Feliz 3er mesversario! Las amo tututututururururu
Gracias a: Katia XD, michaelis, mery malfoy, Chenda123, Johan Taisho, Desirena, bruxy, JOAN, smilesx568, July-Chann, haru10, Arovi, Clau Gazz, Bastard Tendencies, setsuna17, Carla Taisho, Akanne Hygurashi, Neri Dark, elvi, SkuraKikyou, Marlene Vasquez, Lizell, kagome18, Katie Saotome, un guest x 4, CaandyPink, aky9110, Orkidea16, RatillaFresa, KagomeDeTaisho22, Alejandra, miri.
Por acompañarme durante estos veinte capítulos
Espero que me puedan seguir acompañando durante todos los que faltan :)
Review Talk: Ya vimos que Kagome perdonó a InuYasha, pero... ¿ahora que va a pasar? ¿InuYasha luchará por ella? ¿Ustedes que creen? Yo creo que... no les diré jijiji. ¿Y que les pareció que el haya pedido perdón? Yo creo que Kagome se merecía escuchar eso, se merecía que él le pidiera perdón después de tantos años u.u No me explayo más ya que en este capítulo pasarán muchas cosas!
PS. Me fue más que imposible incluir un lemon en este capítulo, me disculpo de antemano. La historia no requiere un lemon hasta ahora, pero ya que la relación de Rin y Sesshomaru parece ir viento en popa... el primer capitulo de la segunda parte incluirá un lemon de ellos dos. Se que es injusto ante lo que les prometí, pero un lemon no tenía cabida en este momento! Siempre trato de escribir los poquitos caprichos que varias me piden por ahí, pero este fue imposible.
Sigan leyendo porque este capítulo esta lleno de sorpresas!
*Tengo un nueva historia de Sesshomaru & Rin, se llama Claridad!
*Recuerden que Muñecas de la Mafia es el fic que forma parte de la triologia de FCC. Esa historia estará siendo actualizada hasta que está entre de nuevo en actualización!
*Mi medio hermano también será actualizada.
GRACIAS A TODAS! NOS LEEMOS EN LA PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN!
VEGAS, BABY
FIN DE LA PRIMERA PARTE
20.
―Dormiré en mi habitación ―anunció Kagome parándose.
―Quédate ―susurró él.
Ella sonrió y le vio casi con cariño.
―No puedo ―fue su única respuesta y salió de la suite de InuYasha sin que él hiciera nada.
InuYasha se desplomó contra la cama cuando ella salió de ahí. ¡La había perdido! ¡Ya estaba! Kagome ya no sería esa mujer, ahora solo sería Kagome Higurashi, una amiga, y eso no le bastaba, no le bastaba para nada. ¡No se había dado cuenta de nada! ¿Por qué no se había dado cuenta de que necesitaba a Kagome ahí? ¿Qué necesitaba a la Kagome con esos sentimientos? ¿Por qué no le gustaba que ella dejara de amarlo? ¿Qué era lo que en realidad sentía por Kagome Higurashi?
…
Kagome caminó desganada a su habitación, se sentía decaída, triste y a la vez feliz, ligera y renovada. Tenía sentimientos encontrados que la hacían sentirse extraña y confundida, se sentía como una mujer bipolar y maniaca. Terminar una relación, que por encima no había sido una relación, de casi más de quince años, no era algo feliz, era algo exhaustivo, triste y extraño. Ni siquiera se iba a poder desenamorar de InuYasha tan rápido, tomaría tiempo, años incluso. ¿Encontraría a alguien que pudiese reemplazar a InuYasha? ¿Y qué tal a alguien a quien solo amase más de lo que toda su vida había amado a InuYasha? ¿Sería eso posible? ¿Habría alguien así? ¿Qué le robara el aliento, que le causara maripositas en el estómago, que le quitara el sueño por noches? No lo sabía, pero le había empezado a rezar a los Dioses encontrarse con alguien así.
Cuando entró a la suite, solo encontró a Ayame en la habitación que compartía con Rin. Sango y Rin no estaban y a ella le importó poco donde estuvieran porque sospechaba que dos hombres tenían mucho que ver y no estaba para nada preocupada, por otro lado, Ayame era un caso diferente, tenía claros problemas con Kōga y no dudaba que esa misma noche le hubiese terminado o dicho algo parecido.
