Creí que jamás lograría escribir más de quinientas palabras para este capítulo. XD. Se que me van a odiar, pero, aunque due dificil escribir al principio, bueno, salió natural al final. A ve si le apuro con el 21, porque esta historia se acaba en el 25, ¡y Lilamedusa se muere por volver a Medianoche! Si les interesa, acabo de poner el capítulo número 10.
Wow, tengo cosas que decir de este capítulo, pero no quiero decir nada, así que más comments al final, ¿vale? Dedicado a Mera-chan, que me dió una firma preciosa de mi muy amada Kikyou y porque la adoro, y a Mizuno Gina y a Amy porque las adoro igual. De hecho estpa dedicada a tdos quienes quieran la dedicatoria, ¡porque hoy Lilamedusa los ama a todos!
Xenophilius: Pfft, a esta ya se le quemó el coco... o.O
Disclaimer: Lilamedusa es feliz con no tener Naruto. ¿Quién quiere un manga machista en su propiedad? Si quiern imaginen que Hinata es Kikyou y Sasuke, Inuyasha, y nos libramos de la carga de Kishimoto. ^.^
Your Embrace
Capítulo 20
Miedo.
Estaba oscuro, la casa sola y yo, más que miedo, más que fiebre, más que nada, tenía miedo. Tenía tanto, tanto miedo. Miedo por mi, miedo por mi hermano, miedo por mi tío. Miedo por toda mi familia descansando en el fondo de la mar, muerta. Miedo. La luna era nueva esa noche, la luna era nueva y mis ojos negros eran incapaces de ver las estrellas, obstruidos por un río de lágrimas que lo impedían, y entonces todo era oscuro y borroso.
Y más que nada, más que nada, tenía miedo, porque mi familia estaba muerta, y yo solo era un niño de ocho años que no tenía ni idea de que iba a pasar, ni idea de que iba a ser de mi.
-¿Quiere hacer el favor de no dormir en mi clase, Uchiha-san?
Alzo la mirada, abriendo los ojos y encontrándome con un par de ojos blancos derritiéndose con preocupación por mí. Centro mi atención en las blancas orbes durante los segundos que pasan antes de que su dueña, con esa expresión tan familiar ya y tan indescifrable se gira, regalándome una visión de su espalda. Mierda. Agitó mi cabeza, deshaciéndome de la confusión que me causan las acciones de la chica e intentando deshacerme del estopor que últimamente es mi dueño.
-Como digas, Kakashi-murmuro entre dientes, centrando la vista en el pizarrón y concentrándome en mantener los ojos abiertos.
No solo estoy lleno de este cansancio terrible que se apodera de mis párpados y la mayoría de mis articulaciones, también tengo la mente llena de pesadillas y un dolor de cabeza que derribaría hasta a Berserker. Cansancio, pesadillas, dolor de cabeza y dos hojas llenas de ejercicios con vectores. Y estas ganas de golpear algo, alguien, de gritar y solo ganas de… correr y correr. Correr hasta que esté tan lejos que no tenga que ver la cara de nadie más nunca más, ni cabellos rojos, azules, naranjas, rosados ni rubios… ni ojos rojos, morados, azules, verdes, y no blancos. Especialmente no blancos.
Quiero correr hasta donde nada parezca nunca más estar al alcance de mi mano, donde no tenga que estirarme solo para encontrarme con una ilusión que corre entre la nieve y se hunde entre miles y miles de millones de litros de agua salada. Quiero largarme de aquí para no tener ya que resolver problemas de física. ¿Por qué llevamos física en sexto semestre? Ningún otro colegio lo hace, pero el instituto Sarutobi no se conforma con Física I y II, necesita Física III y IV, y no contentos con ello, es la clase que compartimos con su salón.
-Hey, Hyuuga-san, no entiendo esto. ¿Podrías ayudarme?
