros es prácticamente nula.
- Entonces me temo que no te entiendo. – Seiya le miraba con cierta confusión, tanto secretismo empezaba a ponerle nervioso.
- Creo que lo entenderás cuando acabe nuestra conversación. – Los profundos ojos azules del Consejero se clavaron en los de Seiya. – La razón por la que quería hablar contigo es simple y llanamente porque soy un cobarde, una mentira en mi mismo, y creo que ya ha llegado la hora de que haga algo al respecto. Siento involucrarte en todo esto, porque básicamente lo que voy a pedirte es que cargues con mi penitencia. –Seiya no pudo evitar hacer un gesto de asombro. – Seiya voy a contarte la historia de mi familia y de Saori. Es una historia que hace tiempo muchos decidieron sepultar bajo tierra, pero eso debe cambiar, además es la razón por la que mi hermano y yo dejamos de hablarnos. Siento hacerte esto a ti, de veras que me caes bien y no me siento la mejor persona del mundo por haber tomado este camino; pero es precisamente porque confío en ti por lo que creo que eres el adecuado para compartir este secreto. Anoche me di cuenta que te preocupabas por ella, de una forma diferente al resto de tu familia, ella te importa de verdad y sé que necesitará a alguien así a su lado cuando todo salga a la luz.
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Cuando Seiya llegó a su apartamento un ligero temblor todavía recorría su cuerpo, la información que tenía por digerir era demasiada. Además, la sola idea de seguir acumulando secretos con Saori empezaba a sentirse como una losa sobre su espalda, pero tal y como le había dicho Aioros, era lo mejor y más seguro para ella, sobre todo si la votación no salía bien.
Esa idea de que era lo mejor para ella, de que había que protegerla, aunque en el fondo sabía que era la opción más cautelosa y segura, no le convencía del todo. Ella era una mujer fuerte y valiente, se había colado en su propia empresa como un hacker sin ir más lejos. Quizás se estaban pasando con su sobreprotección, a lo mejor ellos, con su buena intención, la estaban perjudicando más de lo que creían. ¿A caso tenían derecho a decidir sobre su vida como lo estaban haciendo? Él era el que mejor la había conocido a raíz de las últimas circunstancias, tanto como Pegaso como por él mismo, y se había dado cuenta que era cuando trabajaba en equipo con ella cuando había obtenido los mejores resultados. Por eso dejarla al margen, aunque fuera por su bien, era una decisión que le comenzaba a pesar demasiado.
Dejó esas ideas que le turbaban aparcadas por un momento y cogió el teléfono, tenía una llamada importante que hacer. Tardaron más de cuatro tonos en cogerle, llegó a pensar que quizás no tendría suerte.
- ¿Marin? Soy Seiya.
- Hola Seiya ¡qué casualidad! Tenía pensado llamarte, averigüé algunas cosas de la madre de Shiryu.
- ¡Eso es fantástico Marin! Pero quizás es mejor que te llame entonces más tarde cuando me reúna con él.
- De acuerdo, sin problema. Pero, entonces… ¿Qué es lo que quieres?
- En realidad llamaba para hablar con Aioria ¿está en casa?
- Si claro, ahora le paso el teléfono.
Se oyeron unos pasos antes de que la voz del joven rubio al otro lado se hiciera presente.
- Hola Seiya ¿qué sucede?
- Aioria verás… perdona que vaya tan al grano pero necesito tu ayuda para solucionar el problema de mi familia.
- Cla…claro Seiya, sabes que puedes contar conmigo, pero… no sé muy bien en que puedo ayudarte.
- Verás… esa es la parte difícil… Aioria he conocido a tu hermano. – Un profundo silencio se hizo al otro lado de la línea hasta el punto de que, si no fuera por la respiración que se oía, Seiya hubiera pensado que le había colgado el teléfono.
- Seiya, yo nunca te dije que tuviera un hermano.
- Lo sé… pero, por favor, déjame explicarte.
