Anda, sólo una mordida —imploró la serpiente arrastrándose tras el azabache que empezaba a subir las escaleras cansado—. Trataré de no matarlo, y, si lo hago, prometo que será indoloro.

No dejaré que mates a Tom, Nagini —contestó cuando la de escamas empezaba a subir las escaleras junto a él.

Esto es injusto —se quejó—, ¿por qué él y no yo? Yo soy hermosa y él...¡él es un asqueroso humano!

Ese asqueroso humano es mi esposo y no pude estar contigo porque...

¡Por qué te estabas revolcando con él!

¡Se llama Luna de Miel!

¡Puros nombres muggles!

¡Tom! ¡Nagini me está molestando otra vez! —gritó el azabache entrando a la habitación donde se encontraba el nombrado.

Ya habían pasado seis semanas de haber salido de Hogwarts, a la tercera semana de vacaciones se habían casado a escondidas, dos semanas después de eso y un pequeño escape a Machu Picchu y a una playa en México -según Tom había mucha magia concentrada en esos lugares como para no visitarlos-, había regresado a casa, donde los esperaba una serpiente totalmente preocupada, mas se le olvidó la preocupación al oír lo que había pasado realmente. La hermosa y tranquila casa se había convertido en un campo de batalla donde Tom lanzaba hechizos hacia Nagini mientras ella se escurría y trataba de morderlo, el único que parecía disfrutar el espectáculo era Harry, quien miraba con sus ojos esmeraldas la escena con gracia mientras bebía una taza de té.

Ojos azules se centraron en la serpiente que lo veía con odio, de la misma manera que él la veía, Harry pensó en ese momento que fue una mala idea hacer que los dos se vieran nuevamente, fue una confirmación cuando Tom sacó su varita para hechizar a la furiosa serpiente que se lanzaba en contra de su esposo. El azabache agarró su nuevo libro de hechizos médicos y revisaba cuales tendría que utilizar esta vez con un poco de ayuda de su don para ver cosas del futuro, la cual, para su alegría, se ampliaba cada vez más. Un hechizo pasó volando por su oído derecho y se tuvo que agachar para esquivar la cortante cola de Nagini.

Una lechuza azul cielo entró por la ventana que, curiosamente, se encontraba abierta, distrayendo a hombre y serpiente que, en cuestión de segundos, dejaron de pelear. La peculiar lechuza se posó en el libro que tenía Harry y le depositó una pequeña caja ovalada.

¿Me la puedo comer? —preguntó Nagini acercándose a su amo.

Harry miró la pequeña nota que se encontraba en la rara caja, admirando la caligrafía de ésta.

No, es de Dumbledore —contestó como si eso explicara todo.

—Sólo él tendría una lechuza azul —bufó Tom rodando lo ojos.

—Dumbledore tiene un fénix llamado Fawkes —argumentó Harry—, tal vez es una desafortunada lechuza que salió victima de Peeves.

El azabache se acercó a su escritorio y buscó un paquete de galletas, las cuales recordaba haber escondido de Tom, tal parecía que a su antiguo novio le encantaba las galletas hechas por él. Al encontrarlas le da una a la extraña lechuza y se encaminó hacia su cama, sentándose en ésta mientras abría la ovalada caja.

—¿Qué es? —preguntó Tom sentándose a su lado.

—Un dulce de limón y una nota que dice "Felicidades" —murmuró frunciendo el ceño confundo.

—¿Por qué un dulce de limón?

—Son sus favoritos, ¿no sabes nada de él?

—Sólo sé que le gusta estar en su despacho haciendo alguna estúpida cosa y salir en la noche a la Torre de Astronomía —comentó encogiéndose de hombros—... y que tiene un afán de joderme la vida.

—Exagerado.

—¡Tú mismo lo viste! —reprochó—: "Ése es café castaño, no chocolate", "Le faltó un poco más de figura en la copa", "No..."

—Mejor agradece que ya no estudias.

—¡Gracias, Merlín! —gritó al aire acostándose mientras jalaba a Harry con él.

¡Aléjate de él, bicho asqueroso! —siseó molesta Nagini. El ojiazul abrazó a Harry con su pierna y lo pegó más a su cuerpo— ¡A mi cría no!

¡No te oigo!

¡Te mataré, bestia pestilent...!

—¡Tom! —rugió Harry cuando vio a su hermosa serpiente sangrando.

