No estaba muerta, andaba envolatada. Lamento la demora, pero estuve un tiempo sin internet, pero a modo de disculpa traigo dos capitulos.

Espero que los disfruten porque vienen con sorpresas.


Disclaimer: ninguno de los personajes de ´Naruto´ me pertenecen, pero la historia es completamente mía.

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NOTA: "Pecadores" es mi primer fic largo, les pido paciencia ya que nunca he escrito una historia de capítulos.


ooo

Ropa, más ropa y más ropa.

Es lo único que encuentro en el armario de Cerezo. Realmente pensé que encontraría algún diario secreto que tomaría prestado, sin que ella lo supiera, le sacaría copia y le devolvería el original, también sin que ella lo supiera, y me entretendría con él por unos días. Pero no. Nada. Cero. Sólo encontré una caja con algunas fotografías. Una me llamó particularmente la atención, era de una mujer bastante joven y bella, el color de sus ojos me recuerdan a los de Sakura, giró la fotografía y al reverso hay escrito un nombre: Mebuki. Y nada más. Reviso el resto y son las típicas fotografías de Sakura con su amiga en diferentes ocasiones. Debo decir que mi favorita es una de, probablemente, su último año de escuela en su uniforme… Mmm, Cerezo me está haciendo desarrollar ciertas fantasías con disfraces que antes no tenía. Y obviamente me la llevo para mí, guardándola en la billetera. Y la menos favorita, es una en la que está abrazando a un chico muy cariñosamente. Guardo la caja como la encontré.

Estoy a punto de rendirme y buscar la ropa que era lo que debía estar haciendo desde el principio, pero me topó con una caja fucsia que recuerdo muy bien. La tomo, la abro y… No lo ha usado.

¿En serio?

Si supiera lo que me costó esto ya lo hubiera usado… Bueno, tal vez no, lo más probable es que se enojaría conmigo. Incluso más que lo hizo la primera vez.

Pero aun así es una gran decepción. Bueno, quizás tendré que enseñarle como usarlo. Lo cual es mucho más divertido.

Dejo la caja justo tal y como la encontré, y busco lo que se supone que tengo que buscar… ¿Y si por casualidad me topo con la gaveta de lencería de Cerezo, sería un enfermo pervertido si la reviso?

Sip, creo que eso ya se pasaría de los límites… por mucho.

Dejando de lado esos pensamientos tan peculiares, reviso unas bolsas que hay en el piso del armario y encuentro los dichosos pantalones de chándal, aun con las etiquetas puestas. Me los pruebo y me quedan…Bueno, me quedan como se supone que estas cosas deben quedar: sueltas y sin ninguna forma en especial. Cosa que me hace recordar porque estas prendas nunca han sido de mis favoritas y porque sólo las uso en el gimnasio. No entiendo como hay gente que se atreve a usarlas en la calle.

Me miro en el espejo y decido que mejor me quedo con mi pantalón y salgo a comprar algo de ropa. No hay manera en que salga a la calle vistiendo esas cosas con los zapatos que tengo, si al menos tuviera unos tenis no tendría mucho problema, pero no hay manera en que vista ese "atuendo" engendro del mal gusto. Además, si le sumamos los ojos irritados como los tengo, yo luciría como un completo desastre y no me voy a arriesgar a que alguien me reconozca en esas fachas.

¡Oh, mierda, no!

Sigo haciendo críticas mentalmente frente al espejo, cuando Cerezo entra y me ve allí parado con una expresión rara en mi rostro.

—¿Todo bien? —pregunta.

—Si. Decidí que mejor me compro algo de ropa.

—¿Por qué? —¿en serio pregunta eso?

—Porque, mi querida cerezo, esto —hago un gesto con mi mano señalando mi reflejo—no funciona con esos zapatos—señalo el par que hay al lado de la cama.

—¿Estas bromeando, no? —dice divertida.

—No. Lo digo muy en serio.

—No creí que fueras vanidoso.

—No soy vanidoso. Solamente tengo una sana preocupación por mi apariencia personal —me defiendo.

