Cáp. 19: "Alguien en quien pensar"

por Saku

Tras haber huido de Cracia, el grupo se dirigía ahora hacia Melis Karl.

Menos que mal, tenían sus pertenencias y se hallaban enteros. Solo Cristina y Tyra habían resultado algo heridas a la hora de salir, pues el fuego las había dañado ligeramente; pero bastaron unas cremas y el vendaje apropiado para que todo estuviera bien de nuevo.

Koru se había quedado muy inquiero con respecto a Elia, desconocía su paradero y le preocupaba que se hubiese metido en algo grave. Durante gran parte del camino se la pasó mirando el cielo por si le llegaba una carta o un mensaje; sin embargo trató de disimular, y se obligó a sí mismo a dejar de contemplar el horizonte con frecuencia.

Todos caminaban a paso tranquilo cuando Zul olisqueó el aire.

-oigan –llamó - ¿por donde estamos ya?

Torom miró el mapa, tardó unos segundos en divisar el lugar y señalarlo con el dedo índice.

-Estamos… no muy lejos del cruce de dos ciudades comerciales. ¿Porque la pregunta?
-Si me concentro, puedo olfatear una gran cantidad de gente mas adelante.
No te asustes, cachorrito –dijo Kuro jugándole los cabellos a Zul como a un niño. –Si ocurre algo, yo te protejo –exclamó adoptando una poce de vigilante y abrazando a Zul por la cabeza de forma torpe.
-¿en cerio harías eso, mi vida? –inquirió el chico lobo con grandes ojos fingidos.

Todos echaron a reír en ese momento, para con llevar más la situación Zalakin tomó su violín y a un lado de Koru tocó una melodía "romántica".

Lo que los chicos no notaron, fue que mientras ellos reían la cantora de Sibel se alejaba discretamente del centro del grupo. A una distancia prudente. Se sentó debajo de un árbol y se sacó los zapatos para aliviarse un poco del bochornoso calor. Inconscientemente puso su mano sobre su vientre y reaccionó.

"Ya ha pasado una semana desde que se que Ludovico sigue vivo, desde que se que tendré un hijo, y desde que… se que debo entregar mi sangre si quiero pasar la siguiente prueba."

Su mente se detuvo por un instante, el viendo corrió con fuerza y ella tuvo que detener sus cabellos para que estos no le estorbaran la vista. Aquella era la primera vez en mucho tiempo que se sentía tan perturbada.

Con un pequeño chillido retraído, la señorita Cristina dobló el dorso de su cuerpo y comenzó a llorar, se tapó la cara con las manos y pidió a los dioses que los demás no la vieran; En efecto, nadie la observaba desde ahí. Invadida por la tristeza, se levantó de su lugar y caminó internándose en el bosque.

Con dificultad logró llegar a un claro donde se sentía libre de llorar con la fuerza que su corazón le decía.

Toda esa semana había estado encerrada en si misma tratando de pensar que hacer. Y aun más importante por el momento, disimular lo suficiente para que ninguno de los chicos se diese cuenta de lo que estaba pasando.

Ludovico estaba vivo, no era precisamente el mismo, pero era él. Su esencia aunque borrosa, permanecía, luchaba por existir, y ella no podía reencontrarse con él.

Entre el silencio, escuchó unos pasos que la regresaron en sí.

-¿Señorita, Cristina,

-

-¿está usted bien? –Era Zalakin. Tenía solo segundos viéndola llorar.
-Si… - se esforzó por decir con la voz quebrajada. –No es nada… -afirmó con un poco más de fuerza.

Zalakin la miró de espaldas e intentó sonreír, darle ánimos, quería poder hacer algo por ella.

-Señorita –dijo con voz queda.

Cristina no contestó, luchaba por contener sus lágrimas y no mirar al bardo, porque si lo hacía sabía que rompería a llorar de nuevo.

Él le tocó el hombro y le levantó la cara con delicadeza.

- Escúcheme –pidió. Cristina tragó saliva – estoy seguro, de que él jamás tuvo la intención de lastimarla, él nunca hubiese querido dañarla de esa manera. –Callaron un par de segundos. –Lo que hace no se puede excusar, pero tampoco juzguemos. En su lugar, trataría de pensar la manera de ayudarlo y comprenderlo. Ayudarse a sí misma también.
- ¿Qué? ¿Cómo? –preguntó con una dejo de esperanza en los ojos. Zalakin no tenia la respuesta que ella esperaba, pero si una que necesitaba en ese instante.
-Primero que nada, desahogarse, aproveche que los chicos no nos molestaran en al menos una hora.

Cristina abrió los ojos cual niña que no entiende de que se está hablando, pero, si en algo tenía de razón Zalakin, era que debía dejar de encerrarse en si misma.

La cantora abrió la boca como si quisiera decir algo con mucha fuerza, sin embargo, nada coherente salió de sí, solo se abalanzó sobre Zalakin llorando y llorando como sus ojos le permitían. Zalakin crispó los puños de impotencia, pero suspiró tratando de calmarse, y lo hizo. Abrazó por la espalda a Cristina y la consoló.

No era mucho lo que hacía, pero de forma sutil le ayudaba bastante.


-solo la estas dañando, Ludovico…

-Te dije que no lo hicieras, pero bueno, es tu problema.

