Hola! Antes que nada, una disculpa por no haber respondido a sus reviews, fue una semana muy ocupada y consideré que sería mejor si subía capítulo, creí que les gustaría más esto xD además, tengo pensado subir un nuevo capítulo más pronto de lo normal, así que estén atentos.
Todo lo que no reconozcan salió de la imaginación de petite24 y Altea Kaur.
Show mensual.
Una vez que llegaron a casa de los Potter, Rose se llevó una gran sorpresa al ver allí a gran parte de la familia, todos reunidos para darle la bienvenida a Sirius (quien no había querido decir nada a Rose sobre los detalles de su regreso a Inglaterra en el camino).
-Después de meses de no saber de ti, desconsiderado- rió Harry dándole un abrazo a su padrino.
-Tenía ganas de perderme una temporada- explicó Sirius recibiendo con agrado la copa con vino que James le ofrecía-. He estado escribiendo esa novela de la que les hablé y la editorial donde trabaja Rose quiere publicarla ¿no es genial?
-Ya que estás aquí podemos conseguirte novia para que te cases de una buena vez- comentó la abuela Molly con una de sus sonrisas maternales.
-Nunca he necesitado una esposa y menos ahora- se escandalizó Sirius-. Tengo casi sesenta años, muchas gracias.
Rose rió divertida, al igual que los demás, al escuchar la misma conversación de siempre: la abuela Molly diciéndole que ya era hora de que se casara y Sirius argumentando que era demasiado viejo para eso.
-¿Tú sabías de esto?- preguntó un sonriente Albus, pasándole un brazo por los hombros a Rose.
-Me encontré a Sirius en la editorial esta mañana y quiso coquetear con mi jefa- respondió Rose enfurruñada bajo la diversión de Albus, quien había soltado ya una carcajada.
-No creo que sea tan malo. Si la abuela logra convencerlo de casarse tendremos una nueva y gruñona tía- comentó Albus riendo de la cara de horror de Rose, quien comenzó a perseguirlo por toda la casa tratando de golpearlo con un cojín.
…Tulipanes rojos…
Observando por la ventanilla, Rose se maravillaba con las espectaculares residencias que se amontonaban en una de las calles más lujosas de Londres. Scorpius condujo un poco más lejos hasta llegar a una gran casa de amplios jardines y pintada de blanco con acabados exquisitos.
-¿Esta es tu casa?- preguntó Rose atónita.
-Dije mismo la primera vez que vine- rió Julieta desde el asiento trasero.
-En realidad es de mis padres- corrigió Scorpius.
El fin de semana había llegado ya y Rose junto con Scorpius, Joe y los hermanos Longbottom (excepto Alice, a quien sus padres llevarían a un chequeo al doctor para asegurarse de que todo iba bien con su desarrollo), habían empacado un par de cosas para ir a la casa de los padres de Scorpius para el show mensual, aquel del que Rose aún no sabía de qué trataba porque nadie había querido darle detalles. Lo único que había empacado era un cambio de ropa, su pijama y un traje de baño, que Juli dijo que necesitaría. La verdad había esta deseando que ese fin de semana llegara ya, pues había sido otra semana agotadora y necesitaba relajarse, algo que sabía que haría de sobra con ellos cerca.
Cuando entraron, Rose pudo ver un amplio salón donde había un lindo piano blanco y cerca de allí se alzaban improvisadamente unas cortinas rojas; fue donde Rose supuso que usaban de escenario. Al lado de ella había unas hermosas escaleras que llevaban a los cuartos de arriba. El lugar estaba hermoso, con una linda luz natural gracias a los tragaluces. Dejaron los sacos de dormir y sus mochilas allí y después Rose siguió a los demás hasta la espaciosa cocina, donde colocaron toda la comida que habían llevado.
-¿Pueden guardar todo esto? Le mostraré la casa a Rose- dijo Scorpius a los demás.
