I'll wait here for you for I'm broken down.
I'm coming down this time for my heart lies
Far and away where they took you down.
Let them over to your house
Where I'm broken.
Down by the people if they let you breathe
Don't give a damn if you still can't see,
Still my heart beats for you...
...have become
All I lost and all I hoped for.
But I must carry on
Always one
Never broken.
Run to the lobby where I saw you try,
Don't give a damn for your reasons why,
Where soul feels.
Down in the valley where the church bells cry,
I'll lead them over to your eyes
Whoa, oh, I am one, I am one
Break story of peace and love in a future
Pride,
Sacrifice
Came around
Never broken
Down by the people if they let you breathe,
Don't give a damn if you still can't see.
Traveling a street that I did not go
Wheels lightened to the winter load.
Down in the valley where the church bells cry,
I'll lead them over to your eyes!
Whoa, oh, I am one
Whoa, oh, I am one
I am one.
Recuerdo que al oír las palabras de Brad, sentí como una rara paz me envolvió y se llevó de un soplido mi tristeza. Caminé hacia Kenzi para decirle adiós. Dolió horrores verla tan desconsolada, abrazada a mi cuerpo sin vida. Intenté tocarla, pero mi mano la atravesó sin ninguna resistencia. Me posé a su lado y le susurré: «Lo siento, Kenz», pero ella no me escuchó. Dyson abrazó a Trick sin apartar sus ojos de mi cara. Contemplé mi rostro pálido, relajado e inexpresivo. Mis ojos estaban cerrados al igual que mis labios y parecía como si estuviera durmiendo profundamente.
En ese momento, a mi memoria vinieron las palabras de Hela y la promesa de Odín. Me desesperé al no poder detener tu destino y deseé volver a mi cuerpo. Me acerqué a Trick, comencé a gritar: «Ayúdame, Trick», pero mi grito se lo tragó el silencio. Me di cuenta que era sólo un fantasma y que pronto desaparecería para siempre.
Nacho tomó la mano de Trick y le quitó la perseida que tenía en su mano derecha. Se acercó a mí, apartó a Kenzi sutilmente y abrió mi boca. Metió la cápsula con rapidez, cerró mis labios, esperando que su osadía diera resultado.
—No funcionará —dijo Trick—. Su alma se ha ido.
—Funcionará, tiene que funcionar —replicó Nacho.
Los miré atónita sin poder hacer nada. Una mano se posó en mi hombro y su tacto me resultó familiar. Cerré mis ojos temiendo lo peor y con calma me di la vuelta. Cuando los abrí, ante mí estaba mi abuela, con una sonrisa y una luz radiaba todo su cuerpo. La reconocí gracias al retrato que conservaba Trick.
—No es tu hora, cariño —dijo mi abuela.
Comencé a llorar de desesperación, me llevé las manos a mi cara, creyendo que sólo era una ilusión. Ella me abrazó con fuerza y me acarició el cabello.
—No quiero que Lauren muera. No quiero que vaya a ese infierno —musité contra su pecho.
—Tranquila, mi niña. Tu destino no está del todo escrito, así que no tengas miedo. Yo protegeré a Lauren y nada malo le ocurrirá. Ahora debes volver, pero no dejes de luchar con el corazón.
Me separé de ella para mirarla a los ojos. Tenía muchas preguntas, pero enmudecieron en mi garganta. Ella deslizó sus dedos por mi cara con ternura y me di cuenta que sus ojos eran iguales a los míos.
—Debes protegerla de Hela. No dejes que se la lleve, por favor —supliqué.
Mi abuela asintió con una sonrisa. Tomó mis manos y en sus ojos me perdí totalmente.
—Bo, necesito que perdones a tu abuelo, él está sufriendo por tu madre y por ti. Fitz te quiere con devoción y sólo desea protegerte. Por eso, ayúdale a perdonarse a sí mismo.
—Lo haré —dije, apretando sus manos—. Trick es lo único que me queda y te prometo que lo cuidaré como tú lo harás con Lauren.