-Ludovico realmente está afligido, Muctuc, ¡esto parece una novela de amor!
-Déjalo, después de todo, desde el principio siempre ha sido su culpa.
-Desde el principio…
-Jeje…

-¡Miren! ¡un grupo de gitanos! –anunció Lyra emocionada.
- Tengan cuidado –anunció Zalakin –no todos los grupos de gitanos son de fiar. Algunos son embusteros o ladrones y unos Casanova de primera.
-Lo dice por experiencia, seguro –bromeó Torom por lo bajo. Solo los más cercanos a él pudieron escucharlo.
-¿Podemos ir? –preguntó Lyra a su novio.
-Pues… no estoy seguro. –comentó el chico un poco tímido.
-No creo que haya algún problema –aseguró Torom.
-¿Qué? ¿Derdim tratando de divertirse un poco? Esto debe ser una especie de broma –comentó Zul divertido.
-Solo serán unos minutos.
-¡Bien! –exclamó Koru. Echando a correr.
-¡Vamos, Shikot! –exclamó chica jalando al muchacho.
-¡Pero no tan rápido Lyra!

Zalakin llevó a Cristina y Zul se quedó a un lado de Torom, este ultimo abrazando a su esposa.

-¿Zul, podrías ir? –inquirió el ex mercenario por lo bajo.
-¿Necesitas algo?
-Quiero hablar con Tyra a solas, por favor.
-Esta bien. –contestó suspirando. –pero no vayas a hacer mucho ruido, ¿eh?

Torom lo miró un poco colorado y el hibrido se alejó sonriendo de su broma.

- Tyra, necesito hablar contigo antes de que llegamos a Melis Karl.
- claro –contestó sonriendo.

Torom se la llevó a un lugar no muy apartado, donde pudieran hablar en paz, cerca de las carpas de algunos gitanos que estaban actuando. Se podía distinguir a la distancia como los demás chicos, quienes bromeaban y hablaban entre si, se divertían amenamente olvidándose de la inmensa responsabilidad que ahora tenían entre manos.

- ¿Recuerdas que te dije que había salido de mi casa para descubrir quien era en realidad? –Tyra ascendió con la cabeza como respuesta. –Bueno, la raíz de esto es un poco complicada, y tú debes saberla antes de que llegamos ahí.

La llevó hacia un lugar más silencioso, el ruido del lugar estaba interviniendo con su plática y para Torom lo mejor era ser discreto y sincero.

- La vez que decidí irme de aquel lugar fue porque había tenido problemas serios. Accidentalmente maté a un compañero. – suspiró un momento. Tyra permaneció callada en señal de respeto. –Después decidí emprender un viaje.
-¿Eso era lo que querías decirme? –preguntó en tono comprensivo a su esposo.
- No, hay algo más. –respondió con seguridad. –Antes de irme elaboré unas cartas de despedida, y una de ellas era para mi mejor amiga, y mi novia en aquel entonces… –dijo avergonzado. - …, en la carta dije que regresaría algún día, y que la seguiría amando. – miró entonces a Tyra y le tocó la mejilla con una caricia suave. –pero jamás imaginé que encontraría al amor de mi vida tan cerca de mi.
-Temes que ella te reclame.
-No es solo eso lo que temo –admitió alejando su mano del rostro de Tyra. –Temo que pudiera decirte o hacerte algo.
-Seguro ella comprenderá.
-Eso espero, cariño. –Dijo Torom mientras le besaba la frente. Ella le correspondió amablemente.
-Por lo pronto, creo que debemos relajarnos un momento. ¿No crees?
-Si a ti te complace, a mi también.

Tyra se lo llevó de la mano por otro lugar del teatro callejero, los chicos se divertían viendo como un hombre escupía fuego por la boca y formaba figuras en el aire con el mismo elemento a la vez que unos acróbatas hacían malabares y una linda chica encantaba con sus exóticos bailes a los visitantes y curiosos de alrededor. Para Koru todo consistía en mirar baratijas de un lado a otro y si se podía, ocasionalmente robarse una (lo cual le resultó imposible porque los gitanos tenían buen ojo para los ladrones y porque su hermano le reprochaba siempre que veía al oportunidad).

Zul jugueteaba con el dinero que le había dado Shikot (tras mucho rogarle), y miraba entre las curiosidades que veía Koru sin que nada le causase alguna impresión o deseo de gastar su dinero.

Deambulo por los alrededores con más ánimos de dormir que de divertirse, aun andaba un poco cabizbajo; no fue sino hasta que se recostó sobre un árbol y se relajó, que entonces un aroma que le pareció vagamente familiar llegó a él.

Abrió los ojos con velocidad y miró a su alrededor; solo veía un conjunto muy grande de muchas y muy variadas personas y el rastro que sentía era algo lejano, arrastrado por el viento.

Comenzó a hacerse paso por la multitud, buscando a esa persona. Ni siquiera notó cuando Koru se le acercó jugando y comenzó a ofrecerle compartir un par de botas que había hallado en el mercadillo.

Siguió buscando alrededor, esperando encontrarla. Chocó con varios individuos de manera muy apresurada, pero no le importó, finalmente tropezó y de no ser por sus reflejos casi cae al suelo de bruces.

Entonces levantó el rostro y la vio. Era ella, tan fresca como hace años, tan alegre, tan frágil y lejana. La chica estaba de espaldas a él, pero su olor era todo lo que necesitaba para saber que se trataba de la misma persona.

