Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi
Otros son de mi imaginación. ;)
Bien creo que uno tiene que hacer la advertencia antes, así que la hago ahora. Casi al final del cap. bueno hay lemón, creo que así se califica, no estoy muy segura. Pero para que estén sobre aviso…;)
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Capitulo 19 -. Pero ¿qué estás diciendo?
Inuyasha estaba asombrado. No podía creerlo realmente, miró a Kazuki una vez más que sonreía como si no hubiese un mañana y a Miroku preocupado y eternamente agradecido con la vida. Izayoi, la chiquilla esa, había revivido a Kazuki con sus armas, como Sesshomaru con Tenseiga. Intentó desviar la mirada de todos y concentrarse en vendar su propia herida, quizá esa era la mayor prueba de todas.
-Y eso no fue lo más sorprendente- continuó Yusuke- Estoy seguro que usó una de las técnicas de su espada Inuyasha- esta vez el híbrido se volteó a verle.
-¿De qué hablas mocoso?
-Bakuryuha…-dijo Kazuki pensativa- Sí, yo también lo vi, pero ese ataque lo realizó con la oz.
-¿Bakuryuha? ¡Ja! Eso es imposible, sólo Tessaiga …
-Te digo que es cierto Inuyasha-san….
El híbrido término de colocarse sus ropas y metió las manos dentro de las mangas de su Haori.
-Habla…- Fue una orden. Kazuki explicó lo mejor que pudo lo que había visto, que en realidad no fue mucho. Ella también estaba luchando con uno de esos demonios. Obviamente excluyó varios detalles de la historia y lanzó miradas asesinas a Yusuke cuando este intentaba comentar algo del estado de Izayoi. Al terminar Inuyasha se guardó sus opiniones, que la verdad no eran demasiados, estaba confundido.
-Quién creó el arma de …Izayoi…- Bien, tenía que aceptarlo. Era incomodó decir el nombre de su madre para referirse a una hija del idiota de Sesshomaru.
Kagome no pudo evitar notarlo, la forma en que Inuyasha había dicho el nombre de su hija. Se removió inquieta, pero no tuvo mucho tiempo de pensar en eso porque su hijo fijó su mirada en ella, al igual que Natsuki. Inutomaru y la chica no podían responder, es decir, aunque Kagome estaba ahí, ellos aún estaban bajo el mando de Izayoi. ¿A quién obedecer?
-Alguien va a contestar o qué….- Inuyasha frunció el ceño, pero eso no ayudó en absoluto a mitigar la incomodidad que había dado su pregunta.
Kagome suspiró finalmente, ella no estaba segura de la respuesta, pero aún así contestó.
-Dicen, que ella misma fue quién la hizo…
-¡¿Qué?!.. -las expresiones de asombro se fundieron en varias voces.
-Veo que su hija, señorita Kagome, tiene varias habilidades…
-sí, … eso creo- y era cierto, no podía contestar algo más a lo que Miroku había dicho. Después de todo, ella no la conocía.
De pronto la puerta corrediza se abrió dejando ver entrar, a la habitación, la figura de Shippo y Megumi.
-Jeje, qué vergüenza Inuyasha, desde hace tiempo que nadie te daba una paliza…. ¿Qué pasó?
-Shippo… - el regaño de Megumi a Shippo hizo reír a los padres de la chica.
-Khe, ¿Qué pasa enano, estás molesto porque no hiciste nada?
-Al menos no me patearon el trasero y… - Inuyasha sólo dio un golpe poderoso sobre la cabeza de Shippo haciendo que este se mordiera la lengua y un ligero chichón apareciera en el lugar- ¿QUÉ RAYOS TE PASA BRUTO? YA NO PUEDES PEGARME DE ESA FORMA…
-¡Khe!
-Ya, hay cosas más importantes de qué hablar…. –comentó Sango. La verdad esta situación la había preocupado, aún no podía dejar de mirar a Kazuki de reojo, cosa que su esposo había notado. Pero es que cómo mantenerse tranquila, cuando ese demonio había matado a su hija y si no hubiese sido por Izayoi, tal vez otra historia se contaría ahora- ¿Qué tipo de monstruo los atacó a ustedes, Kagome?
Inuyasha se puso serio, pero fue Kagome quien relató lo que sucedió. La verdad el demonio verde y escamoso había sido fácil de eliminar, pero esa mujer de piel extremadamente blanca en extremo y labios rojos fue toda una odisea. Su naginata de hueso podía transformarse en un látigo hecho de vertebras. Cada una de las extensiones de esa arma era filosa. La mujer en sí también era escurridiza, cuando se ocultaba en lo que le pareció ser un polvo blanco, muy similar al polvo de arroz. Y cuando Inuyasha al fin la había dejado desarmada, la yokai había extraído de su Kimono un abanico que con casa movimiento, parecido al de una danza, lanzaba pedazos de huesos que parecían extensiones de sí misma. Inuyasha uso el viento cortante, pero cuando ambos creyeron haber ganado la batalla, pues sólo había quedado el esqueleto de la mujer, los huesos comenzaron a moverse y a unirse de nuevo, sin retazos de carne la calavera hizo un rugido y la peineta que traía se clavó en la tierra envenenándolo todo. Inuyasha recibió varias cortadas y cada vez que Kagome intentaba dispararle, la esencia de la yokai se dispersaba. Seguramente había dispersado su esqueleto por el lugar y finalmente se había escapado de ellos.