Mi abuela me sonrió apenas escuchó mis palabras. Su semblante era de paz y tranquilidad como si nada pudiera perturbarla.
—Siempre he estado orgullosa de ti y te quiero infinitamente. Tú cumplirás con tu misión, pero no sufras porque al final serás feliz. Dile a tu abuelo que lo perdono y que su amor me dio la paz —dijo mientras me guiaba de vuelta a mi cuerpo.
Me desplomé lentamente, incapaz de sostener la mirada ni un segundo más. El rostro de mi abuela se alejaba en un túnel de niebla. Cerré los ojos y sentí las manos de Kenzi sobre mi cara y un soplo de su voz suplicándole a dios que no me llevase, susurrándome que volviera por ti y que no me dejaría ir. El sonido del electrocardiograma se hizo cada vez más rápido, mi corazón comenzó a latir con violencia y mis ojos se abrieron de par en par.
—¿Qué pasa? ¡Vuelve, Bo! ¡No nos dejes! —gritó Kenzi con desesperación.
Brad me tomó el pulso, me inspeccionó las pupilas con una linterna y sin mediar palabra procedió a colocarme una de tus inyecciones. Cuando sentí la punzada de la aguja en el brazo, se tensaron todos mis músculos y respiré el poco aire que pude. Comencé a toser, mi pecho se agitaba con cada embestida de aire, pero en unos segundos los ojos se me nublaron y me quedé dormida…
Me despertó el pitido inclemente de la máquina que tenía conectada al pecho. Estaba en la habitación de mi madre, en medio de la penumbra y del aturdimiento. Mi primer instinto fue levantarme, pero mi cuerpo seguía adormecido. Captó mi atención los ronquidos de Kenzi que dormía a mi lado con su mano sobre mi abdomen. Me quedé viéndola un rato para convencerme que realmente era ella. Miré a mi alrededor y en un sillón incómodo estaba Nacho dormitando con el cuello doblado.
Coloqué mi cabeza sobre la almohada, contemplando el techo y recordando todo lo que había vivido. Fue entonces, casi sin darme cuenta, tu rostro invadió mis pensamientos como si un recorte extraviado se deslizara entre las páginas de un libro. «Lauren, ¿cómo podré vivir sin ti?». Pensé para mis adentros. Las lágrimas se asomaron por mis ojos mientras mi corazón se rompía al creer que nunca serías para mí. Aguanté el llanto, prometiéndome que no volvería a llorar por ti, pero nunca pude cumplirlo.
Al cabo de unos minutos, cuando mis músculos por fin se despertaron, intenté levantarme, pero mi mano estaba conectada a una vía que llegaba hasta la botella de suero. Quité el apósito que la pegaba a mis venas, sacando el catéter de un solo tirón. Una gota de mi sangre salió lentamente, pero no le di importancia. De hecho, me sorprendí que corriera sangre por mis venas. Estaba viva, aunque me sentía muerta por dentro.
Me incorporé con cautela para no despertar a Kenzi, ella se dio la vuelta sumergida en sus sueños, pero Nacho se despertó como un resorte y me miró con una sonrisa.
—Bienvenida de vuelta, Bo —susurró Nacho para no despertar a Kenzi.
—Gracias. ¿Qué haces aquí? —inquirí en voz muy baja.
Recordé lo que él había hecho por mí y una sonrisa apareció en mis labios.
—Lo que hacemos todos... Cuidarte —repuso.
Nacho se veía agotado, el sueño lo tenía derrotado, pero él no dejó mi lado durante el tiempo que estuve en coma.
—Tengo que agradecerte por muchas cosas. Sé que me ayudaste a volver, que no te rendiste, pero no entiendo por qué.
—Hice lo que tenía que hacer y no hace falta que me lo agradezca.
Nos miramos durante unos segundos, sus ojos me hablaban en un idioma que no entendí, pero sumamente familiar. Me levanté de la cama como pude, y me tambaleé como un niño que empieza a caminar. Nacho me cogió por la cintura, pero sin poder evitarlo desperté a Kenzi. Ella dio un salto apenas me vio de pie.