-Sólo no se pierdan en las habitaciones- advirtió Joe pícaramente, ganándose un golpe de una feliz Julieta.
Rose vio cómo Scorpius rodaba los ojos, y ella simplemente no entendió qué había querido decir Joe, pero si pensaba igual que sus primos, quizás eso significaba que… ¡Joe era un grandísimo pervertido! Haciendo una mueca con la boca, Rose siguió a Scorpius hacia el salón.
-Aquí es donde hacemos las presentaciones- dijo Scorpius señalando el piano y las cortinas-. Es divertido, ya verás. Sígueme.
Rose siguió a Scorpius hacia las escaleras y juntos las subieron lentamente. Arriba había cinco puertas que permanecían cerradas. La primera Scorpius le indicó que solía ser la habitación de sus padres. La segunda, al abrirla, Rose se quedó impresionada. Era inmensa, y por el aspecto, antes solía contener grandes libreros que llegaban hasta el techo.
-Aquí era donde solían venir mis profesores a darme clases- explicó Scorpius.
Salieron y entraron a la habitación de enfrente.
-Esta era mi habitación- dijo Scorpius yendo a abrir las cortinas.
Rose se decepcionó un poco al ver que estaba vacía. Esperaba llegar a conocerlo más al ver sus cosas, pero parecía que no sería posible. Al salir de allí, Rose creyó que verían las dos habitaciones faltantes, pero Scorpius le dijo que no eran más que un baño y un cuarto donde guardaban cosas inservibles.
Al llegar nuevamente a la cocina con los demás, Rose soltó una carcajada al ver a Joe y Frank peleando como espadachines con espátulas.
-¿Les parece si nadamos primero? Más tarde hará frío- advirtió Scorpius.
-¡Nadar!- exclamó Joe emocionado corriendo hacia lo que parecía ser el patio trasero.
Tras unas puertas corredizas de cristal (cubiertas por unas lindas cortinas beige) podía verse un amplio patio donde había una gran piscina. Julieta se llevó a Rose a rastras hasta la antigua habitación de Scorpius, donde se pusieron los trajes de baño y después salieron al patio.
-¿Qué tal con Albus?- no pudo evitar preguntar Rose, sorprendiéndose de que ella se sonrojara hasta la punta del pie.
-Yo… ¿no te ha dicho nada?- preguntó nerviosa.
Rose la miró con la confusión plasmada en el rostro, pero luego, gracias a todas las películas románticas que había visto últimamente (obligada por Sam y Anabeth), se dio cuenta de lo obvio:
-¡Están saliendo!- exclamó Rose feliz dando saltitos y después deteniéndose, dándose cuenta de lo estúpida que se veía. Así que optó por abrazar a la feliz chica.
-Entonces… ¿no te molesta que salga con tu primo favorito?- preguntó Julieta, nerviosa.
Rose hizo un gesto de desenfado con la mano.
-Siempre y cuando no lo alejes de mí, no hay problema. Con la que debes tener cuidado es Lily, es muy sobreprotectora con sus hermanos. Y con las autoridades escolares… no quisiera que despidieran a Albus.
Rose rió junto a una nerviosa Julieta, pero se sorprendió al sentir cómo un par de brazos la levantaban del suelo, así como el grito de Julieta, quien estaba siendo alzada por Joe, que corría con ella lo más rápido que podía hasta la piscina.
-¡Bájame, Scorpius!- gritó Rose pataleando entre risas.
-Lo siento, es la iniciación- rió Scorpius llevándola hasta la piscina y sumergiéndola de manera más delicada de la que Joe había hecho con Julieta.
-¡Me las vas a pagar, Joseph Zabini!- exclamó Julieta a unos metros de donde estaba Rose, tiritando- ¡Está helada!
