Friend Zone.

XX: La verdad os hará libres. (II)

Palabras: 5.089.


Uzumaki Naruto, sin importar lo que el resto de la población humana pensara, era inteligente. Al menos él consideraba que poseía tal cualidad. Y es que la inteligencia no se medía solamente por el examen complicadísimo de física –el cual perdió con nota deprimente-… ¡No, la inteligencia era más que eso! Ser inteligente era saber leer las situaciones, leer a las personas y, sobretodo, tomar las decisiones correctas.

Una persona inteligente sabía, casi siempre, qué pasaba a su alrededor. Ese casi se hacía latente en la vida de Naruto ese día, porque no tenía ni puta idea de nada (hasta los más grandes genios tenían sus quince minutos de idiota, ¿no?).

¡Qué pasaba con todo el mundo, joder!

El colchón chirrió resentido cuando el joven rubio se desparramó sobre él.

Primero estaba Sakura: ¿Qué fue ese feo gesto que hizo cuando le entregó su lindo peluche panda? ¿Qué había pasado? Claro que ella luego había sonreído, pero era una sonrisa falsa… ¡Y Hinata que se había esforzado tanto para conseguirlo!

Hinata… Hinata era otro misterio. ¡Ahora resulta que está enamorada´ttebayó!

Sí, él la había notado extraña, alicaída y pensativa, pero no se esperó que ella le confesara tan fácil y abiertamente que sufría por un hombre…

¡Hinata –su dulce, dulce Hinata- estaba sufriendo por un hombre! ¡Un maldito hombre le estaba haciendo daño! ¡Ella estaba siendo herida y él –el desgraciado en el que había Hinata centrado su atención- iba por ahí tan tranquilo y campante!

Sus dientes chirrearon. Bastardo.

Además pasó todo el día (después de que Hinata hubo despertado) tratando de averiguar quién era aquél sujeto que había logrado cautivarla, pero todos sus esfuerzos, sus chantajes, sus ruegos, sus confrontaciones directas (se paró en la puerta del baño y extendió los brazos para no dejarla salir, pero ella era pequeña y rápida… Pasó por debajo de sus piernas. Astuta), no habían servido de nada.

Parecía que ese era el más grande secreto de Hinata. Eso le molestaba… porque se suponía que él, Naruto Uzumaki, sabía todo de ella, Hinata Hyüga. Así eran las cosas… ¡Por qué se empeñaba ella en mantener vainas ocultas de él!

Un extraño acido le quemó el estómago.

¿Kiba sabría la identidad del tipejo?

Esperaba que no, porque de lo contrario sería un golpe mortal para él. Era algo más fácil si los dos estaban en la ignorancia, de lo contrario sería claro que la muchacha de ojos claros tenía más confianza en el chico perro.

Los ojos azules se cerraron con frustración.

¿Por qué ese sujeto la ponía tan triste? ¿En verdad ella le quería tanto? ¿Qué había hecho él para conquistar su corazón tan voraz y rápidamente?

¿Dónde se conocieron?

¿Desde cuándo?

¿Cómo era?

¿Por qué era tan bastardo como para no fijarse en ella?

¡Por Dios, era Hinata! Posiblemente la chica más tierna del universo… Con esos cachetitos frecuentemente rosados imposibles de ignorar, con esos ojos grandes y expresivos que lucían de un gris fuerte en la mañana y que cuando ella sonreía destellaban intrigantes tonos lilas… Hinata tenía también una bella sonrisa, y ella tenía muchas clases de sonrisa; cuando sonreía por cortesía no era tan bello, pero cuando estaba feliz, cuando soñaba despierta, era hermosa… Cuando se la dedicaba a él era particularmente encantadora, sonreía con los labios, con los ojos y con todo su cuerpo, y una calma intensa lo invadía cada vez que ella le regalaba una sonrisa con cariño. Era como un corrientazo… Saber que ella sonreía solo por verlo, porque estaba a su lado, por eso y nada más.

Y a Naruto le gustaba pensar que Hinata tenía una sonrisa solo para él. Una diferente de las que daba a Kiba o a cualquier otro…

¿De qué manera sonreiría Hinata al hombre misterioso? ¿Cómo sería esa sonrisa? ¿Más bella, más luminosa…?

Diablos, era difícil pensarlo siquiera.