Se quitó el vestido y se puso unos pijamas limpios, entró al baño y cuando estaba a punto de dormirse, Ayame se revolcó en su cama despertando y viendo a Kagome a su lado.
― ¿Kagome? ¿Qué hora es? ―preguntó tallándose los ojos.
―Casi las cinco, vuelve a dormir ―respondió monótona.
― ¿Qué sucede? ¿Por qué hablas así? ―bostezó.
―Terminé las cosas con InuYasha.
El silencio se hizo presente y ambas chicas se acostaron de espaldas para ver el techo oscuro que a penas y se alcanzaba a distinguir por la rendijita de luz de luna que entraba por la cortina mal cerrada.
―Terminé las cosas con Kōga ―respondió ella.
Kagome sonrió un poco.
―Me alegra.
― ¿Estas bien?
Kagome suspiró.
―No lo sé. Creo que una parte de mi lo está y la otra está muerta, han sido muchos años y… creo estar muerta.
―No estas muerta, solo triste ―dijo Ayame con voz pastosa―. El tiempo lo cura todo, Kag ―la apodó de cariño haciendo a Kagome soltar más lágrimas y asentir.
―Espero que sí, durmamos.
―VegasBaby―
Sango y Miroku reían como un par de adolescentes mientras platicaban y caminaban a sus habitaciones.
― ¡No puedo creer que te acordaras de eso! ―exclamó Sango muerta de risa.
Pasaban por el lobby en donde había poca gente, eran casi las seis de la mañana y ellos se habían quedado toda la madrugada hablando de esto y de aquello.
Él se encogió de hombros y rio junto con ella.
― ¡Maldito bastardo!
Ambos voltearon al bar en donde Kōga se encontraba tirado en el suelo y frente a él, un hombre grande que parecía luchador.
― ¿Es Kōga? ―preguntó Sango escrudiñando la mirada.
Miroku asintió y suspiró.
―Quédate aquí ―ordenó.
―Pero… ―Miroku ya estaba entrando al bar para cuando sango quiso decir algo, así que se acercó un poco pero no entró al bar.
Kōga estaba tirado tratando de levantarse y el tipo lo veía con odio y enojo. ¿Qué demonios había hecho?
Miroku se acercó empezando a hablar en su perfecto inglés, tratando de calmar al tipo que claramente ya había golpeado a Kōga y pensaba en hacerlo de nuevo.
―Buenos días ―habló Miroku poniéndose entre Kōga y el gran hombre.
― ¿Y tú quién eres?
―Soy un amigo del caballero aquí tirado. Verá, su novia acaba de terminar con él, llevaban una relación de más de cinco años y él se encuentra muy deprimido ―habló Miroku asintiendo sabiamente y con sus ojos cerrados, como un monje.
El luchador levantó una ceja.
― ¡Quítalo de mi camino, entonces! ―gritó furiosamente.
Miroku asintió y levantó a Kōga quien balbuceaba el nombre de Ayame como tonto.
―Vamos, Kōga, no puedes ir armando escándalos en todas partes solo porque una mujer terminó contigo ―dijo tomándolo entre brazos.
Kōga lanzó una carcajada
― ¡Ella me dejó! ―gritó carcajeándose―. Siempre pensé que yo la dejaría a ella, ¿puedes creerlo? ―dijo arrastrando la voz.
― ¿Qué pasó? ―preguntó Sango cuando vio a Kōga medio arrastrarse y medio caminar, llevaba un golpe en la mejilla y en el ojo izquierdo.
―Ayame terminó con él ayer ―dijo Miroku caminando con él y con Sango a las habitaciones.
― ¿Qué? ¿Ella lo hizo? ¿Estás seguro?
Kōga volvió a carcajearse.
― ¡Sí! ¡Me dijo que me dejaba libre! ―se carcajeó con ganas
Sango guardó silencio y se dedicó a ayudar un poco con Kōga quien terminó apoyándose en los dos para caminar hasta la habitación que Miroku y el compartían.
―Iré a mi habitación ―dijo Sango sonriéndole a Miroku―. Hazte cargo de este inútil y mañana hablaremos, gracias por todo ―susurró dándole un beso en la mejilla y caminando a su suite que quedaba en el mismo piso.
Miroku sonrió y entró a la habitación para hacerse cargo del borracho de su amigo.