Y de hecho no lo estaba, pero después de ver a Scorpius, Rose sentía que no podría haber notado la diferencia. Nunca lo había visto de esa manera, pero ahora, al ver que no llevaba camiseta, sino un simple traje de baño, pudo decir que Scorpius en serio le parecía atractivo. Sus mejillas enrojecieron y su corazón comenzó a latir más violentamente ¿qué le sucedía? No es que Scorpius tuviera un cuerpo monumental, pues era más bien flacucho, pero no supo por qué en verdad le atraía y ahora la confundía que él ni siquiera la mirara, sino que estuviera jugando con Frank a ver quién hundía a quién. La verdad era que Scorpius era un hombre muy guapo, entendía por qué muchas mujeres estaban tras él, eso sin contar lo carismático que era.
-¿Una carrera al otro lado, Rose?- retó Scorpius con una de sus mejores sonrisas, sacándola de sus cavilaciones, que comenzaban a ser demasiado confusas para su salud mental.
-¿Seguro?- preguntó Rose fingiendo arrogancia.
-Claro- dijo Scorpius, aunque no lo parecía tanto ahora.
-Bien, yo cuento- dijo Joe emocionado-. Uno, dos… ¡tres!
Rose nadó lo más rápido que pudo, ganándole a Scorpius por mucho. Todos estaban anonadados.
-¿Dónde aprendiste a nadar así?- preguntó Julieta boquiabierta.
Rose rió divertida.
-Cuando tomas clases de natación con unos primos que tratan de sumergirte a cada oportunidad, aprendes porque aprendes- dijo sin parar de reír al ver sus caras.
Estuvieron al menos otras dos horas tonteando en la piscina, porque, como Scorpius había predicho, comenzaba a hacer frío. Después de ducharse y ponerse la pijama, tal como Julieta le había indicado específicamente, Rose bajó al salón, donde estaba ya Scorpius frente al piano, tocando las teclas con suavidad. Rose se acercó a él, ahuyentando los pensamientos sobre lo bien que se veía en esa pijama de algodón azul. Scorpius le hizo una seña para que se sentara junto a él en el pequeño banco, y Rose así lo hizo, quedando muy cerca de él, tanto que juraría que escuchaba los latidos de su corazón y podía sentir su calor corporal.
-¿Cuándo aprendiste a tocar el piano?- preguntó Rose para tener algo más en qué pensar que no fuera la imagen de Scorpius en traje de baño, pues no podía sacársela de la cabeza.
-Era pequeño, tendría unos cuatro o cinco años cuando mi padre me enseñó- contestó Scorpius- ¿Tú tocas algún instrumento?
Rose rió.
-Quizás el triángulo, y te aseguro que estaría fuera de tono.
Ambos rieron por la ocurrencia, pero luego Rose recordó:
-A veces canto, Albus dice que lo hago bien.
Scorpius le sonrió más ampliamente.
-¿Cantarías algo ahora?
-¿Ahora?- se cohibió Rose ¿Y si no lo hacía bien y quedaba en ridículo?
-Anda, por mí- pidió Scorpius con un puchero-. Los demás aún tardarán unos minutos en bajar.
Rose se mordió el labio inferior y terminó cediendo ¿cómo decirle que no a esos lindos ojos grises? Rayos, se estaba ablandando y eso no era bueno…
Scorpius comenzó a tocar la canción que Rose le había indicado: I was here, de Lady Antebellum, el grupo favorito de Lily. Rose comenzó a cantar, perdiéndose en la letra de su canción favorita. Fueron apenas un par de estrofas lo que cantó, pero cuando terminó, pudo ver la mirada de admiración de Scorpius.
-Rose… tienes una voz hermosa- dijo él con voz ahogada.
Rose sintió algo cálido en su pecho, pues sabía que Scorpius era sincero. Podía darse cuenta ahora de lo mucho que le importaba estar con él, era simplemente alguien especial y estaba agradecida de tenerlo en su vida como nunca antes.
