Living in Paradise

20. La Vida Sigue

Narra Joe

El ambiente en el hospital era tan frío que no podía dejar de tiritar, congelado. Mi corazón estaba en un puño y los ojos me escocían por haber estado llorando casi todo el camino en ambulancia, muerto de miedo. Habían conectado a Liz a una máquina y sus latidos eran cada vez más débiles, mientras que los enfermeros "intentaban hacer todo lo posible". Pero lo que más les preocupaba era el bebé. Yo quería a mi Galletita de vuelta, la quería despierta, riéndose, obligándome a poner la mano en su barriga y diciéndome lo buen padre que iba a ser.

Quería ver sus ojos brillar otra vez.

Al llegar a urgencias, me prohibieron seguir la camilla que llevaba a mis dos chicas, mis dos pequeñas. Me quedé solo, sin poder parar de llorar. Sin embargo, era todo como una nebulosa. No podía estar pasando. Estaba soñando, seguro. Liz estaba dormida a mi lado, en casa. La cama era muy grande, pero ella siempre se las apañaba para echarme mientras dormía, dejándome un espacio muy pequeño justo al borde del colchón. Sonreí brevemente, perdido en mi ensoñación.

En lo que parecieron horas, llegó corriendo el resto del grupo. Iban acelerados.

-Hemos llegado lo antes que hemos podido, la policía nos ha pedido que testificáramos mientras detenían al malnacido –oí decir a Nick, mientras apoyaba su mano sobre mi hombro, como infundiéndome valor.

Asentí brevemente, demasiado perdido en mis pensamientos.

¿Y si no salía con vida? ¿Y si no volvía a ver su sonrisa?

-¿Qué te han dicho en la ambulancia, Joe? ¿Va a ponerse bien? –preguntó April, mirándome con cara preocupada. Tenía también los ojos hinchados, de llorar supongo. Todos estábamos con las mismas caras, pero yo me negaba a apartar la vista de la puerta blanca por la que se habían llevado a mi Galletita.

-No me han dicho nada… se… se la han llevado y no me han dejado ir con ella –murmuré.

Justo en ese momento salió un médico. Intenté leer en su expresión si traía malas o buenas noticias.

-¿Joe Jonas? –me preguntó. Salí de mi ensoñación, asintiendo. Todos centramos la atención en él –esto… hemos tenido que realizarle una cesárea a Elizabeth, porque el bebé estaba encontrándose con algunas complicaciones y nos preocupaba que pudiera perderlo. Como el embarazo es de ocho meses, tendrá que estar un tiempo en la incubadora, pero está perfectamente sana.

Sonreí, algo aliviado. Sin embargo, aún faltaba la pregunta clave.

-¿Y Liz? ¿Está bien? ¿Se pondrá bien? –pregunté, desesperado –¿puedo entrar a verla? ¿Puedo ver a mi hija?

Su cara cambió de expresión.

-El navajazo ha herido muchos de sus órganos vitales… eh, me temo que los pulmones se le han encharcado de sangre demasiado rápido y… bueno, no hemos podido hacer nada por ella. Ha muerto hace unos cinco minutos –dijo, pesadamente –. Lo siento mucho, hemos hecho todo lo que hemos podido.

Se me cayó el mundo encima. Era como si lo que me estaba diciendo no acabara de procesarse en mi cerebro. Escuché el sollozo de April detrás de mí, que enterraba su cara en el pecho de Nick, que la abrazaba también con cara de terror. Kevin y Summer parecían demasiado impactados por la noticia, con lágrimas en los ojos.

Pero yo seguía ahí parado, mirando al médico como si nada de lo que acababa de decir tuviera sentido.

-Pero… pero…

Las lágrimas empezaron a desbordarme los ojos; mi corazón se había roto.

-Puedes pasar a ver a tu hija, si quieres. Te dejarán cogerla un rato, pero luego tiene que quedarse en la incubadora por un tiempo, como he dicho –añadió el médico. Luego se dio media vuelta.

