AMBIVALENCIA
Por Roquel
Dedicatoria: Para aquellos lectores y lectoras que se toman la molestia en dejarme un mensajito.
Serket Girgam Espero que sigas por aquí. Vamos viendo más sobre la interacción de nuestros personajes.
YuriyKuznetsov Me alegra que la historia te guste. La recuperación va bien, pasito a pasito y enfrentando sus demonios.
Shiroi Tsuki Respondiendo tus preguntas: Los chicos no desarrollaron personalidades alternas. Cada nombre que tienen va a asociado a una etapa de su vida, una etapa donde alguien más les decía que hacer y que sentir, donde alguien se encargaba de ellos. Es por esto que les cuesta trabajo entender quienes son, no saben cuales son sus deseos ni sus metas, no consiguen verse como seres independientes aunque quieren serlo. Por tu segunda pregunta Boris esta obsesionado con Rei porque lo venció cuando se supone que fue creado para nunca ser vencido. Boris lo odia porque en el fondo sabe que fue ese fracaso lo que lo condeno aunque no lo tiene claro ahora. Y como veras en este capitulo quiere verlo porque le despierta emociones.
Navleu Me escandalice cuando me dijiste cuanto tiempo llevaba este fic, pero es que el tiempo pasa tan deprisa que nunca te das cuenta de lo que realmente sucede a tu alrededor. Con respecto a Iliá y a Benzel me temo que seguiras viéndolos como una parejita de padres malencarados, sobre todo porque tienen que lidear con dos mocosos un poquito inútiles.
Alexa Hiwatari Esperemos que este capitulo no se te haga tan cortito, aquí vamos. Trato de no sonar demasiado especializada porque la verdad no conozco mucho sobre el tema, pero me gusta leer información al respecto así que ahí vamos.
Shingryu Inazuma Espero que la interacción entre esos dos te vaya gustando porque aunque casi no pase nada van acercándose mas y mas.
Nekot Tenemos más conversaciones Bryan-Yuriy que espero te gusten. Hubo escapada del internado así que ya veremos.
Alexander Gracias por seguir aquí. Esperemos que este capitulo aun sea de tu agrado.
Nayelli No podría abandonar esta historia que tanto me gusta. Me cuesta trabajo compaginar la vida real con la compu pero aquí vamos. Gracias por detenerte a saludar y allá vamos.
Funeral of the Humanity. Me gusta tu Nick, es muy original. Me alegra muchísimo que la historia te este gustando. La verdad me gusta el angst con tintes finales. Ya hemos visto por todo lo que ellos han pasado pero ahora es turno de que salgan adelante y enfrenten el mundo.
Notas: El primer párrafo debería estar escrito con letra diferente porque se trata de un breve extracto del diario que Yuriy lleva. Pero fanfiction no me deja poner cosas con otro tipo de letra. Ademas hay ciertas partes que deberian estar tachonadas pero tampoco aparece así que las he puesto como subrayadas. Son cosas que Yuriy ha escrito pero que finalmente borra.
Por lo demás, ¿qué puedo decir? Mejor les dejo que vayan y lean. Y comentaremos después.
Ambivalencia: Estado de ánimo en que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos.
YYY
CAPITULO 20
LIBERTAD
Libertad: Capacidad que posee el ser humano para obrar por propia voluntad. Estado de aquellos que no son esclavos, ni sujetos, ni se encuentran impedidos al deseo de otros de forma coercitiva. Es aquello que permite al hombre decidir si quiere hacer algo o no.
YYY
[La oscuridad es total… la oscuridad me invade… la oscuridad lo invade todo… El silencio es absoluto… No puedo respirar. No recuerdo cómo... Hace frío. Siempre hace frío. El frío está… Si trato de moverme el dolor se vuelve insoportable. Mis ojos… Entonces lo oigo reír. Él está aquí. Siempre está aquí…]
La pluma tiembla sobre el papel. Le toma un rato entender que es su mano la que se estremece con tal violencia que al intentar escribir las letras se desdibujan en garabatos incomprensibles.
El chico inhala profundamente y practica los ejercicios de respiración. Inhala, sostén, suelta. Inhala, sostén, suelta… La letanía se repite hasta que el temblor ha pasado. Lo intenta de nuevo.
"Él…"
Pero no resulta fácil. No puedo pensar en él sin echarse a temblar. Escribirlo es aún peor. La ira lo invade. El cuaderno sale disparado de sus manos y cae produciendo un sonido seco. El chico resopla y se sujeta el cabello rojo que casi le roza los hombros. Si cierra los ojos la pesadilla vuelve a él. La misma pesadilla que ha intentado plasmar en su diario.
Escribirlo te ayudará a entenderlo. Te ayudará a superarlo. Si no quieres hablar de él entonces escríbelo. Intenta evocarlo; así tomarás control sobre el pasado.
Las palabras de la terapeuta resuenan en su mete con fastidiosa claridad. Escribirlo. Claro. Como si fuera fácil. Como si pudiera simplemente describir el terror o la agonía. Como si fuera posible explicar quién es el hombre de sus pesadillas y lo que hizo con él.
La idea lo hace estremecer. No pienses en eso.
La ventana de su cuarto deja entrar un rayo de luz de luna. Ya no tiembla al sentarse solo en la oscuridad…, aún siente miedo, pero no terror. A veces hasta consigue distraerse. A veces consigue dormir durante toda la noche sin pesadillas. A veces.
Pero hay momentos especialmente terribles cuando sueña despierto con risitas crueles que se burlan de él. Es entonces cuando desea saltar por la ventana y callar el remolino de pánico que burbujea en su mente.
Esa noche parece ser una de ellas.
El pelirrojo se rinde ante la evidencia. Esa noche no podrá volver a dormir. Se frota los ojos, de pronto pesados. La habitación es demasiado pequeña, demasiado caliente, demasiado oscura para su gusto.
Necesito salir de aquí.
El pensamiento surge de pronto y le resulta irresistible, así que sale. Nadie tiene permiso para vagar por los pasillos después de las diez, pero el pelirrojo se las arregla para deslizarse por ellos como una sombra furtiva. En ocasiones le sorprende la facilidad con la cual se escabulle fuera de su habitación, su destreza para eludir la vigilancia y forzar las cerraduras; pero si piensa en ello siente que su corazón tiembla y que su estomago se llena de plomo, así que procura no meditar sobre sus habilidades, ni la forma como las adquirió.
