Capitulo 20 Dejavu
Era verdad que aquel segundo viaje a ese bien escondido lugar pudo haber sido sencillo, pero no, con la situación como estaba, no estaba por demás ser precavido precauciones. Así que sin ánimos de encontrarse con sorpresitas, tomó las medidas necesarias para no dejar huella de su paso por el camino que tiempo antes había descubierto. Estaba claro que había mayor probabilidad de que alguien de la Orden le siguiese, en lugar de alguien bajo el mando del Lord, pero nunca estaba de sobra el ser algo paranoico, después de todo, hasta ahora ello le había mantenido con vida...
Apenas había cruzado los encantamientos que se encontraban alrededor de la casa cuando sintió que ya le esperaban, claro era una sensación extraña pues no estaba acostumbrado a sentirse descubierto, más el que notaran su llegada a ese recinto estaba implícito en la cantidad de barreras que tenía el lugar. Sin certeza de tocar puerta o no, con bastante precaución tocó el picaporte de esta recibiendo de inmediato una ligera descarga de magia. Ocurrido esto, le fue concedido el acceso a la casa, acto que por si mismo originó demasiada desconfianza en el espía. Tras haber cruzado el umbral de la puerta, se detuvo en seco buscando aclarar sus sentidos y descubrir la hebra de hilo que desenredaría el misterio de todo esto, pero todo parecía que la casa estaba deshabitada a excepción de el ruido que producía lo que estaba seguro era una tetera. Decidió seguir sigilosamente el origen de aquel sonido, este le guió hasta la cocina donde a decir verdad no esperaba encontrarse con la escena que sus ojos analizaron lo más deprisa que pudieron.
La misma joven que había conocido tiempo atrás en la Mansión Malfoy escondida bajo ropa oscura y sensual, tan desafiante y ajena a los demás. Se encontraba sentada con una taza de té en las manos. A primera vista parecía llena de tranquilidad más la leve hinchazón de sus ojos delataba el hecho que había pasado largo rato llorando. Sin querer sacarla de su transe abruptamente, comenzó por apagar el fuego que mantenía caliente la tetera. Pensaba ofrecer sus condolencias, más parecía que no sería escuchado así solo aguardó hasta que su presencia fuera comentada. Lo cual, afortunadamente no tardó demasiado en ocurrir.
—No pensé verle tan pronto- comentó apenas en un murmullo, sin levantar la vista de la mesa. —Comprenderá que de momento, mi padre está indispuesto y yo, no tengo ganas de discutir nada.
Él está destrozado y yo no estoy en las mejores condiciones tampoco. Leyó entre líneas. Siempre era vital, pero en esta situación era indispensable armarse de paciencia, para no contestar algo imprudente que pudiera complicar sus planes. Así pues contó en latín hasta el cinco antes de contestar. —No necesita hablar, solo me pareció necesario estar presente en un momento como este.
Dudó de las palabras del hombre, al igual que lo hacía con la mayoría de las personas, pero en ese preciso instante parecía ser lo que su mente necesitaba escuchar y al mismo tiempo algo que no deseaba escuchar ya que el aceptar la compasión de alguien, por más fingida que esta fuese, le volvía vulnerable, sensación que odiaba con frenesí. En un abrir y cerrar de ojos, la tasa que sostenía entre manos, se estrellaba contra la pared derramando su contenido en el camino.
Bastaba decir que aquella acción no sorprendió ni un ápice al pocionista, al contrario le tranquilizó un tanto, después de todo era mejor que la joven mujer sacara el dolor que cargaba en lugar de guardarlo. Ocurrido esto realizó los hechizos necesarios para levantar el recién hecho desastre y se acercó a la joven. —Según dijo su padre esta indispuesto, dudo que el escándalo le permita descansar apropiadamente.
—Podría incendiar la casa con él adentro y Julius no movería un dedo para salvarse, ¿Cree que el ruido de una tasa rota puede sacarlo del estado en que esta inmerso?