―VegasBaby―
Rin se estiró estrepitosamente como un gatito al despertar, se hundió más en el colchón y sonrió como tonta al oler la colonia de Sesshōmaru. Sin abrir los ojos, se acercó su cuerpo y se aferró como una garrapata. ¡Pero qué bien se sentía dormir con ese hombre!
―Deberíamos de dormir juntos para siempre, nunca había dormido tan profundo ―susurró ella acurrucándose en su pecho.
Sesshōmaru, quien ya se encontraba despierto desde hacía dos horas, sonrió ante la chiquilla que tenía pegada al cuerpo. Había despertado y se había sentido un maniaco al no poder dejar de verla, era tan hipnotizante ver como balbuceaba en sueños y en como hacía caras, era tonta en una manera tierna y graciosa.
― ¿Duermes conmigo ahora y siempre? ―le preguntó abriendo sus ojitos.
Lo miró a la cara y él asintió, ella rio.
― ¿Cuánto tiempo llevas despierto? ―preguntó jugando con sus cabellos plateados que caían sobre su pecho.
―No mucho ―mintió.
―Hmm, no te creo, pero está bien ―sonrió―. ¿Qué hora es?
―Las doce del mediodía.
― ¡Que rico es dormir hasta tarde! ¿Tienes hambre? ―preguntó pegando su oído a su pecho para oír sus latidos.
―No mucho, ¿y tú?
―No mucho ―respondió escuchando que su corazón latía rápido―. Durmamos un poco más.
―VegasBaby―
― ¿Cómo dormiste? ―preguntó Ayame saliendo del baño y viendo a Kagome sentada a la orilla de la cama.
Kagome le sonrió apenas.
―Dormí ―respondió sin verla―. ¿Tu?
―Dormí.
Kagome asintió y se recostó un poco más.
―Sango llegó en la madrugada y está dormida en la otra habitación ―anunció Ayame.
Kagome asintió.
―Hoy no quiero hacer nada ―dijo Kagome―. Quiero volver a Japón.
Ayame la vio alarmada.
― ¡No! No me dejes aquí, me quedaré sola.
―Todos se quedaran aquí.
―Rin esta con Sesshōmaru, sango con Miroku, no puedo estar aquí sola ―dijo.
― ¿Quieres regresar conmigo?
Ayame le sonrió y asintió.
―Si, por favor.
―VegasBaby―
InuYasha se levantó con un dolor de cuerpo y cabeza increíbles, no sin contar que la nariz le dolía tanto o más que las costillas. Pero nada de eso se comparaba a la pesadez que sentía en el pecho por lo pasado la noche anterior, podía recordar todo con tanta claridad que le dolía. Las palabras de Kagome, sus lágrimas, las expresiones de dolor, las palabras cargadas de tristeza, jamás podría borrarse a esa Kagome de su mente, nunca podría sacar completamente esa imagen, destrozada, desarmada y rendida al final.
Él había hecho todo eso, él lo sabía, sabía que esa Kagome había estado forzada a caminar lejos de él después de que él la hubiese retenido tantos años a su lado por sus mero placer, tener a Kagome a un lado se había vuelto un placer culposo que no podría admitir, tal vez lo había hecho la noche anterior, pero no lo había dicho todo, apreciaba a Kagome en niveles que nadie se imaginaria, le confiaba sus cosas y confiaba en ella más que en nadie porque sabía que ella jamás lo decepcionaría y pensó que ella estaría siempre para él.
¡Pero que equivocado había estado! Ahora Kagome se le iba de las manos, se había ido ya y él no podía hacer nada, estaba destrozado, solo y enojado consigo mismo. Le había hecho daño a la persona por la cual se preocupaba más en todo el mundo, la que más le importaba ¿Por qué no se había dado cuenta que Kagome era tan importante para él? ¿Qué había impedido que viera que Kagome era la persona más importante, la mejor y la más perfecta en toda su vida?
Empezaba a pensar que Kagome había sido la única persona que lo había apoyado en todas las decisiones que había tomado en sus pocos años de vida. La única que lo había aconsejado de manera sabia, la que le había sacado sonrisas tontas y la que lo había amado incondicionalmente. Jamás había dejado de estar ahí para él, él había salido con tantas chiquillas y aun así, ella seguía tras de él sin demostrar nada por ello, seguía viéndolo con ojos de amor, profanando el grado de amor que le tenía sin importarle nada. Y ahora, no había nada más, estaba seguro, sabría que cuando volviera a ver a Kagome, no habría una pizca de nada en sus ojos, nada de afecto que fuese dirigido hacia él.
