Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


El Legado


Capítulo XIX

Regreso


Las naves aminoraron la velocidad cuando se encontraron cerca del lugar de aterrizaje. La mayoría de estas desviaron su rumbo hacia el patio común para los soldados y solo siete continuaron hacia la zona de descenso privado de palacio, donde eran esperados por nada más y nada menos que el rey de los saiyajin. Una vez en tierra firme, las puertas se abrieron y por fin pudieron salir los guerreros que lograron conquistar un nuevo planeta, y no cualquiera, sino que uno de esos que el rey estaba obsesionado por tener.

La comitiva que los esperaba, vociferó gritos de victoria y felicitaciones. Era un orgullo para todos saber que el planeta Vegeta crecía cada vez, más y más, y a este paso en muy poco tiempo tendrían al universo bajo sus pies, obedeciendo y trabajando para ellos, porque eran la raza guerrera más grande de la galaxia y no había nadie quien pudiera hacerles frente.

Más tarde habría una fiesta para celebrar, el mismo rey había sido quien ordenó organizarla y ya se sabía que duraría un par de días. Nada podía ser pequeño para festejar tal avasalladora victoria que solo tomó tres meses contra todo pronostico.

La primera en avanzar hacia el rey fue Koora, detrás de ella Tarble junto con Bardock y unos pasos más atrás, los otros cuatro hombres de la reina. Fue una sorpresa para todos ver al rey caminar hacia su mujer, cuando era ella quien debía ir hacia él, pero al parecer el monarca estaba demasiado emocionado y contento por esta última victoria. Todos se detuvieron y callaron cuando el hombre llegó con ella y observaron en silencio.

—Ya estoy de regreso, su majestad —dijo mirándolo a los ojos.

Vegeta le respondió algo en voz baja que nadie pudo escuchar, e inmediatamente después, tomó el brazo de la reina y levantó en señal de orgullo. Todos los presentes (menos quienes venían con ella) gritaron orgullosos, las voces gruesas de los soldados hicieron vibrar el lugar, junto con la de Vegeta que participaba igual de excitado, o incluso más. El gesto que había tenido con la reina en frente de sus hombres significaba demasiado para la relación de ambos. Jamás se había visto un rey realizando semejante mensaje de aprobación hacia alguien en público.

Koora se esforzó en sonreír y participar del momento. Terminó gritando y celebrando con todos los presentes, entonces los soldados que venían con ella debieron fingir y se unieron a los vítores, salvo por Tarble y Bardock, quienes continuaron en silencio presenciando el excesivo escándalo protagonizado por el rey.

En medio de los gritos, Vegeta pasó un brazo por el hombro de su mujer y la condujo hacia en interior de palacio. Poco a poco todo se calmaría, pero la celebración continuaría en el interior. Antes de salir del área de aterrizaje, Koora miró hacia atrás, donde estaba su hijo y Bardock. Intercambió una mirada con este, pero el hombre desvió la atención a otro lado.

—Ya puedes retirarte, Bardock —dijo Tarble antes de marcharse.

El soldado lo obedeció enseguida. No tenía ganas de quedarse a celebrar, no tenía motivos para eso y además alguien lo estaba esperando para conversar. Levantó vuelo y observó el lugar bajo él. Ya eran cuatro meses de ausencia y se le había hecho una eternidad, hizo un esfuerzo por no comunicarse con Gine por medio de los scouters, pero no pasó muchos días hasta que lo hizo, otros días más pasaron para que ella aceptara la llamada, pero una vez que lo hizo, se comunicaron seguido. No podía evitarlo, estaba preocupado por ella y el encierro de Kakarotto, pero ya había tomado una decisión al respecto y las cosas cambiarían.

Aterrizó en una taberna muy cercana a su hogar. Pese a que aún no era de noche estaba llena de guerreros, todos de buen humor por la noticia de conquista de la reina y no solo en palacio se festejaba, en el resto del planeta ocurría lo mismo. Las noticias corrían tan rápido que era impresionante. Cuando entró, pese a la concurrencia, no le fue difícil encontrar a Toma, había apartado un mesa y ya había pedido algo para beber, lo único que tenía que hacer era sentarse a su lado.

—Felicitaciones, Bardock, ya todos comentan la victoria con el escuadrón de la reina. Supongo que te hiciste de un muy buen botín —comenzó a hablar antes que se sentara en frente suyo.

—¿Cómo supiste?