De repente ella se volteó, riendo, pues estaba con unas compañeras. Los ojos de ambos se cruzaron, Zul ya estaba de pie y le pareció ver a la misma niña, o tal vez, casi la misma niña de hacía años.

-¿gusta un dulce de coco? –preguntó sonriéndole.

Tras varios años, al fin se encontraba con su media hermana.

-Joven ¿Se encuentra bien? –preguntó algo preocupada al notar como la miraba.
-Ah, sí, sí, disculpe. –reaccionó al fin.
- Mire, se que no es una cicatriz muy bella, pero por favor, deje de mirarme así, me resulta ofensivo. –dijo ella en un tono más serio.
-Perdón, no quise ofenderte. –se disculpo lo más caballeroso posible. –es solo que… me recordaste mucho a alguien.
- Seguro que esa persona no tenía una cicatriz como esta –respondió la joven señalando las quemaduras del lado derecho inferior de su rostro. Lucía apenada, o tal vez ese era su temperamento.
-Se que sonará grosero, pero. ¿Qué le ocurrió?
-Fue hace muchos años. –dijo volteando la mirada. –un accidente… Mi madre murió en el.
- ¿Qué? –preguntó un poco espantado. La noticia de la muerte de su madre le pareció lejana y confusa; casi tan aplastante y repentino como caer de lleno en un charco de agua helada a mitad de la noche. –ah… lo siento… -contestó tratando de mantener la compostura.
- No se preocupe. –dijo ella ignorando lo que Zul sentía y ya más tranquila. -¿gusta uno? –esta vez le ofreció su sonrisa como a cualquier cliente.
-Si, claro.

Intercambiaron el dinero y el dulce.

-Me alegra que al menos tú estés bien. –susurró para si.
-¿Perdone, que dijo? –inquirió ella
-Que le vaya bien, y perdón por la molestia.

Zul se dio media vuelta y se retiró comiendo su dulce.

-Al menos, Remilia está bien. –dio para sí, mientras se alejaba conteniendo un nudo inmenso en la boca del estomago.

Tras haber desaparecido entre la gente, ella aun seguía mirando el camino por el que Zul se había marchado. Una amiga se le acercó y le echó una mirada extraña un momento.

-Remi ¿tu conoces a ese sujeto?
-No, la verdad es que no tengo la menor idea de quien es…
-¿y como fue que le comentaste todo lo que le ocurrió a tu madre?
-No seas tontita, es un completo extraño. No voy a comentarle mi vida en un isntante.–bromeó
-Pero le dijiste lo de tu cicatriz, y la muerte de tu madre.
-Si… lo hice…
-¿Por qué? –inquirió curiosa y algo confundida a la vez.

Remilia calló por un momento.

-No lo se… Creo que me recordó un poco a alguien…
-¿A quién?
-No lo se, a un sueño al vez.

En los interiores del castillo, sin importar la hora del día, la luz siempre se hacía tenue y muy opaca. La única luz disponible era la que las velas encantadas brindaban. Y el silencio era tal, que hasta los chirridos que emitían las ratas para comunicarse entre sí eran audibles en todas partes.

Agustín hizo rechinar los goznes de la puerta que daba al jardín, pues había estado todo el día jugando a solas y ya se había cansado de ello.

Caminó hacia la nave principal del edificio hasta dar con las escaleras, tomo la derecha y continuó su camino, pues ya conocía casi de memoria el inmenso lugar. Se internó por un largo pasillo de cerca de veinte puertas y llegó al final de este, avanzó y nuevamente dio vuelta al mismo hasta dar con una puerta diferente de las demás.

El letrero de :"prohibido pasar", frente a la puerta, denotaba quien era el autor del mismo por su impecable caligrafía, sin embargo las puertas no tenían llave o cerrojo alguno. Tal vez por descuido o por el poder que la persona ahí dentro poseía en el castillo.

Agustín entró haciendo el silencio que podía, pero el eco permitía que se escuchasen claramente todos los sonidos existentes, aun los imperceptibles.

-Orfeo –llamó el niño.

Silencio, lo único que Agustín podía ver eran pilas y pilas de libros amontonados como un laberinto.

Si Orfeo no estaba en el laboratorio, seguro en la biblioteca, si no estaba en la biblioteca, solo podía estar en el baño, si no estaba en el baño, seguro dormía, y si no se hallaba en ninguna de las cuatro opciones anteriores, o había salido o eso no era posible.

-Orfeo ¿Dónde estas? –volvió a llamar.

Finalmente encontró a su hermana; la niña se hallaba entre pilas y pilas de libros que Agustín no supo si había leído ya, iba a leer, o ambos.

Orfeo tenía unas velas encantadas a ambos lados de ella, y leía con una emoción tal que sus labios repetían en palabras mudas todo lo que sus ojos veían.

-Orfeo –volvió a llamar Agustín.

Nada, la niña estaba en otro universo.

-¡Orfeo! –gritó.

Su hermana se había desconcentrado tanto que las velas se apagaron y cayeron a su lado.

- ¿Qué quieres? Estoy leyendo ¿no viste el letrero? –preguntó molesta. No le resultaba agradable que su hermano la molestara y la hiciese parecer como una idiota.
-Has estado todo el día aquí.
-¿y?
-Quiero que juguemos un poco. –Pidió.
-No, lo siento, estoy ocupada. –dijo reanudando su lectura.
-Por favor.
-No, ya déjame leer.

Agustín calló un momento mientras ella leía.

-Orfeo –volvió a llamar.

