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CAPÍTULO 20: DECISIONES

Sebastian despertó y no pudo evitar sonreír por el recuerdo de la noche anterior. Había sido tan perfecta, se había sentido tan especial por ser el elegido para la primera vez de una persona tan maravillosa como Blaine. Un Blaine que se había quedado dormido en su hombro y que parecía que no se había movido en toda la noche, algo extraño porque sabía que seguía teniendo pesadillas por lo que había ocurrido con sus padres. Una vocecita en su cabeza le decía que era porque él lo había hecho feliz pero prefería no creerlo, porque no quería hacerse ilusiones y pensar que tenía más importancia en la vida del moreno de la que realmente tenía.

Debía reconocer que tenía miedo por lo que pasaría en el futuro, su perfecto novio se graduaba en el instituto y pronto tendría que tomar decisiones que había estado evitando pero que eran importantes. ¿Dónde iba a comenzar su nueva vida como adulto? ¿Qué universidad sería la elegida? Era cierto que el Warbler había solicitado plaza en Ohio, pero había muchas mejores en las que había sido aceptado.

Sus pensamientos se detuvieron cuando sintió la mano del otro sujetando con firmeza su miembro semierecto. Sin decir nada, el más joven comenzó a masturbarlo con firmeza.

– Blaine... – El castaño susurró y se volvió para besar a su novio.

– No sé qué estabas pensando, pero es mejor que dejes de pensar y te dediques a actuar. – Anderson advirtió antes de morder con suavidad el cuello del otro.

– ¿Cómo estás? ¿Qué tal lo de ayer? – El ojiverde preguntó algo preocupado.

– Estoy deseando repetir.

Un beso hizo que la conversación concluyese y los dos se centraran en demostrarse su amor de la forma más carnal posible. Cuando ambos estuvieron totalmente saciados, se ducharon y bajaron a desayunar al restaurante del hotel. Allí estaba ya Cooper, que les sonrió con amabilidad. El mayor se había dado cuenta de lo que había pasado la noche anterior. Era imposible no notar que su hermano caminaba un poco diferente a lo habitual y que la pareja se miraba con más amor si aun era posible.

La verdad era que el actor estaba feliz de que Smythe respetara a su hermano y no aceptara una relación hasta que pudo contarle la verdad para que tuviera toda la información antes de decidir. También le agradaba que lo amara y lo cuidara pero... Los problemas no se pueden evitar, hay que afrontarlos.

– ¿Has tomado ya alguna decisión de lo que vas a hacer después de la graduación? – Cooper preguntó. Pudo notar que la sonrisa de su hermano vacilaba un poco y que parecía encogerse en su sitio.

– Bueno... Papá y mamá no van a pagarme ninguna matrícula... Sólo he recibido beca completa en la Universidad de Columbia...

– ¿Cómo? ¡Pero si eres el mejor de Dalton! – El mayor se mostró indignado.

– Lo sé, pero en la mayoría de sitios no me pagan el alojamiento ni mis gastos habituales. Tendría que trabajar y lo más probable es que eso impida que pueda estudiar actuación y música. Supongo que tengo que decidir si me quedo en Ohio y estudio lo que quiero mientras vivo con Sebastian o cumplo mi sueño de vivir en una gran ciudad pero renuncio a la actuación. – El más joven explicó.

– ¿Has solicitado plaza en Los Angeles? – Cooper quiso saber.

– Sí, en UCLA. – Blaine respondió.

– Puedes alojarte conmigo. – El actor respondió con una sonrisa.

– Es una gran idea. – Sebastian confirmó. – Podrás centrarte en los estudios

El moreno sonrió pero con algo de tristeza. Eso suponía alejarse de su amado al menos durante los cuatro años de la universidad. Si era realista, si quería cumplir su sueño profesional, tenía que alejarse del hombre del que se había enamorado.

Sebastian se dio cuenta de lo que su novio pensaba y sonrió con ternura.

– Hace meses pedí el traslado a Los Angeles. Sólo te adelantarías, yo llegaré con él tiempo. – El castaño aclaró.

– ¿De verdad? – Los ojos color avellana se iluminaron por la esperanza.

– ¿Realmente creías que quiero quedarme en Ohio? ¡Pensaba que me conocías mejor! No sé si tardaré unos pocos meses o algún año, pero sé que con el tiempo podré estar contigo, en Los Angeles, donde empezaremos una vida juntos.

– Me alegra que tengamos eso solucionado... – Cooper asintió relajado.


– ¿Tienes ya todo? – Sebastian preguntó mientras ayudaba a Blaine a cargar otra maleta en el coche. Cooper había ido a Ohio para asistir a la graduación de su hermano y se había llevado muchas cosas a Los Angeles pero todavía había mucho que tenía que llevar.

– Sí, puedes mandarme las cajas que han quedado pendientes. – El moreno besó a su amado una vez más, aprovechando que todavía podía.

– Vamos al aeropuerto... ¿Sabes si Sam, Hunter o Thad han salido? – El castaño cuestionó.

– Creo que somos los últimos... – El ojimiel sacó su teléfono y comenzó a tocar la pantalla a toda velocidad, mandando mensajes. Sus tres amigos también iban a vivir a Los Angeles y compartirían piso mientras él viviría con su hermano.

Se montaron en el coche y comenzaron el camino. Los dos no hablaron durante el viaje, no se sentían con ánimo. Sabían que en el aeropuerto se darían el último beso antes de separarse. Lo peor era que no sabían por cuanto tiempo.

El policía le había pedido a su amado que viviera la experiencia sin ataduras, sin pensar en nada. El futuro era algo incierto y debía vivir el presente.


Después de facturar el equipaje, ya no quedaba nada más que despedirse. Blaine estaba intentando no llorar. Hunter, Sam y Thad se adelantaron para pasar el control de seguridad y así dejar que la pareja se despidiera con algo de privacidad. El moreno miró a los ojos verdes de su amado y suspiró.

– Todo saldrá bien. – Sebastian lo tranquilizó acariciando su mejilla con suavidad.

– ¿Por qué estás tan seguro? – El más joven cuestionó, su voz temblando por la tristeza.

– Porque nos amamos de verdad. Eso es más fuerte que la distancia. – El castaño aseguró, consiguiendo que el otro riera nervioso.

– No sabía que te podías poner tan cursi. – Anderson bromeó.

– Es tu culpa, yo no era nada cursi antes de conocerte. – El policía repuso.

– ¡Lo sé! No eras nada cursi cuando te conocí. – Blaine lo besó.

– ¿Vas a recordarme eso toda la vida? – Smythe protestó pero no pudo reprimir la sonrisa algo triste.

– Lo siento... – El moreno se sonrojó. Eso hizo que las cosas se pusieran serias de nuevo.

– Volveremos a vernos antes de lo que piensas. – Sebastian volvió a acariciar la mejilla del otro.

– No creo, tengo fecha de regreso a Ohio para el juicio y dudo que nos veamos antes. – El ojimiel protestó con tristeza.

– ¡Ey! No quiero verte partir triste... Sé que no te agrada que nos separemos pero quiero que seas feliz y cumplas tus sueños. Después de todo lo que ha pasado, te lo mereces. – El castaño lo acarició nuevamente, no se cansaba de sentir la piel de su novio.

– Te amo. – Anderson no quiso esperar más a decirlo y, mucho menos, no decirlo.

– Yo también te amo.

Se volvieron a besar de manera intensa durante unos minutos antes de que Blaine se dirigiera al control de seguridad. Esa sería la última vez que se verían en meses.