Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, solo me gusta escribir cosas distintas con él.


Capítulo 20

Astoria gritó al sentir un traslador llevársela del campamento. Cuando llegó al destino su cabeza golpeó fuertemente contra el suelo y se quedó inconsciente.

"¡Ugh!", gimió sin poder contenerse. Tenía la cabeza embotellada.

Poco a poco recuperó el control de su cuerpo y la memoria. Dando un respingo se dio cuenta que había sido secuestrada. Intentó incorporarse pero le fue imposible: tenía las manos atadas tras su espalda alrededor de sus tobillos. Lo peor de todo era que estaba desnuda. Lo único que tenía en su persona era su colgante, el que había usado hasta ese día para comunicarse con Harry. La cabeza le latía dolorosamente y, tumbada en el suelo de piedra, boca abajo, pudo oler la esencia metálica de la sangre; supo por su rostro acartonado que debía haber sido su sangre la derramada al darse contra el suelo.

Hizo el esfuerzo por mirar a su alrededor pero no pudo ver nada, ni siquiera cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad consiguió descifrar donde estaba. Por la condensación del aire pudo deducir que el lugar era un sótano o bajo tierra y la sala donde estaba ella era un sitio pequeño, quizá un metro y medio al cuadrado. Empezó a notar frío en su espalda y se soprendió al darse cuenta que debía de haber estado en esa posición durante bastante tiempo porque la roca puntiaguda bajo su pecho estaba caliente a pesar de las bajas temperaturas.

Una vez analizó como pudo sus alrededores tuvo tiempo para analizarse a sí misma. Notó que sus brazos, sus piernas y su espalda, además de su cabeza, dolían. Como ya había sospechado, había estado durante bastante tiempo en esa postura mientras estaba inconsciente. De repente se dio cuenta que, al tener los tobillos atados a sus muñecas detrás de su espalda su parte íntima estaba totalmente expuesta. Con un pánico que no había experimentado hasta el momento, intentó zafarse de sus ataduras pero le fue imposible. Lo único que estaba consiguiendo era dañarse más las muñecas y, si encontrara la forma de espacar, necesitaría mover sus manos aunque fuera para coger un chullido. Se detuvo.

Recapacitó sobre cómo había llegado hasta allí. Se acordó de cómo había sido su turno en la enfermería, de como algunos habían desaparecido al morir en sus manos. Recordó los gritos y escuchó con sorpresa y horror como el campamento había sido descubierto. Había intentado defender a su paciente pero se dio cuenta tarde de que los rusos pensaban que, al estar heridos, opondrían poca resistencia y serían de poca ayuda. Habían ido directamente a por ella mientras se ponía delante de la mujer inconsciente en la cama.

Ni siquiera la habían dejado inconsciente, le habían lanzado una cuerda y, al hacer contacto con su cuerpo, había desaparecido. Un traslador. Alguien debía haber estado esperándola y le había quitado la ropa y sus cosas mientras ella estaba desmayada. Aun así, ¿qué habían hecho con los demás? Era muy improbable que solo la hubieran secuestrado a ella pero estaba sola. Eso quería decir que, o bien sus camaradas estaban muertos, o bien estaban en otro lugar recluidos (individualmente o no), o ambas cosas. El solo hecho de pensar que podría ser ella un caso especial le ponía el bello de punta, ¿para qué querrían separarla del grupo?

Lo único que se le ocurría como respuesta era… bueno, tenía las piernas abiertas, estaba atada… No podía estar más vulnerable. Si alguien venía y la violaba no tendría que hacer nada más que bajarse los pantalones y cogerle de las caderas. Harry ya le había explicado que le había pasado a esa chica, Mischa. De no haber sido por su novio… pero ahora ella estaba sola. Ni siquiera sabía dónde estaba ni tenía forma de salir. A menos que usara la magia. Intentó usar la poca magia sin varita que sabía, se concentró a pesar de que sus pechos estuvieran siendo dolorosamente apretados contra la roca afilada, y condujo su magia hasta su mano, como si ésta fuera su varita. Dio un pequeño chillido de dolor. ¡No podía! ¡No podía usar su magia!

Se quedó callada, escuchando por si alguien la hubiera oído, y notó sus ojos humedecerse. Estaba bien jodida; debían haberle puesto alguna runa esclavizante o inhibidora. ¡Las ataduras! Eso era. Debían haberlas tenido preparadas con las runas ya escritas… ¿Desde cuándo llevaban planeando ese secuestro? Una preparación así implicaba que debían haber sabido desde hacía semanas dónde estaba el campamento. Cerró los ojos cuando vio que estaba en el punto de partida. No sabía dónde estaba, no sabía cómo fugarse y no podía usar su magia. Estaba bien jodida.

