CAPÍTULO 019

La cena transcurrió entre diferentes anécdotas que cada uno fue compartiendo con el resto de la mesa. Richard, como prometió y deseando ser premiado por Kate, guardó las formas y se comportó de lo más amable con Clive. Hecho que no pasó desapercibido por Alexis y que agradeció en más de una sonrisa que intercambio con su padre.

- ¡Clive! - Richard salió a la calle tras él.

- Señor. - se volvió algo inquieto.

- Dejemos las formalidades a un lado y llámame Richard.

- Gracias.

- Quería agradecerte el haber cuidado de mis hijas. Sé que te has hecho cargo de ellas y siempre voy a estar agradecido por ello.

- No tiene que agradecerme nada.

- Pero eso no significa que te voy a quitar mis ojos de encima. - le advirtió alzando su ceja - Voy a vigilarte de cerca porque Alexis es una de las tres personas más importantes de mi vida.

- Lo asumo.

- Bien. - le dio una palmada en el hombro - Serás bienvenido a casa siempre que quieras.

- ¿Rick? - la voz de Kate sonó pegada a su espalda - ¿Todo bien?

- ¡Perfecto! - se volvió nervioso y con una media sonrisa.

- Richard me estaba agradeciendo por haber cuidado este tiempo de Alexis y Anne. - Clive.

- Sí, ya nos estábamos despidiendo. - Richard.

- Espero verte pronto, Clive. - sonrió Kate.

- Lo mismo. - se despidió de ambos y emprendió su camino.

- ¿Con que venías a bajar la basura? Mucha casualidad me ha parecido a mí. - Kate.

- No es lo que crees. He sido muy, muy amable.

- Lo imagino.

- En serio. Me he portado estupendamente. Solo quería agradecerle y dejarle claro que ahora no están solas y que no voy a permitir que nadie más les haga daño.

- Habrás recalcado sobre todo esa última parte. - sonrió.

- Bueno...

- ¡Estás hecho un padrazo! - pellizco su mejilla.

- ¡No te burles! - la abrazó alzándola al vuelo.

- ¿Os habéis escapado de casa para haceros carantoñas? - Alexis rompió a reír junto a Anne.

Richard dejó a Kate en el suelo. - Y por lo visto no tenemos intimidad tampoco en la calle. - continuó el escritor con la broma.

- ¿Ya le has leído la cartilla a Clive? - Alexis.

- ¿En serio? - Richard.

- Eres como un libro abierto. - Alexis.

- Qué poca fe tienes en mí. - Richard.

- ¿No te gusta Clive? - Anne se soltó de Alexis y alzó sus bracitos para que Richard la cogiese.

- Digamos que como nuevo padre vuestro tengo que estar en alerta. - la estrechó entre sus brazos.

- Es muy bueno. - Anne intentó hacerle entender.

- ¿Te ha cuidado mucho, verdad? - Richard acarició su cabecita.

- Sí, cuando estaba con los malos. - asintió la pequeña.

- Ya no vas a estar más con los malos, cariño. - besó su frente - Ahora estarás con nosotros que te vamos a querer mucho y podrás ver a Clive siempre que quieras. - sonrió.

Anne rodeo su cuello con sus bracitos y lo estrechó fuerte.

- Reconoce que mi novio te ha caído bien. - Alexis.

- Todavía no ha llegado ese momento. - Richard le guiñó un ojo - Venga, vamos para casa. - comenzó a caminar.


Kate estaba colocando parte de su ropa cuando Richard entró algo desorientado. - ¿Te vas a quedar en esta habitación? - la miró anonadado.

- ¿No? - intentó controlar su sonrisa.

- Yo pensé que...

- Piensas demasiado. Siempre te lo he dicho.

- Lo de ir lento tampoco era para ir tan lento. - susurró.

La agente se acercó hasta él y entrelazó sus manos acariciando su nuca. - ¿Has visto como tienes tus armarios?

- ¿Qué les pasa?

- Revientan de ropa. ¿Dónde quieres que deje la mía?

- Puedo quitar parte y tirarla. Hay mucha que ya no me pongo.

- Rick... - besó sus mejillas - Solo voy a dejar aquí la ropa. Aunque si quieres que también duerma aquí...

- ¡Ni loco! ¡Tú te vienes conmigo! - la alzó y Kate rodeó sus caderas con sus piernas.

- Tengo que terminar de ordenar.

- Mañana te ayudo.

- No lo harás. - sonrió viendo con la rapidez que la trasladaba hasta su habitación.

- Lo haré.

- Te conozco y te escaquearás. - mordió su lóbulo.

- No, no lo haré. ¿Sabes por qué?

- ¿Por qué?

- Porque hago lo que sea con tal de conseguir una caricia tuya. - besó su cuello.

- Rick... - suspiró ante su contacto.

Richard cerró la puerta de la habitación y dejó a Kate en la cama. - Las niñas ya están en su habitación durmiendo. - sonrió - Ahora te toca darme mi premio. - escaló por su cuerpo hasta besarla.

- No sé exactamente de qué premio me estás hablando. - rio ante sus caricias - ¡Mis cosquillas!

- No las has perdido por lo que veo. - incidió más en sus costados.

- ¡Para! ¡Para! ¡Para! - suplicó retorciéndose.

- Te he echado de menos. - confesó serio, apartando sus manos de costados y acariciando su mejilla.