—Acá todo se sabe Bardock, que tú no estés interesado en las noticias de palacio y de los guerreros es otra cosa. —Bebió el contenido de su vaso e inmediatamente se sirvió más.

Lo primero que hizo Bardock fue encender un cigarro.

—Solo hago mi trabajo.

—Siempre lo has hecho, igual que el resto de nosotros, solo que antes parecías disfrutarlo, no como ahora.

—Eso no importa. —Se quitó el cigarro de la boca solo para beber.

—¿Y bien? ¿Qué es lo que querías decirme y que no podía esperar? Más te vale que sea bueno porque dejé algo muy importante por ti.

—Me voy de este planeta —dijo sin emoción en su voz y mirando a su viejo compañero de batallas a los ojos.

Toma no le respondió enseguida. La verdad es que no esperaba para nada una noticia así. Volvió a tomar todo el contenido de su vaso antes de hablar.

—¿Hablas en serio? —consultó aún sorprendido.

—Sí. —No pensaba responder esa pregunta, pero fue más simple hacerlo.

—¿Cuando?

—En los próximos días.

—¿Te vas con?…

—Gine y Kakarotto.

—Y supongo que no me vas a decir el motivo de tu huida.

—No estoy huyendo, simplemente me voy, y no. No te lo voy a decir.

—¿Entonces para qué me has pedido venir?

—No lo sé —respondió concentrado en su cigarro. Ahora que lo pensaba no lo tenía bien claro. Tal vez era por todo el tiempo que fueron buenos compañeros, sentía que se lo debía, al menos despedirse de él.

—¿Y tu trabajo? No es tan fácil abandonar al rey, para eso él tiene que deshacerse de ti, y digamos que eso nunca termina bien.

—Yo trabajo para la reina. Y aún no he hablado con ella, pero sé que no tendré problema con eso.

—En verdad no lo puedo creer. —Llenó su vaso y el de su amigo—. Esto es algo que alguien como tú no haría, pero claro, desde que dejaste las misiones y te fuiste a trabajar a palacio con el príncipe Tarble cambiaste mucho. Me imagino que eso le pasa a los saiyajin que se emparejan con mujeres que no tienen nivel de pelea, no estoy hablando mal de Gine, ella es una mujer con carácter —agregó eso último al ver que Bardock frunció el ceño cuando mencionó a su mujer—. Pero déjame decirte que pensábamos que jamás dejarías tu trabajo, y mucho menos abandonar el planeta.

—¿Pensábamos?

—Sí, toda tu antigua tripulación. Cuando se enteren que te has ido se sorprenderán.

—No puedes contarles.

—Claro que no lo haré, pero tarde o temprano se darán cuenta. Nadie esperaría que fueras a abandonar tu puesto en palacio por, tú sabes, los rumores.

—¿Qué rumores? —Eso no le gustó. Cuando hay rumores siempre hay alguien que los cree aunque no sean verdad y él ya no quería meterse en problemas.

—Tú sabes, no tengo que decírtelo —miró hacia todos lados para comprobar que nadie estuviera escuchando, y claro, todo el mundo estaba preocupado de sus propias cosas.

—No, no lo sé. Ahora dímelo.

—Todos saben que tú y la reina estuvieron juntos hace muchos años.

—Sí, y eso fue antes que se convirtiera en la reina.

—Sí, pero los rumores dicen que siguen estando juntos y por eso terminaste como guardaespaldas de su hijo menor, así el rey no se daría cuenta, pero claro, ahora está tan loco por la reina que le ha dado inmensas victorias que aunque los encuentre follando no dirá nada.

—Eso es una estupidez —dijo frunciendo el ceño.

—Lo sé, pero eso es lo que se dice, y muchos te admiran por eso, pero veo que ya no importa. Te vas e imagino que me vas a decir el lugar para ir a verte alguna vez.

—Una vez que sepa te lo diré.

—¿No habrás hecho algo contra la corona y por eso te vas tan rápido? Ni siquiera sabes al planeta que te marchas.

—Deja de imaginar cosas, Toma. Simplemente me voy porque me harté de este lugar. Voy a trabajar por mi cuenta.

—Si cambias de opinión ya sabes donde encontrarme.

—Lo sé.

