CALIFORNIA.

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Llegar a California fue un descubrimiento para mí, tal como supuse que lo sería. Nada me había preparado para llegar al mundo que envolvía todos los días a Terry. Un mundo dentro del mismo país donde yo habitaba la mayor parte del tiempo, pero tan ajeno a mi realidad. Conocerlo y vivirlo fue quizás demasiado. Uno de los guardias de seguridad se levantó de su asiento para avisarle a Terry que al momento de llegar habría una cantidad muy numerosa de personas esperando para verlo, deberían estar listos para el recibimiento.

Pude ver preocupación en su mirada, frunció el ceño y tomó su móvil para empezar a teclear con gran habilidad varios mensajes de texto. La puerta de la aeronave se abrió y los gritos frenéticos llegaron hasta nosotros. Terry dejó de enviar mensajes y tecleó un número telefónico, se alejó un poco y pude notar en su rostro cierta molestia, cuando terminó la llamada me sonrió y tomó mi mano.

-¿Sabes Candy? mi representante insiste en contratar a todas estas personas para que no me sienta ignorado cada vez que llego al aeropuerto... así que, puedes estar tranquila, todo es un montaje.

Sonreí, su humor había cambiado por completo o continuaba enfadado pero sabía fingir muy bien lo contrario.

-Me alegra que lo tomes así, es mejor tomar las cosas con buen humor, ¿cierto?...

-Cierto... Candy, creo que me será demasiado fácil acostumbrarme a tenerte a mi lado. Cuando quieras regresar a Miami, no podré dejarte ir...

Acarició mi rostro y me abrazó a su pecho. Ese comentario me dejó pensando y mucho; se suponía que el trato había sido irme con él, para que pudiera arreglar los asuntos más urgentes. Por mucho se demoraría una semana y entonces sería su turno de viajar conmigo a Miami. No quise complicarme en ese minuto. Dejé que las cosas sucedieran, al final mi objetivo estaba claro, con o sin él debía regresar a la Universidad y concluir en Miami todo lo que debiera ser concluído.

Sonreí mientras caminaba nerviosa a su lado, era la primera vez en mi vida que me enfrentaba a una situación como esa. En efecto, en cuanto entramos al aeropuerto, una mancha de gente se movía tratando de evadir la contención que numerosos elementos de seguridad tenían ya delimitada para permitir el paso. Llevaban letreros, fotografías suyas, era obvio que esas jovencitas estaban ahí por voluntad propia y nadie les había pagado como dijo Terry. Muchas de ellas gritaban con sus rostros rojos de emoción y algunas hasta en llanto mientras avanzábamos hacia el interior del aeropuerto. Los flashes nos daban de lleno en el rostro, encontré a nuestro paso chicas llorando de alegría mientras gritaban histéricas su nombre, por ahí pude ver algunos jovencitos que también esperaban mirarlo al pasar, algunas otras me miraban y con evidente molestia comentaban entre ellas sobre quién podría ser esa mujer que llevaba Terry de la mano, que en este caso era yo... no perdían detalle de nada, las miradas recorrían de arriba a abajo mi sencilla humanidad. Y por mucho que me desagradara ese momento de intensa revisión pensé que debería adaptarme y ellas también por su puesto, pues todo el tiempo mi prometido tomó mi mano y con actitud protectora me llevó siempre a su lado, cediéndome el paso sin perderme de vista, protegiéndome también de la segunda multitud que ya esperaba al exterior del aeropuerto.

Más flashes, más gritos y saludos. Llegaba un momento en que tanta efusividad comenzaba a aturdir, a ser molesta. Algunas pedían autógrafos o fotografías, pero él con una sonrisa amable seguía caminando aferrándome a su lado y tratando de llegar lo más pronto posible a la camioneta que ya esperaba por nosotros. Entramos al vehículo y dando un suspiro se deshizo del saco y pasó su brazo por sobre mis hombros.

-¡Wow Terry! ¡vaya que eres famoso!

Me miró atento y me sonrió.

-Perdona por todo esto Candy... a veces se sale de control, se supone que sería un vuelo privado por lo mismo, quería tener privacidad y tranquilidad contigo, evitarte estas molestias...

-Tómalo con calma mi amor, no fue ninguna molestia, creo que después de todo deberé acostumbrarme...

-Pecosa, lo siento.