El ojiverde aventó a su esposo y se sentó en el piso junto a Nagini, sacando su varita de su bolsillo y empezando a murmurar palabras por lo bajo. El reptil le sacó su pequeña y plana lengua al joven que se empezaba a sentar nuevamente en la cama.

¡Me sacó la lengua! —acusó molesto.

Ya dejen de comportarse como unos infantes —gruñó el ojiverde—, ése es mi puesto.

¡Yo no soy infantil! —siseó molesta Nagini, saliendo de la habitación en completa indignación.

—¿Por qué te habría regalado un dulce? —preguntó Tom mirando detrás de su hombro— Al menos que tenga veneno no le encuentro ninguna utilidad.

—Así es Dumbledore —contestó encogiéndose de hombros—, siempre tiene un as bajo la manga.

—¿Y confías en lo que haga con ese as?

—Confío plenamente en él, Tom —regañó el azabache—... ¿Quieres? —levantó el pequeño dulce.

—¿Y que su plan sea que me lo des para envenenarme? —preguntó arrugando su nariz— No, gracias.

—Exagerado y paranoico —susurró poniendo los ojos en blanco.

De un momento a otro se encontró atrapado en unos fuertes abrazos, sintiendo como la calidez se expandía por su pecho y los dos brazos lo agarraban con cariño por su cintura.

—¿Qué vamos a comer, señor Riddle? —preguntó Tom en su oreja, antes de morderla.

—¿Por qué soy yo el que cambia de apellido?

—Porque tú ya tienes experiencia en eso.

—Auch —murmuró haciendo una mueca—, que quede claro que, por mí, tendría como apellido "Potter" y...

—Sí, sí —calló el ojiazul besando el cuello del contrario—, Tom Wool no suena bien.

—¿Y Harry Riddle sí?

—¡Claro!

¡Nagini! ¡Tom me está molestando!

¡Desgraciado humano! —el siseo se oyó lejano, pero potente— ¡Aléjate de mi cría, malparido!

La enorme serpiente apareció nuevamente por la puerta y atacó a Tom cuando su cría se había agachado al predecir la acción.

¡Diffindo! —gritó el pelinegro apuntando a Nagini con su varita.

Harry salió rápidamente de la habitación para dirigirse a la cocina a hacer la comida. Con cuidado desenvolvió el dulce de limón y se lo metió a la boca, degustando el ácido sabor pasar por sus papilas gustativas, sabía algo extraño, pero tal vez por eso sólo era uno, por la razón de que fuera especial o difícil de encontrar.

Llegando a la cocina lo primero que hizo fue revisar la alacena y el refrigerador, decidiendo qué hacer mientras oía el estruendo que hacían las dos criaturas a las que consideraba su familia a la hora de querer matarse entre ellos. Nunca pensó tener una familia en realidad, esa pequeña vida que tenía era más un sueño que una realidad, sentía como la calidez invadía su pecho cuando veía a Tom y a Nagini, y, aunque se trataran de matar entre ellos, Harry sabía que no lo harían, porque eso implicaría verlo triste y ello no quieren eso... aunque tal vez sí se odiaban a tal punto de hacerlo sin pensar en las consecuencias que eso traería.

Y se suponía que era él quien peleaba con Nagini.

Un fuerte ruido de cristal rompiéndose llamó la atención de Harry, no había recordado guardar su esfera de cristal nueva, la cual le regaló Lily cuando Tom y él se casaron.

¡Si descubro que fue mi esfera los voy a matar! —gritó dejando los ingredientes que había agarrado en la mesa y caminando hacia la escaleras.

Cuando los ruidos se detuvieron después de su grito fue una confirmación a su hipótesis, haciéndole subir más rápido por las escaleras y entrar a la habitación con un portazo. Al entrar miró como Tom y Nagini estaban alrededor de la antigua, costosa y rota esfera amarilla.

Los dos —siseó Harry molesto—, no los quiero ver hasta la hora de comer.

En mi defensa... ¡Fue Tom! —comentó la serpiente apuntando con su cola al ojiazul.

¿Yo? Si tú no le hubieras golpeado con tu cola no se hubiera roto.

¡Me lanzaste un hechizo!

¡Pero tú...!

¡Nagini, a tu habitación! —gritó Harry señalando la puerta de la habitación— Y tú, Tom —gruñó molesto—, al jardín.

—¿Por qué Nagini sí puede estar en su habitación y yo en el jardín?

