Capítulo XIV/2: ¿Acaso le diste esa oportunidad? [Semana 2 - Día 4]

Simulación A

—¿Como se encuentra Token? —preguntó Stan una vez decidió dejar de estar parado sin hacer nada, dirigiéndose hacia donde estaba Tweek, quien solo suspiró con resignación, negando con la cabeza.

—Está... muerto —musitó con lástima, dejando el cuerpo en el suelo. —Intenté evitarlo, pero tenía muchas heridas, no había mucho que podía hacer. Lo siento, príncipe.

Stan miró el cuerpo sin vida de Token por unos segundos, sin poder perdonarse el hecho de que había permitido que esto sucediera. El tipo no se merecía esto, ni Red, ni las sirvientas a las cuales ni siquiera tuvo tiempo de conocer.

—Príncipe —llamó Kyle, acercándose a Stan, una expresión preocupada en su rostro. —Tenemos que encontrar a los demás y salir de aquí, rápido —le murmuró, haciendo que Stan asintiera.

—Sí, tenemos que hacerlo —le dijo, para luego dirigirle su atención a Heidi, quien estaba junto con Craig, ambos en silencio. — ¿Heidi? ¿Puedo hablarte un momento?

Heidi levantó la mirada, como para asegurarse de que Stan realmente se estuviese refiriendo a ella. Rápidamente reaccionó y fue hacia donde él estaba, limpiando sus lágrimas con el dorso de su mano.

—¿Sí, príncipe? —su voz y su labio inferior temblaban, pero ella trataba en lo posible para disimular esto, el hecho de que estaba completamente asustada por lo que acababa de ocurrir.

Stan notó esto y sintió pena por la chica. Real o no, nadie debía pasar por esta clase de cosas. Parte de él solo deseaba dejarlos a todos fuera de esto, pero sabía que no tenía uso el intentarlo, lo que sea que fuese a ocurrir era todo parte de la simulación, y habían cosas que no podía evitar sin importar lo que hiciera.

Aunque... quizás sí podría...

Notando que Heidi estaba esperando, Stan se aclaró la garganta, bajando su tono de voz a un murmullo.

—Si queda personal en el reino, quiero que los lleves a el lugar que consideres más seguro del castillo y que se queden ahí, ¿puedes hacerlo? —pidió, intentando sonar lo más autorizante posible. Stan no sabía nada sobre como actuar como la realeza, pero imaginaba que sus súbditos querrían a alguien seguro y en el cual pudiesen apoyarse. Heidi tragó saliva, asintiendo.

—Enseguida, señor.

—Gracias —le dijo, para luego ver como la chica se marchaba por la puerta sin decir más.

—Hey, Tweek...

La voz de Kyle llama la atención de Stan, a pesar de que no se dirigía a él. El pelirrojo se acercó a Tweek, quien estaba en la esquina del comedor, brazos cruzados y ceño fruncido en pensamiento. El joven levantó la mirada al ver que Kyle estaba enfrente de él.

— ¿Hm? —aunque su expresión daba a entender que estaba fastidiado por su presencia, decidió no prestarle tanta atención. Kyle ignoró esto y decidió continuar.

—Tweek, escucha. Voy a ser rápido aquí, necesitamos armas —dijo Kyle, yendo directo al punto, ya que estaba decidido en no continuar perdiendo el tiempo. Tweek levantó una ceja, extrañado.

— ¿Y crees que simplemente debería darte armas así como así? ¿Y que también se las dé a él? —preguntó, apuntando hacia la dirección donde estaba Craig, quien observaba todo con una expresión seria, casi desconfiada. —Debes haber perdido la cabeza, olvídalo.

Kyle suspiró, dándole una mirada a Stan, quien la devolvió, hasta que entendió lo que quería decir con esa acción- quería que él lo convenciera. ¿Quién mejor para esa tarea que quien todos creían era el príncipe de ese reino?

—Eh, Tweek, Kyle tiene razón —Stan interrumpió, tratando de usar la misma táctica que usó con Heidi. — ¿Acabas de ver lo que ocurrió hace apenas unos minutos? Casi una decena de personas han muerto, tu compañero Token incluído, y la amiga de Heidi. ¿Sabes cuantas más víctimas pueden haber si no tenemos cómo defendernos?

Tweek entrecerró los ojos, como si estuviese analizando a Stan.

—Pero... príncipe...

—Sin peros, Tweek —repuso el pelinegro con autoridad. —Escuchaste lo que la carta decía. Necesitamos armamento, tenemos que estar preparados; es una orden.

Tweek se quedó en silencio por un momento, mirando a Kyle y luego a Craig, para después dirigir su atención a Stan nuevamente, dando una pequeña reverencia. Stan sonrió para sus adentros, quizá no sea tan malo en esto.

—Como usted diga, príncipe —con esas palabras, Tweek se dirigió hacia la puerta. —Siganme.