-La próxima vez, esa perra no tendrá tanta suerte…. – El gruñido de Inuyasha fue audible para todos.
Sango sólo suspiró y Yusuke se mantuvo tranquilo en su lugar, pensando en lo que había ocurrido. Miroku abrazó a Kazuki ignorando los reclamos de su hija y finalmente esta dijo estar cansada y se retiró a su habitación que por ahora compartía con Megumi y Natzuki. Kagome salió de la habitación también seguida por Inuyasha, dejando a su hijo observarla marcharse.
-Tranquilo, las cosas irán bien ….-Natsuki comentó silenciosa cerca de Inutomaru con una sonrisa cuando se dio cuenta la dirección que la mirada de este había tomado.
-Eso es lo que me preocupa Natsuki, que las cosas vayan demasiado bien
Ambos jóvenes suspiraron derrotados, ellos ni cuenta se habían dado de la pelea. Andaban ayudando al hijo de Sango al otro lado de la aldea y se habían encontrado con Kikyo. Observarla de reojo mientras trataba a los aldeanos le había hecho recordar a su madre en el futuro. Ahora sin embargo comprendía, eran parecidas, pero demasiado distintas, al igual como su madre le había dicho que era.
Kagome caminó sin rumbo fijo, ¿Dónde encontrar a Izayoi? Dirigió su mirada al bosque, tenía la leve impresión de saber dónde estaba.
- ¿A dónde vas Kagome?
¿Inuyasha? Vaya, tan ensimismada estaba que no había sentido la presencia del medio demonio detrás de ella, eso no era bueno, nada bueno.
-Sólo…. –no se volteó. La noche comenzaba a caer, tal vez sería adecuado hablar ahora, ya era tiempo de hacerlo. Se volteó y le brindó una sonrisa al híbrido mientras tomaba su mano-Acompáñame Inuyasha.
Kagome caminó hasta una colina cercana, no muy alejada del lugar donde la casa de Sango y Miroku se encontraba. Se sentó y miró hacia el cielo, Inuyasha se sentó a su lado y metió las manos dentro de sus mangas esperando, esperando lo que Kagome tuviera que decir.
Unos segundos de silencio sucumbieron al lugar en una ola de incomodidad. Inuyasha nunca había sido muy paciente, pero el silencio ridículo ya empezaba a molestarlo, estuvo a punto de decir algo cuando la voz de Kagome lo interrumpió.
-Como en los viejos tiempos ¿no? Inuyasha- La joven miraba al cielo las hermosas estrellas que llenaban el lugar. Estaba preocupada por Izayoi, pero tenía que tomar una cosa a la vez entre sus manos, y esta era la más cercana.
El muchacho osciló su mirada entre las noches estrelladas y el rostro de Kagome ¿De qué iba todo este embrollo?
-Kagome…- dijo finalmente serio. Él quería poner las cosas en claro, es decir, qué eran ahora. Se habían besado ¿no? Además, faltaba un pequeño asunto que resolver. Pero ella nuevamente lo interrumpió.
-En mi mundo sigue siendo difícil poder ver las estrellas…-Inuyasha sólo frunció el ceño molesto, ¿iban a seguir hablando cosas sin sentido? Es decir ¿ella seguiría diciendo cosas sin sentido?-Me alegra poder verlas de esta manera, aquí, de nuevo.
-Kagome, creo que…
-Recuerdas Inuyasha-susurró Kagome nostálgica- recuerdas lo que sucedió la última vez que fui a casa, antes de la lucha contra Naraku.
Silencio. La muchacha arregló uno de sus cabellos que producto del viento había comenzado a rozarle el rostro.
-Sí Kagome, yo no lo he olvidado.
La muchacha sonrió triste, e Inuyasha reconoció ese pequeño gesto. Era el mismo que había visto en su sueño hace meses atrás.
-Inuyasha yo, yo tampoco. Nunca podría, yo….
Kagome cerró los ojos y sintió el frío de la noche colarse entre las ropas de miko que llevaba. Por supuesto que no lo había olvidado. Sonrió. Tenía dos excelentes y hermosas razones para no hacerlo. Suspiró despacio y dejó que las memorias la envolvieran con lentitud. Podía recordarlo, había sido luego de que Kohaku finalmente consiguiera seguir con vida, gracias a la luz de Kikyo.
Todos habían regresado a la aldea ese día, casi al comenzar la tarde. Sango había pasado casi la mayor parte del tiempo junto a su hermano. Con miedo quizá, muy en el interior, de qué fuese una ilusión, otro truco de Naraku. Aunque sabía que no lo era, no podía evitar ese miedo. Y Kagome la entendía, después de tantas veces de haber sentido que había recuperado a su pequeño hermano, era más que razonable que se sintiera así.
