-(…) Y me vi tentada a besarle, pero
sin embargo, me di la vuelta y me fui.
Otra vez, estaba haciendo lo correcto
y eso no me gustaba…
Nota: Quisiera aclarar algo que he leído en dos oportunidades en los reviews. Y es que se piensa que Voldemort es como Christian Grey, o si lo estoy haciendo inspirándome en él. La respuesta es no. Quien haya leído mis fics anteriores sabría que mi Voldemort tiene esa personalidad en general y siempre viste con traje y corbata. Por lo demás, no tengo intención en que se parezca a dicho personaje.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
—Mi señor, eso es correcto, los del norte no nos permiten acercarnos a sus territorios. Alegan que queremos destruir su comunidad.
Uno de los mortífagos más cercanos al mago oscuro soltó un gruñido — ¡Necesito pasar, mi señor! ¡Hay fuertes indicios que algunos rebeldes se esconden ahí!
—Tenemos lazos importantes con esa gente. No podemos simplemente entrar a la fuerza— dedujo otro mortífago, el cual miraba a su compañero con insistencia.
— ¿Lazos? ¿Lazos, dices? Insisten en apoyar nuestra causa, pero esconden a nuestros enemigos, debemos actuar.
— ¡Es un pueblo de magos y brujas de sangre limpia, mi señor!… ¡no podemos masacrarlos!
—Ellos han tomado su decisión. Hemos ido por las buenas, hemos hablando y tratado de hacerlos entrar en razón, pero simplemente no entienden. ¡No podemos claudicar!— le respondió el mortífago con un grito.
Hubo un asentimiento general en torno a la larga mesa. Los mortífagos parecían estar sedientos de sangre, pues miraba a su amo con insistencia y avidez, quizás esperando que él diera la orden que necesitaban. Voldemort, por su parte, estaba sentado en la cabecera de la mesa y daba la impresión que parecía encontrarse sumamente aburrido.
—Mi señor…— Voldemort miró a su sirviente con fastidio — Es comprensible que no nos quieran permitir la entrada, tal vez podríamos usar otro método, solo para verificar que semejante información en verídica.
— ¿Verificar?— preguntó Voldemort con un tono monótono.
Hubo un silencio general. El mago oscuro se había enderezado un poco en la silla y observaba fijamente a sus mortífagos, detallando sus tensos rostros.
—No gastaremos energía en comprobar nada. Si hay sospecha de traición, entramos y ellos deben estar más que dispuestos a colaborar. He brindado mi ayuda y misericordia a las familias de sangre pura, pero no he dudado ni un segundo en liquidarlos si se oponen a mí. Si esa gente se niega a permitirles el paso, están autorizados para ingresar por la fuerza.
Dos o tres mortífagos sonrieron macabramente. Voldemort se recostó contra el respaldo y miró el fuego crepitar en la chimenea. El hombre que estaba a su derecha se inclinó un poco hacia él.
— Amo… con todo respecto, viven dos fabricantes de varitas en ese pequeño pueblo. Ellos han sido los únicos que nos han suministrado tales armas. Si prescindimos de ellos, podría haber muchos inconvenientes.
— Deja de ser tan llorón, Tagler— le espetó su vecino. Un hombre de toscas facciones y cabello rubio — Fabricantes hay por todos lados, solo necesitamos encontrarlos.
— Es cierto eso. Nos podemos detenernos por tal excusa— aprobó una mujer de mirada fría. Una vez más, todos los presentes asintieron.
Voldemort no les prestó atención. Le gustaba que sus sirvientes discutieran esos temas tan estúpidos, como si creyeran que de verdad estaban en un debate o una toma de decisiones, al final lo único que importaba era lo que él sentenciara, y ya había fijado su postura. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón mientras seguía escuchando las discusiones que tenían lugar ante él.
Vislumbró un movimiento cerca de una de las esquinas de la habitación y desvió su feroz mirada hacía allí. Una chica se encontraba oculta entre las sombras, siendo satisfactoriamente ignorada por los demás. Tenía las manos sujetas y observaba a su alrededor muy nerviosa, como esperando que advirtieran su presencia y la atacaran de un momento a otro. Lo que ignoraba era que Voldemort había aplicado un encantamiento desilusionador sobre su cuerpo, haciéndola invisible.
Los ojos de ambos por fin se encontraron, él deseando que eso ocurriera, y ella buscándolo con ansiedad. Se relajó internamente al darse cuenta que el mago oscuro mantenía una constante vigilancia sobre ella. Esa sensación de seguridad fue un verdadero alivio.
— Mi señor… ¿Cuáles son sus órdenes?
El hombre entrecerró la mirada peligrosamente. Odiaba que le hicieran esa pregunta cuando ya había dejado claro sus intenciones — Quiero a los rebeldes, por encima de cualquier cosa… ataquen, ahora mismo. Quien se resista, mátenlo. Les doy una hora.
Sin añadir nada más, el señor oscuro se puso en pie, siendo imitado por todos sus mortífagos, los cuales se inclinaron, uno a uno, antes de retirase en total silencio. Hermione vio la marcha pasar por su lado, más no se inmutó. Ninguno de ellos parecía haber notado que la joven bruja se encontraba allí agazapada.
—Acércate.
Voldemort se había movido, sujetando por el respaldo la silla que tenía a su derecha. Hermione obedeció una vez que la puerta se hubiese cerrado. A pesar de que estaban solos, se encontraba intimidada al saber que en esa lúgubre y brillante superficie de madera, todos esos presentes planifican el asesinato de decenas y hasta cientos de personas.
Se aproximó con paso lento y se sentó en la silla que el hombre le señalaba. Colocó ambos brazos sobre la mesa y esperó. Voldemort se movió un poco, quedando sentado en la silla que había ocupado anteriormente.