—¡Dios mío, Bo! —exclamó Kenzi—. Estás aquí. No me lo puedo creer. ¡Estás despierta!
Se abalanzó hacia mí y me tomó en sus brazos con tanta fuerzas que casi no pude respirar.
—Sí, Kenz. Estoy aquí, soy yo y estoy aquí a tu lado —musité.
Ella besó mis mejillas, soltando todas sus lágrimas, palpándome la cabeza, los hombros y la cara, para convencerse que era yo.
—Yo también te eché de menos —dije con una sonrisa.
—¿Sabes el miedo qué he pasado? Bo, moriste en mis brazos y casi me muero yo detrás. No lo vuelvas hacer en tu vida, por lo que más quieras. No vuelvas a dejarme. ¿Me escuchas? —advirtió Kenzi.
Limpié sus lágrimas con mis pulgares y la miré fijamente.
—No pienso dejarte nunca más. Pero tengo que ir al baño, ¿si no te importa?
Kenzi asintió, cogiéndome del brazo con mucho cuidado. Nacho se posó a mi otro lado y juntos me ayudaron a caminar.
—Gracias, Nacho. Yo acompaño a Bo, ¿ok? —dijo Kenzi concentrada en mis pasos y sin mirar a Nacho.
—Perfecto. Pero si necesitáis algo, estoy aquí.
Asentimos en silencio y entramos al baño. Me senté en el retrete, mirando a Kenzi, pero no pude contener las lágrimas.
—¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Qué pasa? Dime algo, Bo.
—No estoy bien, Kenzi. La he perdido, he perdido a Lauren y no puedo hacer nada para ayudarla.
Kenzi se arrodilló ante mí, miró mis ojos y esa vez fue ella quien limpió mis lágrimas.
—Bo, no es el momento para hablar de Lauren. Tú has estado en coma los últimos cuatro días y debes descansar.
—Lauren tiene que estar con Tamsin. Tiene que existir a su lado, sino Lauren se muere. Ella está unida a esa... Zorra —dije con la voz llena de celos.
—¿Qué dices? ¿Qué coño te ha puesto Brad en el suero? Bo, ¿estás alucinado o todavía estás drogada? —preguntó sorprendida.
—Ojalá lo estuviera, Kenzi. Ojalá todo esto fuera una pesadilla o un colocón, pero no lo es. El alma de Lauren es una creación de los dioses celtas, una maldición la hace morir y su alma esta ligada a Tamsin.
—¡Qué fuerte! Pero Lauren es humana, ¿no?
—Su cuerpo sí, pero su alma no.
—¿Y quién la maldijo? ¿Por qué Tamsin esta ligada a ella? Bo, no entiendo nada.
—Es muy largo de contar, pero necesito hablar con Trick ahora mismo —dije mientras me ponía en pie.
—No. Tú lo que necesitas es descansar, más tarde hablarás con Trick.
—¿Realmente crees qué voy a descansar? Además, llevó cuatro días en coma y ya he descansado lo suficiente.
—Bo, ni siquiera a amanecido y acabas de volver de la muerte. Espera hasta más tarde y podrás hablar con él todo lo que quieras.
—No, por favor. Necesito hablar con mi abuelo, cada minuto cuenta.
Kenzi se dio cuenta que yo no iba a cambiar de opinión. Me puse en pie y ella me ayudó a salir del baño. Salimos de la habitación sin decirle ni media palabra a Nacho, pero él nos siguió hasta la habitación de Trick. Toqué la puerta, pero él no estaba allí. Kenzi me dijo que Trick no había dormido durante el tiempo que estuve en coma, que seguro estaría en el bar y que esos días no habían sido fáciles para nadie. Subimos las escaleras todos juntos, pero yo quería hablar a solas con Trick.
—Chicos, necesito hablar con Trick en privado —dije mirando a Kenzi—. Lo siento, Kenz, pero luego te lo cuento todo, ¿ok?
Ella iba a responder, pero Nacho la cogió del brazo para evitar que hablara.