¿Cómo podía estar contento por tener una hija cuando mi Galletita se había ido?

-¿Puedo…? ¿Puedo ver a Liz? ¿Dónde está? ¿Dónde la han llevado? –pregunté, antes de que se fuera.

-Está aún en la sala, no sé si te dejaran verla… -dijo.

-Doctor, por favor. Sólo quiero verla una vez más. No pueden llevársela sin que la vea una vez. Sólo una. Sólo le pido eso –supliqué con la voz rota.

-Está bien, puedes entrar… supongo que tienes dos minutos –respondió el médico, serio.

Mi corazón se había roto y no habría manera posible de repararlo. Mi Galletita se había ido y… me había dejado solo.

Sentí que las piernas me flojeaban mientras iba hacia la sala donde habían intentado reanimar a Liz. Estaba tan destrozado que ya era como si fuera otra persona, como si estuviera viéndolo todo desde fuera, sin comprender del todo lo que estaba pasando. Kevin y Summer me acompañaron. Nick y April se habían quedado en el pasillo porque al parecer April estaba demasiado afectada y se negaba a ver a su amiga en aquel estado. Ambos se quedaron sentados en el suelo, apoyados contra la pared.

Pero yo tenía que verla una vez más y darle un beso, aunque ya no lo fuera a notar. Me daba igual.

Narra April

El mes siguiente a la muerte de Liz fue tan negro como el pelo de la recién nacida Lily. Joe se había encerrado en su casa y se negaba a salir. Ni siquiera había ido a ver a su hija al hospital.

El funeral fue triste y todos lloramos demasiado. Kevin y Nick se encargaron de todo… como llevaban haciendo desde entonces, porque Joe parecía demasiado débil como para preocuparse por algo aparte de quedarse en casa, solo. Había dejado de ser el Joe que era. Nada parecía tener sentido para él.

Yo estaba dolida, obviamente. Mi mejor amiga había muerto demasiado pronto. Todas las noches me quedaba pensando en ella y, aunque empezaba riéndome al recordar situaciones ridículas que nos habían pasado, casi siempre acababa llorando al darme cuenta de que ya no estaba. Uno nunca quiere ver morir a sus amigos.

-Tranquila, April. Estoy aquí, me tienes contigo. Llora un rato más y luego duérmete –me decía Nick todas las noches, abrazándome con fuerza. No sé qué habría hecho si él no me hubiera apoyado durante esas noches.

Entre todos hacíamos turnos para ir a ver a Lily. La pequeña había sido prematura, pero estaba bien. Después del primer mes en observación, nos dijeron en el hospital que ya podíamos llevarla a casa. Pero, ¿a qué casa? Joe no había mostrado ningún interés por ella desde que la vio la primera vez, cuando se despidió de Liz. Yo no quise verla; prefería recordarla como era, no tumbada en una camilla, sin vida.

Decidimos que lo mejor era llevar a Lily a casa de los padres de Nick y prácticamente todos nos mudamos allí. Kevin y Sum compartían una habitación, y habían pospuesto su boda porque nadie estaba de humor para ella. Pero a ellos no les importaba, porque, al fin y al cabo, estaban juntos todo el tiempo; Nick y yo trasladamos algunas de nuestras cosas a la casa familiar, donde sus padres nos acogieron sin problemas. Parecían contentos de tenerlos a todos de vuelta… excepto a Joe.

Un día, se decidió lo que íbamos a hacer: Kevin, Nick y yo íbamos a ir a casa de Joe, donde se había encerrado, para hacerle entrar en razón. E íbamos a llevar a su hija, preciosa como era, de pelo negro y ojitos despiertos. Su piel era rosita y sus piernecitas y bracitos siempre se movían sin cesar, como si estuviera saludando al mundo. Era la cosa más bonita que había visto. Sus ojos recordaban mucho a los de Joe, pero el resto de los rasgos eran completamente de Liz; de mayor sería guapísima.

