Esa tarde no era una común en la departamental cuarta de Nerima, se veía una actividad intensa, oficiales y jefes se preparaban con tranquilidad, pero se notaba un ambiente tenso entre ellos. También, si alguien era un observador conocedor del ambiente, notaria a dos grandes grupos, por un lado, los veteranos, quienes se preparaban entre chistes y anécdotas, por otro, los novatos, aquellos que lo hacían en silencio, nerviosamente, a veces, algún veterano se acercaba, y corregían algo de la indumentaria de protección de los nuevos.

Había que ir preparado, un enfrentamiento a gran escala con la mafia, podría terminar en decenas de heridos, y nadie quería serlo.

Faltaban quince minutos para las tres de la tarde, cuando el Capitán Idihosho Davishita se acerco al estrado del enorme salón de charlas, el hecho de preparase como lo estaban haciendo, chalecos antibalas, rodilleras, coderas, armas largas además de las reglamentarias, hablaba por si solo de que se estaba preparando algo grande de verdad, y todas las miradas se centraron en el enorme y fuerte hombre calvo y algo avejentado que era su líder.

El capitán miro a sus chicos, hacia mucho que no hacían una redada tan grande, pero confiaba en sus hombres experimentados, y por sobre todo, estaba seguro que guiarían a los mas jóvenes para que pasaran la prueba lo mas ilesos posibles.

El silencio se hizo en el salón, el capitán vio todas las miradas sobre el.

-estos es algo que contaran a sus nietos... y creanme, no se aburrirán con ello...- y con su voz fuerte y dura, empezó a informar a sus hombres de la misión, una en que no podían fallar, una nueva familia mafiosa trataba de erradicarse en la ciudad, la familia tradicional, los Maihe, no lo soportarían, y aunque Davishita con todo gusto mandaría a prisión a los Maihe, eran tan difícil de probar algo en su contra, como cualquier otra mafia, esta familia no toleraría competencia en su zona, si la policía no los eliminaba, ellos lo harían, a su forma. Davishita no tenia mas opción que hacerle un favor a sus aborrecidos rivales.

Pero atacar a la nueva familia, podría tener consecuencias catastróficas para el capitán y varios de sus allegados mas próximos, el hecho de que descubrieran que Akane Tendo, la torpe pero eficiente secretaria personal del capitán y esposa de uno de los mas famosos policías del país fuera el famosísimo ladrón conocido como La Sombra, bien podría ser una sentencia de despido y juicios en su contra, esa era tal vez la carta con cual pretendía jugar los recién llegados yakuzas, pero nadie jugaba así con Idihosho Davishita, y aunque la mafia terminara descubriendo la identidad de Akane, y eso acabara con sus carreras, al menos se llevaría a la "familia en su caída", sea esta a la gloria o al infierno.


En la mansión Tatewaki, dos jóvenes tenientes se preparaba con la ayudas de sus parejas, mientras dos sargentos lo hacia entre ellos, Ranma Saotome y Ryoga Hibiki, los famosos R & R, estaban ya enfundados en sus chalecos antibalas, al tiempo los sargentos y ya prometidos Shampoo Amazons y Mousse Mumuchan terminaba de prepararse, Akane se acerco a su esposo, y lo tomo de la mandíbula, obligándolo a mirarla a los ojos

-Ranma, prométeme que te tomaras esto seriamente, no es un juego, prométemelo- Ranma sonrió, y acaricio su rostro y su cabello

-linda, siempre es un juego, si lo tomamos seriamente, no iríamos- Akane se abrazo a el, Ranma respondió de la misma manera, descansado su cabeza en el azulado cabello de ella, Akane rompió el abrazo y se puso a revisar los dispositivos de seguridad, ajustando un poco mas las correas, colocando las rodilleras y coderas mas firmemente.