Siento mis uñas clavarse en la palma de mis manos ante la visión. Parece que nuestro pequeño juego con Karin, el que culminó la semana pasada en frente de su edificio con un beso, y que se vuelve cada vez más intenso, no va a pasar sin contra ataque de parte de Suiguetsu, que no hace más que pedirle ayuda a la pobre Hinata, que siempre sabe todo del tema y no entiende nada de lo que está pasando. Tipo idiota… si la toca…
-Etto… ¿Está bien si trabajamos con Sai-kun?-contesta ella con otra pregunta, un pequeño sonrojo en sus mejillas.
Después de mil preguntas sin contestar después de la pequeña escena frente a su apartamento, Suiguetsu decidió el mejor método de acción que, curiosa y estúpidamente no incluía pedirle a Karin que anduviera con él, sino irse a por Hinata, resultando en que ahora las miradas de odio intenso entre ambas son ahora mutuas. Como me fui a meter en este lío de idiotas, escapa de mi mente. Debí haber estado sintiéndome particularmente idiota ese día. Aunque claro, de cualquier manera, los días son últimamente más como una sucesión de idioteces que de horas y minutos.
Más tardo Hinata en sacar su libreta de física que Karin en llegar a la mesa con la suya, dispuesta a empezar una muy empalagosa sesión de estudio.
-Esto es tu culpa-declaro, haciéndola saber que es una idiota.
Ella suspira como para hacerme saber que lo sabe y empieza a resolver los ejercicios con Jyuugo. Yo los resuelvo por mi cuenta, de cualquier manera, nunca he sido bueno para el trabajo en equipo. Si tan solo no estuviera tan cansado… parece ser que tomar en un bar hasta las tres de la mañana y seguir a sujetos idiotas no es lo mío. Al menos, no estoy tan acostumbrado como parecen estarlo Jyuugo, Suiguetsu y Karin.
Y los residuos del alcohol, y la resaca, y el sueño, el cansancio y todo parece girar en mi cabeza como un remolino. Teorías de gas somnífero, de bombas electromagnéticas, de drogas en el capitán, mi hermano controlándolo todo y los ojos confundidos y asustados de quien fue, es o nunca fue mi novia. Acabé los ejercicios, todos tan mal que Karin tuvo que corregirlos. Agradecí el toque del timbre y la salida del salón de Hinata, su presencia es como un detonante para llenar mi cabeza de tonterías,
-Sasuke, necesito hablar contigo-se escucha la voz perezosa de Kakashi
Yo asiento, quedándome atrás y dejando que Karin y Jyuugo vayan adelante, perforando con la mirada al idiota de Suiguetsu saliendo con una sonrojada Hinata. ¿Por qué demonios se sonroja por todo? Era divertido cuando se sonrojaba para mí, pero es absurdo si lo hace con cualquiera. Que niña más estúpida y absurda. Cuando sale el ultimo alumno del salón, un muy atolondrado Naruto Uzumaki, me giro hacia Kakashi, esperando un sermón por mi comportamiento en clase.
Tampoco es como si yo quisiera quedarme dormido, simplemente pasa. Simplemente estoy cansado. Y frustrado.
-Supongo que ya te habrás dado cuenta de que tus calificaciones van en picada.
Yo no digo nada, solo asiento, de nuevo. La verdad es que no, no me había dado cuenta. Después de todo, jamás he hecho un gran esfuerzo, y no lo estoy haciendo ahorita, no veo porque deba haber una diferencia, pero la mirada desaprobatoria tras el único ojo visible de Kakashi hace obvio que si están bajando. No entiendo cual es su obsesión por cubrirse prácticamente todo el rostro. Debe tener unos dientes horribles.
-Seamos francos, ¿estás tomando drogas?
-Claro que no-replico, molesto.
-Tengo entendido que tienes problemas con tu novia-empieza, y yo le dedico una mirada asesina.
Me dedica una mirada significativa que me hace ver entre líneas el nombre de Hinata. No estoy dispuesto a hablar de eso. Bastante humillante es saber que me veo lo suficientemente mal como parecer un drogadicto. No necesito que piensen que es por ella.