Se acercó a mis labios y depositó en ellos un sensual y suave beso.

-Yo sólo espero que el que te hayan visto tomarme de la mano y abrazarme de esa forma no afecte tu popularidad. Además, no puedes estar disculpándote cada que cosas como ésta sucedan... todo está bien, ¡vaya Terry... eres una verdadera estrella de Hollywood!.

En ese momento mis propias palabras me golpearon con la dureza de la realidad, las estrellas son inalcanzables y ahí estaba yo siendo abrazada por una de ellas. Me sentía como en alguna loca parte de un sueño. Era todo tan irreal, tan distinto a lo ordinario de mi vida cotidiana. Podía ser positiva y mirar la sortija de compromiso, para convencerme de que mi vida sería a su lado y punto. Por otro lado la verdad de las cosas me hacían observarlo lejano a pesar de estar sentada junto a él, tan cerca de su cuerpo.

-Aunque no lo creas, nunca me he acostumbrado por completo. Es cierto que por el reconocimiento de las personas estoy donde estoy... pero soy honesto al decirte que esta parte del fanatismo y la popularidad es la que me parece la más pesada de mi trabajo.

-¿Hablas en serio?

-Completamente Candy.

Entonces, en un rápido movimiento me jaló de mi lugar y me acomodó en sus piernas. Me abrazó hundiendo su rostro en mi cuello y así se quedó buen rato. Yo me limité a disfrutar de su respiración relajada, lo abracé y acaricié su espalda. Comenzó a dar suaves besos en mi cuello y mi cuerpo de inmediato reaccionó con sus caricias. Hubiera deseado devorarlo a besos, pero no era el momento ni el lugar adecuado. Esperaría a estar a solas con él. Me imaginaba que al llegar a su casa tomaríamos una ducha juntos, haríamos el amor, cenaríamos algo y a dormir. Me sentía cansada quizás por la cantidad de emociones que había tenido en el día.

Lo observé y lo noté distinto, cambiado, la molestia se había ido, ahora estaba contento, relajado.

Por alguna extraña razón me imaginaba llegando a aquél edificio de departamentos ligeramente austeros en donde recordaba que vivía, alguna vez lo habíamos ido a buscar Anthony y yo. Mi sorpresa fue mayor cuando vi que viajábamos por amplios boulevares hasta llegar a una zona residencial donde el lujo era el común denominador, para ese momento las luces de las amplias avenidas se habían encendido ya. Después de subir por unas colinas entramos a una área todavía más exclusiva si eso era posible. Sólo había grandes y lujosas mansiones alrededor.

¡Vaya que era despistada!... tres años y no se me había podido ocurrir que seguramente mi amor viviría ya en una de esas grandes mansiones. ¿En qué estaba pensando?

-Terry, ¿vives... aquí?

-Aún no llegamos, pero estamos ya muy cerca.

-Todo esto es, en verdad lujoso...

-Es sólo algo que he podido pagar, -dijo sin ningún tipo de presunción y con una sonrisa triste agregó: -que de algo sirva estar lejos de los que amo, ¿no crees Candy?...

-Sí... y supongo que no es difícil acostumbrarte... -dije sin poder evitar un tono de reproche en mi voz.

-No lo veas de esa manera amor, sólo que aquí tengo la comodidad y privacidad que había perdido ya en mi departamento. Si hubiera podido conservar la modestia de ese lugar junto con la calma que ahora poseo, te aseguro que me habría quedado a vivir allá. Pero me resultaba imposible, cada que podía asomarme por la ventana me encontraba con situaciones parecidas a lo que sucedió hace un momento en el aeropuerto. Ni te imaginas la cantidad de quejas de los vecinos, el caos vial que se provocaba con los autos de las chicas estacionándose por todos lados.

Y dijo eso último arrepintiéndose al notar mi expresión. Sentí celos... cientos de chicas, todos los días estacionándose a las afueras de su casa para poder verlo. Imaginé tantas cosas... tendría que tener estómago de acero para no pasar corajes a cada momento.

-Puedo imaginarlo... debió ser realmente incómodo, es el precio de la fama, ¿cierto?.

-Creo que sí, pero no estaba obligado a soportar eso...

-Qué arrogante señor Grandchester...

-No es arrogancia Candy... pero tampoco era agradable vivir así.