…
―Antes de irnos, tengo que lidiar con un problema, Ayame ―anunció Kagome terminando de empacar―. ¿Podrías esperar por mientras?
― ¿Es algo de InuYasha? ―preguntó ella.
Kagome asintió y salió de la suite con una pequeña bolsa de salir dirigiéndose a la habitación de InuYasha. Tocó tres veces hasta que el hombre abrió y se le quedó viendo como si fuese un fantasma.
―InuYasha… ¿podemos hablar? ―preguntó viéndolo.
InuYasha quiso morir por dentro, no había nada en esa mirada, no había amor, no había cariño, no había felicidad, solo era una mirada que ella le daba a cualquier otra persona.
―Claro…, pasa.
Kagome pasó a un lado de él, tranquilizando su corazón y respirando lentamente.
―Acerca del matrimonio… ―empezó ella viéndolo― he firmado los papeles de anulación ―mintió―, solo falta tu firma.
El arrugó el ceño de inmediato y sus manos se formaron en puños.
― ¡¿Has firmado papeles para anular nuestro matrimonio!? ¿Cuándo? ¿A qué hora? ¿Con quién? ―bramó enojado.
Ella también se permitió enojarse, no estaba de más que ella quisiera salir de ese embrollo y él lo sabía, estaba siendo injusto de nuevo.
―Ayer con Bankotsu, me hizo el favor de anularlo.
― ¡No puedo creer que le hayas contado a ese idiota!
―Necesitaba hacerlo, InuYasha. Alguien tenía que anular esto ―trató de no perder la calma.
Con InuYasha siempre era igual, gritaba y se quejaba para todo y ella terminaba gritando por igual, tenía que haber una persona sensata y ella empezaría a serlo.
― ¿Y porque él? ―preguntó de mala gana.
―Porque tú me mentiste, idiota… ―susurró perdiendo los estribos―. ¡Me mentiste diciendo que no se podía anular! ¿Crees que soy tonta? ¡Claro que un matrimonio así se puede anular! ―terminó respirando agitadamente y sintiéndose peor.
Se dejó caer en una de las sillas del pequeño comedor y se restregó la cara con mucha fuerza.
―Terminemos con esto, ¿sí? ―le rogó con los ojos―. No me importa que hayas mentido, no me importa nada más ya, solo me importa que cuando yo traiga esos papeles, tú los firmes y acabemos con esto de una vez y por todas, ¿me entendiste?
―Me niego ―respondió con la mirada en alto.
Ella gruñó malas palabras.
―Por dios santo, InuYasha, ¡porque me haces esto!
―Porque eres mi esposa, punto ―la desafió con la mirada.
― ¿Disculpa? No recuerdo haber aceptado ser tu esposa, no recuerdo que tú me lo hayas preguntado, ¡no recuerdo haber tenido una relación contigo! Así que no, no soy tu esposa solo porque un cochino papel lo dice, eso fue un error así como mis veinte años de vida desperdiciados a tu lado ―le dijo hiriéndolo―. Así que regresaré con los papeles y los firmaras ―dijo saliendo de la suite y dejando a InuYasha enojado y triste.
―VegasBaby―
Kagome y Bankotsu habían quedado de verse en el café del Wynn, el hotel en donde Kagome y los demás se hospedaban.
Bankotsu llegó para ver a Kagome sentada en una mesita hojeando un periódico que el restaurante le había prestado.
―No sabía que te gustaba leer el periódico ―comentó el asustándola un poco.
Ella sonrió.
―Sí, bueno… hay cosas interesantes, a veces hay mini historias… cosas tontas ―se encogió―. ¿Has traído todo?
Bankotsu asintió.
―Tengo formas en inglés y japonés, usaremos las formas en inglés y haremos una copia en japonés para que las puedas llevar a Japón en caso de que se presente algo.
Kagome asintió.
―InuYasha no quiere firmar los papeles… ―susurró apenas.
Bankotsu se le quedó viendo, tenía ojeras, ojos llorosos y nariz roja.
― ¿Estas bien? ―preguntó.
―No, no estoy bien. Estoy harta, Bankotsu ―dijo enojada―. InuYasha no ha hecho nada más que arruinar mi vida y ahora no quiere darme el divorcio, ¿puedes creerlo? ¿Qué más tengo que hacer?