— Quiero que cenes conmigo.
— Sería un placer, amo.
No bien terminó de decir la última palabra cuando un elfo apareció de repente a su lado, haciendo que ella diera un brinco. La pequeña criatura se inclinó ante Voldemort, el cual, sin siquiera mirarlo le ordenó con voz fría y potente:
— Trae la cena.
La chica sintió como se le encogía el estomago al escuchar ese tono tan desgano y autoritario. Como si la criatura no valiera para nada más. A pesar de haberlos vistos trabajando algunas veces, no podía perder la empatía hacia ellos. Bajó la vista al suelo, tratando de rehuir la mirada del hombre posaba sobre ella.
— ¿Qué ocurre? ¿No tienes hambre?
— Solo un poco, amo.
— ¿Solo un poco? No has comido en todo el día.
Hermione lo miró — Pues no estoy acostumbrada a comer varias veces.
La mesa repentinamente se vio repleta de varios platos de comida. Hermione le lanzó una ojeada rápida, para luego centrarse en el mago, el cual no había apartado su rojiza mirada de ella. Vio como alzaba una ceja.
— ¿Y eso a que debe?
La chica parpadeó confundida — Pues… en Azkaban pasaba hasta dos y tres días sin comida. Digamos que no me he podido acostumbrar a eso de comer a diferentes horas. Mi amo… el señor Snape, quiero decir… siempre insistía, pero no lo conseguía. Fueron tres años allí, así que me resulta difícil.
Voldemort hizo un sonido despectivo con la boca antes de alcanzar un tenedor y empezar a servirse en su plato — Si hubieses sido mi esclava desde el principio…— se detuvo un instante — las cosas hubieran ido por rumbos diferentes.
—Amo… quiero hacerle una pregunta.
Voldemort llenó su copa de vino y le tendió una a ella. No dijo nada, por lo que la chica se animó a proseguir.
—Yo era la mejor amiga de Harry Potter— se estremeció visiblemente cuando dijo el nombre de su amigo—. ¿Por qué me dejaron con vida después de que él murió?
Voldemort le dio un sorbo a su bebida y bajó la copa, después de unos segundos miró a la chica— No lo sé.
Hermione sacudió su cabeza ante tal respuesta, no lo comprendía. Voldemort empezó a comer con calma, ignorando el gesto de la bruja. Ella no tocó su plato, consciente que el mago se enfurecería, pero tenía el estomago contraído.
—Amo…
— Come— comandó con frialdad.
Sabiendo que no tenía más sentido provocar al hombre. Hermione sujetó el tenedor y empezó a comer con lentitud. La verdad es que tenía esa pregunta atragantada desde hacía años, y solo Voldemort podría responderle. Nadie había sobrevivido, absolutamente nadie, solo ella. Intentó escapar, pero había sido descubierta antes de poder llegar más lejos. Fue encerrada en la prisión el mismo día, en una celda custodiada y vigilada. Ese había sido su peor infierno, aunque Snape insistiera en que eso no había sido nada, que habían cosas peores. Para ella, la marca de Azkaban jamás podría borrarse.
Vio como Voldemort se limpiaba y volvía tomar otro sorbo de vino. Ya había terminado, por lo que Hermione apuró su plato y tomó su bebida con extrema rapidez. El sabor amargo del vino le causó nauseas.
— ¿Mi pregunta lo disgustó, amo?
Voldemort se apretó la corbata y la miró atentamente — ¿Qué es lo que quieres saber?
No sabía si aquello era una pregunta capciosa. Voldemort parecía estar de mal humor, o así lo veía ella. No estaba segura si proseguir, pero lo intentaría.
—Quiero saber cómo es posible que yo quedara con vida. Todos fueron asesinados, todos mis amigos, mis compañeros, sus familiares… hasta mis padres— su voz se apagó. — ¿Por qué decidió no acabar con mi vida también?
Voldemort hizo desaparecer todo de la mesa con un movimiento de su mano. Se recostó de la silla sin dejar de observar a la joven — No sabía que estabas en Azkaban. La orden era matarte.
El corazón de la chica dio un brinco — Entonces…
—Terminaste en Azkaban contra mi voluntad. Y Snape te encontró unos años después. Le exigí que tomara a una esclava, e imagínate mi sorpresa cuando supe que seguías viva. Por supuesto, yo no te conocía, pero había oído hablar de ti. Di la orden para que te asesinaran, ya Snape podría encontrar otra… pero encontré divertida la idea de que el hombre con el que pasaste gran parte de tu juventud fuera tu amo, además eso te enlazaba psicológicamente con él, deseaba ver su reacción al verte, quería saber que trato te daba. Así que cambie de parecer, y decidí darte una oportunidad.
— Por supuesto, de inmediato supe que Snape no era como mis demás mortífagos, él no podría tenerte como esclava, ni a ti ni a nadie. Eso me disgustó, debo admitir… No deseaba que mi mejor mortífago, mi mano derecha, fuera un hombre pusilánime y frágil que no podía someter a una chica a un simple castigo. Deseaba tenerte en mis manos, Granger… deseaba mostrarle a Snape las formas más refinadas de maldad y tortura. Pero…
Hermione, que estaba a punto de ponerse a temblar ante todas esas palabras, se quedó quieta al escuchar la última.
—… pero ese día, cuando entraste en mi biblioteca. Era la oportunidad perfecta, pensaba llevarte a mis calabozos y enseñarte respeto y obediencia, era necesario mostrarte el lugar al cual pertenecías. Y sin embargo, saliste huyendo de mi lado… y no fui capaz de detenerte — Voldemort sonrió con un dejo de maldad mientras se acariciaba la barbilla — ¿Qué clase esclavo hace eso?