—Ujum, y puedo preguntar como harás tal cosa. Porque tampoco creo que quieras salir a la calle con la ropa que traías anoche. Tu suéter aun esta en mi sesto de ropa sucia, salpicado de vomito —hago una mueca.

Bien, lo acepto. Su punto es válido.

—Tomo prestada otra de tus camisetas y vamos a una tienda para que pueda comprar algo de ropa que haya sido pensada para usar en la calle.

—¿Yo también voy?

—Obviamente.

—Pero…

—Nah, nah, sin peros.

— Y si ya solucionaste el problema de la camisa porque no te quedas así.

Siendo sincero eso es lo más lógico. Pero no me gusta usar la ropa por tanto tiempo… No me siento cómodo.

—Me gusta más mi idea.

—Sasuke, eso no es…

—Me voy a bañar, me visto y nos vamos.—la interrumpo antes de que continúe esta discusión absurda. ¿Por qué simplemente no se rinde? Al parecer no ha comprendido que siempre gano. —¿Entendido?—ella asiente—Excelente. Espero que estés lista para cuando salga de la ducha.

—¡Argh! Eres un…

—Regalo para la humanidad. Lo sé.

Y con eso salgo de la habitación.

—Las toallas están en uno de los gabinetes del armario del baño —la oigo gritar detrás de mí.

En la ducha veo el responsable del delicioso aroma de Sakura. Gel de baño con olor a cerezas.

Es increíble el poder que tiene una ducha, además de limpiarte y refrescarte, también se lleva la mala energía.

Salgo sintiéndome como nuevo. Cuando entro a la habitación, Cerezo no está allí, así que rápidamente me visto y salgo para encontrarla viendo tv en la sala.

—¿Listo? —me pregunta, justo cuando están dando las noticias de farándula y aparece una noto sobre el Dobe, diciendo que lo han visto en los últimos días con una misteriosa mujer.

No le pongo mucha atención. Siempre andan inventando chismes esos jodidos periodistas de la prensa rosa. Aunque el rubio cabeza hueca ha estado comportándose algo inusual estos días. Pero él no es normal, así que… mejor después investigo, no vaya a ser que lo siguiente que sepa es que Kurama tiene compañero de juegos.

—¿Sasuke? —Sakura me saca de mis pensamientos

—¿Qué?— parpadeo un poco.

—¿Qué si estás listo?

—Sí, vámonos.

—Ok, pero yo elijo la tienda —antes de que pueda argumentar algo, se levanta, apaga la tv y se dirige a la puerta abriéndola, esperando a que yo salga.

—Tsk, que molesta —murmuro siguiéndola. Ella cierra la puerta con llave.

—¿Qué dijiste?

—Que yo manejo.

—Es mi auto, así que yo debo conducirlo.

—Eso no va a pasar —entre más rápido entienda mejor. Odio no tener el control de las cosas.

—¿Por qué? Dame una razón.

—Tsk, porque quiero.

—Eso…

—Es más que suficiente. Así que dame las llaves —extiendo mi mano.

—Eres un…

—Tsk, tsk, tsk. Las llaves, Cerezo —le digo con una media sonrisa. Y ella me las lanza.

—Te juro que a veces me gustaría…

—¿Secuestrarme, atarme a una cama y violarme? Si, lo sé —la cara de mortificación que pone no tiene precio—¿Aunque me pregunto si se consideraría un crimen a pesar de que yo no ponga resistencia, es más incluso estaría muuuy de acuerdo con ello?

—Oh, por dios, cállate. —se tapa el rostro con las manos—Espero que mis vecinos no te hayan escuchado. Quien sabe qué pensarían de mí.

—La verdad. Que eres una pervertida. —la última palabra la digo un poco más fuerte.

—Oh, sólo vayámonos, ¿sí? —toma mi mano y me arrastra abochornada.

—Pero si es verdad…

—Cállate.

—Yo sólo digo que…

—Sasuke, haznos un favor y cierra la boca. —sé que está molesta, pero no puedo evitar echar a reír.

—Cielos, en estos momentos realmente quiero golpearte —murmura, o al menos eso es lo que creo que oí. Pero lo ignoro.

—Primero debemos hacer una parada en un cajero. —necesito efectivo.

ooo

—Es aquí —le indico a Sasuke.