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Esmeralda esperaba en la barra del bar, hacía mucho tiempo que no visitaba aquel lugar y en el fondo hubiera preferido pasar mucho más tiempo sin pisarlo.
- Cariño… - al oír su voz sintió un leve escalofrío recorrer su espalda. Era su padre, pero siempre le sintió como un extraño. – Pensé que no querías saber nada de tu viejo.
- Hola Guilty. – Esmeralda intentó cambiar su actitud distante y seria, si quería convencerle tendría que darle algo a cambio. – Papá…
- Eso me gusta más querida. Dime… ¿qué te trae por aquí?
Guilty estaba acompañado por sus habituales "guardaespaldas", a pesar de que siempre se mantenían a una distancia prudencial de su jefe, su presencia incomodaba a la muchacha.
- Verás papá… quería pedirte… necesito…- cogió fuerzas – necesito que perdones a Ikki sus deudas.
Guilty se encendió un cigarrillo antes de contestar.
- Sabía que tarde o temprano vendrías a pedirme eso. Pero verás Esmeralda, Ikki es un hombre y, como tal, él mismo debería resolver sus problemas y no enviarte a ti a hacerlo.
- Él no sabe que he venido, nunca lo permitiría de hecho. Esto te lo pido como hija. Ikki me hace muy feliz y si acudo a ti es porque de verdad me importa. Sólo quiero una vida normal y ser feliz junto al hombre que amo ¿lo entiendes? – Esmeralda bajó la mirada, estaba a punto de derrumbarse. El hombre no pudo evitar sentirse un poco conmovido al ver a su hija así de suplicante.
- Cariño… sabes que precisamente es tu felicidad lo único que me importa. Digamos… que intentaré ser algo más flexible con Ikki. ¿Te vale?
- ¡Oh papá, gracias, gracias! – Esmeralda se abrazó a su padre emocionaba, nunca imagino que fuera a ser tan comprensible con ella.
Charlaron un rato más, poniéndose al día. Bueno, sobre todo fue Esmeralda la que le contó de su trabajo en el hospital, obviamente los negocios de su padre eran cuestiones sobre las que prefería no saber nada. Cuando la muchacha se hubo marchado Guilty se dirigió a su mano derecha que había aguardado tras él durante toda la conversación.
-¿Viste el anillo que llevaba mi hija en su mano izquierda?
- Si mi señor, parece que su hija se ha comprometido.
-¡Oh, me sorprendes! Al final va a resultar que eres más listo de lo que creía. Consígueme uno igual.
El fiel esbirro no esperó más indicaciones. Sabía que cuando su jefe ponía esa cara, no debía preguntar más, sólo ejecutar.
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Shiryu recorría la ciudad en busca de su objetivo. Necesitaba soltar todos los nervios acumulados y temía hacerlo en casa con Shunrei en su estado. Marin le había enseñado un método para contactar con la Triada mediante un lenguaje encriptado que solían utilizar los antiguos clanes y que ya muy pocos conocían, si su madre seguía viva, aquella sería la forma más segura de localizarla sin ponerse en peligro. Sin embargo, era una posibilidad remota por lo que las esperanzas de que funcionara serían escasas, pero al menos lo habría intentado.
Después de varias vueltas por fin dio con él. Como era de esperar salía de una casa de chicas de dudosa reputación. Ese hombre le asqueaba demasiado, sobre todo desde que conoció a su bella mujer. Helena ya tenía suficiente con su enfermedad para que el designio le hubiera emparejado con semejante personaje: alcohólico, ludópata y pervertido. La santísima trinidad de las virtudes deseables en todo buen galán.
Vio que él lugar tenía una puerta trasera que daba un callejón donde dos de las "empleadas" parecían estar haciendo un descanso. Quizás podría sacarles algo de información.
- Mira lo que viene por ahí Makoto, tenemos a un chico tímido…
La oscuridad de la noche y su capucha le permitían ocultar su máscara, al fin y al cabo, seguramente no era el primer cliente que procurara ser invisible de ojos curiosos.
