OUTTAKES 20 – El otro lado de la moneda

Edward abrió los ojos para después suspirar. Daba igual a la hora que se durmiera que siempre se despertaba alrededor de las 8. Tener la hora cogida, lo llamaba la gente. Para él era un auténtico suplicio. Bella dormía sobre su pecho, Lexie dormiría abrazado a su leoncito de peluche, como haría el resto de la familia. Quizás Carlisle estuviera levantado, era bastante madrugador y sus turnos también le desvelaban. O Esme, preparando el desayuno a todos. Mientras no estuviera despierta Rosalie y pillara a Emmett en la habitación de invitados completamente vestido sobre la cama como él lo había dejado, todo iría bien.

Mentecato. Por mucho que le jurara que era la última cerveza, se bebió otra y después otra. Y en medio más chupitos. Pretendía llenar todo su cuerpo de líquidos y mira que había espacio. Así que, como siempre, le tuvo que arrastrar al coche y después a la cama, y ahora le dolía un montón la espalda por cargar con su hermano grandullón que le triplicaba el peso. ¿Dónde estaban sus amigos grandes como armarios cuando se emborrachaba tanto? Tenía razón, no podían confiar en nadie.

Alice se divirtió mucho, lo que no cesó de decir en el viaje de vuelta. Le encantó bailar en la pista y bailar encima de la mesa con Bella, aunque esto último a él no mucho. Podía notar las miradas de otros hombres en las piernas de Bella y eso le ponía de muy mal humor. Podía haber sacado unos cuantos ojos, así se hubieran bajado de allí mucho antes. Pero Bella siempre parecía dichosa en compañía de su hermana favorita así que se aguantó viéndolas pegar saltitos, intentar hacer una coreografía o simplemente tomarse de las manos. Las dos se lo merecían.

Como se merecían ese tiempo a solas para lo que tuvieron que esperar a estar en casa y con la puerta del cuarto bien cerrada. Era gratificante saber que le echaba de menos tanto como él a ella, y que le necesitaba como él a ella. Saber que soñaba aunque fuera unas horas con que eran los dos solos aunque amara a su bebé por encima de todo, donde no se debían de preocupar nada más que de ambos. Planearía ese viaje del que habían hablado para darle una sorpresa, como para pedir la convocatoria extraordinaria en unas semanas. Así estudiara noche y día para cumplir los créditos, pero se lo debía a Bella.

Bella estuvo risueña en todo el viaje de vuelta, quién sabe por fuera lo que llevaran los cócteles o por lo bien que se lo había pasado, pero se estuvo que esperar a llegar a casa, él a acostar a Emmett, a que Bella se despidiera de Alice y a cerrar la puerta de la habitación para intentar descubrirlo. En ese momento ya se abalanzó sobre ella para besarla mientras la cogía en brazos para que Bella perdiera los zapatos mientras la subía a horcajadas y a punto estaba a dejarla caer sobre la cama para tirarse sobre ella hasta que rompió el beso para decir:

-Déjame quitarme todo esto de la cara o se me estropeará la piel para siempre.

Durante unos segundos no sabía de qué hablaba porque en su cara no había nada que no fuera su precioso rostro, pero recordó que la última vez que sus hermanas la habían maquillado de tal manera todos esos potingues quedaron rebozados por las sábanas así que no limpiárselos quizás le dejaban algún tipo de malestar en la piel, por lo que con total resignación la dejó ir. Bella le sonrió, le besó rápidamente y entró en el cuarto de baño para cerrar la puerta.

Podía haber hecho algo. Desvestirse, por ejemplo, pero sinceramente esperaba que Bella lo hiciera. Había ido a esa fiesta y ahora se merecía su premio. Podía haber abierto la cama, pero esperaba deshacerla con ella, qué demonios. Así que solamente cerró las cortinas y bajó la intensidad de la lámpara para seguir impacientemente frente a la puerta cerrada del baño donde sonaba el grifo correr.

-¿Bella?- picó cuando poco le faltaba por tirarla abajo.

-Ahora voy- dijo desde dentro- ¿Por qué no te vas metiendo en la cama?

-No quiero meterme en la cama, quiero que salgas.

-Sólo un minuto- respondió- ¿Y si vas a ver a Lexie? Dale un beso de mi parte.

-Sonará como que soy un padre horrible, pero no quiero dar un beso a Lexie, quiero dártelo a ti. Además, no estoy en condiciones de pasearme por el pasillo.

Bella se rió desde dentro a la vez que cesaba el ruido del agua corriendo. Le siguió un tintineo que no identificó e incluso un chasquido y como a punto estaba de explotar, apoyó la frente contra la madera blanca de la puerta.

-Bella, si no sales pronto, voy a entrar a por...

La puerta se entornó y tuvo que retroceder para ver la sonrisa de Bella. Su sonrisa, sus mejillas encendidas y su piel de porcelana. Todo había desaparecido de su rostro – rímel, sombras de ojos, coloretes,...- lo mismo que de su pelo que estaba recogido en un moño alto despeinado. Se mordió su labio inferior y se apoyó en el marco para decir:

-Como Cenicienta. Aunque sean las 3 de la madrugada en vez de las 12 de la noche. La magia se ha roto.

-Eres preciosa, mi amor. Con o sin el maquillaje. Eres la mujer más hermosa que he visto en toda mi existencia- contestó.

Se sonrojó más, sonrió y lo siguiente que hizo fue colgarse de su cuello para besarle. Siempre ahí les sobraban las palabras porque sólo deseaba empezar a tener conversaciones mentales, así que lo siguiente que hizo fue tumbarla en la cama, esperaba no haber sido muy brusco con el vestido de Alice porque cuando quiso pensar con un poco más de coherencia estaban enmarañados en el lío que eran las sábanas.

Bueno, si todas las fiestas a las que acudieran terminaran así, firmaría ahora mismo. Aunque apenas hubiera dormido un par de horas y ahora le doliera un montón la cabeza, aparte de la espalda por culpa de Emmett.

Como sabía que no volvería a dormirse y no quería molestar a Bella, se deslizó por la cama para salir sigiloso y luego arroparla. Sonrió porque hizo lo que hacía siempre que salía de debajo de ella, caer hacia adelante ya que su cuerpo era el que le sostenía y rascarse la nariz con el dorso de la mano. Le besó suavemente en la frente y tras observarla unos instantes, se levantó.

Apenas pudo dar un par de pasos porque pisó su cazadora. La habitación estaba hecha un verdadero desastre. Al menos se habían quedado dormidos dentro de la cama y no sobre el edredón porque se hubiera despertado muchísimo antes. O al recuerdo de que Bella seguía desnuda contra su piel lo que le traería de regreso de las fases más profundas del descanso. No sabía qué manía tenía siempre en ponerse un pijama, unas braguitas o una camiseta vieja con lo bien que estaba desnuda.

Recogió su cazadora, el vestido de Bella, los zapatos y el resto de su ropa. Entró así en el cuarto de baño para dejarlo todo en el cesto de la ropa sucia y así darse una ducha con la que relajarse. Eso le llevaría un buen rato bajo el chorro porque estaba de lo más espeso, pero siempre era agradable el agua caliente. Aunque fuera solo. Quizás mañana tendría más suerte.

Cuando salió para entrar en el vestidor, Bella estaba boca abajo mostrando su espalda desnuda en el más profundo de los sueños, así que cruzó el cuarto de puntillas ya vestido para cerrar la puerta tras de sí.

Todo estaba en calma y en silencio así que si no había nadie levantado quizás pudiera ir al estudio, conectarse a internet y hacer algunas tareas online. Cualquier cosa para acabar esos malditos créditos. Eso sí, se asomaría antes en el cuarto de Lexie para verle dormir plácidamente, pero que al encaminarse hacia allí oyera murmullos, le extrañó. Su puerta estaba entreabierta y la luz encendida así que la entornó en casi dos pasos para asomarse.

Esperaba quizás ver a su bebé despierto, tal vez tumbado en la cunita o de pie, tirando del móvil de estrellitas que colgaba sobre su cabeza. Últimamente como tenía más fuerza le daba manotazos como si de un saco de boxeo se tratara. Quizás la luz se la habían dejado encendida porque no quería dormirse a oscuras o puede que no le hubieran corrido las cortinas para que le bañara la claridad de la luna. Mil hipótesis que se le vinieron abajo cuando vio a su padre con él en brazos, meciéndole, con su carita contra la suya.

-¿Qué... ocurre?- preguntó.

Carlisle dio un respingo para volverse. Le acunaba tarareando algo delante del ventanal, mirando fuera mientras le besaba en la cabecita, así que escuchar algo que no fuera el ruido de cuerda del móvil de estrellitas le sobresaltó durante un segundo para al siguiente darle otro beso a su nieto.

-Nada, hijo, no te preocupes. Sólo tiene un poco de fiebre.

-¿Fiebre?- repitió- ¿Por qué? ¿Qué es lo que tiene?

A medida que formulaba las preguntas, cruzó el cuarto como una exhalación, abriendo los brazos para que su padre le pasara a su bebé. Se sintió terrible, quizás engañado y hasta inútil porque su bebé estaba enfermo y él ni siquiera había reparado en ello. Ni Bella. Le odiaría por ir a esa fiesta dejando a Lexie enfermo. De madrugada le pidió que fuera a darle un beso y él no quiso, quizás ya estaba enfermo entonces. Era la peor persona que pisaba la faz de la tierra.