-Karin y yo estamos bien-respondo yo, fingiendo aburrimiento.
Fingiendo es la palabra clave. Me siento como un venado bajo la mira de un cazador. Odio sentirme la presa.
Pero no se la traga. Sé que no se la traga. No sé cómo le hace cierta raza extraña de humanos chismosos para saberlo todo, pero Kakashi, aun detrás de sus novelas pornográficas, parece siempre saberlo todo. Hasta el más mínimo detalle de las relaciones entre alumnos del colegio parece ser de su conocimiento, y su tapada nariz metida en mis asuntos es todo menos agradable. Su tapada y pervertida nariz. Le dedico una mirada que dice claramente 'no te metas en mis asuntos', y su mirada en respuesta me dice que hablar de Karin fue lo que me delato. Demasiado fuera de mi personalidad hablar de asuntos personales como mi 'relación' con mi 'novia'.
Mierda.
-¿Es todo?-pregunto.
-No. Es la última vez que te recibo un trabajo hecho por una compañera-finaliza él-. Puedes irte.
Salí bufando y mirando mi cuaderno. Karin. Había corregido mis ejercicios mal hechos con su letra, que, redonda y perfecta, no asemejaba en nada a las patas de araña que son mi letra. Si iba a hacer trampa, si quiera debía aprender a hacerlas bien, sobre todo si va a ayudarme y sobre todo si se supone que es mi novia. Vaya novia inútil resultó ser. Salgo del salón tras recoger mis cosas de mi escritorio, tarea particularmente difícil si se nota que la gente jamás tiene cuidado al caminar. Alguien había tropezado, por accidente sin duda alguna, con mi escritorio, dejando caer mis pertenencias al piso.
Obra del inútil amigo perro de Hinata, Kiba, que está convencido que lo que sea que sucedió entre nosotros dos es total y completamente mi culpa. Como si fuera yo quien la ahuyentara con la mirada o algo, cuando es ella la idiota que se pone a temblar en cuanto está cerca de mi. Actitud que, entre más lo pienso, más anormal me parece. NO hize nada, nada para hacer que ella me temiera así, estoy seguro. Se que estaba borracho, pero también sé que no hicimos nada que ella no quisiera hacer.
Y su maldita actitud me está volviendo loco, como si no fuera suficiente con todo el rollo del idiota de Itachi y el bastardo de Orochimaru, y las noches sin dormir, y el alcohol y los bares, y colarme a medianoche entre los documentos de la empresa en compañía de los nada discretos Suiguestu, Jyuugo y Karin, con sus colores de cabello. Lo peor es que mi primera impresión de Jyuugo fue, desafortunadamente, echada abajo cuando un día llego con el cabello inexplicablemente naranja. Al parecer lo estaba dejando 'descansar' o algo parecido, pero ahora quería sus colores de nuevo. Trío de idiotas. Juro que si intentan pintarme el cabello los asesino a los tres.
-Teme, ¿se puede saber que está mal contigo?-pregunta Naruto, y yo me doy cuenta por vez primera que llevaba casi cinco minutos simplemente mirando un garabateo de mi libreta, abierta por la caída.
-¿Vienes a golpearme de nuevo?-pregunto yo en respuesta, molesto con él.
Él pareció pensárselo por un momento, luego se agachó y me extendió algunos lapiceros, que estaban en el piso. No eran míos, así que los tomé y los deje en una butaca. Él me mira con sus grandes ojos azules de idiota, es obvio que tiene algo que decir. También es obvio que no sabe como empezar.
-No-dice al final-. Aunque te lo mereces. Has estado actuando como un idiota, últimamente.
Yo suspiro. No tengo ganas de pelear, pero es tan fácil caer en sus provocaciones. Solo hay que contar hasta diez. Solo hasta diez.
-Eso parece-respondo yo, intentando ser sincero. Se me había olvidado lo fácil que es actuar así con Naruto.