La chica bajó la cabeza apenada, recordando el momento — Yo… no lo hice a propósito, fue algo que no pude controlar.
— Lo sé perfectamente. No te castigué en ese momento ¿y sabes por qué? Porque yo había perdido el control de la situación tanto como tú… no pude hacerte nada.
Hermione se sujetó las sudorosas manos y bajó la cabeza. Voldemort seguía mirándola con fijeza. Ya no sonreía, de hecho estaba bastante serio.
—Quise recomponer mi compostura llevándote a ver uno de mis prisioneros. Quería causar ese miedo en ti; no miedo de mi, miedo de tu situación. El terror que experimentan todos los esclavos al verse sometidos a sus dueños, cuando saben que no tiene vida, solo las que sus amos les dejen tener. Dejas de ser quien eres para convertirte en lo que ellos desean. Pero tú… tú no te dabas cuenta y eso me seducía tanto.
—Yo nunca…
Voldemort alzó una mano, interrumpiéndola — No lo sabías. Snape jamás te ha tocado, jamás te ha hecho daño… nunca has sido una esclava. Ni con él… ni conmigo. Y eso fue decisión mía sin proponérmelo. Me perteneces completamente. Yo mando sobre ti y gobierno toda tu vida. Pero no eres plenamente una esclava.
— ¿Entonces… entonces que soy?
Voldemort entornó los ojos de forma peligrosa, más la chica no apartó la mirada. No entendía esa clase de revelaciones ¿acaso las cosas debían cambiar? Realmente no lo parecía. Finalmente el mago oscuro hizo un gesto parecido a una sonrisa.
— Eso no importa. Serás lo que yo quiera que seas. Ahora, es momento de subir, debo cambiarme de ropa.
Hermione se puso en pie seguida por el hombre. Las piernas le temblaban sin control, mas pudo mantener el equilibrio. Se giró para encaminarse hacia las escaleras cuando notó un brazo alrededor de su cintura. Aguantó la respiración y siguió caminando como si nada ocurriera, con Voldemort pegado a ella, sujetándola posesivamente.
— ¿Me temes?— lo oyó preguntar en voz baja.
Ni siquiera sabía qué demonios debía responder. Decidió negar con la cabeza con la esperanza de que fuera esa la respuesta que el hombre ansiaba escuchar.
— ¿Entonces por qué tiemblas?
— Creo ha sido el vino, amo. Me lo he bebido muy rápido.
— Ya veo.
Llegaron a la puerta y él la abrió con rapidez, permitiendo que la joven pasara primero. Voldemort soltó su agarre y se aproximó hasta uno de los armarios, sacando de éste una blanca camisa. Lo vio quitarse la oscura chaqueta de su traje y dejarla colgada sobre el respaldar de una silla. Ella, por su parte, se acercó hasta la cama y se sentó en ésta mirando hacia el suelo. Levantó un poco la cabeza solo para poder vislumbrar la espalda del mago oscuro. Notó un cosquilleo en todo su cuerpo al ver como se vestía.
— Nos vamos — dijo finalmente, acomodándose la chaqueta, la cual le ajustaba perfectamente.
— ¿A dónde?
— Quiero enseñarte algo en mi despacho. Un excelente ejemplar que he conseguido. Quizás te interese.
—De acuerdo… ¿eh, amo?— Voldemort se detuvo en la puerta — ¿Podría ir primero baño? Yo lo alcanzaré.
—Muy bien— aprobó, cerrando la puerta tras de sí.
La bruja se encaminó al baño. Necesitaba refrescarse primero, se sentía demasiado extasiada. Abrió el grifo y se echó agua en la cara, notaba como sus mejillas estaban encendidas, aunque en el espejo se viera normal. Salió de la habitación y se acercó hasta la puerta principal. Notaba una emoción extraña al saber que lo volvería a ver ¿Por qué? Acababa de estar con él.
Salió con paso rápido y se dirigió hasta su despacho quedaba relativamente cerca. Pero no bien hubo avanzado diez metros cuando una figura se le atravesó. Un hombre, alto y fornido se había instalado frente a ella. Con unos ojos azules y glaciales que la miraban atentamente. Hermione retrocedió nerviosa, debatiéndose internamente entre su pelear o huir de nuevo a la habitación. Sabía que él no podría atravesar la barrera de protección que ella acaba de cruzar. Más sin embargo el hombre era demasiado alto, seis pasos de ella debían ser dos de él. La alcanzaría rápidamente.
—Te conozco— el hombre hablaba con una voz cruel y carente de emoción — Te he visto en alguna parte.
— ¡Aléjese!— le espetó la chica con un chillido. El mago se le iba a cercando cada vez más.
— Tú estabas aquí con Snape. Eres la sangre sucia que tiene como esclava.
— ¡Lo era! Ahora soy la esclava de lord Voldemort, y a él no le agradará que me toque— le dijo soltándose del repentino agarre del hombre. Recibió una bofetada que casi la hace caer el suelo. Quedó aturdida ante el golpe.
— ¡No te atrevas a mencionar su nombre con esa falta de respeto, mugrosa inmunda!— bramó furioso.
— ¡Suélteme! ¡¿Qué hace?!— gritó cayendo en la histeria.
— ¡Te llevaré con el señor oscuro! Si es cierto que eres su esclava, te castigará por tu insolencia. Además ¿quién te ha permitido rondar estos pasillos? Son prohibidos, y más para una basura como tú.
La bruja dejó de luchar mientras se dejaba arrastrar. Si era cierto que el mortífago la llevaba ante él, no tenía razones para oponerse. Respiró aliviada cuando vio la puerta de su despacho y como el hombre tocaba con el puño.
