Disclaimer
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es de mi autoría.
Capítulo beteado por Mirem Sandoval, Betas FFAD
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¡Feliz miércoles a todas! Por fin volvi de vacaciones y si, lo se soy la peor por no actualizar antes, asi que lo sientooo, así que para compensarlas deben darme alguna tarea o lo que quieran ¿les parece?. Pero al fu naca les traigo el capitulo espero que les guste ¡las quiero MUCHISIMO!
Gracias a mi hermosa Beta por revisar el capitulo tan rápido ¡es la mejor! ¿No creen? Mirem mujer eres increíblemente única ¡Te quiero!
A las(os) seguidores y lectoras del fic, muchas gracias por su apoyo y paciencia son increíbles y como siempre gracias por los reviews. ¡Espero que les guste el capitulo! =0D
Gracias por tenerme tanta paciencia las quiero mucho, son increíble
…..…..….
Capítulo 19.
—Bella, despierta. —Escuchaba la voz de Rose llamándome con cariño.
Apreté con más fuerza los ojos negándome a despertar, abrirlos podría significar dos cosas. La primera era que todo lo sucedido había sido una pesadilla y si Edward de verdad había despertado, él sabía perfectamente quién era; la segunda, todo era verdad y Edward no tenía la más mínima idea de mi existencia.
—Cinco minutos más.
—No, Bella, te vas a levantar ahora mismo.
—No quiero.
—No me interesa si quieres o no. Déjate de comportar como una maldita bebé y levanta tu trasero ahora mismo y ve al maldito hospital.
Pensar en ir a hospital era una tortura para mí. ¿Cómo me olvidó? No podía simplemente decirle que era el hombre que quiero, que lastimé antes de su accidente y que estaba muy arrepentida. Simplemente era lo suficientemente cobarde para enfrentarlo.
—¿En serio no me recuerda? —pregunté intentando ocultar un sollozo.
—Nena, es solo algo temporal, lo prometo.
—¿Sabes si recuerda a alguien?
Ella negó con la cabeza mientras se acercaba más para poderme abrazar y tranquilizarme, no era el abrazo que necesitaba en ese momento, pero se sentía bien.
—¿Sabes cómo se siente?
—No, no pude volver a hablar con Emmett desde que te traje a casa.
—Lo siento… —dije apenada.
—No tienes por qué preocuparte, tonta. Sabes que haría todo por ti.
—Lo sé… tú también sabes que yo sería capaz de todo por ti.
—Lo sé, tonta… ahora ve a tomar un baño para luego poder cenar, ¿está bien?
—Está bien —contesté ahora un poco más animada.
La ducha había logrado relajarme un poco, a despegarme aunque sea por un momento de los malos recuerdos de las últimas 24 horas que no habían sido para nada fáciles.
Rose había decidido preparar una ensalada, ya que sabía que al menos en ese momento con todo lo que lo sucedido mi cuerpo no toleraba mucho, además del hecho que mi apetito se redujo a la más mínima expresión.
Mientras lavaba el servicio que habíamos ensuciado durante la cena, alguien se había encargó de tocar el timbre más veces de lo necesario, poniéndome de mal humor. Odiaba a las personas con poca paciencia para esperar, aunque lo irónico era que yo no tenía ni un poco de paciencia.
—¿Quién diablos toca de esa manera? —pregunté algo irritada.
—Ahora mismo lo descubriremos —contestó Rose mientras dejaba el plato que había terminado de secar—. ¿Quién es? —preguntó mientras se acercaba a la puerta.
—Rosalie, soy yo —contestó Jasper al otro lado de la puerta, sonaba bastante emocionado.
—Diablos, Jazz, ¿nadie te enseñó a esperar? —lo regañaba mientras abría la puerta.
Cuando la puerta estuvo completamente abierta, un pequeño chillido salió desde lo profundo de su pecho haciéndome saltar del susto.
—¡Tú! ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo? ¿A qué hora?
La curiosidad empezaba a molestarme, pero seguramente, por el grito de mi prima, se trataba de algunas de sus amigas, así que seguí lavando, evitando prestarle más atención de la necesaria.
—Hola, Bells.
—Hola, Jasper, ¿cómo estás? —lo saludé sin levantar la mirada ya que acomodaba los platos en nuestro pequeño aparador para que se secaran solos.