- Ya veo… - Esta vez fue la otra señorita la que habló. – Siento decepcionarle pero me temo que la entrada está por el otro lado.
Shiryu desactivó su modulador de voz para no asustarlas.
- Disculpen las molestias señoritas, sólo buscaba algo de información.
- ¿Seguro? – nuevamente era la primera que habló. – No somos chicas a las que se nos dé bien la conversación…
- ¡Callá Mae! – La segunda en hablar, que parecía haberse dado cuenta de la situación, cogió las riendas de la situación. - ¿Qué buscas? Que sepas que sólo tenemos que gritar para que unos tipos nada amigables vengan a hacerte compañía.
- Sólo busco respuestas no es mi intención buscar problemas. Necesito información sobre un tipo que hace un momento abandonó el local. Alto, ojos azules, al igual que su cabello, corto y despeinado, también lleva perilla.
- ¡Ese es el Sr. M.! ¿Acaso tiene problemas? Por Dios no, él es un hombre tan bueno…
- ¡Mae! ¿Qué te he dicho de estar calladita?
- Lo siento Macoto… - la joven bajó la vista avergonzada y algo asustada, estaba claro quién era la líder ahí.
- Si buscas información sobre esa persona, te equivocas de lugar.
- Sólo quiero saber qué busca en estos lugares, él es un hombre de familia. – Sintió que quizás había hablado demasiado, pero a lo mejor funcionaba.
- Así que eres uno de esos ¿no?
- ¿Uno de cuáles?
-Un detective. – Shiryu simplemente dejó que su silencio le otorgara la respuesta que esperaba. – Te equivocas con el Sr. M., el es un buen tipo. Para él esto sólo es un negocio con el que… bueno eso no te importa. Nunca nos ha tocado a ninguna de las chicas si es lo que te preocupa, dile a quien te haya contratado que si buscaba carnaza no es el lugar ni la persona indicada. – Según terminó la frase cogió a su compañera del brazo y se regresó al local.
Shiryu no entendía lo que acababa de pasar ¿acaso se había precipitado juzgando a ese hombre? Porque tuvo la extraña sensación de que era precisamente eso lo que había sucedido.
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- Sabía que te encontraría aquí.
- Hoy no estoy para sermones Hyoga…
- Ni es lo que pretendo hermano, créeme, mi día tampoco ha sido muy bueno que digamos.
Hyoga se sentó en la cornisa junto a su hermano. Desde ese punto podían ver la habitación de Saori sin ser vistos.
-¿Sigue enfadada?
- Si, y triste. – La joven estaba sentada cerca de la ventana, sujetaba el cascabel con forma de Pegaso entre sus manos mientras su mirada se perdía entre los edificios. – Eso es lo que más me duele. – Dejó escapar un suspiro de resignación. – Hyoga, se lo voy a decir todo; esperaré a que esto acabe porque os lo prometí, pero no pienso volver a mentirla nunca más.
El rubio apoyó su mano sobre el hombro de su hermano. En el fondo de su ser le dolía verle así. Seiya siempre era el de la voluntad más fuerte, el pilar del grupo, era raro no encontrar una sonrisa en su cara. Saber que estaba arriesgándose a perder a la mujer de su vida por la promesa que les había hecho le honraba y, aunque a veces Hyoga se sentía culpable por verle así, sabía que era lo mejor, lo habían hablado y meditado mucho, el riesgo a evitar era más importante. En el fondo tenía fe en que lo solucionarían, al fin y al cabo, Saori siempre había tenido debilidad por Seiya, aunque él era el único que nunca se había dado cuenta de ello.
- Pero venga… háblame de tu mierda de día anda. – Rió. – Paso de ser el único que se lamente esta noche…
Hyoga intentó dejar escapar una leve risa ante el comentario del castaño. Pero ni siquiera fue creíble para él.