Comparé su situación con la mía... aquellas ocasiones en las que ciertamente no tenía una multitud tras de mí, pero si llegué a asomarme por la ventana y ya fuera una serenata de Alex... o el tosco golpeteo en la puerta de Jack Hills que se creía el más gracioso y guapo de la clase (y vaya que lo era), el molesto claxon de Nathan Collins... que anunciaba su llegada como si mi deber fuese esperar por su inoportuna visita. Recordé las constantes e insistentes esperas de Daniel Farewell con un ramo de flores que en varias ocasiones me habían quitado de estudiar para algún examen o incluso la visita inesperada de Jonas y varios compañeros y amigos de la facultad que no me dejaron dormir... y ¡yo amaba dormir!. Entonces, por un momento me puse en sus zapatos, seguro tenía razón...

La camioneta se detuvo entonces, Terry salió primero y rodeó el vehículo haciendo la seña de detenerse a uno de los empleados que se dirigía a abrirme la puerta. Fue el mismo quien la abrió y extendió su mano para ayudarme a bajar del vehículo.

Ante mis ojos estaba una hermosa construcción, lujosa desde los jardines a nuestro alrededor hasta el camino de blancas piedrecitas que guiaban a la entrada. Había un par de pequeñas fuentes danzarinas, pinos y arbustos cuidadosamente recortados, grandes extensiones de un césped finamente recortado y recién regado. A lo lejos no se veía otra mansión vecina pues a pesar de la iluminación de las lámparas, la noche que ya nos rodeaba sólo permitía apreciar que aquellos extensos jardines lo abarcaban todo.

Los empleados tomaron los equipajes y nosotros nos fuimos tomados de la mano hasta entrar a la gran mansión.

Al llegar nos recibió una estancia gigantesca, con una moderna e impresionante arquitectura y un soberbio diseño de interiores, la elegancia se manifestaba hasta en el más pequeño de los detalles. De repente me golpeó de lleno esa sensación tan desagradable de no estar a la altura de un lugar, de un círculo social, de mi persona favorita en el mundo... del hombre que amo. Me sentí pequeña, me reproché mentalmente por dejar salir a flote la inseguridad que en el pasado me llenó de complejos alguna vez, por permitirle a esa parte de mi cerebro (a la que le gustaba atormentarme de vez en cuando) escupir las malas ideas de sentirme inferior.

-Terry, esto es hermoso... es espectacular, es... enorme...

-Y es todo tuyo Pecosa...

-Me siento extraña cuando lo dices así...

-No te entiendo Candy... -dijo deteniéndose en medio de la fastuosidad de la ancha escalera. -...vas a ser mi esposa, es natural que todo lo que poseo pase a ser de tu propiedad.

-Y te lo agradezco, no pienses que es necedad mía... pero, tal vez porque aún no soy tu esposa lo veo de diferente manera.

-El estar casados o no es un mero trámite, un formalismo. Tu eres mía y yo soy tuyo, por favor Pecosa, relájate.

Ese comentario me había desconcertado: "estar casados es un mero trámite, un formalismo"... digo, no sería el fin del mundo si nunca nos casábamos, pero en el fondo era algo que deseaba que ocurriera entre nosotros, mi plan no era sólo vivir con él o ser su pareja en unión libre, deseaba ese formalismo, ése trámite que me hiciera creer que todo lo que estaba sucediendo era cierto... enfoqué mi atención en seguir observando los detalles, no deseaba que Terry se diera cuenta de lo fuera de lugar que me sentía.

-Hay una galería... ¿puedo?

-Por supuesto, ya te dije que todo esto es tuyo...

Era la segunda vez que lo mencionaba, y no, no había manera de que todo eso fuese mío, si bien, empezaba a invadirme la angustia de que quizás ni el mismo lo fuera. La galería estaba repleta de celebridades, actores, actrices, músicos, directores de cine... Me llamó la atención que en todas esas imágenes él parecía estar tan cómodo, en su propio ambiente. Para nada se mantenía retraído; por el contrario, en todas ellas se le veía como un pez en el agua. Como si el Terry que yo conocía fuese definitivamente alguien más... alguien que no aparecía en ninguna de aquellas fotos.

-¡Tanta gente importante Terry!

-Todos los que están aquí son buenos amigos míos... podremos incluir los tuyos, desde luego.

-Los míos... no lo creo, nada de esto me pertenece Terry... es tu casa y... no me siento muy cómoda contigo repitiendo lo contrario.

