"A weight is lifted,
on this evening.
I give the final blow.
When darkness turns to light,
it ends tonight,
it ends tonight."
Capítulo 20
"It ends tonight"
- Buenos días señora Weasley. - dije ni bien me reaparecí junto a la ventana abierta de la extensa familia. La mamá de los siete hermanos se sobresaltó con mi voz y casi tira la sartén en donde se estaban haciendo los huevos
revueltos.
- ¡Hermione! ¡Me he llevado un susto de muerte! ¡No vuelvas a aparecerte sin aviso nunca más, y menos en épocas como estas! - me retó la mujer.
- Lo siento mucho. ¿Puedo pasar? - pregunté.
- Claro que sí, pasa, pasa.- me contestó.- Todavía están todos durmiendo, yo estaba preparando el desayuno.- hizo un pausa y me miró seriamente.- Cielo, no quiero ser grosera, pero dudo que Ron, Ginny y Harry se alegren de verte.- me informó.- Te has portado muy mal con ellos.- agregó.
- Lo sé, lo sé. Pero necesito hablar con ellos, y es urgente. Solo espero que me reciban. - dije.
- Tendremos que esperar a que se despierten. No creo que quieras lidiar con ellos tan temprano. - dijo. Ambas reímos, pues sabíamos que el humor de los muchachos por las mañanas no era nada bueno.
- Gracias por tratarme tan bien, Señora Weasley. Sé que no lo merezco. - Le dije.
- Siempre serás bienvenida en esta casa, cariño, sin importar a quien ames. - Me dijo levantando la mirada del desayuno que estaba preparando.
- No le puedo decir cuánto significa eso para mí. - le sonreí para acentuar mis palabras. Ella me correspondió el gesto.
- Toma asiento, cariño. ¿Ya desayunaste? - me preguntó.
- No, pero estoy bien, muchas gracias. - Le contesté.
- Nada de eso. Ya mismo comerás algo. - me dijo. Si había algo que nunca faltaba en esa casa, era comida. Unos minutos después, la señora Weasley me dio un plato repleto de huevos revueltos y tocino, y también un vaso de jugo. La última vez que había comido ese estilo de comida había sido en Hogwarts, puesto que en mi casa acostumbrábamos a desayunar con café y tostadas. Empecé a comer gustosa, y en menos de diez minutos ya había terminado mi ración. Me sorprendí a mí misma pensando en que si ese mismo plato hubiera estado delante de mí unos meses atrás, probablemente habría hecho hasta lo imposible para no comerlo. - Me alegra que te haya gustado. - dijo la mujer al verme finalizar la porción. - ¿Quieres un poco más? - preguntó.
- No, gracias. Estoy llenísima. - le dije sonriéndole. En ese momento apareció es señor Weasley por la puerta, ya vestido y arreglado para salir. Se sorprendió muchísimo al verme, pero me trató como siempre. Esto me alegró bastante. - ¿Por qué está tan arreglado un sábado por la mañana señor Weasley?- le pregunté yo.
- Ahora trabajo también los sábados, Hermione. Son nuevas órdenes del ministerio. Muchas cosas están cambiando. - dijo cansinamente. Me extrañé bastante, pero no hice comentario alguno. El hombre se sentó junto a mí en la mesa y su señora le tendió un plato de comida. Empezamos a charlar de temas livianos, desde lo caluroso que estaba el clima hasta cómo estaba mi familia. Después de un rato el señor Weasley se fue a trabajar y yo me quedé charlando con la alegre mujer. Me contó todo sobre los preparativos de la boda de Fleur y Bill, y me sentí triste al darme cuenta de que ya no formaba parte de ello. Cambiamos de tema varias veces más, ya que hacía muchísimo tiempo que no teníamos la oportunidad de hablar.
- ¿Qué hace ella aquí? - preguntó una voz a nuestras espaldas, interrumpiendo mis anécdotas sobre mi padre y su consultorio odontológico. Era Ginny. Me quedé callada, pues no sabía cómo abordar la situación. Después de unos largos segundos decidí hablar.
- Vine a hablar con Harry y con Ron. Tengo una propuesta que hacerles. - le informé.
- Hermione, no creo que estén interesados. Lo mejor sería que te fueras. - me dijo.
- ¡Ginny! ¡No seas ruda!- la regañó la señora Weasley.
- Mamá, sabes que es verdad. Si esperas que la recibamos con besos y abrazos, lamento decepcionarte. - le contestó a su madre.
