-Descargo de responsabilidad: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling; sin embargo, esta historia, los lugares, hechizos y personajes originales son solo míos y no autorizo el plagio.

Lamento muchísimo haber tardado tanto en actualizar, la verdad es que no he estado muy inspirada y por eso no he actualizado. Sabía lo que quería contar pero no sabía como hacerlo. Lo siento mucho, he ido leyendo vuestros reviews y os agradezco muchísimo el apoyo.

Los reviews los contestaré en los próximos días. Muchas gracias a todos.

Este capítulo va dedicado a LilyLuna, siento no haber actualizado cuando lo necesitabas pero no podía escribir entonces además del bloqueo mental que he tenido.


-Capítulo 19- Maldito Zabini

Pansy guardó su último bote de poción hidratante facial en su neceser y cerró la maleta. La octava maleta. Sí. Ya tenía todo empaquetado. Con un movimiento de varita encogió su equipaje y lo guardó en su bolso de fiesta. Todo listo para el gran día de Draco. Y el suyo, también era su gran día. El día en el que por fin se libraría de Voldemort y de la pesada carga que suponía para ella. No quería ser mortífaga. Sabía lo que tendría que hacer si se tatuaba esa marca en el antebrazo y no quería. Una cosa era ser cínica, petulante, tramposa, creída y un poquito cruel y otra muy distinta ser una despiadada asesina que segase vidas de familias enteras, de niños, que torturase y mutilase sin misericordia alguna y tuviese el alma podrida.

Sabía que si todo iba como lo habían planeado sería difícil entrar en las filas de la resistencia. Obviamente no iban a recibirla con los brazos abiertos y ella no es que fuera una fuente infinita de bondad y amabilidad. Tenía sus límites y una paciencia bastante escasa.

Confiaba en que Potter fuera tan bueno como sus amigas predicaban que era. Y también en que los pobretones de la Orden del Fénix sacaran su mejor lado con ella. Pero claro, tal vez era mucho esperar. Suspiró largamente.

Se miró al espejo. Estaba deslumbrante con un largo vestido de raso plateado con unos detalles florales en el borde del pecho de terciopelo azul. Caía sin dificultad hacia el suelo, se amoldaba perfectamente a sus moderadas curvas y no las resaltaba en exceso. Perfecto, la haría pasar inadvertida, no iba a conquistar, no iba a lucirse, la idea era pasar inadvertida para luego desaparecer sin levantar sospechas.

Tras sonreírse una última vez agitó su varita y girando se desapareció.

Lo siguiente que vio fue una escena un tanto peculiar. Apareció en una enorme habitación de invitados de la mansión de Little Heaven en ella las tres rebeldes sin causa (como a ella le gustaba llamarlas mentalmente) se estaban arreglando, o al menos dos de ellas.

La pelirroja estaba intentando ayudar a Granger a domar toda esa mata de pelo castaño. Suspiró cansada de aquella melena y agitó su varita para dejar el pelo perfectamente ondulado y maleable.

-De nada –gruñó-.

-Gracias Parkinson- musitó Hermione-.

Esta puso los ojos en blanco.

-¿Ha llegado ya Snape?

-No, no lo he visto, y tendría que haber llegado ya, ¡si Weasley no está lista el plan puede venírsenos abajo!

-Estoy lista, no sé por qué seguís empeñándoos todos en que no estoy bien. Estoy perfectamente.

Hermione la miró por el reflejo del espejo. A veces no sabía si sería mejor dejarla como estaba. Ginny parecía feliz. Pero claro, estaba hechizada, es como ver a un drogadicto recién drogado, parece feliz, pero eso lo está matando por dentro. Zabini era su droga por culpa del filtro de Titania. Se resignó a hacerla tomar el filtro. Además estaba Harry. Aún quedaba la posibilidad de que volvieran juntos, Ginny siempre había estado enamorada de él. Tal vez pudieran recuperar lo que tenían. O tal vez no… tal vez todo se había ido al traste.

Maldito Zabini.