Ella se había ido a su casa al terminar la tarde. Inuyasha había estado más pensativo de lo normal aquella vez, ni siquiera la había notado irse. Ella creía que las palabras de Naraku sobre lo débil que era, sobre que no pudo salvar a Kohaku, así como no había podido salvar a Kikyo lo habían herido más de lo que ella pensaba. Pero sabía, muy en el interior que no era así. Inuyasha se había vuelto fuerte y estaba segura que lograrían derrotar a Naraku. Pero los pensamientos no se detuvieron ni siquiera cuando cruzó el pozo. Al llegar a la pagoda un sentimiento de desazón le contrajo el corazón y pensó en Kohaku, en Kikyo, en el padre de Shippo y en Kagura y Kanna, y se dio cuenta que aunque estaba segura que darían todo de sí para derrotar a Naraku, eso no aseguraba que lo hicieran o incluso que alguno de ellos perdiera la vida en el acto.
-¡Ya estoy en casa!- pero su voz se había perdido en el silencio aquella vez. Su familia no estaba y no hizo otra cosa más que suspirar.
Si no hay nadie debes regresar de inmediato tonta.- las palabras de Inuyasha ese día que habían estado a punto de besarse hicieron eco en ella. Pero, en ese momento pensó que no podía irse, al día siguiente era la ceremonia de graduación y ella aún no sabía si había sido aceptada en el instituto.
Recordaba que en ese momento sólo se había dirigido a su habitación y recostado en su cama. Se había preguntado ¿cómo estaría Sango? Se había preguntado por Inuyasha. Había hundido su rostro en la almohada y sin darse cuenta, no había podido evitar llorar mientras permitía que su cuerpo y su mente se desasieran de todo el peso. Se había desahogado por todo, pero en especial por la culpa. Porque al ver a Kohaku morir en los brazos de Sango la había hecho sentir culpable. No porque no fuera capaz de hacer algo, eso ya era suficiente culpa, sentirse inútil, cuando todos estaban sacrificando tanto. Sino por todo lo demás, por lo que inició esto. La perla. Porque había sido por ella que todo había sucedido. Había enterrado sus manos en la almohada que ahogaba sus lágrimas y agradecido que su familia no estuviera en casa en aquella ocasión. Había pensado en sus amigos y en las personas que conocieron en el camino, en la posibilidad, en la alta posibilidad de que alguno de ellos no sobreviviera. Que Naraku tomara sus vidas. Y había gemido de dolor al sentirse inútil. ¿Y si ella moría? Se había preguntado, Kami, había tantas cosas que no podría hacer o ver, el instituto, la universidad, su familia, casarse y tener hijos. Ella tenía quince, iba a cumplir pronto los dieciséis y ni siquiera había tenido un primer beso decente. Si es que contaba lo que había sucedido en el palacio de Kaguya, ni siquiera se había declarado como correspondía a Inuyasha, su trágica conversación en el prado del pozo, hace ya mucho tiempo, no podía contar como tal. Se había dado cuenta que su vida recién estaba comenzando y podía ser que estuviera a punto de acabarse.
Recordó que se había volteado hipeando, incrustando su mirada en el techo de su habitación. Y que pensado que tal vez Inuyasha también se había dado cuenta de la debilidad de su corazón en aquella ocasión, por eso le había pedido permanecer en su propio mundo hasta que la batalla contra Naraku acabase. ¿Realmente era así? ¿Era así de débil? Nunca podría ser como sus amigos, lo único trágico en su vida había sido la muerte de su padre, y aún así había tenido a su familia para apoyarse. ¿Y Shippo? El pequeño lo había perdido todo, estaba solo en ese mundo donde cualquiera podría matarlo, cómo podía ella quejarse.
-No soy más que una niña tonta… - Se había reprendido luego de todos sus pensamientos tristes, y su propia voz había sonado ajena y cortada. Se había fijado en la hora luego, dándose cuenta que mientras esperaba la noche había llorado por lo menos unas dos horas. Y aunque las cavilaciones del futuro no la habían dejado, había comprendido que era suficiente llanto por un día. No había tiempo para seguir así, tenía que refortalecerse. Porque, aunque todos estaban sufriendo todos luchaban, y ella también lo haría. En cuanto a lo de su posible muerte o la de cualquiera, en ese momento había decidido que, si tenía que suceder sucedería. Ella, ella viviría cada día como si fuera el último. Estaba decidida, iba a darlo todo. En todos los sentidos.
-En ese momento lo había decidido Inuyasha- dijo Kagome cortando el hilo de sus propios recuerdos- Dar todo de mí, a pesar de que podía ser que no sobreviviéramos a la batalla contra Naraku …
-¿No confiabas en que yo te protegería?…
La voz de Inuyasha sonó herida, nunca pensó que esa noche, Kagome hubiese tomado esa decisión, y que debido a eso, hubiese sucedido lo que sucedió luego. Pero Kagome negó con la cabeza la afirmación del medio demonio.
-No es eso, al contrario, estaba segura que lo harías. Y por eso temía. Tú tenías que pelear contra Naraku, por todo. Protegerte a ti y a mí, siempre era una carga extra y…
-Deja de decir tonterías, nunca fuiste una carga Kagome- refutó serio Inuyasha. En verdad toda esta confesión le estaba molestando. Kagome, esta chica siempre se hacía una idea equivocada de todo.