— Amo… disculpe la interrupción. He encontrado a esta sangre sucia rondando por los pasillos…
Hermione fue obligada a ingresar y de inmediato de encontró con Voldemort, de pie ante la chimenea. El mago oscuro se dio la vuelta, con una expresión de leve sorpresa en su atractivo rostro. Sus rojos y despiadados ojos viajaron por el cuerpo de la chica hasta el fuerte agarre que su mortífago tenía sobre su brazo. La joven bruja vio un destello rojizo aparecer en esos peligrosos orbes.
— ¿Qué demonios estás haciendo?— dijo con una frialdad que los dejó a todos paralizados — ¡Suéltala, ahora mismo!
El mortífago se quedó de piedra. Liberó rápidamente a la bruja, que se separó de él inmediatamente, sobándose el entumecido brazo. Voldemort avanzó un paso — Vuelve a poner un dedo sobre ella, Grosling, y te cortaré las manos.
—Pero… mi señor…
La chica debió entender la confusión del mortífago. Tuvo el impulso de soltar una risa, pero la expresión sombría de Voldemort no se lo permitía.
— ¡Amo! yo sólo… esta sangre sucia estaba rondando por sus pasillos privados. Se ha atrevido a faltarle el respeto. No podía permitirlo, la he castigado por semejante insolencia contra usted y su nombre, mi señor. Le ruego que…— Se detuvo al escuchar una suave y aterradora risa por parte del mago oscuro. Hermione también lo miró.
Voldemort levantó una mano, callando al mortífago. Sus labios estaban curvados en una inhumana sonrisa.
—Arrodíllate y discúlpate, ahora.
El mortífago parpadeó con confusión. Pero pronto sus rodillas se hincaron, tocando el duro suelo, postrándose ante los pies de su amo.
— Lo siento, mi señor…
Voldemort volvió a reír — No ante mí, idiota.
El mortífago levantó la cabeza lentamente. Voldemort lo observaba con tanta ferocidad que era increíble que pudiera sostenerla la mirada.
— Mi señor… no me pida eso, se lo suplico.
Voldemort deslizó una de sus manos hasta el bolsillo de su túnica y sacó su varita mágica. La detalló durante unos instantes antes de empuñarla contra el mortífago. Éste empezó a temblar.
— Pero, amo… es una sangre sucia.
— No te escucho, gusano— siseó el hombre de forma helada.
Hermione bajó la cabeza cuando vio al mortífago girarse y quedar de rodillas ante ella. Notó como tragaba con dificultad, sin llegar a mirarla.
— Perdón.
—Sigo sin escucharte, Grosling.
El mortífago empezaba a temblar — Perdóneme.
Voldemort se golpeó la varita contra la palma de su mano.
— No me convences.
El mencionado levanto la cabeza y miró a Hermione a los ojos.
— Perdóneme, señorita.
— Mucho mejor, ahora lárgate.
El aludido no se hizo esperar. Se puso en pie y salió como huracán por la puerta. Voldemort lo siguió con la mirada incluso una vez que la puerta se hubiese cerrado. El mago oscuro se acercó hasta ella y le acarició la mejilla. Hermione hizo un gesto de dolor.
— Sabes que puedes dar a ese imbécil por muerto.
— Lamento el inconveniente, amo. Yo no pretendía…— se calló cuando el mago le puso un dedo sobre los labios.
— Me han llamado. Han tenido éxito en la misión, más sin embargo no consiguieron a los rebeldes.
— ¿Del pueblo? ¿El pueblo de magos y brujas de sangre pura? ¿Ya lo han atacado?
— Si, hace un momento.
— ¿Han… han matado a mucha gente?— preguntó la bruja.
— No lo sé. Esa es la menor de mis preocupaciones. Se supone que había un pequeño refugio de rebeldes allí, pero no los han encontrado.
—Quizás no era una información verídica.
El hombre se quedó absorto un momento — Por eso pretendo ir y averiguarlo por mí mismo. ¿Estás lista?
Casi se atraganta — ¿Yo? ¿Debo ir?
—Eso me complacería mucho.
Ni siquiera esperó respuesta de la joven. Se acercó y la sujetó por la cintura, haciendo que la chica volviera a contener la respiración. Hermione levantó la cabeza y lo miró nerviosa. No tenía idea de a dónde iban a ir, pero sabía que lo que vería no le agradaría en lo más mínimo. Sujetó el brazo del mago con fuerza al notar como sus pies se separaban del suelo, transportándola a un lugar desconocido.
Evitó un gemido de incomodidad al sentir como pisaba de nuevo el suelo. Perdió el equilibrio y solo el fuerte abrazo sobre su cadera evitó que cayera. Abrió los ojos y se quedó con la boca abierta. Estaban es un pequeño pueblo, con decenas de casas estilo colonial y los techos rojos. Parecía ser un lugar agradable y tranquilo, solo cubierto por la densa niebla.
Se separó de Voldemort y sintió nauseas al encontrar el cuerpo de una mujer tirada en el piso, sangrado por una herida en la cabeza. Se giró y detalló el lugar mientras Voldemort caminaba de un lado para otro, como buscando rastros de alguna cosa. Hermione se alejó de él, admirando todo a su alrededor, era un pueblo inmensamente hermoso y acogedor.
— No te vayas muy lejos— escuchó que él le indicaba en voz alta. Su fría voz resonó sobre la increíble tranquilidad, como si hubiese gritado.
— No lo haré, amo— le respondió en voz baja.