-tienes todo, cargadores de repuestos, cartuchos para la recortada?- Ranma comprendía ahora por primera vez lo que ella sentía cada vez que iba a alguna redada peligrosa

-Akane, tengo más plomo del que puedo llevar, un poco mas y no podré caminar-

-prométeme que volverás, sano y salvo, si?- los ojos marrones, con lagrimas en los ojos lograron conmoverlo, se acerco a ella y le dio un largo beso, a un lado, Nabiki y Ryoga, miraban abrazados y en silencio, ninguno pronunciaba palabra, ambos sabían que no podían diferir muchos de las ya dichas por Akane y Ranma, el teniente Hibiki miro a Shampoo y Mousse, ya completamente listos, con Itacas recortadas en sus manos, mirar tiernamente el beso del matrimonio Saotome, lo que provocaba un cuadro sub realistamente extraño, cuando Ranma separo sus labios de su esposa, vio por detrás de esta a Kuno acompañado de una tensa y pálida Kasumi, sin separarse de Akane, le guiño un ojo, para luego si encaminarse hacia la salida, gritando para que todos, y especialmente Kasumi oyeran

- TRAEREMOS ESTA NOCHE A TOFU-


-Tenemos todo?- pregunto Ranma, Mousse, conduciendo miro el espejo retrovisor, Shampoo, en el asiento trasero junto a Ryoga, levanto a la vista el plano que los Maihe le había enviado a la policía de la mansión de la nueva familia, plano en el que Nabiki y Mousse habían observado por horas, y sobre el cual habían trazado un plan de entrada y salida detallado como pocas veces se había visto. Ranma y Ryoga sonrieron.

-el juego comienza-


Una triste Kasumi tomaba un te en la señorial cocina de la mansión Kuno, sentada en la circular mesa blanca, frente a ella una Nabiki que trataba de aparentar calma limándose las uñas, pero a distancia se notaba lo tensa que en verdad estaba, Akane se movía de lado a lado, nerviosa como una leona cuidando sus cachorros de otros depredadores cerca, restregándose las manos de vez en cuando. Kuno observaba tranquilamente la escena, aunque se hacia una idea de lo complicado que podría ser el rescate de Tofu.

-por que estáis tan tensa, hermosa Akane, acaso no prometieron ellos volver sanos y salvo?

-ese par de tontos, van a hacer una estupidez, no pueden tomarse nada en serio, nunca lo hacen- Kasumi miro a Akane, igual que Nabiki, esta también se puso de pies

-tu crees que Ryoga y el hagan una locura, Akane asintió

-para esos dos es tan solo un juego, quien golpea mas, quien llega mas lejos, quien esquiva mas balas, desde la academia que vienen haciéndolo-

-entonces… -Nabiki se acerco a Akane – tal vez deberíamos asegurarnos que no pase nada…- Akane y Nabiki se miraron fijamente, y sonrieron, Kuno y Kasumi las miraron, el millonario se acerco a ellas

-que están planeando bellas criminales?- Nabiki le mostró su sonrisa al chico

-nada Kunito, solo iremos a dar una vuelta por allí…-

-YO LAS ACOMPAÑO- Kasumi se puso súbitamente de pie y se acerco al grupo, ahora fueron las hermanas menores quienes miraron preocupadas.

-Kasumi, hermanita, no creo que ese sea un lugar para ti- Nabiki trataba de conciliar las cosas, Akane, en si, estaba acostumbrada a escapar de lugares peligrosos, Nabiki siempre estaba cerca de ellos… Kasumi, su carácter, su forma de ser, podrían ser mas un lastre que ayuda…

-DEMONIOS, MI CUÑADO Y EL FUTURO ESTÁN ARRIESGANDO SU VIDA POR MI PROMETIDO, USTEDES NO VAN A IR A HACER LO MISMO SIN MI, ENTENDIERON- Nabiki y Akane se miraron, y volvieron a sonreír.

-no seria una Tendo si hiciera las cosas de forma lógica como todo el resto, no?- Nabiki miro a Akane, y esta volvió asentir –ok vamos hermanas, no dejemos las cosas en manos de hombres solamente- las tres abrazadas como si estuvieran por salir a una fiesta, Kuno se interpuso entre ellas y la puerta de salida de la cocina

-Mis hermosas damas, me han pedido enfáticamente sus esposos o novios que, por nada del mundo, las deje salir de aquí, si es que, como ellos estaban seguros, ustedes intentaran esto- las hermanas se miraron, Akane y Nabiki iban a decir algo, cuando Kuno salio disparado hacia una ventana, las menores de las Tendo se quedaron mirando eso, y el puño que había lanzado a lo lejos a su anfitrión.