Toma le dio una palmada en el brazo. Eso sería lo más cercano a un abrazo en esta extraña despedida. Bardock se quedaría hasta que se acabara la botella y no tocarían más el tema de la ida ni la reina, había de muchas cosas que hablar y recordar antes de partir, lo que hizo que el reloj avanzara sin que lo notaran, y mucho menos cuando Raditz entró al lugar. Estaba tan lleno que el joven tampoco vio a su padre, aunque ya sabía que estaba de vuelta en el planeta, pero no hizo ningún intento por buscarlo, estaba demasiado ocupado cuidando a Kakarotto que no tenía tiempo para nada, y en cuanto compró un par de botellas de licor se marchó del lugar.

La noche ya había caído, las calles estaban más llenas que hace unas horas y Raditz se alejaba del ruido, las luces y calles habitadas hasta que llegó a un lugar tranquilo y solitario donde su hermano menor lo esperaba pacientemente sentado sobre una roca.

—¿Feliz? Te traje lo que querías, así que no molestes más. —Le pasó una de las botellas y sentó a su lado—. Y no le vayas a decir a mamá que te compré esto.

—Hay niños más pequeños que yo que toman esto todo el día.

—Lo sé. Cuando fui a comprarlo vi a unos en el bar, pero mamá quiere que tomes todavía. Estás muy pequeño, además tienes que estar siempre alerta, el alcohol hace que los reflejos disminuyan y tú sabes muy bien porque tienes que estar atento.

—Lo sé. —Le sacó la tapa y bebió un sorbo grande. No hizo muecas ni se quejó por su sabor amargo—. Está bueno.

—Imaginé que te gustaría ese. —Él también abrió su botella y bebió. En realidad era más sabroso de lo que recordaba.

—¿Es verdad que papá ya llegó, Raditz?

—Sí, eso escuché esta tarde.

—¿Y dónde está?

—No lo sé, trabajando supongo.

—Quiero que venga y vea lo fuerte que nos hemos puesto entrenando todos los días.

—Se sorprenderá de ver tu poder.

—Y el tuyo. Y también en de mamá —dijo riendo en voz alta.

Su madre los acompañó la mayoría de las noches cuando salían a entrenar, y ante la insistencia de Kakarotto la convenció para que practicara unos golpes con ellos. Fue bastante agradable compartir con ella bajo circunstancias en la que ellos dominaban el tema y no en la carnicería con los cuchillos y la carne que solamente les interesaba para comer.

—Sí, mamá no es muy fuerte, pero demostró ser hábil para moverse.

—Cuando me cure quiero que vayamos a misiones juntos, Raditz.

—¿Cuando te cures?

—Sí, mamá dice que muy pronto me crecerá la cola y entonces podremos ir al patio de embarques para viajar juntos.

Raditz no le respondió. No le gustaba que su madre insistiera en eso. Era imposible que recuperara su rabo, solo se trataba de un cuento de niños, pero nunca le dijo lo que pensaba, ya que si eso mantenía a su mamá más tranquila, él optaría por seguir callando. Lo malo es que eventualmente su hermano crecería y sería peor cuando se diera cuenta que jamás tendría su cola.

—No me dices nada. ¿No quieres trabajar conmigo ahora?

—Claro que sí. Es lo que siempre he querido.

El niño feliz y entusiasmado se puso de pie sin soltar su botella.

—¡Ya vas a ver! Vamos a ser conocidos como el escuadrón que tuvo mi papá. Nadie nos va a detener. —Bebió más de la mitad de la botella en un solo trago.

—Más lento con eso, niño, te vas a marear porque no estás acostumbrado a eso.

—Quiero ir a muchos planetas y sacar buenos botines de guerra para comprarle carne a mi mamá y más de esta cosa.

—Ni siquiera sabes como se llama. —Raditz rió ante el excesivo entusiasmo de su hermano. Era agradable verlo así.

—Tú me vas a enseñar. ¿Es verdad que en otros planetas hablan otros idiomas que no se entienden?

—Claro que sí. ¿Acaso que no recuerdas haber visto a personas de otras especies acá? Es porque vienen de otros planetas donde hablan otros idiomas.

—¿Por eso el viejo que vende partes de naves habla tan raro?

—El es un saiyajin, pero creo que habla raro porque recibió muchos golpes en la cabeza cuando trabajaba en misiones. Eso le pasó por no ser tan fuerte y tuvo que trabajar en otra cosa.

—Pero eso no nos va a pasar a nosotros. Somos muy fuertes y vamos a ganar todas las peleas. —Lanzó golpes a un enemigo imaginario y casi dejó caer la botella, pero se detuvo a tiempo.