La niña fingió no oírlo.

-¡Por favor!
-¡No!
-¡Por favor! –gritó mientras unía sus manos como haciendo una plegaria.
-¡No!
-¡Por favor! –gritó de nuevo, esta vez arrodillándose.
-¡No!
-¡Por favor! -gritó, y se hincó.
-¡No!
-En ese caso voy a… a…
-¿a qué? –inquirió ella mirando molesta a su hermano.
- Voy… a tirar esta pila de libros –dijo poniendo un dedo con mucho cuidado sobre una temblorosa y larga fila de libros amontonados sobre si.
-No te atreverías –lo desafió ella segura de que su hermano no lo haría.

Originalmente no lo hubiera hecho, pero el rostro de su hermana lo hizo decidirse; cerró los ojos e hizo un gesto despreocupado y empujó la pila de libros, Orfeo usó su magia para evitar que estos cayeran, pero cuando los detuvo, Agustín ya estaba empujando otra pila y así y así sucesivamente. Hasta que solo quedaba una pila de libros en pie y Orfeo luchaba por sostener las todas.

-No lo hagas

Fue tarde, Agustín empujó los libros y al caer ocasionó que la concentración (ya aturdida) de Orfeo se borrase y tirase todos los demás libros que había logrado contener con magia.

Agustín no pudo evitar echarse a reír al ver como todos los libros caían a la vez. Era lo más divertido que había hecho con su hermana desde hacía semanas.

- ¿¡Viste eso?! ¡Se cayeron todos! –exclamaba entre carcajadas. -¡Orfeo! – gritó a su hermana. –Deberías reacomodarlos todos y volverlos a tirar, ¡Fue estupendo! Jajajaja.

Mientras el chico se reía de lo lindo, Orfeo se enfurecía cada vez más y más. No solo por haberle ocasionado perdida de concentración y hacer caer los libros, si no porque estos estaban en un orden que solo ella conocía y que le había costado mucho trabajo acomodar.

Sin darle tiempo a nada, Orfeo crispó los puños con fuerza hasta que sus pequeñas uñas dejaron marcas rojizas en su piel e invocó una magia similar a manos de energía que sostenían a Agustín por los brazos. El niño dejó de reír y comenzó a sollozar pidiendo clemencia a su hermana.

-¡O-Orfeo! Me lastimas.
-¿Crees que los libros son juguetes? ¿Qué yo estoy para jugar contigo todo el tiempo?
-¡Lo siento, ya suéltame por favor!
- Te comportas como un niño todo el tiempo, solo te interesa jugar y jugar y no te preocupas de nada más. ¿No ves que todo lo que estoy aprendiendo es muy importante?
-Orfeo, Me duele –sollozaba con temor.
-Cuando digo que pares tienes que parar, ¿entendiste?
- Orfeo, me estas asustando. –exclamó. Orfeo lo sostenía de tal forma que ahora sus pies dejaban de tocar el suelo y sus brazos, detrás de su espalda, dejaban de sentirse. –Mami…
-¿Es todo lo que sabes decir? ¡Mami, mami, mami! ¡Ni siquiera es tu verdadera madre y ya está muerta!
-¡¡Me duele!!

Pero Orfeo no se detuvo, tras el grito de Agustín se oyó un sonido de desgarre proveniente del mismo, los ligamentos de uno de sus hombros se habían dañado y Orfeo reaccionó soltándolo enseguida.

-Agustín, yo…
- ¡Me lastimaste! –gritó llorando. -¡Eres una tonta, Orfeo! ¡Siempre crees que lo sabes todo, todo el tiempo! Solo porque sabes de magia y esas cosas crees que lo puedes hacer todo y te crees una adulta y eso… ¡Es mentira!

Orfeo iba a disculparse, pero que la llamen mentirosa y falsa adulta era un insulto serio.

-No es mentira, yo sé muchas cosas que tú no sabes y entiendo perfectamente los planes del maestro y de todos –alardeó molesta.
- ¡No es verdad! ¡Tú no sabes nada! –Chilló Agustín con unas inmensas lágrimas en los ojos. –Ni siquiera sabes porque haces todo esto, solo mientes.
-¡Claro que no miento!
-¡Si mientes!
-¡No miento!
-¡Pruébalo!

Hubo silencio un par de segundos y solo se escuchaban los sollozos de Agustín por el dolor de su brazo bueno.

-Si no mientes pruébalo.
-Dime como.
-¡Has algo de adulto, y hazlo tu sola!
-Y-y-yo sola… -temió un momento.
-Ya sabía que te daba miedo. –dijo Agustín sin tono victorioso.
-¡Yo no tengo miedo y tampoco soy mentirosa!
-¡Pues ve y atrapa a esos niños que tanto vigila Muctuc!
-¿Qué? ¿a los ocho?
-¡A los que sean!
-¡Lo haré!
-No lo harás, eres una tonta y una mentirosa que cree que lo puede todo.
- ¡Vas a ver! ¡Te probare que soy un adulto que sabe mucho más que tu, pobre niñito ignorante! –dijo apuntando a su hermano con el dedo índice. –Es más, empacaré ahora mismo, vas a ver que tú eres el que se equivoca.

Orfeo salió de la biblioteca maldiciendo entre dientes y dejando a su hermano solo y herido, aun sollozando.

-Se cree una adulta, pero es una niña muy tonta.