—Tranquila, nosotros estaremos aquí —dijo Nacho con una sonrisa.
Ellos bajaron las escaleras, pero Kenzi estaba refunfuñando algo en ruso y se fue a regañadientes a la habitación. Esperé hasta que ellos había desapareció en la oscuridad y subí el último peldaño de la escalera.
Despuntaban las primeras luces del alba cuando entré en el bar. La silueta de Trick se veía inmóvil en una butaca frente a la ventana. En la mesilla frente a él había unos papeles, fotos, un vaso medio lleno junto a una botella de whisky. El aire estaba impregnado de un aroma a tabaco y madera. Volutas de humo se alzaban perezosamente de la pipa que él sostenía entre el pulgar y índice, como si fuera una joya. No sabía que Trick fumaba, pero como muchas cosa que yo desconocía de su vida.
Avancé con sigilo hasta su espalda, intentado ver si seguía despierto. Vi como su otra mano tomaba el vaso y se bebió todo su contenido.
—¿No crees qué es un poco temprano para beber? —pregunté
—No lo es si no has dormido —repuso Trick.
Él se sirvió más whisky, intentado buscarle el fin a esa botella.
—Necesito hablar contigo —dije fríamente.
—Por supuesto, pero cuando estés recuperada —repuso sin mirarme.
Trick se sumergió en un profundo silencio. Le dio una calada a su pipa y actuó como si yo no estuviera.
—¿Por qué nunca me dijiste que habías sido humano? —inquirí impaciente.
No me miró, sólo se incorporó hacia la mesilla para dejar el vaso y apagó su pipa. Se sirvió más whisky y volvió a bebérselo de un solo golpe.
—Porque nadie lo sabía excepto tu abuela —respondió con amargura.
—¿Cuántas cosas más me ocultas?
—Siéntate, por favor —dijo, mirándome por primera vez a los ojos.
Le miré sin saber qué decir. Su mirada quedaba velada a contra luz. Me dejé caer en una butaca que estaba a su lado y nuestras miradas quedaron enfrentadas.
—¿Por qué siempre me ocultas la verdad, Trick? Estoy cansada de tus verdades a medias y tus juegos de misterios que nunca tienen fin.
—Hay cosas que no se pueden decir a la ligera. Algunas te las he ocultado por vergüenza y otras para protegerte. Durante mis muchos años he cometido infinidades de errores, pero jamás te he mentido.
—Claro, para ti medias verdades no son mentiras, ¿no? —repliqué con crueldad.
—Escucha, puedo entender que estés molestas, que acabas de volver del infierno y que ahora eres consciente de muchas cosas, pero no voy a permitirte que me hables así.
Se me cayó la mirada al suelo. Él tenía razón, yo estaba siendo una altanera y Trick no se merecía mis reproches.
—Lo siento, pero entiéndeme. Desde que nos conocemos has sido incapaz de decirme la verdad. Siempre me entero de todo por los demás y nunca por ti. Quiero creer en ti, necesito confiar en ti porque tú eres mi única familia, así que dime la verdad.
Alcé la mirada y me encontré sus ojos vidriosos llenos de lágrimas.
—Lo sé, Bo, y me siento avergonzado por todo esto. Tú mereces la verdad y hoy te diré todo lo que sé, pero necesito que me perdones —dijo con la voz quebrada.
Las lágrimas se deslizaron lentamente por sus mejillas, la mirada se fijó en su vaso y su endereza se perdió dentro de ese liquido amarillento. Me sentí miserable ante su sufrimiento, pero necesitaba respuestas.
—Mi abuela habló conmigo y me dio un mensaje para ti —murmuré buscando su reacción—. Dijo que te perdones porque tu amor le dio la paz.
Mordió su labio inferior, intentando contener el llanto. Su expresión fue de dolor como si un puñal le atravesará el pecho y gimió con una pena que me desgarró por dentro.
—Yo fui el culpable de su muerte, fue mi orgullo quién la mató y nunca he podido perdonarme por ello.