—Raditz, tanto tiempo sin verte.

El joven saiyajin se puso de pie en cuanto oyó la voz de Turles. Kakarotto no tardó en ponerse detrás de su hermano para no llamar la atención, y aunque llevaba ropa grande y holgada que no dejaba ver la falta de cola, había aprendido a no confiarse.

—¿Qué es lo qué quieres, Turles? —Raditz se irguió para lucir más intimidante. Le sacaba bastante de estatura y quería darle a entender que era mejor seguir su camino en lugar de molestar.

—Nada, pasábamos por aquí y te vimos, ¿como no íbamos a saludar a nuestro compañero de misiones? —dijo con una sonrisa burlona.

—Te has perdido muchas misiones importante, Raditz —comentó uno de los dos saiyajin que venían con Turles. Éste hablaba en serio, no como el otro—. Traté de comunicarte contigo, pero tu scouter estaba apagado.

—He estado muy ocupado, no he tenido tiempo para buscar misiones —respondió sin bajar la guardia. Conocía bien a esos dos guerreros, tenían edades similares y había compartido con ellos unas cuantas veces, y sabía que no tramaban nada malo, pero no podía fiarse con Turles.

—Es una lástima, sacamos muy buenos botines estos meses. Tal vez tengas suerte y quedes con nosotros de nuevo. Hemos conseguido planetas de guerreros poderosos, te va a gustar.

—Trataré de ir pronto. Allá nos veremos —dijo cortante, tratando de terminar la conversación.

—Pero dinos por qué no has ido. Antes vivías allá y ahora nadie ha visto ni una pizca de tu pelo. ¿Mucho trabajo en la carnicería, verdad? —Turles fue el único que rió ante su comentario. A los otros dos les causó algo de gracia, pero desde que la noticia de la gran conquista de la reina recorrió el planeta entero, le tenían más respeto a Raditz por la simple razón de ser el hijo de uno de los hombres de confianza de la reina, y que estuvo en esa misión tan importante y difícil.

—¡Eso no te importa! —gritó Kakarotto detrás de la pierna de su hermano—. ¡¿Quieres que Raditz te saque más muelas?! ¡Todavía tengo las que te quitó!

—¿Y qué demonios le pasa a tu hermano? —Se inclinó para mirar al niño—. ¿Ya no tiene el valor para gritarme todo eso a la cara?

—Ya vete Turles, no quiero problemas.

—Tranquilo, yo tampoco. —Levantó las manos a la altura de su cabeza en son de paz y retrocedió unos pasos—. Ahora todo el mundo respeta a tu familia por lo que hizo tu papá con la reina, nadie se va a querer meter contigo. Por lo mismo, deberías aprovechar de ir a buscar alguna misión, es tu oportunidad de tomar algo bueno. De ser tú iría corriendo, quizás cuanto dure tu buena suerte.

Los tres jóvenes soldados comenzaron a caminar.

—Nos vemos en el patio de despegues. —Se despidió uno.

—Sí, nos vemos pronto, Raditz, y cuida a tu hermano. El enano está más raro que nunca.

No dijo nada ante la última provocación de Turles. Simplemente se mantuvo de pie hasta que ya los perdió de vista.

—No debiste haberle hablado a ese imbécil, Kakarotto.

—No iba a hacer nada.

—Lo sé, pero la próxima vez que lo veamos, ignoralo.

—Está bien, pero deberías hacer lo que dijo.

—¿De qué hablas?

Kakarotto se puso en frente de su hermano para mirarlo bien.

—Ir a buscar misiones. Hace mucho que no vas y tienes que pelear.

—Sabes que no puedo, tengo que cuidarte y entrenarte.

—¡Pero yo pronto ya estaré bien, tienes que ir a otros planetas a hacerte más fuerte!

—Insistes con eso. —Le puso la mano en la cabeza como muestra de cariño. Los ojos de su hermano brillaban tanto cuando hablaba de su próxima recuperación y los planes a futuro como guerreros que no podía hacer más que callar. No tenía el carácter para decirle la verdad, además aún estaba pequeño, podía esperar un poco más.

—¡Claro que sí, Raditz!

—Como digas. Entonces qué hacemos ahora, ¿vamos a casa o entrenamos unas horas más?

—Vamos a entrenar y después a casa.

—Está bien. —Caminaron hacia el lado contrario de toda la civilización para continuar entrenando en la soledad de la noche.

—Y después puedes comprarme más de esas botellas. ¡Me gustó mucho!