Cuando llegamos a casa de Joe, todos en manada, él se limitó a abrirnos la puerta con el mando a distancia, pero no salió a recibirnos. De todas formas, nosotros ya sabíamos dónde estaba escondido: en su habitación, debajo de las sábanas. Estaba segura de que no las había cambiado porque aún olían a Liz. Las cosas de mi amiga estaban esparcidas por el suelo, y alguien había vaporizado su perfume por toda la habitación. Sentí una punzada de dolor al entrar y ver a Joe en aquel estado.

-Joe, esto tiene que acabar –le dijo Nick. Directo al grano.

Ellos eran sus hermanos, así que decidí mantenerme un poco al margen, servir de apoyo.

-Dejadme en paz. Coged lo que necesitéis e iros –dijo, sin salir de debajo de las sábanas.

-Joe, te hemos traído a Lily. Ya no tiene que estar en el hospital; está perfectamente sana –añadió Kevin.

-No… no quiero verla –contestó secamente Joseph.

-¡Es tu hija! –espetó Nick –y la de Liz. ¿Qué crees que querría ella, Joe? ¿Crees que le parecería bien que te quedaras aquí encerrado durante un mes, sin cuidar de ella?

-¡Yo no puedo cuidar de nadie! –gritó Joe –no pude cuidar a Galletita, y ahora no podré cuidar a nuestra hija.

-Joe… -murmuré, con lágrimas en los ojos.

-¡Ella se ha ido, April! Liz no está –se le quebró la voz. Se había puesto de pie de un salto, me miraba con ojos desorbitados. Tenía unas ojeras enormes y los ojos enrojecidos –¿qué voy a hacer yo sin ella?

Me acerqué hacia él, cogiéndole las manos con calma. Ambos llorábamos, pero no importaba. Le dirigí una sonrisa triste.

-Vas a criar a la hija que ella te ha dado. Vas a ser un padre genial, y vas a contarle todos los detalles sobre aquella vez que llevaste a su madre a Disneyworld, la disfrazaste de princesa y le declaraste tu amor –dije. Joe esbozó una breve sonrisa, sin parar de llorar. –. No puedes encerrarte aquí para siempre. Lily te necesita.

-Todo me recuerda a ella. Es contradictorio porque… porque quiero tenerla presente, pero por otra parte no. No puedo ver nada sin acordarme de ella o pensar en lo que diría. Incluso le hablo a veces –admitió Joe, sorbiéndose la nariz.

-No es malo que le hables (siempre que no sea en público y te acusen de demencia) –intenté bromear.

-Nos hemos mudado todos a casa de papá y mamá, Joseph. ¿Por qué no vienes con nosotros, aunque sea una temporada, hasta que las cosas se normalicen un poco? –dijo Nick. Joe asintió después de un rato.

Más tranquilo, se sentó en el borde de la cama. Luego levantó la cabeza, como si se acabara de acordar de algo.

-¿Habéis… habéis traído a Lily? –preguntó. Asentimos.

Kevin se acercó a él con una sonrisa. La llevaba en brazos porque, al parecer, a la pequeña le encantaba que su tío Kev la cogiera. Nick siempre tenía ese aspecto nervioso cuando se la ofrecían, y lo mismo me pasaba a mi. Los niños no eran nuestro punto fuerte.

Sin embargo Kev era perfecto en eso. La miraba y trataba con cariño, y quizá por eso a la niña le gustaba tanto; los bebés tienen un sexto sentido para esas cosas.

-Toma, cógela con cuidado. Sujeta su cabeza –dijo Kevin. Obviamente, había aprendido mucho siendo el hermano mayor.

La expresión de Joe no tenía precio. La cogió con manos temblorosas pero, en cuanto Lily lo miró con sus enormes ojos, fue como si hubiera una conexión. Eran los mismos ojos mirándose el uno al otro. Joe había dejado de llorar, pero sus ojos se humedecieron.