En ese momento una pregunta lo asaltó rápidamente, clavándosele como una flecha en la mente, pero rápidamente la ignoró. ¿Por qué estoy pensando de esta manera? Es Hinata, pero…

Era su amiga, su más preciada amiga en todo el mundo. Posiblemente a la que más quería… ¿Pero todos los amigos se sentirían tan ofuscados cuando su mejor amiga les confesaba que estaban enamoradas?

¿Kiba sentiría lo mismo que él cuando Hinata se lo contara, suponiendo que lo hiciera?

Suspiró con frustración hundiendo el rostro en la almohada. —Hinata…

Esa fue la última palabra que Naruto pronunció antes de dormir, pero no su último pensamiento.

Averiguaré quién es´ttebayó…


Cuando Uzumaki Naruto se proponía algo, Uzumaki Naruto lo lograba.

Esa mañana berreó más de una hora tras Hinata para que se dignara a confesar el nombre del individuo, pero todo fue en vano ya que, para su desgracia, Hinata estaba tan decidida a guardar el secreto como él lo estaba en conseguirlo… Por eso tuvo que emplear el plan B: Una lista mental de posibles candidatos culpables del enamoramiento de la muchacha de ojos claros.

Pero para poder concentrarse plenamente necesitaba estar solo en algún lugar pacifico. Cuando por fin se acomodó, bajo el árbol número diez tras la cancha de futbol, con las piernas cruzadas, las manos en las rodillas y los ojos cerrados… le dio hambre, y uno no puede pensar con el estómago vacío, así que se levantó de un salto camino a la cafetería.

Fue en el camino que algo llamó su atención. Era Sasuke, Sasuke sonriendo… Eso ya era tétrico, pero lo que hizo que su quijada casi tocara el suelo fue ver quién caminaba junto a él: Una chica.

No era raro que las chicas se acercaran al chico más popular de la escuela (después de él, claro), lo raro, lo increíblemente raro era que Sasuke parecía disfrutar su presencia.

—No sabía que Uchiha tenía novia.

La voz grave de Gaara ni siquiera lo inmutó. Los ojos azules estaban clavados en la escena de un Sasuke que escuchaba fielmente y con sumo interés lo que fuera que la chica de cabellos oscuros estuviera diciendo.

—Parece que habrán muchos corazones rotos de ahora en adelante.

—¿C-corazones rotos? —parpadeó dos veces.

"Él… bueno… tiene novia" ¡Eso había dicho ella! Lo dijo mientras él enredaba los dedos en su cabello, lo había dicho con los ojos cerrados y voz triste…

—¡Corazones rotos, Gaara! —los ojos aguamarina se abrieron sorprendidos ante el muchacho rubio que lo sacudía de las solapas con la mirada de quien acaba de descubrir el misterio del mundo y, al tiempo, el rostro de quien acaba de enterarse de las más terrible noticia—¡El teme tiene novia, corazones rotos, es Sasuke!

—¿Qué? —Gaara alzó una ceja claramente confundido.

Naruto lo soltó bruscamente soltando un bufido, pasándose una mano por los cabellos rubios. Parecía frustrado. Lo estaba. —El bastardo… El tipejo es Sasuke… Claro… Por eso… ¡Sí, ella lo estaba mirando, estoy seguro! En clase… ¡Asdf! ¡Es Sasuke!

Él balbuceaba cosas sin sentido mientras se movía de un lado a otro, con infinidad de gestos invadiéndole el rostro, sin importarle la perplejidad de su amigo pelirrojo.

—¿Qué es Uchiha?

Naruto giró a verlo con rapidez, en sus ojos brillando el más oscuro azul que Gaara había visto jamás: —El maldito que rompió el corazón de Hinata —escupió.


Sasuke empezó a sospechar que algo andaba mal cuando vio por el rabillo del ojo a Naruto intentando esconderse (y fallando estrepitosamente) tras los arboles mientras obviamente lo seguía. Gaara lo acompañaba pero, a diferencia del rubio, no hacía el más mínimo esfuerzo por ocultarse… Sólo caminaba tranquilo a la par de Naruto, con las manos en los bolsillos y el rostro impasible.

¿Qué querrían de él?

Y, no era que esto le alterara ni nada parecido, Naruto parecía estar mirándolo de forma homicida.

¿Había hecho algo o qué? Joder, que Naruto era un dolor en el culo.