-Nada, no es grave- dijo su padre pasándoselo- Hace una hora me levanté al cuarto de baño y me asomé, porque no había llorado desde anoche y le noté un tanto acalorado. Le cogí para reconocerle y solo he hallado fiebre, así que quizás sea un virus en su proceso de crecimiento. Después ya no quiso que le volviera a tumbar.

Era horrible, horrible y horrible. Su bebé enfermo y ni siquiera se quejaba. Angelito celestial. Le besó la frente como su abuelo había hecho, dejó los labios allí como Bella le comprobaba la temperatura pero no notó más que un leve sudor que quizás le estaba causando él por apretarlo contra su pecho y le levantó después para mirarle detenidamente. Lexie emitió un quejidito, exhaló un "no", se frotó los ojitos y se volvió a acurrucar contra su cuello.

-¿Los oídos? ¿La garganta? Quizás sea otro diente. O el estómago. Bella tiene un estómago muy fuerte, pero parece que le he cedido hasta mis debilidades.

-Todo normal.

-¿Y los pulmones? Respira con dificultad, ¿no crees?

-Si te quedas más tranquilo, puedes auscultarle tú mismo- añadió su padre.

-No. Oiría rumores que no existen y tendría que pedir un transporte medicalizado para llevarle al hospital. Me sirve lo que me dices.

Carlisle le sonrió y le indicó que se sentara en la mecedora junto a la ventana, lo que él obedeció. Lexie se acurrucó más en sus brazos, así que le vino bien la mantita que le tendió su abuelo y su leoncito, que metió entre su cuerpo y el de Lexie para que el pequeño lo cogiera.

-Papá...

-Sí, pequeño, papá está aquí- le besó la frente arropándole más- ¿Ha tomado su biberón? Quizás debiéramos dárselo con un antitérmico.

-Sí, iba a hacerlo, pero no quería que le soltase así que solamente ha recibido besos del abuelo- le besó la cabecita- ¿Un biberón estaría bien, Lexie? ¿Te prepara el abuelo tu biberón?

-Bibe...

-Nadie ha estado más con él, ¿no? ¿Henry está bien? No quisiera que Rosalie me odiase más porque mi bebé le pegase algo al suyo que no fueran buenos modales.

-Todo el mundo está perfectamente. Yo le di su última toma nocturna a Henry y estaba totalmente saludable. Sólo es un poco de fiebre de la que Lexie se repondrá enseguida.

-Eso espero- suspiró para seguir meciéndose- Aguardaré a que le baje un poco para avisar a Bella y marcharnos a casa.

-No tienes por qué hacer eso, hijo.

-Mamá no tiene porqué estar expuesta a ningún tipo de germen y Rosalie lo peor que ha pasado es un poco de sinusitis, así que mejor evitar cualquier posible contagio. Sólo espero que mi sistema inmune se esté haciendo más fuerte o seré un médico de pacotilla.

Carlisle se rió para palmearle un hombro para después revolverle los cabellos. Así colocó mejor la manta y contestó:

-Como tú desees. Iré a veros entonces para comprobar que todo marcha bien. Subiré con el biberón en unos minutos.


En el fondo sabía que estaba sola en la cama y aunque era una sensación que no le gustaba mucho, estaba tan cansada que tampoco le apetecía luchar contra el sueño. Quizás eso de estar bailando encima de una mesa hasta altas horas de la madrugada la habían dejado tan agotada. Los zapatos, seguro. Cuando se quitara el esmalte de las uñas se encontraría varias heridas por su culpa. O el sexo. Hacerlo tres veces seguidas como ya no le dejaban agujetas, le consumían la energía.

Realmente tras la segunda ella ya se podía haber quedado dormida y prácticamente lo estaba, pero esa noche parecía que se habían cambiado los papeles porque él era el activo y ella la que se quedaba en estado comatoso. Estaba ya en los brazos de Morfeo cuando empezó a notar los besos de Edward en la espalda, el cuello y los hombros además de su cuerpo desnudo contra el suyo cuando fue arrancada súbitamente para volver a la pasión de su habitación.

-¿Qué haces?- musitó en su somnolencia.

-Besarte- respondió él entre beso y beso sobre su hombro.

Bueno, hacía eso además de deslizar el dedo por su espalda, arriba y abajo. ¿Estaban tapados? Sí, sentía además el calor del edredón, del que tiró más para arroparse.

-¿No tienes sueño?- añadió.

-No puedo dormirme a no ser en mi lado- contestó sin dejar los besos.

Suspiró divertida y abrió los ojos medio segundo. Ciertamente ella estaba en su lado y vio su mesilla, con su teléfono móvil, el despertador y el receptor de Lexie, apagado. Además, la luz estaba encendida. Edward rara vez se dormía con la luz encendida, a no ser que estuviera muy cansado. Estiró la mano para apagar la lamparilla y se giró para cambiar de lado, pero eso lo aprovechó él para tumbarse sobre ella.

Siempre era muy gratificante sentir su piel desnuda sobre la suya.

-¿Y ahora, qué haces?- preguntó de nuevo amodorrada para volver a suspirar divertida.

Antes de contestar, terminó de besarle el cuello. Besitos cortos increíbles que culminaban con la punta de la lengua. Además, su cuerpo ya estaba perfectamente posicionado bajo él e incluso tenía sus piernas enroscadas en su cintura. ¿Había sido ella sola? Quizás, era algo instintivo.

-Pretendía que volviéramos a tener sexo- dijo para cambiar ahora al lado del cuello bajo la oreja izquierda.

-Pero estoy dormida.

-Podría hacerlo contigo dormida- respondió sin dejar los besos.

-Eso no ha sido muy amable- rió Bella.

-Te terminarías despertando. Te mandaría mensajes mentales y te despertarías para darme las gracias.

-¿Las gracias?- volvió a reír- No seas tan presuntuoso. Lo haces bien pero no es para tanto. Seguro que hay un millón de chicos por ahí que lo hacen mejor que tú. Sólo es una pena que no tenga con quien comparar- bromeó- Aunque tengo entendido que es de mala educación comparar el amante presente con los pasados.

-Sí, es una pena que yo tampoco tenga- respondió en dejar el lado izquierdo- Simplemente esperando 90 años para encontrarte. Para que me conviertas en el Cullen que más lo hace.

-¿Ah, sí?- rió de nuevo.

-Emmett aún no ha superado la cuarentena.

-¿Y Esme y Carlisle?

-¿Por qué a todos os importa su vida sexual?- añadió levantando la cabeza para fruncir el ceño- Yo tuve que leerla durante 80 años y es de lo más violento.

-Lo que será violento ahora es saber que tenemos más sexo que todos ellos- dijo divertida- No quiero parecer una arrogante. Deberíamos hacerlo sólo en nuestra casa, para no ofenderles en ningún modo.

-Emmett me ha ofendido a mí durante décadas con sus correrías, así que, que se fastidien. Y Carlisle se alegra por mí, te lo aseguro. Sólo quería para mí una pareja que me llenara y me satisficiera y lo hace, en todos los sentidos.

-¿Aunque no tengas con quien comparar?- preguntó juguetona.

-Eso lo hace aún mejor. Todo mi cuerpo te ha esperado desde 1918.

-Entonces- respondió Bella para girarse y quedar encima- hagamos algo al respecto.

El sopor tras el sexo era lo mejor que había. Entendía así esa carita que se le quedaba a Edward que siempre deseaba que fuera gracias a ella. No había nada como un poco de ejercicio aeróbico para dormir a pierna suelta. ¿Un poco? A quién engañaba.

Empezó a notar unos besos en el hombro – otra vez – que le apartaba el pelo y que la llamaba. Otra vez. Era genial eso de los fines de semana en casa de Esme y Carlisle porque en su casa por la mañana rara vez podían. Lexie se despertaba ahora al mínimo ruido y quería salirse de la cuna para explorarlo todo. La última vez que lo hicieron por la mañana fue antes de que sonara el despertador y rogando para que su pequeño no les llamara.

Y luego vendría una ducha juntos. Era como... Navidad.

-Bella, mi amor, despierta...- oyó en otro beso en el hombro.

-Bella no está...- contestó con voz engolada- Y sólo vendrá para volver a tener sexo.

Se rió y notó que el colchón se movía. Quizás se había sentado. ¿Por qué se sentaba y no entraba por debajo del edredón? Encendió la luz de la lamparilla – bueno, verse la cara estaba muy bien – y le volvió a besar, esta vez en la cabeza. Lo que no era nada erótico, eran sus besos habituales en público.

-Despierta, tengo que decirte algo.

Aunque se hubiera reído y ahora le acariciara el pelo, algo en su voz no le gustó, así que abrió rápidamente los ojos. Bueno, rápidamente para frotárselos porque sólo vio un borrón. Se tuvo que girar para verle sentado en su lado de la cama, vestido, peinado y afeitado con su arruguita en la frente.

-¿Qué pasa?

-Nada alarmante, no te preocupes. Sólo que Lexie tiene un poco de fiebre y será mejor que nos vayamos a casa.

Ahora saltó. Vaya que saltó. Se apretó el edredón contra ella para prácticamente quedar de rodillas. ¡Lexie enfermo! Y ella fantaseando como una adolescente con hormonas descontroladas cuando su bebé la necesitaba. Quizás había vomitado. O le dolían los oídos. O la barriguita. Hasta puede que la llamara con ojos llenos de lágrimas. Era una madre horrible, la peor del mundo.

-¿Qué tiene? ¿Qué es? ¿Desde cuándo lleva enfermo? ¿Por qué no me has despertado?

-No te pongas nerviosa, mi amor, está todo controlado. Sólo he esperado a que se tomara su biberón y se volviera a dormir para que le hiciera efecto el antitérmico. Carlisle se dio cuenta que tenía fiebre hace un par de horas, ha estado bien toda la noche.