Recordó a Harry en la plena oscuridad del cuarto de piedra vacío. Pensó en él durante quién sabe cuánto tiempo, no tenía nada para medirlo ni nada que pudiera indicarle si habían pasado días desde que fue secuestrada. Lo único que pudo deducir Astoria fue que al menos no habían pasado más de 24 horas; de lo contrario ya estaría yaciendo en su propio meado. Sin duda tendría hambre a pesar de que se le revolviera el estómago de solo pensarlo y el dolor en sus articulaciones sería insoportable.

Totalmente quieta, intentando no gastar fuerzas, descansó mientras su mente trabajaba a mil por hora. Tenía que buscar una solución. Se preguntó qué haría Harry; él seguro hubiera tenido varias soluciones en menos de una hora. A veces lo ingenioso que era su novio la dejaba sin palabras. ¿Qué era lo que le había dicho él una vez, cuando entraban en Thanatos en combates de guerrilla?

"Los problemas suelen parecer más difíciles de resolver cuando los tienes, una vez pasa el tiempo es fácil mirar atrás y pensar 'tendría que haber hecho esto o aquello'", Harry sonrió relajando su pose y bajando su daga. Astoria le había pedido que combatiera con ella extraoficialmente para el examen del día siguiente.

"Es inevitable, todas las personas tenemos miedo", le había reprochado ella al ver su sonrisa. "¿No lo tendrías tú?"

"¡Claro que sí! Soy humano y, aunque es complicado razonar en una situación de emergencia, como ya te dije, siempre pasa que luego miramos atrás y nos damos cuenta que los problemas que tienen solución. La cuestión es encontrar la solución cuando tenemos los problemas, no días después".

Astoria se dio cuenta que Harry tenía razón. ¿Cuántas veces no le había pasado eso con exámenes teóricos?

"Cuando pasa eso tenemos que seguir esta regla: en lugar de desesperar, cierra los ojos y respira hondo, deja la mente en blanco. Tenemos que recordar que, aunque no tengamos la solución en ese instante y, aunque parezca que es imposible de resolver, todos los problemas tienen solución".

Astoria volvió a abrir los ojos y se dio cuenta que había perdido algo de tiempo, otra vez no sabía cuánto, recordando una de sus preciadas memorias de Harry. Todo problema tenía solución, eso le había dicho su novio. Se acordó de cómo Harrison le había resuelto un problema que para ella parecía no haber tenido solución. Recordó los pasos que su novio había usado.

"Primero: reconocer cuál es el problema", susurró para sí misma en voz alta. "Segundo: solución esperada para dicho problema (no importa si es viable o no a simple vista). Tercero: qué es necesario para llegar a esa solución. Cuarto: qué cosas se pueden hacer aun teniendo ese problema. ¿Se puede obviar el problema y seguir como normalmente? Quinto: hacer una lista de las distintas soluciones, ir descartando una a una. Sexto: si no hay solución visible intentar analizar el problema desde todos los ángulos y volver al anterior paso. Séptimo: repetir el paso sexto las veces que haga falta, siempre mateniendo la calma y pensando de la manera más simple y sencilla posible".

Había sido secuestrada y estaba atada de manos y pies. La solución esperada en este caso era obvia: Astoria quería escapar de ese lugar. Si quería escapar tenía que deshacerse de las ataduras, no podría hacer nada con las manos y las piernas inutilizadas, es decir, no podía obviar el problema. Si hubiera tenido únicamente las manos atadas podría haberse levantado y escapado aun falta de movimiento. ¿Qué más opciones tenía? De forma general tenía un par de opcines: usar la magia o no usarla. La primera opción estaba descartada. Tendría que rasgar las ataduras de forma manual.

Dando gracias mentalmente a Harry por haberla ayudado, incluso sin estar presente, se preguntó cómo podía rasgar la cuerda. Necesitaría algo afilado pero no podía arrastrarse ni gatear. La única opción disponible era darse la vuelta, apoyada sobre su costado y buscar una roca del suelo suficientemente cortante. Palpó el suelo con las manos y se movió con sus caderas, levantando su torso con los hombros y usando toda su fuerza física para arrastrarse de lado. Tenía que encontrar un borde afilado sin perder tiempo; estaba gastando sus fuerzas.

En lo que pareció una enternidad, acabó usando la piedra que se le había clavado en el pecho casi como un puñal. Se giró sobre su espalda, intentando no poner el peso sobre sus tobillos atados en su baja espalda y movió su cuerpo. Poco a poco notó como sus manos estaban ligeramente más libres pero cuando estaba apunto de deshatar sus manos entre sí y de sus tobillos, escuchó unos pasos fuertes resonar por la piedra. Paró en seco, espantada, y luego recobró el jucio. Esa era su oportunidad. Usó todo su cuerpo, notando como la piedra le rozaba contra las manos, hiriéndolas, y la cuerda se rompió.

"¡Vaya, vaya, vaya! ¿Qué tenemos aquí?", preguntó en ruso un hombre de aspecto asqueroso.