Parece un momento lejano, antes de que él se fuera y yo me enterara de la verdad sobre mi familia. ¿Qué era lo que hacía tan fácil simplemente desahogarme con este idiota? ¿Qué decir? Me dolió que me golpeara, más que nada porque no me lo esperaba. Así como no esperaba tanta efusividad de Hinata hacia él, no cuando llevaba días evitando hasta mi mirada. Estaba celoso, ese golpe lo cagó todo. Y claro, ni que decir del beso. Estúpido beso. Si tan solo no lo hubiera repetido al menso unas diez veces más desde entonces.
-Escucha, hay algo mal con Hinata-dice él y yo me pongo tenso.
Me recuerda que no quiero hablar de ella. Que ella no importa, no debería importar. No quiero correr tras de ella toda la vida, y no me importa. Las razones que parecían tan fuertes para estar furioso con ella parecen desvanecerse cuando pienso que está en problemas. Es una estupidez, una completa estupidez.
-No me interesa hablar de ella.
-¿Quieres hablar de tu nueva novia entonces?-pregunta él, enojado- ¿De verdad tienes que estar con esa? Pensé que Hina-chan te importaba.
-Hyuuga no tiene nada que ofrecerme-murmuro yo, molesto.
-No pensabas lo mismo cuando te cagabas del miedo porque ella te podía odiar-responde él con sorna.
Fue la gota que derramó el vaso. Habíamos estado alzando las voces, pero eso me cagó. No quiero hablar de ella. ¿Qué tan difícil era eso de entender? No sé que me pasa, pero en el instante en que dijo eso, le solté un puñetazo. Había demasiadas cosas en mi mente.
-¿Cuál es tu problema, teme? ¿O se te olvidó que hace un mes parecías un perrito atrás de ella?-continua él, obviamente disfrutando hacerme enojar- Golpeas como niñita.
-¡Vete al carajo, Naruto!-le grito, golpeándolo de nuevo.
Lo ataco de nuevo, pero el me esquiva, una, dos, tres veces. Es como estar envuelto en un remolino, no hay forma de para, no una vez que empiezas. Así me siento de pronto, un remolino de imágenes pesadillas y ojos blancos, con el chico expiatorio perfecto. Antes de que nos demos cuenta más que un remolino de imágenes es uno de golpes, patadas y empujones. Llevamos siglos sin pelear así. Desde que eramos niños, de hecho. Extrañaba la sensación, pero esto no es lo mismo. Esto no es igual que entonces.
¿Por qué? No lo sé… tal vez, porque esto es en serio.
Y la cabeza me duele como la chingada. El remolino de golpes de nuevo es uno de imágenes, y veo el rostro preocupado y confundido de Naruto antes de caer al suelo, inconsciente.
Estaba en un cuarto oscuro, y mi mirada estaba fija en la ventana que no dejaba que se colara la luz. En medio de las cobijas una pequeña versión de mi no dejaba de llorar. Reposaba entre los brazos de una mujer de largo cabello negro, que lo tenía entre sus brazos. Yo la miraba, seguro de que la conocía. Llevaba un largo abrigo para el frío y el cabello húmedo hasta el hombro, suelto y cayendo en largas cascadas que cubrían su pálido rostro.
El Sasuke que ya no quería quedar en la ventana, yo, se acercó a ella. La tome de la mano, y noté que estaba fría como el hielo. Ella alzó la mirada, y sus ojos eran blancos como la nieve, dilatados por el terror. Sus pies estaban congelados. Ella se soltó de mi y del pequeño Sasuke, que se derritió al instante. La mujer de ojos blancos salió corriendo, y yo corrí tras ella. Al salir, ella estaba refugiada en los brazos de un sujeto alto, de cabello negro también hasta el hombro, solo que recogido en una coleta, y grandes ojeras.