Los pasillos del castillo eran bastante lúgubres, realmente se podía notar que el castillo era una mera sombra de lo que alguna vez fue. Todo era un desastre, parecía que aquella guerra que se suponía había ocurrido hace cientos de años, apenas estuviese dando la primera batalla.

Las manchas de sangre en las paredes, las prendas rotas en el suelo, el desorden... se veía reciente. Y, si lo que había ocurrido hace unos minutos era indicación de algo, quizás lo era.

—Es aquí —anunció Tweek, abriendo las puertas del arsenal, el cual estaba casi a oscuras, ya que las velas estaban apagadas. No había casi luz en ese lugar.

Los cuatro entran, e inmediatamente comienzan a buscar armamento. Tweek se encargó de encontrarles la armadura, mientras que Craig buscaba las armas que podrían utilizar, y las cuales lucían más asombrosas, según su refinado criterio en armas medievales.

— ¿Por qué tengo que usar las flechas? —se quejó Kyle, viendo que los demás tenían espadas y hachas. —Ustedes tienen mejores armas, no es justo.

Stan rió un poco, apuntando su bracamarte a él.

—No confío en vuestras intenciones, joven guardia —declaró el pelinegro, usando el mejor acento inglés que podía, sin evitar sonreír. — ¿Acaso debería ofrecerte un equipamiento mejor sin que hayas obtenido mi confianza? Sería una movida muy riesgosa.

Kyle rodó los ojos, pero devolvió la sonrisa, acercándose hacia la espada, de manera que estuve apuntando directamente a su garganta. Stan levantó una ceja ante esto, pero no lo cuestionó en voz alta, sabiendo que Kyle solo le seguía el juego.

—Si no tengo vuestra confianza, entonces, mi señor, proceda con su ataque —dijo Kyle, manos tras la espalda, sin hacer ningún intento en defenderse. —Sé que hará lo correcto.

Stan abre la boca para decir algo en respuesta, pero Tweek y Craig interrumpen, las armaduras que los chicos debían usar en sus manos.

— ¿Pueden dejar de perder el tiempo un momento? —regañó Craig, prácticamente lanzandole la armadura a Kyle. —Tenemos que apresurarnos.

—No puedo creer tu nivel de insolencia —repuso Tweek, negando con la cabeza mientras le daba su armadura a Stan. —En serio, príncipe, no puedo entender cómo es que permite que su cabeza siga conectada a su cuello.

Craig frunce el ceño ante el comentario del rubio, pero decide no decir nada. Stan, por otra parte, solo le lanza una mirada y niega.

—Preferiría no perder mi tiempo en él, Tweek.

El rubio asiente, tratando de ignorar el silencio incómodo que se apoderó del arsenal en ese momento, dejando que Stan y Kyle se colocaran sus armaduras. Después de unos cuantos minutos, estaban listos para salir del arsenal, completamente armados para combatir.

—Muy bien, ahora tenemos que encontrar a los demás y salir de aquí, debería ser fácil... —habló Stan, por algún motivo, teniendo dificultad para creer sus propias palabras.

Un estruendo repentino hace que Stan suelte la perilla de la puerta de golpe, sobresaltandolo. Los chicos intercambiaron miradas, dándose cuenta de que el ruido provenía dentro del arsenal.

Thud... thud...

Aquel sonido de pisadas hizo que Stan se tensara, sabiendo que no había entrado más nadie al arsenal. Se suponía que si no fuese por ellos, estuviese completamente vacío. Tweek notó el lenguaje corporal de Stan y solo le dio una mirada, asintiendo, como para decirle que él se encargaría de la situación.

Tweek sostuvo su espada en dirección donde provenía el sonido, el cual cada vez se hacía más fuerte. Craig frunció el ceño, viendo lo concentrado que el rubio estaba, no se veía preocupado de ninguna forma, como si hubiese hecho esto durante siglos.

"K...Karen..."

Una voz familiar sollozaba en voz baja, haciendo que Stan bajase la guardia por un momento.

— ¿Kenny? —cuestionó el pelinegro en voz baja, entrecerrando los ojos en pensamiento, indicandole a los demás que no hicieran ruido. ¿Con quién está hablando? se preguntó, notando que la voz de Kenny hablaba rápidamente en murmullos difíciles de entender, sonando realmente angustiado.

"¿Quién te hizo esto? Dime- dime quién fue, pequeña."

Ninguno de ellos logró escuchar una respuesta.

"Ah... él fue. Heh- yo- esto no se quedará así, ¿escuchaste, Karen? Haré- haré que pague por esto. Hahah, ya verás. Solo... espérame aquí, ¿si? Vuelvo enseguida, cariño."

Unos cortos segundos después, se podía visualizar una sombra que se estaba acercando, hasta que finalmente Kenny estaba en frente de ellos, lágrimas cayendo por sus ojos, sangre alrededor de su camisa y un hacha en su mano temblorosa.

¿Pero qué?