Le tomé de las manos y recordé la promesa que le había hecho a mi abuela.
—Trick, lo que hoy me digas no cambiará lo que tú eres para mí, pero necesito saber la verdad.
Nos miramos brevemente, sin saber que decir. Suspiró y sorbió un trago de su whisky.
—Durante la gran guerra de los faes, tu abuela logró una tregua con el otro bando, pero mi soberbia no me dejó entenderlo. Mi ejército estaba a punto de ganar y mis ansias de poder sentenciaron la vida de muchos faes.
»El mismo día de su muerte, tu abuela entró a la sala del trono, pidiendo una audiencia conmigo en privado. Yo estaba rodeado de consejeros que lo único que hacían era adularme, venerarme y sobre todo engañarme. Mi mano derecha era David Arnaud, era el único fae que contaba con mi total confianza y fue él quien me traicionó.
»Tu abuela había conseguido una tregua con Basil Oakes, quién para ese entonces era el líder de las sombras. Debíamos reunirnos con Basil a las afueras del reino, en un territorio neutral para acabar esa misma tarde con la guerra. Isabeau estaba harta de las batallas, de las muertes que nos rodeaba a diario y de la crueldad que nos regia a todos.
»Yo me negué a hablar con Basil porque estaba convencido que ganaríamos la guerra y no me rebajaría a pactar con un perdedor. Lo único que yo ansiaba era su cabeza en mi plato, para luego destruir todo lo que él había fundado. Le ordené a tu abuela que no hablará más con Basil y que dejará de intervenir en mis decisiones. Pero ella se negó a obedecerme y se fue al castillo de Monfort donde nos esperaría Basil.
»David había escuchado las intensiones de Isabeau y ordenó a mis espaldas que atacaran el castillo. Un escuadrón de mi guardia real aniquiló a todos los que estaban en esa reunión, incluyendo a tu abuela. David culpó a Basil, diciéndome que soldados del clan Bukharin nos habían tendido una trampa y que él no pudo hacer nada para evita la muerte Isabeau.
»Todavía tengo pesadillas con la imagen de tu abuela, sin vida, tendida en una losa de mármol, con el cuerpo sembrado de puñaladas. Al tercer día después de su muerte, quemamos su cuerpo en el panteón de la familia, el día del décimo cumpleaños de tu madre.
En ese momento, me acordé del diario de Aife y me di cuenta que Trick no me mentía.
—Lo sé, Trick. Tengo el diario de mi madre y leí lo mucho que sufrió por mi abuela.
Trick se quedó pálido, sin querer preguntarme cómo lo había conseguido.
—El dolor que sintió Aife por la ausencia de tu abuela fue lo que cambió su destino. Aife iba a heredar el poder para mantener la paz entre los faes. Pero sus deseos de venganza arruinaron su vida y la apartaron de tu padre.
—¿Qué sabes de mi padre? —inquirí ansiosa.
Trick se acercó a la mesilla, cogió los documentos y me los dio junto con varias fotos de mi padre.
—Durante estos cuatro días he revisado la historia de Aidan y he descubierto algunas cosas. La familia Lloyd se ha extinguido, tú eres la última descendiente que queda con vida y tú padre si sabía de tu existencia. Él te buscó por todas partes, dedicó los últimos años de su vida en buscarte, pero jamás pensó que tu madre te abandonaría con los humanos. No hay muchos registros sobre su vida porque al huir del mundo fae, se camufló entre los humanos.
»Aidan fue médico, descubrió la cura a diversas enfermedades humanas. Residió durante muchos años en Norte América, especialmente en México. Al parecer John Herschel, el Ash por aquel entonces, sabía de su paradero y protegió a Aidan hasta que él volvió por tu madre.
—¿Qué hizo Aife para que los sombras la mantuvieran prisionera?
—A tu madre la envenenó la venganza. Ella pensaba que los sombras habían matado a tu abuela y comenzó una rebelión contra ellos. Aife se rodeó de faes que poco después la traicionarían. Cuando murió tu abuela, yo dejé de mandar. Me sumergí en la tristeza, abandonando a tu madre a su suerte. Fui un egoístas porque lo único que quería era desaparecer, pero soy tan cobarde que ni quitarme la vida fui capaz.