Miró hacia atrás cerciorándose que el hombre todavía podía mantenerla vigilada, y giró el picaporte de la puerta de una de las casas. Todo estaba desordenado, como si allí se hubiese producido una huída rápida. Cerró la puerta de golpe al vislumbrar un pie humano en el suelo de madera. No deseaba ver nada más.
Retrocedió y se dio la vuelta. Voldemort caminaba hacia ella con una expresión de decepción nublando su rostro. Hermione llegó a su altura.
— No hay nada.
— ¿Qué está buscando, amo?
A pesar de sus palabras, el hombre seguía inquieto, no paraba de mirar hacia ambos lados. —Rastros de magia oscura.
— ¿Magia oscura? ¿De los mortífagos?
Voldemort la observó con intensidad — Los rebeldes están usando magia negra, es algo reciente, porque no acostumbraran a hacerlo. Quizás así piensen que podrán hacerme frente. Pero sea cual sea el caso, no siento nada por aquí cerca.
—Entonces es cierto, fue una información falsa.
Voldemort asintió quedamente — Supongo. De nada valió haber destruido este poblado. He perdido una buena alianza.
—Si eran sus aliados… ¿Por qué ocultar a unos rebeldes?— preguntó la chica con curiosidad mientras seguía al hombre de cerca.
— No confío en la lealtad de nadie, Granger. Actuaré ante la más mínima duda. Especialmente desde lo del Bellatrix.
Hermione, que iba caminando a su lado mientras se alejaban del pueblo, lo miró estupefacta.
— ¿Qué quiere decir, mi señor?
—Investigaré todas las causas del por qué Bellatrix fue asesinada con esa absurda facilidad. Caiga quien caiga en el proceso.
Hermione suspiró ante el repentino ataque de mal humor del mago. Empezaba a sentir un cansancio nada común hacer mella en su cuerpo. Se apoyó contra un árbol y respiró profundamente. Voldemort se había detenido mientras la observaba, se aproximó hasta ella.
— No estás acostumbrada a esta clase de ambiente, estamos en una montaña, la altura dejaría exhausto a cualquiera.
—No importa, amo. Puedo seguir.
Voldemort miró hacia el pueblo con desgana — Lo mas ideal sería volver, al fin y al cabo no encontré lo que buscaba.
Hermione no respondió. Se inclinó, sujetando sus rodillas y respirando hondamente; sentía una presión en el pecho. No se percató que el mago oscuro la observaba fijamente. Los rojos ojos de su amo la recorrían y detallaban con bastante precisión. Cualquier se pondría nervioso ante esa escrutadora mirada.
Su ondulado cabello caía sobre sus hombros y su rostro, ocultándolo parcialmente. Estaba pálida y sudorosa. Sus ojos viajaron a su cuello, donde todavía se podían presenciar las marcas que había dejado con sus dientes la noche anterior. Ese rastro rojizo lo hizo sonreír maquiavélicamente.
Apuró los tres escasos pasos que lo separaban de la chica y se abalanzó sobre ella, seguro tomándola por sorpresa. La chica levantó la cabeza, con los ojos abiertos como platos al notar el cuerpo del mago presionándola contra el árbol y exigiendo sus labios en un poderoso y lujurioso beso.
— ¿Has visto tu cuello?— le preguntó sensualmente en su oído. Ella se estremeció. — Este es el efecto que causa en mí.
La bruja no tenía de lo que hablaba, pero igual respondió el beso. Notaba como su cuerpo iba recuperando calor, olvidándose de la fría ventisca que los azotó en ese momento, haciendo que sus cabellos se movieran violentamente. El hombre se separó de pronto.
—No tiene sentido permanecer más tiempo aquí — opinó con voz ronca. Hermione, que ya jadeaba asintió con la cabeza. Se separó del árbol y sujetó el brazo que él le ofrecía.
— Amo, he pensado en que quizás…
— ¡Atrás!
Notó como el mago oscuro se lanzaba sobre ella, empujándola hacia un lado mientras la cubría con su cuerpo. Vio un destello azul iluminar el lugar y un horrible sonido de succión mientras notaba como caía al suelo. Se incorporó rápidamente solo para ver a Voldemort sacando su varita con una rapidez impresionante y conjurar un escudo plateado que los envolvió casi de inmediato.
Hermione se quedó en shock mientras veía a dos magos acercarse a ellos con paso rápido, uno de ellos ya con la varita levantada.
— ¡¿Qué?! ¡¿Quiénes son?!— bramó Hermione tratando de ponerse en pie. Voldemort se giró hacia los recién llegados.
— Maldición.
La chica se puso pálida al ver la chaqueta y parte de la camisa del hombre desgarradas a la altura del abdomen, de donde salía un abundante hilo de sangre. Supo de inmediato que el mago estaba soportando un gran dolor, aunque en su rostro no se reflejara.
— ¡Mátalos! — gritó de pronto uno de los rebeldes. — ¿Qué esperas? ¡Es nuestra única oportunidad!
— ¡No puedo romper este maldito escudo!— le respondió el otro lanzando maldiciones contra la barrera que los protegía.
Voldemort sonrió asesinamente— Insensatos…
— ¡Amo…! ¡Está sangrando demasiado!— Hermione se acercó a él, pero el hombre la detuvo con un movimiento de su mano.
— ¡No! ¡Llévensela! ¡Llévensela a ella! ¡Yo acabara con estas alimañas!
Hermione no tenía idea de a quien le hablaba, pero rápidamente su pregunta fue aclarada cuando sintió unas manos sujetarla de los brazos con inusitada fuerza. Giró la cabeza, solo para ver a cinco mortífagos apareciéndose de la nada. Dos de ellos la tenían sometida, de modo que prácticamente no podía moverse. Miró a Voldemort implorante, prefería quedarse ahí con él.