-¿Interrumpimos algo?- preguntaron pícaramente Joe y Julieta, que venían bajando por la escalera.
Scorpius rodó los ojos y dijo:
-¿Ya listos?
Ambos asintieron y comenzaron a buscar cosas de una gran caja de cartón, sacando todo tipo de disfraces. A los pocos minutos se les unió Frank, quien puso una silla para Rose frente al escenario, pues ella sólo vería lo que sucedía. Aún así, no se salvó de que le pusieran alrededor del cuello una bufanda de plumas de colores fosforescentes y los marcos de unas gafas graciosas.
-Señores y señoras- anunció Joe desde el escenario, dirigiéndose a un público aparentemente numeroso.
-Rose- tosió Julieta junto a él.
-Bueno, Rose ¿Contenta, mujer?- exclamó Joe, exasperado, a Julieta, haciéndolos reír a todos-. Bien, como iba diciendo antes de ser groseramente interrumpido… ¡Rose! Bienvenida al show mensual, protagonizado por Scorpius Elotito Malfoy- Rose rió, había olvidado que ese era el apodo de Scorpius- y en honor a nuestro libro favorito "mujercitas". Así que disfruta el espectáculo y ríete todo lo que puedas…
Conforme pasaban los minutos, Rose no podía parar de reír. Todos eran ciertamente graciosos, incluso Scorpius, que hacía los tonos de lo que iba sucediendo con el piano. Improvisaban una historia muy divertida sobre una niña muy molesta (interpretada por Julieta) que coqueteaba con un chico (interpretado por Joe) que ya estaba harto de ella mientras Frank hacía como que grababa todo y quería dar indicaciones, lo que lo hacía más molesto aún.
-Y esa, señores y señoras, fue la interpretación de la molesta chica Stacey coqueteando con Scorpius- finalizó Joe, haciendo que Rose, quien ya estaba en el suelo muerta de la risa, riera más fuerte.
-Y desgraciadamente es cierto- rió Scorpius junto con los otros.
Había sido un espectáculo pequeño, pero había valido la pena, pensaba Rose mientras posaba para la foto con los demás con sus disfraces completamente fuera de lugar.
-¿Quién tiene hambre?- preguntó Scorpius dirigiéndose a la cocina.
-¡Yo!- exclamaron Julieta, Frank y Joe yendo hacia la cocina apresuradamente.
Rose rió y, sin saber por qué lo hacía, le pasó a Scorpius un brazo por la cintura para así caminar juntos hasta la cocina. Afortunadamente Scorpius no dijo nada (aunque Rose pudo haber jurado que se había sonrojado), sólo la abrazó de vuelta. Y era una sensación agradable.
-¿Panecillos de canela?- preguntó Scorpius comenzando a preparar todo con ayuda de los hermanos Longbottom.
-¿Qué pregunta es esa?- refunfuñó Joe en broma, sentándose junto a Rose, pues ambos eran tan malos cocinando que prefirieron mantenerse al margen.
Sin querer, Rose se sorprendió de nuevo observando a Scorpius más de la cuenta. Iba de un lado al otro, charlando con todos y riendo sin parar, con sus movimientos gráciles y perfectos…
-¡Rose!
La pelirroja dio tal respingo que casi se cae de la silla. Joe rió fuertemente y dijo:
-Lo siento, creí que te habíamos perdido. Scorpius te decía que pusieras tú los panecillos en el horno. Parece que no se asustó lo suficiente la vez pasada con tus habilidades en la cocina.
Rose le sacó la lengua infantilmente y luego fue hacia Scorpius.
-No creo que sea buena idea…
-Vamos, Rose, sólo es ponerlos en el horno, anda.
Resignada, y reprochándose por haber sucumbido ante su sonrisa, Rose se levantó y lo siguió hasta el horno, mientras los demás limpiaban el desastre que habían hecho y preparaban chocolate caliente.
-Ten paciencia ¿recuerdas?