-¿Seguro? Nos habrá llamado. Nos necesitaría. No puedo creerlo. No me moveré más de su lado. ¿Ves lo que pasa cuando evades tus responsabilidades? Me siento fatal. Soy de lo peor.

-No seas tan dura contigo misma porque yo he pensado lo mismo: No podíamos saberlo, estaba bien cuando nos marchamos. Pero ahora le llevaremos a casa y pasaremos su fiebre a su lado.

-Por supuesto que lo haremos. No le pienso soltar hasta que me repudie. Su siguiente palabra será un insulto, así que no le regañes cuando lo pronuncie. Voy a cogerle y no pienso soltarle hasta que esté perfectamente.

-No me cabía ningún tipo de duda- le besó la frente- Date una ducha rápida y vístete. Yo recogeré nuestras cosas. Será mejor irnos cuanto antes para que los demás no enfermen.

-¿Y tú? Bueno, la última vez que Lexie estuvo enfermo...

-En la salud y en la enfermedad, ¿recuerdas? No le querré menos si me vuelve a pegar sus dolencias- sonrió.

A Bella le faltó tiempo para obedecer y estar lista en un abrir de ojos para acudir junto a su bebé. No estaba dormido pero tampoco se quejaba señalándole simplemente con su dedito para que su madre le abrazara y no le soltara como había prometido. Fue hasta cómico despedirse del resto de los Cullen atrincherados en la cocina como si realmente estuvieran en cuarentena.

Ya en casa todo marchó mejor, todo lo bien que iba cuando Bella se ocupaba de todo. Incluso Lexie pidió ir a su cuna donde se durmió tras otro biberón que se acabó entero como si ya se encontrara mejor. Eso relajó visiblemente a sus padres que aprovecharon para ocuparse de ellos mismos y telefonear a sus familiares aunque hiciera muy poco tiempo que se hubieran despedido.

-Mira quién se ha despertado y quiere ver a mamá.

Bella levantó la vista del libro que leía para sonreír y tender los brazos hacia su bebé. Al menos había descansado un buen rato y en ese tiempo habían podido preparar algo de comida, comer y fregar los platos. En medio de eso Bella no le había quitado ojo a Edward porque temía que fuera el siguiente en enfermar, así que cuando dijo que subiría un rato al estudio mientras ella leía en el salón, seguro que era porque le estaba exasperando.

-¿Cómo estás, peque? ¿Ya te encuentras mejor?

-Mamá...

Le estrechó para besarle la frente arropándole bien con la mantita que Edward le había envuelto comprobando la temperatura. Volvía a estar caliente. De hecho, tenía las mejillas encendidas y la frente pegajosa. Y el pijama ardía. Haberle puesto aquel tan grueso no había sido buena idea.

-Le puedo preparar un biberón de zumo con más antitérmico- sugirió Edward.

-¿Y un baño? Parece empapado. ¿Te apetece un baño de espuma con tus patitos de goma, peque?

-No. Mamá- se volvió a coger a su cuello.

-Traeré el zumo- dijo Edward para desaparecer a la cocina.

Bella suspiró y se sentó mejor con su bebé en el regazo. A ver, por qué tenía que estar enfermo. Era un angelito increíble que no hacía mal a nadie. Al contrario, sólo traía felicidad y dicha con cada uno de sus vocablos. Y aunque en ocasiones se podía ver muy superada por la situación en la que vivía – estudios, casa, matrimonio, bebé – no se arrepentía de absolutamente nada porque estaba donde quería y con quien amaba.

-¿Y si nos tumbamos? Aquí, con mamá. A ver los dibujos animados, ¿ponen dibujos ahora?

Se recostó en el sofá con Lexie, se arropó también con su mantita y buscó el mando a distancia para encender la tele para dar con un canal infantil. Lexie señaló con su dedito cuando encontró el que más le gustaba. Normalmente no le dejaban ver la tele mucho rato, pero hoy se lo había ganado. Se acomodó para que él se relajara y unos instantes después llegó Edward con el biberón de zumo.

-Ya está, hijo, bebe lo que te apetezca- se lo dio para que lo cogiera- ¿Estás cómodo ahí, con mamá?

Lexie asintió con la cabeza y empezó a sorber su biberón. Sonrió incluso bajo la tetina al beso en la frente de su padre y le siguió con la mirada mientras hacía lo mismo a su madre, pero se quedó perfectamente tranquilo mientras la música infantil llenaba la sala. Apenas se movió para levantar la mano para señalar al gatito que se subía al sofá por el lado contrario, llamándolo con la boca llena.

-...akles.

-Sparkles quiere ver cómo estás, peque. ¿Se tumba aquí con nosotros? Pero sólo si no le haces daño- le advirtió Bella.

El pequeño asintió y volvió a estirar la manita así que Bella le llamó chasqueando los dedos para que el gatito obedeciera en un ronroneo. Caminó hacia ellos por encima de las piernas de Bella para tumbarse enroscándose en sí mismo en el hueco que quedaba entre su cuerpo y los pies del pequeño. Éste sonrió de nuevo, estiró la manita para acariciar al gatito como su madre, después el pie como si se hubiera olvidado de su advertencia, pero como su madre se lo recordó, no lo repitió. Después, cuando se cansó de beber le tendió el biberón a su padre sentado en el sofá individual de al lado y se acurrucó más en su madre.

-¿Así que ahora estás con esas?- rió Edward- ¿Todo es una artimaña para tenerla para ti solo?

Se levantó para hacerle cosquillas lo que hizo que Lexie se riera. Parecía bajo de energía pero era increíblemente gratificante escuchar sus carcajadas. Sumó incluso un "" mientras se cogía a los carrillos de su madre.

-Quizás yo también debiera tumbarme ahí con vosotros.

-Cuando Lexie era un bebé pequeñito,- explicó Bella- papá y mamá se tumbaban aquí con él y a Lexie le gustaba mucho. Y a Sparkles. Sparkles también se tumbaba aquí con Lexie, papá y mamá.

La miró levantando una ceja como solía hacer mientras procesaba la información. La cabeza de su bebé era increíble y daría cualquier cosa por saber qué había en ella más cuando tendió los bracitos hacia Edward.

-Papá.

Edward suspiró de orgullo a punto de explotar y le faltó tiempo para cogerle y tumbarse en el hueco que le dejaba Bella, con Lexie encima. El pequeño se acurrucó en su padre para darle una manita a su madre y al cabo de unos pocos minutos su medicación empezó a hacerle efecto para que se quedara nuevamente dormido. Como Bella. Estar al lado de ellos mientras les oía respirar siempre le había calmado lo mismo que el ronroneo de su gatito sobre sus piernas que era uno más de la familia.


Puede que hubiera pasado media tarde cuando abrió los ojos para bostezar, pero estaba tan cómoda que no le apetecía moverse. Edward había dejado a Lexie a su lado hacía rato aunque tuvo que levantarse un par de veces antes a coger el teléfono para tranquilizar a Esme y para enumerar a Rosalie los síntomas de Lexie para que se jactara de que Henry estaba perfectamente. Ahora tecleaba algo en su ordenador sentado en el sofá individual y con Sparkles tumbado sobre el respaldo cuando se cansó de la fiesta familiar en el otro sillón.

-Eh- dijo levantando la mirada hacia ella- Ayer hablabas de Cenicienta pero eres más bien la Bella Durmiente.

-Estoy cansada- se disculpó Bella- Y me duele la cabeza. Quizás también esté enfermando. ¿Cómo estás tú?

-Perfectamente. ¿Voy a ser yo ahora el que cuide de los dos?

-Lo harás muchísimo mejor, no me cabe duda- dijo en otro bostezo para llevarse la mano a la frente- Me duele un montón- repitió.

Extrañado, porque Bella raramente se quejaba, dejó su ordenador portátil sobre la mesa para ponerle la mano en la frente. En ello también le comprobó el pulso e incluso le miró el blanco de los ojos por mucho que ella se resistiera antes de palparle los ganglios del cuello.

-¿Su diagnóstico, doctor Cullen?- preguntó irónicamente.

-Se pasará con una aspirina porque parece una simple resaca.

-¿Una resaca?- repitió- ¿Qué dices? Para eso es necesario emborracharse. Y yo no me he emborrachado.

-Aún tengo el mensaje que me enviaste ayer, ¿te lo enseño?

-Está bien- suspiró- Pero apenas bebí. No para encontrarme tan mal como me encuentro.

-No estás acostumbrada, nunca habías bebido nada con alcohol antes que no fuera champán para brindar en la boda. Y solamente te mojaste los labios porque estabas embarazada. Así que es normal. ¿Ves la cantidad que tiene que beber Emmett?

-¿No crees que debería de haberme emborrachado antes de haberme quedado embarazada?

-No, si eso implicaba a que no hubiéramos tenido sexo- se rió para besarle la frente.

Se incorporó para caminar hacia la cocina así que Bella se centró en Lexie. Dormía con esa expresión de paz suya mientras movía su chupete rítmicamente. Quizás cuando Edward empezara a estar en casa de continuo lograra que dejara de usarlo, ahora no se veía capaz a hacerlo. Le acarició los cabellos hacia atrás y comprobó que su temperatura había bajado, lo mismo que en su cuerpecito. Era muy fuerte, mañana estaría como nuevo.

-Ten- anunció volviendo con un vaso de agua y la aspirina.