-Itachi… no la toques…
Y tras ellos, todo se hundía. Él la arrojó por el muelle, o algo que parecía un muelle, pero cuando alargué la mano para ayudarla… ella se encogió con miedo, cayendo al vacío, y cuando intenté aventarme con ella, tras ella, por ella, ya no había muelle. No había nada más que un campo interminable de tumbas blancas con el emblema Uchiha, y mi hermano estaba a mi lado, sosteniéndome, porque si él no lo hacía, yo hubiera caído al piso, y en lugar de romperme, me hubiera derretido, como mi hijo sin el suave tacto de Hinata.
-¡NO!
Sudando. Llevo mi mano a mi frente y estoy sudando. Sudando e hirviendo. La persiana estaba semiabierta, dejando que algunos rayos de sol se colaran en la habitación que era completamente blanca. El techo, las paredes, la lámpara. ¿Por qué pintaron todo el cuarto de blanco? Sé que la pintura blanca es más barata, pero esto es ridículo. Parece un manicomio o algo. Sentada en una silla a lado de la puerta, recargada contra la pared y con los ojos cerrados, está ella. Sus manos reposan en su estómago, y eso me recuerda que no usamos protección.
¿Es eso suficiente para que me evitara y me temiera como lo hace? No tengo idea, no tiene sentido. Ni si quiera es mi culpa, no por completo. Ella también estaba ahí, si tanto le importaba la protección ella pudo haber hecho algo. No puede ser eso, Hinata no es idiota. El idiota soy yo, respirando regularmente por verla ahí, tan estúpidamente pacífica. Sintiéndome mejor por ella. Hace no tanto tiempo, estuvimos en la mismas posiciones, solo que contrarias, y yo estaba despierto.
Pareciera una eternidad, una eternidad desde el día en que la encontré lastimada en la acera. El día en que Naruto la encontró, más bien. ¿No fue eso después de que aplasté su celular? Lo más seguro es, que en estos momentos lo lleve en la mochila, o en alguna bolsa de su chamarra. ¿Por qué insiste en usar esas chamarras enormes en lugar de las de su talla? Qué extraño… verla dormir me da sueño. Si pudiera traerla conmigo, y dormir como hicimos esa vez…
Estaba de nuevo en el cuarto. Sali de él, cobijando de nuevo a la chica de piel de porcelana de nuevo, podría enfermarse otra vez, y era lo ultimo que quería en el mundo. Horas como esas, sin saber si estaba bien, escuchándola llorar en sueños, llamarle a él, suplicar a su padre y pedir por su hahahue habían sido como una pesadilla. Salió del cuarto a la cocina, donde se encontró con cuatro sujetos, pero ellos no lo veían. Porque él era pequeño, lo suficiente para escabullirse debajo de la mesa y sacar las galletas de chocolate que quería llevar a Hinata. Era una misión, una misión secreta.
Itachi estaría orgulloso de él. Tomó las galletas y se escondió tras el sillón. La araña que era la lámpara de techo en casa de su abuela siempre le había dado miedo. Sasuke odiaba a las arañas. Y odiaba a las serpientes, odiaba a todos esos bichos rastreros.
-Tal vez si usáramos brea para cubrir la hendidura. Es lo suficientemente débil para desprenderse después de unas horas-sugirió una anciana.
Había también un sujeto de cabello largo y puntiagudo, otro que bien podría ser una momia y un anciano escondido en la oscuridad. El sujeto de cabello largo despreció la sugerencia de la anciana con un gesto de desdén.
-La pregunta es si unas horas serán suficientes. Deberíamos emplear algo más resistente.
-Pero correríamos el riesgo de que no sea lo suficientemente débil y no se desprenda en lo absoluto-replicó la anciana.
El sujeto del cabello largo alzo la mano, pidiendo silencio.
-¿Quién anda ahí?-cuestionó.
No hice ni un sonido, me estaba muriendo de miedo tras el sillón y aunque no tenía idea de que hablaban parecían gangsters, parecían los malos de la película. Sasuke no quería ser parte de una película. El tipo momia se levantó y checó tras la puerta. Nada. Los demás descartaron el sonido como un animal. La casa era vieja, después de todo y yo suspiré aliviado. Me detuve a medio suspiro por no querer hacer ruido.