-Aún así, eso era lo que yo sentía. Y no puedo negarte ahora, que es ese momento sentí miedo. Miedo de no poder hacer lo que una chica normal podría hacer, de dar su primer beso o casarse, de una vida. Tuve miedo de morir y…
-Por esa razón tú…
-No, digo sí. En parte ambas, pero no me arrepiento Inuyasha. Nunca lo haría. Yo realmente deseaba que sucediera.
Inuyasha suspiró. Esa no era la respuesta que esperaba, pero que iba a decirle, ya habían pasado demasiados años. Ambos miraron a las estrellas e Inuyasha se hundió en sus propios recuerdos también.
Había salido corriendo esa tarde, cuando los demás le habían dicho que Kagome se había marchado a su época sin siquiera avisarle. La verdad es que se había deprimido por todo de nuevo y al mismo tiempo estaba feliz de que Sango pudiese recuperar a su hermano con vida. Pero verlo morir, por un instante, le había mostrado lo patético que era y lo peligroso que podría resultar la batalla final.
Cuando cruzó y saltó fuera del pozo, en aquél entonces se detuvo, había sentido algo extraño, algo así como un mal presentimiento. Se había acercado despacio y mirado al fondo. Había sido por un instante, pero lo había sentido. Luego había caminado despacio hasta la casa de Kagome preguntándose las posibilidades, por supuesto que él iba a derrotar a ese bastardo de Naraku costara lo que le costara, pero cabía la posibilidad que muriera en el intento. Porque él no permitiría que nadie más lo hiciera.
-¿Kagome?- Cuando había abierto la ventana de la habitación de Kagome lo había notado al instante, el salado olor de las lágrimas. Kagome había estado llorando.
-¿Inuyasha? ¿Qué haces aquí?- había dicho ella mientras intentaba quitar las lágrimas que quedaban en sus ojos. –yo, este, estaba a punto de, de tomar un baño…
Kagome no estaba mirándole, en aquel momento la rabia lo había invadido. Después de todo el tiempo juntos, ella, ella aún no confiaba en él como para hablar de lo que le sucedía. Pero que ni pensara que las cosas iban a quedarse así. Él había bajado del marco de la ventana con rapidez y antes de que Kagome pudiese salir de su habitación la había sostenido por un brazo.
-¿Por qué lloras Kagome?- pero ella no se había inmutado, por un segundo había forcejeado con él para soltarse y salir de su habitación. Hasta que finalmente se había rendido.
-¿De qué hablas?
-No soy tonto Kagome, ¿Qué rayos te pasó?- Él había olido el ambiente, esperando encontrar rastro del aroma de la familia de la chica, pero no había nadie. Kagome estaba sola.- ¿No te dije que regresaras si es que no había nadie en tu casa? ¡Keh!, deja de llorar por eso tonta y ven vámonos…
-No
En ese momento la voz de Kagome había sonado cortada, pero él no había notado la forma desesperada en que ella contenía las lágrimas.
-¿Ah? Ya te dije que nos vamos…- respondió mientras tiraba de ella.
-N..no
No había notado que su propia voz había caído en un dejo de desesperación en aquella ocasión.
-Ka..go..me- dijo tirando de ella con más fuerza.
-¿Qué no me oíste Inuyasha? Baka, ya te dije que no quiero….
Fue cuando su peor pesadilla había sucedido, Kagome lloraba sin mirarle y no deseaba volver con él al Sengoku jidai. En ese momento no había podido responder algo, después de todo él mismo le había ofrecido quedarse en su época hasta que la batalla con Naraku acabara. Entonces la había soltado, pero cuando lo hizo el cuerpo de Kagome había chocado contra él.
-¿Por qué me sueltas? Baka…
Ahí sí que había quedado más que sorprendido. Sin decir que totalmente confundido.
-Eh, Kagome…-había dicho mientras ponía una mano en la frente de la chica comprobando que no estuviera alucinando por la fiebre.
-No tengo fiebre, sólo…. Olvídalo, ya no importa. Lo siento, yo…
-¿Me vas a decir que rayos te pasa? ¿Realmente no deseas regresar?
-no, digo sí...-Kagome había caminado hasta su cama y le había pedido a Inuyasha que se sentara a su lado. –Inuyasha yo…
-Está bien si no deseas regresar Kagome…
-pero sí quiero, es sólo que….
-Inuyasha…. Inuyasha- El llamado de Kagome había hecho que volviera su vista a ella, por un momento se había perdido en lo que había ocurrido aquella vez en la habitación de Kagome. –qué tanto piensas, ¿me estabas escuchando?
El hibrido la miró serio, ella estaba diciendo lo que pensaba, él también lo haría.
-En ese momento Kagome, creí que no deseabas regresar conmigo.
Kagome se sorprendió, ¿en eso pensaba Inuyasha?
-Creí que nunca querrías regresar- Inuyasha la miró fijo y ella no pudo hacer más que desviar la mirada.
-Yo, no quería que me vieras llorar, suficiente habías sufrido tú con todo lo que había ocurrido. Y si regresábamos, mis sentimientos no harían más que entristecer la felicidad de Sango y los demás. Pero no pude explicarte todo esto en ese momento. Supongo que, porque no podía dejar de llorar. Lo siento, siento que te hayas sentido así Inuyasha.