Sus suplicas no fueron escuchadas. Vio como los otros tres mortífagos se aproximaban a su señor, asistiéndolo, pero él los apartó de un empujón mientras asía su propia varita contra sus agresores. Ya de inmediato notó como sus pies de despegaban del suelo, y como era envuelta por un remolino de viento y colores.
XXXXXXXXXXXXXXXXXX
La cabeza le iba a estallar mientras sus manos temblaban violentamente. Los mortífagos la habían dejado en uno de los salones de la mansión. Ella pensaba que ambos hombres de irían, pero para su horror, eso no ocurrió. Tanto uno como el otro se habían quedado custodiando la puerta principal, apenas sin moverse.
Los escuchó hablar en voz baja, pero no tenía el más mínimo interés de saber lo que decían. Sentía que todo le daba vueltas. Todavía le costaba procesar lo que acaba de ocurrir. La idea de Voldemort siendo atacado tan repentinamente, sin haberlo previsto, resultaba hasta descabellada. No estaba convencida si lo había imaginado, pero la maldición iba dirigida a ella. Si el hombre no hubiera estado ahí, sino la hubiera apartado, sino se hubiese atravesado….
Levantó la cabeza al escuchar unas voces acercándose; ya sentía que había pasado al menos una hora ahí sentada.
— El amo está recuperándose, está en el despacho. Han llamado al sanador, ya debe estar ahí.
El corazón dio un vuelco; se puso en pie con rapidez y se acercó a los mortífagos, éstos la miraron despectivamente.
— ¿Dónde está mi amo?
Uno de ellos miró a su compañero — ¿Has oído a esta sangre sucia?
El otro mortífago hizo un sonido irritante — Vuelve a tu lugar, mocosa.
Hermione hizo un ademán de retroceder cuando los hombres se distrajeron una vez más. Tomó impulso y les pasó por al lado, empujando la puerta y saliendo por ésta con la mayor velocidad que pudo reunir. Escuchó sus escalofriantes gritos, llamándola a base de insultos. Corrió a toda velocidad y subió las escaleras de dos en dos, solo tratando de escapar de las manos de esos hombres. No iba a quedarse a solas con un mortífago, nunca más.
Vislumbro la puerta más adelante y corrió con más rapidez. Notaba la adrenalina golpeando su pecho violentamente. Se detuvo y puso la mano sobre el pomo. Giró la cabeza al escuchar como los pasos que la seguían se detenían. Los mortífagos la miraban aterrados, como si estuviera pensando hacer alguna locura. Se quedó de piedra cuando ambos magos salieron huyendo, quizás no queriendo encarar a su amo estando herido; pero a ella eso no le importaba. Solo quería estar con él.
Abrió la puerta cuidadosamente, casi ni haciendo ruido. Pudo ver por resquicio al mago oscuro sentado en la mesa de su escritorio, solo vestido con un pantalón negro. A su lado, un hombre alto y joven lo revisaba. Su pecho dolía debido al miedo que sentía, pero igualmente se decidió; no tenía sentido haber llegado hasta allí para luego claudicar.
Terminó de empujar la puerta, la cual emitió un horrible chirrido. Notó de inmediato como ambos magos giraban la cabeza y la miraban hacia su dirección, solo para vislumbrar a una atemorizada chica asomándose cautelosamente entre el umbral.
— ¡Usted! ¡Señorita! ¡Largo de aquí!
Hermione se sobresaltó al reconocer al individuo. Era el sanador que había estado en la habitación de San Mungo cuando Snape fue gravemente herido. Aquel que la había interrogado sobre su estatus en ese nuevo mundo. Retrocedió nerviosa al ver como el hombre se le acercaba con la clara intención de sacarla de la habitación.
—Ni se te ocurra.
El medimago se detuvo abruptamente, dándose lentamente la vuelta y encarando al mago oscuro. Éste, por su parte, tenía sus penetrantes ojos fijos en la bruja.
—Déjala pasar.
—Mi señor, sabe que no es recomendable… sería riesgoso para su herida.
Voldemort le lanzó una mirada asesina —Riesgoso sería para tu insignificante vida que no obedecieras mi orden. He dicho que la dejes pasar.
El sanador frunció los labios y se giró hacia Hermione, a la cual miró de una manera bastante extraña. Ella le pasó por al lado, tratando de hacer de cuenta que no estaba ahí y se aproximó al mago oscuro. Voldemort estaba sentado sobre la mesa de su escritorio; con el torso desnudo y una sangrante herida sobre su costado derecho. Lo vio moverse y sentarse en la butaca que tenía al lado. Llegó a su altura y se arrodilló en suelo, quedando justo al frente de él.
— ¿Qué necesitas?— le preguntó con suavidad.
Hermione negó con la cabeza casi imperceptiblemente. No podía ni hablar, la presencia del extraño sanador la tenía excesivamente nerviosa. Voldemort golpeteó el posabrazos del sillón de forma exasperante.
— Esto es algo sin importancia— declaró en voz baja mirando su cuerpo.
Hermione levantó la cabeza. Sus labios temblaban sin poder controlarse. El señor oscuro ni parpadeaba. Toda la habitación parecía haber sido insonorizada. No se escuchaba absolutamente nada. Sabía que su amo estaba comenzando a perder la paciencia.
— ¿Qué es lo que quieres?— repitió el hombre sin perder esa suavidad en su tono.
La joven se quedo callada unos segundos. Escuchó como el sanador se movía inquieto atrás suyo, pero decidió ignorarlo. Voldemort había ladeado la cabeza con curiosidad ante el repentino ataque de mudez de su esclava.
— ¿Qué ocurre?
