Epílogo

La suavidad de su tersa piel era una sensación a la que estaría acostumbrada toda su vida si el momento durara para siempre. Apoyó y rozó su mejilla con la de Hana en un gesto que lo hizo sonreír y volver a poner la letra en el lugar equivocado.

-Es la A-le dijo con suavidad mientras su mano tocaba la de él.

-Aaaa-pronunció el niño revolviendo las piezas.

Y entonces giró su cabeza para besarla en la mejilla, solía hacerlo a menudo, en un gesto en el que imitaba a Yoh. Hana rozó su nariz contra su mejilla y rió mientras sostenía la vocal que estaba enseñándole.

-¡Oh… eres un amor!-dijo extrañamente conmocionada por los sentimientos que ese bebé le provocaba.

Acarició su carita antes de sonreírle y sentarse definitivamente en la alfombra, donde estaba esa mesa de juegos especial para él.

-¡Pero qué… tierna te ves! ¡Hasta pensé que me había equivocado de oficina-exclamó Horo Horo- Es que hasta pareces una madre.

Apartó su cabello largo para poder verlo con mayor claridad, sobre todo cuando Hana intentó tomar un mechón. Sostuvo sus manos y lo sentó en sus piernas para que continuara jugando.

-Bueno por si no lo notaste hace muchos meses, estuve redonda redonda- ironizó sin poder evitarlo.

-Sí, súper gordísima, cómo olvidarlo-comentó entregándole un sobre en sus manos y sentándose en el suelo con ambos rubios- Y tu hijo sigue viéndome feo.

-No te extrañes, hasta Yoh padece de sus desplantes de vez en cuando-mencionó parando a su pequeño- Ahora Hana, juega tu solo, mamá tiene que leer un papel.

-Nooo-dijo con un puchero en su rostro.

-Sí-afirmó Horo Horo jalando su mano para sentarlo en sus piernas- Además, yo soy más divertido, que ella.

-Eso quisieras, Horokeu-le espetó la rubia mientras se levantaba con cuidado para no mostrar de más.

Abrió el sobre y no pudo ver más después de que su secretaria entrara con una serie de documentos y que aunado a ello le entregara una caja con un bocadillo para el pequeño Hana.

-Señora, su teléfono no para de sonar, tiene dos citas que si sigue un momento más aquí, va a llegar tarde-dijo totalmente estresada.

-Lo sé, hablé con el director de la primera y la cancelé, pensé que te había llegado esa notificación.

-¡En serio! ¡Es decir que tengo la agenda mal estructurada! ¡No! ¡El señor va a matarme, me dijo que le pasara su agenda de a semana!

Hana posó las manos sobre sus oídos y no tenía buena pinta en su cara, por lo que Anna tomó de su escritorio una de esas pastillas que se tomaba para la jaqueca.

-Tranquila, estás muy alterada y alteras a mi hijo-mencionó un tanto ajena a la situación- Tómatela y ya después te paso el acomodo que hice, por lo pronto sólo iré a la cita de las tres.

-Oh… lo siento Hana, no quería alterarte-se disculpó de inmediato- Pero el teléfono no deja de sonar. El señor Yoh le ha llamado veinte veces.

-No lo dudo-respondió con una sutil e invisible sonrisa- ¿Puedes mandarle esto a mi abogado? Dile que tiene todo mi poder para representarme en todos los sentidos más extensos.

Hana caminó y aunque torpemente lo hacía, se sostuvo de la mesa para avanzar a la salida de la oficina de su madre. Horo Horo se levantó y estiró su espalda para tomar ese sobre entre sus manos.

-¿Aún sigues con las demandas?

-Kino sigue con las demandas, yo hace tiempo que dejé de atender personalmente eso, estoy cansada y no tengo…

-Tiempo-completó la secretaria- Tiene una cena de lujo esta noche, los acreedores de una nueva empresa que quieren comprar aquí…

-Pero esto es serio, Anna-dijo Horo Horo- Comprobó un fraude en tu contra.