—¡Alguien vino a visitarte! —anunció emocionado.
—¿A visitar… —La pregunta se quedó a medias y las palabras ya no podían salir.
Mi mamá estaba parada frente a mí con una enorme y dulce sonrisa dibujada en su rostro, mi corazón empezó a latir con fuerza y mis ojos se llenaron de lágrimas.
—¡Mamá! —grité emocionada como una niña, mientras corría para llegar a su lado.
—¿Cómo, cuándo y por qué diablos no me dijiste nada? —pregunté entre lágrimas.
—¡Porque era una sorpresa!
—¿Sorpresa?
—Sorpresa por parte de Jasper. —Aclaró mientras apuntaba mi primo con la cabeza.
—Ooww Jasper… muchas gracias. —Le agradecí mientras me lanzaba a sus brazos entre lágrimas.
—No tienes nada que agradecerme, pensamos que te haría bien tener a tus papás en estos momentos.
—¿Pensamos?
—Sí, pensamos. Aunque me encantaría quedarme con todo el crédito por la maravillosa idea, fue planeada por Alice y Esme.
—¿En serio? —pregunté sorprendida.
—Sí, ambas querían que te sintieras en casa.
—¿Y por qué no me pidieron ayuda a mí? —preguntó Rose algo ofendida.
—Porque no hubieras podido guardar el secreto —contestó algo sarcástico.
—Sí hubiera podido.
—Sabes que no…
Una vez que ellos empezaban a pelear era como si el tiempo no hubiera pasado y fueran un par de niños que discutían por tener la razón.
—Como sea, Jasper, gracias de verdad. —Le agradecí.
—Y tú, mami, ¿Cómo estuvo el viaje?
—Increíble, dormí casi todo el viaje.
Su respuesta me hizo reír. Mi mamá odiaba los aviones, por eso siempre que debía subir a uno lo hacía en compañía de un ansiolítico y era algo de lo que siempre se burlaba mi papá. Eso me hizo recordar.
—¿Y papá?
—Llegará mañana, tenía que terminar algunas cosas del trabajo.
—Es bueno saber que los tendré a ambos aquí para mí —susurré mientras un par de lágrimas empezaban a caer.
—Bella, ¿está todo bien? —preguntó algo preocupada.
—Mamá… te necesito tanto.
Ella me devolvió el abrazo con fuerza y no dijo nada, solo se quedó ahí parada consolándome mientras lloraba mostrando ese inmenso dolor que sentía en lo más profundo de mi alma. Cuando finalmente empecé a tranquilizarme y levanté la mirada para poder mirarla, me di cuenta que estábamos completamente solas.
—Ven amor, tú y yo tenemos que hablar.
Fui con ella hasta el sillón donde ella se quedó mirándome con cariño y mucha paciencia.
—¿Quieres decirme qué te sucede?
—¿Jasper no te lo dijo?
—Algo… pero creo que es necesario que tú me digas todo lo que tienes guardado en tu pequeña cabecita y en tu corazón.
—Mamá, soy una completa idiota.
—¿Por qué dices eso?
Hice un pequeño resumen de todo lo que había sucedido en las últimas semanas con toda la situación de Edward.
—No eres una idiota, eres un ser humano un poco impulsivo, como tu madre… solo debes trabajar en ello.
—Es posible, pero tal vez ya sea demasiado tarde.
—¿Por qué crees eso?
—Me olvidó.
—¿Tiene una nueva novia o algo así?
—No… literalmente me olvidó.
—No puedes olvidar a alguien que amas con tanta facilidad.
—Al parecer sí puedes, especialmente cuando la otra persona fue tan necia.
—Bella, nena, creo que estás exagerando.
—No, mamá, en serio me olvidó. Tiene amnesia o tal vez simplemente su cerebro decidió eliminarme.
—¡BASTA...! Bella, deja de torturarte así.
—Pero ma…
—Pero nada. —Me interrumpió—. Le dio amnesia por el fuerte golpe que tuvo, no porque quisiera olvidarte, así que deja de ser tan dramática por dos segundos. ¡Diablos! Eres idéntica a tu padre en eso.
—¿En serio? —pregunté entre risas.
—Eres idéntica a él, Bella… pero gracias a Dios tu padre ya maduró.
—¿Y eso es bueno?
—Sí… es increíblemente bueno.
—¿Te arrepientes de haberte separado de él?