Después de despachar a su linda acompañante hacia el salón de clases con un beso en la mejilla, Sasuke se dio la vuelta para confrontarlo, pero no esperaba que una mancha rubia se le abalanzara en medio segundo como un toro enfurecido, agarrándolo de las solapas. —¡Teme!

—¿Qué diablos…?

—Naruto, suéltalo ya.

El Uchiha trastabilló un poco ante un fuerte empujón y casi se asusta –casi- al ver la furia en los ojos de su mejor amigo. —¿Qué es lo que te pasa, dobe? —farfulló molesto.

—Me pasa que eres un maldito, Sasuke —su mandíbula estaba tensa y le sostenía la mirada. Agradeció que Gaara pusiera una mano en su hombro e interviniese en el asunto.

—Naruto, él no tiene ni idea.

Sí, Sasuke no tenía ni puta idea de lo que estaba pasando… ¿Alguien podría explicarle, por favor? Y él que se había levantado de tan buen genio esa mañana… ¡Hasta había desayunado tomates! ¡y había contestado el saludo de Ino también! Eso ya era mucho pedir de su parte.

¿Por qué estaba Naruto tan obviamente cabreado si él no había hecho más que ser bueno y amable desde que despertó?

No lo había visto así jamás en sus… ¿cuántos años hace que conocía al retardado ese? Bueno, pues él tenía diecisiete años… Naruto los cumpliría en dos meses… Ah, sí, entonces lo conocía desde hace dieciséis años, diez meses y tres días.

El caso es que ni siquiera cuando se comió su miso ramen especial por equivocación –que quede claro, esa mierda sabía horrible- hace cinco años el rubio se había puesto tan histérico.

—¡No me importa que no lo sepa! —Naruto apretó los dientes—Joder, y hasta se pasea tan tranquilo con ella… ¿Quieres restregárselo en la cara o qué?

—¿Restregarle qué a quién? —. Era oficial: Uzumaki Naruto había enloquecido… ¿Cómo se lo diría a su madre? Más problemas.

—¡Oh, y ahora te haces el inocente´ttebayó! Gaara, déjame golpearlo.

—Gaara, si lo sueltas no me hago responsable.

El pelirrojo asintió apacible, afianzando su agarre en los codos juntos de Naruto, en una especie de llave extraña.

Naruto chillaba con rabia, removiéndose como una fiera enjaulada mientras balbuceaba un montón de incoherencias, así que aprovechó para hablar con la única persona medianamente cuerda en ese lugar, aparte de él.

—Cabrón… ¿cómo puede ser él´ttebayó? Es tan imbécil… ¡Y la novia, ella la mencionó!

—¿Qué le pasa? —Sasuke preguntó a Gaara, señalando al muchacho rubio que parecía endemoniado, y él hubiera esperado cualquier tipo de respuesta, seguro, él estaba acostumbrado a cosas extrañas (más viniendo de Naruto), pero lo que brotó de los labios del pelirrojo fue algo que lo sacó de su lugar.

—Él dice que rompiste el corazón de Hinata.

Los ojos negros se abrieron sorprendidos. —¿Que rompí el corazón de… quién?

—De Hinata. Ojos claros, pelo oscuro, largo, estatura media, constantemente se le ve con Naruto y Ki-

—Sé quién es Hinata —le interrumpió cortante—. ¿Pero cómo es eso de que rompí su corazón?

—Oh, no te hagas, Sasuke, tú sabes bien lo que eso quiere decir —dijo Naruto, irguiéndose en su lugar para mirarlo—. Ella está sufriendo mucho por ti, imbécil.

¿Que Hinata Hyüga, la chica con la que había intercambiado menos de diez palabras en los años que se conocían, estaba sufriendo por él? Ah, él le había sonreído varias veces... ¿Se habría enamorado por eso? Bueno, nadie la culparía de todas formas…

¿Pero qué había hecho él para hacerla sufrir, como decía Naruto? ¡Ella ni siquiera le había enviado una solicitud de amistad al Facebook como para que pudiera rechazarla de algún modo! ¿Será que sufría por ser demasiado tímida como para acercarse y confesar su amor?

Sí, podía ser eso… ¡Pero él qué culpa tenía!

Sasuke cerró los ojos posando dos dedos en el entrecejo, luego suspiró. —Mira, Naruto, lo que sea que esté pasando con tu amiga-

—¡Y aparte de paseas con tu mugrienta noviecita como perro por su casa! ¡Insensible!

