Control

Yūgao Uzuki

Frío. Eso sentía y el uniforme ANBU no era precisamente abrigador pero, sin embargo, sus adiestrados músculos no dejaban salir una sola contracción, ni un centímetro de piel se erizaría sin su permiso, sus dientes no se tocarían entre ellos sin antes pedirle autorización. De igual manera ni un solo ANBU de su escuadrón debía atreverse a tomar la iniciativa sin su señal.

Seguían todos de pie, cada uno en la posición asignada, mirando por debajo de la máscara a la dama de hierro que dirigía la compañía. Había algo en el ambiente que no se calificaba ni como tensión ni como incertidumbre, mera expectativa por ver si su temple de verdad era tan inquebrantable como el rango lo pedía.

La helada madrugada transcurría con lentitud y el grupo continuaba oculto, aguardando por el objetivo de su misión, preguntándose mil veces el porqué ella específicamente estaba a cargo, ella de entre todos los demás capitanes experimentados, ella que tenía una identidad y una historia perfectamente conocida cuando no debiera ser así.

Un ligero viento osó mover el cabello violeta de la mujer al frente de la compañía descaradamente retando su autoridad, por un momento parecía que habría una reprimenda para el atrevido, pero solo fue una ligera indicación de movimiento, alguien se acercaba y debían tomar nueva posición.

Por la vereda ligeramente cubierta de niebla se movían seis personas avanzando a paso veloz, en el medio se encontraba un joven pelirrojo de semblante serio. Uno de los ANBU ladeo su cabeza tratando de imaginar la expresión de su capitana, tratando de anticipar algún impulso que pusiera en riesgo la misión, pero nada, ella seguía indicando que todos permanecieran en su nuevo sitio.

De pronto, sintieron la presencia de un gran grupo de ninjas que se acercaban a una velocidad realmente impresionante, sin duda eran ellos de quienes estaban advertidos para proteger al Kazekage. Uno de los miembros del equipo desenfundó su ninjatō con la firme intención de cumplir su encomienda, pero una mano firme le detuvo apenas corría el metal dentro de la vaina. La Capitana negó con la cabeza y mantuvo la orden que quedarse quietos.

¿Pensaba dejar que los atacaran? ¿Esa iba a ser su venganza ahora que los de la arena eran aliados y directamente no podía atacarlos?

La mujer no le soltaba la mano y los enemigos se acercaban peligrosamente, su chakra no era en absoluto despreciable, e incluso parecía que el número aumentaba. Quiso objetar por la dedición pero la voz se acobardó cuando sintió la mirada severa prácticamente atravesar las máscaras que los separaban.

El grupo de ataque llegó y rodeó al séquito de la arena lanzándose al ataque de inmediato, pero ni así la Capitana ordenó la defensa.

Aquellos no eran ninjas ordinarios, no eran una sarta de ineptos que habían mandado en gran número para compensar sus deficiencias, se notaba que eran de rango alto y los seis de abajo se veían superados.

El equipo ANBU permaneció en las sombras mientras los ninjas de Suna finalmente se libraban del último de su atacantes, pero antes de que pudieran regocijarse de su victoria, un segundo escuadrón enemigo se abalanzó, entonces, ella indicó salir a la defensa.

Los agresores fueron tomados por sorpresa, los enmascarados de Konoha cumplían su deber limpiamente, libraron sus combates buscando de tanto en tanto los movimientos de la dueña de la cabellera violeta que con arma en mano saltaba entre uno y otro ninja solo dejando a su paso los cuerpos de los caídos.

El silencio abismal que solo era quebrado por el metal esgrimiéndose y el golpe seco de los cuerpos al caer se prolongó por breves momentos; los enemigos pronto fueron vencidos, de nuevo, y ella permaneció quieta tras sacar lentamente el filo del ninjatō de uno.

Nadie habló, nadie trató de iniciar una conversación…

En un rápido movimiento ella saltó de su lugar y a toda marcha se lanzó en dirección al pelirrojo de la arena, quien serio como siempre, permaneció sin mover ni un solo músculo, la punta de su arma se adelanto en el ataque que certeramente fue a impactarse contra el rostro llevándose todo lo que pudiera ayudar a identificarlo.

Fue un lapso, un instante, solo un segundo que se hizo eterno; la sangre recorrió la hoja metálica buscando deleitar a su dueña con la sensación de la dulce victoria, el golpe fue tal que ni siquiera hubo un quejido de dolor, solo el estremecimiento por perder la vida. De nuevo quietud, nadie se movía, nadie decía nada.

El Kazekage fue el primero en apartarse dejando solo a la mujer que aún sostenía su espada clavada en el rostro de uno de los shinobi que había tratado de emboscar al joven por la espalda. Con la misma velocidad del ataque limpio devolvió su arma a su vaina en la espalda al tiempo en que el otro doblaba las rodillas para caer a sus pies. Se colocó de nuevo al frente e indicó la retirada, debían llegar escoltando al grupo hasta la presencia de la Godaime y mientras más pronto, mejor.

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No pudo evitar soltar un suspiro apenas entró a su habitación, justo como la había dejado por la mañana, cerró la puerta a su espalda y caminó hasta su cama sin encender la luz, como si no quisiera turbar el sueño de algún compañero, solo que ella, no tenía uno. Se acostó despacio tratando de no mover más que su lado de la cama, sin quitarse nada, con el uniforme negro tal cual.

Con cuidado y en silencio se retiró la máscara colocándola sobre la mesa de noche a su derecha. Su respiración era suave, casi inaudible. Mentalmente repasaba los hechos que acababan de suceder, todos creyeron que no podría hacerlo y ¿Para qué negarlo? Ella también dudo. Pero ahí había estado, al frente dando su mejor cara, la de ANBU, la de shinobi de la hoja.

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda e instintivamente buscó un abrazo que solo podía brindarle el almohadón a su lado, pasó sus brazos rodeándole y lo apretó contra sí misma ocultando la cara en el.

En la penumbra de aquella habitación, la capitana de hierro de la compañía ANBU recordaba, cómo cada noche, que la paz valía más que la venganza.


Comentarios y aclaraciones:

¡Muchas gracias a todos y todas por leer mis delirios!

Ya está fuera de lugar este comentario pero ¡Que tengan un buen año 2009!