-hazte a un lado idiota- Kasumi aun mantenía su puño cerrado, y las hermanas menores la mandíbula contra el piso, al fin Nabiki recupero el habla

-nunca te interpongas entre una mujer y su hombre-


El gran parque de Nerima era el lugar del encuentro, era un enorme lugar arbolado, con una inmensa pradera de pasto bien cuidado y cortado, sigilosamente había sido despejado, a las 17:00, tal como se había coordinado, una enorme limosina apareció por el camino que llegaba desde el norte por entre los árboles, en el centro del parque, un auto mas modesto pero poderoso parecía esperar, con una mujer fuera de el y apoyada negligentemente en la puerta, dentro del carro, esperaban cuatro personas mas, la limusina se detuvo un poco detrás del automóvil, de inmediato surgieron cuatro mastodontes en finos trajes negros con delgadas líneas blancas, anteojos negros, vigilando hacia todos lados, al darse por satisfechos un hombre pequeño, elegante también y al parecer muy anciano, salio de la limusina, siendo inmediatamente rodeado por los cuatro gorilas, que miraban fijamente hacia el auto y la mujer delante de ellos, la mujer, golpeo la puerta del auto y los cuatro personas que estaban dentro del carro salieron, dejando ver a dos mujeres y dos hombres… quienes con cara de muy pocos amigos observaban a los de la limusina, la mujer que esperaba fuera se acerco al grupo de yakuzas, ya que no eran otra cosa, el mas anciano la miro de arriba abajo.

-Creo que no tengo el gusto…- dijo el viejo mirando a la mujer

-teniente Ukyo Kounji, lo trajo?- la mujer lo miro duramente a los ojos, era una veterana oficial, una de las mas antiguas, calmadas y eficientes investigadoras de la departamental, el anciano no se sintió conmovido por esa vista dura pero serena.

-usted trajo lo que debía traer?- el viejo sonrió ante la pregunta,

-lo quiero ver a el, AHORA-

-no me grite teniente, yo tengo a una persona, usted una espada, creo que preferiría a la persona que tener ese vejestorio, o me equivoco?- Kounji no movió un músculo.

-Sayouri, dale la cosa esa- una de las policías que acompañaba a Ukyo se acerco al maletero del automóvil y de allí extrajo un largo objeto envuelto en papel madera, se lo paso a Ukyo, quien pareció entregárselo al anciano, pero antes que este pudiera tomarlo, lo alejo de sus manos

-donde esta Tofu Ono?- el hombre mayor perdió su sonrisa, endureciendo sus facciones tanto como las de la mujer

-deja de jugar conmigo niña, si yo no me comunico o vuelvo en determinado tiempo, ese tipo no vera un amanecer jamás, además piensas que vinimos solos, hay tantos de mis hombres aquí que te convertiríamos a ti y a tus amiguitos en un colador en segundos- el viejo chasqueo sus dedos, uno de los inmensos hombres tomo un pequeño celular y hablo tres palabras, en segundos, una línea de yakuzas apareció por el mismo camino que habían traído el viejo sus guardaespaldas, Ukyo sonrió.

-Dos pueden jugar a lo mismo- la teniente hizo una señal, desde detrás de ella, un ejercito de policías se hizo presente, casi en el mismo numero de los mafiosos, el viejo continuaba serio.

-no pensaran iniciar una balacera aquí, ESTÁN LOCOS?-

-tal vez- la sonrisa fría de Ukyo, puso mas serio aun al jefe Yakuza, era obvio que los policías no los dejarían ir de allí por las buenas.