¿Insensible? ¿Mugrienta noviecita? En serio tenía que pensar seriamente en tomar un cursito para tratar con enfermos mentales…

¿De qué novia hablaba? Parece que tenía que recordarle que él le había dejado el camino libre para que se quedara con la chica que potencialmente podría ser su novia.

—Naruto —lo miró fríamente, esperando transmitir el mensaje—, no tengo novia.

Los ojos azules se ablandaron un poco, ahora un deje de vergüenza se vislumbraba a través de ellos. —¿No tienes?

No, te la regalé. —No.

—Pe-pero entonces… la chica… de antes, ella…

Ah, ya caía.

—Se llama Natsuki —dijo—, Natsuki Uchiha.

—¿Te casaste y no me dijiste, teme? Jeje…

—Es mi prima.

Naruto se rascó la cabeza socarronamente, Gaara supo que ya no había peligro y soltó su agarre. —Eh, gomen, gomen, mi error´ttebayó.

Ah, sí, Sasuke le había dicho algo de una prima que se transferiría por quien-sabe-que-cosa a su escuela, claro.

El teme estaba descartado entonces. Qué alivio…

—Pero entonces… —murmuró pensativo, con un dedo en su barbilla—, si no es el teme… ¿entonces quién? Hinata-chan dijo que el tipo…

—¡Gaara-kun!

—Ahí viene tu novia, Gaara —avisó Sasuke.

—…tiene novia.

Los ojos verdes de Gaara bailaron sobre sus ojeras oscuras cuando la mirada del rubio se posó sospechosamente sobre él. —Ah, no puede ser…


Gaara también estaba descartado. Después de un laborioso discurso bien elaborado por parte de pelirrojo (Gaara debería ser político, en serio) donde le presentaba las pruebas de la imposibilidad de un enamoramiento de Hinata hacía él le hicieron desecharlo como candidato. Y esto era bueno porque no quería romperle la cara a Gaara.

Lo malo es que seguía sin tener una puta idea de nada.

La única pista que tenía era que el individuo tenía novia. Gaara era el único con novia (porque Temari y Shikamaru no concretaban nada aún)… ¡Todos los demás eran unos inmundos solterones!

Exhausto de tanto pensar –era agotador-, Naruto abrió la puerta del salón, esperando poder sentarse y recostar la cabeza en la madera confortable de su pupitre antes de que sonara el horrendo timbre que marcaba el final del recreo, pero en lugar de eso lo recibieron unos cuantos pares de ojos que lo miraban fijamente –muy, muy fijamente- con rencor y, antes de que pudiera preguntar qué bicho les picaba, una rubia frenética lo ahorcaba como Homero a Bart Simpson.

—¡Naruto!

—¡Ino suéltalo, se está poniendo morado!

—¡No, apreta más fuerte, se lo merece, demonios!

—Naruto-kun…

Su visión ya era borrosa pero los sonidos llegaron tan claramente que pudo distinguir a la perfección las voces de Ino, Sakura, Kiba y Hinata. Luego la carcajada de Kankuro llenó el ambiente junto con la madura voz de Temari. —Bueno, la culpa también ha sido de ustedes por seguirle la corriente, eso nadie lo puede negar.

—Qué problema… —ese era Shikamaru, seguro—Oye, Ino, déjalo, en serio ya me está asustando ese color azul…

—¡Sí, puerca, ya no se le distinguen los ojos del resto de la cara!

—¡Ino-chan, por favor suéltalo!

¿Hinata? ¡Sálvame, Hinata-chan!

—No intervengas, Hinata, ella necesita desahogarse.

Maldito perro…

—¡Naruto-kun, resiste! ¡Kiba-kun, haz algo!

—Ya, ya… Vamos, Ino, sé buena chica y suéltalo… Sí, sí, ¡maldición, no me patees! Eh, ya, calmada…

Cuando Naruto pudo volver a pensar, después de toser hasta que casi se le salen las amígdalas (esa Ino sí que era un monstruo), una cosa se le vino a la mente: Hoy no es mi día´ttebayó. Porque de nuevo… no tenía ni puta idea de nada.

—¿Qué…? —tosió de nuevo, recargándose contra la pared—¿Qué diablos te pasa, Ino? ¡Casi me matas´ttebayó!