Lo primero que miró fue su sexo totalmente abierto, con sus piernas en forma de triángulo contra el suelo y su pecho arqueado. Cogió, sutilmente, con una de sus manos temblorosas la cuerda de sus tobillos aun atados; le dolían tanto que no se creía capaz de dejar las piernas en la misma posición ahora que podía moverlas. Con el corazón latiendo desenfrenadamente miró con fijeza al hombre de aspecto repugnante frente así.

Solo tenía que dejar que se acercara… Lo suficiente como para que sus armas, que colgaban de su cinturón de piel sobre su camisa negra medio abiera, estuvieran al alcance de sus manos. Mantuvo sus piernas abiertas aunque podría haberlas cerrado, dolorosamente, un poco más. Hizo que su pecho se moviera, arriba y abajo, tentando al hombre de peno canoso y grasiento y dientes amarillos (podía ver que le faltaban algunos dientes). Evitó pensar en su dentadura al notar una arcada y aparentó, bastante bien a su parecer, que estaba petrificada del miedo.

Los pasos del hombre resonaron pesadamente en la pequeña habitación, acercándose a ella, y vio como se llevaba las manos al cinturón, metiendo un pulgar tras éste como si quisiera quitárselo. Astoria sabía que le tenía entre sus dedos, solo faltaba un empujón. Hizo ver que se resistía, se movió, como queriendo escapar y el hombre se postró entre sus piernas y puso sus brazos a cada lado de sus caderas. No tendría fuerzas suficientes como para alzarse sobre su espalda curva y agarrar la espada.

Con algo de horror se dio cuenta que solo había una solución que le hiciera ganar tiempo. Si el hombre no inclinaba su cuerpo sobre su torso Astoria tendría que cerrar las piernas entorno su cabeza para que no pudiera moverse mientras cogía su arma. Tragó fuertemente otra arcada al darse cuenta que, con sus tobillos atados tras su espalda, la única forma de que pudiera retener la cabeza del hombre entre sus piernas era si el rostro de éste estuviera enterrado en su sexo. De ninguna forma podía cerrar las rodillas, sin partirse las piernas, alrededor de su cuello; era físicamente imposible.

"Sin duda voy a disfrutar violándote", comentó como si nada el hombre, casi babeando al ver su perfecto sexo depilado completamente y sus labios abiertos a sus pervertidos ojos.

Astoria se removió y el hombre puso sus zarpas en sus caderas y se inclinó sobre el orificio de su vagina relamiéndose los labios; cada vez más y más cerca. Sin esperar más reunió todas sus fuerzas y cerró sus muslos alrededor de su cabeza. Su mano fue derecha a la espada y la otra mano cogió el cabello grasiento del hombre sin pensarlo, cuando sacó el arma, por su propio peso, cayó encima de la espalda del hombre y se clavó en su carne. El hombre chilló y notó las vibraciones ahí. Se giró a un lado y vomitó. A los pocos minutos el hombre era un peso muerto sobre su cuerpo, muerto.

Se lo quitó de encima y se desató los tobillos dándose la vuelta y usando el filo de la espada. Se puso de pie como pudo y dio un par de vueltas. Conjuró un camisón, la única cosa de ropa que sabía conjurar entero, y se lo puso. Con el mismo camisón hizo algo que nunca había hecho: limpiarse las marcas de grasa de sus muslos y sus partes íntimas. No tenía fuerzas para conjurar una toalla; necesitaba guardar lo poco que tenía por si había más incidentes.

Rebuscó en el hombre y encontró una daga guardada en sus botas, que también se las robó y se las puso a pesar de ser bastante grandes. Tenía que encontrar a mucha más gente y no quería que heridas en sus pies la pararan. Con paso dedicido salió de allí por su propio pie después de enviarle un mensaje a Harry con su colgante.

…..

"Míralesss, cómo se retuercen en su propia podredumbre", siseó una voz haciendo un ademán con su varita al muggle que temblaba a sus pies.

Era gordo, grasiento, y con un cuello que parecía desaparecer entre tantas lorzas. Sus ojos eran pequeños como los de una alimaña y tenía el cabello tirando a cano pero rubio y un enorme bigote que parecía moverse con vida propia. Sus labios se rizaron del asco. Incluso tenía pechos. Cómo no le había dado un infarto de solo andar por la calle se le escapaba, de cualquier manera, eso significaba más diversión para él. Sus mortífagos, los restantes al menos, y él habían atacado una parte de Londres de mala muerte. Les había sorprendido, no sabía si gratamente, ver a un hombre, de tamaño similar al de una ballena, reteniendo contra una pared a una mujer muggle que parecía haber salido de un café de mala muerte. A juzgar por su uniforme estaba trabajando.

Sabedor que el hombre intentaba propasarse le habían torturado; no porque hubiera intentado camelar a la mujer, sino porque eran los únicos muggles suficientemente despistados y en una callejuela oscura sin tránsito. Perfecto para sus planes. Ya había matado a 11 personas más de un Avada Kedavra, prefiriendo no dejar muertes sangrientas o llamar la atención con los gritos de las víctimas. Justo cuando habló, el muggle se apartó y la chica les miró con expresión aliviada. Por un momento estuvo a punto de reír, ¿creía que iban a rescatarla? Primero apuntó al hombre y, casi en un susurro, la luz verde le consumió y calló a peso muerto, literalmente, sobre la acera, tras unos contenedores. Pesaba tanto ese hombre que pareció retumbar un eco por las estrechas paredes del callejón.