― ¿Arruinar tu vida? ―levantó una ceja.
―Toda mi vida he estado enamorada de él y lo que es peor, él lo ha sabido siempre y no ha hecho nada, me ha tratado mal, me ha presentado a sus novias, me ha platicado de ellas…
Bankotsu asintió.
―Lamento todo eso, Kagome ―dijo sinceramente―. Pero no puedo anular el matrimonio si no están ambas firmas presentadas ―Kagome arrugó el ceño llena de desesperación―. Si tienes algo más, alguna prueba… no lo sé, ¿de infidelidad?
Kagome se carcajeó.
―Solo llevamos casados dos…o tres días, dos días… y no ha hecho nad… ―abrió su boca―. ¡Estaba con Kikyō, ayer! ¡Se besaron por los Dioses! ―gritó dando golpes a la mesa.
― ¿Tienes pruebas?
Kagome se quedó en silencio.
―No.
―Si quieres anular esto y él no te quiere dar una firma, entonces necesitaras esas pruebas, si no las puedes obtener…
― ¿Nos quedaremos casados hasta que a él se le antoje firmar los malditos papeles?
Bankotsu asintió.
―Podrías meter una demanda pero… no hay evidencia de que estuvieran ebrios.
― ¡Si la hay! Tengo una caja llena de cosas de nosotros ebrios y… había un video, pero InuYasha mandó borrarlo, y ¡ugh! ¡Déjalo! ―gritó enojada―. Yo misma haré que el firme los papeles, ¡te lo juro por los Dioses, Bankotsu! ―Bankotsu sonrió entregándole una carpeta con papeles―. Gracias, eres un buen amigo ―le sonrió dejándole un beso en la frente―. Espero verte más seguido en Japón, hoy parto a Tokio.
―También yo ―sonrió―. Seguramente nos seguiremos viendo ―le echó una miradita que no pasó desapercibida para Kagome quien se alejó de ahí agitando su mano y sonriendo.
Eso haría, haría que InuYasha le diera el divorcio, haría que en realidad la odiara, que se hartara de ella que en realidad la despreciara. No sería un trabajo fácil si él ya sentía un poquito de eso, a pesar de haberle perdonado sus majaderías, Kagome quería el divorcio y no pararía hasta lograrlo.
―Vegas Baby―
Kagome entró sigilosamente a la suite escuchando un poco de ruido en la habitación en la que había dormido con Ayame. Se asomó a la otra habitación en donde Sango seguía completamente dormida y cerró bien la puerta.
―Cambio de planes ―anunció Kagome entrando a la habitación.
Ayame se asomó del baño y levantó una ceja.
―Te contaré algo pero necesito que no te pongas histérica… o que le digas a nadie, en especial a Rin, no le cuentes nada a Rin ―susurró pensando que Sango las escucharía.
Ayame arrugó el ceño.
―Estas embarazada.
Kagome se le quedó viendo.
― ¿Qué?
―Embarazada, ¡lo sabía! ¡De InuYasha, ¿cierto?!
―Uhmm… ¿no? ―hizo una cara.
―Ah… ¿no? ―se rascó la cabeza.
―No… ―se rio―. Cállate para que me dejes explicarte… esa noche que InuYasha y yo no llegamos al hotel… estábamos drogados, borrachos y terminamos casados en una capilla…
― ¡Que! ―gritó tapándose la boca―. ¡Lo sabía! ¡Sabía que algo había pasado entre ustedes! ¡Por el Karma, Kagome! ¿¡Te das cuenta de lo que esto significa?!
― ¡Cállate! Sango está dormida a unos cuantos pasos, por los cielos ―se restregó la cara―. Y no, no lo sé ―soltó molesta.
― ¡Significa que ya no eres Kagome Higurashi! ¡Eres Kagome Taishō! ―gritó susurrando.
Kagome se le quedó viendo como si Ayame fuese un payaso, como si estuviera loca o tuviese una segunda nariz.
― ¡No soy Kagome Taishō! ―gruñó molesta caminando de un lado para otro.
―Ah, sí lo eres ―dijo Ayame asintiendo―. Y también significa que la mitad de lo que InuYasha posee, te pertenece.
―No quiero nada de él ―rodó sus ojos―. ¿Sabes, Ayame? No ayudas mucho ―soltó enojada.
Ayame suspiró.
―De acuerdo, lo siento, ¿qué más pasó?
