Hola! Primero, muchas gracias por los reviews, alertas, favoritos y cosas. Hablando de eso, supongo que este capitulo tiene VIOLENCIA, no sé si tengo que advertirlo, porque para eso está clasificada como M... pero Moonsign lo hizo, así que sigo su ejemplo xD Muchas gracias, los dejo leer.
¿Quién sabrá lo que es la verdadera soledad, no la palabra común, sino el terror total? Para las personas solitarias usa una máscara. Los más miserables se aferran a algún recuerdo o ilusión.
(Joseph Conrad)
REMUS:
Mientras caminaba por el túnel que lo llevaría a la entrada del Sauce Boxeador, pensó que realmente podía estarse muriendo. Veía todo borroso, las piernas le temblaban violentamente, el estómago se le retorcía y parecía que sin importar cuan profundo respirara, no le llegaba el aire a los pulmones.
Todo lo que podía ver en su mente eran las caras de sus amigos, congelados con horror, asco y miedo al darse cuenta de lo que era. Cuando había escuchado a Sirius decir las palabras, "hombre lobo", sintió que alguien le había metido la mano por la garganta, agarrado su corazón y lo había levantado para que se atragantara.
Remus había tratado de decirles cuanto lo sentía, cuanto asco se tenía a sí mismo, lo arrepentido que estaba de hacerlos creer que era una persona normal en vez de una horrible criatura de la oscuridad. Y los tres, hasta Sirius, de cuyo brazo se estaba agarrando, se habían quedado quietos. Se había sentido destruido desde adentro, mirando a esos vacíos grises ojos.
Y era débil, tan, tan débil. Ni siquiera les había podido borrar la memoria. Ni siquiera había podido modificar sus recuerdos, a pesar de saber que si no lo hacía se condenaba a muerte.
Se preguntó por cuanto tiempo estaría consciente bajo el golpe de los látigos de punta de plata. ¿Seguían despertándote hasta que te desmayaras? ¿Te daban una poción para que no lo hicieras? Recordaba desmayarse después de los castigos más fuertes de su padre en el pasado, y sabía que no duraría mucho solo. ¿Llegaría a sentir cuando le cortaran la cabeza con el hacha de plata?
Ya había llegado a la entrada, pero el pensamiento del acha en su cuello lo hizo caer, y vomitó y vomitó hasta que no tenía nada más que bilis, haciendo que le doliera el estómago por el esfuerzo.
Remus sabía que estaba en problemas. Sabía que era imperativo que tratara de protegerse de lo que el Ministerio le haría cuando se enteraran de lo que era. Necesitaba alguien que lo escondiera de ellos, que no les fuera leal. Necesitaba a alguien que supiera lo que era, lo malo y asqueroso que era y lo protegiera de todas formas.
Papá.
La respuesta le llegó rápidamente, mientras puntos de colores le bailaban frente a los ojos, trató de pararse. Su padre lo escondería. Por el amor de su querida esposa, su padre lo escondería, incluso si sabía lo que Remus era.
Al darse cuenta juntó fuerza y se arrastró hasta ponerse de pie, estirando un brazo para golpear el nudo antes de salir, tambaleándose hasta la escuela.
Cuando pasó por la puerta que llevaba al pasillo de la enfermería, fue confrontado con un grupo de alumnos transfigurados, siseando, chillando, aleteando y todos tratando de entrar a la enfermería. Algunos estaban riéndose aliviados al pasar los efectos de la poción, y el pelo, plumas y escamas comenzaban a desaparecer. Remus volvió a sentir un hormigueo por todo el cuerpo, ahogó su miedo instintivo al ver a la profesora McGonagall caminar hacia él. Se agarró de la puerta, viendo que se acercaba con su vista borrosa.
-¿Señor Lupin? ¡Por Godric! ¿Qué le pasó?
-N-necesito volver a c-casa.
-¿Qué? -Parpadeó- No puede dejar la escuela hasta las vacaciones, que comienzan en dos días. Además, ha escrito su nombre en la lista para quedarse.
-Necesito i-ir a casa, por favor, -Se enderezó un poco, sintiéndose desesperado. El lobo se interesó. Vio que McGonagall instintivamente retrocedía.-
-¡Contrólese, por favor, señor Lupin!
-A casa. Ahora. -El efecto de su malestar, miedo, terror y el lobo combinados le impedía formar oraciones completas, y sintió que sus labios se alejaban de sus dientes como advertencia.-
-Pero usted..
-¡Casa!
Suspiró, apretando los dedos contra su frente, mirando a los otros alumnos detrás. Entonces lo volvió a mirar y pudo notar que lo estaba analizando. Lo que sea que vio hizo que sus labios se apretaran más.-
-Muy bien. No seré capaz de retenerlo si realmente quiere irse. Haré que un elfo doméstico busque sus cosas. Puede salir por la enfermería.
Remus sintió alivio recorrerlo y el lobo retrocedió ligeramente.- Gracias.
-¿Qué es lo que pasa, Remus?
-Necesito volver a casa, ahora. Antes de que los otros superen el shock y llamen al Ministerio.