-Creo que ya debemos movilizarnos –comentó Shikot viendo el mapa. –ya llevamos más de una hora aquí.
-Pues continuemos. –señaló Torom.

Koru vio como Zul llegaba al lugar, como broma le arrebató el dulce que tenía en su mano.

-¡Matanga!
-¡Dame eso, Koru!
-No sabía que te gustaban los dulces de coco.
-No me gustan…
-¿Derrochaste tu dinero en algo que no te gusta?
- Claro que no –dijo mientras trataba de sacarle a Koru el dulce de la boca; pero finalmente se rindió y dijo: -¿sabes qué? No importa, atragántate. Igual y no lo necesito, no me gusta, y aunque no me lo comiera se iba a echar a perder. –Cerró los ojos con apacibilidad y se retiró a recuperar sus cosas del suelo.
-Zul, te estás volviendo aburrido. –le dijo Koru.

El chico hibrido solo sonrió ante ese comentario.

-¿Crees que le pasa algo a Zul, Torom? –preguntó la pelirroja a su esposo.
- No lo sé; ha estado algo extraño desde que salimos de Cracia. –dijo sin despegar los ojos de Zul. –no te preocupes, voy a hablar con él.
-¿Están listos para irse? –inquirió Zalakin.

Todos contestaron que si estaban listos y comenzarán a retomar su camino hacia Melis Karl con una cantidad un poco más grande de víveres y algunas monedas menos.

Pero mientras ellos continuaban tranquilamente su travesía, una niña se escurría por los arboles, unos metros más adelante.

Se había transportado de manera silenciosa y por medio de magia; ahora planeaba una forma de "capturar" al entrometido grupo que caminaba hacia ella.

El viaje y todo había sido un éxito, excepto por el pequeño hecho de que había olvidado como capturaría al grupo. Tras mucho meditarlo, encontró una zanja en el suelo (con la que por poco tropieza y cae) y decidió que atraería al grupo hacia la misma y los haría caer.

Se alejó unos metros y empleó un hechizo de viento, mientras abría una pócima que contenía un somnífero muy poderoso y esperó.

Era el plan perfecto. Los chicos llegarían caminando cerca de la zanja y antes de que pudieran notarla, el somnífero los haría caer en ella.

Si, era el plan perfecto, y solo tenía que esperar….

-¡Hey, Zul! –llamó Shikot
-¿me hablaron? –preguntó el aludido.
-Te estas yendo por otro rumbo, no te alejes.
-Ah, lo siento. –se disculpó mientras agarraba camino de regreso al grupo.

Tyra miró a Torom con un dejo de preocupación y esté le besó la frente a modo de respuesta; Se alejó de ella y se acercó a su amigo. Torom apuró el paso para caminar al lado de Zul. Al ver su rostro preocupado, decidió no mostrarse burlón e irónico como solía ser con él pues sabía que el alma del mestizo estaba en un profundo conflicto.

- Hace tanto tiempo que no te veía esa cara- Torom dibujó una breve sonrisa que inmediatamente se desvaneció al notar que los ojos grises de Zul carecían de brillo. Supuso que el chico no le había prestado un mínimo de atención y le zarandeo cariñosamente por el hombro. -¿Hay alguien ahí?
-¡Ah, Torom! -dijo Zul mirándolo de repente. -perdón, no te escuché, ¿decías algo?
- La cara que tienes- El ojiverde frunció las cejas y su cara se convertía en un bloque de hielo, salvo sus ojos que seguían destilando calidez.- No me gusta para nada .
- No es nada -sonrió. - es solo que últimamente me estoy encontrando con muchas cosas de mi pasado y de mi mismo… y lo único que hacen es, bueno… es… -pero no concluyó su frase. Finalmente miró a ambos lados, como esperando a que nadie escuchase lo que diría.

-Hoy me encontré con mi media hermana...

Torom se turbó un poco, al menos eso notó su amigo en sus pupilas pero no hizo ademán de más. Antes de pedirle alguna explicación el espadachín también bajo la mirada y le dio una palmada en la espalda y le susurró:

- Zul, si tan mal te sientes, no lo ocultes con una sonrisa- y se adelantó unos pasos a paso firme.

Zul lo miró alejarse a su amigo, este lo volteó a ver sin detenerse.

-Te estás tardando, ¿sabes?
--jeje. -rió. –Eres un idiota, Torom.

Zul emprendió marcha para seguir a su amigo, sin embargo, un aroma en el ambiente lo distrajo.

"¿será posible?"

Se preguntó a sí mismo.

-Eh… ¡adelántense! –dijo mientras se fajaba bien las correas del arco y el carcaj lleno de flechas.
-¿A dónde vas Zul? –inquirió Torom.
-Creo que hay algún… animal salvaje por aquí, jeje. –mintió, no quería asustarlos, pero tampoco quería mentirle a sus amigos.
-Voy contigo, puede ser peligroso –se ofreció el ojiverde.
-No, no se preocupen, estoy bien. –señaló el hibrido algo apurado.
-¿Gustas que te esperemos? –inquirió Lyra amablemente.
-No, no, adelántense, no quiero retrasar a nadie.
-Al contrario –señaló Cristina –si alguien retrasa aquí sería yo.
-No diga eso, señorita. –le pidió Zalakin.
-¿ya estas mejor, Cristina? –inquirió Tyra.
-Si, si, no se preocupen.
-Bueno, Zul, vas a querer que te esperemos… ¿Zul? –inquirió al viento Torom. Pues Zul ya se había marchado hacía algún tiempo.
-No sabía que podía huir así. –comentó Zalakin.
-Nosotros tampoco, nos acabos de enterar. –confesó Torom.

