holaaaa perdón la hora! son las 5 de la tarde pero no lo había podido terminar. :( espero lo disfruten! gracias por las firmas hermosas :) sigan así!
NO DEJEN SPOILERS DE BREAKING DAWN PORQUE TODAVÍA NO LO LEÍ, Y SE ME ARRUINARÍA EL LIBRO GRACIAS :)
Reglas del juego
El olor húmedo del bosque penetraba mi nariz con intensidad. Mientras corría detrás de Edward, mi cuerpo se movía ágilmente con gracia que jamás pensé poseer. En vez de estamparme contra los árboles añejos, atravesaba sus ramas, esquivándolas con delicadeza. A medida que ganaba velocidad, empecé a acostumbrarme a los borrones de matices verduscos que eran los árboles, y comencé a identificar lo que había a mi alrededor. Incluso vislumbré a la pequeña Alice, que se desplazaba junto a mí con la gracia de una gacela. Jamás había tenido problemas de visión mientras era humana, pero ahora mi vista era precisa y aguda como la de un águila.
Nos detuvimos de repente en medio de la espesura. Observé a Edward con curiosidad. Me hizo una seña de silencio con su dedo mientras su boca continuaba curvada en una sonrisa torcida. Parecía estar emocionado ante la perspectiva. Carlisle movió la cabeza con sutileza señalando un sector entre los árboles espesos y enormes. Sentí como se me erizaban los pelos de la nuca. Escuché con claridad el crujir de las hojas mientras algún animal que no podía ver aún, caminaba sobre ellas. Me tensé y Edward tomó mi mano entre sus dedos con dulzura. La presión que ejerció sobre la mía fue suave y firme y noté que aún seguía controlando su fuerza al tocarme por puro hábito. Su mirada dulce me infundió valor.
Frente a nosotros, apareció un grupo de tres ciervos de rasgos finos y delicados con un pelaje marrón claro que se camuflaba a la perfección entre los troncos de los árboles. Eran de tamaño mediano, deberían llegarme un poco más arriba de la cintura. Podía oír sus respiraciones relajadas y los latidos de sus corazones. Pum, pum, pum. Tenían un aroma similar al del bosque, a hojas secas y a humedad pero después de prestar más atención, descubrí que esa cortina olfativa ocultaba un olor mucho más delicioso. Era fresco y bastante dulce, aunque no llegaba ni por asomo a la dulzura de los Cullen. Tenía un olor extraño, y a la vez sumamente llamativo.
Carlisle intercambió una mirada rápida con Alice, la cual asintió con suavidad. Su pequeño cuerpo se agazapó con la elegancia de una bailarina, y de repente saltó sin hacer ni un solo ruido. El ciervo no debió sentir absolutamente nada cuando Alice rompió su cuello con un suave crac. Me estremecí ante la escena. Sabía que ella era perfectamente capaz de asesinar a alguien con facilidad pero jamás hubiera pensado que la vería. Los otros dos ciervos no tuvieron tiempo de escapar de Carlisle y Edward que los habían tomado por sorpresa con la velocidad de la luz. Alice mordió el cuello largo de su presa y comenzó a succionar con dulzura la sangre. Si cualquier otra persona ajena al mundo mitológico la veía, juraría que estaba dándole un beso en el cuello. Me quedé inmóvil en mi lugar y cerré los ojos. Sentí como Edward se acercaba a mí y rozaba mis mejillas duras con sus dedos.
-¿Estás bien?-preguntó con dulzura. Su voz repicó en mis oídos como campanas. Negué con fuerza.
-No quiero hacerlo-dije abriendo los ojos y sumergiéndome en los suyos.
-¿No sientes sed aún?-su voz sonaba confusa y sorprendida. Moví la cabeza en un gesto negativo.
-Qué extraño…-murmuró. Sus ojos parecían dos lagunas doradas impenetrables-Ven conmigo.