-¿Eso es lo que tratas de enseñarme con la cocina? ¿Paciencia?- preguntó Rose viendo a Scorpius directamente a los ojos, quien sólo rió.
-Está en ti, Rose, ya lo sabes. Si haces algo para lo que crees que eres mala, seguirás intentando hasta lograrlo, pero si no te gusta la cocina podemos probar con otra cosa.
-Soy una Weasley, me gusta comer- rió Rose, considerando que, si tendría un maestro como Scorpius, valdrían la pena las posibles quemaduras y la ropa arruinada de tan sucia que quedaría.
Fue una cena de las más divertidas que Rose recordara. Todos charlando con todos, Joe haciéndole bromas a Julieta, Frank comiendo con sonrisa de enamorado porque recordaba a su novia, y Scorpius hablándole a Rose sobre unas recetas de cocina que él y su padre solían hacer cuando era verano (claro que Rose no entendía nada, pero no quería ser maleducada). Sólo que una discusión la sacó de sus pensamientos sobre lo bien que lucía Scorpius con ese delantal de "cocinero sexy" que Julieta y Joe le habían regalado como broma un año atrás.
-¡Quizás es por eso que no tienes novia! Eres un idiota, Joe- decía Julieta molesta, con los brazos cruzados y la cara enrojecida.
Y luego Rose sintió que entraba en un universo paralelo, uno donde la mirada de Joe se ensombrecía y salía hecho un fantasma de la cocina, seguramente a su habitación. Y entonces Scorpius se levantaba y decía:
-Julieta, no vuelvas a decir eso- con la voz más seria que Rose le había escuchado decir alguna vez, y después fue tras Joe.
Frank, Julieta y Rose se quedaron donde estaban, sin saber qué hacer.
-¿Qué acaba de suceder aquí?- preguntó Frank pasmado.
-Sólo… era lo de siempre- contestó Julieta confusa-. Nos molestábamos mutuamente, dijo una tontería y lo insulté, pero nunca se había puesto así.
-Quizás tocaste un tema sensible- sugirió Rose que, aunque quería ocultarlo, estaba preocupada. Nunca había visto así a Joe, siempre tan agradable y… pervertido, debía admitirlo.
Pasó un tiempo hasta que Scorpius regresó con Joe, quien lucía como siempre. Julieta fue hasta él de inmediato y lo abrazó.
-Lo siento, Joey- le dijo.
Joe la miró, horrorizado.
-¿Acaso me llamaste Joey?- rió- Creo que te he perdido ¿Quién quiere más panecillos?
A Rose le sorprendió el cambio tan repentino, ya que con su ahora descubierta habilidad para ver las emociones en los demás, pudo notar que había estado llorando, pero no comentó nada.
Más tarde esa noche, una vez que todos hubieron comido, se prepararon para ir a dormir, o al menos eso era lo que Rose tenía pensado hacer antes de que Scorpius la llamara entre susurros para que lo siguiera al patio, no sin antes pedirle que se pusiera su abrigo porque afuera hacía frío.
-¿Te estás divirtiendo?- preguntó Scorpius una vez en el patio.
-Mucho, gracias por invitarme- dijo Rose tratando de imprimirle a sus palabras todo lo agradecida que estaba, no sólo ahora, sino desde que lo había conocido.
-Eres una de nosotros ya, no podías faltar.
Rose sonrió ampliamente sin saber qué decir. Nunca había pertenecido a un grupo de amigos, pero ahora se sentía parte de uno, y debía admitir que era una sensación increíble.
-Ven, te mostraré el otro lado del jardín.
Rose caminó junto a Scorpius bajo el silencio de la noche. El vecindario estaba desierto, no se escuchaba nada más que de vez en cuando el sonido de algún automóvil por la calle. Parecía que los grillos era su única compañía.