Casi todas las ventanas del centro poseen barrotes, pero un pequeño tragaluz cerca del baño tiene, en lugar de rejas, una triple cerradura. Yuriy las abre sin pensar. Tiene dedos largos y hábiles que manejan con suma destreza la pareja de ganchos metálicos que esconde en la costura de su colchón.
El tragaluz es angosto, pero el chico se las arregla para salir sin problemas. El techo está ligeramente inclinado, lo que le confiere cierta intimidad. Yuriy se sienta cerca del tragaluz y aspira con ansiedad el aire frío. Respira sintiendo que el frío se le mete en los huesos, un frío que lo mantiene despierto y que lo llena hasta expulsar el miedo. Una suave y delicada emoción aletea en su pecho.
Libertad.
Casi puede saborearla. Pese a ser una emoción que no puede describir, le resulta fácil identificarla. Es una emoción que golpea su pecho y lo llena de aire, que vibra con electricidad. Quiere cerrar los ojos y abandonarse a la sensación, sentir el frío en su cuerpo y las irregularidades del techo bajo los pies. Quiere escuchar el sonido del viento y del…
Sus ojos se abren al escuchar el inconfundible sonido de pies aplastando el pasto. Es casi indistinguible, pero su oído lo capta: El ruido de alguien deslizándose furtivamente por el jardín.
Gatea con agilidad y rapidez hasta el borde del techo, apenas un par de metros lejos del tragaluz. Al inclinarse distingue de inmediato la sombra que se desliza por la pared exterior. El extraño camina encorvado, manteniéndose lejos de las ventanas. Yuriy reconoce el cabello lavanda.
—¿A dónde vas?—Las palabas surgen antes de que pueda meditarlas, su voz apenas un ligero susurro que flota con el viento.
Sin embargo, el chico lo oye porque se tensa durante un momento—el segundo que tarda en localizar la voz—y cuando lo hace inmediatamente frunce el ceño.
—¿Qué diablos haces ahí?—Apenas abre los labios para susurrar, pero incluso así Yuriy es capaz de entenderlo.
—Mirarte.
En respuesta recibe una sonrisa ligera y mordaz. Una clase de gesto a la que curiosamente se está acostumbrado. Antes de que pueda pensarlo está moviéndose hacia el borde del techo. Saltar hacia el suelo no le causa ningún problema y pese a que no sabe por qué, al final termina siguiendo al otro en su carrera hacia el muro exterior.
—¿Quieres venir?—Es la única pregunta que el otro le hace.
—¿A dónde?
—Fuera.
Titubea un segundo, pero al final termina asintiendo. Boris hace una base con las manos y el pelirrojo la usa para impulsarse sobre el muro. Cuando se encuentra sobre la barda se inclina para tenderle una mano al otro. No hay gente ni movimiento al otro lado de la pared. El mundo es tan silencioso que por un momento Yuriy teme que todo sea una ilusión y que las voces de sus pesadillas floten hasta él.
Boris aspira profundamente y entonces avanza con resolución.
—¿A dónde vas?
—Donde sea… no quiero quedarme aquí… no hoy.
Caminan en silencio durante largo rato, tan solo respirando la brisa fresca. Hasta que Boris habla:
—¿Por qué el techo?
—Porque resulta fácil respirar…
Un extraño recelaría de esa respuesta, pero Boris no. Para él, que también ha sentido como los muros se cierran sobre su cabeza, la necesidad de salir a un lugar abierto es una sensación familiar y conocida.
Han pasado cuatro meses desde que coincidieran en la cafetería. No hablan durante el día y si por casualidad llegan a verse en el comedor jamás se dirigen la palabra, pero por las noches cuando el pánico fluye para ambos, cuando la oscuridad amenaza con saltar y devorarlos, ambos caminan y se encuentran. Nunca a propósito, pero es curioso que siempre suceda en los peores momentos. Y aunque nunca discuten nada personal, a veces las verdades surgen entre conversaciones intrascendentales.
…
—Las cicatrices, ¿de qué son?
Yuriy observa las delgadas e invisibles líneas blancas que cubren sus brazos. Son casi indistinguibles a la vista pero no para Boris.
—No lo sé…
—...mm… ¿duelen?
—No.
—…
—¿Tú sabes por qué tienes esa cicatriz en tu muñeca?
Es el turno de Boris para mirar la cicatriz de su brazo izquierdo. Durante un momento puede vislumbrar minúsculos piquetes de aguja, todos ellos en distintas tonalidades, todos sobre el mismo lugar.
—Ni idea.
Guardan silencio y meditan sobre heridas y recuerdos. Ambos tienen secretos y cicatrices, algunas que recuerdan, otras —la gran mayoría— son pasajes en blanco. Hablar sobre ellas, incluso enseñarlas, es mirar bocas oscuras.
…
—Todos aquí están locos.
—¿Qué dice eso de ti?
—Yo al menos lo sé, pero quien dijo que como terapia debemos tomar clases de dibujo al aire libre es un perfecto imbécil.
—A mi me gusta dibujar.
—Porque eres un…
Boris se atraganta con la palabra "princesa" que baila al borde de su lengua y comienza a temblar sin razón aparente. No sabe porque esa palabra en particular acude a su mente, no se siente capaz de pronunciarla, como si al hacerlo evocara fuerzas terribles y oscuras.
—¿Soy qué?
—Un anormal.
—Ya… y tú eres el ejemplo claro de normalidad, ¿no?
Boris tuerce el gesto pero no responde. Un sudor frío corre por su cuerpo y la lengua sangra de morderla con tanta insistencia.
…
—¿Mala noche?
—Aún peor.
—¿Un cigarro?
Yuriy lo acepta, lo mira con interés, le da vuelta entre sus dedos y lo huele. Es extraño el odio que siente ante algo tan banal. Lo detesta. Detesta el aroma y el humo que provoca. Aborrece la sola esencia que despide. Le recuerda… su mente grita nada y se repliega sobre si misma, pero ese nada le provoca mareo y miedo. Su expresión es tal que Boris se ríe. Sin gracia ni alegría.
—Es un vicio asqueroso. —confirma.
—¿Por qué lo haces?
Boris lo piensa, sonríe macabro al contemplar su propio cigarro.