Rodó los ojos y buscó con la mirada su pequeño e inquieto hijo. Vamos, era la segunda en el día que se lo hacía.

-¿Lo dejaste ir?-preguntó con una voz en verdad temible-Tienes suerte que yo no esté de humor para despedir gente.

Horo Horo tragó saliva cuando observó a Anna y a su secretaria salir, la primera buscando hasta por debajo de los escritorios de los pasillos y la segunda recogiendo todos los papeles que tenían para la rubia.

-¿Alguien vio a mi bebé?-preguntó a todas las mujeres que fungían como secretarias y absolutamente todas, le señalaron la puerta de Kanna.

-Ve a la oficina y lleva mi bolso y los juguetes de Hana al coche, también asegúrate de traer aquí el almuerzo de mi hijo.

-De acuerdo-respondió de inmediato y desapareció por el pasillo.

Suspiró y abrió la puerta del departamento de relaciones, su peor pesadilla, y es que simplemente Kanna no la toleraba. Sin embargo, a él lo amaba con locura, cada vez que Hana se perdía, siempre llegaba a ella.

-Increíble ironía, ¿no lo crees?-dijo con dureza a la mujer que cargaba y jugaba con su hijo.

-No lo creo, tú eres un caso extraordinario, tienes todo en orden, pero a este pequeño querubín no puedes tenerlo sentado-comentó alzándolo en el aire- Lo amo, quiero quedármelo.

-Ten los tuyos, Kanna.

-Ya te dije cuál es la solución, que venga Yoh y me haga uno.

Cruzó los brazos y su gesto no era de felicidad, tal vez podía dejarle a Hana un día, una semana si quería, pero a Yoh jamás. Pronto llego su secretaria y puso sobre el escritorio la caja de dibujos en la que el chef mandaba la comida de Hana.

-Gracias, Zria-le dijo a su asistente- Ahora, si quieres que Yoh venga y te haga un bebé tienes que darle de comer primero a este bebé.

-Seguro, déjamelo, yo lo cuidaré-aseveró Kanna, mientras Zria la veía con lastima.

-De acuerdo, regresaré para llevármelo a mi junta. Cuídate, gatito-le dijo mandándole un beso con la mano.

-Qué varonil para un niño tan fuerte de carácter-se burló Birshmach de un sobrenombre tan cursi para un niño que a leguas se veía que era más que un minino.

-Le tenía celos a mi gato, se enojaba cada vez que lo mimaba un poco, así que solucione el problema de la manera más diplomática posible-contestó relajada- Ahora vámonos, Zria.

Ambas salieron y le entregó la llave donde guardaba todo el papeleo de trámites y demandas de Kino. Ella ya comenzaba a cansarse de esa situación, sobre todo cuando tenía que acudir al juzgado a declarar.

Bajó y notó que el comedor estaba lleno como de costumbre, se acercó a la barra, sólo que antes de pedir siquiera una charola, el chef salió airoso de su cocina.

-Señora Anna, ya le he dicho que yo personalmente le llevo su comida a la oficina-informó el hombre barrigón.

-Lo sé, lo sé, lo repiten a diario, pero odio quedarme encerrada en la oficina-contestó molesta mientras tomaba un tazón de gelatina verde- Espero que a Hana le agrade el nuevo menú, ese niño es muy peculiar.

-Igual que la madre-añadió Yoh.

El chef desvió la mirada ante esa curiosa sonrisa del directivo de la empresa, y entró a la cocina dejando a ambos en completa soledad. Anna tomó la cuchara y comió un trozo de gelatina mientas lo contemplaba. Después de tres días, era obvio que extrañaba verlo.

-¿Qué hace mi directora financiera comiendo abajo cuando su hijo está arriba?

-Lo mismo que hace el director general de esta empresa, hacer lo que me venga en gana-respondió sin ningún tapujo.

