*Disclaimer: los personajes de Hetalia no son míos (lamentablemente) son pertenencia de Hidekazu Himaruya*
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En alguno lejano lugar en alta mar. Unos días antes.
En el mar abierto, las olas son más calmas, tanto así que cualquiera puede quedarse dormido con el suave movimiento de estas. A fin de cuentas, el mar una vez calmo, era la mejor de las cunas, la mejor de las madres, pero claro, eso cuando estaba calmo. Por ello no hay que extrañar que Antonio se quede fácilmente dormido una vez en alta mar, pero esta vez era distinto, el suave meneo, la fresca brisa del mar y el olor exquisito de la sal marina no podían tranquilizarle.
Y es que ni Lovino podía tranquilizarle en este momento… y no es como si este quisiese tranquilizarlo, o tranquilizarse.
Antonio observaba su barco, mientras miraba el daño de este producido por la batalla, se detuvo y miro los cañones, tres horas habían pasado del fin de la contienda y aún seguían calientes, juró silenciosamente, mientras pensaba "Aún mientras tuvimos que ocupar la artillería gruesa, no fuimos capaces de socorrer a todos…¡Maldición!", maldijo nuevamente mientras pateaba un barril cercano. Se sentía inútil, impotente, el no poder haber salvado a todos le hacía sentirse un mal capitán para ellos, para su familia. Mientras posaba sus manos sobre uno de los cañones y contemplaba el mar, pensaba en los sucedido hace unas horas atrás, en como en menos de 2 horas, la vida sin preocupaciones y divertida que llevaban como piratas fue interrumpida con aquella tragedia. Sólo de recordarlo, su frustración aumentaba.
"¡Mierda! Nada de esto habría pasado y hubiese detenido a Arthur… o si yo hubiese llegado a tiempo para socorrerlo…"
…
…
…
~o~
(3 horas antes -Inicio Flashback-)
-… ¿A-Alfred…?
Ahí, frente a él estaba a quien sólo algunas horas o tal vez minutos atrás estaba esperando, pero vestido como un Almirante.
-¿Qué…. demonios? ¿A-Alfred? ¿Por qué vistes así? ¿Por qué estas en un buque de la marina?
La sorpresa era obvia en la voz de Arthur, no sólo en él sino también en sus hombres, como Feliciano quien enmudeció al ver ahí a Alfred y automáticamente se pregunto dónde estaba Ludwig. Sólo un mal presentimiento fue su respuesta.
-Oye, contéstame… ¿Alfred?- ahora la decepción fue palpable.
-Arthur, lo siento…- dijo con una voz baja Alfred, no atreviéndose a mirar a los ojos a Arthur, no quería ver en ellos el dolor, la traición… la tristeza. Pero debía de hacerlo, era su deber como Almirante… ¿verdad?
Así que, sacando valor, levanto su cabeza y miro solemnemente a todos los piratas en el barco. Y con una voz firma y casi mecánicamente recitó el discurso del cual estaba tan acostumbrado y orgulloso, sólo que esta vez le sonó vacio y le dejo un agrio sabor en la boca… y un gran peso en su corazón.
-Piratas, en nombre de la marina, protectora de la justicia, de los débiles y desprotegidos, quedan en estos momentos bajo arresto, por los delitos de pillaje, robo, asesinato y piratería. Bajen las armas y entréguense pacíficamente, o si no serán ejecutados aquí mismo.
El silencio fue completo, por una parte los marinos sentían la presión del momento y el olor a otra batalla a comenzar en cualquier momento, por otra parte los piratas no sabían qué hacer, su capitán estaba estático, no dando órdenes como correspondía en esos momentos, pero sus compañeros le comprendían y, en cierta forma, se ponían en su lugar.
Gilbert, ya salido de su sorpresa inicial y viendo la inactividad del asunto, decidió actuar.
-¡Oye, Cejas, reacciona! ¡Este no es el momento de quedarse embobado por los azules de tu exToyBoy! ¡Kesesese!
Y con ese pequeño comentario saltó hasta el marino más cercano, a quien de una solo estocada le dio fin, animando con ello a los piratas a dar un grito de guerra y valentía, que a pesar de estar rodeados y en desventaja, les dio la oportunidad de demostrar que ellos eran más valientes que los marinos y que su justicia era la verdadera justicia.