La aceptó para empujarla con el agua y se lo devolvió para besarle. Se tumbó de nuevo, besó ahora a Lexie en la cabeza y le volvió a acariciar los cabellos para mirar a Edward. Volvía a estar sentado, sin echar la espalda hacia atrás porque Sparkles estaba en el respaldo y tecleando algo en su ordenador portátil.

-Mañana no iré a clase, ¿te quedarás tú también?- preguntó Bella.

-¿Quieres que lo haga?

-No creo que haga falta. Carlisle vendrá y puedo pedir cita con el Pediatra por la tarde, cuando tú hayas acabado.

-Como quieras- respondió- Si quieres que me quede, sólo tienes que decirlo.

-Quiero que acabes esa clases cuanto antes para que te gradúes y podamos irnos a ese viaje lo antes posible para celebrarlo.

-¿Sigue en pie?- preguntó curioso.

-¿Por qué no iba a estarlo?- repitió Bella.

-Bueno, cuando supiste que Lexie estaba enfermo dijiste algo sobre la responsabilidad, así que creí que se ampliaba también al viaje.

-Es diferente. No creo que hiciéramos mal marchándonos a una fiesta, pero es algo que tampoco tenemos que repetir muy a menudo. Aunque me lo pasara muy bien, sigo sintiendo que mi sitio está contigo y con Lexie, lo que me completa como persona. Y desde que nació, Lexie lo llena todo, así que tienes razón cuando dices que nos lo merecemos. Si Esme y Carlisle no tienen problema en cuidarle y nos dejan llamar cada cinco minutos, no veo la razón por la que no podemos pasar unos días a solas, por primera vez en nuestra vida.

Edward sonrió para volver a dejar el portátil sobre la mesa y para besarla sonoramente en los labios. Después regresó a por el ordenador y darle la vuelta para mostrárselo:

-Es una suerte que lleve un par de horas haciendo test online para conseguir algunos créditos extras- bromeó.


Normalmente nunca se detenía a hacer la compra en los supermercados del Campus porque excepto comida rápida, snacks y bebida no tenían mucha variedad, pero dado que iba un poco justa de tiempo, no le quedó más remedio. También podía esperar al fin de semana e ir al supermercado donde habitualmente se abastecía, pero no pensaba darle de cenar a Lexie sopa de sobre tras su fiebre o hacer comer a Edward algo que llevara muerto y deshidratado desde comienzo de curso, así que tuvo que empujar el carro por los pasillos mirándolo todo con ojos bien abiertos para no perderse lo que estaba buscando. Entrar en un supermercado nuevo era siempre como el primer día de clase: te sentías observada y confusa. Justo así. Con la de experiencia que tenía en ella en hacer la compra familiar. Prácticamente desde que tenía uso de razón.

Encontró cereales – y más baratos - el detergente para la lavadora e incluso una salsa de tomate que sabía muy bien. La sección de frutas y verduras era bastante decente. Masa para una tarta que tenía muy buena pinta. Contaba que en la droguería no tuvieran ninguna marca de pañales, aunque el carrito si tuviera la silla interior para que Lexie se sentara, pero si se aprovisionaba bien de tampones en la próxima compra Edward no los echaría dentro del carrito como si mordieran.

-Ya casi estamos, peque- le dijo al pequeño besándole en la frente- Mamá recoge las últimas cosas, paga y vamos a casa.

Lexie ya estaba sano como una manzana. Apenas tres días de fiebre y siestas en el sofá le devolvieron a su pequeño toda su vitalidad y buen humor. El Pediatra también dijo que se trataba de un virus común así que con antitérmicos le combatieron. Había perdido algo de peso porque sólo le apetecía beber líquidos pero unas zapatillas deportivas y un par de pantalones ya no le servían así que había crecido. Con un par de papillas que su madre le preparara seguro que recuperaba eso y algo más. Y Edward no cayó enfermo, por lo que estaba bastante orgulloso de su sistema inmune.

Bella se tomó una semana de descanso para cuidar de su bebé y al retomar las clases el lunes, Edward ya le dio la noticia: había pedido la convocatoria extraordinaria para examinarse de todas las asignaturas que le quedaban. Cuatro años de college en apenas uno y medio. Si todo saldría bien – que no tenía por qué no ser así – estaría graduado antes de mayo. Entraría en la Escuela de Medicina antes de mayo. La gente corriente escribe cartas para que le acepten en las Universidades. A Edward le habían llamado de unas cuantas para decirle que en cuanto se graduara estarían orgullosos de contar con él.

A veces regresar de un día de clases agotador después de dejar a su pequeño en la guardería por primera vez en siete días en los que no se habían separado tenía esa buena recompensa.

Así que ahora estaba en casa estudiando, Lexie apenas iba a la guardería un par de horas para que Bella le recogiera al acabar su jornada lectiva y esa mañana le había regañado con que si le veía llevando el mismo pijama al regresar a casa dormiría en el estudio con Sparkles. Podía soportar que no se afeitara aunque le levantara la piel al besarla, incluso que dejara el plato del almuerzo en su lado de la mesa del estudio con los bordes del sándwich entre una servilleta arrugada, pero verle todo el día en pijama le ponía de muy mal humor. Así comprendió lo que se frustraba Alice respecto a sus camisetas viejas. Aunque más bien era el hecho de que él podía quedarse en casa a echarse la siesta con Lexie y ella no.

-¿...lleta?- preguntó Lexie señalando una caja de los estantes.

-¿Quieres una galleta? Éstas. A mamá también le gustan.

No eran de las que solían comprar con complementos alimienticios de continuación y sin gluten, pero seguro que no le sentaban mal, así que cogió la caja, sacó una y la dejó dentro de su carro para que nadie pensara que no iba a pagarlas. Lexie la levantó orgulloso de su logro, se la puso sobre la nariz, la tocó con los deditos y la rechupeteó.

-¿Está buena?

-...ica- se la puso otra vez en la nariz.

-Te estás llenando de chocolate- rió Bella.

Lexie asintió para volver a rechupetear la galleta y así aprovechó hasta para meter el dedito por el relleno, lo que hizo que se riera de nuevo. Ahora no sólo se estaba llenando, ya tenía una mancha en la cazadora y tendría que llevarla al tinte porque esa piel no podría meterla en la lavadora. Empujó más el carro sin apartar la vista de su pequeño, dobló la esquina para entrar en el pasillo de la farmacia y así llegó a la zona de los productos femeninos. Le dobló la manga de la cazadora porque ya tenía un pegote, se chupó el dedo porque también tenía chocolate y levantó la vista para coger lo que buscaba. Con dos cajas sería suficiente. Le libraría del mal trago: No había nada como mandarle comprar algo íntimo de mujer a alguien de siglo pasado. Menos mal que no tenía que comprar preservativos.

-No más- dijo Lexie levantando la galleta.

-¿Ahora que tienes hasta en el pelo, peque?- contestó su madre- Si te queda un trocito de nada.

-No más- negó con la cabeza- Mamá.

Se la tendió incluso levantándose en la silla del carrito, así que abrió la boca para que se la diera. Obedeció riéndose para después recibir un beso en la frente de su madre, donde también tenía chocolate, así que con esos movimientos magistrales que le salían desde que tenía que llevar a un bebé en un brazo y un montón de bultos en el otro, sacó las toallitas húmedas para limpiar el estropicio que tenía el pequeño: con la mano abierta se la pasó por toda la cara con la consiguiente protesta del niño, después de las manitas y por último por el pegote que tenía en un mechón. Lexie se revolvió y tiró de la toallita para batirla estirando el brazo para llegar hasta la cara de su madre.

-Mamá no se mancha tanto como Lexie cuando come una galleta.

-Nene- insistió.

Riéndose se entornó y así Lexie se la pasó suavemente por la boca e incluso por la nariz. Cuando se vio satisfecho le hizo una bola para devolvérselo a su madre que la aceptó para metérsela en el bolso de nuevo y tirarla después, cuando, al estirar la mano hacia atrás y no dar con la cremallera, se giró levemente atrayendo su atención algo completamente distinto: una chica a unos metros más allá, frente a uno de los expositores sorbía la nariz. En principio no debería de haber pasado de eso, quizás estaba acatarrada e intentando escoger un antigripal, pero el expositor era el de los test de embarazo y la chica no era más que Allyson.

Sintió como si le cayera un jarro de agua fría, realmente como si con ella fuera algo, cuando no era el caso, dado que ni eran compañeras ni mucho menos amigas. ¿Cuántas veces la había visto en su vida? ¿Tres, cuatro? Y en una de ellas se le había insinuado claramente a Edward. Pero verla llorando delante de los test de embarazo debió hacer que se olvidara de eso.

-¿Va todo bien?- preguntó tímidamente.

Allyson la miró con un resorte con ojos irritados desorbitados. Debía llevar llorando ¡horas! Si no días por el color y el hinchazón de los ojos. Quizá en algún momento llevó hasta rimel porque ahora era un borrón en las mejillas dilatadas. Y quizás también hasta se peinó debajo de la maraña que se intuía debajo de la capucha de su sudadera.

-¡Bella! Perdona, no te había... visto- sorbió la nariz- ¿Estás sola?

-Bueno, con...- señaló al carrito media docena de pasos más allá-... Lexie.

-Vaya. Cómo ha crecido.

-Sí, lo hace por momentos- contestó- ¿Puedo ayudarte en algo? Pareces un poco... turbada.

-No, sólo buscaba... Esto- cogió el test que estaba justo delante- Es para una amiga. Ya sabes. Ella no se atrevía a venir y... Es del otro lado del campus, así que así no la vería nadie conocido, así que...