Me miró bastante sorprendida por la pregunta que le había hecho, pero casi enseguida cambió su expresión como si intentara responderse a sí misma.
—La verdad no —respondió luego de algunos segundos—. Eso nos ayudó, ambos teníamos demasiados problemas con nosotros mismos y necesitábamos madurar. Yo creo que el tiempo hizo volvernos a encontrar en el momento indicado —continuó con una tierna sonrisa—. Él es la persona indicada para mí.
Su respuesta me hizo sonreír, pero también me ayudó a pensar que si tal vez Edward me había olvidado, esto tenía una razón y si él era la persona indicada para mí (aunque yo sabía que lo era) y no podía estar con él por la razón que sea, lo iba a volver a encontrar en el momento indicado.
Pero yo estaba segura de algo, antes de decidir alejarme y darme completamente por vencida, lucharía hasta quedarme sin opciones o simplemente, hasta que mi corazón ya no pudiera más.
—Ahora son muy felices, ¿verdad?
Ella me devolvió una gran sonrisa de esas que hacían que todo en el mundo estuviera en su lugar al menos por un par de segundos.
—Siempre que te tuve a mi lado fui feliz, pero ahora con Charlie a mi lado me siento completa, el espacio que siempre tuve vacío en mi corazón estuvo reservado para él.
Cuando me di cuenta, tenía una lágrima recorriendo mi mejilla, una lágrima que me llenaba el corazón de amor. Durante mucho tiempo nunca me había dado cuenta en realidad que a pesar de que Renée nunca había estado sola, ella no había sido completamente feliz. Era una madre excepcional y una amiga única, pero no la había visto como la veía ahora, como una mujer completa.
—¿Quieres comer algo? —pregunté intentando lograr un cambio de tema.
—¡Sí! Por favor, hija. Sabes que odio la comida de los aviones, así que prácticamente estoy sin comer.
—Claro, mami, ¿qué quieres comer?
—Lo que tú quieras.
—Mmm… ¡Rose! ¡Jasper! —los llamé.
—¿Bella? —contestó Rose desde su habitación.
—Mi mamá quiere comer algo, ¿vienen?
—Obvio.
Antes que pudiera decir algo más, Rose traía arrastrando a Jasper del brazo.
—Rose, con decir "vamos" es suficiente, ¿lo sabías?
—Deja de comportante como una niña y vamos a cenar con Renée.
Su respuesta nos hizo reír, aunque mi pobre primo parecía algo irritado, ya que al parecer Rosalie tenía la habilidad especial de sacarlo de sus casillas sin mucho esfuerzo.
Ya que no queríamos poner a mi primo de peor humor, dejamos que él eligiera el lugar y también quién manejara. Eligió "The Berslin", un pequeño restaurant que Alice lo había llevado a conocer y del cual quedó completamente enamorado.
La cena estuvo fantástica, por primera vez en mucho tiempo habíamos olvidado todos los problemas y a todas las personas fuera de la familia. Nos concentramos en nosotros y nuestros recuerdos, que por cierto eran más de los que yo misma podía recordar; pero cada uno de ellos, hasta el más pequeño de los detalles, eran únicos.
Cuando llegamos a mi departamento, mi mamá estaba demasiado cansada como para quedarse de pie durante un par de minutos más, así que se fue directo a dormir. Rose iba a tomar un baño y eso me dejaba con demasiado tiempo para pensar, más del que yo quisiera.
—Bella, ¿qué haces aún despierta?
—¿Y tú que haces aquí? —pregunté algo sorprendida.
—Dejé algunas cosas en la habitación de mi hermana.
—Gracias por todo…
—No tienes nada que agradecerme, lo sabes.
—Sí tengo porque…
—No, Bells. —Me interrumpió—. Tú eres como mi hermana, lo sabes, haría todo por verte sonreír siempre.
—Bueno… hoy hiciste un excelente trabajo.
—Y lo haré tantas veces como sea necesario.
—Gracias —contesté mientras me acercaba para abrazarlo.
—¿Y a qué hora te vendré a recoger para ir al hospital?
Me alejé de él algo confundida, no entendía por qué me preguntaba eso.
—Jasper, puedo ir sola.
—Lo sé… pero también sé que a veces eres un poco gallina y estoy segura de que ahora mismo eres la gallina más grande del mundo.