En cambio, Arthur como si de un hechizo de reanimación se tratara, la voz y las palabras poco sensibles de Gilbert le trajo de vuelta.
-No nos rendiremos, Alfred. Ni ante ti, ni ante nadie, ¿entendiste?
Y sin decir alguna otra palabra o enviar alguna otra mirada que no sea de pura determinación, se lanzo al fulgor de la batalla, conscientemente sabiendo que Alfred le observaba y le seguía, pero alejándose de ella. Alfred en el fondo se alivió de ver esta reacción en Arthur. "Ese es el Artie que conozco… y amo." Fueron sus pensamientos
Pronto, una nueva y más cruel batalla comenzó. Por un lado los marinos quienes tenían la ventaja sobre los piratas, tanto en número como en armas, pero que no contaban con la valentía del pirata y de su determinación, haciendo de esta batalla decisiva más equilibrada.
Natasha, pronto salió del buque de su hermano junto a este, quien a pesar de aún vestir como un pirata, como el capitán Rusia, no se quería perderse la diversión. La chica a penas divisó entre los piratas a una cabellera blanca, su mirada se endureció, cosa que noto Iván.
-Da, ve a por él. No me decepciones, ¿sí?
-Sí, hermano, lo mataré para ti.
-Eso espero, da.
Y así, la hermosa chica corrió hasta el barco pirata y se lanzo en búsqueda de aquel albino, con el cual quería ajustar de una vez por todas algunas cuentas pasadas.
En cambio, el albino, Gilbert, al ver a la chica termino rápidamente con el marino que estaba peleando y se lanzó al encuentro de su futura combatiente.
Sin palabras, solo con el ruido provocado por el choque de sus armas, su batalla personal empezó.
Mientras tanto, Iván se acercó al barco pirata, buscando a su víctima, golpeando mortalmente a cualquiera que se cruzara en su camino, ya sean aliados o enemigos. Hasta que le vio.
Arthur luchaba con dos marinos a la vez, sin mostrar dificultad alguna en enfrentarlos, tomarles ventaja y derrotarlos. Durante todo el rato que había estado combatiendo, trato de no pensar en el chico de los ojos azules y en la traición de este. Traición que le enojaba pero que le entristecía más.
-Te veo ido, England-kun. ¿Ha habido un problema, da?
-¿¡Rusia!
~o~
Los malos presentimientos de Antonio se cumplieron.
Al observar que Arthur, el rey de la puntualidad, no llegaba a la hora designada hacía que la puntada en el lado izquierdo de su pecho le indicara que algo no iba bien. Por ello, no escuchando a su consejero, Francis, que le decía que no se precipitara y que esperara, ordeno el zarpe, retrocediendo por la ruta de donde habían venido. Conociendo a Arthur sabia que este tomaría aquella ruta. Era la única que podía tomar si seguía las cartas de navegación.
Sus sospechas fueron aseguradas cuando vio desde el alto del mástil al cual había subido humo viniendo de la dirección en la que creía estaba Arthur y los suyos. Con la habilidad digna de un gato salto hasta el piso del barco, con gran rapidez se acerco a Lovino en la proa.
-¿…son ellos verdad? Es el barco de ese cejudo… ¿verdad?
Antonio no dijo nada ante las palabras de Lovino, ahora que estaban más cerca pudieron comprobar las sospechas. Eran ellos.
-H-H-Hay que ayu-yu-yudarlos ¡Feliciano está ahí, Antonio!- apretando fuertemente del brazo de Antonio, Lovino lloraba, rompiendo el corazón del capitán pirata.
-No llores, Lovinito, te protegeré, a ti, a Feliciano y a toda la familia, ¿sí?
A pesar de que muchas veces se han enfrentado a enemigos poderosos, ya sean otros piratas a la marina y siempre salían victoriosos, esta era la primera vez que sentía aquel presentimiento de que algo malo pasaría. Sabía, además, que Lovino también podía sentirlo, he ahí la preocupación extrema de este.
-¡Quien está llorando! B-b-bastado…- sollozo fuertemente Lovino, causando la risa de Antonio, pero aquella sonrisa no llego a sus ojos.
-Es hora de enfrentar a esos marinos.