-Vaya… así que ya empezamos con la rebeldía-comentó rodeándola y caminando en su perímetro- Veamos, el diez por ciento de los empleados conoce o ha visto alguna vez a Hana; cuarenta por ciento de los hombres de la empresa viene aquí para ver a una mujer; setenta por ciento de ellos cree que Anna Kyouyama se ve sexy con esa falda tan estrecha.

-Y el cien por ciento sabe que estás casado con ella-refutó la rubia de inmediato cuando él tomó la cuchara y comió lentamente un trozo más de la gelatina.

-Exacto-respondió Yoh- Te heche de menos.

-No lo creo, te fuiste sin avisarme.

-Le avise a Hana-excusó el castaño- Culpa de él si no te lo dijo.

Arrebató de sus dedos el cubierto y siguió comiendo hasta llegar a la cocina, donde el chef preparaba lo que pensaba subirle para acompañar a Hana en la oficina.

-No me lo tomes a mal, pero Hana no habla todavía, estábamos practicando.

-¿Oh, en serio?

-Sí, pero eso no quita lo feo de tus acciones-contestó ella señalando un plato de verduras con queso derretido- Sólo eso, estoy a dieta.

-Es que te tenía una sorpresa-añadió Yoh tomándola de la mano- Si Hana está siendo cuidado por alguien más, por qué no te tomas un respiro conmigo.

Dejó el tazón vacío en la mesa de metal y enfrentó su mirada.

-Porque eres genial para agendar fiestas por lo menos cada mes, esos son nuestros respiros.

-Ah, pero te encanta presumir que eres mi esposa ante la sociedad-la señaló divertido.

-Bien… sí, me gusta, ¿qué tiene de malo? Me enorgullece.

-Y a mí me enorgulleces tú-admitió- ¿Me acompañas esta noche a cerrar un negocio? Estamos a un paso de sacar la empresa a flote. Y después tu y yo en la bañera…

-Con Hana adentro-añadió la rubia- No se le escapa una a ese niño.

De acuerdo, tenía que idear una estrategia perfecta y a media noche, aunque debía de ir a trabajar al día siguiente y estaría cansado, peor que agotado…

-¡Anna!- escuchó el grito de Kanna y contempló a la rubia soltar un suspiro- Vaya, diría que eso fue record.

Sonrió con sutileza ante la broma de Yoh.

-Heredó sin duda tu bestialidad-argumentó Kyouyama al notar la pronta cercanía de Yoh- ¿En verdad piensas besarme?

-Por supuesto-contestó rozando sus labios, pero antes de siquiera aprisionarlos, Hana jaló su cabello- ¡Ay!

Kanna lo sostenía entre sus brazos y Hana pidió inmediatamente lo de su madre, aunque claro, Yoh lo iterceptó en ese traspase.

-¿Problemas de niñera?-preguntó el castaño mirando fijamente a su hijo- Porque tengo esa sensación.

-Acaba de tirarme todo el papeleo de un año a la basura-dijo nerviosa, o mejor dicho, bastante estupefacta.

-Olvide decirte que por algo, este jovencito trabaja todo el día en esta empresa-comentó la rubia- Y también acude a eventos, reuniones de trabajo, aunque claro, nosotros nos damos nuestro tiempo para sus cosas de niño de igual modo.

-Pues todo tuyo-respondió Kanna marchándose del lugar.

-Vaya cosa…-mencionó Yoh preocupado- ¿Cómo has estado mi pequeño? ¿Has extrañado a tu padre? Bueno por tu cara diría que no mucho.

-Noooo.

Anna se acercó y le hizo cosquillas en el estómago logrando que se carcajeara en brazos de su padre.

-Claro que sí, entre él y Matamune no dejaban de llorar al ver que no venías de regreso- lo delató la rubia, aunque al escucharla, Hana cruzó sus brazos y se puso serio.

Yoh lo acunó entre sus brazos y sonrió.

-Genial, me he vuelto a sentir padre de nuevo, pero… quería pedirte, a parte de la cena de esta noche si me podías acompañar a un lugar especial.