-¿A dónde?-pregunté temerosa. Me guió con su brazo y en cuanto entendí al lugar que me llevaba me detuve en seco. Pensé que iba a arrastrarme como siempre con su fuerza sobrehumana pero en cambio, se quedó quieto en cuanto me detuve y le arrebaté mi mano de su presa. Me observó cauteloso. Increíble. Tenía la misma fuerza que él o incluso más.
-No voy a hacerlo, Edward.
-Bella, si no te alimentas puede resultar peor después…-explicó con paciencia y los ojos atentos a mis movimientos. Parecía cuidadoso de no irritarme, precavido de no pronunciar ninguna palabra equivocada. Negué de nuevo con la cabeza.
-Me marea la sangre.
-Solo inténtalo, por favor. Estoy preocupado por tu salud…-me suplicó con su hermosa voz y la mirada más persuasiva que consiguió colocar. Suspiré fuerte.
-De acuerdo.-accedí no muy convencida. Me sonrió dulce, obligándome a seguirle el paso. Nos detuvimos junto al cadáver del ciervo que él había cazado y no pude evitar una mueca de asco. Junto a nosotros, Alice continuaba alimentándose y Carlisle nos observaba desde la copa de un árbol al que había subido sin que me diera cuenta. Parecía concentrado y pensativo. Edward me observó.
-Déjate llevar, Bella. Entrégate a tus instintos.
-Tú primero.-respondí aterrorizada y asqueada ante la idea de beber sangre del cuello de un animal inocente.
-Está bien.-respondió paciente. Se arrodilló junto al cuerpo exánime del ciervo y apoyó sus gélidos labios sobre el cuello aterciopelado del animal. Se veía tan delicado y amable que en ningún instante pareció que estuviese bebiendo cada gota de sangre que podía. Cuando separó su boca y enfocó su mirada dorada en mí, noté un tinte rojizo casi imperceptible en sus dientes inmaculados. Tragué con fuerza y traté de contener la respiración para no percibir el olor a óxido. Después recordé que no era necesario que respirara.
-Es fácil. Tu instinto reaccionará solo-me animó.
No muy convencida, traté de imitar sus movimientos. Miré con un poco de repulsión la porción de cuello que tenía la marca en forma de medialuna de los dientes de Edward. Si continuaba pensando jamás lo haría, así que en un impulso por acabar rápido con la situación, encastré mi dentadura en la medialuna.
-Succiona-ordenó Edward suavemente y obedecí. En cuanto la primera gota de sangre cálida llegó a mi paladar, no sentí nauseas. Había algo dentro de mí que la pedía desesperadamente. Era como si no hubiese comido por cuatro días y con el primer bocado se abriese mi estómago. Continué succionando por la abertura hasta sentirme saciada. En cuanto salí de esa especie de trance, me separé bruscamente del animal, aterrorizada por lo que acababa de hacer.
Edward enfocó mis ojos en su rostro con las manos y sonrió satisfecho.
-Mucho mejor.-susurró antes de besarme con ternura en los labios. Edward tenía un sabor dulce como la miel que me encantaba. De pronto, Carlisle descendió de la copa del abeto en el que estaba y aterrizó grácil como un gato a nuestro lado.
-¿Cómo te encuentras, Bella?-preguntó amable y cortés.
-Bien, mucho mejor que antes.
-¿No sientes la necesidad de beber más?-dijo para asegurarse.
-No. Me siento bien.
Me sonrió de forma paternal. Alice saltó a mi lado con agilidad y me sobresalté un poco.
-¡Estoy tan feliz de que haya sucedido al fin! Ahora tenemos tiempo de sobra para renovar tu guardarropa-comentó divertida con su voz musical. A juzgar por su mirada dorada e intensa, lo decía enserio. Edward gruñó con suavidad.
-Deja de arruinar la diversión, aguafiestas-le dijo Alice con un mohín.
-No quiero que Bella sufra. Menos que menos ahora que carga con esto.-explicó con un tono de tortura en la voz que me causó una puntada de dolor. Seguía sintiéndose culpable de haberme convertido. No quería que la transformación pesara sobre mis hombros; él iba a seguir empeñado en hacerme tener la vida más normal y humana posible. Lo sabía. No soportaba verlo así, tan sufrido y torturado.