—No te aproveches, con una basta —respondió sonriendo.


Gine terminaba de hacer la cena para sus hijos cuando la puerta de entrada de la casa se abrió detrás de ella.

—Ustedes y su olfato mágico, llegan siempre cuando la comida está casi lista. Siéntense y tengan paciencia, que aún no termino.

—Huele bien.

La mujer se volteó al oír la voz de Bardock detrás de ella. No eran sus hijos, solo el hombre que cerró la puerta con calma mientras la miraba e intentaba disimular la alegría de volver a verla después de cuatro meses.

Y ella que era tan diferente a él, hizo todo lo contrario. No se contuvo ni reprimió, fue directo a él para abrazarlo y besarlo. Lo había extrañado tanto pese a tener comunicación constante, pero definitivamente no era lo mismo, ella se había acostumbrado a tenerlo en casa para ella todas las noches, y esta era la primera vez que se separaban tanto tiempo luego de una discusión. Lo bueno de todo esto es que ya habían conversado todo lo que tenían pendiente y no malgastarían el tiempo en detalles; esos quedarían para más tarde, una vez que recuperaran el tiempo perdido.

El guerrero la recibió y tomó en brazos para besarla con pasión, no tardó en ir al cuarto de ambos y cerrar la puerta con el pie.


—Supongo que esta vez te comportaste como un guerrero de verdad. Se dice que participaste en la toma del planeta.

—¿Eso se dice? —Tarble miró a su hermano que estaba sentado a su lado en la mesa principal del salón donde aún se llevaba a cabo la celebración.

Compartían asientos con su padre a la cabecera que no dejaba de beber, gritar y conversar con su hermano Torn y sus hombres de confianza, también habían un par de , guerreros de clase alta, encargados de las tropas, primos y la reina al otro extremo de la mesa, pero los hermanos no conversaban con nadie, solo entre ellos, ya que Vegeta nunca tuvo interés en relacionarse con los hijos de su tío y en cuanto a Tarble, el niño solo aceptaba que su hermano lo menospreciara e insultara, no quería a nadie más así a su lado.

—En las guerras, la parte ganadora suele exagerar el relato para ensalzarse —respondió el primer heredero a la corona.

—En ese caso, te puedo decir con seguridad que yo solo acabé con la mitad de los guerreros de ese planeta, y con solo una mano —respondió con una leve sonrisa y las mejillas rojas. No estaba acostumbrado al vino y ya había tomado dos copas enteras. Pese a tener sangre guerrera, su cuerpo era muy pequeño y delgado para soportar tanto alcohol.

Vegeta sonrió ante ese comentario. Al menos su hermano menor había llegado cambiado de esta última misión. Lucía más confiado y con personalidad, tal vez en verdad se había comportado como un guerrero de verdad, pero eso lo comprobaría más tarde por su cuenta.

La comida y bebidas no dejaban de entrar y las bandejas con platos vacíos eran retirados con rapidez para que no faltase nada en la mesa y todo estuviese lleno de comida o rebosante de alcohol. Las otras mesas también estaban repletas de mujeres y hombres; todos los soldados de la reina y otros elegidos por el rey, para festejar tremendo triunfo ante los enemigos.

Koora no había comido mucho, pero sí bebido, y estaba aburrida y cansada de tener que fingir. Tenía mucho trabajo por hacer, pero no le quedaba más opción que estar en la misma mesa que el rey y lucir orgullosa de sus logros. Sabía que quedaba mucho para que terminara, seguramente se alargaría un par de días, tal y como le gustaba al rey, pero en cuanto tuviera la oportunidad se marcharía. Mientras tanto, aprovechó la oportunidad para observar a su alrededor, todos estaban con copas de más y era fácil leerlos. Por ejemplo, era clara la envidia de Torn hacia su hermano el rey, las palmadas y risas eran solo una capa en la superficie para mantener buenas relaciones con él, pero estaba segura que a la primera oportunidad lo apuñalaría por la espalda, y no lo culpaba, ella hace mucho tiene deseos de eso, pero era más inteligente y se tomaría su debido tiempo.

Nappa sentado en otra mesa con los soldados menos importantes, no dejaba de mirar hacia ellos, esperando la oportunidad de ir a lamer las botas del rey. Ese calvo asqueroso haría cualquier cosa por congraciarse con él y terminar en la mesa principal, pero eso jamás sucedería.