-Claro, no necesitas decírmelo-respondió de inmediato, personalmente por el rostro decepcionante que llevaba consigo- ¿Cancelo todas mis citas?

-Ya las he cancelado por ti, acabo de subir con Zria para hablar de eso, espero que no te moleste-afirmó sacando de su bolsillo una pelota de plástico del tamaño de su mano- Toma Hana.

-No me molesta, aunque prefiero que me avises de todos los movimientos, o harás que sospeche de ti-le advirtió en una forma nada amistosa, que incluso Hana miró con lástima a Yoh- Hablo en serio Asakura…- entonces el niño se entristeció- Asakura mayor, él, no tú.

Aclaró a su hijo que la veía mucho más recompuesto. Tomó las bolsas de comida y las subió al coche mientras Hana me mostraba extasiado su nuevo juguete con monitos en su interior. Yoh se notaba demasiado pensativo, tanto que incluso temía que fuera algo malo.

-Anna, ¿por qué no me dijiste lo de las demandas?

Y eso sin duda la agarró por sorpresa. No quería involucrarlo en pleitos legales, que ni siquiera ella atendía personalmente.

-No tonterías, no vale la pena hablar de eso.

-Sí lo vale, la abuela consiguió papeles que validan tu fraude a la empresa, aunque ello lo haya hecho Keiko-refutó con seriedad- Te odia mucho.

Calló y observó el hospital en el que se había detenido. Entonces dejó salir el aire de sus pulmones y giró a verla.

-Hace tres días fui a verla, tu abogado acudió a mí y me dijo todo el papeleo que estaba metiendo Kino en todo esto. Me preocupe, Anna, pero tú seguías callada… entiendo tu fortaleza, la admiro, puedo idolatrarte por tantas y tantas cosas, excepto por no permitir que te cuide.

Entonces tocó con suavidad su mejilla.

- Estoy aquí contigo y créeme, siempre lo estaré-puntualizó con tristeza- Si quieres llorar, reír, golpear a alguien, aquí estoy yo para saberlo. No importa el problema que sea, incluso si yo te he causado el problema. Déjame protegerte.

Cerró sus ojos y él la besó lentamente, aun a pesar de estr Hana entre sus brazos. Sí tenía esa presión encima, pero para ella era más importante estar con su familia y salir adelante, no estancarse en la problemática banal de Kino.

-¿Cómo lo haces?-le preguntó tocando con su mano libre su cabello.

-¿Qué cosa?

-Hacerme sentir tranquila con unas palabras.

Hana miró a sus padres y la cercanía que tenían uno con el otro, le incomodaba, como siempre, pero calló al ver los ojos brillosos de su madre.

-Yo haría todo por ti- aseguró con firmeza- Todo…

Observó el roce de sus labios y cómo pasaba con facilidad de los brazos de la rubia al castaño, quien le indicó a Anna a donde debía dirigirse. Entonces ella entró y pasó directo a la habitación de la anciana.

Kino estaba conectada a dos aparatos y su tez se veía pálida, como en las últimas veces que tuvo que enfrentarla en juicio. Sólo que en esta ocasión, su estado era realmente grave.

-Ella se puso mal cuando discutimos, la llevé con el médico que te dijo Fausto, pero su necedad la llevó hasta ese punto, porque su enfermedad ya ha avanzado demasiado- evocó las palabras de Yoh justo antes de llamarla.

Mas no tuvo que hacerlo, porque lentamente abrió los ojos y la observó con ese odio contenido.

-Lárgate-le dijo furiosa.

No obstante, se sentó a su lado e incluso acarició su fría e inmóvil mano.

-Lárgate… o llamo a seguridad- amenazó con voz ronca.

-Yoh me dijo que debía verte-habló con sentimientos contrariados- La verdad te he evitado todo lo que he podido, incluso con la orden del juzgado que recibí hace rato.