- Nadie espera nada, Ginny. - interrumpí yo. - No vengo en busca de su perdón ni nada por el estilo, tan solo necesito hablar con los chicos. Es importante. - dije. Mi frialdad pareció convencerla.
- Entonces los voy a despertar. Es mejor que se enteren que estás aquí por mí, así ya están preparados para verte. - dijo.
- Gracias. - le dije.
Media hora después me encontraba a solas con quienes habían sido mis dos mejores amigos, en la sala de estar de La Madriguera. Estábamos todos sumamente incómodos, tanto que la tensión del ambiente se podía cortar con cuchillo. A juzgar por las caras de los chicos imaginé que le había costado una gran cantidad de energía a Ginny retenerlos en su habitación hasta que se calmaran, y convencerlos de bajar y escucharme. Estaba muy agradecida por ello.
Una vez que el silencio se hizo insoportable, Ron decidió romperlo.
- ¿Qué quieres, Hermione? - preguntó secamente.
- ¿Cómo… cómo han estado? - pregunté yo en cambio.
- Como si te importara. - respondió Ron. Harry se mantenía inmutable, su vista clavada en algún lugar detrás de mí.
- Me importa. No quisiera que nada malo les pasara. - dije.
- Te acordaste a tiempo. - dijo ahora Harry. Yo fijé mi mirada en la suya, buscando en ella algún punto débil. - Desde la última vez que hablamos, ya podríamos estar muertos. - Dijo. Luego hizo una pausa y prosiguió hablando. - Ya, en serio, ¿qué quieres aquí? Apreciaríamos que te fueras y nos dejaras desayunar tranquilos. - dijo secamente.
- Vine porque quiero quedarme con ustedes. Quiero que me cuenten qué es lo que está pasando, qué estuvo haciendo el profesor Dumbledore contigo cada vez que se juntaron, Harry, y cómo pretenden derrotar a Voldemort. Estoy aquí para ayudarlos. - dije. Los muchachos se miraron por unos segundos con extrañeza y me callaron por varios minutos. No parecían encontrarle sentido a mis palabras.
- ¿Y por qué?- preguntó Harry mortalmente serio.
- Porque pude haber hecho cosas que no les hayan gustado, pude haber cambiado y haberme alejado, pero si hay algo que siempre supe, es que los tres estamos destinados a acabar con Voldemort. - Les dije. – Y porque me conocen los suficiente como para saber que no miento cuando les digo que quiero formar parte de esto. Me conocen, saben que no soy una mentirosa.
Ron soltó una risa irónica.
- ¿Entonces este año que pasó si estuviste cumpliendo con todas tus comidas? - preguntó. A mí se me heló la sangre. - Porque esa es la versión que nos contabas a nosotros. - Me dijo. Yo me quedé muda. – Y de tu nuevo novio no sabíamos nada. - Agregó. - Eres muy buena para esconder cosas y desaparecer de la vida de tus amigos, ¿sabías? Eres una mentirosa, y nosotros ya no te conocemos. - No había nada que pudiera decir en mi defensa. - Apropósito, ¿cómo se encuentra Draquito? - preguntó sarcásticamente. En aquel momento deseé haber pensado mejor mi elección de palabras: claramente era una mentirosa.
- No lo sé. - contesté fríamente. - Desde que terminaron las clases que no lo veo. - dije. - Pero basta, ¿de acuerdo? Tienen razón. Si mentí sobre eso, pero no me quedaba otra opción. No quería dar explicaciones sobre nada de lo que decidía hacer, y es por eso que mentía sobre la cantidad de comida que estaba ingiriendo, solo para que me dejaran tranquila. Y en cuanto a Draco, jamás pensé que pudieran entender que en verdad lo amo. Tampoco lo entienden ahora, ¿o si? - pregunté. - ¿Hubiera sido diferente si les hubiera contado? – hice una breve pausa. - No. - Me contesté. - Jamás lo aceptarán. Pero que no lo acepten no cambia la realidad. - Agregué. Esperé unos momentos antes de proseguir. - De todas maneras, no vine en busca de su aceptación, ni de su perdón, ni de su amistad. - Dije muy enojada. - Tan solo vine a ayudarlos. Por mucho que les pese, sé muchas cosas que ustedes no saben. Hechizos, pociones, - hice una pausa para permitirles procesar lo que les estaba diciendo - también sé leer runas antiguas y sé historias antiquísimas que tal vez tengan relación con el lado oscuro. Chicos, enfréntenlo: me necesitan en muchos aspectos. Además, fuimos amigos durante muchos años. Podemos ser compañeros si tenemos un objetivo en común. - Agregué. No me sentía yo misma siendo tan soberbia, tan agrandada, tan desagradable. Sin embargo, no me rebajaría en ningún momento: había vuelto para cumplir una misión, y me concentraría en ello. Noté en sus caras que sabían que tenía razón. También noté que de igual manera no sería fácil convencerlos.