Lexie emitió un gritito tendiendo los brazos así que en medio de sus divagaciones, Bella tuvo que caminar la media docena de pasos de vuelta a su carrito, cogerle en brazos para cargarle en la cadera y regresar entonces con Lexie en un brazo y empujando el carro con el otro. Puede que Allyson siguiera con sus disculpas pero bajó tanto el tono que Bella no lo oyó por lo que dijo:

-Que salga entonces lo que ella desea.

-¿Cómo?

-En el test. Que sea positivo si es lo que desea o negativo si no es un bebé buscado.

-Ya- miró el testo un segundo para menear la cajita- ¿Esta marca es buena? ¿Es fiable?

Se lo preguntó a modo de duda científica, lo mismo que cuando ella le preguntaba algo médico a Carlisle porque aparte de las vivencias de tres siglos, debía de saber cualquier cosa que atañía a Lexie: porqué no le habían salido las muelas o si era muy pronto para empezar con el orinal. Así que quizás Allyson la veía a ella del mismo modo, al menos en lo referente a test de embarazo cuando obviamente ella había estado embarazada. Lo gracioso era eso, que nunca se había hecho uno porque cuando lo descubrió estaba rodeada de poderes vampíricos que ya podían escuchar las células cardíacas de su bebé.

-No lo conozco, lo siento. Pero dicen que todos esos chismes son muy fiables. Dará lo mismo una marca que otra.

-No, porque otro que me hice no me salió- se enrojeció levemente más de lo que estaba por el berrinche- No le salió, yo estaba con ella.

-Entonces deberías de ir al médico. Con ella, para que no esté sola.

Se quedó parada sin decir nada y unos instantes después suspiró ruidosamente para batir la cajita con las uñas dando un respingo. Lexie se volvió a quejar meneando los pies así que Bella le dejó en el suelo. Justo cuando se incorporaba para seguir sujetándole de la mano, Allyson añadió:

-Llevaré éste de todos modos. Gracias- dio otro respingo- Saluda a Edward, debe de irle muy bien con las clases. Hace una eternidad que no le veo.

-Lo haré de tu parte.

Asintió, dio otro respinguito y metiéndose el test bajo el brazo empezó a caminar pasillo adelante. Bella la observó unos instantes preguntándose en qué clase de lío estaría metida, si tendría que ver con lo mal que le iban las clases y si era ella la embarazada esperaba que al menos supiera quién era el padre. Con ese pensamiento se sintió mal consigo misma. Estaba claro que no estaba tan chapada a la antigua como ella, pero tampoco sería tan libertina.

-Nene. Nene. Nene.

Se revolvió para que le soltara así que le dejó caminar pasillo adelante a una distancia prudencial para si trastabillaba, recogerle. Empujó su carrito con el brazo que querer coger a Lexie le dejaba libre y así llegó a la caja. Cuando, atrapando a Lexie con las piernas para que no pasara por la caja solo, empezó a poner sus compras en la cinta, vio a Allyson pagar dos puestos más allá.

"Me aburro. Dónde estáis. Como no volváis pronto, me volveré a poner el pijama. E"

Se podía aburrir en su sesión de estudios. Era digno de admiración. Quizás había sido mala idea organizar las horas de Lexie en la guardería para que ella le recogiera. Edward estaba de lo más holgazán últimamente. Se había convertido en... ¡un adolescente más! Lo que le encantaba recordarle, dado que él seguía teniendo biológicamente 19 años: sólo se levantaba por la mañana para desayunar con ella y se quedaba en la puerta para despedirla, pero estaba completamente segura que luego se volvía a la cama. Hacía las tareas de casa y entretenía a Lexie, pero alguna siesta más seguro caía porque milagrosamente en la guardería nunca se dormía. Y cuando se encerraba en el estudio para avanzar lo que tenía planeado lo hacía con ese mugriento pijama al que le tenía un montón de tirria. Y él parecía feliz por hacerla de rabiar.

"Estamos en el supermercado. Iremos pronto a casa. Aunque tardaremos más si nos amenazas con el pijama. B y L"- tecleó.

"A Sparkles le gusta mucho. E"- leyó un segundo después en la contestación.

"Mejor, porque esta noche dormirás con él si no me has hecho caso. B"- respondió.

"¿Cuándo no te he hecho caso yo en algo, mi amor?"- añadió.

"Aunque cabezota, siempre terminas haciendo lo que te conviene, como todos los hombres casados. B".

"Los hombres casados y felices"- respondió.

Bella sonrió al leerlo y como no iba a contestar más porque daba la conversación por acabada, estuvo a punto de metérselo en el bolso, pero volvió a vibrar así que leyó en la pantalla:

"Me han llamado de la NorthWestern. E".

"Chicago?"- voló sus dedos por el teclado.

"Y Yale ha usado el método tradicional de carta certificada. He tenido que levantarme para abrirle al cartero. Ya no hay ningún tipo de respeto."- añadió.

"¿Qué les has dicho?"- insistió.

"Que ahora mi familia vive aquí. E"- escribió.

"Tu familia se mudaría allí donde tú quisieras estudiar. A Lexie le gustó mucho Chicago cuando estuvo. Lo demostró con patadas. B"

"Preferiría que mi segundo hijo también naciera aquí. Aunque todo eso depende de ti. Si tú quieres trasladarte a Chicago, tengo plaza también en la Pritzker. E"

No eran asuntos para tratarlos mediante mensajes de móvil, pero Bella empezó a escribir ansiosa. Siempre había tenido esa extraña obsesión con que Edward regresara a Chicago o que tuviera algún nexo con el sitio donde nació, pero él parecía totalmente indiferente. Con tener la copia del libro del registro y el retrato de Elizabeth Masen parecía feliz, así que comprendía que no estuviera entusiasmado con que dos de las Escuela de Medicina de Chicago le llamaran para ofrecerle plaza, como ya habían hecho otras tantas hasta ahora. Aún así, y exceptuando Forks por Charlie, Bella tampoco se sentía apegada a ningún lugar especial así que no quería presionarle para que eligiera una cosa u otra ni que cambiara sus planes que siempre habían sido doctorarse en Dartmouth, así que envió el texto:

"Has dicho las palabras mágicas: segundo hijo. Nos vemos ahora. B y L".

Ahora sí que se guardó el móvil en el bolso, lo dejó en el asiento de al lado y miró por el retrovisor a Lexie en el asiento trasero. Como ya había crecido mucho habían cambiado las sillitas de protección de los coches y la de ahora tenía un volante muy gracioso que a Lexie le encantaba porque simulaba conducir, como hacía ahora, que tocaba la bocina para reírse.

-¿Qué haces, peque? ¿Conduces como mamá?

-No...a... papá.

-¿Conduces como papá? ¿Por qué no como mamá?- repitió.

-Mamá mal.

-¿Mamá conduce mal? Ahora verás.

Se volvió en su asiento para cogerle del pie lo que a Lexie no pudo causar más gracia, llenando el coche con sus carcajadas. Le hizo cosquillas en la pierna, imitó un rugidito y...

… unos toques en el cristal.

Su mente, desde que era madre, volaba a una velocidad incalculable. Siempre pensaba en la seguridad de su hijo, sobre todo, algo que seguro que iba con el instinto protector. Podía haber mirado quién era, pegarle una voz por meterle tal susto o incluso por tocarle el coche, como seguramente haría Edward, pero mientras aferraba a Lexie con una mano por si tenía que saltar hacia él para cubrirle de lo que fuera, calculó que los seguros estaban cerrados y que aquel estúpido SUV tenía los cristales reforzados.

-¿Qué...?

Al otro lado de la ventanilla no había ni ningún atracador, ni ningún secuestrador de bebés, ni nadie que fuera a hacerles daño: Allyson esperaba con cara de disculpa.

-Me has asustado- dijo Bella bajando la ventanilla.

-Disculpa, no era mi intención, pero no quería que arrancases.

-¿Qué ocurre?

-Es que...- dudó- La verdad que no tengo a nadie a quien contarle esto y creo que tú me podrías ayudar.

-¿Yo?- repitió Bella.

-El test es para mí- dijo- No hay ninguna amiga y... Esto es patético porque apenas nos conocemos, pero... Necesito contárselo a alguien. Ahí hay una cafetería- señaló adelante- ¿Me harías ese favor?

Bella dudó, miró hacia adelante, a la cafetería, al lado, donde estaba su bolso con su móvil y el último mensaje que le había mandado a Edward de que ahora se verían y por el retrovisor, donde Lexie miraba curioso al interlocutor de su madre. Pero, como en el supermercado, le cayó ese jarro de agua fría y sintió lástima de esa chica en tal encrucijada.

-Claro- aceptó- ¿Quieres ir hacia allí? Tengo que bajar a Lexie y...

-¿No puedes dejarle en el coche?- le interrumpió Allyson.

-¿Solo? ¿Estás loca?

-Quizás se duerma.

-O se ponga a llorar muerto de miedo por estar encerrado en un sitio que no conoce, alguien llame a la policía porque una madre irresponsable ha dejado a su hijo en el aparcamiento de un supermercado, me lo quiten los Servicios Sociales y Edward me mate después de pedirme el divorcio.

-Pero todo el rato da grititos- insistió.

-Es lo que hacen los niños cuando no saben hablar bien, es su manera de comunicarse.

-Perdona. Perdona. Tienes razón, estoy loca. Tú estás siendo tan amable conmigo y yo teniendo estas ideas horribles. Iré hacia la cafetería para pedirte un café.

-Gracias.