Llegaron hasta un gran árbol de roble que Rose había pasado por alto al llegar, pero no era su culpa, la casa de los Malfoy era realmente grande. En él había un columpio, lo que le recordó mucho a la casa de sus abuelos, con sus primos jugando alrededor mientras ella leía un libro que su madre le había pedido que leyera.
Scorpius le hizo una seña para preguntarle si quería balancearse en el columpio y Rose aceptó gustosa. Mientras se balanceaba, Scorpius se recargó en el tronco del árbol, cerrando los ojos, lo que le dio un aire de paz impresionante.
-¿Cómo lo haces?- preguntó Rose siguiendo la línea de sus propios pensamientos.
-¿Hacer qué?- preguntó Scorpius abriendo los ojos para verla.
-Ser tan… no sé ¿perfecto?
Scorpius se echó a reír.
-Todos los humanos son perfectos, Rose…
Ahora fue el turno de ella de echarse a reír.
-No puedes estar diciéndolo en serio, Scorpius ¿Acaso no has visto las noticias últimamente? Los humanos son horribles ¡causan dolor y destrucción por trozos de tierra! Sin mencionar que viven en círculos viciosos de odio…
Scorpius se sentó en el césped frente a ella y dijo con calma:
-Primero, no me gusta ver las noticias, así que no lo hago; segundo, no estoy de acuerdo.
Rose abrió grandes los ojos. No podía concebir que algo que ella hacía a diario fuera olímpicamente ignorado por Scorpius.
-¿Cómo es posible que no veas las noticias?
-Porque sólo hablan de lo malo que sucede, pero ¿qué hay de lo bueno? Además, estoy en total desacuerdo contigo, los humanos son de todo menos imperfectos.
-Pruébalo- se burló Rose cruzada de brazos.
Scorpius lo pensó por un momento y después se puso en pie, indicándole que hiciera lo mismo. Rose lo obedeció, aún con los brazos cruzados ¿qué haría ahora?
-Cierra los ojos- pidió Scorpius-, y respira lentamente.
Rose así lo hizo, sin saber a dónde quería llegar él. Sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando Scorpius tocó sus brazos para descruzarlos.
-Imagina que te estás viendo a ti misma- siguió Scorpius, ajeno a las sensaciones que provocaba en Rose-. Ve tu cuerpo, desde la cabeza a los pies- le dio un minuto para que lo hiciera y después dijo-: y ahora ve tu cuerpo por dentro, cada conexión nerviosa, cada órgano, cada sistema… todo perfectamente conectado… ¿puedes verlo?
A Rose le tomó unos segundos asentir. No estaba segura de estar haciéndolo bien, pero sentía algo como nunca antes… como una revelación. Era verdad que era maravillosa. Todo su cuerpo era perfecto y único. Abrió los ojos y se observó en realidad, sus manos, sus piernas, todo lo que quedaba visible que no cubriera la ropa, y nunca le había parecido más maravilloso.
-¿Por qué no lo vi antes?- se preguntó en voz alta.
Scorpius le sonrió y dijo:
-A veces nos enfocamos tanto en algo externo que olvidamos vernos, es todo. El universo es tan inmenso que sería un desperdicio de espacio que fuéramos los únicos que existen, pero aún así cada ser es único ¿no crees? Con un objetivo en particular, igual que una célula en un cuerpo, aparentemente insignificante, pero vital.
Y cuando lo vio, Rose se maravilló aún más. Él era realmente hermoso, otro ser humano perfecto. Y tenía razón, o al menos no encontraba algún argumento para refutarlo. Sin pensarlo, lo rodeó por la cintura y lo abrazó. Estaba tan agradecida por tenerlo en su vida que ahora no sabía qué haría sin él.
Scorpius le devolvió el abrazo con suavidad, recargando su mejilla en su cabeza con delicadeza. Todo en él era cálido, y Rose no quería dejar de abrazarlo. Y es que desde que había descubierto la verdad sobre su niñez, le era un poco más fácil dar muestras de cariño como esas. Podía sentir el corazón de Scorpius latir con rapidez, y sabía que el suyo no era la excepción.