"Patético", dijo mirando el rostro aterrorizado del, segundos antes, hombre vivo. Luego miró a la mujer que ahora les miraba con horror en su expresión, "Ella también es patética".

"¿Puedo, my Lord?", preguntó Travers, mirando con asco a la muggle.

"Por supuesto", un segundo más tarde otro cuerpo caía al suelo.

Al día siguiente Petunia Dursley recibiría una llamada de la policía anunciando que su marido estaba muerto, de un ataque al corazón, y otra familia de origen colombiano recibiría la misma noticia sobre la muerte de su hija. Voldemort esa misma noche había matado cerca de 50 personas él solito, y cada uno de sus seguidores alrededor de la misma cifra, superando los 300 muertos en una sola noche por ataques al corazón. La policía estaría muy ocupada durante un solo día llamando y enviando avisos sobre dichas muertes, investigando la aparente serie de ataques al corazón que no parecían tener ni móvil ni arma del crimen ni relación alguna. Lo que, obviamente, no sabían, era que los mortífagos habían encantado sus ropas para ser invisibles y silenciado sus cuerpos. Había sido fácil elegir un par de barrios, entrar en las casas sin que hombre o animal les viera, y matar a sus ocupantes mientras dormían o estaban distraídos.

"¡Mi Señor, hemos batido un récord! Unos 540 muggles muertos en apenas un par de días", le informó uno de sus mortífagos. Francamente no tenía ni idea de quién era.

"Y eso es solo el principio", hizo un movimiento de varita y un mapa muggle se posó encima de la mesa de los Malfoy, "Esto es el Reino Unido. La nación más pequeña es Gales, seguida de Escocia, luego Irlanda y finalmente Inglaterra. No olvidemos las Islas de Wight, la de Man, las Sorlingas y otras".

"¿Cuál será el plan?", preguntó Travers y todos comprobaron lo contento que estaba al haber eliminado a más de 500 muggles que su Señor que ni le reprochó por hablar.

"Empezaremos por las Islas, que son las más pequeñas, luego por Gales, Irlanda, Escocia e Inglaterra", comentó él con una sonrisa diabólica y aguantando otra de sus risitas. "Claro está, por ahora debemos concentrarnos en hacer el máximo daño en lugar de soñar despiertos. Así pues, esta misma noche viajaremos a las Islas Sorlingas, Higgs ya tiene preparados los trasladores. Actuaremos como este último par de días, no quiero que nadie nos descubra, ¡o habrá consssecuenciasss!"

Todos asintieron, comprendiendo que el Señor Oscuro prefería matar a cuantos más muggles pudiera que divertirse torturándolos. Algunos estaban nerviosos, sobre todo aquellos que habían venido de una guerra brutal de 3 años, pero otros estaban deseosos por cazar a muggles. Los Black habían tenido razón pensando que los muggles solo eran animales de caza, lo cierto es que poco les importaba las consecuencias de lo que habían hecho días antes aunque tenían la sensación que el Ministerio estaba más quieto de lo normal.

Esa noche, tal y como había dicho el Señor Oscuro, partieron después de cenar y descansar una hora reponiendo provisiones. Todos ellos iban vestidos con túnicas negras y sus esenciales máscaras blancas. Aterrizaron en una pradera solitaria y abandonada, se separaron en grupos haciendo uso de varios mapas que otros habían podido robar en Londres la noche anterior. Llegaron al primer pueblo y les fue fácil matar en menos de un cuarto de hora a casi 50 personas. Barrieron el aire con sus escobas, invisibles, y viajaron lo más rápido posible entre los bastos terrenos sin habitar. Muerto tras muerto, ni siquiera se pararon a observar los alrededores o a escupirles en las caras.

Cuando pasaron cerca de un par de horas ya habían aniquilado a 500 muggles y no tenían intención de parar hasta el amanecer. Si el Ministerio les hubiera capturado ahora se habría acabado la resistencia del sector oscuro puesto que Voldemort les había enviado a todos, cerca de 80 personas, a eliminar muggles a diestro y siniestro. Hubiera sido más fácil prender fuego a los edificios con los muggles dentro pero Voldemort sabía que eso alertaría a las autoridades y no pensaba dejar las Islas Sorlingas con un solo despreciable muggle vivo. Se dio rápidamente cuenta de cuánto podría haber conseguido años atrás si hubiera matado primero y luego hecho preguntas, en lugar de jugar con sus víctimas.