Afortunadamente Kiba la sostenía, de lo contrario Naruto estaba seguro de que ella se abalanzaría sobre él de nuevo, y esta vez no dejaría el homicidio a medias, se lo decía su mirada. —Sucede, Naruto, que por tu grandísima culpa tenemos un gran y hermoso cero en seis materias.

¿Qué diablos? ¿Era una maldita broma o qué?

—¡¿Qué?!

Sakura suspiró a su lado, posando la mano en su hombro. —Naruto… —habló lentamente—, ayer en la tarde tuvimos clases.

—¿De dónde sacaste la idea que no habría, idiota? Maldición —bramó Kiba—. Ino, sujétame tú ahora, lo voy a matar.

—Adelante, yo te ayudo.

—¡No! —Hinata se interpuso entre sus asesinos y él extendiendo los brazos—Kiba-kun, Ino-chan, todos tomamos la decisión de pasar la tarde en mi casa y saltarnos las clases… N-no podemos culparlo completamente…

¡Oh, Hinata, ángel de Dios!

—Es lo que yo digo —aportó Temari asintiendo sabiamente—. Fue algo irresponsable.

—¡Ah, me alegro de que no nos hayamos envuelto en esto! —rió Kankuro.

—Sí, tu promedio no resistiría un cero, eso todos lo sabemos, Kankuro… —el chico con el peinado de piña comentó con calma, soltando un bostezo y rascando luego su cabeza. Todos rieron, el aludido incluido.

—Es verdad, Nara… —respondió sonriente—Ah, quién iba a pensar que la diarrea crónica de Gaara nos iba a salvar, ¿verdad, Temari?

Naruto estalló en carcajadas, Hinata rió con modestia y los otros casi se revuelcan en el suelo. —A mí no me metas, Kankuro. No quiero ni saber lo que Gaara te hará cuando se entere que andas regando el cuento por todo el colegio.

—Ah, él entenderá que lo hago con cariño.

—Pero lo terrible es que el de la diarrea loca eras tú…


Kurenai puso las manos en jarra y frunció el ceño ante sus cinco alumnos cabizbajos. —Así que… —empezó—pensaron que no tendríamos clase en la jornada de la tarde porque supuestamente se celebraría el día del amor & amistad atrasado y decidieron pasar la tarde en la casa de Hinata para adelantar un extensísimo trabajo de física que no habían siquiera empezado… y de paso ayudar a Naruto para que estudiara ya que le va como perro en misa en lo que a números se refiere… ¿Es así o me equivoco?

Todos asintieron humildemente.

Ella sabía que era una reverenda mentira… principalmente porque Kiba, Ino y Naruto estaban involucrados en el asunto. Pobre Hinata, seguramente la habían arrastrado irremediablemente…

Suspiró. Ella era una profesora bondadosa.

—Bien, si quieren que borre su lindo cerito en la clase de Arte entonces esto es lo que harán…


El domingo Naruto llegó a la casa Hyüga intencionalmente mucho más temprano de la hora acordada. Ese lugar era el escogido para casi el cien por ciento de los trabajos y sesiones de estudio que realizaban en grupo por su amplitud y calma, así que ese día la hora fijada para reunirse era a las tres de la tarde, pero eran apenas las dos cuando llegó a la puerta y se topó con dos jóvenes adolescentes charlando amenamente en el umbral.

La joven con los ojos idénticos a los de Hinata lo miró brevemente, para luego centrar su atención en el muchacho que la acompañaba. —Mi hermana está arriba, en su cuarto.

—¡Hola, jefe! ¿Listo para el partido del martes?

—Ah, Konohamaru, les vamos a partir el trasero´ttebayó —sonrió abiertamente con orgullo—. ¡Ahora voy con Hinata, te veo luego!

—¡Chaos!

Después de despedirse siguió su camino. Esa casa era tan conocida para él como la propia, así que no necesitaba un guía turístico o algo así para ubicarse. Esperaba encontrar a Hiashi Hyüga en algún lugar de la sala o en los pasillos de la primera planta, pero no fue así. Tampoco se encontró con la madre de Hinata, pero supuso que estaría trabajando ya a esa hora. Se tropezó con Kyübi –el enorme y peludo gato de la familia- y le piso la cola, luego subió corriendo las escaleras porque el maldito gato era demasiado agresivo. Giró luego a la izquierda y la puerta de la habitación de la mayor de las hermanas Hyüga yacía abierta.