—Porque ella odia estar encerrada en su habitación y tú odias estar en el jardín.

—Harry, ¿te he dicho lo hermoso que te ves hoy? —cambió de tema Tom abrazando a su esposo por la cintura y acercándolo a sí.

—No, y no es necesario, ya sé que estoy hermoso hoy —dijo separándose de él—. Ahora, al jardín.

Cuando la habitación se encontró con un Harry solitario, éste se hincó para ver los pedazos de la esfera y, con un pequeño movimiento de varita, la arregló bufando.

—¿Qué haría sin ese maldito libro? —se preguntó agradeciendo mentalmente a la gitana por el amplio y casi interminable libro.

Bajó nuevamente a la cocina y, justo cuando pasaba por la puerta trasera , la cual se encontraba abierta, pudo ver a Tom sentado en el pequeño escalón, moviendo su varita para hacer figuras sin importancia.

Entró a la cocina y siguió con lo suyo, mordiendo el dulce que no había desaparecido de su boca, ¿será que era infinito o tendría un hechizo de permanencia? Se encogió de hombros mentalmente y siguió cocinando empanadas de cornualles, casualmente las favoritas de Tom.

Un pequeño mareo lo detuvo al hacer una vuelta para ver la estufa, algo raro contando que tenía mejor salud que antes y, en ese entonces, no se mareaba. No pudo seguir su labor por el repentino temblor que se apoderó de sus manos y la debilidad que empezaba a sentir en sus piernas. Tal vez era un ataque de estrés, pero él no tenía estrés, tal vez...

—¡Tom! —gritó horrorizado cuando una esfera blanca se colocó a su alrededor. Aferró su varita con su mano, pero parecía que sus fuerzas se habían esfumado.

—¿Harry? —la pregunta sonó lejana, aun cuando Tom se encontraba en la entrada de la cocina— ¡Harry! —gritó acercándose rápidamente hacia él, pero la esfera blanca no le permitió el paso— Por favor, no...

El miedo que Tom reflejaba en sus facciones era lo que más le desconcertaba, ¿qué era lo que estaba pasando realmente?

—Harry, camina hacia mí —ordenó lo más cerca que la esfera que podía.

—No puedo —murmuró cerrando los ojos—. Tom, no siento mis piernas.

—Mírame —susurró el ojiazul—, trata de moverte un poco, aunque no lo sientas.

El azabache le hizo caso y, tras arrastrarse unos centímetros, gruñó de dolor. El pánico invadía la sala a tal punto que Nagini había bajado para ver el causante de tanto estruendo, pero, por alguna extraña razón, no podía entrar a la cocina, siendo una espectadora de todo ese desastre.

—Sólo un poco más, cariño —murmuró tratando de acercarse todo lo posible.

El azabache notó que, mientras más alejado estuviera del centro de la esfera blanca, podía moverse con facilidad, aunque el ser jalado hacia el centro no era de mucha ayuda. Al levantar la mano para alcanzar a Tom, quien estaba ya a un par de pasos, notó la transparencia que tenía su mano y brazo.

—Tom...

—Tranquilo —murmuró luchando contra la esfera, la cual se empezaba a ser pequeña, encerrando a Harry dentro de ella—, dijiste cincuenta años, ¿no?

—¿Pero qué...?

—¿Qué son cincuenta años a una vida sin ti? —preguntó sonriendo, el azabache estaba consiente de las pequeñas lágrimas que querían bajar por los ojos del heredero—... Me buscarás, ¿no? —tras preguntar eso cae el suelo por una pequeña ráfaga de magia que golpeó contra su pecho.

—Lo prometo —murmuró, a estas alturas no sabía si lo que nublaba su vista era la espesa espuma que se empezaba a esparcir de dentro de la esfera o las lágrimas que habían querido salir.

¡No te vayas! —siseó la serpiente desde el marco de la entrada de la salida— ¡No me dejes con ése!... ¡Tú, deshonra de humano! ¡No dejes que se vaya!

Nagini... —balbuceó el azabache.

—Cuando te vuelva a tener —empezó Tom acercando su mano hacia su amante, quien, por obra del destino, la alcanzó a agarrar—, prometo hacerte el amor todos los jodidos días.

—¡Tom! —regañó el azabache apenado.

Un fuerte jalón lo hizo soltar la mano de Tom y, tras otro jalón en su estómago, desapareció oyendo el gruñido desesperado del ojiazul.