—¿Una tienda de ropa usada? —me pregunta entre confundido y alarmado.

—Aja —digo luchando contra la sonrisa en mis labios—¿A menos que quieras ir a un centro comercial o algunas de las boutiques a las que estás acostumbrado, y correr el riesgo de que te reconozcan? —gira la cabeza y me mira para nada divertido.

Si, ya es hora de que empiece a pagar un poco por los malos momentos que me ha hecho pasar.

—Jump —mira de regreso a la tienda—De acuerdo —dice derrotado y deja caer su cabeza, apoyando la frente contra el volante de mi auto.

—Oh, deja el drama, niño mimado —me burlo. Me mira enojado.

—No soy un niño mimado —se defiende—Sólo que no me agrada la idea de usar ropa de otras personas.

—Pero estas usando una de mis camisetas.

—Es completamente diferente —le lazó una ceja—A ti te conozco y sé que eres aseada. Pero a las personas que les perteneció esa ropa—señala la tienda con un dedo—no tengo ni la menor idea de cómo eran y…

—Por eso antes de exhibir la ropa para venderla, ellos la escogen y la lavan muy bien —él me mira desconfiado—Oh, vamos, Sasuke. Yo he comprado en tiendas como estas y nunca he tenido problemas. Si te ayuda puedes considerarla como una tienda vintage, sólo que no se especializan en ropa de época, sino que venden de todo un poco —arrastra su mirada de mi a la tienda, y entrecierra los ojos como si lo estuviera considerando.

Argh, él a veces puede ser un gran bebé.

—Tampoco es que me encanten esas tiendas —suspira —Pero supongo que tienes razón. Es mi mejor opción.

Obvio que la tengo.

—Bien, ¿podemos entrar sin que al principito le dé un ataque de ansiedad? —sigo mofándome.

—No te burles —me advierte y sale del auto, da la vuelta para abrirme la puerta.

—Oh, pero que caballero.

—Culpa a mi madre —dice sin diversión.

—Recuérdame mandarle flores como agradecimiento. Porque la tarea debió de ser titánica. —y si, sé que estoy forzando mi suerte.

—Juro que a veces puedes ser un dolor en el culo —dice mientras cierra la puerta, cuando estoy fuera de auto.

—¡Hey! Eso no es muy amable de tu parte —reprocho con falsa molestia.

—Si, bueno, que se va a hacer —se encoge de hombros.

—Bueno, en ese caso, creo que debería llamar a tu madre —bromeo.

—Oh, por favor hazlo. A ella le encantara saber las circunstancia en las que nos conocimos —dice igualando mi tono de burla. Y por ahí derecho matándome el humor.

—Oh, cielos, nunca dejaras de recordarlo, ¿cierto?

—No, Cerezo, ¿Cómo podría? —dice con su estúpida media sonrisa suya. Y me agarra de la mano y nos dirigimos a la tienda—Ese momento sublime es inolvidable.

—Tal vez para ti.

—Obvio que para mí, vaya espectáculo que me diste… —lo golpeo en el hombro.

—Cállate.

—Sigue golpeándome, Cerezo, y algún día me vengare.

—¿Me estas amenazando?

—No, sólo te advierto para que no te sorprendas en un futuro.

—Uhh, que miedo —tiemblo de mentiras.

—Deberías, puedo ser muuuuy creativo cuando me lo propongo —dice mirando por encima de su hombro con un brillo malévolo en sus ojos.

Un escalofrió recorre mi espina dorsal. Y es de verdad.

Ok, tal vez si deba temer.

Sin decir nada más entramos a la tienda.

—¿Y qué te parece? —le pregunto.

—Sakura, apenas entramos, no he comprado nada —rueda los ojos—Pero no está mal. Siendo honesto, este lugar es mucho mejor de lo que pensé —dice mientras observa a su alrededor.

—¿O sea que te gusta?

—Dije que estaba bien. No, que me gustara. Hay una gran diferencia entre esos dos conceptos.

¡Cielos, que delicado!

—Ok, ok, aceptare eso. Al menos no saliste corriendo.