-Lily –susurró. La niña hizo un gesto gracioso con sus manos, como intentando coger la cara de Joe –hola, soy papá. Ya estoy contigo.

Se quedaron mirándose un rato más, haciendo que Kev, Nick y yo nos sintiéramos como unos entrometidos ante una escena tan íntima.

-Eso es; voy a cuidarte –le dijo Joe a su hija. Nick me abrazó, como siempre hacía cuando creía que más lo necesitaba. Me apegué a él gratamente.

-Tengo que irme de aquí… no creo que pueda ser feliz con todo tan reciente –dijo Joe. Asentimos.

-Vamos a casa –dijo Kevin. Joe sacudió la cabeza, aún abrazando a Lily contra su pecho. Empezaba a quedarse medio dormida, así que se había agarrado con fuerza a la camiseta arrugada de Joe.

-No, no me refiero a cambiar de casa… sino de ciudad –aclaró el mediano –no puedo seguir en Los Ángeles. Esta ciudad me ha agotado.

-¿Dónde quieres ir? –le preguntó Kev, sentándose a su lado en la cama, corrigiendo despreocupadamente la postura de sus manos para que cogiera mejor a Lily.

-No lo sé. ¿A Texas? –aventuró Joe. Siempre se me olvidaba que tenían casa allí.

Nick carraspeó.

-Creo que este es el momento adecuado de contaros cierta noticia que no me he atrevido a deciros –dijo Nick. Todos le miramos confundidos.

-¿Qué noticia? –pregunté, preocupada. Él me apretó con fuerza.

-Eh… hace un mes, más o menos, me llamaron para ofrecerme un papel en un musical de Broadway. Dije que no estaba muy seguro, porque nosotros… bueno, nosotros habíamos dicho que pronto nos pondríamos a trabajar en nueva música, ¿no? –miró a sus hermanos, que asintieron –pero… ahora que las cosas están así… ¿qué os parecería si todos nos mudáramos a Nueva York? Kevin y Summer podrían casarse allí, o vivir en New Jersey si lo preferís… y Joe, tú puedes quedarte con April y conmigo en nuestro ático… o buscarte un piso, no importa. Lo que te apetezca -nos miró a todos, que estábamos completamente en shock por la noticia.

-Nick, ¡Broadway! –dijo Joe, sonriendo sinceramente –es un sueño para ti, ¡enhorabuena! Te abrazaría si pudiera, pero se ha dormido. No quiero hacer movimientos bruscos.

Se refería a Lily, que dormitaba tranquila contra el pecho de su papá. La miramos con tranquila. Me gustaba ver a Joe más o menos tranquilo otra vez.

-Creo que es una buena idea –dijo Kevin, que había estado callado, con aspecto pensativo –creo que me gustaría enseñarle a Summer New Jersey. Estoy seguro de que hay casas bonitas por allí, quizá por nuestra antigua urbanización…

-Entonces, ¿nos mudamos a Nueva York? –no podía creerlo, vivir en esa ciudad había sido siempre uno de mis sueños.

-Creo que un cambio de aires nos sentará bien a todos –dijo Joe, asintiendo brevemente.

-Está bien –dijo Nick, mirándonos a todos –. La semana que viene nos pondremos en marcha.


ooo


Había pasado casi un año desde que nos mudamos todos a Nueva York.

El musical en el que Nick actuaba casi todas las noches estaba teniendo tanto éxito que habían decidido contratarle para un mes más, pero nosotros habíamos decidido que no nos íbamos a mudar. La Gran Manzana nos había recibido con los brazos abiertos y no teníamos intención de irnos. Habían sido 12 meses en los que habíamos paseado, comprado, comido, visitado sitios y cosas perfectas, pero aún notaba como si me quedara mucho por descubrir. Nueva York era ese tipo de ciudad en la que nunca sabes lo que va a pasar o qué cosas nuevas vas a ver.