La bruja observó la escalofriante herida durante unos instantes antes de levantar el rostro y fijarse en el inexpresivo semblante de su amo.
—Esto ocurrió por mi culpa, lo lamento, amo— admitió en voz baja. Voldemort se irguió un poco ante las palabras.
— ¿Tu culpa?— preguntó el mago oscuro entrecerrado los ojos. Hermione asintió bajando la mirada — ¿Es tu culpa que yo haya decidido recibir esa maldición en lugar de ti?
La chica se estremeció — Por favor… haga que se vaya— suplicó susurrante. Voldemort alzó una ceja y desvió sus ojos a los tensos de su sanador. Éste respiró aliviado al saber que de nuevo había obtenido la atención de señor oscuro.
— Lárgate.
— Pero, mi señor…
Voldemort se puso en pie de pronto — ¡He dicho que te vayas!
El medimago apretó la mandíbula; pero sabiendo que no tenía caso, dio media vuelta y salió de la habitación con paso lento. Voldemort volvió a tomar asiento y se centró de nuevo en la chica arrodillada al frente suyo.
—Gracias, amo… me ha salvado la vida— murmuró.
— ¿Qué es lo que pasa con el sanador?— inquirió el hombre con fiereza.
— ¡Nada, mi señor! Solo que creo que no es de fiar… pero…
— ¿Por qué piensas eso?
— Pues… la verdad es que…— apretó los labios, pero sabía que lo mejor que podía hacer era decirle la verdad — Lo conocí aquel día, cuando el señor Snape estaba en San Mungo y pues, nosotros fuimos…
—Recuerdo perfectamente.
— Yo quedé a solas con ese sanador… y él me preguntó si yo era sirviente suya, porque no lo parecía. Yo no quise responderle, pero él insistió… quería saber si yo era una esclava.
—Prosigue.
—Eso es todo… luego usted llegó y lo interrumpió.
Voldemort se acarició la barbilla de forma ausente — ¿Qué piensas tu de eso? Al fin y al cabo no deseabas que él estuviera en la habitación. ¿Crees que es un traidor?
La chica lo miró aterrada — ¡No! Yo no… no quise insinuar algo como eso, mi señor.
— Mentirosa.
El mago oscuro se puso en pie de pronto, logrando que la herida sangrara aún más. Sus ojos estaban tan llenos de rabia y furia que no parecía haberse percatado del dolor. Hermione lo imitó, quedando a su lado.
— Amo… déjeme… curarle esa herida.
—No lo hagas— le espetó él alejándose de sus manos.
Tocaron a la puerta con un golpe seco, haciendo que la bruja diera un salto. Los dos mortífagos que la habían estado persiguiendo por los pasillos, aparecieron y daba la impresión de que estaban soportando las ganas de vomitar. Se inclinaron ante Voldemort, el cual los miraba con el mayor de los desprecios.
— Tráiganme al sanador… lo quiero en las mazmorras. Debemos tener una pequeña conversación.
Ambos mortífagos volvieron a inclinarse antes de salir por la puerta. Hermione se quedó quieta, mirando como Voldemort caminaba por toda la habitación como un león enjaulado. La herida en su cuerpo tenía cada vez peor aspecto.
—Amo… por favor, déjenme atenderlo.
— ¡Ya he dicho que no!
—Puede… puede confiar en mi… haré lo mejor posible.
El hombre se detuvo y la miró de forma helada — ¿Qué podrías hacer tú? Es magia negra, superior a tus conocimientos.
Hermione se sujetó las manos —Si usted me guiara.
Voldemort soltó una risa socarrona antes de darse la vuelta e ir a por su camisa. Hermione avanzó y se interpuso.
—Amo… está sangrando mucho. Por favor, debo insistir.
El mago oscuro entrecerró los ojos antes de bajar la cabeza y ver la herida en su torso. La rabia y el descontento lo tenían totalmente bloqueado. Era imprescindible que curara esa lesión lo antes posible. Ya se encargaría del sanador después. La mano de la joven bruja se había posado sobre la suya propia, tratando de convencerlo que desistiera de la idea de vestirse y bajar.
Se enfocó en los ojos de su esclava y toda la furia se evaporó. Ella lo miraba implorante, como si fuera ella la que estuviera lastimada y no él. Soltó la camisa y se relajó ante su suave toque. La chica sonrió levemente y sujetó su mano con delicadeza.
— ¿Qué debo hacer?— le pregunto con pasividad.
Voldemort tardó un momento en responder — Haré un hechizo para eliminar la maldición. Pero me dejará… incapacitado, por así decirlo. Drenaré gran parte de mi energía. Después de eso, hay que aplicar esencia de díctamo. Eso es suficiente.
Hermione asumió de inmediato que Voldemort temía quedar agotado frente a ella, por eso se negaba a que lo ayudara. Lo miró a los ojos y se dio cuenta que éstos la observaban atentamente, como esperando la reacción a su explicación.
—Si usted… hubiese dejado que el sanador se encargara…. Y realmente él fuera un traidor….
Voldemort asintió quedamente — Tendría la oportunidad perfecta para atacarme libremente. Si tú no me hubieses advertido…
Hermione se sonrojó. Bajó la cabeza y fingió interés por la herida — ¿Lo haremos aquí, amo?
—No… sujeta mi brazo.
Obedeció con rapidez. Sintiendo como se desaparecían para luego encontrase en sus habitaciones. Hermione se soltó y fue hasta el armario donde sabía que guardaba las pociones. Él nunca la detuvo, así que asumió que él se lo estaba permitiendo. Se agachó mientras hurgaba entre las decenas de botellitas hasta que finalmente encontró lo que buscaba. Una luz violeta iluminó el lugar, así que se dio la vuelta de un salto. Voldemort estaba sentado en la cama, apuntando su varita contra la lesión.