Atando la zapatilla deportiva de Lexie que se acababa de intentar quitar, Bella levantó la cabeza para mirar a Allyson que casi llevaba en la misma posición desde que se había sentado enfrente: con la capucha puesta, delante del café, pasando el dedo por el borde de la taza. Ni siquiera que Lexie se hubiera intentado subirse a la mesa la había hecho salir de su ensimismamiento. Y no quería ser brusca porque debía de estar en una batalla personal muy grande, pero ella tenía una vida a la que regresar.

-Esto...- terminó de atar la zapatilla para besarle la frente y sentarle en su rodilla y que se entretuviera con sus llaves de juguete aparte de con su móvil-... ¿cuánto tiempo llevas de retraso? Quizás sí que debieras de ir al médico y dejarte de esos chismes.

-No puedo ir al médico, mi seguro está al nombre de mi padre y me mataría al enterarse- respondió impasible sin dejar de menear el dedo por la taza de café.

-Bueno, en algún momento tendrás que decírselo.

-No- se quedó tiesa de golpe- Esto no puede saberlo nadie. Y mi padre menos.

-Creo que deberías de salir de dudas cuanto antes. Seguro que puedes ir a cualquier Clínica y que una amiga te acompañe, te sentirás mejor. O el padre del...- evitó decir bebé si tanto le horrorizaban los grititos de Lexie- ¿No se lo has dicho?

-No creo que le importe demasiado.

-Eso no lo sabes. La gente reacciona de manera inesperada en situaciones extremas.

-Apenas nos conocemos. Es horrible, pero ni siquiera sé su apellido. Sólo nos hemos visto media docena de veces.

Bella carraspeó para tomar aire porque la cosa pintaba cuanto menos, mal. Besó en medio a Lexie en la cabecita y le sujetó la mano en la que tenía su móvil para que no siguiera dándole golpes con las llaves de juguete. Éste se quejó pero obedeció cuando le susurró un "No". Su situación era de lo más peliaguda y ella había sido muy crítica al pensar que tal vez no conocía ni quién era el padre. Sabía el nombre, eso era un logro entre el libertinaje Universitario.

-Quizás hasta salga con otras chicas. No voy a pedirle nada cuando no me debe nada- insistió Allyson.

-Algo así es responsabilidad de dos personas, no de una sola- respondió Bella.

-Mira, Bella, no quiero parecer desagradable pero las cosas aquí son un pelín diferentes a lo que lo fueron para ti, en tu pueblo: puede que te quedaras embarazada, que fueras prácticamente una adolescente y que posiblemente no lo planearas, pero tenías a tu novio de toda la vida a tu lado, que jamás ha estado con otra chica, que quiso casarse contigo para que todo fuera de color de rosa. Yo no puedo presentarme delante de una residencia e ir picando puerta por puerta porque ni siquiera sé en qué habitación vive.

Aunque la cosa le molestó levemente porque tampoco tenía ni idea de la realidad de su pasado, en cierta manera comprendió lo que le quería decir. Puede que hubiera descubierto un embarazo cuando no se lo esperaba y que era muy joven, pero su pareja le apoyó, sabía su apellido y hasta su fecha de nacimiento falsa, y todo salió bien, si obviamos, claro, la huida a Italia para salvar a los Cullen o que durante unos breves momentos Edward tuvo otros planes que ella no compartía. No fue todo de color de rosa, pero sí salmón. No, mejor azul. Azul bebé, el color de la ropita de Lexie cuando nació.

Iba a decir algo como que entendía su punto de vista, pero Lexie se volvió en sus brazos para mostrarle las llaves de juguete mientras sonreía, así que Bella le imitó al gesto para besarle la frente. Lexie entonces levantó ahora el teléfono móvil para decir "papá" y como si le llamaba para que Lexie escuchara su voz iba a preguntar por qué tardaban tanto y dónde estaban, lo desbloqueó para buscar las fotos. Lexie, con 15 meses era capaz de pasar de una a otra con su dedito, cuando a Bella le llevó bastante entender ese modelo cuando Edward se lo regaló cansado del otro con su pantalla rallada. La próximas generaciones venían con nociones innatas sobre tecnología. O quizás también lo había heredado de Edward que le encantaban esos chismes aunque hubiera nacido en otro siglo.

-Papá- volvió a decir tocando la foto.

-Sí, es papá. Y mira a Sparkles- señaló otra foto.

-¡...akles!- exclamó feliz para coger el teléfono con las dos manos.

-Con cuidado, peque- añadió besándole la coronilla.

-¿Quién es Sparkles?- preguntó Allyson- ¿Un perrito?

Asombrada porque debía de ser la primera vez que Allyson intentaba interactuar con Lexie, le animó a que le contestara aunque no era muy dado a hacerlo con desconocidos.

-¿Le enseñas a Allyson a Sparkles, peque? No lo conoce.

La miró levantando su ceja, pero como ella le sonrió, asintió para voltear el teléfono mostrando orgulloso la única foto que tenían de él sentado junto al animal en el sofá segundos antes de que le tirara de la cola para que huyera escaleras arriba despavorido.

-¡...akles!- volvió a exclamar feliz.

-Oh, pero si es un gatito. Es un gatito precioso. Y también sales tú. Qué guapos estáis los dos. A mí también me gustan mucho los gatos, más que los perros. ¿Es tuyo el gatito?

Evidentemente, Allyson no trataba con niños, o al menos con niños muy pequeños a los que había que darle órdenes concisas y cortas. Posiblemente, Lexie se perdiera a la mitad de la frase, entre un punto y el otro porque estaba demasiado emocionado con la foto para poder contestar algo, así que Bella le ayudó.

-¿De quién es Sparkles, peque?

-...a... mamá.

-Es de mamá- le besó la mejilla sonoramente- Papá se lo regaló a mamá cuando Lexie estaba todavía dentro de la barriga de mamá. Pero mamá le deja a Lexie jugar con él siempre que Lexie no le haga daño a Sparkles.

-Nene- se señaló en la foto- ¿Mamá?

-Vamos a buscar ahora una foto donde salgan mamá y Lexie- pasó un par de ellas.

-¡Elo!- exclamó feliz al encontrar una de él con Carlisle- ¡Elo! ¡Elo! ¡Elo!- apretó el teléfono contra su pecho.

-Se te da muy bien. Parece que has nacido para eso. Da hasta envidia- dijo Allyson.

Sonrió porque ella también lo creía, más cuando todas las personas se lo decían: Charlie, Renee, los Cullen, Angela y Jessica, sus compañeras de clase... Era lo que el mundo tenía preparado para ella: ser la madre de ese bebé tan precioso. Siempre había cuidado a quien tenía a su alrededor, pero Lexie era tan parte de ella, tan parte de ella y Edward que apenas era un esfuerzo, por muchas horas que requiriera o por mucha paciencia que hubiera que tener. Definitivamente había nacido para ser madre.

Pero no era por eso para lo que estaba ahí.

-Cuando descubrimos que estaba embarazada, apenas faltaban unas semanas para la boda: habíamos planeado casarnos en cuanto nos graduáramos para venir aquí y vivir juntos y ya estaba todo listo, con las invitaciones enviadas incluso. Evidentemente, no lo planeábamos, solamente habíamos hablado de tener hijos en el futuro, pero ni siquiera lo había imaginado. Se lo contamos a la familia de Edward y siempre fueron muy comprensivos, pero se lo ocultamos a mi padre hasta que regresamos de la luna de miel porque no quería defraudarle con nada así: él ni quería que me casara tan joven y mucho menos que tuviera hijos tan pronto. Se puso como loco. Recuerdo que a mí me llamó inconsciente y a Edward capullo, aunque ya estuviéramos casados. Cuando Lexie nació, cogió el primer avión sin pensar el miedo que le da volar.

-Es un niño guapísimo, cualquiera se enamoraría de él. Es normal que ahora esté encantado.

-Creo que se enamoró de él cuando notó la primera patada, y empezó a fantasear en comprarle un guante de béisbol porque a él le encantan los deportes y a mí no. Se hubiera enamorado fuera lo que fuera, porque era mi bebé. Te aseguro que mi padre es muy intransigente y ha superado un montón de reticencias solamente porque me quiere.

-¿Que quieres decir con eso?

-Que si realmente estás embarazada y que no puedes hablar con nadie de eso, estoy segura de que tu familia te apoyará porque quieren lo mejor para ti.

-Mi padre sólo está obsesionado con que siga sus pasos y me ocupe de su dichosa clínica cuando se jubile. Yo no quería estudiar Medicina ni venir a Dartmouth. ¿Yo, médico? Ni siquiera me gustan las personas.

-Mi padre quería que estudiara por correspondencia para que no viera a Edward, incluso le prohibió entrar en casa. Tú padre, como el mío, como supongo que Edward y yo seremos cuando Lexie sea mayor, puede que te presione y hasta que se equivoque, porque nadie es perfecto, pero estará ahí para ti.

Allyson se quedó mirándole unos instantes para después, encogiéndose, suspirar profundamente para volver a la postura de antes sobre el café. Bella esperó a que reaccionara aunque tuviera mucho en la cabeza, pero Lexie se cansó antes, se revolvió en sus brazos para volver a agitar el teléfono móvil y decir:

-Papá. Tete. Akles.

-Ahora vamos, peque. Y ahora llamamos a papá desde el coche- le besó la frente- Debería de irme- añadió- Edward se debe de estar preocupando, sólo le dije que estábamos en el supermercado. Y Lexie está cansado.

-Ah, sí, claro- sorbió la nariz- Has sido muy amable por hablar conmigo.

-De nada- sonrió- Espero que te haya ayudado.

-Yo también lo espero. ¿Habría algún modo de que contactara contigo? No por...- se disculpó- Ya sabes, para decirte lo que haya ocurrido.