—Porque quiero ser fuerte…
Yuriy aprieta los dientes y lo enciende. Se atraganta las primeras veces, el sabor le amarga la boca y le transporta al pasado. La sensación—quemante y horrible—de alguien presionando un cigarro entre sus piernas vuela a su mente y retuerce su pecho. Lo acompaña el recuerdo de besos con nicotina. Besos forzados. Besos violentos.
Alcanza el basurero justo a tiempo para vomitar su cena. El cigarro queda olvidado mientras el pelirrojo se arquea una y otra vez. Boris viene a sentarse junto a él, con su propio cigarro bailando en su boca. Se queda quieto escuchando los sonidos que el pelirrojo hace al escupir bilis. Susurra casi sin darse cuenta:
—El humo es asqueroso… el aroma me provoca nauseas… Me recuerda…
Boris se calla. Lo que sea que recuerde es algo que guarda para sí; pero basta mirarle a la cara para que Yuriy entienda que el recuerdo no es agradable, que el recuerdo también es terrible y agónico. Entonces comprende la sensación. La necesidad de gobernar algo que le causa malestar, la obligación de enfrentarse, vencer y no dejarse acobardar—aunque sea por algo tan simple como encender un cigarro.
Yuriy respira con fuerza, cierra los ojos y toma su decisión. Sin decir palabra le arrebata el cigarro y fuma. Largo y lento, cerrando los ojos para concentrarse en el aroma, para desterrar pesadillas. Una y otra vez, hasta que sus dedos se queman con la colilla que queda. Cuando abre los ojos de nuevo se da cuenta que el miedo sigue ahí, aunque ahora se ha vuelto soportable.
Como un grito lejano que le eriza la piel y nada más.
…
No hablan sobre pesadillas, no hablan sobre la oscuridad. Tampoco hablan sobre esa ligera familiaridad que los asalta cuando están en el suelo compartiendo un cigarro. Es un tema prohibido. Aún sin discutirlo, están de acuerdo en que buscar semejanzas entre ellos es igual que aspirar veneno.
Es por eso que esa noche, cuando coinciden en el jardín, no recelan. Se limitan a compartir la noche, una noche que evoca un terror que ninguno puede entender por completo, un terror que late con la suavidad de un monstruo que espera bajo la cama. Yuriy la siente, flotando en el aire, oscureciendo su mundo. Boris la percibe en la brisa sofocante que enturbia su visión.
Reviviscencia—así es como la llama su terapeuta—recuerdos reiterativos de su trauma. "El miedo que sientes, cuando estás solo en la noche, es la fuerza del recuerdo que acude a ti en el aniversario de tu herida. Solo eso. Recuerdos. Si huyes de ellos jamás serás libre, pero si los enfrentas, si los miras bajo la luz, saldrás adelante."
Por la noche no hay más luz que las farolas de las calles. Luz débil y sintética. Brisa húmeda. Yuriy no lleva zapatos y ambos visten con un pijama y una delgada playera de color blanco, pero incluso así el terror los hace sudar.
—He tenido un sueño. —confiesa Yuriy de pronto, deseando expulsar la pesadilla.
—¿Sueño?, ¿así le llamas?..., ¿sueños de azúcar?
Hay amargura en Boris, ferocidad y angustia. Tiene el rostro tenso, la respiración irregular y el peligro se huele en él como una peste. Yuriy se pregunta si la pesadilla de Boris—o el miedo que lo hiciera escapar de su cuarto esa noche—es tan terrible como la suya. Él también sufre pánico ante el silencio y la oscuridad.
Cuando lo piensa, cuando se pregunta si es que acaso Boris y él son iguales, su miedo se dispara. Tiembla de puro terror. Y siente ganas de romper y destrozar. La cara de Boris también muestra las señales de la locura. Las señales que indican que su ataque de ira burbujea en la superficie de su cuerpo.
Control… respira, de nuevo. Boris cierra los ojos y se deja guía por la voz de Benzel, pero no funciona. El mundo es oscuro y nada consigue calmar su ansia. En ese momento Yuriy grita, un sonido estrangulado, furioso y agónico. Grita y grita hasta que se queda sin voz, hasta que parte de esa locura escapa de él y le permite pensar.
—Mueve —la voz de Yuriy refleja su propia desesperación. Suena oscura y ahogada—. Corre…
Lo empuja con insistencia, hasta que Boris consigue seguirle. Trotan sin dirección, huyen sin sentido, al principio de forma lenta, tambaleantes; después con energía, casi con ira. Corren uno tras el otro. Compiten sin darse cuenta.
El aliento escapa a raudales, pero ninguno se rinde. Sudan a mares, pero tampoco bajan el ritmo. Corren para huir de las tinieblas, para expulsar de su cuerpo la furia ciega que amenaza con estallar el uno contra el otro. Es curioso cómo ambos consiguen mantener el mismo ritmo. Corren durante mucho tiempo, durante largos kilómetros internándose en las avenidas principales, evadiendo el tráfico y los pocos transeúntes que ven a esa hora.
Corren y corren hasta expulsar de si el pánico.
YYY
Iliá llega a casa cerca de medianoche, algo usual desde que lo aceptaran como practicante en una de las consultorías locales. Encuentra a Benzel inclinado sobre los libros de las materias en las cuales se ha matriculado para obtener su certificado de nivel básico escolar: Matemáticas, Biología, e Inglés.
—¿Cómo va la escuela?
—Tan malditamente bien como puedas imaginar.
Le extiende con frustración el examen prueba que ha terminado de resolver y calificar. Iliá procura no hacer muecas ante el horrible número 37 que aparece en azul.
—El inglés puede ser difícil.
—Cállate, no seas condescendiente… tú puedes entenderlo a la perfección.
—Ventajas de tener tutores privados de francés, alemán e ingles.
—No eres sólo tú… Bryan y Yuriy lo hablan con soltura.
—Jason Krause era inglés, y Ushakov vivió aquí durante un tiempo.
—Ya…
—Tranquilo. Conseguiremos un maestro particular que te ayude con las nociones básicas.
—No tenemos dinero para contratar a nadie.
Iliá lo examina con curiosidad. —Necesitas un profesor. Te conseguiremos uno.
—Han pasado ocho meses, Iliá. El dinero de Balcov se acaba.
—En dos meses habré completado mi periodo de pasantía.
—Tal vez soy un ignorante, pero sé contar. Y hasta yo me doy cuenta que tu trabajo no te dará dinero suficiente para pagar las dos terapias simultáneamente.