Miró a Paragus y su felicidad era real, él siempre le ha servido con lealtad al rey, desde que eran jóvenes, y seguramente lo haría hasta el final, o hasta que el mismo Vegeta lo traicionase, porque en esa relación, su esposo era el maldito. Le llamaba la atención que Paragus no trajera a su hijo, todos los guerreros de rango alto y ligados a palacio traían a sus hijos varones para tratar de amistarse con alguien importante y así tener un puesto de mando asegurado, pero él hacía todo lo contrario, y parecía ocultarlo, tal vez porque era muy débil, la verdad había visto muy poco a su vástago para sacar conclusiones.

Estaba el jefe del ejercito de elite, un guerrero muy poderoso y que ella no soportaba para nada por lo altanero y de actitud superior que en más de una vez tuvo que bajar para que recordara que estaba hablando con la reina de su raza y no cualquiera. Ese mismo estúpido que siempre daba en voz alta su opinión despectiva respecto a los saiyajin débiles y las mujeres, no tenía descendencia masculina y traía a sus hijas para tratar de seducir al príncipe y ganar más poder por medio de la entrepierna de alguna de ellas en lugar de sus propios méritos. Había observado a sus hijas y una de ellas destacaba bastante en belleza, inteligencia y poder, perfectamente podría escogerla como prometida de su hijo mayor, pero el padre le jugaba mil puntos en contra.

Su atención se posó en Vegeta. Encontraba extraño que a su edad no estuviera interesado en mujeres, especialmente tratándose del heredero al trono que ya contaba con un harén personal, pero el joven de casi quince años parecía solo tener la cabeza ocupada con peleas y entrenamiento, ni siquiera miraba a las hermosas mujeres que le servían vino y vestían atuendos provocadores. Tal vez su objeto de interés eran los hombres, pero tampoco lo había visto observando a solados ni a nadie de palacio. Definitivamente su hijo tenía hielo en lugar de sangre, era una perfecta máquina para matar y nada más. Al menos ahora compartía más con Tarble, sin insultarlo ni intentar matarlo, y eso le agradaba. Y si le gustaban las mujeres, los hombres, ambos o ninguno, ya era asunto de él.

La mirada insistente del rey la hizo mirarlo a los ojos. Ya era mucho que lo hacía, se estaba volviendo descarado, y Vegeta jamás hacía eso, mucho menos en público. Hoy había hecho muchas cosas con ella que nunca pensó sucederían. En la época que creía amarlo hubiera estado feliz de tener toda su atención y respeto; en cambio ahora, no le quedaba otra que aguantar las ganas de vomitarle en la cara. Lo observó ponerse de pie y tomar su copa, enseguida una de las mujeres que no se separaban de su lado para atenderlo en todo—absolutamente todo—, llenó su copa y Vegeta ni siquiera se dio cuenta de su existencia, sus ojos brillaban solamente para Koora y ella lo notó. No podía creer que hubiese logrado enamorarlo, lo que tantas veces intentó sin éxito ahora era un hecho consumado. Verlo de pie, dando un discurso en su honor en el salón lleno, con todos en silencio, escuchando atentamente, era la prueba de que finalmente tenía al rey de la raza más poderosa del universo bajo su mano, y eso la hizo sonreír de verdad.

—¡Por la reina! —exclamó orgulloso el rey sin dejar de mirar a Koora que también lo miraba y sonreía.

Todos alzaron sus copas y alabaron a la poderosa emperatriz. Ella imitó al rey y brindó feliz, en una forma de festejar que su venganza estaba resultando tal y como ella lo había planeado. Esta noche tendría que acostarse con él, no tenía remedio, pero estaba dispuesta a todo para terminar lo que él comenzó cuando se atrevió a atentar contra la vida de su hijo Tarble.

Ya aburrido de tanto escándalo, el príncipe se marcharía para ir a entrenar o leer a su cuarto, lo que sea con tal de alejarse de tanto ruido insoportable. Tarble lo siguió sin pensarlo, pero cuando pasaron por al lado del rey, el menor tuvo que detenerse al oír su nombre.

—¿A dónde crees que vas? Esta también es tu celebración.

—Estoy cansado, necesito descansar —respondió sin miedo en su voz, pero siempre respetuoso.

Vegeta no esperó a su hermano cuando lo vio detenerse para hablar con el rey. Sus oídos le dolían demasiado para continuar ahí.