Un auto azul estaba estacionado frente a una enorme mansión, dos hombres y dos mujeres observaban lo que se veía de esa casa de estilo ingles, al fin, uno de ellos, uno que usaba una camisa roja y pantalones negros, con el pelo atado en coleta, y cubierto por un chaleco antibalas que decía enorme POLICÍA, extrajo de detrás de si una reluciente Colt automática, comprobó que estuviera cargada y sonrió a sus amigos.

-el primero en llegar a Tofu gana- Ryoga, Mousse y Shampoo asintieron, ayudándose mutuamente treparon la pequeña barda de ladrillos que rodeaba a la mansión, Nabiki y Mousse, observaron en el plano que era el lugar donde quedaban mejor cubiertos de las vistas desde la mansión, el lado ciego según Nabiki y Mousse. La sección del cuidado parque al que cayeron, daba a un sector de la mansión con pocos ventanas y una puerta de madera y vidrio, se acercaron sigilosamente a esta, rogando que Nabiki, Mousse y el capitán estuvieran en lo cierto y los yakuzas pensaran que la trampa estaría en el intercambio que realizaría Ukyo, no aquí mismo…


Nabiki estaciono su impresionante cuatro por cuatro justo por detrás del carro de Mousse, apenas unos minutos después que Ranma y cia habían cruzado el muro, Akane y ella observaban el muro, la primera volteo a mirar a Kasumi, quien pálida también miraba la pared.

-estas segura Kasumi?- la mayor asintió, las tres bajaron de la camioneta, Akane con su mochila al hombro se acerco al muro, miro a sus hermanas.

-tal vez debería ir yo sola- sus hermanas se acercaron, Nabiki le apoyo una mano en el hombro

-Ranma no nos lo perdonaría jamás-

-no lo hará de todas formas, me matara cuando se de cuenta-

-en ese caso, le deberás tu futuro hijo, no ir a la cárcel por ladrona y no matarte por intervenir en un rescate- Akane suspiro, preparo en segundos su gancho y cuerda, lo lanzo asegurándolo rápidamente, Akane trepo sin dificultad alguna, aun su embarazo no era problemas, mas allá de algunas molestias y nauseas matutinas, montada en la pared, observo, sin moros en la costa, dio la señal a sus hermanas, quienes con mayores problemas llegaron hasta ella. Luego bajaron con cuidado, siguiendo a Akane, casi imitando sus pasos y movimientos, de repente, Akane se detuvo, provocando que Nabiki y Kasumi se chocara con ella y entre ellas.

-que pasa?- susurro Nabiki, mientras Akane miraba cuidadosamente – algo malo…-

-SHHHHHHHH, un Yakuza vigilando, a mi señal, corren hacia la puerta y se quedan quietas junto a ella- Akane parecía contar mentalmente, el guardia parecía caminar de un lado al otro, en un trayecto no muy largo, luego de varios minutos, logro tomarle el timing, de repente tomo la mano de Kasumi y casi la lanzo contra la puerta

-ahora ¡ corre corre- Kasumi corrió a toda prisa y llego a la puerta, buscando esconderse mejor, se apoyo contra ella, y se fue al suelo al esta abrirse de repente, desesperada miro hacia dentro, era un cocina, blanca, muy grande, y en el centro de ella, había tres tipos, atados, amordazados, y mirándole muy extrañado, por suerte Kasumi tuvo el buen tino de no decir palabra, alrededor de dos minutos después fue Nabiki quien entro trastabillando, casi grita al encontrarse, en medio de sus tropezones, a un Yakuza de esos atados cara a cara, pero Kasumi pudo taparle la boca a tiempo

-silencio hermanita, los muchachos están dejando un rastro-

-pero que feos, y mira, parecen todos Al Capone, mismo traje, mismos colores, todo igual, hughhh- aguardaron en silencio hasta que Akane fue la que entro corriendo, miro a su vez a los maleantes en el piso.

-creo que reconozco el trabajo, bien era arriba y a la derecha, verdad?- Akane estaba a punto de lanzarse hacia fuera de la cocina, cuando la garra de Nabiki la detuvo.