—Con mi empleo puedo pedir un préstamo. Conseguiremos dinero para mantenerlos durante otro año o algo así.
—¡¿Y te parece bien endeudarte por personas que no tienen ninguna relación contigo?!
Avergonzado por su estallido Benzel apoya los codos en la mesa y hunde la cabeza entre sus manos. Iliá se inclina sobre la mesa para acercarse a él.
—¿Qué pasa?
Benzel se empeña en su silencio, así que Iliá comienza a masajear suavemente su cabeza, entreteniéndose en los suaves mechones negros que se deslizan entre sus dedos.
—¿Benzel?
El silencio se extiende inamovible, pero Iliá se mantiene trazando rulos en los mechones oscuros. Acaricia con suavidad y persistencia, hasta que la tensión en los hombros del moreno se disipa ligeramente.
—La terapeuta Collins llamó esta mañana. Yuriy se encerró en su cuarto durante la mañana y tuvieron que forzar la puerta. Bryan tuvo un ataque de ira en el desayuno y tuvieron que sedarlo antes que el asunto se saliera de control.
—Creí que sus ataques de pánico estaban bajo control.
—Esta mañana se anunció en televisión el próximo torneo regional de Beyblade y ese fue el gatillo que provocó un ataque.
—¿Qué paso con ellos?
—Yuriy se recluyó por voluntad propia. Bryan permaneció sedado hasta la tarde, después le negaron cualquier pase fuera.
—¿Irás a verlos?
—Mañana.
—Estarán bien, Benzel.
El chico asiente sin fuerzas, Iliá continua con su masaje hasta que Benzel consigue relajarse lo suficiente para dormir.
El día comienza a las seis de la mañana con una llamada de la clínica, donde les informan que Bryan y Yuriy se han marchado del centro.
YYY
—¿Se fueron?... ¿juntos? —Pese a mantenerse calmado, la voz de Benzel es fría y acerada.
—No estamos completamente seguros. Sabemos que se reúnen en ocasiones por la noche…
—Alto ahí. ¿Se reúnen?..., ¿desde cuándo?
—Creemos que un par de meses.
—¿No lo sabe con certeza?
—No mantenemos una vigilancia de ese tipo sobre nuestros pacientes.
—Creí ser claro sobre ellos, doctora Collins. Sobre lo delicado de su situación.
—Y se tomaron las medidas adecuadas. Tienen habitaciones privadas, se les impuso un toque de queda, tenemos permiso para utilizar la sedación en casos extremos, están inscritos en actividades aún sin contar con su autorización. Pero debe comprender que sin una orden de la corte no retenemos a ningún paciente contra su voluntad. Tenemos un sistema de vigilancia básico, no hay alambradas eléctricas ni cerraduras especializadas. Las personas que se encuentran aquí lo hacen por su voluntad. El centro maneja terapias que requieren de la disposición de los pacientes que aceptamos.
—¿Y qué sucede en este caso?... ¿ alguien saldrá a buscarlos?
—No. Tienen derecho de salir, una libertad que no se les ha comunicado por expresa petición suya, pero no tenemos fuerza legal para traerlos de vuelta. En este tipo de casos, nos limitamos a contactar con sus familiares para informarles de la situación. Ellos se encargan de lo demás. Si aún desean continuar con la terapia se les recibe. En este caso la salida sin autorización acarrea una multa que debe pagarse antes de reincorporarse a la terapia.
Benzel aprieta los labios y su cuerpo se tensa de ira. Iliá interviene entonces para tomar el asunto en sus manos.
—¿Nunca consideró que su interacción fuera peligrosa?
—No… Lo que deben entender es que ninguno estaba participando activamente en las sesiones privadas que tenían conmigo, menos aún en las sesiones grupales donde tratamos que los pacientes conecten entre sí. Usualmente las víctimas de abuso o maltrato se identifican con aquellos que hayan padecido algo similar, pero estos casos son tan extraordinarios que simplemente no hay forma de que ellos se abran ante un grupo de extraños, sin embargo en algún momento, desconocemos exactamente cuándo y dónde, ambos se encontraron —La doctora Collins suspira con desaliento—. Supongo que es mejor decir que dejaron de evitarse.
—¿Insinúa que ellos se ignoraban por voluntad propia?
—No conscientemente. Nunca coincidían en el mismo lugar y cuando raramente sucedía, no daban señales de conocerse. De haberse mirado el uno al otro es posible que sólo vieran un espacio vacío. Lo cual tiene sentido. Si ambos padecieron lo mismo, si ambos estuvieron juntos en el momento del abuso, es normal que bloquearan toda memoria que los relacionara.
—Cuando hablamos por primera vez, usted nos dijo que la amnesia era una fase normal del trastorno de estrés postraumático, el hecho de que ahora se "reconozcan" puede considerarse un síntoma de mejoría.
—Sí y no. Cuando la mente se enfrenta a un golpe brutal es posible que transite por varias etapas antes de superarlo. La primera podría decirse que es el sueño. Una persona se desmaya o desvanece al recibir una noticia traumática, es una forma de sobrellevar el dolor. Otra etapa es la amnesia que le da tiempo al cuerpo para curarse y enfrentar las heridas. Si los recuerdos son demasiado dolorosos es posible que nunca consigan aflorar por completo, es posible que de sólo evocarlos la mente sufra un ataque. Eso nos lleva a la locura. La demencia es una puerta que permite a la mente abandonar la dolorosa realidad y esconderse lejos. El trauma que ellos experimentaron fue de tal magnitud que han atravesado todas las etapas sin orden y sin ayuda. Se han bloqueado por completo, la sola idea de recordar ese pasado es suficiente para que ellos entren en un estado de terror puro. Durante el tiempo que han trabajado conmigo he visto avances, el hecho de que ellos aprendieran a reconocer la presencia del otro significa que han comenzado a desbloquear ciertas heridas, pero de no manejarlas con cuidado es muy probable que esto nos lleve un paso atrás en la terapia.
Iliá asiente y empuja a Benzel con suavidad.
—Gracias por las explicaciones, doctora. Si conseguimos encontrarlos…
—Esperaré su llamada. En caso de que ellos vuelvan por voluntad propia seré yo quien contacte con ustedes.
Sin nada más que decir, Iliá y Benzel se marchan. Discuten un poco sobre qué dirección tomar y al final deciden trazar círculos alrededor de la clínica hasta encontrar su rastro.