—Amo… ¿se encuentra bien?— preguntó asustada al verlo sostenerse del cabecero.
La herida había dejado de tener ese aspecto enfermo y verdoso; ahora era solo un pequeño pero profundo corte con vestigios de sangre. Se acercó hasta él prácticamente corriendo y se sentó a su lado. El hombre se puso en pie con dificultad, aunque trataba de mantener control sobre su cuerpo. Hermione lo imitó, quedando frente a él. Destapó la botellita y esparció la esencia de díctamo. No sabía que clase hechizo había usado el mago, pero la herida con ayuda de la poción se cerró velozmente.
—Ya… ya está listo, amo.
Voldemort, que no había mirado a la joven mientras lo curaba, se sentó de nuevo en la cama y se acostó en ésta con pesadez. Parecía estar sumamente cansado y a punto de quedar inconsciente. Cerró la botella y la dejó encima de la mesita de noche.
— ¿Se siente mejor, señor?— preguntó al ver que cerraba los ojos, aunque tenía una expresión de ligera molestia en su rostro, como si algo siguiera doliéndole.
—Mañana me sentiré bien. Esta noche solo… necesito descansar.
Hermione asintió más tranquila. Se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta. No tenía idea de lo que haría, probablemente se resguardaría en la biblioteca. Voldemort jamás había dormido en esa cama, o al menos no con ella. No deseaba importunarlo.
—Buenas noches, amo.
—Quédate conmigo.
Se giró con la boca abierta. El señor oscuro la miraba atentamente apoyado en la almohada. No estaba segura si había oído bien. Estaba totalmente paralizada, ni cuenta se había dado que estaba contiendo la respiración.
—Ven.
Sus pies avanzaron de forma automática. El hombre sonrió complacido mientras se recostaba y cerraba los ojos. La chica se subió a la cama, ya temblando de pura emoción contenida. Se acostó a su lado, bastante alejada y lo miró dudosa. Voldemort extendió su mano y ella la sujetó delicadamente, no sabiendo bien que era lo que él quería. Se quedaron en esa posición durante varios minutos hasta que pronto el señor oscuro cayó dormido. Hermione, por su parte, notaba el cansancio drenar hasta la última gota de su energía. Se arrimó, ya confiada, más a él y cerró los ojos, dejándose llevar por la seguridad de su toque.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
La bruja veía asombrada a decenas y decenas de mortífago luchar entre sí, en una supuesta prueba de práctica. Hechizos iban y venían sin detenerse. Podía escuchar los gritos desgarradores de aquellos que eran alcanzados por alguna maldición.
Encogió las piernas y se quedó viendo el hermoso atardecer. No tenía idea de donde estaban, pero se sentía maravillada. El cálido viento la golpeaba en la cara y estaba segura que no había algo más increíble que eso. Casi agradecía que Voldemort la hubiese llevado a ese lugar, aunque eso conllevara visitar mortífagos.
Había sido bastante asombrosa la facilidad con la que el mago oscuro se había levantado en la mañana. La había convencido de acompañarlo a Laholm, la ciudad sueca donde Caroline resguardaba su cuartel. Solo había estado media hora allí con Snape la vez pasada. Pero ahora habían pasado muchas horas desde que había llegado con Voldemort, así que decidió subir al techo a tomar aire fresco, siendo autorizada de antemano, claro está.
El cielo estaba de un rojo sangre como pocas veces había tenido el placer de disfrutar. Se abrazó las rodillas y sonrió levemente. Una bandada de pájaros pasó cerca, y la bruja los observó extasiada.
— ¿Qué estás haciendo?
Giró la cabeza y se dio un susto de muerte al ver a Voldemort de pie, muy cerca de ella. Algo debió haber salido bien porque se veía bastante satisfecho.
—Solo veo el paisaje, amo. Mientras termina su reunión.
—Ya ha finalizado— afirmó el hombre acercándose a ella. Giró la cabeza y detalló a los mortífagos, su expresión no cambió en lo absoluto —Vamos, levántate.
Hermione apoyó las manos y se puso en pie. Sin embargo, antes que pudiera erguirse el hombre la había sujetado por la cintura, acercándolo más a él. Temerosa de perder el equilibrio, se aferró a su cuerpo, logrando una pérfida sonrisa por parte del mago.
— Ya he esperado demasiado ¿no crees?— le preguntó con un suave siseo —Creo que deberíamos ir a mi habitación, ahora…
No pudo responder, dado que el hombre la había besado con una fuerza y pasión inusitada. Correspondió de la misma forma, tranquila de que él la estuviera sujetando. Notó sus atrevidas manos introducirse debajo de su camisa, tocando y acariciando su espalda y su cintura. No pudo evitar soltar un gemido que él atrapó gustoso con sus labios. Ninguno de los dos se percató que una mirada curiosa los vislumbraba desde la densidad del bosque que se encontraba más adelante. Y aunque no pensaba decirle nada al respecto a Snape, Caroline entrecerró los ojos en la oscuridad.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
Pues sacando cuentas, quedan como unos cuatro capítulos. Gracias por todos sus rr del capítulo anterior, me atrevería a decir que sobrepasaron los cuarenta :O es genial! He amanecido dos días solo para dejar este capítulo listo y no hacer esperar. Ha sido bastante motivador, muchas gracias de nuevo! Espero con ansias que se repita, ya que un rr no cuesta nada y ayuda mucho! :) vamos hacia el final y me sorprende lo acertado de muchas de sus suposiciones. Por lo demás, nos leemos luego!
Facebook: Princess Panchali