—Parece que no. —replicó intentando reprimir las ganas de usar sarcasmo y vaya que era una tarea difícil pero por el bien de su misión tenía que usar algo de tacto.
—Exacto, no lo haría. —retobó obviando su pensar y mirando a su alrededor antes de dirigirle una intrigante mirada. — En este momento mi padre sería capaz de cualquier locura.
— ¿Como pedirle a alguien que borre su memoria? —comentó con dolo refiriéndose su pasado y la ayuda de Lupin
Con una mueca de amargura acompañada con un chasquido de dientes, habló. — Eso fue bajo, no sé cómo se enteró de eso pero yo jamás borraría a mi madre de la memoria de mi padre.
— ¿No le intriga saber cómo es que obtuve tan preciado secreto?
— No es difícil imaginar que consiguió aquella información con Legeremancia, como lo intentó alguna vez conmigo. —comentó sin emoción la joven dirigiéndole una mirada reprobatoria al hombre antes de ponerse en pie y dirigirse hacia la tetera
Al ser partícipe de aquella acusación una mueca de ironía se asomó en su rostro. —Me complace desmentir su teoría, Lupin mismo me dio esas memorias.
—Seguro le dio algo que él valoraba demasiado, dígame ¿qué le dio a cambio? —Preguntó con demasiada tranquilidad, entregando una taza de té en las manos del pocionista.
Debía confesar que el que le ofreciera té como si fuera una visita agradable, lo descolocaba de sobremanera, pero ¿acaso había algo no lo hiciera? Estaba muy acostumbrado a recibir odio y desagrado a la par, que aquella muestra de cortesía le parecía bastante extraña.
—Con ese silencio como respuesta, me asustan más las posibilidades. —confesó incomoda, señalando la silla opuesta a la que utilizaba a la llegada del hombre, incitándole a que tomara asiento. Acción que realizó con algo de renitencia.
—No es tan difícil averiguar qué es lo que me pidió a cambio. No, si es tan astuta como aparenta ser. — murmuró antes de darle un largo sorbo a su té.
—Pudo haber sido un galante cumplido, pero viniendo de usted… lo dudo. Ahora quiero la verdad, ¿le dio la localización exacta de este lugar? -preguntó apretando con firmeza la mano del hombre.
Por impulso, su cuerpo se tensó, más a sabiendas de que siendo áspero no conseguiría nada evitó una reacción más exagerada de su cuerpo y bebió más del contenido de la taza antes de contestar. — Solo le di la suficiente información para mantenerlo tranquilo pero no le será sencillo llegar hasta acá, a menos de que utilicé esos sentidos de los que tanto reniega.
—Entonces creo que debo empacar todo antes de mañana, porque conociendolo como creo que lo conozco, mañana a primera hora estará aquí ofreciéndome protección cual niña desamparada.
— ¿Y no es eso lo que quiere?-intrigó el espía observando atentamente su reacción
— Pensé que me entendía, más veo que me equivoque. —murmuró con reproche soltando de golpe al hombre y poniéndose en pie, comenzando a dar vueltas por toda la cocina
¿Qué la entiendo? Si lo hiciera ya hubiera intentado influenciarla según mis intereses, pero no. Pensó para sí mismo. —Efectivamente, se equivoca. No comprendo que es lo que desea hacer. ¿Por qué le parece aberrante la idea de esconderse? Es lo más cómodo en su situación, encerrarse bajo mil hechizos protectores, hasta que todo termine.
— Porque es lo que he hecho gran parte de mi vida sé que aunque es fácil también significa estar muerto en vida. Lejos de todo, sin posibilidad de establecer lazos comunes, viviendo un día como el anterior. Ya no quiero eso. Lo que menos quiero es encerrarme de nuevo buscando mi "protección". Antes de saber la condición de mi madre, consideré seriamente el entregarme al Señor Oscuro con tal de que mi familia fuera libre de vivir en paz pero ahora esa familia ya no existe… el único ímpetu que me mueve es el ayudar impedir el ascenso del Señor Oscuro a pesar de lo que dicta la profecía que rige mi destino.