YYY
Han dejado de correr y ahora trotan a lo largo del camino. En determinado momento se detienen, exhaustos. Yuriy se apoya sobre las rodillas respirando desacompasadamente, Boris se reclina hacia atrás tratando de recuperar el ritmo de su corazón.
En su carrera de casi dos horas han conseguido recorrer cerca de 40 kilómetros; están bañados en sudor y los pulmones arden como si los devorará el fuego. Pero la sensación de tener las piernas acalambradas y el cuerpo tembloroso no es en absoluto molesta. El agotamiento que sienten es tal que no hay espacio para la ira ni el miedo.
Conforme se va enderezando, Yuriy estudia los alrededores con inmensa atención. Su vista corre de derecha a izquierda, comienza a dar vueltas sobre sí mismo, hasta que finalmente se detiene y comienza a reír, primero sin aliento y cuando consigue recuperarlo con carcajadas que hielan la sangre. Boris lo mira con recelo.
—¿Te has vuelto loco?
El pelirrojo se calma, no sin antes aspirar con fuerza el aire matinal.
—Conozco este lugar.
Boris siente una parálisis repentina. Un miedo inexplicable. De pronto el mundo deja de ser negro y amarillo, todo se vuelve rojo y la sola idea de pensar en un pasado lo congela en su lugar.
—Estuve aquí antes —explica el pelirrojo en voz baja con cierta renuencia—. No sé con quién. No sé por qué. No sé cuándo. Pero lo recuerdo—señala con temor hacia el oeste—, hay un parque… es grandísimo, aunque no recuerdo como se llama.
El pelirrojo vuelve a reír, el sonido suena metálico y desesperado. No recuerda que años atrás visitó la ciudad en compañía de Ushakov, pero tiene la vivida sensación de estar dando vueltas con los ojos cerrados.
—¿Qué mierda es todo esto?
El chico se derrumba en el suelo.
—¡¿Por qué diablos me has traído hasta este puto lugar? No quiero ver esto…
—Entonces no lo veas.
—Es fácil para ti. Tú no lo recuerdas.
—Tú tampoco lo recuerdas. Es familiar y nada más. Si no quieres pensar en ello no lo hagas y ya está.
—¡No quiero huir más! Estoy cansado de eso. Quiero saber cuándo estuve aquí, con quién, y por qué. Tengo la sensación de saber la verdad pero está en blanco. Como todo lo demás. Quiero recordar.
—¿Por qué?
—Quiero ser libre.
—Puedes ser libre. Sólo olvídate de todo. Déjalo atrás.
—¿Es lo que tú haces?
—Sí…
—Mentiroso. Si fuera cierto no estarías aquí, no tendrías la cara de alguien que teme recordar. Eres igual que yo.
—¡No lo soy!... —El estallido de Boris lo deja temblando, el chico retrocede sin tener a donde huir—…no puedo hacerlo, sin importar lo que haga todo está en blanco. Y cuando lo intento… —Boris gruñe sin atreverse a terminar su frase, pero Yuriy lo hace por él.
—Sientes ira y desprecio. Quieres gritar. Quieres hacer daño. Quieres arrancarte los ojos. Quieres ver sangre, no importa si es la tuya o la de otro. Cuando te esfuerzas en recordar tiemblas y todo el mundo se vuelve horrible. Recordar es perderse.
Boris traga saliva en un intento por despejar su garganta. La familiaridad que siente en ese momento, la sensación de conexión que tiene con el pelirrojo provoca un miedo profundo dentro de él.
—Esto no está funcionando —murmura en voz baja—. Nada mejora. Las pesadillas se han vuelto insoportables.
Yuriy procura desterrar el miedo que aletea en su corazón. Intenta no pensar en sus pesadillas ni en la forma como se han vuelto terribles y agónicas. La única manera que encuentra para distraerse es concentrar la conversación en Boris.
—La doctora dice que si escribes tus sueños podrás comprender su significado.
Boris le mira con irritación.
—¿Es lo que tú haces?... Apuesto que escribes cosas como campos repletos de flores y bosques inmensos... pero lamento decepcionarte, mis sueños son negros. Sólo se oyen voces y ninguna es agradable. No hay nada que ver, nada que contar, sólo puedes quedarte ahí escuchando como se ríen de ti. ¿Crees que conoces el miedo? Miedo es saber que sin importar lo que hagas, ni cómo te muevas, ni adonde huyas, siempre tendrás que dormir y cuando lo hagas ellos vendrán por ti. Están esperando, aguardan a que te duermas y entonces no habrá escapatoria. Porque todo lo que veas, todo lo que sientas, todo lo que escuches está cubierto de…
—Oscuridad.
Boris retrocede como si algo le empujara lo más lejos posible. Yuriy entierra su rostro en sus manos, incapaz de pensar. Ninguno pronuncia palabra, la sola idea de que sus pesadillas puedan ser iguales provoca en ambos miedo e incertidumbre. Procuran eludir el tema, como eluden todo lo demás. Silencio y olvido, la mejor forma de enfrentar esa incómoda familiaridad.
YYY
Benzel e Iliá dan vueltas durante el resto de la madrugada, buscando, pero el sol sale sin pista alguna. Benzel se halla casi al borde de la histeria, dudas y premoniciones asaltan su mente con cada paso que da, es gracias a Iliá que consigue mantener el pánico bajo control, pero con cada hora que pasa sin noticias tiene ganas de correr como una madre mientras grita el nombre de Bryan.
—Come algo.
Es casi mediodía y se han pasado toda la mañana recorriendo los alrededores de la clínica, las calles aledañas al departamento donde residen, el parque que suelen visitar, pero los chicos se han esfumado en el aire. Benzel siente un nudo en el estómago y rehúye del bocadillo que el albino le tiende.
—No tengo hambre.
—No puedes pasarte todo el día así.
—Tengo el estómago revuelto.
—Por favor, Benzel. Cómelo. No te hará bien esforzarte de esta forma.
—Iliá, no…
—¿No qué? Tu negligencia es infantil ¿Quieres que me preocupe por ti en lugar de concentrar todos mis esfuerzos en buscarlos?
—¡No puedo comer!
—¿Y en que me ayudará que te desmayes en un par de horas?