-Fhe, tonta, después de todo las cosas terminaron diferentes -terminó diciendo el híbrido mientras se recostaba en el pasto y se sonrojaba levemente, ladeando el rostro para que Kagome no lo notara.
Es cierto, pensó Kagome, las cosas habían seguido un rumbo distinto. Ella había intentado hablarle a Inuyasha, y no había terminado más que llorando. Entonces Inuyasha le había abrazado. Le había jurado que todo estaría bien, que él cuidaría de ella. Poco a poco se había calmado, repensando sus decisiones, la posibilidad de morir. En ese momento ella e Inuyasha eran todo y nada, y definitivamente ella no podía haber muerto pensando algo como eso. Sonrió al recordar lo atrevida que había sido, miró a Inuyasha que aún seguía recostado en el pasto mirando el cielo y volvió a sonreír.
Recordaba que ella, ella se había separado de Inuyasha en ese instante, ambos sentados en la cama como estaban, dejaban a Kagome casi arrodillada o semi sentada delante de él, sosteniéndose del traje de ratas de fuego. Le había mirado a los ojos y había dicho sin apartar su vista de la suya…
-Inuyasha, yo. Pase lo que pase, te prometo que regresaré a ti.
Inuyasha se había sonrojado furiosamente en aquel momento, incluso creyó que saldría corriendo, pero supuso que su mirada fija en la suya y la situación en la que ambos se encontraban le habían dado finalmente la fuerza al híbrido de quedarse. Finalmente él también le había visto con seriedad.
-Pase lo que pase Kagome, prometo que vendré por ti.
Entonces eso había sido más que suficiente para ella, se había inclinado hacia él con precisión y lentitud. Podía morir en cualquier momento, ese era el pensamiento que tenía en ese instante. Tenía que vivir lo que pudiera. Y le había besado. Inuyasha no le había correspondido del todo al comienzo, pero ella no iba a dejarle hasta que lo hiciera, y finalmente lo había hecho. Inuyasha la había abrazado y sostenido con fuerza, pegándola a él. Pero nada sucedía y ella se atrevió a entreabrir sus labios succionando con suavidad los del hanyo. Sus ojos y los del medio demonio se habían encontrado, la mirada del híbrido brillaba de sorpresa. Kami, cómo se había sentido de avergonzada, pero eso sólo la motivó a cerrarlos con fuerza y lanzarse con sus brazos por sobre los hombros y aferrarse a él mientras daba su primer beso de verdad. No un beso de primaria. Un beso de verdad.
Rió bajito recordando aquél acontecimiento e Inuyasha se volteó a mirarla.
-¿De qué tanto te estás riendo?
-No sabía en ese momento, que ninguno de nosotros había dado un beso de verdad. Digo, un beso en serio, ya sabes, con todo lo que un beso conlleva.
Inuyasha se levantó de golpe y la miró sorprendido y sonrojado
-¿Qué tanto estás pensando? ¿Eh? Kagome
La mujer le miró de vuelta y se sonrió con dulzura y tristeza recostándose en el pasto igual como él lo había hecho antes. Cerró sus ojos un momento y respiró profundo antes de continuar.
-¿Te arrepientes Inuyasha?
-No me arrepiento de nada, Kagome- Y no lo hacía. Nunca lo haría. Había tenido demasiado tiempo para pensar en todo lo que había ocurrido y sabía perfectamente lo que sentía. La habría esperado quinientos años de ser necesario. La amaba. Amaba a Kagome. Quería que ella permaneciera a su lado.
-Kagome….
-Nunca dejé de pensar … en nosotros.
-Kagome…
Y era cierto, nunca lo había hecho. Sonrió aún con los ojos cerrados recordando. La forma en que ella e Inuyasha habían seguido besándose en aquél tiempo. ¿Qué si había estado nerviosa? Por supuesto que lo había estado. Pero también había estado segura de todo, y entre más y más sentía las palmas de Inuyasha rodearla, más segura se había sentido. Estar a su lado era el máximo síntoma de protección, de seguridad. Ella le amaba con la sutil inocencia del primer amor, no, no del primer amor. Le amaba con la fuerza de lo que era el amor verdadero. Y se lo había dicho, mientras se besaban. Le había sostenido el rostro con ambas palmas, mientras ambos respiraban de forma pesada y le había sonreído sólo a él.