—Sí, supongo que es un gran avance —dice sarcástico.

—Lo es. Hace unos minutos casi te dio un ataque de pánico con la sola idea de entrar aquí.

—Jump. No exageres. Sólo me tomo por sorpresa.

—Sí, claro —ahora soy yo quien rueda los ojos.

—Como sea. ¿Dónde está la ropa de hombres? —cuestiona, dando por terminado el tema.

—Aquí atrás —me encamino hacia la sección de ropa masculina con Sasuke siguiéndome.

ooo

No he pasado mucho tiempo en esta tienda, pero en lo que he buscado me ha sorprendido porque las prendas parecen nuevas. Incluso he visto una que otra cosa de diseñador o de alguna marca reconocida, obvio que los precios distan demasiado de los originales tanto que harían desmayar al diseñador o al gerente de marca.

Según Sakura, no es sorprendente encontrar este tipo de ropa en tiendas como estas, pero tampoco es tan común, ya que hay gente adinerada que dona la ropa que ya no usan. También me cuenta que el dinero que recaudan en este tipo de tiendas es para diferentes organizaciones caritativas. Lo cual me parece genial.

Revisando en uno de los percheros de los pantalones, encuentro un Levi´s que parce ser vintage, doblo una de las botas y encuentro la costura roja. Ok, esto se ve prometedor. Examino la etiqueta roja en el bolsillo trasero, y la "e" en Levi´s está en mayúscula, o sea que este jean es de antes de 1971. Sólo chequeó la última señal para confirmar si es un 501 vintage. Miro el botón y tiene grabada una "W". Conclusión: tengo en mis manos un Levi´s 501 de antes de 1971. Y al checar la etiqueta del precio, casi me ahogo. El precio es tan bajo que me sentiría mal comprarlos por esta cantidad ya que sé su autentico valor. Y bueno… sólo digamos que no se acerca ni un poco a lo que están pidiendo.

—¿Ya que te pasa? —me pregunta Cerezo, algo irritada.

—Tengo un dilema moral. Sé que este jean cuesta mucho más de lo que dice la etiqueta. —y si lo compro por ese precio, sentiría que le estoy robando a la caridad. Una sensación que no me gusta para nada.

—Si quieres puedes hacer una donación para que no te sientas tan mal.

—Buena idea —ok, mi conciencia moral puede descansar—Así no sentiré que le estoy robando a la beneficencia —mi último comentario la hace reír.

—¿De lo contrario no podrás dormir por la noche?

—Jump. Más bien, me aterra que mi madre se llegue a enterar y me dé un sermón. Créeme, quiero evitar esa pesadilla —la hago reír más fuerte.

—¿Así de estricta es tu madre?

—Sólo en algunas cosas. Ella se encargó de enseñarnos una fuerte educación moral y ética, así que este es un tema importante —digo mientras busco en los percheros de las camisetas.

—Debe ser una mamá genial —dice a la ligera, ayudándome a buscar, aunque no puede ocultar el tono melancólico que hay en el fondo.

—Si lo es, aunque así son todas las madres, ¿no?

—Pues, no sabría decirte. —se enciende mi interés porque sé que hay algo más detrás de esa escuálida respuesta.

—¿Cómo es tu madre, Cerezo? —por fin le hago la pregunta que me ha estado comiendo la cabeza desde hace tiempo.

— No lo recuerdo muy bien. Ella murió cuando era una niña.

Levanto la cabeza tan rápido que es un milagro que no haya sufrido un latigazo cervical.

—Lo siento. No lo sabía.

—No te preocupes. ¿Qué tal esta? —me muestra una camisa hawaiana. Mi cara debe mostrar lo que pienso porque ella se carcajea —¿No?

—Mierda, no. Esa cosa es abominable.

—Creo que sería de tu estilo.

—Sólo si estoy hasta arriba de LSD y demás drogas psicodélicas.

—¿Entonces cuál es tu estilo?

—Algo como esto —saco del perchero y le muestro una camiseta blanca con la imagen de unos tomates al nivel del pecho.

—¿Estás hablando en serio?

—Si. Amo los tomates. —esa confesión la toma por sorpresa, su parpadeo constante lo confirma.