-Deja el dramatismo, Edward- dijo Alice de repente con voz alegre-Los demás están de camino al claro del cual partimos. En exactamente once minutos llegarán ahí.
-De acuerdo. Vamos-ordenó Carlisle con firmeza y dulzura. Estaba segura de que quería dispersar el leve momento de tensión que acaba de tener lugar allí.
Volvimos a correr a toda velocidad por el bosque, experimentando la misma libertad de antes. El borrón que pertenecía a Edward no se separó de mí en todo el recorrido. Nos unimos al resto con precisión absoluta en el tiempo justo que Alice había indicado.
-¿Cómo estuvo tu primera cacería?-preguntó burlón Emmett mientras pasaba un brazo fuerte y musculoso por mis hombros.
-Bien…
-Imagino que no has dejado puma con cabeza-agregó riendo al tiempo que Edward gruñía.-Estabas famélica.
-Cazamos ciervos. Hay que empezar por algo más fácil, a menos que quieras matarla de un susto.-explicó Alice con voz profesional. No podía estar más de acuerdo.
-¡Tonterías! Yo cacé un oso la primera vez-sonrió luciendo sus dientes perfectos y marcando sus hoyuelos con orgullo.
-Porque eras más salvaje que el oso.-explicó Jasper ganándose un guiño de Alice.
-¿Están todos en mi contra hoy?-se quejó Emmett con la expresión de un niño pequeño, haciendo reír a Esme y a Rosalie. Las imité.
-Va a llover en exactamente cuatro minutos y medio.-dijo Alice inexpresiva. No hacía falta ser psíquico para notarlo. Las nubes se arremolinaban furiosas sobre Forks, de un color gris oscuro bastante aterrador. Era el día perfecto para contar historias de miedo y monstruos mitológicos. El efecto de los truenos que sonaban haciendo eco entre los árboles sumado a la voz de un buen narrador, le pondrían los pelos de punta a cualquiera. Me reí al pensar en lo absurdo que era sentirme asustada. Ahora formaba parte de ese mundo de criaturas mágicas.
Emprendimos el regreso corriendo por el bosque a una velocidad increíble. Mi cuerpo se movía liviano y grácil entre la foresta. Cuando llegamos a la casa de los Cullen, la lluvia ya había empezado, lanzando una cortina de agua sobre el pueblo. Con las gotas cayendo frenéticas sobre nosotros, debíamos parecer salidos de la ducha. La humedad intensificaba su aroma y los del bosque. Podía sentir el pasto y la tierra embarrada. Edward estaba a mi lado, como de costumbre. Su pelo estaba empapado al igual que su camisa, que definían los músculos de sus brazos y su espalda. Me contemplaba con la sonrisa torcida que tanto adoraba, penetrándome con sus ojos de oro. Ser un vampiro me permitía ahorrarme la humillación de teñir mis mejillas de rojo y lo agradecí completamente.
Entramos a la casa con prisa para evitar continuar mojándonos, a pesar de que nos era imposible atrapar alguna enfermedad. Esme y Carlisle fueron a la oficina del doctor subiendo las escaleras, mientras que Emmett, Jasper, Alice y Rosalie, abandonaron el living y se dirigieron a sus respectivas habitaciones. Antes de desaparecer por la escalera, Alice me guiñó un ojo y lanzó una risita tonta.
Estaba a punto de dirigirme al baño para secarme el pelo con una toalla limpia, cuando Edward me tomó por la muñeca. Extendió una toalla blanca hacía mí y la tomé con una sonrisa agradecida.
-Gracias.
-Un placer-respondió como un caballero de mediados de siglo, sonriendo. Aunque la alegría no le llegó a los ojos.- ¿Cómo te encuentras?
-Estoy bien, Edward.
-¿No te sientes débil o confusa o…?
-No. Estoy perfectamente bien-repliqué con un suspiro cansino.-Te preocupas demasiado por mí.
-Eres lo único que me importa, Bella.-dijo como toda respuesta. Miré al suelo por puro reflejo de mi anterior naturaleza para evitar que el viera mi sonrojo inexistente. Con su dedo níveo debajo de mi mentón, levantó mi rostro para deleitarme una vez más, con sus ojos que brillaban atentos, cautelosos y dulces.