- Lo que no entiendo es qué ganas con ayudarnos. - dijo Harry.
- Si, ¿cómo sabemos que no estás trabajando para el hurón ese que tienes por novio? - preguntó Ron.
- Les voy a ser franca: necesito ver a Voldemort muerto tanto como tú, Harry. - le dije dirigiéndome al moreno en concreto. - Mí destino depende de él al igual que el tuyo. Estoy atada a él, para siempre. Si él vive, Draco sigue bajo sus órdenes. - dije. - No hay manera de huir, no hay escapatoria posible. - Había lágrimas de impotencia en mis ojos. - No podremos ser felices hasta que esta guerra acabe. Nadie puede, y mucho menos nosotros. Y de verdad quiero poder ser feliz, quiero ser libre. Quiero estar con Draco y vivir en paz. Quiero que las personas dejen de morir porque sí, y quiero que tú, Harry, cumplas la profecía y lo mates de una buena vez, así al fin puedes transitar tu propio camino. Quiero que la vida retome su curso normal. - Agregué.- Y para eso me necesitan, como yo los necesito a ustedes. Los tres debíamos estar juntos en esto, como iba a ser desde un principio. Nadie más que el mismo Voldemort tiene la culpa de que eso no se diera así. Si yo cambié, fue plenamente por su culpa. No obstante, ahora no nos sirve buscar culpables: el daño está hecho y es irreversible. Sé que lograremos hacerlo si trabajamos juntos, chicos, y para eso no hace falta nada más que lograr convivir. No tengo que gustarles, no les tiene que agradar mi vida. Tan solo tenemos que buscar la manera de acabar con él. - Finalicé.
- Muy conmovedora tu historia, Hermione. - dijo Ron cruelmente. - ¿Pero cómo sabemos que no estás…?
- No está mintiendo, Ron. - Harry lo interrumpió. - Tal vez la Hermione que está sentada delante nuestro no sea la que nosotros conocíamos, pero todavía soy capaz de distinguir cuando dice la verdad.
- Gracias. - dije.
- ¿Y qué papel juega Malfoy en todo esto? ¿Sabe él que estás aquí? – preguntó Harry.
- No, no lo sabe. Y cuando se entere estará furioso: yo le prometí que me quedaría en mi casa hasta que todo esto terminara. - dije. - Pero no puedo, Harry, no puedo. ¿Es que acaso espera que me quede sin hacer nada mientras el resto muere? No puedo hacerlo. Necesito luchar. En cuanto a qué papel juega con Voldemort, no lo sé. Solo sé que está de nuestro lado, y que sus deseos son los mismos que los míos. - dije.
- La Orden del Fénix ha estado recibiendo datos útiles de una fuente anónima durante el último mes. Gracias a ello se han podido prevenir varias muertes, varios ataques. ¿Crees que Malfoy está detrás de todo esto? - me preguntó Harry.
- Estoy segura de ello. - dije yo. Mi corazón dio un vuelco de felicidad al escuchar esto: sí, sin duda era Draco. Y estaba vivo, estaba peleando por la causa.
- De acuerdo. - dijo el moreno.
- ¿Entonces eso es todo? - le preguntó Ron a Harry, furioso. - ¿Le contaremos todo, la dejaremos venir con nosotros, así sin más? ¿Después de que nos dio la espalda y de que se alió con el enemigo? - preguntó. - Escucha, Harry, si ella viene, no cuentes conmigo. - dijo. Intervine antes de que Harry le contestara.
- Ron, escucha. - dije. - No puedes abandonar a Harry, ¿de acuerdo? No hagas esto por mí, hazlo por lo que alguna vez fuimos. Por la amistad que nos tuvimos, por los momentos que pasamos. Por favor, no dejes que el resentimiento te gane. - le pedí. Pasó un rato interminable hasta que el pelirrojo contestó por fin.