-¿Por qué dices todo eso Candy? ¿por qué según tú no es tu casa?

-No lo es, por la sencilla razón de que todo esto lo has hecho tú con tu trabajo, con tu esfuerzo, nada he tenido que ver con tus logros... fueron tres años de estar lejos uno del otro.

-En eso te equivocas, -me contestó mientras atraía mi cuerpo al suyo y me miraba directamente a los ojos- todos mis logros tienen que ver contigo. Cada día de filmación, cada minuto frente a las cámaras estuve pensando en ti. Siempre has estado en mi mente mientras memorizo un diálogo, mientras estudio un personaje... siempre fuiste tú Candy... me imaginaba apareciendo en la pantalla y esperaba que en algún momento me vieras, en algún comercial... que dejaras de cambiar de canal como sé que acostumbras al encontrarme en algún programa. Esperaba que cada que me vieras, pensaras que era el hombre más seductor y atractivo que habías conocido en tu vida y que recordaras que seguía siendo tuyo...

Mi corazón debía creerle, me pedía que lo hiciera. Ya había llegado muy lejos como para llenarme la cabeza de tantas ideas, de imaginar que algo de lo que dijera no fuese cierto.

-Ven conmigo Pecosa...

Tomó mi mano y me guió hasta una especie de estudio. Tenía cómodos sillones, una alfombra gigantesca preciosa de esas que hasta remuerde la conciencia pisar, había una biblioteca y un fino y elegante escritorio; al fondo una enorme chimenea donde junto a un precioso piano se apreciaba una galería de fotografías más privada. Encendió unas luces que iluminaban exclusivamente aquél espacio y ahí estaba su familia; ésa era su galería personal, la de su vida privada...

-Aquí están los importantes, ¿ves?

Mi corazón se inflamó de orgullo, de una felicidad que de pronto me llenó y se quedó estacionada en mí. Ahí, en el centro de aquellas estaban nuestras fotos, las de nuestra historia... nosotros abrazados y sonriendo en el concierto de Keane, otra en el dolphinarium, otra que fue tomada por Patty alguna de las noches de pijamadas y una en especial, una copia de aquella fotografía donde dormía y se alcanzaban a apreciar con una nitidez asombrosa todas y cada una de mis pecas.

-Terry... ¡entonces todas las celebridades que has traído a tu casa han visto esta foto! ¡que vergüenza! -dije de pronto imaginando a los hermanos Hemsworth, Nicholas Cage, Brad Pitt, Di Caprio o Christian Bale enterándose de mis intimidades.

-Eso jamás Candy! Ellos han venido, alguna vez... pero nunca nadie ha entrado a este espacio. Esto es mío, sólo yo tengo permitido entrar aquí, como puedes ver ni siquiera hay acceso para el personal de servicio.

-¿Tú mismo limpias ésta habitación?

-En realidad no se ensucia y cuando comienza a aparecer un poco de polvo... pues si, yo me encargo.

Respondió al enseñarme la llave con esa sonrisa de lado. Me llevo a su habitación, una persona ya se había encargado de acomodar mis cosas en su lugar pues incluso mi ropa ya ocupaba un espacio en su propio vestidor. Me sentí muy apenada.

-Terry no es necesario...

-Candy, no estoy entendiéndote ni un poco. Eres mi mujer, eres mi vida, no eres una invitada en esta casa. Creí que ya no tenías dudas al respecto... si para que te sientas segura de todo esto es necesario que estemos casados, mañana mismo podemos hacerlo, sólo... que creí que querías una boda mejor planeada y no algo improvisado de un día para otro.

Bueno, ahora me sentía además de intrusa, como una tonta...

-No lo tomes a mal Terry... esto es un mundo muy diferente a lo que estoy acostumbrada.

-A mí también me costó acostumbrarme a todo esto amor, pero quiero que entiendas que no estoy bromeando. Te estoy abriendo las puertas de mi mundo pues aunque has estado lejos siempre has sido parte de él. Sólo, que no lo sabías...

Tomamos una ducha e hicimos el amor varias veces. La cama era increíblemente suave y enorme. No quise pensar en que alguna vez hubiese podido estar con alguien más en ese mismo lugar, debería empezar a creerle. Él me había dicho que todo el tiempo se mantuvo sin tener otras relaciones más íntimas y tendría que creerle. Yo había hecho lo mismo, así que no era imposible lo que decía.