― ¡Pasa que el imbécil no me quiere dar el divorcio, maldita sea! ―exclamó dejándose caer en la cama.
Ayame hizo una cara.
― ¿No lo puedes obligar?
― ¡Aquí está mi plan! ―gritó casi emocionada―. Haré que me odie tanto, tanto, tanto, ¡pero tanto! Que me tenga que dar el divorcio ―dijo sonriendo como diablilla.
― ¿Odiarte? ¿Cómo te va a odiar si está loco por ti?
Kagome se quedó quieta y guardó silencio.
― ¿Disculpa?
―Kagome, por la santa mierda, ¿no ves cómo te ha retenido a su lado por siempre? ¿Tú crees que eso lo hace un hombre que odia? Además jamás te dejaba tener novios y siempre los ahuyentaba diciéndoles que eras su novia y cosas tontas…
―Yo… eso no es cierto ―frunció el ceño―. InuYasha jamás hizo eso… ¿o sí? ―se dejó caer
―Bueno… yo siempre escuché que Kōga hablaba de lo tonto que InuYasha era por perderse de ti y de cómo era imbécil por portarse así contigo cuando todos sabíamos que te quería como algo más…
Kagome se restregó el cabello en la cara.
―No, no, no, no, no ¡no! Eso no es cierto, ¡carajo! ¿Por qué me vienes y me dices esto ahora, Ayame?
― ¡No puedes ser tan ciega, Kagome!
― ¡Déjame ser ciega! ¡Me quiero olvidar de él, no enterarme de todo lo que me has dicho!
―De acuerdo, escucha ―se sentó a su lado―. Si InuYasha te quiere o no, no importa porque recuerda que te ha tratado mal por años, te ha dicho cosas horribles y por encima, tú lo has permitido, pase lo que pase por su cabeza, libérate de él, lo necesitas tanto como yo necesitaba alejarme de Kōga ―le sonrió sinceramente.
Kagome bajó su mirada.
―Yo…, tienes razón ―suspiró al final―. Aunque no termino de creer eso que me dijiste…
Ayame sonrió y alzó los ojos.
―Mejor que no lo creas, estás bien así, Kag. Siempre que veía como te trataba InuYasha… me recordaba un poco a como lo hacía Kōga… de una manera, ¿entiendes? ―Kagome asintió―. Jamás me insultó o me llamó por cosas feas y a pesar de que aceptó ser mi novio por motivos familiares y porque él me había hecho esa promesa de pequeños, yo sabía que él no quería estar conmigo y aun así yo estuve ahí, siempre estuve ahí… algo así como tú con InuYasha, solo que InuYasha a veces si demostraba tener afecto por ti, Kōga nunca lo hizo por mi…
Ayame empezó a divagar y Kagome se hizo cargo de que dejara de hacerlo.
―Deja de pensar en Kōga ―ordenó―. No vale la pena, déjalo ¿sí? Es parte de tu pasado, ¿no?
Ayame asintió soltando algunas lágrimas.
―Sí, lo es ―se limpió las mejillas―. ¿Entonces que planeas? ¿Nos quedamos? ―sonrió.
―Entenderé si tú te quieres ir… aunque yo también me quede sola si lo haces.
Ayame bajó su mirada.
―Estarás con InuYasha la mayoría del tiempo… pero me puedo quedar, no tengo porque volver, podría darme un tour yo sola de la ciudad ―asintió sonriendo.
― ¿Segura? ―le tomó las manos.
―Sí, segura. Me divertiré mientras que tú lo haces molestando a InuYasha, y cuando nuestros días acaben nos contaremos todo ―sonrió.
―Me parece perfecto, entonces mi misión empieza desde ya y tú puedes irte a dar un tour, ¡vamos! ¡Hazlo! ―se rio.
Ayame sonrió como loca dándose cuenta que había encontrado a una amiga en la chica que pensó sería su enemiga de por vida.
―VegasBaby―
― ¿Cómo crees que este Kagome? ―pregunto Rin comiendo.
Ambos habían bajado al restaurante para comer.
―El doctor dijo que no era nada serio pero que se debían hacer tomografías para salir de dudas, haré que hoy mismo se haga unas pruebas para que pueda regresar a Japón sana.
― ¿Regresar a Japón? Pero si todavía nos falta semana y media para partir ―dijo arrugando el ceño.