Todo listo, sí señor. Un gran salón de altos ventanales con las pesadas cortinas de color gris perla descorridas, los marmóreos suelos negros que contrastaban con el blanco impoluto de las columnas y paredes que se elevaban hacia la escena campestre del fresco del techo. Mesas redondas y altas cubiertas con unos manteles que valían más que una semana de sueldo del señor Weasley cada uno y por supuesto suculentos y exquisitos canapés y cócteles preparados para la ocasión. El salón comenzó a llenarse poco a poco Draco y Theodore se estaban encargando de revisar a quienes entraban y de asegurarse de que no estuvieran bajo la influencia de ningún hechizo o poción. Narcissa observaba todo desde las escaleras que daban a la planta superior con los brazos cruzados y con una expresión entre satisfacción y preocupación.

Se giró y desapareció en uno de los pasillos laterales bloqueándolo con magia a su paso. Se deslizó por los pasillos con un contoneo sigiloso y seductor que habría infartado a más de uno. Se colocó bien la estola de visón que llevaba sobre los hombros del vestido verde mar de seda.

Sacó la varita y murmuró un hechizo entre dientes para abrir la puerta.

Dentro estaban las tres chicas que tantos quebraderos de cabeza le habían estado dando últimamente y… Pansy. Había cierta tensión en el ambiente. Entre Hermione y ella especialmente. Bueno y entre la rubia y la pelirroja. Hermione, Luna y Pansy estaban ya preparadas para la fiesta. Ella se había encargado de ello esa misma mañana. No quería dejar ningún cabo suelto. Todo debía ir a la perfección. Lo único que faltaba por cerrar era lo de Snape… y Potter por supuesto.

Estaba esperando a que uno de los chicos la avisase de que su viejo amigo había llegado. Eso sucedió antes de lo que esperaba, en seguida apareció el patronus con forma de puma de Theo que dio un par de vueltas alrededor de Narcissa para después pararse frente a ella.

-Ya ha llegado Snape –dijo con un suave gruñido- para después desvanecerse en volutas blancas mientras andaba hacia la puerta.

Luna y Hermione se miraron. Snape debía tener el antídoto o si no… bueno, no debían pensar en alternativas. Su antiguo profesor era el mejor pocionista según Dumbledore, si él no era capaz de elaborar un antídoto… no sabrían que hacer.

Hermione y Luna se sentaron junto a Ginny, debían impedir que se revelase en el caso de que el filtro la hiciese tratar de impedir tomar el antídoto.

Severus llegó escoltado por Zabini.

-Theodore se ha quedado recibiendo a nuestros invitados.

Narcissa asintió.

-Ginny –dijo la otra gryffindor-, ahora tienes la oportunidad de probar lo que sientes por Zabini.

-Demuéstranos que le amas de verdad, que no es solo el filtro –concordó Luna-. Si vuestro amor es verdadero entonces no tiene nada que ver con que te hayas tomado eso y será capaz de sobrevivir a cualquier cosa. Porque tú le amas ¿no es así?

-¡Sí! ¡Por supuesto! ¡Haré lo que haga falta! ¡Os vais a tener que tragar vuestras pérfidas e insidiosas maquinaciones!

Snape las miró con esa mirada con la que solía observarlas en el patio cuando buscaba alguna excusa para quitarles puntos o castigarlas. Entonces, sacó algo de una de sus mangas. Un frasquito, una botella alargada con tapón de corcho que él mismo retiró.

-Bébaselo todo, señorita Weasley.

La joven tomó el frasquito y miró a Blaise. Él no despegaba la vista de sus ojos. Ese brillo… sin darse cuenta se encontraba deseando que no desapareciese que al beberse aquel líquido ambarino. Rezaba a Merlín porque siguiera mirándolo igual que cada vez que se encontraba en sus brazos que se siguiese derritiendo como antes. Que con una sola caricia la tuviese abrazada a él diciéndole que lo amaba y que era maravilloso. El sentir su mirada conectada a la suya, su incondicionalidad… no quería tener que pasar sin ello. Por eso mientras la veía llevarse el frasco a los labios estuvo tentado de interrumpirla, de convencerla… pero no lo hizo, su orgullo era demasiado potente, así que se calló, se limitó a mirarla a los ojos, ese brillo, a mirar deseando que nunca desapareciese de su mirada. Así que cuando el antídoto comenzó a hacer efecto, a Blaise se le encogió algo en el interior del pecho. El brillo… El brillo, cada vez era más pequeño, hasta que… desapareció… o no. Sus ojos brillaban de nuevo. O…

Espera.

¿Estaba llorando?