-Tú no estás bien-no era una pregunta. Podía verlo a leguas. Acaricié su perfecto rostro marmóreo con mi mano, y me sorprendió tontamente, verla del mismo tono pálido que su piel. Me costaba acostumbrarme aún a mi nueva apariencia. Había pasado muchos años con mi imagen anterior grabada en la cabeza de tantas veces que estuve frente al espejo o viéndome en fotos. Edward suspiró y la tristeza se apoderó de su semblante angelical.
-Bella, no me malinterpretes, pero no quería que las cosas sucedieran así.-explicó con la voz más dulce y agonizante de todas. Sentí un estremecimiento de dolor.
-No puedes planearlo todo-dije en voz baja mientras rozaba su mejilla con mis dedos.
-Volví a ponerte en peligro…-exclamó con pesar-Si no hubiera sido por mi culpa, Tanya jamás hubiera regresado…y esto jamás hubiera sucedido.
Bajó la vista y la enfocó en un punto perdido. No podía continuar culpándose por lago que no podía deshacerse. A demás, él había sido el héroe de la historia, el me había salvado de la muerte…otra vez.
-Mírame, Edward.-le ordené firme y suave. Mi voz sonaba igual que antes, solo que más melodiosa. Levantó sus hermosos ojos desdichados y me observó. Era terrible presenciar tanta tristeza. Sostuve con mis manos níveas su hermosa cara.
-La única culpa que tienes es haberme rescatado.-frunció el ceño confundido-Me refiero a que no tienes que responsabilizarte por todo esto. Las cosas sucedieron así y punto. Iba a suceder tarde o temprano. Estoy bien, a salvo y todo te lo debo a ti.- me estremeció la verdad de mis propias palabras.
-Eres increíble.-murmuró con un atisbo de sonrisa en los labios-Juro que haré todo lo que esté a mi alcance para que seas feliz, Bella.
Sus dorados ojos honestos me desarmaban. Podría haberlo contemplado por años, sin siquiera moverme de mi lugar.
-Sólo te necesito a ti para ser feliz.
Selló su promesa con un beso dulce y firme. Reaccioné como de costumbre, entrelazando mis dedos en su pelo cobrizo, y reclamando sus besos con premura. Los labios de Edward se movían con destreza sobre los míos, sin represión. Sentí su libertad mientras me besaba apasionado como nunca antes lo había hecho. No estaba controlándose siquiera un poco. Si hubiera sabido como eran los besos del verdadero Edward, del que no tenía autocontrol, me hubiera convertido mucho tiempo antes. Era una sensación maravillosa.
La voz de Emmett me obligó a separarme contra mi voluntad de Edward. Bajaba las escaleras con ropa limpia y seca seguido de Alice y Jasper. Tenía una sonrisa traviesa parecida a la de un niño.
-Hagámoslo.-murmuró enérgico mirándome.
Le dediqué una mirada confundida y después observé a Edward que puso los ojos en blanco y luego comenzó a reír.
-Vas a perder-anunció cantarina Alice. Emmett la fulminó con la mirada.
-No siempre tienes razón, ¿sabes?
-No es saludable y racional discutir con una vidente sobre el futuro, Emmett-dijo Jasper burlón. Él lo ignoró y Alice le dio un beso corto en los labios a su pareja.
-¿Alguien me explica por favor?-pedí curiosa.
-Antes de explicártelo, déjame hacer algo-dijo Edward con voz aterciopelada y persuasiva. Se acercó a Jasper y a Alice.
-Un lamborgini a que gana Bella.-exclamó mi novio con malicia. Parecía disfrutar cada segundo de la situación.
-Te apoyo.-aprobó Jasper.
-Hecho- dijo dando saltitos mi dama de honor.- ¿Has oído, Emmett?
-Sí, monstruito. ¿Saben algo? Como hermanos son una decepción.