-Así es, vas a pudrirte en la cárcel- aseveró con firmeza a pesar del respirador que hacía entrecortadas sus palabras- Antes de que me muera te quiero ver en la ruina.

Kino contempló sus ojos llenos de lágrimas que no dejó escapar ni un solo momento. Anna era igual de fuerte que ella, impetuosa, orgullosa, así que sus sentimentalismos le tenían sin ningún cuidado.

-No me cabe la menor duda de que quieres arruinarme la vida-comenzó a decir la rubia- Pero, aunque no lo creas, te entiendo, comprendo el motivo de tu odio. No digo que lo acepto, pero dentro de todo, aprendí a entender muchas cosas con el tiempo.

-Tú no entiendes nada.

-Sí, si entiendo-argumentó ella- Siempre te quise y siempre te admiré, también te odie y te deteste con el alma, pero ahora te perdono.

-No necesito tu perdón.

Anna se levantó y salió de su habitación. Tenía que admitir que si corazón sentía decepción por no hacerla sentir miserable, aunque internamente también había algo diferente, algo de lo que Yoh se jactaba con alevosía.

-Te dije que yo no te permitiría hundirla, cueste lo que cueste y lo sabes-contestó con seriedad el castaño-le espetó con dureza tres días atrás cuando le mostrara una foto de ambos rubios -Lo único que haces es preocuparla, pero no por ella, sino por él. Anna dejó de sentir dolor por su persona hace mucho tiempo, Abuela. Es feliz, aun con todo lo que has hecho, a pesar de todo, vive plenamente feliz gracias a Hana.

Miraba con desdén esa fotografía, no podía soportar sentir celos de la felicidad de ella. Giró su rostro y dejó caer una lágrima antes de escuchar la puerta abrirse. Contempló a Anna y luego al pequeño niño que llevaba en sus brazos.

-Aquí está el bebé que siempre quisiste y que me exigiste, aunque claro, no cumpliste con el trato-dijo con firmeza- Hana Asakura, la abuela Kino.

Ambos se miraron con curiosidad, especialmente Hana que observaba su rostro a un costado. La pequeña mano tocó la de la anciana y la mujer sintió un leve escalofrío recorrerla.

-Es muy peculiar, no le agrada todo el mundo, pero parece que la sangre llama-aludió sentando a Hana más cerca de ella.

El niño le sonrió y tocó su cuerpo con un dedo antes de reírse de sentir la bata tan suave que llevaba.

-Es bonito, hay que admitirlo-dijo confundida- ¿Por qué lo has traído? Sabes que pude haberlo echado a patadas de mi cuarto.

-Pero no lo has hecho-puntualizó la rubia- Es lo más grande y especial que tengo en mi vida. Hana es mi vida.

La pasión y entrega con que miraba al niño le hicieron recordar la primera vez que la tuvo entre sus brazos. Era una niña tan pequeña y frágil que terminó por convertirse en una mujer fuerte e imponente, que ahora amaba a su hijo.

-Lo haces para que retire la demanda-se percató con frialdad de sus acciones.

-Yoh ya me ha explicado todos los movimientos que tuvo que hacer para sumir ese juicio en el olvido-comentó sin un ápice de vergüenza- Igual que tú, usa de su dinero e influencia. Aquí, mi travieso hijo sólo vino a conocerte.

Kino desvió su mirada y no volvió a mirarla, salvo cuando Hana llamó su atención tocando su mano y levantándola para poner en ella una pelota. La anciana la tomó y miró al pequeño que le sonreía como Yoh solía hacerlo.

-Es tuya-le dijo Kino, pero Hana movió su cabeza en forma negativa y rechazó su mano- Es igual a su padre.

-Lo es… cuando quiere-respondió posando su mentón sobre la cabeza del niño- Sé que cualquier mujer quiere y anhela una vida tranquila y feliz, no todos la consiguen, tú no tuviste suerte. Los hombres en tu familia son inexpresivos, frívolos y mucho más interesados en el trabajo, Yoh no es así, a pesar de todo lo que cambió por tu culpa.