Stan casi suelta su espada al ver el estado de Kenny. Sin su anorak, se podía ver su rostro por completo, y su expresión facial en ese momento le causaba terror. El rubio los observaba con puro odio, sus ojos estaban rojizos, y sus lágrimas estaban mezcladas con sangre oscura. Estaba apuntando su hacha a Kyle.

Tú.

Kenny dio unos pasos hacia delante, acercándose al pelirrojo con el arma en mano. Kyle estaba muy perplejo como para retroceder, o ponerse en modo de defensa. Stan, por otra parte, notó esto y se puso en frente de él.

— ¡Alto! —llamó Tweek, quien apuntó su espada a Kenny, quien solo lo observó de reojo pero ignoró. Tweek esperaba por una reacción, no iba a atacar primero, podría lastimar a su príncipe si no le tomaba distraído.

— ¿Qué mierda haces, Kenny? —cuestionó Stan, tratando de enfocarse en el rubio y no en como su hacha estaba tan cerca de su cuello. Kenny ni siquiera lo veía, estaba concentrado en Kyle, su intensa mirada irradiando furia.

— ¿Por qué? —musitó el rubio, su voz profunda y rasposa. — ¿Por qué le hiciste eso, Kyle?

— ¿De qué está hablando?—preguntó Craig, a lo que Kyle solo negó.

— ¡No sé! —alegó el pelirrojo, confundido.

Kenny rió por lo bajo, y por un momento sus manos temblaron, pero eso solo hizo que forzara más su agarre en el hacha. —Seguro, actúa como si no lo supieras. Como si no la hubieras lastimado, hijo de puta.

— ¿Eh? ¿A quién?—Kyle trató de aguantar una risa nerviosa. — ¡No sé de quién hablas!

—Será mejor que bajes el hacha, estás delirando —aconsejó Tweek, pero Kenny negó, y en su lugar empujó a Stan fuera de su camino, haciendo que el cayera contra la dura pared.

— ¡Príncipe! —exclamó Tweek, yendo hacia donde Stan estaba, ayudándolo a levantarse. — ¿Se encuentra bien?

Stan solo asintió, ignorando el golpe que le estaba formando un intenso dolor en la cabeza. Kenny aún no atacaba, pero parecía estar a una movida de hacerlo.

—Kenny, basta, piensa en lo que haces-

— ¡Cierra la puta boca! —le espetó con rabia al pelirrojo. — ¿Acaso le diste esa misma oportunidad a Karen?

En ese instante, algo parecía haber flasheado en sus ojos, como si en ese momento, estuviese viendo algo completamente diferente a lo que estaba sucediendo. Kenny ajustó sus puños en el hacha, sosteniendola con tanta fuerza que sus venas resaltaban, y como si ni pensara, Kenny intentó darle a Kyle con el hacha...

...pero Stan fue más rápido.

Después de haberle clavado la espada directo en pecho, Stan reaccionó, sacando la espada inmediatamente, sangre saliendo de la herida que él mismo había causado. Stan vio la sangre en su espada, y la soltó de golpe, sus manos temblando.

¡Kenny! —Kyle exclamó, viendo como Kenny caía al suelo, escupiendo sangre. — ¡Tenemos que ayudarlo!

Stan parecía estar en estado catatónico. Solo podía observar como Kenny se desangraba, sin mover un musculo, sus pensamientos en blanco.

— ¡Stan! —gritó Craig, tratando de hacerlo reaccionar. — ¡Haz algo, joder!

El pelinegro no respondió. Seguía observando como Kyle intentaba parar el sangrado, y como Tweek le decía qué hacer, pero la mente del pelinegro realmente no estaba ahí. Stan no quería reconocer el hecho de lo que acababa de hacer.

Yo... yo lo maté.

—Kenny, por favor, aguanta...

Las voces de los chicos apenas eran un simple eco en los pensamientos de Stan.

—Esto no está funcionando, Tweek. ¡Tiene que haber otra forma de salvarlo!

— ¡No tenemos como hacerlo!

— ¡No podemos solo dejarlo así! ¡Tenemos que hacer algo!

Lo único que pudo hacer que Stan reaccionara, fue la luz que envolvió a Kenny, casi como un campo de fuerza; tuvo que cubrirse los ojos, prácticamente podía sentir como sus pupilas se quemaban ante la enceguecedora luz.

— ¡¿Qué mierda?! —exclamó Craig, pero nadie tenía respuesta.

Después de unos segundos, aquella luz se apagó, llevándose consigo a Kenny, dejando nada más el rastro de sangre y aquella hacha como una prueba de que en verdad estuvo ahí.

— ¿Alguien sabe qué acaba de ocurrir? —cuestionó Kyle, pero Stan ya estaba cansado de tantas preguntas que no sabía responder.

Solo tenían que hacer una cosa.

Stan tomó el hacha de Kenny y se dirigió a la puerta del arsenal, sin mirar atrás.

—Tenemos que salir de aquí, ahora.