Lo acompañé a los estudios, me llevaba de la mano sin soltarme presentándome a cuanta personalidad nos encontrábamos al paso, tuve que esperarlo en otras ocasiones en finas salas de estar mientras él se reunía a puerta cerrada con directores y empresarios. Siempre formal, con sus trajes de marca, su teléfono no dejaba de sonar, Matt su representante hablaba unas mil quinientas palabras por minuto y tenía siempre una agenda electrónica y una computadora portátil para usarlas en todo momento. Hasta entonces no habíamos intercambiado mucha plática él y yo, pero dado que en algún momento nos quedamos solos, tal vez por necesidad comenzamos a platicar.

Un par de días de acompañarlo, de ir y venir en un principio me había parecido otro mundo, uno muy interesante, distinto radicalmente al mío, todo era VIP, fashion, todo era lleno de una magia que no alcanza a traspasar las pantallas en esas series y programas de entrevistas. Al final del día con todo y su magia empezó a parecerme abrumador. Comíamos en exclusivos restaurantes, de repente teníamos alguna invitación a pasear en Yate o a fiestas de sus amigos. Pero Terry agradecía y se negaba a cuanta propuesta le aparecía enfrente.

-No tienes que negarte a todo, no quiero cambiar tu rutina o tu estilo de vida. Sobre todo si quieres que conozca tu mundo, creo que una buena opción es entrar en él y no sólo quedarme de pie en el umbral... ¿no crees?

-¿Y si después piensas que soy un libertino?

-No sucederá, si estoy aquí contigo es porque en tu esencia siempre has sido el mismo... ¡además, no es pecado que mi novio y futuro esposo tenga amigos tan feooosss!

-Jajajajajaja... no estás hablando en serio Pecosa...

Dijo mientras desabotonaba su camisa, tomaríamos una ducha pues más tarde debíamos asistir a un desfile de modas del que Terry era invitado especial. Aún no entendía el porqué, pero me entusiasmaba mucho con la idea de presenciar uno de esos glamorosos eventos.

-Claro, que el que tengas amiguitas tan bellas, no termina de convencerme... -y recordé las fotografías que tenía en su galería donde la señorita Lawrence y Taylor Marie figuraban por mencionar algunas.

Me miró de repente... no sé porqué razón me pareció la visión más atractiva que había tenido hasta entonces de él. Estaba de pie despojándose de sus pantalones y se detuvo en lo que hacía para mirarme atento. Su mirada era intensa, sonrió divertido y terminó de quitarse las ropas para caminar hacia mí. Ya no veía todo lo demás, sólo sentí su mirada en mis labios y sus ojos azules hipnotizándome como nunca antes.

-Voy a quitar esas fotografías, ya se cuáles te incomodan, lo noté en tus ojos mientras las observabas y en tu casa no habrá una sola cosa que te desagrade mi amor. Incluso... pueden tener si tu quieres el mismo final que las que encontraste en mi habitación en Texas.

-Terry... no es eso, es que...

-Basta de quejas señora Grandchester, basta de sentirse insegura. Te amo Candy, te amo como no amo nada en este mundo. Si tu quieres puedo dejar todo esto, si me lo pides me voy contigo a donde tú quieras y hago de ahora en adelante lo que tú decidas.

-Jajajajaja, ¡Terryyyy! espera...

Sus manos me recorrían completa, me abrazó a su cuerpo y mi piel ya desnuda también hacía contacto con su torso. Repartía besos a lo largo de mi cuello y hombros, llegó hasta mis labios y otra vez me invadió con su boca.

Tomamos la ducha hasta buen rato después y de nuevo en la ducha hicimos el amor varias veces.

El enorme jacuzzi parecía no querer dejarnos ir. Pero recordé las palabras de su representante:

-Es importante que estés presente Terrence...

Terry lo miraba no muy convencido pero a final de cuentas aceptó. Ya deberíamos estar listos y seguíamos escurriendo agua jabonosa.

-No quiero ir...

-Te estarán esperando.

-No me convencen sus argumentos señora Grandchester...

-No deseo ser el motivo por el que Matt me vea como la mala influencia que ha venido a quitarte de cumplir con tus deberes Terry...

-Tienes razón, vamos... sólo que...

-¿Pasa algo?