Sí, sus ojos brillaban, pero no como antes, ese brillo se había transformado en lágrimas. Lágrimas que brotaron acompañadas de un gemido, pero no de los que le gustaban a Blaise, sino uno de dolor surgido del fondo de su alma.

-¡TE APROVECHASTE DE MI! ¡ME DROGASTE E HICISTE LO QUE QUISISTE CONMIGO! ¡ERES UN BASTARDO! ¡TE APROVECHASTE DE MÍ!

Iba a lanzarse sobre él sin varita ni nada cuando Luna y Hermione la sujetaron. La abrazaron y ella lloró más fuerte agarrándose a los brazos de sus amigas.

-¡Me engañó!-seguía sollozando- ¡Me drogó y se aprovechó de mí!

-¡Fuera, por favor!-exclamó Hermione-. ¡Dejadnos solas!

-¡Idos todos!-pidió Luna-.

Narcissa hizo una señal y fueron saliendo todos. Todos menos Zabini que seguía mirando a Ginevra con fijeza, con un rictus extraño en la cara.

-Zabini, lárgate –dijo Luna en un siseo amenazador-. ¡Sabías lo que pasaría y seguiste adelante! ¡Esto es culpa tuya! ¡Lárgate de aquí, no le hagas sufrir más!

Zabini la miró con una expresión indescifrable y dio un paso atrás volviendo sus ojos a Ginny. Ella seguía llorando, parte de su cabello pelirrojo se había pegado a su cara por las lágrimas, se abrazaba a Hermione y ella le susurraba palabras inteligibles de consuelo mientras Luna la abrazaba por la espalda. Dio otro paso y luego uno más, así hasta que salió de la habitación y se apoyó en la puerta. Se dejó caer hasta el suelo. Con la cabeza entre las rodillas y las manos en la nuca no pudo evitar murmurar.

-¿Qué es lo que he hecho?

Ginny se había quedado dormida en la cama agotada después de llorar durante tanto tiempo. Se sentía sucia, traicionada, violada. Sí, era una palabra muy fuerte pero se había aprovechado de ella cuando no podía negarse a ello por el influjo del Filtro de Titania. Y ¿de qué otra manera podía llamarlo? Pero claro, estaba el hecho de que ella había dicho alto y claro que estaba con él porque quería. Estaba confusa, rabiosa, dolida. Y Harry… había roto con él. ¿Cómo había podido hacerlo? ¡Y por Zabini!

Maldito Zabini.


Con la situación más estable, Ginny dormida y encerrada, Zabini guardando la puerta, con Hermione preparada, con Narcissa, y Theodore siendo arrebatadoramente encantadores con los invitados mientras vigilaban que todo fuese según lo planeado ayudados por Luna que más bien tenía la mente acompañando a la pelirroja que en otra cosa, Draco solo podía pensar en todo lo que podría salir mal.

Potter no iría, no podrían hablar con la Orden, Pansy se convertiría en mortífaga eso si no descubrían que era su aliada y compartía su suerte, porque si algo estaba claro es que si el Señor Tenebroso se enteraba de lo que sucedía en realidad, Theo, Zabini, él, su madre, Luna y Hermione acabarían siendo torturados y asesinados…

Estas ideas se repetían en su cabeza y ni recurriendo a su destreza en Oclumancia podía librarse de ellas, su sangre fría de serpiente hervía en sus venas provocando que un sudor helado se deslizase por su sien.

Llevaban quince minutos ya en la recepción y ni rastro de Potter, ni de mortífagos, llegaba el momento que las normas de cortesía magas señalaban como el adecuado para la aparición de la novia o en este caso, la esposa cuando una cabeza rubia apareció bajo el marco de la puerta…

Potter.

Potter…

¡Potter!

¡El asqueroso niñato de Potter se atrevía a hacerse esperar! ¿¡Cómo se atrevía!? La cara de su primo le dirigió una seria mirada y cuando él asintió, comenzó a acercarse a él.

En el cuartel general de la Orden del Fénix cundía el pánico.

-¡Harry, Harry! ¿¡Alguien ha visto a Harry!?

-¡Harryyyyyyyyyyy!

-¡Harry ha desaparecido!

Molly Weasley lloraba en uno de los sofás del salón.

-Primero Ginny, ahora Harry… ¡Oh Merlín!