— ¿Cuál profecía?
—La que atañe a mi vida por supuesto, dudo que otra profecía pueda llegar a interesarme. —alegó antes de susurrar.— "La última descendiente de aquella sangre que el Señor Oscuro derramó en sus primeros pasos, nacerá rodeada de sacrificios cuando el noveno mes muere... será criada rodeada de amor... caerá y se levantará… perderá a sus pilares… a pesar de ello sobrevivirá convirtiéndose en un arma poderosa..." —murmuró deteniéndose en secó antes de terminar de narrar la profecía, no sabía porqué pero creía que el resto no merecía la pena mencionar.
—Jamás había escuchado tal cosa. —confesó el pocionista en un intento de ocultar su incredulidad.
—De hecho me sorprendería si estuviera enterado de ella, solo la conocen aquellos que en el momento de mi nacimiento ya formaban parte del círculo cercano del Señor Oscuro y me parece que para ese entonces usted todavía no tomaba la radical decisión que cambiaría su vida permanentemente. —comentó quitada de la pena confrontándole abiertamente.
—Quizá tenga razón y ese sea el motivo por el cual nunca antes había escuchado esa profecía. — dijo, intentando ser cortes pero fallando con el tono utilizado.
—No es que "quizá" tenga razón, es que en ese momento los únicos que sabían la profecía eran los miembros de mi familia, pero Voldemort capturó a la mayoría y sospecho que uno confeso al ser torturado. Por otro el lado, mi abuela solo le contó a una sola persona sobre ello, esa misma fue quien le aconsejó que hacer al respecto para protegerme y creo que ambos sabemos quién era esa otra persona. ¿No es así, Snape?
— ¿De qué rayos está hablando? — preguntó molesto, si es que aquello era verdad, Albus no había sido nada sincero con él y de nueva cuenta le estaba utilizando su conveniencia, si a ambos les interesa terminar con el Señor Oscuro, ¿Por qué le había ocultado un detalle tan importante de la joven?
—No insinuó nada, le estoy afirmando que quien sea que le haya mandado a dar conmigo es en quien mi abuela confió. No puede tener duda de ello.
—Si es verdad lo que dice, sería interesante que es lo que Albus Dumbledore tiene que decirle
Con un sonido de ironía que escapó de su garganta, dio a entender muchas cosas. — No sé, ¿Cree que puedo confiar en esa persona? —inquirió plantándose enfrente de él apoyada en la mesa, mirando directamente a los ojos del espía.
—Creo que puede confiar en su sombra y continuar como hasta ahora. Sola y escondida. Oh sí, ya recordé eso es lo que no quiere hacer. —repitió con total ironía,— en todo caso puede confiar en quien ayudó a su abuela en el pasado. Usted es quien decide Rodeneski. —dijo, cruzando los brazos, pero por primera vez inseguro de que llevarla a Hogwarts fuera lo mejor.
—Sinceramente me gustaría que mi padre pudiera reiniciar en otro país con nuevas ilusiones pero no sé si sea capaz de hacer algo así. Ya perdí a mi madre y no quiero perderlo a él también. —Confesó contrariada
—No se ofenda pero, creo que a su padre lo perdió en el mismo momento que feneció su madre. —mencionó con total suavidad aunque en realidad lo que acababa de decir era lo más cruel y frío que podría haber dicho en todo el día.
Miró directo a los ojos de Snape y por un ínfimo segundo logró ver varias escenas que parecían pertenecer al propio pasado del espía. Guardó silencio sin alertar al hombre de lo que había logrado ver, sin embargo aquello bastó para saber que lo que decía el pocionista era más que verdad, su padre jamás volvería a ser el mismo, porque ahora le faltaba una parte de sí. Tal y como había ocurrido con el hombre que tenía enfrente. —Acepto sugerencias. —murmuró, sin saber cómo pedirle ayuda sin parecer débil, más de lo que ya, estaba segura, parecía.