-¿Tienes dónde anotar mi móvil?


Esto del retiro domiciliario para preparar los exámenes finales, no tenía más que ventajas. Le había gustado la vez anterior, pero esta le estaba encantando: se levantaba por la mañana para desayunar con Bella, la despedía para que se fuera a clase y el resto del día era para él y para Lexie. Hacía las cosas de casa, jugaba con él, hacía la comida y se echaban la siesta. Después le preparaba para llevarle a la guardería y cuando regresaba sabía que ya no tenía que salir hasta el día siguiente. Era una sensación indescriptible. Podía quedarse en pijama toda la tarde, que no tenía que acudir a ninguna clase ni a ninguna tutoría, sólo él en el estudio hasta que Bella regresaba a casa. Era una pena que ella no compartiera su amor por el pijama cuando él le había tomado tanto cariño. Se le estaban pegando muchas cosas de Alice con respecto a la moda que antes no le preocupaban.

Hoy había adelantado un montón de trabajo, así que mañana le diría a Bella que no llevaría a Lexie a la guardería y disfrutaría de él todo el día. Hoy habían estado haciendo pintura de dedos, habían dibujado paisajes, casas y pájaros, y la guardó justo cuando en la marrón aparecieron pelos de Sparkles. Revisó al gatito de arriba abajo pero parecía perfectamente así que no sabía en qué momento se despistó para que le hiciera la travesura que se le hubiera pasado por esa endiablada cabecita. Luego parecía terriblemente agotado y se echaron a dormir la siesta. Era adorable ver cómo se quedaba dormido a su lado mientras le escuchaba respirar pausadamente. Hasta se olvidó del chupete. Estaba consiguiéndolo y eso que los primeros días lloró mucho. Bella confiaba en que sería capaz de ir haciendo que lo dejara pero él no tenía tanta fe en sus habilidades. Por ahora estaba superando siestas y sólo se lo dejaba por la noche, pero esa una gran batalla de cuentos, de estar a su lado y verle quejarse y lamentarse hasta que caía rendido. Si alguien tiene experiencia en velar al que duerme, eres tú bromeó Bella. Así que si aprobaba los exámenes y hacía que Lexie dejara de usar el chupete, no se le podía pedir más a la vida.

Lo del orinal, le tocaría a ella.

Había marcado los tres primeros exámenes para finales de semana y estaba ansioso para comenzar ya y quitárselo de delante. No sólo se graduaría y podría entrar en la Escuela de Medicina de una vez por todas, si no que se olvidaría del College y sus clases soporíferas. Cada vez que lo decía Emmett le mirara como si estuviera loco, pero claramente sus aspiraciones eran diferentes: las suyas poder tener una profesión y la de Emmett probar una bebida que no le dejara resaca.

Cada vez que sonaba el teléfono para que la secretaria de un rector le confirmara que le ofrecían una plaza, todo el mundo saltaba: Carlisle debía de estar engordando del orgullo, pero no sabía que a Bella le hiciera tanta ilusión saber que en Chicago también sabían de su existencia. Ya tenía su vida planeada a algunos años vista, pero si Bella quería cambiarla, él podía amoldarse a cualquier cosa. Estaba cumpliendo su parte con los exámenes extraordinarios, si el siguiente capítulo era en otra ciudad, bien podía aguantar los reproches de Rosalie porque ahora todos vivían allí.

Aunque más bien se trataba del detalle de que Bella siempre habían intentado que estuviera en contacto con sus raíces, bien lo sabía por la zona de la estantería donde estaban sus recuerdos del pasado – la copia del libro de registro o el retrato de su madre. Él siempre le decía que su hogar era allí donde estaban ella y Lexie. Bien era Hanover, Forks o cualquier otro sitio del planeta. Lo mismo que donde estuviera el resto de su familia siempre que estuvieran juntos y felices. Ella sentía lo mismo con respecto a donde vivían Charlie o Renee pero sabía que le entristecía que no tuviera un sitio al que regresar, como ella a Forks. Podía repetirle hasta la saciedad que siempre que regresaba a ella, regresaba al sitio donde había dejado su corazón.

Levantó la vista de las notas que repasaba para agudizar el oído pero excepto el reloj del salón en el piso de abajo o el ronroneo de Sparkles dormido en su cesto a sus pies no oyó nada más. Se extrañó. Bella y Lexie ya deberían de haber vuelto. Comprobó la hora del último mensaje y había pasado más de una hora. Se levantó e incluso se asomó a la ventana, desde donde se veía parte de la calle y la entrada del garaje. Absolutamente nada y todo tranquilo.

Quizás es que el mensaje se lo había mandado cuando entraban en el supermercado y no cuando salían, así que sería el tiempo normal, más siendo un solo adulto con Lexie, el que tenía que retenerle cuando quería caminar o evitar que tocara nada. Pero aún así, se asomó de nuevo. Absolutamente nada.

Se volvió a sentar y pasó la hoja del libro. Intentó centrarse de nuevo, pero estaba completamente distraído. La mente humana se evadía a la velocidad del sonido, pero pensaba tantas cosas catastróficas como la de vampiro. Así que cuando el móvil vibró en su mano contestó antes del primer tono porque estaba a punto de usarlo él para llamarles.

-¡Papá! ¡Papá!- exclamaba Lexie desde el otro lado.

-¿Dónde estáis?- preguntó directamente.

-Nos hemos entretenido- respondió Bella entre los grititos de Lexie.

-¡Papá!- seguía exclamando Lexie.

-¿Qué, hijo? ¿Has sido bueno en el supermercado?

-...Ata... da... en... me- balbuceó fuera lo que fuera.

-Ha sido muy bueno- contestó Bella- Caminó por el pasillo sin tocar nada porque mamá se lo pidió y esperó en la caja sin moverse. Ahora ha caminado de la mano de mamá hasta el coche como todo un hombrecito. Y esperó sin moverse cogido a la pierna de mamá mientras mamá abría el coche para sentarle en su sillita.

-Muy bien, pequeño- dijo él- Papá está muy orgulloso de ti. Camina siempre de la mano de mamá, tienes que cuidarla cuando papá no esta.

-¿Ada... me... tete?- volvió a balbucear.

-Está cansado- tradujo Bella- Ya me ha pedido el chupete otra vez.

-No se lo des- dijo alarmado- Sé fuerte, mi amor.

-No te preocupes- se rió- He sido fuerte. Llegaremos en cinco minutos. ¿Le dices adiós a papá, peque?- se rió de nuevo- Lo acaba de decir con la mano.

Edward también se rió imaginándose la escena: A Bella conduciendo y a Lexie sentado en su sillita atrás diciendo adiós con la mano como le hacía cuando le despedía al dejarle en la guardería. En la cosita fascinante que era esa pequeño y en lo grande que era que Bella se refiriera a él para que le identificara como papá. Era algo indescriptible y cada vez que le llamaba no disminuía su valor, si no lo aumentaba. Era casi mágico que esa criatura asombrosa a la que quería con cada célula de su ser fuera suyo. Y no es que dudara en ningún momento de la fidelidad de Bella – ni por lo más remoto y no sólo porque Lexie se le parecía mucho, si no porque aún hoy se preguntaba como era tan afortunado de poder compartir su día a día con ambos, la mitad de su corazón y lo que se formó con la mitad del de Bella.

-Os espero- dijo antes de colgar.

Recogió sus libros y notas hasta el día siguiente e incluso apagó el ordenador porque allí no pensaba entrar más. Se llevó el plato de su almuerzo y un vaso de zumo vacío, y empezó el ritual del seguridad de anclar barrotes de protección en las escaleras para que Lexie no corriera ningún peligro. Al llegar abajo encendió las luces, metió el plato y el vaso en el fregadero y sólo le quedó esperar en el garaje hasta que vio los faros del SUV.

Sabía que Bella odiaba ese coche y sólo había que ver su cara cuando lo conducía, al contrario con su utilitario pequeñito que ya tenía un par de abollones típicos de Bella, pero aunque le había prometido que lo cambiaría, era un coche muy seguro, con su estructura y cristales reforzados para proteger a las dos personas más importantes que había en el mundo para él. Se apartó hacia los escalones para que maniobrara sin tener la sensación que la observaba y cuando apagó el motor aunque lo hubiera dejado ligeramente torcido y las ruedas hacia la derecha, se acercó para abrir la puerta trasera donde Lexie le llamaba incesantemente.

-¡Hola, hijo! Papá te ha echado mucho de menos- respondió para entornarse hacia él y sacarle de la sillita.

Hacía 15 meses jamás se referiría a nadie antes que a Bella, a la que quería por encima de todo, pero después de esos 15 meses todas sus primeras atenciones era para su bebé, lo mismo que le ocurría a Bella, sobre todo desde que hablaba y le llamaba con tal ansia, hasta que se vio en sus brazos colmado de besos mientras le levantaba en el aire.

-¿Que has hecho por ahí con mamá toda la tarde, pequeño? ¿Te has divertido mucho?

Le volvió a besar sonoramente mientras le levantaba para que Lexie se riera y como movió piececitos, le dejó en el suelo. Le faltó tiempo para echar a correr garaje adelante, así que ahora se centró en Bella.

-Perdona, no quería que te preocuparas, parecías ansioso por teléfono- dijo antes de darle un beso en los labios.

Había estado tan ansioso que la sujetó del cuello para que el beso no fuera breve y pudiera disfrutar de ella unos segundos más, sobre en todo en medio de los grititos de Lexie garaje adelante estuviera haciendo la travesura que hiciera.