—¿Cansado? ¡Eso no importa! Somos guerreros y los guerreros jamás se cansan. —Insistió el rey, más animado que de costumbre.

Tarble lo observó en silencio. No recordaba cuando habían hablado de esa forma, de hecho, jamás lo había visto así antes, y era extraño, como que de alguna manera, todo el miedo que sentía por él iba perdiendo paso y era remplazado por otro sentimiento.

—Lo siento, pero no me agrada este tipo de celebraciones.

—Tú hijo menor es muy raro, Vegeta. —exclamó Torn que estaba sentado a la izquierda de su hermano.

—Sí, pero a Koora le gusta. No puedo hacer nada al respecto.

—Sí, todo para tener contenta a las hembras.

Tarble frunció el ceño. Muchas veces hablaban de él estando presente. Era tan insignificante que daba la impresión que no estaba en la misma habitación, pero lo de ahora ya era descarado.

—Toma un trago y vuelve a la mesa. Por fin te has comportado como un hombre en el campo de batalla. Debes festejar con los demás.

—No me apetece, quiero ir con mi herma…

—Cállate y sé un hombre, maldita sea —exclamó un poco más molesto, pero había tanto ruido a su alrededor que solo los de la mesa se percataron de la situación, especialmente Koora que no le quitaba la vista de encima a su hijo y el rey—. Toma esto y bébelo. —Le pasó su propia copa.

Tarble miró a su padre y el vino rojo, y entonces el miedo regresó a su corazón. ¿Estaría intentando envenenarlo de nuevo y en frente de todo el mundo? Por supuesto no fue el único en pensar eso.

—¡No! —Sin pensarlo Koora se puso de pie cuando vio a Vegeta ofrecerle la copa a su hijo. No le importaba dejar de disimular si la vida de su Tarble corría peligro.

Todos la miraron acercarse al otro extremo de la mesa, donde estaba su hijo y el rey. No entendían por qué lucía tan alterada, pero de un segundo recuperó su semblante y frunció el ceño.

—Tarble no tiene nada que festejar —dijo con severidad, al mismo tiempo que le arrebataba la copa y regresaba al rey—. Es verdad que se comportó como el príncipe que debe ser en esta misión, pero aún le falta mucho. Debería estar entrenando en lugar de disfrutar con nosotros, y mucho menos beber de la copa del rey, para eso tienes que ganártelo, niño. —Terminó hablándole a su hijo.

—Lo siento, su majestad —respondió bajando la cabeza.

—Ahora vete a entrenar, que si quieres ser digno hijo de tu padre tienes que esforzarte el doble.

—Sí. Como usted diga. —Le hizo otra reverencia a su padre antes de abandonar el salón.

Vegeta no dejó de mirar a su mujer hasta que regresó a su asiento y continuó bebiendo vino. Estaba tan prendado que todo lo que hacía y decía servía para perderlo más.

Koora no tuvo más remedio que seguir bebiendo mientras esperaba la oportunidad para abandonar el lugar.


Bardock encendió su segundo cigarro sin levantarse de la cama, esperaba a Gine quien debió correr a la cocina para ver la olla que dejó encendida cuando entraron a su habitación.

—¿Ya no hay cena? —preguntó cuando la vio regresar.

—Kakarotto siempre se come todo aunque esté quemado —respondió con sentido del humor, y de un salto regresó a la cama con él. Vestía solo la camiseta del hombre y la noche estaba fría, por lo que no tardó en meterse bajo los cobertores para abrazarlo y darse calor mutuamente.

Le gustaba tanto estar así con él. Sentía que podían quedarse abrazados de esa forma hasta el fin de los tiempos, y ese solo sentimiento la hacía feliz por no ser una guerrera de sangre fría. A ella le gustaba vivir de esa forma; amar y ser amada, disfrutar la compañía del hombre que quería y de sus hijos. Si viviera esta vida nuevamente no escogería de otra forma.

—Siento haberme ausentado tanto.

Gine se levantó un poco para mirar a Bardock a la cara. Le llamó la atención escucharlo decir eso, él que siempre era tan reservado con las palabras, incluso con ella. Debe ser que en verdad se sintió mal para llegar a los extremos de hablar.

—Está bien, es tu trabajo, además ya no volverá a ocurrir. —Acarició su pecho y rostro. Estaba tan feliz.

—Si estuve tan ausente fue por problemas de Koora.

—¿Tú con ella? —Ya que él quería hablar, ella aprovecharía también.