- Oye Seiya… ¿qué pasaría si de repente descubriéramos que no somos hermanos?
- Pero ¿qué tonterías dices? Llego a saber que te ibas a poner tan transcendental y te sigo llorando mis penas…
- Anoche fui a ver a Camus.
- ¿El Consejero? – El rubio asintió.
- Si. Resulta que conocía a mi madre y, no sólo eso, estuvo enamorado de ella, de hecho llegaron a comprometerse. – Seiya se giró con los ojos como platos, aquella confesión merecía que le prestara toda su atención. – Según me contó mi madre ha sido la mujer a la que ha amado durante toda su vida, incluso después de que… bueno, nunca ha podido rehacer su vida con otra mujer. Sin embargo, creo que al conocerme y descubrir que yo soy su hijo… él está convencido de que mi madre le engañó con Mitsumasa.
- Por eso se ha comportado como un auténtico capullo contigo estos días…
- Efectivamente. Pero eso no es lo importante ahora. Me dio una carta de mi madre, la última carta que recibió de ella, justo antes del accidente, él nunca la llegó a abrir.
- Y tú… ¿la leíste? - aunque Seiya temía ahondar demasiado en la herida de su hermano, la curiosidad le podía.
- Si. En ella mi madre le contaba que había tenido que huir de su hogar, que había descubierto que su padre, mi abuelo, pretendía casarla con otro hombre incumpliendo su promesa. Según lo que me contó Camus, él había llegado a un acuerdo con mi abuelo, tenía que conseguir hacerse un "hombre de bien" que pudiera garantizar una estabilidad económica y buena vida a mi madre y, entonces, les daría su bendición para casarse. Cuando mi madre vio que su padre tenía otros planes para ella huyó a Japón en busca de Camus. Además en la carta le decía que no iba sola, que le acompañaba alguien a quien quería que conociera y que, por favor, la perdonara.
Ambos jóvenes compartieron un momento de silencio reflexivo.
- ¿Nada más? – se atrevió a preguntar el castaño.
- Nada más.
- Bueno, al menos sabemos de quién has sacado tu parquedad en palabras.
- Eres idiota… al final voy a dar gracias de no tener tu misma sangre. – Ambos rieron, aquella era su particular forma de afrontar los problemas, riéndose de todo.
- Ahora en serio Hyoga, en realidad esa carta no aclara nada. Es obvio que la personita que la acompañaba eras tú, pero ese perdón… ¿a lo mejor se refería precisamente a la supuesta infidelidad con el viejo?
- No lo sé Seiya… Porque si realmente le fue infiel a Camus ¿por qué se dirigía a su encuentro cuando huyó a Japón? Y si realmente fue algo esporádico lo que tuvo con Mitsumasa ¿cómo es que él se acabó ocupando de mí? Todos conocemos cómo se las gastaba…
Nuevamente se hizo el silencio entre los muchachos.
- La verdad es que no está nada claro. Pero… - esta vez fue Seiya quien apoyó su mano sobre el hombro del rubio. – Si algo tengo claro es que sea o no por vínculo de sangre, tú eres mi hermano Hyoga.
(Continuará)
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Hola a todas, lo primero disculparme por la demora en actualizar, entre el viaje y una gripe que me pilló de sorpresa… se me ha complicado el asunto.
Se acerca la votación del Consejo y cómo veis hay varias cuestiones sobre la mesa que están pendientes de aclararse… ¿Qué relación tienen Aioros, Aioria y Saori? ¿Qué esconde DeathMask realmente? ¿Quién es el padre de Hyoga? ¿Para qué quiere Guilty una copia del anillo de Esmeralda? ¿Qué escribe Seiya en la agenda de Saori?
Sé que no os he dado mucho romance en este capítulo, pero estamos en la recta final… y nos toca un poquito de acción, pero no olvidaremos el resto.
Muchas gracias como siempre por vuestra paciencia y vuestros reviews, que sabéis que me alegráis el día.
Un abrazo a toda y Namasté!