-No creo que hacer un agujero y taparlo sea precisamente discreto-se oyó una nueva voz.
Y luego los brazos de la araña dorado del techo se extendieron, tomándome de los tobillos, el helado cae al piso, y se extiende por toda la habitación. Los ancianos se derriten ,dejando tras ellos un montón de vendas y en la nieve corre Hinata, horrorizada, tiene miedo y lo sé, conozco la expresión, conozco sus ojos blancos vacíos. Cada día me acostumbro más a ellos. Ella me miró con sus ojos, y yo vi que algo caía entre sus piernas. Era sangre, muchísima, y entre el río de sangre se asomaba el rostro de mi madre, que pedía a Itachi.
Todos estaban ahí, mi madre, mi padre, mis tíos, mi nana, mis tías, mis primos, y con la misma cara fría y sin sentimientos pedían lo mismo: todos querían a Itachi con ellos.
-Es solo una pesadilla, Sasuke, solo una pesadilla. ¡Despierta!-grita una voz muy cerca, una voz aguda y desesperada-¡SASUKE!
Abro los ojos y me encuentro con los ojos dilatados por el miedo de Karin. No lleva pupilentes, pero su color natural de ojos es muy parecido a los pupilentes rojos. Una especie de marrón rojizo. Alzo la mano hasta mi frente, sigo hirviendo. Y sigo en la enfermería. Y por alguna razón me duele todo, desde la cabeza hasta los pies. En especial ciertos puntos en el pecho. Maldito Naruto. Miro su expresión desesperada. ¿Qué se supone que tiene? ¿Cuál es su problema? Estoy harto de las mujeres y sus rostros llenos de miedo, como si yo fuera a arrancarles la cabeza de repente, o a comérmelas vivas. No soy un monstruo.
-Quítateme de encima Karin-digo con molestia, empujándola.
-Eah, ¡no le hables así bastardo!-exclama él, enojado.
Ella lo mira encantada, pero yo molesto.
-Hago lo que se me da la gana. Es mi novia, ¿te acuerdas?
-¡S-S-Sasuke!-tartamudea ella.
Odio los tartamudeos, odio a las niñas idiotas que tartamudean. Estoy harto de eso, de sus dudas, de sus nervios, de todo eso que no entiendo. ¡Carajo! ¿Por qué chingados me duele tanto la cabeza!
-No empieces con tartamudeos y lárgate. No los soporto.
-¿Te recuerdan a tu ex novia?
Lo mire con desprecio. No era su asunto. Lo que paso con Hinata no es asunto de nadie, es humillante es estúpido. Me hundí hasta el suelo por ella, estoy harto de ella. No la soporto ni un segundo más. No quiero oír a nadie hablar de ella, no cerca de mí. No quiero ver su rostro sonrojado, que se sonroja igual si soy yo que si es cualquier otro. No me interesa su vida que es de todos, ni sus estúpidas amigas que me prefieren a mí, ni su bola de perritos falderos. Que se vayan todos a la mierda.
-Te gusta el material usado, ¿Eh Suiguetsu?-me burlo, con ganas explicitas de joder.
¡Si tan solo mi cabeza dejara de pulsar!
-Seguro que ahora quieres a Karin también.
-¡Sasuke!
-¿No te dije que te largaras?
-¡Que no le hables así bastardo! ¡No tienes ningún derecho sobre ella!
-¿Y tú sí?-me burlo de él.
Tal vez así me deje de joder. Que se vayan a algún lado a coger juntos. No necesito a estos idiotas, no necesito a su estúpido y gigante amigo de pelo naranja, ni al estúpido rbio que prefiere a esa idiota antes que a mí, ni a Haruno que se largo con el perro, ni a Itachi, que mató a todos. No los necesito, me las arreglo yo solito.