- Está bien. - dijo a regañadientes. - Pero no creas que esto significa que volvemos a hacer amigos, que las cosas volverán a ser como antes. Una vez que todo esto termine, tú te vuelves con tu hurón inmundo y no te volvemos a ver la cara nunca más. - Sentenció. Me sorprendió el rencor que Ron poseía dentro. Supuse que de verdad debió dolerle que desapareciera de su vida, y por un momento sentí arrepentimiento. Después recordé que no tuve ningún hombro en dónde llorar cuando más lo necesitaba, y volví a recuperar la compostura.
- Es una promesa. - dije.
Luego los chicos fueron a desayunar, y yo decidí darles su espacio. Cuando volvieron a buscarme, los dos parecían más animados. Pasamos el día entero hablando: me contaron sobre los recuerdos que Harry vio en el pensadero junto a Dumbledore, sobre lo que había averiguado acerca de los horcruxes, y también intercambiamos toda la información que pudimos. Era una suerte que hubiera leído un libro en la sección prohibida que poseía bastantes datos útiles sobre los horcruxes el año anterior, de lo contrario no hubiera podido aportar nada. En su momento me había parecido un disparate, pero ahora todo tenía más sentido. Lo que teníamos que hacer era encontrar las cuatro diferentes partes restantes del alma de Voldemort y destruirlas. El problema era que los lugares en donde podían estar eran infinitos. Por fortuna dos de ellos ya habían sido destruidos: esto me daba un poco de esperanza.
Esa misma noche empecé a preparar todo lo que podríamos llegar a necesitar en el viaje que íbamos a emprender una vez que el matrimonio de Bill y Fleur se hubiera llevado a cabo. Utilicé un encantamiento reductor, y a lo largo de mi estadía en La Madriguera empaqué libros, ropas, un botiquín de primeros auxilios, los ingredientes necesarios en caso de necesitar hacer una poción multijugos, entre otras cosas de posible utilidad. Siempre llevaba esa cartera conmigo, por si teníamos que escapar repentinamente.
Cierto día, el Ministro de Magia Scrimgeour se presentó junto con el señor Weasley para leer el testamente de Dumbledore. Que hubiera tardado tanto tiempo en darnos lo que el director nos había dejado no podía significar nada bueno. Nos sorprendimos bastante con las cosas que recibimos: para Harry había una snitch dorada (que no podíamos abrir), para Ron un desiluminador (cuya función desconocíamos) y para mí un libro de cuentos infantiles. Quedamos perplejos ante estas cosas, pues no sabíamos qué significaban.
Los días pasaron y la boda había llegado. Me alegró formar parte de ella y fue hermosa mientras duró. Lamentablemente los mortífagos aparecieron con un ataque sorpresa, y gracias a Merlín yo había llevado nuestro equipaje conmigo. Harry, Ron y yo logramos escapar ilesos, y fue ahí cuando empezaron nuestras aventuras.
Poco a poco fuimos descubriendo cosas, atando cabos y encontrando Horcruxes. Cuando encontramos el primero no supimos cómo destruirlo. Un tiempo después de eso, Ron nos abandonó. Los meses pasaban, la relación entre el moreno y yo era inexistente, y solo hablábamos para tratar de solucionar los problemas que debíamos afrontar. Discutíamos mucho ya que nuestras opiniones eran muy distintas. Harry, por ejemplo, deseaba visitar Godric's Hollow y yo pensaba que era una pésima idea. Optamos por ir ahí finalmente, y sobrevivimos de casualidad. Por fortuna Ron logró regresar junto a nosotros gracias al desiluminador, y trajo consigo la espada de Godric Gryffindor, y con ella la muerte del relicario que poseía una parte de Voldemort dentro. Luego estuvimos a punto de ser atrapados en la casa del señor Lovegood, ya que éste nos había tendido una trampa. Esto era comprensible, pues su Luna había sido secuestrada. Tiempo después fuimos capturados y llevados a la mansión Malfoy.