»Nunca llegue abdicar, pero le di todo el poder a David y así se convirtió en el primer Ash. El clan Bukharin habían nombrado a Ernest Peacock como el nuevo líder. Él junto a David fueron los responsables de la muerte de tu abuela. Aife ideó un plan para matar a Ernest y así vengar a tu abuela. La misma noche que ella asesinó a Ernest también mató a David. Después que yo escribí las leyes de los faes, me convertí en un lastre para el Ash y David me iba a asesinar. Aife volvió después de matar a Ernest para despedirse de mí, pero descubrió a David a punto de matarme. Ella succionó todo su chi y le clavó el puñal en el corazón.
— ¿Aife te salvó la vida? —pregunté con cierta admiración.
—Sí, ella me salvó y condenó a la vez. Cuando ella huyó, sus secuaces la delataron al recién nombrado bando de las sombras y la capturaron a los pocos días. Nuestro mundo se sumergió en el caos al no tener a ninguno de los dos líderes. Benjamín Peacock, el hijo de Ernest, se convirtió en el Morrigan. Al encontrar a tu madre, Benjamín quería matarla, pero yo le rogué que no lo hiciera. A cambio de la vida de Aife, tuve que reescribir la leyes favoreciendo a las sombras, por eso ellos tienen más poder sobre nosotros. El mismo día que condenaron a tu madre, yo desaparecí del mundo fae y llegué a esta ciudad para no ser reconocido. Con los años me enteré que los bandos había creado un especie de jerarquía y así se formaron los ancianos. De esa manera, el poder no recaía en un solo líder.
»Los ancianos son derivaciones de las nobles familias faes. Ellos están confirmados por los clanes que reinaron en el mundo: Los Zamoras y Finarvin son de las luces. Los Bukharin y Scafati de las sombras. Yo pertenecía al clan Finarvin, por eso me convertí en rey.
—No entiendo una cosa: ¿cómo un humano nació en una familia noble y fae?
—Porque yo no era noble y por supuesto no era fae. Yo era un herrero que había heredado el oficio de su padre y vivía en una aldea que pertenecía al clan Finarvin. Una noche soñé con los dioses, mi alma viajó a Asgard y Odín, junto con todos los demás dioses, me dieron mis poderes. Fui elegido para escribir las leyes y conservar la paz. Al día siguiente, cuando desperté, fui adoptado por Dubner.
»Él era el líder del clan Finarvin, su único hijo varón murió en una batalla y su legado pereció junto con él. Dubner me enseñó todo, me trató con un hijo, ofreciéndome todo el amor que había perdido. Los dioses también habían hablado con Dubner, ofreciéndole la salvación del alma de su hijo, a cambio de adiestrarme para ser el rey.
»Bo, yo no cumplí con mi destino, me aparté de todo por lo que había sido encomendado, trucando el futuro de tu madre. Mi soberbia condenó a tu abuela y ahora toda esa responsabilidad ha caído en tus hombros. Tú eres la elegida para ocupar mi lugar y conservar la paz que yo no pude.
—¿Todo esto ha sido por tu culpa? —inquirí asqueada—. Yo tengo que renunciar a Lauren para cumplir con un destino que no quiero.
Me levanté de la butaca, mirando a Trick fijamente.
—No, Bo. Lauren es humana y tu unión con ella será el ejemplo a seguir por los faes.
—Lauren no es humana.
—¿Cómo? —preguntó Trick sin dar crédito a mis palabras.
—Lauren es el alma de los celtas y Tamsin está destinada a protegerla.
—El alma de los celtas es una leyenda —dijo, negando con la cabeza—. No hay pruebas de su existencia y sólo es un cuento para niños.
—Que no, Trick, que es real. Ella es el último legado de los celtas y debe enamorarse de Tamsin.
Me miraba con los ojos abiertos como platos, recordando la historia de los celtas.
