La carta de Harriet
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Escribo esta carta esperando que nunca la abras.
Lynn, mi querido nieto, con el tiempo he aprendido que muchos eventos pueden cambiarse para bien o para mal, y por lo mismo, espero desde el fondo de mi alma que esta carta se pudra de vieja, olvidada en algún rincón de tu casa, porque de lo contrario, mis más terribles pesadillas se cumplirán. No tengo el valor de contarlas ahora mismo, aunque tengo todo el tiempo del mundo. Simplemente no puedo. Solo recordar me dan ganas de llorar. Estas terribles visiones me llenan el corazón de desesperación, y mi alma, si es que me queda algo de ella luego de tanto sufrimiento, ansía morir para no sentirme devastada.
Pero tampoco puedo dejarte a la deriva.
La pequeña Lucy, mi bisnieta a la cual no conozco, tiene un don. El mismo don que tuve yo y que tanto sufrimiento me ha causado a lo largo de los años. Ahora está en ella, pero no sé cuánto tardará en manifestarse. Lo siento, no puedo ver más allá de su nacimiento. Ya no puedo ver nada. Luego de toda una vida con las manifestaciones de terribles tragedias rondando mi vida, no puedo ver nada ahora que soy una anciana. No puedo con tamaña injusticia, sin embargo, me alegro de descansar un poco. Ahora me siento como una persona normal, como tanto anhelaba.
Pero no puedo evitar recordarlo; yo lo vi todo, acerca de todo. Por un breve segundo me fundí en esa línea donde se termina la realidad y comienza la fantasía. Me alejé demasiado de este mundo y me acerqué a algo terrible que jamás debe ser visto por nadie. Ni en esta vida ni en la siguiente.
Siempre creí que mi habilidad consistía en ver cosas que los demás no podían, pero con el tiempo, vi que nada mejoraba, sino que se transformaba, se volvía incluso más horrible con el día a día. Esta habilidad comenzó a manifestarse en sueños, en terribles visiones de lugares oscuros y fríos, de realidades nuevas donde no existía el calor ni el tiempo. Solo estaba yo, con personas fallecidas buscando cosas y, a veces, ellas terminaban entregándomelas. Primero fue una pelota, perteneciente a un niño que vivía frente a mi casa en Oregón. Un pequeño llamado Jake, asesinado a manos de su padre. Yo soñaba con gente muerta, pero solo fue el inicio. El preludio de algo todavía más terrible.
Alguna vez me dieron una pluma de búho. En otra ocasión, un viejo reloj de bolsillo. Después, fueron velas e incluso un frasco vacío de tinta. Jamás me atreví a indagar en la vida de los dueños de tales objetos, no tenía el valor, ni tu abuelo lo tuvo; en este caso, los médicos a quienes acudimos no hacían más que mandarnos con psicólogos, los cuales no querían romperse la cabeza tratando de adivinar nada o resolver algo. Solo me medicaban de forma constante con unas espantosas pastillas rojas.
Te lo digo en serio: nunca lleves a tu hija con un "especialista". La darán por loca y nada más. Debo admitir, y lo siento mucho, que tengo mis dudas también. Todo en mi mente parecen fotografías inconexas. No sé cómo describirlo, me duele la cabeza en cada ocasión que trato de recordar.
Los sueños se volvieron más inconsistentes, más terribles y realistas, al grado de no traer solo el objeto a la vida real, sino cosas pertenecientes de ahí. Cosas que no pertenecían a la persona, sino al sueño. Eran como pedazos de pintura, de cartón deslavado y corroído que te provocaba malestar al tacto, algo anormal. Algo inexistente. Incluso el sitio parecía por completo una pintura en sí mismo, podía notarlo y, a veces, manipularlo a mi antojo antes de que apareciera la estrella.
A veces me pongo a pensar en el intenso fulgor, en el resplandor de aquella cosa en el cielo. Ahora lo recuerdo con más claridad; en cada sueño se acercaba, se volvía más frío y todo se complicaba. Recuerdo las voces saliendo de ahí, los gritos y las manchas que parecía dejar en todo el cielo; una vez que me acerqué, me perdí. Todo se fue, me dejó vacía, helada. Era como estar muerta en vida, era no existir y al mismo tiempo sentirse acorralado. Todo se volvía neblinoso, opaco, incoherente.
Fue en esa ocasión durante la primavera, poco después de mudarnos de Oregón y empezar otra vida en Royal Woods, donde caí en cuenta de muchas cosas alrededor de toda mi vida. Sí, estuve rodeada de tragedias, aunque no eran propias, sino ajenas. Estaba en la periferia de la cordura, no sabía cuándo actuar ni con quiénes; hubo personas a las cuales salvé sin merecerlo, y personas que dejé perderse sin compasión alguna. No sabía distinguir, pero con los años llega la sabiduría y ahora puedo verlo, pero ya no tiene caso. Ahora que conoces mi pesar, tengo instrucciones para ti.
Destruye mi casa. De nada sirve que la cabaña esté en pie, mis guardianes han muerto, ya no pueden proteger. Deshazte de todo, por favor.
Escucha. Pregunta por sus sueños, y dile que nunca se acerque a la estrella, por mucho que se vea tentada a hacerlo.
Guarda el secreto. No les cuentes de mí, y si lo haces, solo di tus buenos recuerdos de cuando catalogábamos plantas medicinales y cocinábamos.
Destruye esta carta. Ella podrá vivir con esta habilidad, igual que yo, pero debes protegerla para que nunca trate de saber más. Con el tiempo, ella se acostumbrará y vivirá normalmente.
Lo sé, te estoy pidiendo demasiado, pero ya no puedo hacer nada, lo siento mucho. Recuerda que siempre velaré por ti, por tu familia y por la familia que tengan ellos. También recuerda que te amo, y sin importar que nunca conozca a tu enorme familia, también los amo a todos ellos. Mantenerlos fuera de peligro es tu prioridad ahora, solo ruego que las cosas no empeoren para ustedes. Adiós.
—Harriet L.
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Gracias por leer. Todo review es bienvenido. Hasta la próxima.
—Slash.