―Rin, tu viste como estaba Kagome ayer ―dijo él― InuYasha y ella tuvieron un altercado fuerte, partirán a Japón hoy mismo o mañana si es necesario.
Rin suspiró.
― ¿Puedes dejar que arreglen sus asuntos y si ves que las cosas siguen mal enviarlos? ―preguntó viéndolo con ojos de corderito.
El miró hacia otra parte, ¿Cómo era posible que una niña lo hiciera cambiar de parecer en dos segundos?
―De acuerdo ―aceptó haciendo sonreír a Rin.
―Gracias, Sessh.
―VegasBaby―
Kōga se paró a vomitar al baño, había bebido como nunca lo había hecho y podía jurar que algo en la cabeza le había explotado.
― ¡Mierda! ―gritó desde el baño.
Miroku se talló un ojo al escuchar los gritos.
― ¿Qué carajos gritas? ―susurró sin siquiera hacerle un pregunta directa a Kōga.
― ¡Me explota la puta cabeza! ―se volvió a escuchar.
Miroku se levantó de su cama para caminar al cuarto de frente y encontrarse a Kōga en su baño, hincado frente al retrete y con el cuerpo desparramado en el suelo.
―Pareces una nenita ―masculló Miroku de mala gana ― ¡Déjame dormir, maldito imbécil! ―le gritó rascándose una nalga.
Kōga gruñó y le aventó un botecito de shampoo del hotel.
― ¡Ayame me dejó! ¡Tengo derecho a gritar lo que se me antoje! ―bramó y vomitó más.
― ¡Qué asco! ―quiso vomitar el también así que decidió salir de ahí dejándolo solo―. Pero que marica… ―dijo regresando a su cama y volviendo a dormir.
Por su lado, Kōga no podía creer todo lo que estaba pasando, ¿Ayame dejarlo? ¿A él? ¿¡A ÉL!? ¿Y qué demonios era eso de dejarlo libre? ¡Estaba loca! Él era libre desde hacía muchos años, jamás se había sentido retenido por Ayame, y aunque nunca la había engañado, sentía que podía dejarla cuando quisiera a pesar de no haberlo hecho nunca. Más de cinco años de noviazgo con esa mujer no podían ser saludables, en cierto punto se sentía libre y como un hombre nuevo, ¿quién diría que ella terminaría dejándolo a él? Fuera lo que fuera, él ya no tenía ninguna obligación con ella o con su familia, ella había roto la promesa de casarse, ¡era cierto! ¡Estaba libre! ¡Qué bien se sentía!
Pero ni eso le quitaba las náuseas, y nada es eso le quitó el piquetito de frustración que sentía al no tener a una mujer más a su lado, aunque esa mujer fuese la pelirroja con la que había compartido más días que con sus propios amigos.
―VegasBaby―
Toc, toc, toc.
InuYasha se rascó la cabeza, ¿y ahora quien podría ser? Kagome se encontraba frente a él, un poco más animada y con otros ojos, pero no eran los ojos que antes le daba.
― ¡Hola! ―gritó emocionada―. ¿Adivina qué? ―parloteó entrando a la habitación dejándolo confundido―. La mitad de tus pertenencias son mías ―anunció haciendo que el arrugara el ceño en confusión.
― ¿Qué?
― ¡Soy la señora de Taishō! ―gritó carcajeándose―. Como no hemos celebrado bien nuestro matrimonio, ¿Qué tal que te invito a comer? ―sonrió como loca.
InuYasha olió algo que no le gustó para nada, Kagome se estaba comportando de una manera extraña y no le gustaba verla así.
― ¿Qué te traes entre manos? ―preguntó cruzándose de brazos y viéndola con superioridad.
Ella no demostró nada, nada de estar fingiendo, nada de tener un plan macabro, nada de parecer ser la esposa más fastidiosa y nada de ser una diabla disfrazada de un ángel.
Actuó como muchas veces lo había sido y suspiró haciéndole creer que él la había descubierto.
―Es solo que… ―vio al suelo― pensé muy bien lo de la anulación y…
― ¿Y?
―No creo que debamos hacerlo, ¿sabes? Podríamos ser felices como esposos, ¿tú que dices? ―preguntó yendo hacia él y casi pisándole los pies.
Él se echó para atrás sorprendido por la mujer que tenía delante.
― ¿De qué carajos hablas, Kagome?
― ¡Seamos una pareja de verdad! ¡Seamos marido y mujer hasta que la muerte nos separe!