—¿Y la maldición?
—Eso también es real. Cuando Lauren se enamoré de Tamsin va a morir y yo no puedo hacer nada para evitarlo. ¿Lo entiendes ahora?
Trick se levantó, tomó mis manos para que me sentará de nuevo.
—Dime exactamente lo que viste.
—Frigg me contó toda la historia de los celtas y la guerra que los aniquilo. Me dijo que yo era la elegida para instaurar la paz y que debía dejar a Lauren a merced de su destino. Que el espíritu de Balder habita en el alma de cada Ash y ellos están obligados a proteger a Lauren. Luego viajé al mundo de Hela. Ella no quería dejarme ir, pero Odín la detuvo. Él le prometió el alma de los celtas y me trajo de vuelta a este mundo. Mi abuela me ayudó a volver a mi cuerpo y me dijo que debía perdonarte.
Trick se negaba a creer lo que le decía. Se llevó las manos a la cabeza con desesperación, buscando alguna respuesta que no existía.
—Lo siento, Bo. ¿Qué piensas hacer ahora?
—No lo sé, pero no puedo vivir así. No pienso cumplir con ese supuesto destino.
—Debes cumplirlo, Bo. Si no se repetirá la historia y nos condenarás a todos.
—Me importa una mierda lo que pase, así que no me pidas que haga lo que tú no pudiste hacer. No pienso vivir de esta manera, porque no es la vida que he elegido. No voy a redimir tus culpas, ni las de mi madre ni las de mi abuela. Estoy cansada de vivir una vida regida por vuestros errores. No voy a creer en todas esas palabras que no me dicen nada.
—Tú puedes creer o no creer, eso es cosa tuya, Bo. Es tu propia vida lo que apuestas, por la fe, la incredulidad, el amor, y no hay otra verdad mas grande que esta condición. Tú arriesgas tu propia vida cada vez que eliges y eso te hará libre. Así que hazlo con conciencia, no te dejes engañar por los recuerdos y por una culpa que no es tuya.
—¿Y qué he elegido, Trick? Vivo una vida que no me lleva a ningún lado. Cuando elijo, lo único que hago es arruinar la vida de los demás, alejando a las personas que amo y ni siquiera tengo potestad sobre mi destino. Todo esta escrito, destinado y lo que yo siento importa una mierda. ¿Te haces una idea como me siento ahora mismo? ¿Sabes lo qué siente no poder estar con la persona que lo es todo para ti? Y como pretendéis que cumpla con algo que no me hará feliz. Yo merezco ser feliz y no podré serlo sin Lauren.
—Voy a decirte algo que tú ya sabes, Bo. El mundo no es de color rosa, ni esta lleno de arco iris. El mundo es un lugar terrible, y por muy fuerte que tú seas, él es capaz de arrodillarte a golpes y mantenerte sometida si tú no se lo impides. Ni tú, ni yo ni nadie es más duro que el destino, pero no importa lo fuerte que tú seas, sino lo fuerte que él puede ser. Si tú sabes lo que vales, ve y encuentra lo que te mereces, pero tendrás que soportar los golpes. No puedes estar diciendo constantemente, que no estás donde querías llegar, que no tienes lo que quieres por culpa de los dioses, de Tamsin ni de nadie, esa es la excusa de los cobardes y tú no lo eres. Yo fui un cobarde y sé lo que te estoy diciendo. ¿Qué quieres luchar por Lauren? Adelante, hazlo. Aunque eso al final no te deje más que sufrimiento. ¿Esa es la vida qué quieres elegir? Sinceramente, creo que no. Y lee el diario de tu madre para que entiendas lo que te digo.
Trick se levantó de mi lado, se marchó sin decir nada más. Yo me quedé sentada en silencio mientras analizaba todo lo que me había dicho. No aguanté las lágrimas de rabia, de impotencia y de tristeza.
Me levanté, recogiendo todos los papeles sobre mi padre. Bajé las escaleras tan rápido que casi me caigo de frente. Las lágrimas seguían corriendo por mi cara, pero lo único que quería era salir de ese lugar. Abrí la puerta de la habitación de mi madre, busqué mi ropa y me vestí en un instante. Kenzi y Nacho estaban estupefactos antes mi actitud.