-Estoy seguro de que la olí por acá.

Zul se había internado en la profundidad tullida del bosque, algunos arbustos estaban tan cerca unos de otros, que Zul se rayó un poco la piel con las ramas de los árboles y pinos que habían en su camino.

Sin embargo, y a pesar de haberle costado trabajo, llegó a un claro en el que divisó a una pequeña figura encorvada mirando algo.

-¡Te encontré! –Zul corrió hacia ella, y se encontró con algo que no se esperaba.

La pequeña Orfeo estaba dormitando en una posición incómoda y entre sus manos tenía un frasquito cuyo contenido era desconocido para Zul.

- Otra vez esta niña… ¿Qué demonios hará aquí? –Zul no quería molestarla, pero tenía que averiguar que hacía en ese lugar sola. -¿hola? –le dijo sacudiendo ligeramente su hombro. Orfeo susurró algo que Zul no entendió, y finalmente suspiró pensativo. –Bueno, supongo que dejarte aquí sería incorrecto, voy a tener que llevarte conmigo.

Levantó a la niña con ambos brazos, en realidad, resultaba más ligera de lo que él hubiese esperado.

-Bueno, supongo que andarás perdida.

No obtuvo respuesta de nadie, Orfeo simplemente se acurrucó más entre los brazos Zul. Este la miro con algo de sorpresa y no pudo evitar incomodarse y virar a otro lado un poco apenado sin siquiera saber porque.

- Oh bien, deberé buscar otro camino para volver… -miró a su alrededor y vio una brecha por la que podía pasar cómodamente, sin embargo, comenzó a sentirse un poco mareado.

Caminó de regreso, pero el olor que despedía el frasco que Orfeo tenía comenzaba a marearlo. Optó por tirar el frasco al suelo, pero aun así se sentía cansado y su vista se tornaba nublada.

A pesar de eso, continúo caminado, pero el cansancio lo vencía, y coincidentemente eligió el camino por el que Orfeo había previsto que la zanja estaba. Sin darse cuenta, calló en ella casi instantáneamente. Trató de evitarlo sosteniéndose de la saliente, pero la caída era más profunda de lo que se imaginaba, y lo único que pudo hacer al caer fue contener a Orfeo fuertemente contra su pecho para que no se dañara.

La caída fue abrupta y Zul cedió ante el esfuerzo y el golpe.

Un poco más tarde Orfeo se levantó algo mareada, al descubrir que no había luz en el lugar iluminó a su alrededor con un hechizó y observó a su alrededor. Al sentir algo blando debajo de ella miró al suelo y notó que Zul estaba debajo de si, entonces, intimidada por el cuerpo inerte de Zul se alejó lo más rápido posible de él.

- ¿Dó-oooo-donde ee-e-estoy? - dijo mirando para todos lados, intentando recordar lo último que paso. La niña toca la pared y trata de aclarar su mente – Cálmate - pensó - el maestro dice que si ves las cosas con calma se pueden arreglar.

Zul, quien comenzaba a reaccionar después del golpe se quejaba en voz baja mientras se tallaba la cabeza con una mano. El hibrido comenzó a levantarse y tras lograrlo, Orfeo buscó una forma de huir de él, y este, al notar la luz, y por sus desarrollados sentidos pudo observar a la niña con suma claridad.

-ah, chiquilla. ¿Qué haces aquí?
- ehh - Orfeo apretó los dientes - ¡Nunca quise venir acá!
-¿qué?- preguntó extrañado -¿siempre dices cosas sin sentido?
- emmm... – dijo intentando calmarse, respiró profundo y se acordó cuando tenía que explicarle algo a su nuevo hermano - pues, caímos acá, no creo que decir que no quería venir sea tan rebuscando si nunca quise caer en esta parte

Orfeo se limpio un poco la ropa, al menos estaba se aliviada de estar ilesa.

- Bien... debe haber alguna manera de salir de acá - se empezó a decir a sí misma, sin embargo Zul interpretó eso como un comentario que lo incluía.
- yo no veo nada por donde podamos salir, chiquilla. –señaló Zul con calma.
- Nooo... debe haber alguna forma... - dijo Orfeo - aun no he terminado las pociones para cambiar de color las ratas, ni las de ración diaria de comida... ni las que hacen crecer el pelo...
-oye, ¿me oíste? no se puede.

Orfeo sencillamente no le prestaba atención a Zul, estaba metida en su propio mundo, murmurándose a sí misma cosas que podría hacer.

- Tengo que acordarme de un hechizo que pueda iluminar más el lugar... - se dijo a si misma Orfeo

Por su parte Zul se rascaba la cabeza pensando que podría llegar a hacer. Sin embargo, nada le era posible ahora.

De repente reaccionó, la niña había sacado luz de la nada, y estaba hablando de hacer hechizos… o algo así, después de todo Zul no entendía muy bien de que hablaba cuando murmuraba.

"¿ella es maga? Es muy joven para serlo"

Entonces recordó la primera vez que la había visto, fue con Sir Rilian, cuando Elia le había indicado que había un poderoso mago en el bosque. Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, a la única persona que había encontrado era a esa niña… ¿esa niña era un poderoso mago?