Al amanecer, las 5 pequeñas Islas habitadas que conformaban la mayor parte de las Islas Sorlingas habían sido totalmente desprovistas de vida humana. Tresco, St. Mary's, Gugh, Bryher, St. Agnes, St. Martin's,… No habían opuesto resistencia alguna. La mayoría vivían en casas pequeñas y las ciudades eran pueblos en comparación con Londres. Un Alohomora aquí y allá y listos. Voldemort había contemplado poner bajo el Imperius a varios muggles para ahorrar tiempo pero luego se dio cuenta que tendrían que abrir las puertas con la fuerza y eso alertaría a los vecinos. Irritado, envió otro Avada Kedavra con ira y marchó al siguiente.

"¡Vámonos!", ordenó cuando mataron al último muggle en pie y lanzaron varios conjuros al aire para cerciorarse que todos, salvo ellos, estaban muertos.

La Isla de Man fue recorrida un par de días después, al haber respuesto fuerzas, y tardaron cerca de una semana en acabar con aproximadamente 14000 habitantes. Los muggles patrullaban las calles con más frecuencia, aunque eso no les estorbaba para nada, después de matarlos, y la gente parecía que no se iba a dormir. Varias veces habían gritado muggles al verles entrar por sus puertas. Aun así, fueron silenciados y todo el edificio también. La isla tenía más de 80000 habitantes, no podían mantener el ritmo 70 personas todos los días. Voldemort estaba asqueado puesto que, con sus cerca de 250 seguidores, por distintos motivos desaparecidos, no tenía a todo su ejército unido.

El Ministerio, por otra parte, parecía estar pendiente de las Islas Sorlingas aunque no podía investigar debido a toda la presencia muggle que residía en las islas las 24 horas. Voldemort, con una sonrisa maliciosa, había aprovechado para enviar a cerca de 20 de sus hombres con tal de matar a los recién llegados. En menos de 3 horas cerca de 200 mugles habían muerto y ninguno se había explicado cómo. Lo mejor de todo era que eran científicos, policías, bomberos y presentadores de televisión. Aun así, no pensaba volver a pisar las Sorlingas con el mismo plan. Tendría que ser doblemente estúpido. Evitó seguir un patrón, centrándose en Gales y Escocia, haciendo todo el daño que podía pero dejando a los magos y brujas en paz. Quería la menor resistencia posible, aunque odiase a muchos de los residentes mágicos.

Curiosamente, los magos y brujas de zonas muggles se habían atrincherado en sus casas sin dar la alarma, y sin salir a combatirlos. Voldemort estaba francamente sorprendido. ¿Qué demonios estaba pasando? Se encogió de hombros y pensó en los 64 millones de habitantes del Reino Unido; solamente, de ese total, se contaban 2.1 millones de magos y brujas, 3.48 millones si contaban también criaturas mágicas. Lo cierto es que había 2 magos por cada 15 muggles y esos números asustaban a la mayoría de sus seguidores (incluso a él, que sabía el tormento que podían causar). Eso significaba que tenía que matar a 62 millones de muggles en todo Reino Unido y, curiosamente, no sabía por dónde empezar.

Si Voldemort no hubiera despreciado inventos como el televisor se habría dado cuenta que los muggles habían empezado a investigar profundamente la situación. Ni aunque hubiera sido lo suficientemente precavido como para borrar las memorias de los altos cargos que sabían del mundo mágico podría haber parado lo que había empezado sin tan siquiera pararse a pensar en las repercusiones. Se convocaron reuniones muggle y días de duelo, entre otros muchos actos, pero los científicos habían empezado a trabajar en laboratorios secretos y los mejores detectives a investigar…

Harry estaba furioso, y muy preocupado. A pesar de haber recibido noticias de su novia, días atrás, reunir sus tropas de nuevo y formar un escuadrón para ir a buscar a los secuestrados había sido un proceso tedioso y largo. Para cuando pasaron 2 días ya estaba apunto de tirarse de los pelos e ir a buscar a Astoria él solo; fue su padre, quién le conocía bastante bien, quien le mantuvo con ellos para que no pudiera escapar en un momento dado.

"No sé si debería venir Harrison", dijo alguien, no supo quién porque él estaba más pendiente de su collar que de otra cosa.

Su cabeza se levantó de golpe y su magia salió de su cuerpo por voluntad propia; notó una corriente eléctrica en sus dedos. Susurró con ira. "¿Qué has dicho? ¿Pensáis que me voy a quedar aquí sin hacer nada mientras mi nombre está secuestrada en un maldito pueblo de Hungría junto con medio centenar de camaradas? ¡Ni hablar!"

Basil se giró a mirarle pero no dijo nada, otro hombre de cabellos pelirrojos y ojos azules, pecoso, frunció el ceño. "Lo único que harás será entorpecer la misión".

"Mira, seas quien seas, yo voy a ir y ni tú ni nadie me dice a mí lo que puedo o no puedo hacer. Por si no te das cuenta, el mero hecho de tener allí a Astoria haría que me esforzara 4 veces más que en cualquier otro caso", comentó Harry y los demás dieron un paso atrás al ver sus ojos relucientes. "Sé bien qué tengo que hacer y que no, al contrario que muchos de vosotros. Voy a ir y tú vas a cerrar la boca. ¿Me entiendes?"