—Iré cuando esté lista.
—¡No! Irás mañana.
—Pero Jasper…
—Pero nada —replicó.
¡Diablos! A todo el mundo se le había dado por interrumpirme hoy.
—Yo vendré por ti, porque no prolongarás esto aún más. No creo que Edward sea tan idiota como para olvidarte por tanto tiempo, pero si lo es, tenemos que trabajar en eso desde ahora, ¿entendiste?
Sabía que tenía razón, pero también debía admitir que moría de miedo y de nervios porque no sabía con qué iba a encontrarme al entrar a su habitación.
—No creo que mañana sea un buen día… seguramente toda su familia lo está visitando y quieren estar con él y yo no tengo nada que hacer nada ahí.
—Bella, tú tienes mucho que hacer ahí. Desde que entraste en la vida de Edward eres parte de su familia.
Lo miré extrañada. ¿De dónde diablos él había sacado eso?
—Y tú sabes eso, ¿por?
—Alice —admitió mientras una tonta sonrisa empezaba a dibujarse en su rostro.
—Creo que la familia Cullen tiene un nuevo integrante —dije emocionada.
—¿Por qué dices eso? —preguntó algo nervioso.
—¿En serio? —cuestioné como si la respuesta fuera demasiado obvia, bueno, en este caso lo era.
—Alice es algo complicada.
—Tú no te quedas atrás.
—No creo que sea su tipo.
—Jasper, tú eres el tipo de cualquier chica que tenga un poco de sentido común.
—Me dices eso porque soy tu primo.
—No, te digo eso porque cada verano que ibas a visitarme tenía que pelear con la mitad de mis amigas para que no se acercaran a ti.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Y por qué no las dejabas?
—Porque ninguna era lo suficientemente buena para ti.
—¿Y Alice lo es?
Pude escuchar cierto entusiasmo en su pregunta.
—Yo creo que sí, pero es algo que tú debes descubrir, solo sé que ambos merecen ser muy felices.
—Tú también mereces ser la persona más feliz del mundo.
—En su momento lo seré.
—Ya te dije, no creo que sea tan idiota como para olvidarte durante tanto tiempo.
—Espero lo mismo —contesté ahora un poco más positiva.
Jasper tenía ese efecto en mí. Ahora solo esperaba de todo corazón que tuviera un poco de razón y que Edward no fuera lo suficientemente tonto como para olvidarme tanto tiempo, aunque debía admitir que la tonta al final era yo.
—¡Ok! Entonces, ¿mañana a qué hora?
—A las tres.—A las tres, Bella, ni un minuto más ni un minuto menos, ¿entendiste?
—Está bien, pero, ¿qué pasará con mis papás?
—No te preocupes, Rose ira de compras con tía Renée y el vuelo de tío Charlie no llega hasta las siete, así que tenemos tiempo de sobra.
—En serio… muchas gracias. —Le agradecí mientras lo atacaba con un abrazo—. Eres increíble, Jazz, no sé qué haría sin ti.
—Bella, yo haría todo por ti y por Rose… siempre.
—Sabes que yo también, tonto.
—Lo sé, lo sé.
—Y hablando de hacer algo por ti… ¿qué harás con Alice?
—¿A qué te refieres?
—Ohh vamos… —pregunté como si la respuesta fuera demasiado obvia.
—Aún trabajo en eso, lo prometo.
—Si tú no haces algo, comenzaré por ti, ¿entendido?
—No serías capaz.
—¿Me estás retando? —Traté de intimidarlo.
—Eehh… no… como crees… lo siento.
Charlamos por algunos minutos más hasta que Rose salió de la ducha y esa era la señal de Jasper para irse.
—Mañana a las tres, Bells, no lo olvides.
—Por supuesto que no lo haré —contesté entre risas.
Una vez que estuve a solas, preparé una última taza de té para poder relajarme un poco. Mañana iba a ser un día interesante del cual estaba muy asustada. El pensar qué iba a pasar, pero debía afrontar la realidad, Edward no me recordaba.
La noche había sido realmente larga, pasé gran parte imaginando todo lo que podría pasar. Tal vez estaba imaginando cosas que realmente no iban a suceder, pero prefería esperar lo peor de cada situación para que después no me doliera tanto.
Me había despertado más temprano de lo habitual y las ansias me estaban matando, moría por ver a Edward, pero al mismo tiempo me encontraba aterrada.