-No me interesa ningún derecho sobre ella-alega él, molesto. No está pensado lo que dice. Este idiota la caga y la vuelve a cagar.
El idiota se parece demasiado a mí.
-¡Estoy aquí!-grita ella, enojadísima, roja de coraje.
-Pues deja de actuar como si lo quisieras entonces. Lo que pase entre nosotros no es tu puto asunto. ¿Quieres largarte Karin? ¡Y llévate a tu amigo contigo!
-Come pito Sasuke-replica ella, azotando la puerta, y efectivamente, saliendo, a lo lejos, la escucho gritar- ¡COMAN PITO LOS DOS!
Suiguetsu miró la puerta. Sin pupilentes sus ojos no eran morados, eran más bien grisáceo indefinido entre el verde y el azul. Miro la puerta, frustrado, y pateó la cama, molesto. Por un segundo pienso que me va a golpear también a mí, solo golpea el colchón, y luego se talla los puños, como si tuviera frío. Es claro que quiere golpearme. Me vale. Que me golpee. ¿Qué debería hacer? ¿Suplicarle? No hay nada que hacer si me golpea, estoy en la cama, y tengo fiebre, y me vale madres todo, la verdad. A lo mejor un golpe me ayuda a despertar, porque me siento como dormido. Como si este no fuera yo, esta no fuera mi vida.
Mi vida era otra, en una gran mansión, con enormes limosinas y aun más enormes jardines. Yo corría en los jardines y la niñera corría conmigo, y juntos corríamos y jugábamos al twister con Itachi, y si se podía, con el primo Shisui. A veces venían más, más Uchiha, y estaban aquí todos, padre, mamá, Hikaku, Inabi, IZuna, Kagami, Obito, Setsuna, Tekka, Teyaki, Uruchi, Yakami y Yashiro, y estábamos todos juntos, y padre organizaba grandes comidas tradicionales en el jardín, y la mansión estaba llena de gritos, risas y llanto de bebé.
Y todo era irritante, y yo odiaba las fiestas. Odiaba tener que compartir a mi hermano con mis primos, odiaba los formalismos y vestirme bien para encontrarme con todos. Odiaba los besos de mi tía y las exclamaciones de '¡Cuánto has crecido!', que acariciaran mi pelo y se fueran a alabar las muchas virtudes de mi hermano genio. Lo odiaba con toda mi alma. Así como odiaba la mirada sorprendida de Naruto y Sakura cuando los invitaba a las fiestas, así como odiaba que Sakura se me echara encima, y me diera flores, y chocolates, y besos que siempre eran 'su primer beso', y que a mí me traía sin cuidado.
Odiaba el mundo antes del gran jardín llena de tumbas blancas con grabados de un abanico Uchiha, lo odiaba casi tanto como lo extraño. Tal vez un golpe me devuelva a esa realidad, la que quiero que sea de nuevo mi realidad. Tal vez no me regrese nada y cuando no esté hirviendo y me pueda poner de pie golpee el trasero de Suiguetsu y de Naruto. Solo necesito algo que me diga que esto y las pesadillas no son la misma cosa.
-¿Sabes porque tienes fiebre? Porque no comes, no duermes y solo tomas-explicó Suiguetsu-. A tu amigo, Uzumaki, lo suspendieron una semana por golpearte. Te van a hacer un examen de drogas. ¿Sabes qué? Ojalá te mueras de temperatura y vayas a acompañar a toda tu familia que llamas cada vez que cierras los ojos. Deja de joder a Karin porque tú eres un pendejo.
Sale del cuarto azotando la puerta, y el sonido penetra hasta la parte más profunda de mi cerebro, haciendo eco. Alcanzo a saludar a su madre muerta antes de que se desvanezcan sus pasos en el pasillo, y me quedo solo con mi rabia y mis ganas de golpear a alguien, de gritar y de que me dejen en paz. Es todo lo que quiero, que me dejen en paz, las voces de mi familia, la confusión respecto a mi hermano, que me dejen solo sus ojos blancos, y los ojos negros de los muertos, las voces y los sueños.