Reprimiendo sus impulsos bulliciosos (sí, su primer instinto era gritar ¡Ey, llegué´ttebayó!), se acercó caminando de puntitas y la visión de una fresca Hinata le golpeó de repente. Ella estaba sentada cómodamente sobre la cama, una de sus piernas estiradas y otra flexionada, mientras lucía inmersa en la lectura de un pequeño libro que llevaba en su pasta el título Crónicas de una muerte anunciada… Él sabía que era su libro favorito y se lo habría leído unas veinte veces. Naruto se recostó en el marco y se maravilló por el hecho de que ella no percibiera su presencia (¿qué tan interesante podría resultar un libro en su veinteava lectura? ¿Santiago Násar revivía si leías el libro veinte veces? ¿Gabriel García Márquez podía hacer eso?) y sonrió al verla llevar una barra de chocolate mecánicamente a su boca.

Muerde como un ratoncito.

Ella vestía una franela ancha y fresca de un cremoso azul claro en juego con unos pantalones oscuros con múltiples bolsillos. Una bonita gorra negra colgaba de su rodilla elevada. Tenía un estilo peculiar…

Se veía linda, siempre lo había hecho, pero él comúnmente no se encontraba con ese rostro serio y tranquilo. Amaba verla leer.

Naruto recordó el motivo por el que había llegado adelantado y sonrió traviesamente al cerrar la puerta tras de sí y ver su sobresalto.

—¡N-Naruto-kun!

Los converse naranjas volaron a un rincón y saltó bruscamente a su lado en la cama, haciendo que el colchón se removiera y ella tuviese que aferrarse a la sábana. —Hola, Hinata-chan —gateó hacía ella, viéndola encogerse levemente.

—V-viniste temprano… —el rubor suave en las mejillas pálidas y el pequeño tartamudeó le hicieron recordar que Hinata aún seguía siendo la chica irremediablemente tímida que temía el contacto sorpresivo y amaba el concepto de espacio personal.

Lo siento, Hinata-chan, pero es necesario, pensó divertido.

—Sí, llegué antes a propósito —un poco más cerca. Ella se removió incomoda tratando de crear distancia, así que él se inclinó fingiendo mirar su libro—Ey, ¿qué lees, Hinata-chan? —y cuando ella hubo bajado la guardia, cuando se relajó para contestar y entrar en una charla amena, Naruto aprovechó. Él era bastante inteligente, ¿lo ven?

En medio segundo la tenía totalmente encerrada entre el colchón y su cuerpo. Hinata ahogó un grito y él soltó una risotada, mientras presionaba ambas manos femeninas contra la cama, a la altura de su cabeza. —Crónicas de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez… —respondió a su propia pregunta lentamente, disfrutando de la mirada expresiva y las mejillas rojas que ella le ofrecía—Eres muy ingenua, Hinata-chan. Ahora eres mi prisionera.

—Suéltame —habló claramente inclinándose hacia adelante en un vano intento por liberarse, pero su fuerza no era nada contra la de él. La posición tampoco la beneficiaba—Naruto-kun, ya…

—No hasta que me digas lo que quiero saber.

—¿Q-qué es lo que quieres saber? —preguntó con un tierno puchero.

—Tú sabes —las rodillas de Naruto se movieron hacia adelante y sus rostros estuvieron mucho más cerca, ya que él se inclinó para susurrar—: Quiero nombres, Hinata, y los quiero ahora.

—No tengo idea de lo que estás hablando…

—Sólo es un nombre, por favor. Después de decirlo serás completamente libre —sonrió.

Ella quedó silenciosa por un momento, parecía considerar sus opciones, y Naruto tuvo la oportunidad de observar la forma en que el largo cabello negro se esparcía en las sabanas claras desordenadamente. Un lindo contraste, seguro. También pensó que si Hiashi Hyüga lo viera arriba de su hija mayor, aprisionándola contra la cama, entonces estaría irremediablemente muerto.

—¿Por qué quieres saberlo? —preguntó ella nuevamente y Naruto tuvo ganas de gritar. ¿Qué por qué quería saberlo? ¡Era obvio, porque le importaba! ¿Por qué más podría ser? ¡Él no quería que ella fuera por ahí sufriendo por un idiota, no, porque se merecía todo menos eso! ¡Quería saber para poder partirle el culo al imbécil que osara tratarla mal!