- ¿Cuánto?

- No he sabido cuanto hasta que por fin te tengo aquí.

- Eso es bueno.

- ¿Tú no me has echado de menos a mí?

- ¿Qué crees? - buscó su boca, mordiendo su labio inferior.

- Dímelo. - suplicó.

Kate arrancó la camiseta de Richard y de un movimiento rápido se quedó a horcajadas sobre él. - Sigo siendo más hábil que tú. - buscó la piel de su pecho y fue dejando pequeños besos hasta alcanzar su ombligo - ¿Sigue siendo tu punto débil? - lo miró con picardía.

- Un poquito. - reconoció con la voz entrecortada.

- Vamos a comprobarlo. - sopló sobre él y rozó la pequeña circunferencia con la punta de su lengua.

- Kate...

- Parece que no he perdido mi magia. - sonrió y le dio tiernos mordiscos por el mismo camino anterior.

- Me encanta. - jadeó.

Richard intentó subir el cuerpo de Kate a su altura pero la agente se lo impidió.

- Shhh... Manitas quietas. ¿No estabas esperando tu recompensa? - lo miró traviesa.

- ¡Joder Kate! Si me miras así, me muero. - confesó clavando su cabeza contra la almohada.

Kate rozó de nuevo su ombligo y tras meter sus dedos por la cinturilla del pantalón del pijama y de su ropa interior, descendió junto a ella hasta dejarlo completamente desnudo. Acariciando sus piernas, fue conquistando cada centímetro de su piel sonriente ante su creciente erección, que la saludaba sin ningún tipo de complejos.

Aposta, sopló sobre la punta de su pene y pasó de largo de ella para dejar un tímido mordisco en su ombligo. Richard arqueó su espalda y se mordió una de sus manos evitando su grito. Kate sostuvo sus caderas. - Yo también te he echado de menos. - susurró sobre su piel - Y te voy a demostrar cuánto. - bajó tras su ombligo, con pequeños besos hasta alcanzar la punta de su pene.

Kate sostuvo la erección con su mano. Besó su punta y escuchó un jadeo incontrolable de Richard. Alentada por la excitación de su escritor, abrió su boca y lo mordió con dulzura. Rodeó el miembro con sus labios y mientras su mano comenzó a jugar arriba y abajo, succionó y lamió con pasión.

- ¡Dios, Kate! - gritó Richard cogiendo la almohada y tapando su cara incapaz de controlarse. Poco duro esa acción porque cuando notó los dientes de Kate rozándolo, lanzó al almohada y se agarró al pelo de Kate. - ¡Joder! ¡Me muero!

Para la agente resultó de lo más excitante escuchar su voz cargada de deseo y le puso mucho más ímpeto a cada una de sus succiones y roces de su lengua. Apretó su glande con los dientes y Richard tembló, erizándose su piel. - ¡Oh, Dios! - jadeó alzando sus caderas, buscando mucha más fricción.

Kate, con sus labios, aprisionó su pene, soltó su mano entorno al tronco y comenzó a chupar y succionar su erección sin compasión, encantada de tenerlo completamente sometido a sus deseos.

Richard, consciente de lo cerca que estaba de correrse, consiguió zafarse de las caricias de Kate.

- ¡Rick! - exclamó la agente cuando sintió sus manos en sus costados, haciéndole cosquillas para despistarla.

- ¡Ahora eres mía! - consiguió quedarse sobre ella.

De forma diligente desprendió cada prenda de ropa de su cuerpo y, desde sus tobillos, comenzó a acariciar y besar cada milímetro de su piel. - Has hecho trampa. - se quejó Kate.

- Trampa no, cielo. Era esto o me corría sin ti. - confesó - Y ese plan no me gustaba un pelo. - alcanzó sus rodillas y en su cara interna dejó sendos roces de sus dientes sabiendo que eran dos de sus puntos débiles - Tú también sigues teniendo esas zonas más delicadas. - sonrió.

Richard, llegó a la altura del pubis de Kate y sopló notando como su piel se contraía. Agarró sus piernas y las colocó sobre sus hombros. - Estaría más tiempo acariciándote pero no aguanto más Kate. - gruñó. Sin más preámbulos entró en ella.

- ¡Rick!

- Shhh... Grita suave. - entró y volvió a salir de ella con la misma fuerza. Notó como las paredes vaginales se contraían ante su incursión y su erección aumentó. - Estás tan caliente y tan húmeda. - sacó su pene y lo dejó tanteando su entrada.

- ¡No pares! ¡No pares! ¡Sigue! - pidió aferrándose a sus hombros y clavando sus uñas en su piel - ¡Entra! ¡Entra!

- Me gusta cuando me pides. - mordió su barbilla y volvió a penetrarla.

Kate estaba tan húmeda que cada una de las penetraciones, que continuaron, enloquecieron a ambos. La agente se abrió un poco más a él y Richard empujó y empujó hasta la saciedad. Hasta sentir como Kate era incapaz de controlar sus pequeñas convulsiones. Bajó sus piernas y cambiaron de posición. Kate se colocó sobre él.

- Soy todo tuyo.

- Eres perfecto. - besó sus labios y guio su erección hasta su entrada. Cuando la sintió completamente dentro de ella, se incorporó y comenzó a cabalgar buscando el orgasmo.