Benzel está a punto de protestar, pero finalmente cede y termina por masticar el bocadillo con ira. El pan le sabe a cemento y durante un terrible momento siente nauseas, pero cierra los ojos y se concentra en tragar. Bebe el café con más calma, sintiendo el calor que se desliza por sus manos, su cuello y sus orejas.
—¿Mejor?
Iliá le observa con tal fijeza que Benzel siente ganas de retorcerse.
—¿Y ahora qué?
—A seguir buscando.
—Mierda… mierda… ¡mierda!
—Respira con calma, Benzel. Los encontraremos.
Benzel quiere gruñir, quiere gritar, pero la calma de Iliá es contagiosa y termina por asentir con desgana.
YYY
Caminan en línea recta, siempre, sintiendo que el cielo comienza a clarear. Es un día fresco y el aire huele a sal. Terminan en una playa, como es natural. Caminan por la arena, hasta que sus pies tocan el agua helada.
Es la primera vez que ven el océano… o al menos es la primera vez que recuerdan ver al océano. Es curioso cómo el agua les hace retroceder. Vagos recuerdos sobre ser sumergidos en agua helada vuelan sobre su mente y los hace temblar.
Bryan hace lo de siempre: Huir. Corre sobre la playa, en línea paralela al mar. Sus pensamientos son una maraña de ideas sobre el porqué y cómo. Yuriy, por otra parte, se queda ahí, esperando, hasta que consigue acostumbrarse al frío. Entonces camina despacio hacia el mar donde el agua salada le moja los pies. Al principio tiene miedo y el pánico quiere flotar desde el fondo de sus recuerdos, pero el pelirrojo se obliga a respirar.
Se obliga a concentrarse contando mentalmente hasta cien. Luego hasta mil. Después hasta cinco mil. Para cuando termina de contar la marea ha crecido y el agua le cubre hasta los tobillos. Bryan ha vuelto de su carrera sin destino. El pelirrojo se gira para mirarle con una mueca que casi parece una sonrisa.
—Es como el cigarro.
Sin decir nada más el pelirrojo camina con lentitud adentrándose en el agua helada. Bryan se queda mirando cómo se detiene cada cierto tiempo para tomar aire y continuar.
Como el cigarro.
Quiere enfrentar su miedo. Quiere gobernarlo. Quiere destruirlo.
El primer paso es el más difícil, y el resto requiere de una fuerza titánica contra la que luchar. Camina hasta que el agua le llega a los tobillos. Agua helada. Viejos recuerdos. Viejas heridas. Memorias que regresan para atormentarle. Si cierra los ojos las oye. Voces y susurros que se burlan de él, de su debilidad… de su inocencia.
Si cierra los ojos escucha el llanto. Sullanto, impreciso y tembloroso.
Bryan comienza a temblar, abre los ojos y respira desacompasadamente hasta que decide avanzar. El agua helada le recuerda la nieve.
¿Nieve?
Se detiene, incapaz de recordar de dónde conoce la nieve. Recuerda vagamente a un niño luchando con la nieve para encontrar un poco de comida. Recuerda a un grupo de niños corriendo en la nieve, mientras sus risas se elevan con la fría brisa.
¡Bryan!
Esa voz. Conoce esa voz, aunque no puede ponerle nombre ni rostro. Pero la voz suena alegre, suena confiada, suena familiar… Bryan aspira la brisa marina, sintiendo como el agua helada adormece sus piernas.
Se quedan ahí, familiarizándose con la sensación de poder. Con el miedo que burbujea sin llegar a presentarse. Los recuerdos se muestran y se desvanecen, tan rápido que es imposible distinguir los rostros y voces que hay en ellos, pero en todos brilla la oscuridad y el terror grita por atención; sin embargo nada de eso importa. Porque no hay sombras que puedan imponerse a la luz del sol, no hay voces que puedan mancillar la libertad que se aspira cuando uno está en medio del mar.
Libertad.
Dulce y deliciosa libertad.
…
La marea crece y las olas impetuosas derriban a Yuriy. Al principio el chico entra en pánico. Patalea y se atraganta con agua salada, pero cuando la ola lo lleva de regreso hacia la playa el pelirrojo consigue ponerse de pie.
Escucha la risa de Bryan a un costado suyo. Risa de verdad, no forzada, carente de todo cinismo. Es un sonido que siente no ha oído jamás en su vida. Un sonido agradable y devastador.
El pelirrojo embiste contra él. Se lanza de cabeza contra el estómago de Bryan y lo derriba antes de que éste pueda reaccionar. Bryan tarda un segundo en procesar todo el asunto y la risa del pelirrojo lo despierta de inmediato. El chico se halla de pie, a un lado suyo, riéndose de su cara estupefacta.
Bryan reacciona derribando al pelirrojo.
Es curioso, pero ninguno intenta meter la cabeza del otro en el mar de agua fría, ninguno intenta someter al otro bajo el agua… porque de alguna forma sienten que de hacerlo estarían despertando una pesadilla largamente olvidada. Así que en lugar de buscar dominar se revuelcan por la arena como cachorros juguetones.
…
Eventualmente consiguen sobreponerse a la embriagadora sensación de libertad, la risa deja de fluir, el agua deja de estar helada y ambos se las arreglan para avanzar a trompicones por la arena. Avanzan con calma, deleitándose con la visión del mundo libre, limpio y claro. Hay tantas tiendas a su alrededor, tanta gente que les ignora, y tanta luz, que las pesadillas no tienen cabida en ese mundo.
Todo está bien. Todo es perfecto.
Hasta que entran en la zona comercial de la playa.
Las tiendas son variadas y coloridas. Hay varias dedicadas a artículos deportivos… pero hay una en particular que les llama la atención. De hecho, el letrero en la entrada los paraliza.
Beyblade
Así reza el anuncio. Una palabra que no tiene sentido. Una palabra desconocida hasta ese momento por ambos, y que sin embargo tiene la fuerza suficiente para inmovilizarlos. Una palabra que envía escalofríos a cada centímetro de piel.
Bryan es el primero en acercarse.
Camina despacio y con calma hasta el escaparate. Cuando se encuentra a una distancia en la que se distingue perfectamente los carteles pegados en el vidrio, Bryan se detiene. Su cuerpo se tensa. Su respiración se altera. Empieza por oír zumbidos que se alargan y su visión se tiñe con el color de la sangre.