Y sin más, se prepararon para atacar al buque que impedía la huida del barco de Arthur, para que después un grupo selecto de hombres fueran abordando el barco de Arthur para así lograr huir.
Antonio fue el primero en abordar.
~o~
Gilbert, herido y todo, todavía seguía combatiendo con la muchacha de cabello platino que acompañaba a Iván, era como si ambos se buscaban pelea desde el principio, era una batalla de los dos solamente, un ajuste de cuentas por batallas anteriores. La chica, Natasha, esgrimía sus dagas como si estuviese bailando en un ballet, sin embargo, su sonrisa presumida había disminuido y sus movimientos estaban más lentos. Y Gilbert no estaba mejor, sus awesome técnica estaba disminuyendo en efectividad, el peso de las heridas le estaba pasando la cuenta.
Ante esto Antonio no pudo si no preguntarse, aún a riesgo de distraerse en de su propia pelea, "¿Cuánto tiempo lo dos han estado peleando? ¿Del inicio de la contienda?" Se sentía tentado a ayudar a su amigo albino, pero no lo haría, Gilbert lo odiaría toda la vida por interrumpir su pelea. Aunque si tenía la fe de que los hombres de Arthur no podrían perder tan fácilmente, y menos alguien como Gilbert, que lo suyo siempre estuvo en el campo de batalla.
En cambio, Arthur seguía con su propia lucha. Aún con su mano herida por Rusia, logró coger su espada y seguir combatiendo contra Rusia, con una habilidad increíble, la hoja de su espada chocó contra el grifo del falso pirata, haciendo contacto y esquivando una y otra vez, ambos, tanto el pirata como el Almirante, luchaban increíblemente, tanto así que nadie se atrevía a dar un paso hacia ellos por miedo de ser cortado o golpeado. En los golpes de ambos se distinguía el odio que existía entre ellos.
-¿¡Qué demonios haces aquí, Rusia!
-Oh, England-kun no me iba a perder esta diversión por nada del mundo, da. ¡Ya quiero verte derrotado e implorando misericordia, da!
Sin embargo, la desventaja era de Arthur. Estaba herido, su mano le dolía como los mil demonios, se le notaba cada vez que chocaba armas con Iván, quien se había dado cuenta de la situación y golpeaba por aquel ángulo al capitán pirata, aprovechándose de la debilidad de este.
-¡Shit! ¡Maldito bastardo…!- juro Arthur, mientas se separaba levemente de su combatiente.
-¿Hay un problema, England-kun? ¿O será que sientes que tus heridas son muy graves para continuar, da?- decía mientras se acercaba rápidamente hacia Arthur con su grifo en alto, sus ojos anchos con el deseo de sangre y de matar, pero sin desaparecer de su cara la enorme sonrisa que le caracterizaba, sorprendiendo levemente a Arthur por el golpe no previsto que no le dejó reaccionar a tiempo, sólo pudiendo evitar el golpe de lleno para que no fuera fatal, pero igual siendo alcanzado por el golpe de Iván.
Con un gemido de dolor, Arthur salió disparado por la fuerza del golpe, hasta chocar con algunos barriles cercanos.
-¿Eso es todo lo que puedes hacer? ¡Qué aburrido! Pese que sería más emociona-
No puedo terminar su frase, ya que una bala salió disparada desde la dirección donde cayó Arthur, bala que le rozo la mejilla, haciéndolo sangrar y callar de golpe. Saliendo desde el polvo venia Arthur, algo más lastimado y sangrante, pero con fuerzas renovadas debido al enojo, portando en su mano derecha una pistola, mientras que en la otra su fiel espada.
-Kolkolkol… pero que rastrero, England-kun… eso no se vale…
-¿Rastrero? Que no se te olvide que soy un pirata, git.
Sin más, ambos volvieron a intercambiar golpes, ahora estando más equilibrada la batalla, aunque Iván esquivaba muy bien los disparos de Arthur, no pudo sino verse en aprieto ante la enorme agilidad y habilidad que tenía el pirata con ambas armas.
-¡Hermano!
La mujer de cabello plateado que peleaba contra Gilbert, al ver a su hermano siendo herido por la bala de Arthur, se distrajo levemente, oportunidad que aprovecho Gilbert para atacar.