-por cierto, ¿cómo rayos te llamas? –inquirió muy curioso.
- ¿Qué? - Orfeo solo logró quedarse con la primera frase en la cabeza. Tal vez por su propia seguridad. - Debe haber una forma de salir…Nunca debí hacerle caso a Agustín, todo es su culpa. -se dijo de nuevo a sí misma, a Zul el estaba costando mucho trabajo entablar una comunicación lógica con ella. - ¡Sir Nadja!¡Maestro!
-¡cálmate, no podrás salir, tranquila! –le gritó Zul.

El hibrido, ya en pie y un poco manchado por la tierra trató de acercarse a ella para calmarla, pero fue en vano, pues no lograr algo más que dar vueltas por varios minutos hasta que Zul se dio por vencido y se echó a dormir a un lado. Tras darse cuenta de no tenía mas alternativa que esperar, Orfeo se sentó colocando sus manos en sus mejilla, frustrada por su impotencia.

- si salgo de esta aprenderé un hechizo de tele transportación... –se dijo a sí misma. Luego miró a Zul dormitar boca arriba y agregó: - ¿y cómo puede estar tan tranquilo?

El Mestizo movió una oreja ligeramente, ya que no estaba profundamente dormido.

-¿me llamaste?
- No, solo decía que realmente no entiendo tu calma...
-¿porque? ¿Que tiene de raro?
- ¿Cómo sabes que saldremos de aquí?
- porque conozco a mis amigos, y ellos deben estar buscándome ahora mismo. Y de todas formas ¿que objeto tiene gastar energías en algo que no puedo hacer yo solo? necesito ayuda, y la única persona que está aquí conmigo -señaló a Orfeo -se la ha pasado dando vueltas y gritando en voz alta gastando el poco aire que pudiese haber aquí.
- Oh... que bueno que tengas a tus amigos – Refunfuñó la niña mirando hacia Zul
-seguro a ti también te están buscando. –le dijo al notar un desanimo en su voz.
- Si, es probable... pero no quiero depender de ellos…
-¡Jeh! pero no puedes hacer todas las cosas tu sola. Y esa lección la aprendí por la mala. –mencionó recordando un poco su pasado. –además, es muy triste tener que estar todo el tiempo solo.
- Mmmmm... Como digas...
- ¡no me contestes así! -exclamó refunfuñón, comenzaba a sentir que la niña no tenía ni un mínimo interés en él.
- emmm ¿y cómo debo contestar? "¿señor respetado hibrido?"
- respétame, chiquilla. -dijo jalándole una mejilla con poca fuerza. -y para tu información me llamo Zul.
- Oh... – en ese momento pensó si había escuchado mal, ya que el señor Ludovico le dijo "Azul" la vez que preguntó su nombre. - bueno... – bajó la cabeza - habrá que esperar...

Tal vez Zul no se hubiese dado cuenta por la discreción de la aprendiza, pero Orfeo contenía las lágrimas por que le había dolido la mejilla. Tras un lapso de silencio Zul al miró curioso nuevamente.

- ¿tu como te llamas?
- Orfufu. – contestó, pero no se le entendió mucho pues tenía la cara oculta entre los brazos para no mostrar sus lagrimas. El hibrido lo percibió y de cierta forma se sintió responsable.

- ¿Q-que te paso? ¿Estas herida? -le pone una mano en le hombro e intenta verla.
- nada... ya pasara... – Dice sin dejar que él la vea - Ya pasará... - dijo sin cambiar de posición - ¿tus amigos vendrán no? solo debo quedarme callada y listo... - se adentra más en ella - maldición...

Zul se encontraba en un gran aprieto, encerrado en una fosa con una niña que lloraba, solo y sin manera de escapar. ¿Qué podía hacer ahora? Nada, realmente se sentía inútil.

-mírame a los ojos. -pidió tomándole las manos. Los ojos grisáceos de Zul se clavaron en la mirada ausente de Orfeo y esta se sintió atravesada por la mirada del hibrido, sonrojándose completamente, y en su intento por alejarse de Zul, se levantó de un salto y casi se resbala, sin embargo, los reflejos del semi hibrido le salvaron y la niña se esforzó por calmarse.

- mmmm... perdón...
-no es nada, solo no te lastimes -respondió moviendo la mano.

En ese momento, Orfeo se encorvaba un poco y le salieron un par de lágrimas.

- tranquila... – Zul le acarició el cabello tratando de consolarla. -no te va a pasar nada.

Ella miraba sus orejas con mucha curiosidad, y de manera inocente le preguntó:

- ¿No te duelen los oídos cuando alguien te grita?

Zul la mira extrañado y baja de manera instintiva las orejas.

- pues... si me gritan cerca, si
-¿porque la pregunta?
- Es que son grandes... –Dijo ella sin notar que había ofendido un poco a Zul con su comentario. - Pero son tiernas igual – dijo sin pensar

Zul no pudo evitar sentirse un poco apenado.

- ¿t-te gustan mis orejas?
- eeeeehhh - Orfeo se sonrojó con velocidad al darse cuenta de su comentario. - me... bueno, las veo tiernas, nada más. – tras esto, la niña intenta cambiar de tema a causa de su vergüenza. - ¿y cómo peinas tu cola?
- pues... realmente no hago nada... Bueno, no se enreda, yo solo la acomodo de vez en cuando.

El comentario sorprende a la niña, pues pensaba que tanto pelo era imposible que no se enredase.