El cartel que Bryan mira exhibe a un grupo de jovencitos, pero hay uno en particular que despierta un poco de su locura. El chico es tan precioso que sueña con tocarlo y sujetarlo del cuello mientras lo besa. La fantasía destierra cualquier otro pensamiento de su mente.
De pronto su cerebro se ve inundado de imágenes de un joven de piel exquisita, frágil como el cristal, fuerte como el hierro, con unos ojos dorados que destella con ira. La imagen es tan real que provoca lamerla, tan llena de color que su necesidad de tocarla resulta insoportable, pero la excitación pronto se convierte en un deseo irrefrenable de poseerlo.
Lo necesita, como necesita el aire o el agua.
Por alguna razón, semejante belleza le provoca malestar y le insta a destrozarla de alguna forma. Despierta el fuego en su sangre y una necesidad desesperada de despedazar el mundo.
Casi puede sentir la piel apiñonada bajo él, sufriendo por la necesidad de tocarlo y la necesidad de gobernarlo. Quiere enterrarle las manos en el cabello y sujetarlo con fuerza, mientras el chico súplica clemencia. Quiere acariciar esa piel que parece suave y retorcerla hasta hacerla sangrar. Quiere poseer a ese muchacho moreno con fuerza hasta que no quede nada de él. Quiere destruir esa dulzura que destila…
El golpe que recibe en sus costillas es suficiente para devolverlo a la tierra y traer un poco de cordura.
—Estás babeando. —Yuriy está ahí, a su lado, mirando el mismo cartel, pero sin dejar que la duda ni la locura hagan presa de él.
Con un repentino toque de iluminación, Bryan se da cuenta que el cartel no afecta al pelirrojo como lo hace con él.
—¿Hay alguien que te resulte familiar? —le pregunta mientras se frota con dolor el costado izquierdo.
Yuriy se toma su tiempo estudiando el contenido de todos los carteles. La mayoría habla sobre nuevos juguetes, precios, fechas de torneos, pero en uno de los carteles, bajo el logo de "Campeones", aparece la fotografía de un grupo de chicos.
—¿Y bien?... ¿alguna cara familiar?
—No estoy seguro. Me suenan sus caras, pero no consigo recordar si los conozco de alguna parte… supongo que por tu reacción tú si reconoces a alguien.
Bryan se arma de valor para mirar de nuevo el cartel. Procura centrar su mente y no dejarse arrastrar por la locura. Cuando mira de nuevo hacia el cartel y posa su vista sobre ese chico de largo cabello negro siente que el zumbido regresa.
Su corazón se acelera, el mundo se tambalea… y entonces recibe otro golpe del pelirrojo.
—Céntrate.
Bryan se frota con malestar el costado.
—De acuerdo, pero deja mis costillas en paz.
—Lo haría si no pusieras esa cara de bobo.
—No puedo mirarlo… no me hace bien… ¿puedes tomarlo por mí? Se lo llevaré a Benzel para ver si él puede reconocerlo.
—¿Conoces a Benzel?
—Sí… ¿por qué?..., ¿te visita a ti también?
—Lo hace…, de vez en cuando.
Ambos se miran pensativos. La idea de que Benzel sea otro de los muchos puntos en común que tienen entre sí provoca escalofríos y miedo; pero el día es demasiado brillante y fresco para permitir que la sombra lo nuble, así que ambos lo ignoran y, en silencio, deciden que es momento de volver.
YYY
Son cerca de la una de la tarde cuando Iliá y Benzel finalmente se dan por vencidos y deciden regresar a casa. Discuten sobre la posibilidad de llamar a los hospitales, sobre la conveniencia de involucrar a la policía. Iliá siente la espalda tensa, el cuerpo cansado, mientras que Benzel tiene un dolor de cabeza capaz de quebrar hasta la roca más dura. Acortan el camino a casa cruzando por el parque, avanzan exhaustos, hambrientos, descorazonados, hasta que los ven.
En medio del parque ambos visten con el conjunto deportivo color gris de la clínica, uno de ellos no lleva zapatos y ninguno lleva sudadera; pero están bien, descansando en uno de los bancos y mirando a la gente pasar. Bryan señala a un transeúnte, hace algún comentario y Yuriy se ríe.
¡Se ríe!
No a carcajadas, no con risas altas ni estridentes, es una risilla de sarcasmo. Una risilla que dice "Ya, claro", o la clase de risa que replica un sarcasmo.
El alivio que siente Benzel es tal que se tambalea un poco, Iliá tiene que sujetarle para evitar que se estrelle contra el suelo. Es alivio, es calma, es pura felicidad… Hasta que la ira estalla y, en cuatro zancadas, el moreno cubre la distancia que los separa y les grita.
—¡¿PERO QUE RAYOS ESTABAN PENSANDO!?
Los transeúntes se quedan mirando el palabrerío de ese jovencito, que a mitad del parque comienza a desgañitarse mientras le increpa a otros dos muchachos, que parecen tan sorprendidos como el resto. Tal vez ligeramente espantados.
Es Iliá quien interviene para calmar las cosas. Se interpone entre Benzel y al final convence a todo el mundo para ir a casa, donde los sienta a todos en la sala y comienza con el interrogatorio. Su calma y ecuanimidad consigue que Bryan y Yuriy se animen a contar los acontecimientos ocurridos durante el día, así como la noche que se "conocieron" dentro de la clínica y porqué decidieron salir.
Todo avanza de maravilla hasta que Benzel menciona el regreso a la clínica.
—Llamare a la doctora para decirle que vamos para allá.
Un silencio sepulcral se extiende por la sala mientras los chicos evitan mirarse.
—No quiero volver. —anuncia Bryan finalmente.
—¿Por qué? —pregunta Iliá ya que Benzel se ha quedado repentinamente mudo.
—La clínica no puede hacer más por mí.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque desde hace un tiempo no hay avances.
—Has mejorado —murmura Benzel sin dejar de mirarlo—. Ahora puedes controlarte. Tus arranques de ira se han ido casi por completo. Tu violencia está bajo control. Tus reminiscencias ya no han vuelto… Todo ese progreso no fue en vano.
—Sí… y es todo lo que puede hacer la clínica por mí. Mantenerme para siempre en reposo, eso es todo, pero mis recuerdos no volverán así.
—Eso no lo sabes.