Ron la contempló desde el marco de la puerta del pasillo. Frunció el ceño y dio otro trago a la botella casi vacía de wiski que llevaba en la mano. Subió a su habitación y cerró la puerta. Dio otro trago.

-¿Qué está pasando abajo, Ro-Ro?

-Nada importante –dijo acabándose la botella y girándose-.

Se encontró con una Lavender desnuda tumbada de manera provocativa en su cama.

-Pues entonces, cariño, ven conmigo. Vamos a pasarlo bien, no dejes que esta guerra te amargue.

-No me amarga. Es solo que no aguanto tanta sensiblería. No pasa nada con Harry –dijo quitándose la camisa-. Habrá ido a dar una vuelta, esta casa es casi una cárcel.

-Claro, Ro-Ro. Tienes razón. Habrá ido a desahogarse un poco. Ya sabes, sin tu hermana por aquí…

¡PLAF! Una horrible marca roja con forma de mano decoraba un lateral de la cara de Lavender. Ron la agarró del cuello y acercándose a su cara y echándole el aliento que apestaba a wiski en la cara le gritó.

-¡No te atrevas a insinuar nada así sobre mi hermana nunca más, zorra!

Los ojos de Lavender se inundaron de lágrimas al instante y no pudo evitar echarse a llorar. Le aparto con un empujón. Rabiosa y envolviéndose en una sábana salió de manera precipitada de la habitación. Llorando y humillada se refugió en la primera habitación que encontró. Allí se encontró a su suegro buscando debajo del armario algún tipo de pista sobre la desaparición de Harry, al fin y al cabo ese era su dormitorio. No pudo evitarlo y se echó a llorar aún más fuerte. Su suegro la vio.

-Lavender… ¿qué ha…?

-¡Ronald está borracho! ¡Me ha pegado!

El señor Weasley se estremeció. Fue a abrazarla.

-Tranquila, hija.

Agitó su varita y le mandó su patronus a Molly. En dos minutos ella estaba ahí. Aunque no le caía muy bien su nuera no pudo evitar preocuparse al verla así.

-¿Qué ha pasado querida?

-Ronald me ha pegado. Está borracho…

Molly se quedó estupefacta.

-Ron… ¿Mi hijo?

-Sí.

La redonda y afable cara de la señora Weasley perdió al menos tres tonos de color.

-Arthur… ¿qué está pasando? ¿Qué les pasa a estos niños?

Su marido no supo que contestar. Molly se acercó a Lavender y comenzó a examinarle el rostro. Le había partido el labio inferior y tenía la cara de un feo color entre rojo y morado. Comenzó a sanarla entre lágrimas. Luego fue a por ropa para que ella se vistiera.

El corazón de Molly Weasley estaba sufriendo lo indecible… tal vez un cruccio habría sido más llevadero. Arthur la contemplaba en silencio imaginando lo que estaba sintiendo.


-Primo… bienvenido, te estábamos esperando –dijo extendiendo la mano hacia él-.

Harry le estrechó la mano y ambos hicieron toda la fuerza que pudieron con la esperanza de partirle algo al otro mientras sonreían fingiendo alegrarse de verse.

-Tendrás que presentarme a tu… esposa ¿no?

-Claro. Sígueme.

Draco le precedió hasta donde estaba Hermione junto a Narcissa haciendo de perfectas anfitrionas. A Harry le dio un vuelco el corazón al ver a su mejor amiga. ¡Estaba viva! Y preciosa. Parecía estar perfectamente sana. Se moría de ganas de abrazarla y susurrarle que todo iba a salir bien.

-Madre, ya ha llegado Apolus.

-¡Apolus, querido! ¿Cómo se encuentran tus padres?

-Bien, tía.

-Te voy a presentar a mi nuera, querido, estoy convencida de que la encontrarás encantadora.

-No lo dudo si ha sido capaz de conquistar a Malf… Draco.

Narcissa le miró como reprochándole aquel desliz pero acto seguido sonrió y radiante se giró hacia Hermione que estaba ocupada charlando con unas amigas de su suegra.

-Hermione, querida, ya ha llegado el primo de Draco… Si nos disculpáis, Cornelia, Helena, Antígona.

-Por supuesto –dijeron a la vez con una educada sonrisa-.

-Una fiesta encantadora, Cissy –añadió una de ellas-.

-Gracias, Helena, que la disfrutéis.