Donde vas bestia, aun no sabemos que tal las cosas, tratemos de averiguar algo primero- Akane miro a su hermanita

-y como vamos a averiguarlo aquí adentro?-

-se que no puedes averiguarlo aquí dentro, observa, pero no hagas nada aun-

-como si fuera hacer algo- una Akane mascullando en voz muy baja se acerco a la puerta, la entreabrió suavemente, daba a un pasillo, con varias puertas y una escalera al final.

-vamos, sin moros en la costa- salieron sigilosamente una tras otra, guiadas por Akane, y se encaminaron hacia la escalera en el mayor de los silencios


El viejo líder de los yakuzas trago saliva, jamás esperaba que la policía jugara todas sus cartas en un enfrentamiento directo, iba en contra de todas las reglas de la esta, y también de la Yakuza. Era evidente que las fuerzas del orden estaban dispuestas a destruirlos, costara lo que costara.

-QUIETOS, ESTÁN RODEADOS, ARROJEN SUS ARMAS, LEVANTEN LAS MANOS, NO HAGAN NADA TONTO- la tonante voz del capitán llego desde atrás, caminando tranquilamente arma en mano, se acercaba donde estaba el grupo, los mafiosos se miraron entre ellos, los policías prepararon sus armas, era cuestión de que alguien hiciera el movimiento equivocado… y a la izquierda, uno de los yakuzas desenfundo su arma, un policía le apunto, otro mafioso saco su revolver, alguien disparo y un infierno se desato.

Ranma y Ryoga subían al tercer piso ya, Shampoo y Mousse habían quedado en el segundo, revisando habitación por habitación, pero la casa parecía vacía, Mousse no entendía esto, aun si se hubieran llevado a casi todos los posibles para el intercambio, no podía dejar su "seguro" sin protección, se acerco a una ventana y entonces la vio, la casita de los cuidadores, cuidada justamente por tres mastodontes armados… y cinco tipos corriendo desde la cocina hacia ellos, rayos, los tipos se desataron y fueron a avisarles a sus compañeros, las cosas iban a ponerse difícil…

-pues si tienen problemas, arréglenselas solos, ya tengo mis propios líos aquí así que…- el jefe de los mafiosos iba a decir algo, cuando un balazo le voló su celular, obligándolo a acurrucarse mas a su limusina, que cada vez parecía mas un queso gruyere, sus asesinos están cuerpo a tierra, tratando de defenderse de los disparos policiales, miro un poco a sus hombres y a los guardianes del orden, esto no podría durar mucho mas, tenia que buscar la forma de salir de allí, golpeo a uno de los yakuzas que hacia a de guardaespaldas, y le señalo el volante, el Yakuza asintió con la cabeza y se ubico, lo mas protegido posible, en el lugar indicado, arranco la limusina y puso reversa, lentamente la limusina empezó a retroceder.


-COMO QUE SE ESCAPARON? ERES IDIOTA O QUE, NO, NO TE METAS, YA BASTANTE LIÓ HAY – el capitán cubierto junto a Ukyo por el auto, corto furioso su comunicación, que las hermanas hayan desaparecido solo significaba una cosa… mas problemas, solo que el también tenia sus problemas, muchos problemas, estaba tras el capot de un coche que parecía un colador, con la teniente Kounji sobre el, tratando de protegerse también.

-incomodo señor?- pregunto ella, el capitán sonrió

-a veces las cosas pasan-


-nada de nada puedes creerlo?- Ranma parecía muy molesto, caminaba despreocupadamente por el pasillo, revisando los cuartos junto con Ryoga, este se acerco a el que miraba la ultima puerta.

-crees que este aquí?- Ryoga pregunto, Ranma se apresto a patear la puerta

-no me imagino otro lugar- pero en el preciso momento que iba a derribar la puerta esta se abrió, y un tipo sosteniendo a un muy golpeado Tofu se dejo ver

-suelten sus armas, y levanten las manos- dijo al tiempo que apuntaba su revolver a la cabeza de Ono, Ranma y Ryoga suspiraron, y dejaron caer sus automáticas- ahora son míos, je je-