—Buenos días, Bells —me saludó Rose, sacándome de mis pensamientos.
—Buenos días —contesté intentando fingir algo de bueno humor.
—¿Emocionada por hoy?
—¿Cómo sabes lo de hoy si anoche no pudimos hablar? —pregunté sorprendida.
—¿Tú crees que a Jasper se le ocurriría esa idea por sí solo?
—¡Sí! —contesté riendo.
—Pues no, también fue idea mía… y de Alice y Emmett.
Su respuesta me había tomado por sorpresa, podía esperar eso de mis primos, pero de la familia de Edward no me lo imaginaba, en especial después del estúpido comportamiento que había tenido con él, aunque me daba una esperanza de que a pesar de todo, podría tener otra oportunidad.
Justo cuando estaba a punto de contestarle, alguien tocó el timbre un par de veces.
—Yo voy, Rose, debe ser Jasper para asegurarse de que no iré a esconderme debajo de la cama.
Ella rió ante mi cometario, pero no dijo nada, tal vez también tenía miedo de que yo no cumpliera mi palabra y perdiera todo lo que quería.
—No era necesa… —Quedé muda cuando abrí la puerta y me encontré con Emmett que tenía un pícara sonrisa dibujada en sus labios.
—Sí era necesario —contestó como si supiera de que hablaba.
—Hola, Emmett —saludé con timidez.
—¡Emmett! —Escuché gritar a mi madre detrás de mí con demasiada emoción.
—¡Renée! —gritó con más emoción mientras la abrazaba con demasiada fuerza.
—¡Hey! ¿No se suponía que venías a verme a mí? —protestó Rose.
—Sabes que sí, bebé, pero no pensé encontrarme con Renée tan temprano.
—¡Diablos, tía! Tienes idiotizado a ese grandulón —se quejó mientras cruzaba sus brazos molesta por no haber recibido un abrazo de su gigante.
Sin decir mucho y con mucha rapidez, se acercó hacia mi prima para tomarla entre sus brazos y besarla con ternura.
—Buenos días, hermosa.
—Hola —contestó ella casi sin voz.
Mientras ellos seguían en su burbuja, yo me senté a terminar mi desayuno y mi mamá casi enseguida me acompañó.
—¿Estás bien? —preguntó algo preocupada.
—Sí, solo no dormí lo suficiente.
—Todo saldrá bien.
—¿Tú también lo sabías? —le reproché.
—Sabes que es muy difícil que alguien me oculte algo —aclaró despreocupada.
—Lo sé.
—¿Estás molesta?
—No —contesté con toda seguridad
—¿Asustada?
—Un poco.
—Esa es una buena respuesta.
—¿Por qué lo dices?
—El miedo es un buen sentimiento… pero no en exceso.
—Bueno, lo tendré en mente.
El resto de la mañana pasó demasiado rápido para mi gusto. Necesitaba más tiempo para mí, para poder respirar y saber qué iba a hacer con todo esto, pero durante al menos unos segundos creí que por fin estaba lista, o al menos eso me gustaba pensar.
Mientras terminaba de alistarme en mi habitación, tocaron la puerta, mi corazón empezó a latir con más fuerza, ya era hora y estaba lista para irme. Me levanté de la cama, me di una última mirada en el espejo y tomé una bocanada de aire.
—¿Lista? —preguntó Renée, y ahora era ella quien sonaba nerviosa.
—Sí.
—Todo va a salir bien, nena. Buena suerte.
—Gracias, mamá.
—Jasper te está esperando abajo.
Asentí mientras íbamos hacia la puerta. Intentando alargar esto un par de minutos más, en lugar de tomar el ascensor fui por las escaleras. Obviamente tardé más de lo planeado, pero no lo suficiente. Una vez que llegué al lobby, mi primo estaba sentado en la pequeña sala de espera mientras respondía algunos mensajes en su celular. Cuando me vio llegar por las escaleras una mirada de desaprobación cruzó por su rostro para luego regalarme una sonrisa.
—Sabía que ibas a hacer lo imposible para tardar.
No respondí nada ante su acusación pues tenía razón, pero ahora por alguna extraña razón -tal vez un fugaz momento de valentía- me sentía bien, segura y lista para enfrentarme a lo que iba a suceder.
—Ya estoy lista —contesté intentando evitar su reclamo.