—Koora ha hecho cosas incorrectas que podrían ponerla en peligro y a todos los que la rodean. Ahora no puedo decir más, pero cuando estemos lejos te lo diré.

—Cuando estemos lejos —repitió con una inmensa sonrisa. En verdad no podía creerlo aún, pero era verdad. La decisión la habían tomado en pareja en una de las tantas conversaciones que tuvieron cuando él estuvo lejos, pero ahora que lo hablaban estando juntos, todo lucía más real.

—Gine.

—¿Sí?

—Entre Koora y yo… —Ni siquiera sabía como comenzar eso, pero la conversación con Toma lo había dejado incomodo, y si ella creía que había algo entre él y la reina, debía aclararlo. Pero afortunadamente ella lo hizo por él.

—No digas nada, yo confío en ti. Sé que jamás podrías engañarme. —Lo abrazó con fuerza y volvió a acariciar. Estaba llena de dicha que nada ni nadie podía hacerla cambiar de ánimo.

Él le devolvió el abrazo, más calmado por el tema. Realmente ella era la calma que nunca buscó, pero ahora que la tenía no la dejaría ir.

—Entonces, nos vamos en los próximos días.

—Sí. Yo partiría mañana mismo, pero necesito cerrar bien la carnicería.

—¿Ya les contaste?

—No. creí que sería mejor hacerlo cuando estuvieras aquí. Si lo hacía antes, Kakarotto se iba a poner demasiado ansioso y estos meses se ha portado muy bien, no se ha metido en problemas y ha entrenado mucho con su hermano.

—Eso es bueno.

—Aunque me da pena Raditz. Me gustaría que viniese con nosotros.

—Él es mayor. Tiene que hacer su vida en este planeta, tal y como desea.

—Lo sé, pero es mi hijo y estoy acostumbrada a verlo seguido, pero cuando nos vayamos quizás no le vea en meses, o años. —Secó las lágrimas que se asomaron al pensar en su hijo mayor.

Bardock acarició su cabeza en forma de consuelo. Ella debía entender que esa era la vida que le esperaba a Raditz, no era de otra forma.

—En cuanto estemos establecidos le enviaremos las coordenadas para que te vaya a ver.

—Sí —respondió con la garganta apretada.

—Entonces no estés triste, tienes mucho que hacer, nos vamos en pocos días de aquí.

—Quiero conocer otros planetas.

—Lo haremos.

Se besaron en la boca y estaban a punto de retomar los juegos cuando escucharon la puerta de entrada abrir y las voces de sus hijos. Gine se levantó enseguida y puso un pantalón. Debían conversar enseguida con los dos y darles la gran noticia que cambiaría la vida de todos para siempre, pero al segundo antes de abrir la puerta, se detuvo y no pudo salir de su cuarto. La felicidad que sentía se borró enseguida cuando pensó en cómo le diría esta noticia a Raditz.


Continuará...


Y aquí está el capitulo a tiempo. Cumplí y eso me pone feliz feliz feliz. Me fue bien en una prueba oral de inglés y ahora tengo que estudiar para otra prueba de mañana, así que seré breve.

Se vienen cambios muy grandes para ambas familias, lo cual afectará a todos de distintas maneras.

Koora no pudo resistir ver al rey ofreciéndole una copa de vino a Tarble. Era casi imposible que estuviese envenenada, ya que él mismo rey estaba bebiendo de ella segundos antes, pero no correría riesgos cuando se trataba de su hijo, lo bueno es que logró comportarse y nadie sospechó, mucho menos ahora que el rey está absoluta y completamente hipnotizado por la reina.

Gine está feliz porque comenzará una nueva vida con su familia, pero le duele mucho dejar a su hijo mayor. Raditz tiene 14 años y en ese planeta ya son considerados guerreros que deberían estar en misiones, pero ella siempre lo verá como su niño pequeño (como todas las madres del universo, creo yo)

El siguiente capítulo va a la mitad escrito y muero de ganas que lo lean.

Bueno, me despido porque debo regresar a mis obligaciones. La maldita pobreza me obliga a estudiar y no a escribir XD

Gracias de todo corazón a Naomigomiz, LizetGalvan, Maytelu, Tour, Nyrak, Miaminita, Mooooonch, Plr16, Cami Ayelen, Jlgonzalez, Jenny070891, Ina Minina y los anónimos por tomarse el tiempo de dejar rw.

Nos vemos en la próxima actualización.

Cariños,

Dev.

03/05/2016