-Kago…me- Él había dicho su nombre con lentitud y la había sujetado de forma posesiva-yo…
-Te amo…-Pero ella se había adelantado. Sin quitar sus ojos de los de él se había confesado- me enamore de ti…- y se había sentido culpable, culpable de decirle que le amaba cuando él había perdido a Kikyo hace tan poco, pero es que nadie le decía que ella no le perdería a él, y se había hundido de hombros esperando una respuesta. Pero él le había mirado sorprendido, sin decir nada más que aquello que trasmitía con sus ojos dorados, que la veían de una forma tan, tan ¿dulce? –Inuyasha yo…
Pero sus palabras se habían perdido entre los labios de Inuyasha, que habían arremetido con fuerza sobre los de ella, cayendo de lleno sobre la cama. Con sus manos sobre su cintura y su cadera. Con los labios de él consumiéndola como si no hubiese un mañana y ella también había intentado responder de la misma manera. Rodeando con su lengua los labios de él y entrelazándola con la suya. Había rozado sus colmillos cumpliendo esa fantasía tan dulce e insignificante. Había acariciado su cabello plateado mientras sentía la vibración de un gruñido contenido en el pecho del hanyo sobre ella. Entonces ambos se habían detenido mirándose a los ojos. Sus respiraciones agitadas se habían acomodado acoplándose a la perfección, fue cuando él habló
-Kagome yo… yo-Pero ella sabía que él nunca había sido bueno para ese tipo de cosas. Y así era- yo…- simplemente se había hundido en el hueco de su hombro y la había abrazado con fuerza- Siempre, siempre te protegeré, con mi vida. Yo deseo que tú…
-Está bien Inuyasha…-Ella le había calmado. Sí, tenía que aceptarlo. Quizá en ese momento se había sentido decepcionada. Como toda chica esperaba que el hombre que amaba también le dijera que lo hacía. Pero Inuyasha no era un hombre normal. Sonrió, y para ella eso había sido suficiente, al menos en ese instante. –Lo sé.
-Kagome…- Él le había mirado nuevamente, agradeciéndole. Entonces ella se dio cuenta que el mayor problema no era sólo la muerte. ¿Qué pasaba con él pozo? Y si sobrevivían, pero al purificar la perla el pozo ya no le permitía volver a él. En ese momento de forma inconsciente se había aferrado a él con las palmas de sus manos sobre su espalda e Inuyasha lo había notado.
Su único pensamiento en ese instante era que jamás le volvería a ver, que tendría que aprender a amar a otro hombre, que se casaría con otro, que viviría el resto de su vida sin Inuyasha. No, ella no quería eso. Ella había viajado quinientos años al pasado sólo para conocerle a él. Estaban destinados a encontrarse. Y en ese momento lo había decidido. Inuyasha había sido el primer chico en abrazarla, en preocuparse de ella arriesgando su propia vida, en cuidarla y besarla. Inuyasha sería el primero en su vida siempre, para todo. Entonces ella le había besado de nuevo y esta vez él había correspondido de inmediato. Pero tenía que decírselo, a él, para que comprendiera y lo había hecho. Luego de varios intercambios de palabras y de maldiciones, Inuyasha se había inclinado pegando su frente a la suya.
-Espérame, Kagome …
-Lo haré siempre, pero Inuyasha…
-Maldición, lo sé…
Y ambos se habían besado de nuevo. De cierta forma quizá, sin decir una palabra, habían acordado un pacto en silencio.
Kagome abrió los ojos y se encontró con los dorados de Inuyasha, que aún estaba sentado mirándola serio bajo el frío del campo, recordándole que estaba de nuevo en el Sengoku Jidai. Lo invitó a acostarse a su lado para ver las estrellas juntos, para que ella pudiese volver a perderse en los recuerdos de aquella noche. Y él lo había hecho.
Sí, ambos sin decir nada luego, habían acordado muchas cosas. La forma en que se habían besado después de aquello había sido distinta. Lento, suave. Ella había rodeado con sus dedos las hebras platinadas de Inuyasha que caían como cascada a su lado. Se había aventurado a besar sus mejillas, y bajar por su mentón hasta su cuello. Había vuelto hasta su boca e Inuyasha había hecho el mismo recorrido luego. Había podido sentirlo, el palpitar desbocado de ambos. Y recordaba, la forma en que ella había guiado su mano entre las telas del traje de Inuyasha tocando su pecho con lentitud, sólo para tocarlo, sin necesidad de buscar heridas, sólo para sentirle y él había jadeado ante su roce, ante las yemas de sus dedos que le recorrían descubriéndole. Recordaba cuando se lo había quitado finalmente y había tenido sobre ella, bajo sus palmas, la espalda desnuda de Inuyasha. Podía verlo, como ella había guiado la mano del medio demonio por debajo de su blusa. La forma en que Inuyasha había gruñido al tocar su piel y como ella había aguantado un gemido al reconocer sus garras sobre su pecho. Como los labios de él habían recorrido su cuello bajando con lentitud, lamiendo mientras ella se sostenía de sus hombros, susurrando su nombre. ¿En qué momento se había quedado sin su camisa? No lo recordaba con exactitud. Pero si recordaba como él la había observado, la forma que había dicho lo hermosa que era, la forma en que había bajado por su piel, lamiendo, besando. Respondiendo al instinto primario de amantarse de ella rozando sus colmillos con cada fibra de sí. Bajando por su vientre mientras sus manos acariciaban sus muslos con lentitud, con fuerza, dejando un camino rojizo por donde sus garras habían pasado, desapareciendo luego en una caricia invisible. Sujetando su cuerpo para él. Entonces, en un momento, había yacido bajo él. Con su cuerpo desnudo aferrándose al suyo, con el susurro de la voz del hombre que amaba junto a su mejilla, sin comprender exactamente lo que decía. Podía oír su nombre, los jadeos, propios y suyos. Y se había sentido llena. Había sentido como sus piernas se acomodaban para él, el roce sutil de sus sexos y como ella se había aferrado a su cabello plateado. ¿Su nombre?¿cuántas veces lo había repetido hasta ese momento? Tampoco lo recordaba, Pero si podía ver la forma en que había sentido cómo se unía a él. La desesperación de aquella sensación desconocida que la inundaba y enloquecía. Como en una pequeña tirantez de dolor él la había hecho suya. Sus labios se habían buscado de forma desesperada y ambos, sin saber nada, habían comenzado con la unión más antigua de todas.