Era cierto, cada punto de su estratégica venganza en su contra.

-Tú querías sólo mi dinero, Anna.

-No, Kino, yo no quería tu dinero, quería una familia y amor. Ahora tengo ambos y a pesar de todo lo que hiciste, he resistido todo por ello, igual que tú te resistes a ver la realidad.

Las lágrimas comenzaron a inundar sus ojos, a salir libremente, mientras evocaba lo horribles sentimientos de celos y envidia que tenía hacia Anna por encontrar el amor en un hombre tan puro como Yoh. Recargó su cabeza sobre la almohada y dejó que las lágrimas siguieran empapando la tela de la funda.

La forma en que Anna se transformaba poco a poco en una inteligente y bella mujer apareció frente a sus ojos, la fortaleza que demostraba, como digna heredera suya, tenía verdadero amor hacia esa joven, que se evaporó con el odio y la envidia de un día para otro.

-No quería herirte de ese modo-se disculpó Anna levantándose- Bueno, ya lo has conocido, ahora supongo que será suficiente para ti.

-Te he hecho tantas cosas y te disculpas conmigo por verme llorar.

-Tú nunca lloras, Kino, es raro y me hace sentir fuera de lugar-admitió sin temor- Por otro lado, lo único que buscaba era compartirte un poco de mi felicidad.

-Gracias-mencionó la anciana.

-De nada-respondió sin problema- Debo irme, pero aun cuando sigas odiándome, mi hijo siempre sabrá quién eres y qué significas para Yoh y para mí.

Cargó a Hana de espaldas y abrió la puerta de la habitación, pero antes de que pudiese irse escuchó la voz de Hana detenerla.

-Má…-dijo el niño que veía a Kino levantarse con dificultad de su cama.

-Eso no es prudente-le dijo Anna horrorizada.

Y se acercó a ella, dejó a Hana sobre la cama e intentó regresar a Kino a la misma posición, sólo que ella apartó su mano y sorpresivamente la abrazó. Ninguna dijo nada, sólo se quedaron calladas.

La anciana suspiró y lloró largamente, mientras las lágrimas de Anna comenzaron a salir y tomó parte de esa leve y atrayente forma de resaltar su amor.

-Aquí estabas, mi niña rubia-le dijo acariciando su cabello, como cuando era tan sólo una pequeña de seis años.

-Abuela…-respondió enternecida.

-Perdóname-mencionó Kino cuando acarició el rostro de Anna.

-Ya lo hice-aseguró limpiando sus lágrimas y tocando la mejilla de la anciana.

Hana se acercó gateando hacia ellas y también las abrazó. Yoh miró de reojo esa acción entre los tres, sonrió feliz de haber logrado su cometido, sobre todo cuando notó en Kino debilidad y cierta culpabilidad por algunas cosas. Un odio contradictorio.

Anna caminó con Hana al parque que estaba a un costado del hospital y calló, no habló en el lapso de media hora. Su mirada se encontró con la de ella, el leve instante que había entre ambos se conectó cuando Hana tocó el agua de la fuente.

-¿Cómo sabías que se arrepentiría?-preguntó de repente.

Colocó un pie encima de la piedra de la fuente y su frente se acercó a la de ella.

-Yo padecí lo mismo, del amor al odio y del odio al amor-respondió sin poderlo evitar- Es muy fácil amarte, tan fácil que se puede olvidar todo lo demás.

-¿Aún podrías odiarme?-le cuestionó extrañada de esa respuesta.

-No… jamás lo haría, creo en ti casi como creo en que esto es para siempre-eludió con ternura- Te amo.

-Y yo a ti-respondió besándolo.

La suavidad de sus labios chocó con la de ella y percibió la calidez de su boca con la de él, hasta que alguien más intervino y sacó de equilibrio a Yoh, terminando empapado en la fuente.

-Hana…-le dijo su padre al rubio que había empujado un columpio.

FIN