Ellas le sonrieron y se sumieron en una insípida conversación sobre maridos, fincas de recreo y joyas que era tediosa para cualquier oyente.

En cuanto Hermione posó sus ojos en Harry soltó un gritito ahogado mientras se le iluminaba la cara al reconocer aquella expresión tan conocida en un rostro tan ajeno a ella.

-¡Apolus! ¡Tenía muchas ganas de verte! ¡Draco me ha hablado un montón de ti!

Harry y Draco se miraron y acto seguido la miraron a ella pensando que desde luego no habría sido nada bueno si había salido de la boca del slytherin.

Hermione no pudo contenerse y abrazó a Harry. Él le devolvió el abrazo con brevedad. Se alegraba de verla pero no podían arriesgarse a que les descubrieran.

-Te quedarás a pasar unos días ¿verdad?

-Si no es molestia para mi tía.

-Desde luego que no, Apolus, eres bienvenido siempre que quieras.

La fiesta avanzó bien, sin inconvenientes. Draco, Nott, Hermione y Luna seguían alerta. Narcissa por su parte parecía estar en su salsa. Los bailes, las fiestas, las felicitaciones, ser el centro de atención… Parecía estar parcialmente absorbida por el ambiente. Cuando de pronto, una desgreñada figura apareció en el umbral del salón.

-¡CISSYYYYYYY–exclamó con una macabra carcajada-!

Todo el salón quedó en absoluto silencio.

-Bella…

-Draco, Draco, Draco, ¿es que acaso no ibas a invitar a tu tía favorita a tu celebración de compromiso? ¡Celebración! –Se carcajeó de nuevo con un timbre psicótico en la voz-. ¡Casado con una asquerosa sangre sucia! ¡Debería darte vergüenza! ¡Si nuestros antepasados te vieran se castrarían para evitar tu deshonrosa existencia! ¿Qué clase de hijos pretendes tener? ¡Sucios mestizos! ¡Nietos de pútridos muggles! ¡Desgraciado! ¡Has deshonrado a nuestra familia! ¡Incluso el inútil de tu padre tiene más orgullo que tú! ¡El último sangre pura de los Black! ¡Casado con una sangre sucia! ¡Que desgracia! ¡Que deshonra! ¡Sé que el señor tenebroso me castigará por esto pero…! ¡Avada Kedravra!

Un imprevisto relámpago verde cruzó la habitación reflejándose en los ojos de los presentes hasta chocar con… ¿con el suelo?

Bellatrix estaba tirada en el suelo. Justo en el momento en el que pronunciaba el hechizo había chocado contra ella un camarero tirándole encima una bandeja de testículos de dragón.

El pobre hombre había tratado de huir asustado al reconocerla pero no había dado ni tres pasos cuando la maldición asesina impactó en su espalda siendo el verde el último brillo que iluminó sus ojos.

Bellatrix chilló enfurecida. Y cuando se volvió a mirar al resto del salón la gente pareció reaccionar y empezó a desaparecerse. Los Malfoy, los Nott y Harry comenzaron a lanzarle hechizos mientras subían por las escaleras apresuradamente. Narcissa y Hermione fueron sellando las puertas con los más potentes hechizos que conocían. Llegaron a la habitación de Ginny.

-¡¿A dónde vamos madre?!

-¡No lo sé! ¡No pensaba que esto ocurriría! ¡Nadie debería poder entrar aquí!

-¡Eso es lo de menos ahora! –gimió Hermione-. Agarraos a mí. Sé a donde podemos ir.

Ginny, Pansy y Blaise que no sabían qué demonios ocurría lo hicieron sin rechistar, el resto tardó unos segundos en reaccionar, a Harry comenzaba a pasársele el efecto de la poción multijugos y oyeron reventar tres puertas.

Cuando todos estuvieron agarrados a ella, Hermione pensó con fuerza en su destino y se desapareció en el momento exacto en el que Bellatrix entraba en la habitación y su cara se contorsionaba en una mueca de asombro.

Justo entonces sintieron como su cuerpo se comprimía con los característicos efectos de la desaparición.

Hermione se derrumbó en el suelo agotada por el esfuerzo y los nervios. Harry se agachó junto a ella y la abrazó.

-Hermione… ¡Hermione, despierta!

-Potter –dijo Zabini-, la poción ya no hace efecto. Bellatrix te ha visto.

Maldito Zabini.