—Wow, eso no me lo esperaba —dice todavía alucinada.

—Seh, pero no te acostumbres, me gusta mantener el misterio.

—Oh, vaya, un hombre misterioso —dice con diversión—Bueno, aunque te guste el misterio, creo que mejor te vas a medir la ropa.

—Jump —esa parte es lo que más odio de comprar ropa, probármela en esos jodidos probadores—Tsk, ¿Dónde quedan?

—Por aquí, Sr. Misterioso.

Entro a uno de los pequeños cuartos que hay en la parte de atrás y me pruebo la ropa. Todo me queda bien. Al salir no encuentro a Cerezo por ningún lado. Cuando voy a gritar su nombre, alguien me toca el hombro y al girarme encuentro a una señora de mediana edad.

—Buenos días ¿Puedo ayudarle en algo? —me pregunta amablemente.

—Sí, ¿ha visto a una chica peli rosa?

—Oh, sí, está mirando unas cosas más adelante.

—Bien, gracias.

—¿Algo más?

—Si, voy a comprar estas cosas. Pero me las quiero llevar puestas.

—Muy bien, cámbiate, vas a la caja registradora y te ayudo.

—Muchas gracias.

Me cambio rápidamente.

En el camino a la caja registradora, tomo el vestido que le gusto a Sakura y una chaqueta de cuero entallada, le pregunto a la señora si ambas prendas son de la talla de Cerezo, y ella me dice que sí. Una pequeña sorpresa para más tarde.

La amable señora me está entregando la bolsa, cuando finalmente Cerezo hace su aparición.

—Espera falta algo más —pone en el mostrador un sombrero fedora negro, un cárdigan negro ligero de botones y unas gafas de aviador.

—Realmente pensaste en todo, ¿no?

—Bueno, se supone que vas de "encubierto" —hace comillas con sus dedos—Así que, bueno, tienes que cubrirte pero sin parecer extraño. O sea que tienes que lucir como un chico normal. Y con esto lo conseguirás, porque así se visten casi todos los chicos ahora y no vas a llamar tanto la atención.

—Supongo. —y de pronto se me ocurre una idea —Bueno, y si yo voy a ir de encubierto, como dices, tú también lo vas a estar. —tomo un sombrero bowler negro y se lo pongo en la cabeza, le queda perfecto—Ah, sí, tampoco se me pueden olvidar estas —y elijo unas gafas redondas que estaban en el mostrador—Listo. Por favor la cuenta —le pido educadamente a la amable señora.

—En un momento. —dice con una sonrisa divertida. —Aquí tiene —me entrega el recibo y pago la cuenta—Hacen una hermosa pareja —comenta y Sakura se sonroja.

—¿Cierto? —paso mi brazo por los hombros de mi Cerezo y la atraigo hacia mí. Lo cual la hace ponerse roja, como los tomates de mi camiseta.

—Si.

—Muchas gracias por todo —le digo sinceramente y nos vamos.

—Oh, cielos, no puedo creer que le hayas dicho eso. —dice apenada, a penas salimos de la tienda.

—¿Y por qué no?

—Porque no es cierto.

—Yo sí creo que hacemos una linda pareja, ¿tú no?

—No estoy hablando de eso y lo sabes.

—Jump —me encojo de hombros.

—Sasuke, no te hagas el tonto. No debiste de haberle mentido a esa señora.

—¿Cuál mentira? —pregunto "sin entender" de lo que ella habla.

—¡Sasuke! —me reprende

—No recuerdo haber mentido.

—Si lo hiciste.

—Mmm… nop, no lo recuerdo.

—¡Argh, eres imposible! —dice rindiéndose.

—¿Vamos a dar un paseo? —le pregunto.

—¿A dónde?

—No lo sé. Dejemos el auto parqueado en algún lugar y vamos a caminar —quiero tener un día sin estrés.

—Si, suena genial. Aunque no te lo mereces por mentiroso.

Al parecer Sakura es algo despistada. Tendré que hacer algo al respecto.

Aun abrazando a Cerezo caminamos hasta el auto, nos subimos y conducimos a un parque cercano.