—Borre su memoria, dele una nueva identidad y una nueva vida. Porque en el estado en que está inmerso difícilmente le servirá de apoyo al contrario, podría ponerlos en peligro a ambos.
—Esa es una solución sacada de una novela dramática. —alegó incrédula, no podía creer que aquel hombre tan cabal le estuviera alentando a realizar tal locura además, sinceramente no deseaba perder lo único que le quedaba.
—Entonces enciérrelo en un sanatorio muggle y cuando todo termine puede sacarlo de ahí. —sugirió cansado por lo sentimental de la situación.
— ¡Mi padre no está loco!—gritó con los ojos llenos de lágrimas
—Solo está un poco perturbado, ¿cierto? —comentó en un intento de llevar al límite a la joven.
—Creo que esta considerablemente bien a comparación de usted cuando perdió a aquella mujer, Snape. —replicó, no era algo que pensaba mencionar mucho menos porque aquella información la habia obtenido la única vez que el hombre bajo sus defensas al intentar hurgar en su mente, pero ya lo había dicho y no había vuelta atrás.
—No sé de qué habla. —alegó evasivo, cruzando los brazos frente a sí poniendo una barrera física pero ciertamente afectado por las palabras de Sydney.
—Yo sí, pero créame, no soy nadie para juzgarle solo quiero que trate de entender que no sé qué hacer, mucho menos sé si mi padre algún día me perdone si es que sigo alguna de sus sugerencias. —confesó derrotada.
—El tiempo corre. —señaló, incitándola a tomar una decisión pronta.
Fijando su vista en el fondo del comedor, preguntó fingiendo tranquilidad. —Dígame algo, si practico un Obliviate a mi padre, ¿Podré revertirlo?
—Solo alguien muy diestro en el arte de la mente, puede poner un candado con el cual revertir el hechizo, de otra manera me temo que sería permanente. —explicó en un tono estrictamente clínico
Sin voltear a ver al pocionista, podía intuir que él no sabía cómo realizar aquella tarea y que en el mejor de los casos, tendría que despedirse permanentemente de su padre, noción que causó que una corriente de lágrimas brotara por sus ojos. —Entonces, creo que es así como termina esto.
Allí mismo se podía solucionar aquello, pero estaba a punto de complicar la situación, tenía que hacerlo para que ella confiará plenamente en él. —Yo puedo realizar el encantamiento
Incrédula, volteó su rostro hacia el hombre, parecía que no mentía y ello le traía un poco de esperanza. —¿Lo haría?
—Si estás convencida de ello, lo haré. —afirmó con total seriedad, quizás esto lo debía hacer con tal de terminar con aquel lastre que tenía veinte años cargando, pero parecía no ser lo correcto, aunque claro, ¿desde cuándo seguía lo que dictaba su conciencia?
Sorprendida por la falta de formalidad en el dialogo del hombre, un pequeño foco de alerta se encendió en su interior, había algo que no estaba bien, pero qué era, no lograba verlo. — ¿Qué quiere a cambio?
—Nada en especial, pero si de verdad deseas vengarte del Señor Oscuro, sería muy conveniente que vinieras conmigo a Hogwarts y hables con Dumbledore, quizá él pueda darte otra perspectiva de las cosas.
Soltando una carcajada llena de ironía y rendición por igual, contestó. —Es demasiado bueno en lo que hace, Snape. Ahora veo porque ambos líderes, luz y oscuridad, necesitan de sus servicios. Acepto, no sin antes pedirle que sea cuidadoso con mi padre.
—Me ofende que crea lo contrario, pero pierda cuidado yo me encargo. —declaró poniéndose en pie
— No lo decía por usted, si no por él, cuando estamos desesperados cometemos locuras, en este momento mi padre está en un estado mental inestable. — recalcó la joven colocándose frente a el pocionista
—Lo tendré en cuenta. —aseguró dirigiéndose a las escaleras.
pensó para sí misma antes de salir de la cocina y dirigirse a su habitación para proseguir con el salón que pobremente había adaptado como laboratorio y después dirigirse al despacho de su padre, donde con bastante nostalgia guardó las cosas que meticulosamente.