-No, nada en realidad. Vamos, anda.

Lo notaba nervioso, nos vestimos y arreglamos a prisa. Llevábamos varios minutos de retraso pero de cualquier manera ya íbamos en camino.

-Te ves guapísimo...

-Y tu eres una diosa amor.

-En verdad, ¿crees que estoy a la altura? -Mi cabello seguía un poco húmedo, no había tenido tiempo de ir con uno de esos famosos estilistas de Hollywood, pero Terry me había dicho que no me preocupara, que era hermosa así con ese peinado improvisado.

-Mucho más hermosa que todas las modelos de la pasarela juntas...

-Estás jugando conmigo, ¿verdad?

-Dime una cosa... ¿cuándo te volviste tan insegura? siempre fuiste para mí un ejemplo de cómo sonreír sin tener pena de nada. Cuando me enfrentaba ante un público enorme o ante las cámaras, pensaba en ti, en la seguridad que siempre tuviste en ti misma y eso me inspiraba para imitarte...

-Creo que tu mundo es el que me hace sentir chiquita...

-Pues este mundo es sólo apariencia Candy, es lo que vende. Vendemos imágenes e historias que mueven a la gente... hablando de historias, hay algo que debo decirte...

Su mano apretó ligeramente la mía, lo sentí nervioso.

-Dime Terry...

-En el desfile estará presente Taylor Marie... no deseo que te incomodes, ella es una persona tranquila, es muy linda, respetuosa y especial. Por la amistad que tenemos me atrevo a asegurar que la conozco bien y se que no es una loca de esas que vaya a molestarte o hacerte pasar un mal rato, lo digo porque tal vez en algún momento nos toque hacer alguna presentación juntos... o te salude, no sé. Sólo quiero que sepas que ella es tranquila, de no ser así, no me habría presentado y lo habría arreglado con Matt para que mi presencia no fuera necesaria esta noche.

Un malestar en mi abdomen se hizo presente. No deseaba conocerla o saludarla siquiera. Pero ya era tarde para eso y no sería yo un problema para Terry. Me comportaría a la altura; sólo esperaba que en verdad no fuera una de esas locas obsesivas que fingen ser blancas palomas y a la hora de la verdad se transforman en Chucky.

-Por mí no te preocupes y si tanto confías en que ella sabrá comportarse... pues todo estará bien.

Me miró y sonrió, yo le devolví la sonrisa sintiendo unos celos profundos por la manera en que se había expresado de ella.

Por fin llegamos a la pasarela de modas. Cientos de personajes no menos que atractivos desfilaban interminablemente delante de mí y la pasarela aún no comenzaba. Terry todo el tiempo me tomó de la mano y sonreía con orgullo cuando alguien se acercaba a nosotros. Me presentó con algunas cuantas personalidades de la T.V. que nunca en mi vida imaginé tener tan cerca, al grado de apreciar las imperfecciones en la piel que en pantalla jamás son visibles.

Yo miraba hacia todos lados, buscándola con discreción, en algún lugar debería estar... no sé. Incluso había saludado a otras varias modelos, todas ellas lucían figuras espigadas, vestidos untados, maquillajes perfectos, peinados exquisitos, lacios de impacto, ellos hasta en ropa casual lucían looks impresionantes, como salidos de algún catálogo.

El momento llegó y con una seña de Matt el representante, mi novio me dejó en uno de los lugares de el frente. Me tocó sentarme increíblemente junto a Oprah Winfrey... ¡No podía creerlo! La mujer era de lo más simpática y amable, tomó mi mano y me dijo al oído:

-Eres afortunada, Terry es de los mejor portados en este medio, corazón.

-Gracias...

Entonces lo vi ahí, apareció hasta el fondo del largo pasillo de la mano de ella. Se me olvidó poner a salvo mi corazón en su estuche o ponerle el caparazón de acero. Respiré profundo, sólo era trabajo, nada más que trabajo.

Él y Taylor Marie caminaron sonrientes hasta media plataforma mientras hacían la presentación del desfile de modas.

Observarla ahí junto a él... era mucho. El dolor abdominal había vuelto y mi corazón latía furioso en mi pecho. De nuevo la mano de Oprah en la mía dando un apretón.

-¡Hey chica! ¡cambia esa cara, eso no significa nada! ¡Vamos, ése es tu hombre mi reina. ¡Sonríe, sí señor, sonríe!