Kagome abrió los ojos topándose con el cielo estrellado de la noche frente a ella y los cerró aguantando las lágrimas que deseaban salir contra su voluntad. Miró de reojo a Inuyasha que aún veía las estrellas a su lado. Y cerró los ojos de nuevo.
Nunca había creído que el poder de una caricia podía sentirse de todas aquellas formas en que las había descubierto aquella noche. Ella se había aferrado a él, a uno de sus hombros y su cabellera plateada, mientras el vaivén de sus caderas se hacía eterno, ella le había dicho que le amaba con cada envestida y había buscado sus labios en una súplica desesperada para no gemir de la forma en que lo hacía. Porque las sensaciones la habían desbordado de una forma única, las vibraciones de placer emergían de su vientre y la parte baja de su espalda, estirando cada músculo de sus piernas, de su cuerpo, cuando sentía que todo colapsaba dentro de sí. Y cuando vio su rostro al fin, no sintió miedo, aún cuando sus mejillas estaban surcadas por la marca de su estado yokai y sus garras se aferraban con fuerza a su colchón o al ver como sus colmillos sobresalían de su boca y sus ojos rojos como el fuego la consumían. Él la había besado con dureza enterrando sus colmillos en sus labios y sus embestidas se habían hecho más firmes y rápidas. Una mezcla de placer, calor y dolor se habían apoderado de su ser, y se arqueó cuando aquello que su cuerpo esperaba con ansias había llegado. La sensación máxima de un orgasmo la devastó y enterró sus uñas en la espalda del ahora demonio, mientras su cuerpo se arqueaba y su voz se perdía en la silenciosa expresión de un quejido agónico. Él la había envestido unas veces más y había gruñido y rugido, cuando al fin él también se había sentido devastado, mientras ambos podían sentir el calor que había emitido Inuyasha dentro de ella, los últimos vestigios de su semilla derramándose en su interior. Sus respiraciones se habían consumido con lentitud y mientras tanto, quietos, ambos se habían quedado quietos intentando sentir los retazos de aquellas sensaciones desbordantes que nunca antes habían experimentado, mientras comprendían de diferentes formas lo que habían hecho.
Kagome abrió los ojos topándose con la noche estrellada sobre su cabeza nuevamente. Las lágrimas que había estado conteniéndose se deslizaron por sus mejillas finalmente y se sentó presurosa sintiendo la yerba bajo las palmas de su mano.
-¿Kagome?...-Inuyasha susurró su nombre esperando comprender qué demonios pasaba ahora, sentándose también sosteniendo su brazo incapaz de ver el rostro de la mujer-Kagome…
-Te amo….-Los ojos de Kagome se cerraron con fuerza, sintió que sus pulmones se asfixiaban y contuvo el aliento. Intentó levantarse, salir corriendo quizá, pero Inuyasha la atrajo hacia sí con fuerza.
-Yo también te amo, Kagome –Susurró el medio demonio junto al cabello azabache de Kagome. Demasiado tiempo había guardado una confesión cómo esa. Él sabía exactamente lo que sentía, ya no había necesidad de salir corriendo, ni de huir o comportarse como un crío, no había necesidad del miedo. No mientras él se encargara de mantener a Kagome a su lado. La abrazó con fuerza y se mantuvo así hasta que ella se separó de él. Aún sin mirarle, Kagome se levantó despacio e Inuyasha le imitó.
-Inuyasha, yo…
-Está bien, ya no importa Kagome…-Inuyasha se adelantó unos pasos con los brazos dentro de las mangas de su haori. Él sabía lo que ella iba a decirle y la verdad, no quería escucharlo.
-¿eh?
-Que está bien, sí. Volvamos.
-No espera- Kagome corrió y se posó delante de él mirándole confundida. Ya sin lágrimas en los ojos- ¿Qué exactamente está bien?
Pero Inuyasha desvió la vista de ella.
-Mírame, Inuyasha…
-Kagome, no quiero hablar de esto ahora. Volvamos-dijo pasando por su lado.
-Pero yo sí, Inuyasha. Espera, ¿de qué exactamente estamos hablando?- Preguntó Kagome un poco molesta. –Inuyasha, detente, Inuyasha. ¡INUYASHA!
-Tú hiciste tu vida, maldición, ¿sí?- Finalmente el medio demonio se había detenido, pero seguía dándole la espalda- acepto eso, pero no quiero hablar del tema.
-¿Hacer mi vida?, ¿a qué rayos te refieres?- Kagome se paró firme en su lugar. Obvio que ambos habían hecho su vida, pero qué rayos significaba eso- Inuyasha…
-Sesshomaru… -respondió entre dientes Inuyasha finalmente, apretando sus puños con fuerza.