-o-
En que situaciones tan extrañas me metes, Albus. Concentrado ,el pocionista comenzó a mover su varita realizando hechizos que mantuvieran en su lugar al hombre que se encontraba ya antes en estado catatónico, cerrando con atención la puerta para continuar con la tarea que había sido solicitada por la joven al terminar le dejó inconsciente, para que la tarea de llevarlo a su nuevo destino fuera más sencilla. Salió de la habitación y comenzó a observar lo que antes parecía una casa hecha para el regocijo de una familia, pero intuía que sus habitantes habían vivido presa de temores la mayoría de su estancia en ella.
Había bultos en cada habitación que dejaba atrás, al menos así estaban la sala, cocina, comedor, y el despacho, finalmente encontró a la joven en el traspatio, sin hacer ruido se acercó al marco de la puerta y observó la escena.
Sydney parecía perdida en sus pensamientos más al fijar la vista, el espía se dio cuenta que observaba con atención al ave que estaba posada en el árbol.
— ¿Qué harás con la casa? ¿A dónde iremos?
— Tenemos que ir con él porque di mi palabra y no puedo romper mi promesa. ¿Qué haré con la casa? Desde que madre empeoró Julius firmó el contrato de compra venta de la casa, para que llegado el momento, fuera sencillo venderla. Supongo que llamaré al abogado squib con el que tenía tratos mi padre para que realice todo el papeleo. Del dinero que den por la casa la mitad serán sus honorarios y la otra mitad le pediré que la deposite en una cuenta muggle, él mismo conseguirá quien puede vigilar los negocios de mi padre. Finalmente Julius confía plenamente en él, creo que puedo hacer lo mismo mientras veo que será de nosotras.
—Sé que hasta ahora el ex mortífago se ha portado decente, pero tienes que ser cautelosa porque él como tú no tiene nada más que perder y haría cualquier cosa por terminar con esta absurda guerra.
—Creo que tiene toda la razón en querer eso, era lo que mamá quería, era lo mi padre quería, es lo que yo quiero.
—Entiendo, pero para que eso ocurra, muchos sacrificios tendrán que hacerse.
— ¿Más aún? Ya no tengo nada que perder, Ika.
—No te das cuenta de ello, pero puedes perder algo que no sabes que es tuyo, y en su momento puede ser igualmente devastador.
—Ambas sabemos que no puedes decirme más, así que por lo que a mí respecta, trataré de cumplir con mi parte del trato.
—Solo espero que después no te arrepientas de esta decisión, sé que es la mejor en este momento, pero…
—Calla, debo escucharte pero en este momento no me haría nada bien, porque va en contra de la mayoría de las cosas que quiero hacer.
—Quizá entonces deberías solo seguir tu corazón…
—Mi corazón me dicta huir con mi padre, pero no puedo hacer eso otra vez. Tengo que ser valiente e intentar terminar con esto, para ser libre como mi madre quería que lo fuera.
—Tenemos compañía. —comentó Ika, señalándole al hombre que les observaba interesado.
Con ello, Sydney, dirigió su atención al pocionista. —Ella es mi familiar, su nombre es Ika. —comentó, sin esperar una respuesta.
Rodando los ojos ante tan inocuo comentario, suspiró y comentó. —Veo que las cosas están empacadas. Tu padre también está listo para viajar ya. ¿Vas a despedirte de él?
—Quisiera pero prefiero recordar al hombre que me hablaba con cariño. Quizá me arrepienta de ello porque no tengo idea de cuándo le volveré a ver, pero la respuesta es no. —dijo muy aprisa
—Si es así, me llevaré al señor Roberts a su nueva localización, donde te aseguro podrá vivir tranquilamente. Regreso en una hora, recuerda mi sugerencia. —indicó antes de regresar al interior de la casa para segundos más tarde salir del perímetro de la casa.
N/A 18/04/2014 Gracias por seguir conmigo. Espero su retroalimentación.