Emmett tomó asiento en uno de los sillones blancos con confianza. Se remangó la remera blanca manga larga que tenía puesta, dejando a la vista sus fuertes y fornidos antebrazos. Apoyó el codo en la mesita de café que había en medio de los sillones y me hizo señas. Me acerqué aún sin comprender. De pronto escuché el clic en mi cabeza. La pulseada. Tenía que jugar contra Emmett, el miembro del clan Cullen que era popular por su fuerza bruta. Confiaba demasiado en ella y era lógico. Si quería, él podría romperme los dedos de la mano con solo un suave apretón. Me senté enfrentada a él, convencida de que no me haría daño. En última instancia, Edward estaría ahí para darle una buena golpiza. Entrelacé mi mano derecha con la suya. Tenía una palma enorme. Alice tomó el bollo de dedos y al grito de "ahora" nos soltó.
Primero, Emmett comenzó a derribar mi brazo con facilidad hasta que reaccioné. Casi sin proponérmelo, sin siquiera ejercer fuerza, empecé a torcer el brazo de Emmett en la dirección opuesta. Su rostro de niño gigante se contorsionó por la frustración, la sorpresa y la decepción. Trató de luchar contra mí con toda su voluntad. Sentí un poco de lástima al ver las caras expectantes y triunfantes del resto de sus hermanos y decidí ayudarlo. Dejé de ejercer presión y le lancé una mirada significativa que captó con rapidez. Tumbó mi brazo contra la superficie de la mesa que tembló. Alice estaba estupefacta.
-Te advertí que era más fuerte que un neófito-exclamó pagado de si mismo mirando a Jasper. Estaba tan perplejo como su compañera y como mi novio.
-¿Hicieron trampa, Edward?-inquirió pensativo Jasper alegando tener la habilidad de leer mentes de Edward como un as bajo la manga.
-Lo único que está pasando por su mente en este instante es una canción de victoria, bastante infantil, a decir verdad.
-Eso sucede por no tener fe en mi-dijo resuelto riendo por lo bajo.-Me deben un lamborgini.
Dicho esto, sonrió y desapareció por las escaleras. Alice continuaba pensativa y me miraba con recelo. Le sonreí inocente. Iba a descubrirlo luego. Reí bajito mientras Edward me tomaba por la cintura. De pronto, el sonido de un motor ruidoso en la puerta de entrada nos sorprendió a todos. Salimos a ver que sucedía. Todavía llovía. Mi corazón inmóvil dio un vuelco. Jacob.
Estaba parado frente a su moto con la expresión más triste y atónita que jamás había visto. Clavó sus ojos oscuros y cálidos en mí, recorriendo mi cuerpo de pies a cabeza. Negó varias veces en silencio.
-No puede ser verdad.-murmuró por lo bajo, aunque pude oírle como si estuviese gritando. Estaba a pocos metros de él, pero una oleada de un olor desagradable me embargó. Dejé de respirar.
-¿Qué haces aquí, chucho?-preguntó Alice brusca. La miré con reproche.
-Venía a comprobar si era cierto.-explicó con voz profunda y madura. Un escalofrío de dolor me tomó por sorpresa.
-Podemos explicarlo-intervino Edward paciente y cauteloso. A Jacob le empezaron a temblar las manos. Lo ignoró y me miró de nuevo con la más profunda tristeza. ¿Por qué siempre lo lastimaba?
-Bella…-susurró en trance, con los ojos abiertos por la decepción y la incredulidad. Se mantuvo en silencio. Me acerqué a él, desesperada.
-Sigo siendo yo, Jake…
Traté de abrazarlo pero no me dejó. Con un movimiento brusco alejó mis brazos. Eso me dolió más que cualquier golpe. Mi corazón de hielo ardía de dolor. Cada puntada dolía con la intensidad habitual. Me envolví en mis propios brazos para mantenerlo unido por puro reflejo. Edward apareció junto a mí con enojo en su semblante imperturbable.
-Me parece que ese trato fue innecesario.-dijo con voz fría como la nieve.