—Porque sí y ya —respondió algo brusco.

A él simplemente lo desesperaba el estar desinformado. Lo enloquecía pensar que su mejor amiga no le tenía la confianza necesaria para confesarle el nombre del chico a quien quería…

De cierta manera le molestaba pensar que ella quería a un hombre más de lo que lo quería a él… o a Kiba…

¡Hinata era su ternurita, joder, y que el mundo entero se fuera al diablo si él permitía que se la robaran y, aparte de todo, la hicieran poner triste!

—No te diré…

Naruto suspiró pesadamente, su suspiro parecía contener todas las penas del mundo. —Entonces… creo que… —aflojó el agarre en las manos de Hinata, desviando el rostro y haciendo ademán de marcharse afligido—… creo que… ¡No me dejas alternativa, Hinata-chan!

Atacó salvajemente la fina cintura con cosquillas. —¡No, basta, Naruto-kun!

—Dime, dime, dime… —las manos pequeñas intentaban tumbarlo. Sus intentos le hacían reír. Ella echó la cabeza fuertemente hacía atrás cuando él llegó a un punto sensible de sus costados y un quejido brotó de sus labios presionados—. ¿Cómo se llama? —preguntó insistente, saltando un poco cuando los brazos de ellas le rodearon a medias la cintura y presionaron en cosquillas suaves—Ey, quieta… —rió.

Los labios femeninos se tensaron en una pequeña sonrisa. —Tú quédate quieto…

Tuvo ganas de apretarle las mejillas rosadas y luego estrecharla contra su pecho, pero no podía rendirse. —Hinata-chan… —detuvo el ataque y la dejó descansar un poco para que recuperara su respiración. Su pecho bajaba y subía con agitación. Pobre Hinata, si no fuera tan testaruda él no tendría que llegar a tales extremos—, te daré una última oportunidad… —los ojos perlados se cerraron y Hinata inclinó su cabeza hacia atrás, luciendo exhausta. Luciendo hermosa también—Dime el nombre del tipo a quien quieres.

Ella sonrió. —Quiero a muchos tipos… —susurró—A Neji-niisan, a Kiba-kun, a mi padre…

—Al tipo que te gusta, Hinata —repasó su cintura con los dedos suavemente, con la fuerza del aleteo de una mariposa, y la sintió estremecerse ante las cosquillas.

Un gemido brotó de sus labios: —Ya… Para.

—Dime a quién quieres, Hinata-chan~ —canturreó divertido, dándose cuenta que estaba disfrutando más de lo esperado este interrogatorio. Nunca la había sentido tan indefensa, sabía que ella terminaría confesando la verdad.

—Ay, ay… —Hinata se quejó gravemente, cerrando los ojos como si tuviera dolor—Me estás lastimando, Naruto-kun, me duele…

—¿Qué? —apartó sus manos alarmado, ¿había sido demasiado brusco? —¿Dónde, Hinata?

La muchacha con dos lunas encerradas en los ojos sonrió traviesamente al vislumbrar la victoria. Los diamantes de Naruto brillaban con preocupación, había soltado su agarre y ahora era casi completamente libre.

En un instante él yacía bajo ella, mirándola sorprendido. Vamos, Hinata tenía experiencia con las artes marciales, era flexible y rápida… Joder, era astuta. Él casi lo olvidaba que tras esa mascara de pura inocencia y ternura, ella escondía una parte más… sagaz que había aprendido de él.

Naruto soltó una carcajada, negándose a prestar resistencia. Las manos de ellas sostenían las suyas a cada lado de su cuerpo y, aunque sonreía con orgullo, el rubor no abandonada sus mejillas. —Eres muy ingenio, Naruto-kun… Ahora eres mi prisionero —copió sus propias palabras… ¡Por eso él la quería tanto!

¡Hinata era tan divertida!

Allí, con ella sentada en su abdomen, encerrándolo, aprisionando sus manos, ella se veía tan feliz que daban ganas de tomarle una foto y guardarla eternamente como un tesoro. La dulce, dulce, Hinata era una picara.

—¿Ah, sí? —alzó una ceja con diversión—¿y qué vas a hacerme ahora? ¿Me vas a castigar?

—Bueno… —ella hizo un gesto pensativo—, mereces un castigo, ¿verdad?

—Puedes intentar lo que quieras, pero no me hará daño´ttebayó.