—Te ves muy bella Bells, todo saldrá bien.
Asentí como respuesta y lo seguí en silencio hasta el auto. El camino al hospital estaba siendo bastante tranquilo, demasiado tranquilo… tal vez era una buena señal. Antes de lo esperado, ya estábamos en el parqueo del hospital, mis manos empezaron a temblar y mi corazón a latir como loco.
—Es hora —dijo Jasper mientras se preparaba para salir del auto.
—Vamos —contesté sin darme tiempo a pensarlos dos veces.
Parecía que todo a mi alrededor se movía con demasiada rapidez. Cuando finalmente llegamos al piso de las habitaciones, varias enfermeras me empezaron a saludar. Llegando a la sala de espera, me sorprendí al encontrarme con Esme leyendo tranquilamente una revista.
—Buenas tardes —la saludé con timidez.
—¡Bella! Por fin llegaste.
Su entusiasmo me sorprendió, pensé que toda esta situación también sería difícil, pero luego de pensar un poco supongo que ella prefería tener un hijo con pérdida de memoria a que estuviera en una cama conectado a un millón de aparatos.
—¿Será que puedo entrar a verlo?
—Claro, en cuanto salga Alice —dijo mirando a Jasper—. Tú puedes entrar.
—Gracias.
Justo cuando estaba a punto de sentarme a su lado, la pequeña silueta de Alice apareció en la sala de espera haciendo sobresaltar a mi primo.
—¡Viniste! —chilló con sorpresa.
—Sí… —contesté algo avergonzada—. ¿Será... será que puedo entrar?
—Claro —contestó animada mientras le regalaba una pícara mirada a Jasper.
Mi estómago estaba siendo invadido por un millón de mariposas, podía sentir los latidos de mi corazón golpeando uno tras otro en mi pecho. Cada sentimiento se hizo más intenso cuando por fin pude verlo, estaba tranquilo leyendo un libro. Toqué la puerta con mucha calma.
—Hola —lo saludé casi en un susurro.
Levantó la vista y luego después de una profunda mirada, me regaló esa sonrisa que hacía que mi pequeño mundo se pusiera completamente de cabeza.
—Hola.
—¿Puedo pasar?
—Claro.
—Soy Bella, mucho gusto —me presenté sintiéndome tonta.
—Bella —repitió mi nombre—. Soy Edward.
—Ya lo sé —contesté con una sonrisa.
—¡Ah! Sí, claro, todos saben quién soy.
—Eres así de especial —contesté sin pensarlo dos veces.
Mi respuesta había logrado que se sonrojara, logrando robarme una sonrisa y haciendo que olvidara todo lo que había imaginado.
Una vez que empezamos a hablar no habíamos parado para nada, estaba siendo increíblemente paciente ya que él volvía a hacerme las preguntas que en algún momento le había respondido, pero nada de eso importaba. Amaba hablar con él, verlo sonreír y sobre todo verlo ser él mismo. Parecía que la pérdida de memoria no se había llevado lo mejor de él y eso me hacía verdaderamente feliz.
—Bella, ya te tienes que ir —me avisó una de las enfermeras.
—¡Pero si acaba de llegar! —protestó Edward haciéndome reír.
—No, de hecho ya son casi las 9:30, así que hace casi una hora y media terminaron las visitas.
—¿Se puede quedar cinco minutos más? —preguntó con ternura.
—No, porque ya sé cómo son esos cinco minutos.
—¿Por favor?
—¡No!
—Ok, ¿al menos puedo despedirme de él? —pregunté.
—Tienes dos minutos más, ¿de acuerdo?
—Gracias, Annie —le agradecí con una sonrisa.
—Creo que ya me tengo que ir.
—No, no tienes…
—Sí tengo, si es que quiero volver mañana.
Parecía algo decepcionado ante la idea de que tuviera que irme, pero de verdad quería pasar más tiempo con él los siguientes días y para que eso pasara debía ser una chica buena y obedecer a todas las enfermeras antes de que ellas terminaran aburridas de mí.
—¿Entonces planeas volver mañana?
—Sí… si tú quieres, claro.
—Nada me gustaría más.
Al escuchar su respuesta pude sentir como la sangre empezaba a recorrer todo mi cuerpo y subir hasta mis mejillas y una estúpida sonrisa amenazaba con aparecer en mis labios.