-Lo hiciste para atarla a ti, ¿Verdad?-gritó Jacob con los ojos oscuros ardiendo de furia.-Caíste tan bajo, chupasangre…
-No te atrevas a insinuar que yo la convertí por un motivo tan estúpido-replicó con la indignación a flor de piel. Su voz aún permanecía controlada, pero no por mucho tiempo más
-No tengo que obligarla a que se quede conmigo, a diferencia de ti.
-¡Edward!-le reproche. Eso había sido un golpe bajo.
-¿Por qué mejor no le preguntamos a ella?-propuso Jacob con voz ronca y fuerte, mientras su cuerpo se convulsionaba cada vez más. Alice y Jasper iban a intervenir pero Edward los detuvo con un gesto de su mano blanca.
-No te gustará la respuesta, cachorro.-replicó venenoso Edward con mirada amenazadora. Estaba atónita.
-Arreglemos esto como hombres, ¿o acaso tienes miedo?
-Ya quisieras.
-¡No!
Mi grito de horror fue apagado por los alaridos de Jacob que en un segundo había desaparecido en el bosque y reaparecido en su forma animal. El lobo aulló perverso y Edward se agazapó como un león a punto de atacar. Saltaron el uno contra el otro provocando un gran estruendo.
-¡Basta!-volví a gritar horrorizada pero ninguno hizo caso. El lobo trataba de morder la yugular del vampiro y viceversa. Empecé a temblar de pánico. Si uno de los dos llegaba a morir a manos del otro…
Sin pensarlo ni un instante, me interpuse en medio de la lucha, sintiendo la piel de Edward y el pelaje de Jacob bajo mis palmas. Los empujé a uno con cada brazo con toda la fuerza de la que fui capaz para separarlos. Abrí los ojos y me sorprendí ante el resultado. Jacob estaba tumbado a los pies de un árbol, bastante mareado a juzgar por la expresión del lobo. Edward estaba sobre la hierba respirando agitado, a varios metros del lugar donde estaba ocurriendo la lucha. Lo había logrado.
Todos me contemplaban atónitos. Ni yo misma lo creía, pero al parecer sí tenía la fuerza de un neófito.
-¡Son dos idiotas!-grité a todo pulmón mientras la lluvia mojaba mis prendas. ¿Cómo se les ocurría pelear de esa manera tan estúpida por algo que ya estaba decidido hacía tiempo?
-¿Estás bien?-preguntó preocupado Jacob. Había aparecido a mi lado en forma de hombre, con el torso desnudo usando sus jeans. Alice y Jasper estaban junto a Edward.
-Eres un idiota.-repetí gritando. De haber podido llorar lo hubiera estado haciendo sin dudas.-Iba a decírtelo, pero aún no estaba lista.
-Pensé que cambiarías de opinión.-fue su respuesta.-Ahora el tratado se ha roto.
Me estremecí de nuevo al recordar todas las consecuencias que acarreaba mi transformación.
-¡Pero fue un accidente, Jake! A demás, iban a morderme tarde o temprano. ¡Yo me entregué por pura voluntad!
-Bella, reglas son reglas. No puedes cambiarlas.
-¡Siempre hay una excepción a las reglas, Jake!- le espeté con la mirada cargada de angustia. Él me devolvió una sonrisa triste y negó con la cabeza.
-Díganle a Carlisle que hable con Sam.-murmuró Jacob y después dio media vuelta y se encaminó hacia la espesura.
-¡Espera! No te vayas…-dije con voz elevada, venciendo al nudo de mi garganta.
-Lo siento, así son las cosas ahora, Bella…las nuevas reglas del juego.
Y dicho esto, desapareció corriendo entre los árboles altos que rodeaban el jardín, dejando a mi corazón desarmado y adormecido de dolor.
y? digaanme :) se pone complicada la cosa muchachas. por si no saben, un lamborgini es un auto muuuy caro jajajaaj
No le quedan muchos capitulso al fic les voy avisando. Masoenos para octubre va a estar terminado porque sale en español Breaking Dawn y on tiene sentido seguir escribiendolo con el libro original ahí jajaaj :) igual hasat octubre falta, asi que mientras esperemos juntas :)