Eso lo recuerdo perfectamente, pues Draco estaba allí. Hizo todo lo posible por nosotros, pero mentir demasiado era peligroso: el lugar estaba repleto de mortífagos, entre ellos Bellatrix Lestrange, y Lucius y Narcissa Malfoy. Me torturaron delante de él, y si bien no quería que me viera sufrir, me encontraba agradecida por ello. Fue gracias a que no desvié mis ojos de los suyos que pude soportar el dolor. Estoy segura que a él le pasó lo mismo. Leí en su mirada una infinita tristeza, como también mucha impotencia. Me estaban torturando y no había nada que pudiera hacer. Yo sabía que mantendría la compostura a menos que mi vida estuviese pendiendo de un fino hilo, y todavía no estábamos ahí. Todavía había tiempo, podía soportar un cruciatus así como él podía soportar la tortura de verme sufrir. Fue Dobby quien no sacó de ahí, y él murió. Recuerdo cuánto lloré su pérdida. Pudimos rescatar a Luna y a Ollivander (el fabricante de varitas mágicas) de la mansión. Seguimos haciendo planes (que incluyeron convertirme en Bellatrix mediante la poción multijugos y robar la copa de Hufflepuff de Gringotts), encontrando Horcruxes y destruyéndolos. Terminamos en Hogwarts, lugar dónde se había desatado un gran combate: mortífagos versus alumnos y profesores. Harry logró encontrar la tiara de Ravenclaw y destruirla mientras Ron y yo fuimos a la cámara de los secretos a destruir la copa. Tan solo quedaba Nagini, la serpiente, y la batalla estaba complicada. Había habido muchos muertos, entre ellos Fred, Tonks y Lupin. La desesperanza invadió todo mi ser, pero íbamos a seguir luchando, por supuesto. Horas después apareció Hagrid sosteniendo a un Harry sin vida en sus brazos. Por unos momentos pensamos que todo había acabado, que Harry había muerto y que Voldemort había ganado. Nuestros gritos fueron desgarradores ante la noticia. Neville, haciendo uso de todo su valor, terminó con Nagini, más era irrelevante, pues no había nadie que pudiera vencer al señor de las tinieblas si Harry estaba muerto.
La batalla dio un giro inesperado cuando descubrimos que el chico había sobrevivido. Finalmente, todo se vio reducido a un enfrentamiento cara a cara entre Voldemort y el niño que vivió, tal cual lo había presagiado la profecía. Un enfrentamiento que no presencié, ya que cierto mortífago encapuchado me había tomado de la mano para llevarme lejos del lugar, y yo había accedido a seguirlo con gusto, porque al sentir su tacto sobre mi mano no me habían quedado dudas de la identidad de esa persona.
Caminamos por muchísimo tiempo, tanto que no sabría decir cuánto. Nos adentramos al bosque prohibido, y luego transitamos varios metros más hasta perdernos en la densa arboleda. Yo no podía creer que al fin estaba al lado de él, que al fin podía volver a sentir su piel. Me parecía un sueño, pero sabía que era real pues mi corazón solo latía con tanta fuerza cuando estaba cerca de él.
Cuando paramos nos encontrábamos en el centro del bosque. A nuestro alrededor se podía sentir la presencia de más individuos, los movimientos de diferentes animales y criaturas mágicas. Draco se volteó hacia mí y me miró largamente, pero esta vez yo no podía esperar: necesitaba sentirlo. Me acerqué a él y lo besé desesperadamente, tomando sus cabellos con mucha fuerza y acercándolo a mí. Él respondió con la misma intensidad, saboreando cada parte de mí y haciéndome retorcer de placer, como siempre lo hacía. Nos fundimos en un beso tan profundo que me podría haber perdido en él. Sin embargo, el muchacho no se permitió disfrutar por mucho tiempo, ya que a los pocos segundos me alejó de él; al parecer había algo que lo inquietaba.
- ¿Qué ocurre, Draco? - le pregunté cuando pude recuperar el aliento. El chico no había hablado ni una palabra y me estaba poniendo los nervios de punta.
- Faltaste a tu palabra, Hermione. - me dijo. Yo me quedé mirándolo: no podía creer que eso fuera lo que estaba pensando en ese momento. Nos acabábamos de reencontrar después de muchísimo tiempo, y esas eran las primeras palabras que escuchaba de sus labios. Yo estaba temblando de pies a cabeza, producto de la batalla en la que acababa de formar parte, y de la alegría que me producía tener a mi serpiente delante. Me encontraba frenética.
- Lo siento, pero sabías que no podía quedarme de brazos cruzados, Draco. Yo no soy así. - le expliqué.