-Sabes a café- observó.

-He tomado un café- dijo con un leve rubor de mejillas.

-¿Con Cassie?- preguntó.

-No, con Allyson.

-¿Allyson?- repitió extrañado.

Hacía semanas por no decir meses que ni sabía nada de Allyson, ni la veía, ni interés tenía. Como a otros compañeros de antiguas asignaturas, la había dejado atrás en su primera convocatoria extraordinaria el semestre pasado y este semestre apenas había hablado más de cuatro conversaciones con los que compartía clase. Casi, casi como cuando era vampiro. Pero él tenía las cosas muy claras, un futuro al que miraba de frente y sobre todo ahora con Emmett en el campus, realmente no necesitaba a nadie más si es que antes lo había hecho.

-Estaba en el supermercado. Y me preguntó si podía hablar conmigo. Así que me invitó a un café.

Bella era una persona educada y su propio ángel celestial así que le sentó mal que alguien tan banal como Allyson y con una actitud indecorosa le robara de su tiempo con su mujer y su bebé que deberían de haber estado en casa hacía más de una hora. Bella ocupándose de sus propios asuntos personales en vez de los de una chica que apenas conocía y su bebé llenando su casa de alegría, como hacía ahora mismo.

-¡Lexie!- exclamó Bella- No subas las escaleras tú solo. Las escalera se suben de la mano de mamá o de papá.

Miró a su pequeño, que efectivamente pretendía subir hacia la cocina solo y ya estaba a gatas con las manitas en el tercer peldaño y las piernas en el segundo, pero que se quedó quieto al mandato de su madre. Les señaló, balbuceó algo y se quedó sentado en el segundo escalón.

-¿Vacías el maletero?- añadió- O se romperá la crisma.

Obedeció de inmediato, entre otras cosas, porque si soltaba lo que tenía en mente, Bella posiblemente se enfadaría. A veces su brusquedad no era sólo efecto de la ponzoña como tiempo atrás y ahora sabía que debía de tratar con la sensibilidad humana y cambios hormonales, sobre todo al ver lo primero que asomaba de una de las bolsas del supermercado: los productos íntimos femeninos de Bella. Así se dio tiempo para mascullar las palabras, que no se notara su molestia, incluso sus celos ridículos aunque Allyson fuera una chica, y la siguió mientras Bella caminaba hacia Lexie con su bolso y sus libros en una mano. Le tendió la otra al niño para ayudarle, pero él negó echando los dos suyos, así que no le quedó más remedio que cargárselo en la cadera. Bella era magistral y con su pequeño cuerpo podía cargar con eso y mucho más.

En cuanto llegó a la cocina, le dejó en el suelo para que Lexie corriera dentro, pero en vez de hacer eso se quedó cogido a la pierna de su madre. Bella le instó a que se moviera dándole un golpecito en el brazo, pero él prefirió mirar a su padre entre las piernas de su madre. Cuando sus miradas coincidieron le sonrió levantando una ceja – como sabía que hacía él – y entonces echó a correr dentro exclamando:

-¡Akles! ¡Akles!

-Habrá huido en cuanto te haya oído, peque- rió Bella.

-Está arriba, en el estudio, dormido- dijo él.

Lexie le miró desde el recibidor volviendo a levantar su ceja, le sonrió y sin más echó a correr hacia el salón. Se preguntó en medio segundo si había algo que le hiciera tropezar, pero cuando oyó las rueditas de su bólido resbalando por el suelo de madera, ya supo a qué iba allí, corriendo.

-Al menos, se ha olvidado del chupete- sonrió Bella.

Le devolvió el gesto y así se adentró en la cocina para empezar a vaciar las bolsas y dejar las cosas en su sitio: la verdura en la nevera, las galletas en la alacena, el detergente en el cuarto de la lavadora...

Bella apenas dejó su bolso y sus libros sobre la mesa o se despojó de su cazadora para dejarla en el perchero, detuvo a Lexie en su bólido para hacerle lo mismo y la próxima vez que la miró estaba sobre el fregadero limpiando algo de la prenda del pequeño con un paño.

-¿Así que... qué era lo que te tenía que decir Allyson?

Bella frotó unos segundos más la prenda de Lexie para mirarle y contestar:

-Cree que está embarazada.

-¿Y eso qué te podía importar a ti?

Frunció el ceño de golpe, gesto que no entendió. Si Allyson estaba embarazada no era problema suyo, menos para perder una hora de su tiempo con ella. Milagro sólo estaba embarazada y no había pillado una venérea, yendo de fiesta en fiesta y teniendo sexo con quién vete tú a saber en vez de estar estudiando.

Dejó la prenda de Lexie sobre la mesa y en jarras contestó:

-Me ha dicho que tú eres el padre.

-Será una broma- espetó él.

-Ha visto los bebés tan guapos que haces y no se ha podido resistir- insistió.

-No me está haciendo la más mínima gracia- gruñó- Así que espero que me cuentes la verdad.

-Estaba muy preocupada, no sé porqué no me iba a importar. Estaba llorando, le pregunté si le podía ayudar en algo y después me lo dijo. ¿No te gustaría que si alguien me viera llorando, se preocupara por mí?

-Me tienes a mí y tienes a Alice. No necesitas a nadie como Allyson que te ayude resolver tus problemas.

Bella cruzó los brazos visiblemente más molesta, así que añadió:

-Eso es muy poco amable. No puedo creer lo que estás diciendo. ¿Acaso no puedo hablar con ella porque no te cae bien?

Bueno, quizás se había pasado. Y eso que había mascullado las palabras. Mirándolo desde fuera quizás parecía eso, que él tenía que aprobar las personas con las que se relacionaba cuando, mientras no le hicieran daño y ella las eligiera, no decía ni media palabra, así que lo intentó arreglar antes de que encima discutieran cuando Bella sólo lo había hecho por causa de su buen corazón.

-No es eso- respondió- Sólo que me... sorprende. Eres muy buena persona, mi amor. Muchísimo mejor que yo, no me cabe ningún tipo de duda. Sólo que espero que si algo te preocupara me lo contaras a mí antes que a ningún otra persona.

-Allyson no tiene a nadie como yo te tengo a ti. Hablar con ella ha sido...- dudó- la otra cara de la moneda. Descubrir que estás embarazada cuando no lo esperas no es nada agradable, así que no quiero imaginar lo que debe de ser cuando además, no tienes una pareja a tu lado.

Si Allyson no tenía una pareja a su lado, quizás es que con su actitud se lo había buscado, pero lo que no podía creer es que Bella estuviera empatizando su problema con lo mal que lo había pasado ella en ese momento, y encima por su culpa, la persona que debía de ayudarla.

-Tú viviste algo mucho peor que eso cuando además tu pareja, la que debía de estar a tu lado, tuvo una idea horrible y ni siquiera te preguntó lo que tú querías.

-Edward...- suspiró, meneando la cabeza.

-No, sé que nunca quieres que hable de eso y me pediste que lo olvidara para que siguiera adelante, pero es la realidad.

-Te equivocaste como nos equivocamos todos. Nadie es perfecto.

-Me equivoqué al pensar por ti, creyendo que realmente te conocía cuando no lo hacía en absoluto. Menos mal que te mantuviste estoica e inamovible porque cuán de triste hubiera sido nuestra vida sin lo que tenemos ahora.

Bella meneó la cabeza y miró a Lexie, en el hall. Estaba subido en su bólido y daba vueltas de un punto a otro para, de paso, chocar contra la portezuela protectora de las escaleras. Cuando se dio cuenta de que le miraban sonrió para seguir imitando el ruido de un motor, y continuó a lo suyo.

-Me hubiera dado cuenta de que necesitábamos a alguien más y hubiera intentando quedarme embarazada quizás en la isla, o al venir aquí. Así que Charlie te hubiera llamado igual capullo y a mí, inconsciente- suspiró divertida.

-O me hubieras odiado de tal forma que ni siquiera nos hubiéramos casado.

-Eso sí que hubiera sido triste- frunció el ceño de nuevo- Mi vida sin ti.

-Triste es pensar por alguien, pensar por ti- insistió- Creyendo que tus metas eran estudiar y tener una carrera, cuando siempre has interpuesto el bienestar de los demás antes que los tuyos propios. Eso fue lo que pensé cuando dijiste que estabas embarazada: esto es un bache en el futuro de Bella y no puedo permitirlo ya que quiere vivir a mi lado. Es mi error y no tiene porqué pagarlo ella.

-¿No pensaste, durante una décima de segundo, que no lo querías?- preguntó a media voz.

-¿Cómo no iba a querer algo que fuera la mitad de ti? Pero ni siquiera reparé en ello. Cuánto me equivoqué, ahora que sé que el momento más feliz de tu día es cuando te ocupas de Lexie y de mí, mucho más que al quitarte créditos de encima para graduarte, aunque te encante la Universidad. Si hubiera pensado, por una décima de segundo, que ese pequeño ser era la mitad de cada uno, jamás hubiera propuesto lo que propuse.

-Pero ahora lo sabes- sonrió- Sabes lo feliz que me hace Lexie, lo feliz que me hace despertarme a tu lado cada día. Lo feliz que soy por vivir con las dos personas más importantes que existen para mí.

También le sonrió y así se acercó a abrazarla. Lo hizo para estrecharla contra él, mientras cerraba los ojos, del modo que hacía que su cuerpo se completaba, como se completaba su vida con Lexie tras ellos con su juego en el bólido.

-Gracias por ser tan cabezota- añadió él dándole un beso en la cabeza.

-Gracias por dejarme serlo- respondió Bella.