-¿Por qué siempre llevas ese cuarzo?- preguntó Rose sin querer. No quería arruinar el momento, pero las palabras habían salido de su boca y formulado la pregunta que desde hace mucho tiempo se hacía, y es que siempre llevaba esa bendita piedra colgando del cuello.
-Me gustan los cuarzos- contestó Scorpius separándose un poco de ella-. Son bonitos y… como las USB de la naturaleza.
-¿Qué?-rió Rose confundida.
-Sí, son como memorias USB, guardan información, pero de un modo distinto, con los pensamientos.
-¿Cómo puede un objeto inanimado guardar información?
-Que no puedas ver sus movimientos no significa que no lo haga. Tiene una frecuencia vibratoria que tus ojos no pueden captar, y guarda información por medio de energía. Los atlantes los utilizaban, de hecho.
Confundida, como siempre que Scorpius le hablaba de esas cosas, Rose sólo se encogió de hombros bajo la mirada divertida de Scorpius, quién aún no dejaba de asirla por la cintura… hubo una fría corriente de aire y Scorpius sugirió que entraran, así que Rose se separó con pesar de él, pero le devolvió la sonrisa que le dedicó, sincera como siempre.
Al llegar de nuevo al salón, Joe, Julieta y Frank ya estaban acomodando sus sacos de dormir a manera de círculo, pero Rose vio que tenían un tazón con galletas en medio.
-¿Listos para jugar?- preguntó Julieta emocionada, sentándose sobre su bolsa de dormir, seguida por los demás.
-¿Qué jugaremos?- preguntó Rose alzando las cejas, pues creía que ya se irían a dormir.
-Julieta quiere que juguemos siempre esa tontería de "verdad o reto"- dijo Frank con aburrición, tomando una galleta del tazón.
Rose estaba familiarizada con el juego, pues sus primas solían jugarlo mucho cuando se reunían, sólo que ella nunca había participado. Le deba terror lo que le fueran a preguntar, porque tampoco era que fueran muy discretas…
-¡Rose empieza!- exclamó Julieta emocionada- Pregúntale algo a alguien, Rosie.
Al verse observada por todos, Rose no tuvo más que sentarse junto a Joe y preguntar a Julieta:
-¿Cómo fue que comenzaste a andar con Albus?
-Hablamos un largo tiempo y acordamos que en la universidad seríamos simplemente amigos…- contestó ella.
-Pero…- Rose quería saber cómo había sido todo, dónde estaban cuando su primo le había pedido que fuera su novia, qué le había dicho… ¡caray! ya comenzaba parecerse a Sam y Beth.
-¡Alerta de chismes de mujeres!- exclamó Joe tapándose los oídos y él y Frank comenzaron a hacer sonidos muy molestos como si gritaran.
-Después te cuento, Rose- dijo Julieta de mal humor-. Son nenas que no soportan hablar de sentimientos…
A Rose le dio gracia, desde luego, pues sus primos eran iguales. Scorpius simplemente se mantuvo al margen, pero se reía de las tonterías de sus amigos.
-Y dime, Rose…- siguió Julieta con una mirada que decía que sólo quería seguir molestando a los chicos- ¿Con quién fue tu primer beso?
Pero en cuanto dijo la pregunta, todos se callaron. Rose se sintió observada y se puso roja como tomate. El beso con Lorcan era un recuerdo que sólo quería reprimir, lo que incluía no volver a hablar de eso, algo que Julieta le estaba haciendo muy difícil de cumplir, sobre todo porque Scorpius la observaba también… y ¿por qué no quería que Scorpius supiera que Lorcan la había besado?
-Con nadie.
Y listo! Nos leemos en el siguiente, gente linda.
Besos!