- ¿Entonces por qué prometiste que esperarías a que yo volviera por ti? ¿Por qué prometiste quedarte con tus padres si no pensabas hacerlo? ¿Eh, Hermione? ¡¿Por qué?! - me preguntó con amargura en su voz. - ¡¿Cómo pensaste que me sentí cuando no recibí respuesta a ninguna de mis cartas?! ¡Estaba aterrado, por Merlín! No sabía qué era lo que pasaba, ¡y encima no podía irme sin levantar sospechas! ¿Y cómo crees que me sentí cuando te trajeron a la mansión de mis padres? ¿Cuándo te torturaron delante de mí? ¿Es que en ningún momento pensaste en lo que me estabas haciendo al faltar a tu palabra? - hizo una pausa. Su voz estaba a punto de quebrarse, así que tragó varias veces para tratar de que se le fuera el nudo que tenía en la garganta. - Podrías haber muerto ahí, y yo no hubiese podido hacer nada al respecto.
- Tú no lo hubieses permitido. – dije.
- No, es cierto. Pero ello hubiese cambiado el desenlace de los acontecimientos, y no estaríamos en este momento aquí.
- Lamento haberte hecho sufrir, Draco. De verdad lo lamento. Pero no me pidas que lamente lo que hice, porque lo hice por nosotros. - le expliqué. - Si, soy consciente de que pude haber muerto en el intento, pero prefería morir intentando antes que esconderme como una cobarde. Además, fue en parte gracias a mí que logramos disminuir el poder de Voldemort. Ahora existe la posibilidad de acabar con él para siempre. Todo depende de Harry. - le dije. Mis palabras parecieron ablandarlo bastante, y de repente la expresión de su rostro cambió.
- ¿Qué estará pasando en este momento? - Se preguntó el chico.
- No lo sé. Pero escucha, Draco, ya hicimos todo lo posible. Tú ayudaste a tu manera, y yo a la mía. Ya no podemos influir en el resultado: vayámonos. Escapémonos juntos. - le pedí. - Estuve evaluando la idea durante este tiempo que estuve sola, y creo que es lo mejor. Seamos sinceros: por más de que la guerra haya acabado, nadie aceptará jamás nuestra relación. De hecho, Harry y Ron me hicieron prometer que desaparecería de sus vidas ni bien esto hubiese terminado. No tiene sentido quedarnos, no hay nadie por quién hacerlo. - le dije.
- ¿Y a dónde quieres que vayamos? – preguntó.
- Podríamos comprar algún departamento en el mundo muggle. Sé que no es tu mundo ideal, pero te adecuarías a él con facilidad. - le dije suavemente. Mi voz sonaba débil e insegura, pues en el fondo sabía que Draco no aceptaría mi idea.
- Mi mundo ideal es donde tú estés, Granger. - Me dijo. Yo lo miré dulcemente y sonreí ante el recuerdo de las viejas épocas, cuando él todavía era "el hurón Malfoy" y yo "la sangre sucia Granger". Todo eso había quedado en el pasado.
- Podremos empezar una vida nueva, juntos. Sin prejuicios, sin nadie que nos conozca, solo nosotros dos y un increíble futuro por delante. - Le dije. La perspectiva me fascinaba.
- De acuerdo. - Yo lo miré asombrada. No podía creer que de verdad estuviera aceptando mi propuesta.
- ¿De acuerdo? - repetí. - ¿Vivirías en el mundo muggle por mí? - pregunté asombrada.
- Por ti haría lo que fuera. - me contestó.
La veracidad de sus palabras me desarmó y volví a acercarme a él para besarlo. Esta vez fue un beso lento y dulce, una tierna caricia entre dos personas que se aman y que no tienen prisa alguna.
- Te amo. - Le dije separándome un poco.
- Y yo a ti. - me dijo él. Luego me llenó la cara de cortos besos y me sonrió.
Momentos después decidimos que ya era hora: sin mirar atrás y con un suave movimiento de varita, desaparecimos tomados de las manos. Desaparecimos del bosque prohibido para no volver jamás. Desaparecimos de Hogwarts, del mundo mágico, de nuestros amigos y nuestras familias, de toda nuestra vida.
Recuerdo que esa noche, dejamos atrás nuestro pasado para comenzar juntos un futuro diferente. Esa noche, la Hermione que una vez existió dentro de mí desapareció por completo, y una persona totalmente diferente abandonó el lugar junto a su amado.
Pero lo que más recuerdo es que esa noche, comencé a vivir.
Bueno, hemos llegado al final de esta historia. Espero que la hayan disfrutado, y les agradezco mucho por llegar hasta aquí. Me gustaría escuchar qué opinan al respecto, por lo que espero ansiosamente sus reviews. ¡Un beso grande!
Noe.