Al principio, nos las habíamos ingeniado para vivir todos en el ático que Nick había comprado para nosotros. Era un descontrol porque, aunque la casa era grande, éramos cinco adultos y un bebé. Vivimos muchas situaciones graciosas en las que el gran padre Kevin tuvo que hacer de niñera y profesora, enseñándonos muchas cosas.

Al cabo de tres meses, Joe había conseguido convencer al dueño del apartamento debajo del nuestro para que se lo vendiera, así que se mudó allí con la pequeña Lily, que crecía a una velocidad de vértigo. Su pelo empezaba a rizarse ligeramente, y seguía tan despierta como siempre. Joe aún tenía momentos en los que parecía triste, ausente. Pero se le solía pasar cuando le dejabas un rato solo. Había comprendido que tenía que estar ahí para su hija, que no podía hundirse sin hacer nada.

Kevin y Summer por fin se casaron y vivían felizmente en una casa con un jardín enorme en New Jersey, cruzando el puente. Casi siempre venían a vernos; nos gustaba colarnos cada noche en el teatro mientras que Nick actuaba. Nos sentábamos en las últimas filas y repetíamos sus frases de memoria, porque había pasado demasiado tiempo repitiéndolas en voz alta con nosotros cerca –o quizá porque habíamos visto la obra un montón de veces.

Personalmente, noté que había madurado casi de golpe. Nunca me había gustado ver a Nick con otra chica, pero los celos me habían casi desaparecido (o, al menos, no sentía la necesidad de asesinar a su compañera en la obra, su enamorada). Además, había decidido que no quería ser la típica esposa florero, acompañando a Nick a todas partes como un perrito faldero y sin vida propia, así que volví a ponerme a trabajar. Esta vez no fue una película, sino como presentadora de un programa. Y no sólo eso: había decidido que entraría a estudiar en la NYU el siguiente año. La universidad siempre había sido un gran sueño para mi, y ahora podía conseguirlo.

Era una vida atareada: universitaria / esposa / tía de una preciosa niña / presentadora. Pero me gustaba mantenerme ocupada.

De vez en cuando, algún grupo de fans nos paraban por la calle cuando Nick y yo paseábamos tranquilamente, pero la presión se notaba mucho menos que en Los Ángeles. Ya no teníamos que ir de incógnito; en Nueva York nos perdíamos directamente entre la multitud, haciendo que fuera un poco más difícil reconocernos.

Y, en cuanto a los Jonas Brothers... no dejaron de hacer música. Habían estado escribiendo algunas canciones y tomando ideas con la guitarra o el piano (mis múltiples dolores de cabeza eran la prueba, porque se pasaban la noche en el salón de casa, tocando la misma melodía o cantando las mismas palabras una y otra vez). Sus planes eran escribir, grabar y sacar el CD en menos de un año, cosa que las fans ya deseaban desde hacía tiempo.

Muchas veces pensaba que vivíamos en el paraíso. Es cierto que habíamos perdido a uno de los nuestros, pero, después de todo, la vida sigue y todo se acaba.

FIN


Eso es todo, queridas lectoras. ¡No os imagináis lo mucho que he llorado escribiendo este capítulo! Quizá os parezca tontería, pero son casi 4 años de mi vida escribiendo todo esto, perdiéndome en ensoñaciones sobre cómo haría el siguiente capítulo o parando de escribir algunas escenas porque el mero hecho de imaginármelas me hacía reírme como una loca, a solas en mi habitación.

Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo :) y, como siempre, muchas gracias por comentar, darme vuestras opiniones y, sobre todo, apoyarme.

Quizá nos leamos pronto, en otro medio (¿quizá algún día en papel?) ;)

Buena suerte con todo, recordad que nunca se sabe lo que te puede pasar y, ¡sed felices!

-Vicky.