—Buenos… nos vemos mañana —dije mientras me acercaba para darle un beso en la mejilla.
Pero antes de poder decir o hacer cualquier cosa, tomó mi mano jalándome hacia él para quedar frente a frente y sin poder decir ni una sola palabra, cuando me di cuenta tenía mis labios sobre los suyos. Por fin después de mucho tiempo me sentía en casa.
EDWARD POV.
Parecía que la persona más importante de la tierra estaba saliendo de la situación más crítica del mundo de la medicina, había un par de médicos y enfermeras a mi alrededor.
—¿Cómo te sientes? —me preguntó con mucha calma una enfermera.
—Eeehh… bien, creo.
Aún tenía a esos ojos marrones preocupados ocupando gran parte de mis pensamientos. Necesitaba volver a verla y decirle que todo estaba bien, simplemente no quería verla asustada.
—¿Podemos entrar a verlo? —Escuché preguntar a una mujer.
—En un par de minutos —contesto el médico con paciencia.
—¡No, no, no! Queremos verlo ahora.
No escuché nada más hasta que vi esa pequeña cara que nunca podría olvidar, mi pequeña hermana tenía sus ojos bañados en lágrimas y una sonrisa dibujada en su rostro.
—¡Eres un idiota! —me reclamó mientras se acercaba para abrazarme—. No tienes idea del susto que nos llevamos por tu culpa.
—Pero ya estoy de vuelta. —Intenté tranquilizarla.
—Más te vale, ¡idiota! —Volvió a decirme con una risa.
—Bueno, ahora necesitamos terminar de revisar al paciente. —Interrumpió el médico.
—Está bien, está bien —respondió dándose por vencida.
Una vez que mi madre y mi hermana dejaron la habitación, el médico siguió revisándome y haciéndome algunas preguntas de rutina, pero en lo único que podía pensar era en esos ojos marrones que me habían robado el aliento.
Cuando toda la locura de los médicos y las enfermeras por fin terminó, había empezado toda la odisea de mi familia en mi pequeña habitación de hospital, en la cual mi madre no podía dejar llorar mientras reía, mi papá y mi hermano no dejaban de pelear y donde faltaba toda la energía de mi hermana.
Todos me seguían haciendo la misma pregunta a la cual aún no sabía qué responderles. ¿Qué había sucedido? Lo único que podía recordar simplemente había sido una sucesión de acontecimientos desafortunados, eso era todo, pero lo importante es que ahora estaba bien y con pequeños asuntos que aún tenía que aclarar en la cabeza.
—Edward, ¿está todo bien? —preguntó papá algo preocupado.
—Sí, es solo que aún necesito entender algunas cosas.
—¿Qué cosas?
—Es solo que aún me cuesta recordar.
Aunque había un par de cosas que realmente me inquietaban, había un par de sentimientos que me tenían algo inquieto por la forma en que sentía las cosas, era simplemente extraño.
—Tú no te preocupes, las cosas ya se irán aclarando para ti. Y si realmente son importantes las recordarás antes de lo que te imaginas.
Ese día seguí respondiendo un par de preguntas más. Mi familia aún quería saber algunas cosas que sí podía responderles, pero también estaban aquellas respuestas que a mí también me gustaría saber.
La mañana siguiente resultó un tanto ajetreada, médicos que entraban y salían de mi habitación, mi familia que no me dejaba ni un segundo, especialmente Alice que seguramente estaba tramando algo en esa pequeña cabecita, como de costumbre. Después de mediodía, mi mamá me dejó un par de libros para que no me aburriera demasiado ya que le había pedido que nadie fuera a visitarme. El hecho de que amara a mi familia con locura, no justificaba que durante las últimas 24 horas estuvieran sobre mí intentando volverme loco, así que cuando tocaron la puerta de mi habitación, intenté mantener la calma. Tomé un respiro antes de dejar el libro de lado y levantar la cabeza, entonces quedé completamente anonadado al encontrarme con esos ojos tiernos y una sonrisa tímida mirándome con curiosidad desde la puerta.
—Hola —saludó con timidez.
—Hola —contesté.
—¿Puedo pasar?
—Claro.
—Soy Bella, mucho gusto —se presentó mientras se sonrojaba.
—Bella —repetí saboreando su nombre—. Soy Edward.
—Ya lo sé —contestó.