El hombre, que se había puesto algo rojo de la vergüenza abrió su boca pero Harry lanzó sin moverse un rayo que impactó con el árbol detrás de él. Entrecerró los ojos y vio que el desconocido se había puesto tan pálido como la leche; asintió sin mirarle a los ojos. Harry rizó los labios y bufó de incredulidad, despecivo. El silencio lo rompió Lancelot.

"Será mejor que nos pongamos en marcha, pues", dijo con un temblor en los labios. Harry sabía que estaba esforzándose por no reír.

Las siguientes horas fueron un suplicio para Harry. Su bolsa fue la primera en empaquetarse, fue el primero en arreglar sus provisiones pero para él todos parecían estar arrastrando los pies, ralentizando su marcha. Estaba ansioso por salir pero aun así sabía que era necesaria su total cooperación: si se iba corriendo o actuaba por su cuenta podía ser un error fatal. Según el calendario de su madre la guerra estaba apunto de acabar pero Harry no veía su final.

"Coged el traslador".

Tocó la larga cuerda y sintió la típica sensación en su estómago. El camino hasta Hungría fue lo que necesitaba para calmarse y centrarse en su objetivo. Cuando pisaron tierra sus nervios habían desaparecido y estaba totalmente preparado para la batalla, su magia lista e impaciente por ser usada y su mente pensando a mil por hora. Caminaron en silencio hasta que llegaron al castillo sobre la colina. Estaba escondido entre árboles y parecía mucho menos ostentoso de los anteriores castillos que habían allanado y quemado.

"¡Un momento!", susurró en un grito una persona y todos se giraron a mirar dónde apuntaba su dedo. Entre el bosque se veía a gente, descalzos algunos y otros sangrientos, escapar.

"¡Vamos!", gritó otro cuando vio a los soldados de Iván perseguir a sus prisioneros.

Harry no estuvo seguro de cuánto tiempo combatió en aquella colina pero cortó cuellos y apuñaló espaldas sin darle tiempo a nada. Él era preciso y determinado; su entrenamiento de Thanatos le había preparado para la pura violencia y su entramiento personal con sus tutores en la Mansión Potter-Black le había servido para refinar su técnica. Nadie se le escapaba, no les dejaba tiempo a apuntarle con sus varitas, a abrir la boca. Prefería cortar cuellos a cortas brazos, prefería apuñalar el corazón que apuñalar estómagos.

A pesar de que tenía varita y era bastante bueno con magia sin varita, no la sacó de su funda. Estaba descargando su rabia y su ira con esos hombres, que violaban a sus prisioneras y torturaban a los prisioneros con el conocimiento de que gozaban de sus mujeres y de sus niños. Solo porque no querían ser esclavos de Iván.

"¡Alto!", gritó una voz en ruso y se escuchó un ruido sordo. Todos pararon.

Se dieron la vuelta para mirar al desconocido y vieron que era él, Iván en persona. Paseó su mirada por la colina frente su casa y se quedó observando, sin expresión alguna, el desperdicio de cuerpos con cuellos degollados que había alrededor de Harry. No los contó, él estaba demasiado ocupado mirando a las 5 personas que estaban postradas de rodillas en el suelo. Una de ellas era Astoria, con un camisón blanco, sucio y manchado de sangre. Dio gracias a quién le estuviera escuchando que su novia estuviera de una sola pieza.

"Me pregunto cómo les habéis encontrado", musitó en voz alta y luego miró a los prisioneros. Todos y cada uno de ellos llevaban el mismo colgante aunque solo el de Astoria se podía ver debido a su falta de ropa.

Iván se quedó mirando el colgante y Harry supo que, sino lo sabía ya, pronto lo deduciría. Su teoría se confirmó cuando, con su espada, hizo a un lado la camisa de uno de los prisioneros y vio el colgante idéntico. Harry sabía que estaban en tablas. Tenían ventaja porque al morir no desaparecían pero había secuestrados que podían morir y Harry no tenía tiempo de reconocerles por su época. Además, muchos ya habían escapado y si no llamaba la atención de Iván podría mandarles a por ellos y dividirlos entre ayudar a los escapados o a los capturados.

"Dejalos ir", habló y todos se giraron a mirarle. Iván alzó una ceja pero le contempló con seriedad, más de la que Tom Riddle hubiera poseído alguna vez al enfrentarse con él.

Uno de los soldados más cercanos se le acercó con la espada en el aire, él se apartó y, con su daga, le cortó el cuello. Escucharon como se ahogaba y caía al suelo muerto.

"Acabas de matar a otro de mis hombres, ¿por qué no mato yo a uno de éstos?", señaló con su espada a los que estaban de rodillas sobre la hierba. Su espada se acercó peligrosamente al cuello de Astoria y Harry no pudo evitar entrecerrar los ojos. "¡Oh!"