-¡No te distraigas en medio de la pelea, nena!
Pero la chica logro, casi por los pelos detener el ataque, mirando con ceño hacia el albino, mientras ambos se sumían más en su batalla personal. Solamente que ahora la chica se encontraba levemente distraída por la preocupación que le causaba su amado hermano.
Mientras tanto, Antonio continuaba luchando con cualquier marino que se le cruzará, con agiles movimientos de su enorme hacha hería a todo enemigo, casi sin misericordia alguna, su cara siempre alegre y despreocupada, mostraba ahora toda la seriedad y crueldad de la batalla. Es que, ¿acaso debería tener piedad? Aquellos marinos fueron los que atacaron primero, los que interrumpieron su tranquila y apasionada vida en el mar, y lo que es aún peor, los que se atrevieron a engañarlos y traicionarlos, cosa de la cual se enteró al encontrarse con Kiku en medio de la batalla, quien en breves palabras le explico la situación, haciendo hervir aún más su sangre. Si esa no era razón suficiente para estar enojado, entonces no sabía cuál debería ser.
Entre los enemigos que en acto casi suicida se tiraban contra él, pudo divisar a Alfred, quien ahora como almirante atacaba a todo pirata que estuviese a su alcance, sin importarle que estos mismos piratas hayan sido sus compañeros algunos días antes, con los cuales había reído y compartido el alimento y el ron, trabajando hombro a hombro en el barco de Arthur. Esto hizo, si es posible, hervir aún más la sangre de Antonio, quien tan cegado estaba por la escena que contemplaba, se lanzó a atacar hecho un demonio a Alfred, sin fijarse antes en la mirada de pesar y dolor de este, como tampoco en que este hería a sus combatientes sólo con el reverso de su espada, lo suficiente para no herirlos de muerte pero si para dejarlos inconscientes.
El almirante alcanzo a ver el ataque unos segundos antes evitando que el pirata pueda asentar su golpe mortífero en él. Alfred abrió enormemente sus azules ojos reconociendo al instante a su atacante, por un segundo creyó que era Arthur, por la fuerza del ataque, pero aparto rápidamente esa idea de su mente a darse cuenta de que era Antonio su atacante.
-¿Por qué, Alfred? ¿¡Por qué!- pregunto coléricamente Antonio, sin separar su arma de la del Almirante, el cual no emitía palabra alguna, enmudecido, en parte, por la reacción colérica de comúnmente tranquilo y despreocupado pirata.
-Nos engañaste- continuo hablando, sin quitarle la mirada verde y rabiosa del Almirante -No, engañaste a Arthur, ¡tú….!
Atacó con fuerza logrando hacer retroceder a Alfred hasta que este choco con una muralla cercana. Antes de poder asimilar el dolor que sentía por el potente ataque, Alfred huyo de la próxima embestida de Antonio.
-¡Tú no lo entiendes!- grito para defenderse el almirante.
-¡Entonces, explícamelo!-contesto Antonio, mientras levantaba su hacha para asentar un golpe mortal a Alfred, golpe que sabía que el almirante esquivaría, lo cual sucedió
–Entonces, explícanos, a nosotros, a Arthur…- dijo más tranquilamente Antonio, pero no quitando el veneno de sus palabras.
-Yo-
Una bala de cañón lanzada desde uno de los buques de los marinos interrumpió cualquier tipo de explicación. Que debido al impacto provoco que ambos se separaran.
-¡Maldición! ¡No disparen!- grito Alfred, mirando hacia al buque de donde había salido el disparo, aunque su orden al parecer no fue escuchada.
~o~
La batalla estaba llegando a su fin.
En los barcos yacían los cuerpos sin vida tanto de marinos como de piratas, irónicamente juntos luego de ser enemigos en el campo de batalla, pero ya eso era irrelevante. La muerte no hacia diferencias por el uniforme, no discriminaba a nadie.
Algunos cadáveres flotaban cercanos a los barcos, sus cuerpos dañados y destrozados por disparos de balas, cañones o machetazos secos de espadas o cuchillos. El olor a pólvora y a muerte dominaba la batalla, y se negaba a desaparecer.
Dentro de los barcos y buques, aún los hombres peleaban motivados por la determinación de su propia justicia y libertad, todos con el único deseo de sobrevivir.