—Bo, ¿qué ha pasado? ¿Adónde vas? —preguntó Kenzi nerviosa.
Mi única respuesta fue el portazo que di al salir. Subí las escaleras con furia, sintiendo los ojos rebosados en lágrimas de ira. Salí del bar a la calle desolada, bañada de una luz azul y de frío. Llevaba el corazón envenenado y la mirada me temblaba. Eché a andar sin rumbo fijo, ignorado a Kenzi que venía detrás de mi.
Comenzó a lloviznar con calma, sus gotas apenas me mojaban y un soplo de brisa me golpeó en la cara. Me temblaban las manos y las ideas. Intenté apretar el paso, pero la inquietud me carcomía por dentro y caminaba perseguida por el aguacero que no esperó ni un segundo más. Me sorprendió un relámpago junto con un trueno que rugió como un león. Las aceras se encharcaron en un instante, las farolas parpadeaban, extinguiéndose con cada ráfaga de viento. Me entregué a la lluvia helada sin dejar de pensar en ti.
Me enfilé a cruzar la calle, pero no me detuve a mirar el semáforo. Lo único que escuché fueron los frenos de un coche y una luz que se abalanzó sobre mí a toda velocidad. En el último instante, alguien tiró de mí hacia atrás y me apartó de la trayectoria del coche. Cuando tuve conciencia de lo que había ocurrido, Nacho me tenía sujetada en sus brazos. Nos miramos unos segundos en silencio, pero había algo en él que me hizo confiar.
—¿Qué ha pasado? Bo, ¿estás bien? —preguntó Kenzi, casi sin aliento.
Separé a Nacho de un empujón, eché a correr hacia mi casa, huyendo de ellos y de mi destino. Necesitaba recordar lo poco bueno que había en mi, lo que tú me habías dado, pero todo se deshacían como la lluvia que caía sobre mí.
Los gritos de Kenzi se oyeron a lo lejos, pero no me importó nada. No pude sentir nada más que dolor y la pena al tener que olvidarte. Llegué a mi casa y me detuve en frente a mi puerta. Contemplé la nada, sin mover ni un solo músculo hasta que alguien tomó mi mano. Nacho volvió a abrazarme y descargué todo mi llanto en su pecho.
—Kenzi, entrad en casa. Que Bo se de un baño caliente y luego os traeré comida. ¿ok? —adujo Nacho.
—Venga, Bo. Que estas toda mojada y necesitas calentarte —dijo Kenzi, intentando abrazarme.
—¿Por qué haces esto? ¿Por qué siento que te conozco de toda la vida? Respóndeme, Nacho.
Mantuvo su mirada en mis ojos durante unos segundos, pero la bajó al suelo, alejándose de mí.
—Entrad a casa ahora mismo —musitó
Esa fue su única respuesta. Él se dio la vuelta y desapareció bajo la lluvia.
—¡NO TE VAYAS, NACHO! —grité con fuerza—. ¡Dime la verdad!
Corrí hasta la silueta que dejaba su cuerpo, pero Kenzi me detuvo.
—Vamos a casa. Él volverá, pero necesito que entres ya —dijo tirándome del brazo.
—Nacho está usando sus poderes sobre mí —dije—. Es la única explicación de lo que siento por él.
—Ok, Bo. Pero vamos a casa ya.
Estaba agotada, no tenía fuerzas para nada más y me sentí totalmente rota. Comencé a temblar de frío, rabia e impotencia. Kenzi me ayudó a entrar en casa, sin dejar de llorar.
Nota: Sé que todos los clanes son de las luces, pero necesitaba hacer una confortación entre los faes. La jerarquía es muy importante en esta historia y ojala lleguéis a entenderme.
Espero de todo corazón que os haya gustado y gracias por seguir leyendo.
"El único deber que tenemos con la historia es rescribirla" – Oscar Wilde.