Astoria debía haberse dado cuenta de la situación porque se apartó. Harry no se movió.

"¡Creo que me divertiré con ella primero!", rio Iván dando una sonrisa cruel a Astoria y ella entrecerró los ojos.

"¡Tu no me vas a tocar jamás, bastardo enfermo!", y cogió la punta de la espada, todavía cerca de su cuello, y se lo rasgó.

"¡Astoria!", gritó él y varios guardias se le acercaron. Les apuñaló varias veces en la cara, con ira, y en el torso pero era demasiado tarde. "¡No!"

Iván vio con el rostro sorprendido como la joven se moría desangrada delante de ellos. "Una pena. ¿Era tu prometida?"

Hizo un gesto de cabeza y los guardias cogieron a los otros 4 capturados. Ni siquiera se dieron cuenta que el cuerpo de Astoria había desaparecido, como un fantasma. Estaban todos pendientes de Iván, que caminaba por el claro sin miedo.

"Veo que mi jugada ha dado sus frutos: quería vuestra atención y ahora la tengo", Iván se guardó la espada y todos le miraron, esperando por si tenía un as en la manga. "Hoy, 1 de Agosto de 1584, se acabará este incordio, vosotros, hoy lo decidiremos con honor. ¿No os gusta esa idea?"

"¿Qué es lo que quieres?", preguntó Antares Black e Iván les miró uno a uno.

"Un duelo. Un duelo mágico con cada uno de vosotros aquí presentes. Vosotros, uno a uno, contra mí", sonrió Iván totalmente encantado. "El duelo acabará cuando uno de los dos contrincantes caiga inconsciente, el que gane le podrá preguntar al otro una pregunta antes de morir".

"¿Y si no tenemos preguntas?", preguntó Harry con rostro estoico. Ahora no tenía distracciones, Astoria estaba sana y salva en su casa.

"Sois libres de matarme sin más, entonces", contestó Iván y luego miró fijamente. "¿Quieres ser el primero, jovencito?"

Sus camaradas se miraron, preguntándose si Iván tendría algo más planeado. No obstante, sabían que era la única oportunidad para acabar con Iván. Era obvio que sus tropas solo se mantenían unidas por su determinación y no porque tuvieran un objetivo común. Si cortaban la cabeza el cuerpo no podría continuar existiendo.

"Muy bien", dijo Harry y avanzó sacando su varita, ébano y baobab con sangre de nundu y veneno de runespoor, y supo que tendría que darlo todo.

Iván sacó su propia varita, era de color claro y parecía tener unas ondulaciones a partir del mango. Ambos se pusieron frente a frente e inclinaron sus cuerpos, sin dejar de mirarse, en una leve reverencia. Harry cerró su mente tras sus barreras, no estaba pensando, estaba sintiendo. Cuando mejor luchaba era cuando seguía su instinto, cuando su magia era una con él y ambos se entendían sin palabras ni pensamientos.

Empezó la lucha y de su varita salieron todo tipo de encantamientos, hechizos y maldiciones formando una cadena de hechizos que no parecía tener fin: Aqua Volatem, Confundus, Deprimo, Desmaius, Auris Magna, Bombarda, Bombarda Máxima, Devasto, Carpe Retractum, Diffindo, Envertestatil, Expulso, Aguaeructo, Glacius, Obscuro y Expeliarmus.

"¡NO! ¡NO PUEDE SER!", gritó Iván al verse acorralado y miró su varita. Ese fue su último error.

No supo cuánto tiempoe estuvo combatiendo, usando los hechizos que menos reserva mágica consumían en una combinación mortal. Esquivó todos los hechizos de su contrincante, sabedor que no quería ponerse a la defensiva, y no le dejó hacer otra cosa más que defenderse. Usó fuego para distraerle, el confundus por si acaso y mientras lo esquivaba y repelía sus ataques mortales le aumentó la sensibilidad del oído, mareándolo con un bormbarda que le dejó sordo y desorientado durante segudos. Tenía que admitir que Iván se recuperaba rápido y era listo en sus pies pero no había tenido su entrenamiento diario ni conocía tantos hechizos del futuro como él.

Fue fácil ponerle una venda negra invisible y quitarle la varita de las manos, que saltó a las suyas. En menos de un segundo lanzó una descarga potente de rayo que invadió el claro. Quemó vivo a Iván el Terrible hasta que fue solo ceniza, y luego a los demás soldados mientras los otros los reducían. En media hora se hizo el silencio. Lo único que quedaba como prueba del ataque era la varita de Iván, que pensaba llevársela como prueba.

Escuchó unos vitoreos y se giró a mirar las caras sonrientes de sus camaradas y de aquellos rescatados. Miró al cielo y contempló el sol en su punto álgido. Cerró los ojos del cansancio y, sin darse cuenta, su cuerpo empezó a perder color. Antares Black miró con una sonrisa como la mayoría de sus camaradas se desvanecían. Habían cumplido su cometido. Aun así, después de todos los acontecimientos, se dio cuenta de algo que le dejó atónito: la varita de Iván estaba hecha de saúco.