Knock, knock.
¿Así se describe que alguien toco la puerta? Yo no contesto nada, y me acuesto, fingiendo dormir. Knock, knock suena de lo más pendejo, como un mal chiste de la vieja Inés. Quien sea el hijo de puta que quería seguir fastidiando volvió a tocar. Y yo volví a quedarme callado. Tengo temperatura, me duele todo el cuerpo. No he dormido en días, no he comido en días. Tengo la peor cruda de la historia. ¿Qué tan difícil es dejarme solo?
-V-Voy a pasar-avisó la voz, casi un canto.
Tartamudeando. Y yo pensando en que su tartamudeo es como campanas. No quiero ver a esta idiota. No la quiero ver ni en pintura, mucho menos en 3D. ¿Sigue siendo la fiebre? ¿Por qué no se larga?
-S-Sabía que esta-estabas d-d-despierto-comenta ella-. E-eres d-d-de lo m-m-más terco.
No me está mirando a los ojos, la muy idiota, y la poquita rabia que se había ido con su presencia regresó al doble. Y estaba tartamudeando. Jamás, desde que la conozco, jamás ha tartamudeado tanto. Tengo fiebre y no me puedo ni mover. ¿Exactamente que le da tanto miedo?
-Largo de aquí.
Ella me mira con sus ojos blancos, cruzando por primera vez nuestras miradas, pero desviándola de inmediato. Sé que está pensando lo mismo. Aquí fue donde cruzamos miradas por primera vez. Ella se había desmayado por maldecirme en inglés, y yo la había visto dormir. Y la había visto despertar y clavar sus ojos blancos en mis ojos negros, y todo parecía una película cursi de las que a ella no le gusta ver, y todo era como el inicio de una linda historia. Y que chingue a su madre ella, porque no estoy de humor para empezar ni acabar ninguna historia.
-Y-yo, tengo c-cosas q-q-que exp-exp-explicarte-tartamudea ella de nuevo, jugando con sus dedos, y mirando al suelo.
¿Qué tan difícil es mantenerme la mirada?
-Largo de aquí-repito.
-¡P-pero Sasuke!-alega ella, esta vez tartamudeando menos, pero sin verme a la cara.
-¡No me interesa escucharte!-exclamo, alzando la voz.
-T-tú dijiste…-se detuvo a ella misma, dudando, me miró un momento, deteniendo sus ojos en mis labios y luego en mis ojos.
Me mira un microsegundo, porque el miedo se dibuja de inmediato y aparta la vista.
-¡Dije que no me interesa escucharte!-grito, ya molesto por sus miradas tontas, su tartamudeo, su miedo-¿Crees que me importa tu puto problema? ¡Te largaste y eso es todo! No te ves esquelética ni nada, así que estás bien, no estás muerta, y como no me has dicho nada, no estás embarazada. No me interesa saber nada más de tu existencia, tengo cosas más importantes que hacer. Largo de aquí, que me duele la cabeza.
Y ella, con sus hombritos temblando, se sale del cuarto, y la suavidad con la que cierra la puerta logra lo que dos azotones no lograron: rectificarme que soy un idiota.
Pero, después de todo, ella también.
Gracias por leer. ^^
No me odien, no me odien, no me odien. ¡Cuatro capítulos más y se acaba el drama! Que decir, este capítulo no venía tan heavy en la descripción (20. S. Sasuke pelea con Naruto. Naruto es suspendido, Sasuke acaba en la enfermería. Sasuke pelea (verbalmente) con Suiguetsu. Hinata quiere platicar con él, él la manda por un tubo. Sasuke se va con Karin), pero mis dedos estaban animados para escribir eso, hehe. Pero en fin, ni de broma voy a dejar a mi bienamada Karin cerca de Sasuke ni un momento más, no0o. Así que, a ver si logro SuiKa desde Hinata's pov. XD
Lilamedusa