Y sonreí, era verdad... Terry lucía espectacular, las luces sobre él, sobre ella, todo el ambiente los rodeaba de una atmósfera especial. Cuando pasó frente a mí, desde lo alto caminó con paso seguro y me guiño el ojo al tiempo que me sonreía.

Las luces se apagaron y sólo quedaron iluminando la pista. Unas pantallas gigantes mostraron los logotipos de la prestigiada marca de ropa y la música comenzó. (Alef - Sol) (Imany - Don't Be So Shy . Filatov & Karas Remix) Las pantallas permitían apreciar los detalles que a simple vista no podrían ser observados. El primer plano de su rostro se quedó grabado en mi mente. Era hermosa.

Creí que ella no sería parte del desfile y eso me ponía nerviosa, pero al observar bien, la encontré con sus largas piernas avanzando y modelando; ahora sabía que estaba igualmente apresurada con sus cambios de ropa y poco o nada podría acercarse a mi hombre. A él podía verlo, escuchaba atento lo que decían los grandes empresarios dueños de la marca. Su representante estaba en todo momento con él.

Casi a medio desfile empezó una melodía (Stoto - Still Can't Sleep .Original Mix) Terry me sonreía y yo no dejaba de observarlo. Pero en un momento miré hacia una de las pantallas y ahí estaba él, eran escenas de playa y aparecía en una especie de video clip con ella, con Taylor... corrían junto a las olas tomados de la mano, en cámara lenta. El viento jugaba con sus cabellos y él la levantaba en el aire. Ella obviamente modelaba en las diferentes tomas los bikinis, pero mis ojos no podían enfocarse en otra cosa que no fuera la nula distancia entre sus cuerpos semidesnudos.

Al final del video él la levantó mientras la sostenía de sus piernas, ella rodeó la cintura de él con ellas y se besaron.

Oprah no dijo nada, pero sentí su mirada y hasta ella permaneció en silencio. Yo no deseaba ver más. Contuve el llanto, sería una ridiculez de mi parte llorar por eso a medio desfile de modas, pero me costaba mucho conservar la calma. Evité mirar hacia donde estaba él y recuerdo que mordí con fuerza mi labio hasta que una fuerte punzada en él me hizo detenerme.

¡Demonios! Tenía que irme de ahí...

Y estaba a punto de hacerlo, sólo que una mano de nuevo apretó la mía. No era Oprah, era él, Terry.

No escuchaba mucho de lo que decía, el volumen de la música era un tanto elevado, pero algo me decía muy dentro de mí, que debía resistir. Esto iba a ser el pan de cada día y si no podía soportar esto, definitivamente mi vida junto a él no podría ser.

Sentía su mirada sobre mí y no decía nada. Ya no era necesario. No tenía porqué disculparse, ése era su trabajo. La respuesta estaba en mí, podía o no podía con esto.

La pasarela terminó y después fuimos a una recepción. La fiesta se llevó a cabo en una de las grandes mansiones de alguno de los empresarios. Los jardines estaban iluminados, decorados y ambientados para dar continuidad de alguna manera a la publicidad en la marca de la ropa. No todos los asistentes a la pasarela fueron invitados, en cambio llegaron muchos más famosos al lugar.

Conocí irremediablemente a Taylor Marie. En algún momento de la noche tenía que ocurrir y eso fue durante la recepción en los hermosos jardines.

-Tú debes ser Candice...

-Sí, soy yo... -respondí con la mejor de mis sonrisas. -¿Y tú eres...? -fingí no tener idea de quien estaba frente a mí.

-Taylor Marie. Amiga de Terrence.

La chica lo miró y me extendió la mano para saludarme.

-Pues mucho gusto...

-Sí, lo mismo digo...

Ambas nos sonreímos ligeramente, falsamente, nos dimos un apretón de manos más diplomático que cordial y con la mirada nos dijimos ambas muchas cosas.

Los días se fueron volando, había estado más de una semana en California y Miami me esperaba con infinidad de pendientes por arreglar.