Reuniendo, todavía pensativo, a sus camaradas y buscando los que quedaban y se habían escapado, supo que tenía que hacer algo al respecto. Harrison Potter-Black le había caído en gracia y él tenía la posibilidad de ayudarle.

Lily Potter abrió los ojos y vio a Remus y a Severus, después de tanto tiempo, hablar en cuchicheos sobre su cabeza. Notó sus ojos humedecerse y Remus lo olió.

"¡Lily!", se lanzó a sus brazos.

"¿Dónde estás los niños? ¿James, Sirius y los demás?"

"Están bien, eres la primera que se ha despertado".

Lily se incorporó; a pesar de echar de menos a sus hermanos adoptivos tenía que ver a sus hijos. A los gemelos, que habían sido heridos y dejados atrás en el campamento en el momento del secuestro, a su hija, que había sido escondida a cal y canto junto con los otros pocos niños del futuro, y a Harry… El hijo que fue a rescatar a su novia y al que ya no ha vuelto a ver. Caminó con la ayuda de Remus y llegó al cuarto de Harry, el más cercano a la suite del Lord y Lady donde James y ella residían.

Le vio allí, tumbado sobre la cama, como si no hubiera pasado el tiempo, con la misma ropa con la que desapareció. Con el baúl colgado en su cuello, como si nada. Lily, no obstante, vio en seguida algo que antes no había estado allí: era una varita. Con los ojos como platos pudo deducir, finalmente, la profecía que les había llevado al pasado. ¡Esa varita! ¡Era todo por esa maldita varita de saúco! Si Harry no hubiera ido al pasado nunca habría ganado su lealtad, eso quería decir que…

"Dumbledore está muerto, ¿no?", preguntó finalmente sentándose al lado de su niño y acariciando su cabello con adoración.

Remus y Severus se miraron sorprendidos. ¿Cómo lo sabía Lily?

"Sí, fue hace unos meses nada más". Severus vio que Lily no parecía realmente triste por su muerte; él sabía que en el fondo le odiaba. Su hermana no había olvidado con qué familia quería dejar a Harry hacía 12 años Dumbledore.

"Ya veo…", musitó para sí Lily y miró la varita.

Era calcada a la que usaba Dumbledore. No podía creer que hasta ahora no se hubiera dado cuenta; tantos años delante de sus narices la última pieza del puzle y ahora estaba completo. Sin embargo, no podían existir 2 varitas que fueran la misma varita y si Harry tenía una en su mano quería decir que la otra era falsa. Una copia tan perfecta que ni Dumbledore se había dado cuenta de ello. Repasó mentalmente al equipo que fue con su hijo a Hungría y rio al darse cuenta que Antares Black había estado presente.

"Muy astuto, Antares. Realmente eres un Black", susurró para sí misma con una amplia sonrisa.

Remus y Severus volvieron a intercambiar miradas. Era obvio que se estaban perdiendo algo. Escucharon un 'pop'.

"Lord Potter y los pequeños Potter, Lord Black y los Black están despiertos, Lady Potter", dijo Io y Lily notó el cansancio de un par de años en su cuerpo.

"¿Podrías pedir a los otros elfos que preparen un gran banquete? Tenemos mucho de qué hablar".

Vio abrirse los ojos esmeralda de su hijo y sintió un escalofrío recorrer su cuerpo cuando, aunque no vio una diferencia física, notó algo distinto en su primogénito y Heredero. El poder rebosaba de su cuerpo como una ola invisible. Lily se puso de pie, ayudando a Harrison a levantarse. No tenía palabras para explicarlo pero sabía que su hijo no estaba solo, había alguien pegado a su sombra, un ser que rápidamente supo quién era. Sonrió sin poder contenerse: su hijo, el Señor de la Muerte.


¡Siento haber tardado tanto! He empezado hace semanas las clases de nuevo y he estado muy ocupada. Cosas que quería comentar:

1) Voldemort peleará, ya lo estáis viendo. Creo que si hubiera sido más discreto hubiera conseguido mucho más; yo hablo de un personaje que, FINALMENTE, se da cuenta de que quizás no puede con el mundo mágico.

2) Los mortifagos, después de saber la verdad de Riddle y ver cómo son tratados, pueden tener dudas sobre si hicieron bien pero siguen teniendo ideales parecidos. ¿Imagináis luchar junto a alguien a quién odiabas por seguir vivo durante años y que las cosas no cambiaran ni un poco? Como mínimo tendrán un conflicto interior, a no ser que fueran fanáticos, como Bellatrix, y bastante testarudos.

3) Macay es de la época de Harry y tendrá especial relevancia. Macay es familia de Amos y Cedric Diggory. En los siguientes capítulos veréis porqué he puesto un trozo de Macay.

R&R.