-¿Sesshomaru?...¿Qué tiene que ver él en todo esto?
- Ya Kagome, está bien. No tienes que hacerte la tonta. Ya lo decidí, así que no importa.
-¿De qué rayos estás hablando Inuyasha?
-¿Por qué?-dijo el hanyo alzando la voz finalmente-¿POR QUÉ TIENES QUE HACER TODO TAN DIFICIL? YA TE DIJE QUE ESTABA BIEN
-¿QUÉ TE PASA? ¿POR QUÉ RAYOS ESTAS GRITANDOME?
-¡FHE! SIEMPRE BUSCAS UNA RAZÓN PARA MOLESTARME Y ARRUINAR LAS COSAS…
Sip, Inuyasha sabía exactamente lo que sentía, pero eso no incluía a su medio hermano.
-¿MOLESTARTE? PERO SI TU FUISTE QUIEN EMPEZÓ A GRITARME…
-SI NO TE HICERAS LA TONTA, ENTONCES NO ESTARÍA GRITANDOTE
-A QUIÉN LE DICES TONTA, ¡BAKA!
-SOLO ACEPTALO QUIERES, QUE TUVISTE A TUS HIJOS CON ESE IDIOTA DE SESSHOMARU…
Silencio. Shock. Al fin todo hizo click en la cabeza de Kagome, repitió las palabras de Inuyasha una a una en su mente y sintió como la furia se acumulaba en cada poro de su piel.
El hanyo por su parte retrocedió un paso, el aura de Kagome estaba tan negra como la misma noche. De seguro toda esa furia era capaz de crear un yokai completo. Intentó decir algo, pero no pudo hacer más que tragar cuando observó como la chica apretaba los puños a cada lado de su cuerpo y su mandíbula se tensaba.
-Inu…ya…sha…- Inuyasha sólo tragó en seco de nuevo ante la mención de su nombre de esa forma, porque de cierta manera sabía lo que se avecinaba- SE PUEDE SABER ¿QUE DEMONIOS ESTABAS PENSANDO? ¿CÓMO PUEDES CREER QUE ME ACOSTÉ CON SESSHOMARU? ACASO ¿ESTÁS LOCO?
-Qué… pero…
-ERES UN IDIOTA, ESTÚPIDO, ¡BAKA! ¡SIEMPRE ESTÁS MALINTERPRETANDOLO TODO!
-¿yo? ¡Pues no soy el único que malinterpreta las cosas, aquí!
-CONTIGO NO SE PUEDE HABLAR, ¡ERES UN BRUTO!…-gritó Kagome mientras marchaba enterrando los pies en la tierra. Y ella que había estado recordándolo todo, que se había confesado de nuevo. Inuyasha era un Tonto, un GRANDISIMO TONTO.
-KAGOME, VUELVE AQUÍ, NO ME DEJES HABLANDO SÓLO, MALDICIÓN.
Inuyasha saltó frente a Kagome impidiéndole el paso. La chica le gruñó advirtiéndole, bueno, hasta donde un humano puede hacerlo, y luego sonrió maliciosa.
-¡OSUWARI! … ¡OSUWARI! ¡OSUWARI! ¡OSUWARI! ERES UN TARADO, INUYASHA
-Ka..gome.. tú…. ¿Por qué lo hiciste?- La voz enterrada de Inuyasha sonó apenas. El híbrido se paró presuroso, la chica le había sacado ventaja y ya casi llegaba al camino para la casa de Miroku. –¿Por qué rayos te enojas?- dijo cuando su cuerpo volvió a caer frente a ella para pararle el paso, pero Kagome siguió avanzando y el continuó siguiéndola.
-Inu.. yasha.. te lo advierto.
-Explícalo. Quieres que lo entienda ¿no? Pues entonces hazlo.
-No. No voy a hacerlo, eres un tonto.
-Kagome, dime, si no estuviste con Sesshomaru entonces, de quién…
-Eres tarado o ¿qué?- Le preguntó la mujer exasperada, mientras se detenía frente a la casa del bonzo.
-Kagome….
-Idiota…
-maldición, Kagome….
-¡DE TI!, … tarado… -Gruñó la chica entre dientes
-¿ah?
-¿Qué no escuchaste? ¡DE TIIIIIII!
El mundo pareció colapsar en un segundo y lo único que el hanyo pudo decir fue una sola frase mientras su rostro se desfiguraba.
-Pero… ¿qué… qué estás diciendo?
Nota de la Autora:
XD bueno sí, supongo que ya se lo esperaban ¿no?... Sé que seguro pensarán que maté el romanticismo. Pero, vamos, son Kagome e Inuyasha... no importa lo que pase, más de alguna cosa terminara con un osuwari jajaj XD ….
Bueno, es mi primer lemón, creo que así se dice y creo que lo es, no está tan explicito porque es más un recuerdo, un recuerdo lejano, pero uno. Espero que no se hayan confundido con los cambios de tiempo.
Y Rosseshadow la verdad no tenía en mis planes hacer aparecer a Sesshomaru del futuro, pero luego de tu pregunta, la imagen de una escena se me vino a la mente como un Flash Foward, así que saldrá sí o sí.
Muchaaas gracias por leer! ;)