Esos días en el mundo de Terry habían sido desgastantes, llenos de citas, de trabajo, de lujo, de glamour, a pesar de los inmensos jardines y de la enorme y preciosa piscina nunca tuvimos el tiempo para disfrutarlos. Esos días habían sido sobre todo de decisiones importantes. Miré mi dedo y todavía conservaba un anillo de compromiso abrazándose a él, pero supuse que ser esposa de un famoso y atractivo actor lentamente desaparecería la sonrisa de mi rostro. No era cosa fácil lidiar con la gastritis y los celos. No era para nada sencillo ver en pantalla gigante cómo el hombre que amas devora a besos a una despampanante modelo-actriz o lo que sea a la vez que le prodiga caricias "fingidas" en un video clip.

Regresaba feliz a Miami al constatar personalmente el éxito y fortuna que mi amor había logrado con su propio mérito. Desde Londres recientemente les habían notificado que tenían ciertas herencias y propiedades esperando por ellos al estar emparentados con familias de la nobleza del otro continente, pero a Terry nada de eso parecía importarle, pues había hecho lo propio.

Regresaba triste a Miami al darme cuenta que por mucho que lo amara me sería muy difícil hacer a un lado la cuestión laboral de la emocional. No podía compartir sus besos, ni su cuerpo en escenas actuadas. No quería que otras lo tocaran o abrazaran... no quería que él tocara a nadie que no fuese yo.

Cerré mis ojos y respiré profundo, recordé la última noche de fiesta en L.A. la música sonaba como siempre a todo volumen, (Feder feat. Alex Aiono - Lordly) lo buscaba entre todas las personas, sólo había ido al tocador un momento. Pero al salir me convencí de que, ese mundo al que mi amor me había abierto las puertas para entrar no era tal vez lo mejor para mí.

No hacía nada malo, sólo bailaba... sólo hacía su papel de estrella, de centro de atención, papel que le salía a la perfección a decir verdad.

Recuerdo que se quitó con dificultad el saco, no soltaba su bebida por ningún motivo. Una de ellas acariciaba su espalda mientras él aflojaba su corbata, la que estaba frente a él alborotaba su cabello y reía divertida al ver el gesto de puchero que Terry le dedicaba. Se movían contoneando su cuerpo muy cerca del suyo. Sentí que las piernas se me adormecían, estaba enojada, en verdad molesta, decepcionada, fastidiada y cansada de todo aquello. Pero después él me miró y me sonrió. Dejó todo a un lado, tomó su saco y caminó hacia mí.

-Vamos a casa Pecosa... necesito mi dosis de realidad.

Todo el camino fuimos en silencio. Entrelazó su mano a la mía y pensé en rechazarlo, pero me contuve. Llegamos a casa y parecía haber dejado atrás el aturdimiento.

Abrí mis ojos y miré por la ventanilla. El sol iluminaba las nubes bajo la aeronave y pintaba el cielo de amarillo, un amarillo intenso. Cerré los ojos de nuevo y recordé los suyos mirándome fijamente...

-Candy, nunca vas a ser una segunda opción.

-Definitivamente tampoco la primera. Mira todo esto Terry, has logrado demasiado y en muy poco tiempo. Yo...

-Candy...

-Déjame terminar. Es que, no estoy hecha para esto, en verdad no puedo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas, los míos ya las habían liberado.

-Terry... no puedo pedirte que escojas entre tu trabajo y yo, porque no quiero ni soy capaz de hacerlo. Simplemente, creo que nuestros mundos son muy distintos... y el tuyo, no cabe en el mío, es así de fácil.

Y mis palabras tenían todo, menos la facilidad en ellas, me había costado mucho trabajo decir todo eso, soltar la verdad aunque pesara en el alma... pero lo hice.

Tomé mi vuelo de regreso a Miami, a mi rutina y a mi nada increíble e impresionante vida. Tenía el firme propósito de terminar mis estudios, quizás iniciar mi especialidad, fundar ése Hospital cerca del Hogar de Pony que Billy me había prometido financiar, ¡tenía tantos planes! una juventud y una profesión que amaba y que pronto podría aprovechar al máximo para ayudar a tanta gente. Tenía que tener un plan bien trazado en caso de subirme a la balanza de Terry y no pesar más que Hollywood.

Entonces se apoyó en mi hombro, tomó mi mano y la besó.

-Te amo Pecosa...

-Creí que dormías.

-Sí, dormí un poco, pero soñé que tratabas de huir de mí y aquí me tienes... tomando tu mano, asegurándome de que te quedes conmigo.

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Continuará...

GRACIAS! A todos por la espera y su apoyo. Un abrazo grandeeee!