—Oh, Naruto-kun… —ella actuó malvadamente—conozco tu punto débil…

¡No, todo menos eso!

—Hinata, no pensarás… No…

—¡Venganza! —las largo dedos se colaron hasta sus axilas cosquilleándole fuertemente y Naruto por poco pierde la cordura. Se revolcó con fuerza, con furia, casi la hace caer de encima, pero ella se sostuvo fuerte sin parar el ataque.

¡Era una tortura!

—No, Hinata, por Dios… Basta, basta… —chillaba entre risas y quejidos. Ellos dos tenían una debilidad compartida: las cosquillas, pero este era el punto sensible del muchacho… Él de Hinata era el costado que él había martirizado anteriormente con sadismo.

La risa fina llenó sus oídos y su vista se llenó de unos brillantes ojos claros. Ella disfrutaba de hacerlo sufrir, pero ya era suficiente. Tomó su cintura entre sus manos y dio la vuelta al asunto –después de todo él tenía el elemento fuerza a su favor- , nuevamente la estrelló contra el colchón.

Hinata reía fuertemente y él ya no podía distinguir claramente las risas que salían de su boca de las propias. De repente todo se volvió un borrón de sensaciones; las risas, la Hinata bajo su cuerpo que se removía inquieta, que resistía, que lo tumbaba nuevamente, la que estaba ahora sobre él, que lo atormentaba deliciosamente, su delgado cuerpo entre sus manos siendo castigado por sus cosquillas, el cabello negro deslizándose por sus hombros, los labios rosados… Todo giraba, él estaba arriba, luego estaba abajo… y empezó una guerra en la que ambos ganaban y, al tiempo, ninguno lo hacía.

—Hinata… —dijo exhausto, el principal objetivo retiñéndose en su mente mientras forcejeaban por el control. Él iba ganando, pero ella se movió extrañamente y lo tumbó de nuevo—¿A quién quieres?

Le dedicó una sonrisa: —A ti.

—¡No! —Con un movimiento brusco y preciso Hinata se vio atrapada de nuevo. Naruto hundió los codos fuertemente a ambos lados de su cuerpo, los rostros frente a frente. —Quiero saber de quién estás enamorada… —susurró cansado.

—¿D-de quién… estoy enamorada? —su mirada nerviosa le hizo tener la certeza que ganaría. Él al fin sabría la verdad, así que dio un último empujón, acortando más la distancia entre sus caras y sus cuerpos, sin llegar a dañarla. Sus codos recibían todo el peso del cuerpo masculino.

—Sí… —los ojos azules brillaron intensamente, pero Naruto empezaba a comprender que él estaba perdiéndose un poco en este juego. Ya no se sentía tan seguro con la respiración entrecortada de ella golpeándole los labios y el vaivén de su pecho rozando con el suyo. El extraño olor a vainilla comenzaba a marearlo, así que tenía que terminar pronto—, dime el nombre… de la persona que te ha enamorado…

Las mejillas blancas se colorearon más intensamente y Naruto sintió las manos de Hinata afianzarse temerosas a la tela de su camiseta naranja. Ella tembló entera cuando él se inclinó un poco más. —Dilo…

—N-Na…ruto… —el aliento cálido le azotó los labios y, sin pensarlo siquiera, atrapó su boca entre ellos.

Sin razonarlo empezó a besarla. Y ella, inexperta como era, lo recibió torpemente… Con gusto, con anhelo. Los delgados brazos atravesaron su espalda y las manos suaves se cerraron en puños con fuerza, afianzándose más.

Naruto sonrió contra sus labios al sentirlo.

Al fin la verdad había sido dicha.


¡El capítulo más largo! Aw... Sé que me aman, aunque debo decirles que no es ni por asomo lo que pensaba hacer en un comienzo, pero las cosas se dieron 3.3 ¿Qué les parece?

Tengo un mundo de explicaciones por mi demora, pero no quiero agobiarlos con lo terrible que ha sido este mes.

Aclaraciones:

Crónicas de una muerte anunciada es una de las obras del premio nobel Gabriel García Marquéz (mi preferida) y se centra en la muerte de Santiago Násar, un joven árabe de un pequeño pueblo Colombiano. Sí, Santiago muere xD´D

Es para los que no lo hayan leído, para los que sí: ¿No es genial ? :3

Espero con ansias locas sus comentarios.