- es como mi pelo, no se enreda. –Dijo Zul pasándose los dedos entre el cabello.

Orfeo solo mira asombrada y pestañea tiernamente un par de veces.

- ¿Es alguna bendición de los híbridos?
- debe ser. -sonrió enérgico, y después agregó una confesión: - es extraño, eres la primera niña humana que no se asusta conmigo.
- No veo porque darías miedo... mi maestro siempre me decía que ser distinto no es ser peligroso

El gesto tímido de Orfeo al contestar le pareció tierno a Zul, y sin darse cuenta, su mente hizo una afirmación poco común en él:

"se ve linda..."

Instintivamente y sin notarlo, Zul movió la cola de un lado a otro, cual perro feliz. Algo que era muy extraño en él y que nunca había podido controlar. Orfeo notó el movimiento y sonrió al verlo

- Pareces feliz –señaló.

Zul, plagado de vergüenza, tomó su cola y la detuvo, eso era lo más humillante que le había pasado en mucho tiempo.

- ¡¡No es nada!! ¡No hagas caso! –exclamó, se estaba sintiendo ridículo, y lo peor, ¡delante de una niña!

A pesar de que pudo detenerlo, algo en la oscuridad llamó la atención de ambos, una voz que Orfeo reconoció y que Zul hubiera atacado, si hubiese tenido más tiempo.

La voz dijo:

- Parece que la cola y su dueño no están de acuerdo – Era Sir Nadja, quien tenía algún tiempo mirando a los niños en la oscuridad en auxilio de Orfeo, y que ahora los tomaba a ambos de los hombros para sacarlos de ahí. - es hora de irse...- Señaló.

Hallaron a Zul, cerca de la zanja, recostado boca arriba y durmiendo plácidamente; aunque con la ropa sucia de tierra y unos moretones en los brazos. Todos estaban alegres de haberlo encontrado finalmente sano y salvo. Le preguntaron que le había ocurrido, pero solo respondió que había caído en la zanja cercana, que había tenido un sueño extraño y que no recordaba cómo había llegado a salir. Parte del grupo pensó que estaba bromeando y que simplemente se había echado a dormir tras correr sin rumbo. Pero a Torom no le pareció del todo mentira la historia. Sin embargo Zul estaba algo distante, así que prefirió no molestarlo más.

Al final de cuentas, el encuentro con Orfeo le había dejado un buen sabor de boca, y saber que su media hermana estaba viva y feliz era algo que lo reanimaba un poco.

Una extraña sensación le nació del pecho cuando pensaba en su día, y no necesariamente por ver a su hermana… Era una sensación que desconocía, pero que parecía agradable.


"No veo porque darías miedo... mi maestro siempre me decía que ser distinto no es ser peligroso"

"me... bueno, las veo tiernas, nada más"

"¿Tiernas…?"

No todo en estos últimos días había sido malo, y no tenía porque preocuparse mucho. Si la niña era un sueño o no, al menos ahora se sentía mucho mejor.

Más tarde, esa noche…

Koru se encontraba haciendo guardia, ya era entrada la noche y los demás estaban inmersos en el reino de los sueños."

El chico solo contemplaba el cielo, preocupado. Le había costado fingir estar bien durante todo el día, incluso se había forzado a bromear y a reír con los otros, y aunque había logrado engañarlos seguía sintiéndose muy preocupado por Elia.

"¿Estará bien"

Se preguntaba en ese momento, cuando de pronto sintió que bajo su mano aparecían dos cartas, con las mismas señales de siempre. Tomó la que estaba marcada con una K capital y la leyó para sí:

Querido Koru:

"Sé que te dejé preocupado el otro día, pero te escribo en parte para decirte que estoy bien."

Elia omitió todo detalle sobre su herida en el brazo derecho, sobre la pelea con Fohlohje y sobre la hemorragia que casi la mata. Era buena también fingiendo ante los demás.

"He vuelto a la mansión Rimm después de recibir entrenamiento de, a que no adivinas quién, ¡Tomatito!. No diré, por claros motivos, donde nos vemos, pero aprovecho de decirte que también está bien y cuidando de sus seres queridos"

"Por cierto, ella les manda saludos a todos. No tengo mucho tiempo, así que ya termino de escribir. Por favor, cuida de los demás; y no te preocupes tanto por mí, yo no caigo tan fácil en las seducciones del sexo opuesto"

Koru torció los labios al acordarse de la humillante escena en Cracia. El moreno regresó los ojos a su lectura.

"P.d. ciertas personas del mas allá me han dicho que Riwil no es un búho común. Recuerdo habértelo dicho, pero acabo de confirmarlo. Ese búho puede traer de vuelta a los muertos"

Sus ojos se abrieron desmesuradamente. Había estado buscando información, pero nunca nada había sido tan categórico. ¿Acaso Elia habría descubierto la forma de usar a Riwl para traer a los muertos a la vida Acaso... acaso él...

... podría traer de vuelta a Circe, y así saldar sus deudas con su hermano Sikoth?

Se quedó pensando si realmente esto sería posible o no; no dudaba de la palabra de Elia, sin embargo había pasado ya tanto tiempo desde ello, que tendría que pensarlo mucho.

No se molestó en despertar a los demás para darles la carta que era para e grupo, solo espero pacientemente a que su turno de vigilia terminara, tenía todo el día siguiente para avisarles sobre la carta… y para pensar en lo que Elia le había dicho.