—Tal vez no con certeza, pero sé que las notas, las regresiones y el diario de recuerdos son palabras vacías que no tiene sentido para mí y por más que trate no conseguiré recordar de esta forma. Debo enfrentarme mis miedos y no ignorarlos, debo encontrar mi pasado a mi ritmo, sin que nadie me diga qué ejercicios debo hacer. Debo encontrar a la persona que fui por cuenta propia.
—¿Y cómo piensas hacerlo?
—No lo sé… pero hoy, mientras estábamos en la playa, mis recuerdos volvieron, no con claridad, pero estuvieron cerca y el miedo no me paralizó como sucede en la clínica. Conseguí mantenerme bajo control, conseguí vislumbrar rostros. Uno de ellos está aquí.
Es entonces que le entrega a Benzel el cartel doblado. El moreno se queda quieto, mientras contempla los rostros que ya conoce.
—¿Y qué quieres hacer con esto?
—Quiero encontrarme con esta persona.
—Para qué.
—No lo sé… lo recuerdo por alguna razón y quiero saber quién es él. Quiero hablar con él. —sentencia con voz firme, mientras procura no pensar en la sensación de ira y malestar que siente cuando ve ese rostro. Quiere creer que podrá controlarse cuando lo tenga enfrente. Quiere creer que será capaz de no saltarle encima y hacerle daño. Tiene que intentarlo.
—¿Tú también reconoces a alguien?—le pregunta Iliá a Yuriy.
—No.
—¿Volverás a la clínica?
—Podría hacerlo.
—¿Quieres volver?
Yuriy se retuerce incómodo. —No
—¿Qué quieres hacer?
—Tengo la certeza de que he vivido aquí antes. Me gustaría averiguarlo.
—Bueno—murmura Benzel con cierto malestar mientras Iliá se pone de pie—, llevan ocho meses en la clínica y es lógico que sientan cierta impaciencia, pero decidimos que permanecerían en tratamiento al menos durante un año. Si mal no recuerdo, apenas ayer tuvieron un pequeño altercado y no creo que podamos ignorarlo tan fácilmente…
Iliá no le deja terminar, le hace una seña para que se reúna con él en la cocina. Benzel está listo para negarse, pero termina cediendo y se marcha. Se oyen murmullos altos y bajos, sonidos furiosos de un Benzel que refuta y protesta, en contraposición del murmullo suave e interrogante del albino.
La discusión consiste básicamente en consentir que los chicos abandonen la clínica: Benzel se opone fervientemente, mientras que Iliá considera que no servirá recluirlos contra su voluntad. Al final acuerdan discutirlo con la doctora Collins.
YYY
La terapeuta se muestra sumamente interesada por los recuerdos que tuvieron mientras estuvieron fuera. Durante una semana entrevista exhaustivamente a ambos, hasta que finalmente propone convertirlos en pacientes externos.
—Sugiero que continúen en las sesiones individuales dos veces por semana—les explica a Benzel e Iliá en privado—pero no hay razón para que no puedan vivir en casa. Tendrían un mayor contacto con el exterior, que es uno de los elementos que necesitamos fomentar en ellos. Creo que un ambiente conocido sería beneficioso, así como tener otras actividades que incentiven su independencia.
"Es importante enseñarles a desenvolverse en el mundo, después de todo, no han sido criados para tomar decisiones por sí mismos. El hecho de que hayan decidido expresar su opinión muestra un compromiso de su parte. No niego que exista una posibilidad de recaída, es posible que allá fuera encuentren ciertos detonadores que hagan tambalear su estado, pero es algo común en traumas de este tipo, lo único que nos queda hacer es apoyarlos en todo lo posible. Vigilarlos con atención y exponerlos poco a poco al mundo."
"Sé que su preocupación más inmediata es si representan un peligro para sí mismos o para el resto, pero hasta el momento ninguno de ellos ha hecho daño y no han mostrado tendencias suicidas. Lo único que nos queda hacer es tomar precauciones especiales en las fechas de aniversario. Con respecto al muchacho que Boris recuerda, le sugiero que posponga el encuentro. No tiene por qué decírselo a él, bastará con explicarle que ésta persona no se encuentra disponible por el momento, pero es importante que estos dos no se encuentren, al menos por ahora."
"Me temo que al hablar con Boris sobre este asunto, él muestra signos de inestabilidad emocional. No sabe expresar porqué es importante, ni quién es, pero hay ciertos cambios en su estado que me resultan ligeramente alarmantes; así que por el bienestar de ambos, sugiero que este encuentro no se realice. Por lo demás, creo sinceramente que es momento que ellos salgan y enfrenten el mundo."
YYY
Es así como Bryan y Yuriy regresan a vivir al departamento con Benzel e Iliá. El pelirrojo duerme en el pequeño dormitorio que antes era la oficina, Bryan se apropia—por segunda vez—de la habitación principal y Benzel e Iliá se ven desterrados al sofá cama de la sala.
La rutina se impone durante los siguientes meses. Iliá, Bryan y Yuriy salen a correr todos los días a las seis de la mañana. Regresan una hora más tarde listos para el desayuno que Benzel ha preparado. Yuriy siempre será el primero en bañarse con agua caliente, quince minutos después le seguirá Bryan, a quien le gusta ducharse con agua hirviendo.
Mientras Benzel y el resto desayuna, Iliá tendrá que alistarse para ir a trabajar. Las siguientes tres horas son de estudio y después, dependiendo del día, saldrán a dar una vuelta, irán de compras o asistirán a la clínica para las sesiones individuales de cada uno. Benzel nunca les perderá de vista, como una mamá sobreprotectora y preocupada.
Yuriy encontrará el departamento donde vivió, aunque no podrá recordar con quién ni cuándo. Bryan recordará que le gusta boxear y retomará sus clases.
Todo será normal y perfecto durante meses.
Hasta el momento en que Yuriy encienda la televisión y en ella aparezca el rostro del hombre que lo torturó siendo niño.
Continuará…
n/a
Un capítulo más y nos acercamos decididamente al segundo torneo. Veinte capítulos, no puedo creerlo… me temo que a este ritmo tenemos historia para rato. Porque estos chicos ya viven juntos (XD) pero todavía no han hecho nada.
Por ahora voy emocionada con escribir sobre si Bryan conseguirá reencontrarse con Rei y en qué condiciones sucederá esto. Además de que veremos a Kai y al resto en los capítulos que siguen. Gracias para quienes leen y me hacen llegar su opinión.
Allá vamos.