Lo hizo entrar en la enfermería y lo acercó a la chimenea, agradeció que Madame Pomfrey estuviera demasiado distraída por sus muchos pacientes como para notarlo. Pasaron apenas un par de minutos y su baúl apareció a su lado, pero cada segundo que esperaba, estaba seguro de que la puerta se abriría de repente y Sirius, James y Peter aparecerían. Podía imaginarlo perfectamente. La traición en sus caras. El miedo y el odio. Y no podía encontrar forma de culparlos. Sabía lo que era. Tenían derecho a tener miedo.-
-¿Señor Lupin? -Levantó la vista para encontrar a McGonagall parada en frente, con un jarrón de polvos flu en las manos.- ¿Está seguro de que quiere hacer esto? ¿Por qué no vamos a mi oficina por unos minutos y hablamos de lo que le pasa?
Negó con la cabeza y no dijo nada, miró nerviosamente a las puertas. Estiró la mano y ella, de mala gana, le colocó un poco de polvo en ella.
Se metió en el fuego.- ¡Timbleton Cottage! -Dijo, y las llamas se lo llevaron.
Al salir en la chimenea de su casa se encontró con su padre, mirándolo por encima del diario con una expresión de sorpresa, asco y desprecio.-
-¿Qué mierda estás haciendo aquí? ¡Vuelve a la escuela inmediatamente!
-Papá, creo que alguien se enteró. Creo que van a ir al Ministerio.
Empezó a temblar ante la expresión de su cara. John Lupin se paró y se le acercó. Se quedó ahí, mirándolo por unos segundos, antes de que llegara su puño. Ni siquiera trató de esquivarlo. Sabía que no era buena idea. Sintió el dolor en su mandíbula, y se cayó contra la chimenea. Le hubiera gustado, en vez de tener fuerza y velocidad, poder sanar rápido, o no ser dañado. Sintió una bota en su costado, haciendo que se doblara por el dolor.-
-¡Estúpida, tonta, asquerosa criatura! -Exclamó su padre, sin dejar de patear.- ¡Sólo existes para maldecirme con tu presencia! -John Lupin estiró la mano y agarró el fierro de al lado de la chimenea, que había sido bastante utilizado, aunque nunca para avivar el fuego. Sintió que le levantaban la túnica, y aulló de dolor cuando lo sintió contra su espalda.-
-¡Animal! ¡Animal! ¡Aqueroso y sucio animal! -El fierro fue levantado y apoyado de nuevo. Ahora estaba gruñendo, lloriqueando, aullando al sentir la quemadura sobre su cuerpo.- ¡Ahora tengo que protegerte y esconderte! ¡Por ella! ¡Por ella! ¡A pesar de que con sólo verte me dan ganas de vomitar!
El odio en la voz de su padre quemaba más cruelmente que el fierro de plata. La escuchó, distraídamente a través del dolor, y una parte de él murió lentamente. Sabía que si su propio padre lo detestaba tanto, no había oportunidad de que gente que no sentía la obligación de cuidarlo se sintiera diferente. La más pequeña chispa de esperanza, que le decía que había juzgado mal las reacciones de sus amigos, desapareció de donde la había estado cuidando, cerca de su corazón.
Todo había sido mentira. No era noble, inteligente, ni gracioso. No era un Merodeador ni un Gryffindor, ni siquiera una persona. Este hombre sabía exactamente lo que era, y se sintió ligeramente agradecido de que su padre no se lo escondiera, como todos los demás trataban de hacer. Se rindió y dejó que el dolor lo ahogara.
No sabía por cuánto tiempo había estado encerrado en su habitación. Podían haber sido días, semanas o hasta meses. No tenía ventanas, así que no había forma de saber. De todas formas no le importaba. Apenas tenía la fuerza para acercarse al balde que se vaciaba solo en el piso, al lado de su cama, o para comer la poca comida que aparecía mágicamente en su mesa de luz de vez en cuando.
Las únicas veces en que la situación cambiaba, era cuando escuchaba el pesado armario de roble moverse de donde tapaba la entrada, en caso de que alguien del Ministerio viniera a buscarlo. Si venían, John Lupin les diría que Remus lo había desmayado y salido corriendo, justo después de dejar Hogwarts.
Odiaba el ruido del armario siendo movido. Significaba más enojos, golpes y quemaduras, como castigo por el problema que le había causado a su padre. Ya no tenía la fuerza para aullar, así que cuando lo quemaban solamente se quejaba y lloriqueaba suavemente. A veces se arrastraba fuera de la cama, hasta un rincón, en un esfuerzo para escaparse del castigo, a pesar de saber de que era inútil. Se preguntó, distraídamente, si los látigos de punta de plata y que le cortaran la cabeza sería peor que esto. Al menos sería más rápido.
Una luna llena vino y se fue, y las heridas fueron terribles. Apenas pudo agradecer que tenía el baúl, y que dentro habían vendas y varias pociones que lo ayudaron un poco. Mientras revisaba el baúl vio las tres cajas de golosinas que habían estado mejor hace tiempo. Los regalos de Navidad del año anterior que, al final había descubierto, venían de Sirius y James.
Los sacó, y por un momento sintió la tentación de abrirlos y comerse todo. Pero no pudo, y en vez de eso las arrastró hasta su cama. Cuando se los habían dado les había importado. En ese entonces les había importado.
Y, por ahora, eso era suficiente.