Por alguna extraña razón su respuesta me hizo sonreír y sentir muchísimo mejor de lo que podía si quiera explicar.
—¡Ah! Sí, claro todos saben quién soy —contesté con algo de sarcasmo.
—Eres así de especial.
Su respuesta había hecho que algo dentro de mí enloqueciera por completo, algo en ella hacía que todo cambiara de lugar. De repente estaba sentada a los pies de mi cama respondiéndome todas las preguntas que le hacía. Escuchándola reír o poniéndose roja, lo cual me encantaba porque cada vez que lo hacía era increíble.
—Bella, ya te tienes que ir. —Nos interrumpió Annie.
—¡Pero si acaba de llegar! —le dije sorprendido, porque era cierto, apenas había podido pasar un par de minutos con ella.
—No, de hecho ya son casi las 9:30, así que hace casi una hora y media terminaron las visitas.
La miré extrañado, cómo diablos era posible de que hubiera pasado tanto tiempo y se sintieran apenas como un par de minutos.
—¿Se puede quedar cinco minutos más? —pregunté.
—No, porque ya sé cómo son esos cinco minutos.
—¿Por favor?
—¡No!
Intentar convencer a esta mujer era misión imposible, pero no podía darme por vencido con tanta facilidad, aunque ahora no tenía otra opción.
—Ok, ¿al menos puedo despedirme de él? —preguntó sorprendiéndome.
—Tienes dos minutos más, ¿de acuerdo?
—Gracias, Annie.
—Creo que ya me tengo que ir.
Esa no era una buena idea, al menos para mí no lo era. Yo la quería conmigo la mayor cantidad de tiempo posible, necesitaba aclarar algunas cosas, saber más de ella, de hecho la necesitaba a ella, aquí y conmigo, eso era todo lo que sabía.
—No, no tienes…
—Sí tengo, si es que quiero volver mañana.
—¿Entonces planeas volver mañana?
—Sí… si tú quieres, claro.
—Nada me gustaría más.
No le mentía, no tenía por qué hacerlo, era un hecho de que la quería cerca, la quería conmigo, saber todo de ella.
—Bueno, nos vemos mañana. —Empezó a despedirse.
Antes de que pudiera decir o hacer algo más, la tomé de la mano acercándola a mí con rapidez. No quería dejarla ir, pero no tenía otra opción, aunque sentía que aún tenía algo que hacer, así que me acerqué a ella para poder besarla… eso era lo que necesitaba. Sus labios encajaban perfectamente en los míos, su sabor despertó algunas emociones que estaban ocultas en lo más profundo de mí, pero ahora estaban aquí y después de todo, las cosas empezaban a tener sentido. Una vez que ella se alejó, tenía las mejillas levemente teñidas de rojo y los labios hinchados.
—Ya sé que te lo había dicho muchas veces, pero tienes los ojos marrones más hermosos del mundo.
Sus labios se separaron levemente, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro y una pequeña lágrima aparecía en sus ojos.
Todo tenía sentido ahora… ahí estaba Bella… mi Bella.
….…
Como siempre no podía terminar el capitulo sin agradecer a todas las que me dejan sus reviews:
freedom2604, Tata XOXO, Carelymh, Mon de Cullen, Ely Cullen M, janalez, yolabertay, Alexa08, MARIANA, Samantha, jhanulita, ashleyswan, Alejandra, Annabelle Berlusconi, katyms13, lovely joy, chiquitza, issisandrea, ALEXANDRACAST, VHICA, The Princess of the Dark, Cath Robsteniana, DiAnA FeR, mireca22, Manue Peralta, karito CullenMasen, Gretchen CullenMasen, Ania, MadeleineTCullen, Karla Stew Pattz, Narraly, vivi S R, AlitaC, Laura Katherine, Laura Katherine, SalyLuna
¿Ya ven? No soy tan mala después de todo jajaja…
El fic ya casi casi están en su final, pero ya estoy trabajando en el siguiente.
Deben admitir que Rose les cae bien y ni que decir de Emmett, ambos son unos amores aunque Emm sigue siendo de mis favoritos.
Y creo que me agrada esta bella un poquito mas determinada ¿no creen?
Y Edward que tendrá en su pequeña cabecita.
Ya verán por que lo digo xD
¿Me regalan un review?
Nos leemos pronto!
¡Las quiero!
Jezz.