No era diferente para Kiku, quien como se lo ordeno su capitán, protegía a Feliciano (aunque no necesitaba que se lo ordenasen, ya que lo hubiera hecho igual), el cual se había negado a ser enviado al barco de Antonio, donde obviamente estaría más a salvo. En cambio, decidió quedarse ahí, en uno de los camarotes más escondidos del barco, donde a cada disparo de los cañones, emitía un ligero gemido de miedo y un lloriqueo que no se había detenido desde el comienzo de la batalla.
Cuando Kiku trató de convencer a Feliciano de ir al barco pirata seguro, este sólo le dijo que debía de estar ahí… que sentía que algo pasaría. Cuando el pirata quiso preguntar, el amante de la pasta sólo le contestó que no lo sabía, dejando confundido al chico del cabello negro. Entonces, Kiku pudo ver a través de las intenciones de su amigo.
-Feliciano-san, usted no estará pensando en-
El ataque sorpresa de un marino interrumpió la declaración de Kiku, hiriendo al pirata de cabellos negros en el brazo.
-¡Cuidado, Kiku!- Gritó Feliciano cuando vio que otro marino se acercaba a atacar a su amigo. Pero Kiku no alcanzaría a esquivarle, por lo que Feliciano, desarmado se atravesó entre el ataque del marino.
-¡Feliciano, NO!
Kiku no podría llegar a tiempo, como si en cámara lenta se tratará vio impotente como su amigo se atravesaba frente el filo del arma del marino para protegerlo. Sólo pudo gritar.
Pero algo sucedió, Feliciano no sintió la espada cortando su cuerpo, ni menos el dolor, por un segundo creyó que haber muerto de forma instantánea, sin sufrir, pero no era nada de eso. Lentamente abrió los ojos que cerró por miedo, para ver como el marino que le atacaba botaba su espada para luego caer con un golpe seco al piso.
-¿Huh? ¿Estoy… vivo?
-¡Feliciano-san!- Kiku, se acercó a su amigo, mientras este sentía flaquear sus piernas y se deslizaba lentamente al piso -¿¡Estás bien! ¡No me asustes así!- decía mientras abrazaba a su amigo.
Mientras era abrazado, vio una sombra desaparecer detrás de la escotilla que daba a parte de afuera del barco. Feliciano podría jurar que aquella persona tenía el cabello rubio.
-¿Lud…wig?- musitó aun conmocionado.
Rápidamente se soltó del abrazo de su amigo y corrió hacia la escotilla.
-¿Feliciano-sa-? ¿¡Donde vas!
Alcanzó a gritar Kiku mientras perseguía a su amigo, pero al llegar a donde se desarrollaba la batalla, fue atacado por dos enemigos quienes hicieron que perdiera de vista al amante de la pasta.
-¡Mierda! ¡Feliciano-san!
~o~
Mientras corría lo más rápido posible y saltaba los cadáveres de tanto marinos como piratas, trataba de detener las lágrimas, especialmente a ver a sus queridos compañeros piratas caídos. Feliciano no podía creer tal masacre, sus compañeros con los que solo hace unas horas, días, había estado cantando, comiendo, riendo, ahora yacían muertos en el piso del barco que era su hogar.
Pero aún así continuó corriendo, esquivando a cualquier enemigo que quería atacarle, buscando aquella cabellera rubia peinada pulcramente hacia atrás. Pero no le encontraba. Se detuvo en la parte alta del barco, donde estaba el timón, tomando aire gritó.
-¡Ludwig! ¡Ludwig! ¿¡Dónde estás!
Aunque grito con todas sus fuerzas, no fue suficiente para traspasar los gritos de guerra que la batalla aún generaba. Batalla que estaba llegando a su fin.
Desde donde se encontraba podía ver como el barco pirata de Antonio hundía a otro barco enemigo mientras que los piratas de Arthur que estaban muy heridos subían a botes pequeños para refugiarse en el "Clavel del Sol" ayudados por los tripulantes de estos. Entonces, Feliciano lo entendió, la batalla estaba perdida, estaban huyendo, los piratas no habían podido contra la trampa de la marina.
De repente, escuchó el grito de Francis-niisan.
-¡Retirada! ¡Se acercan más buques!
Y era verdad, por el lado izquierdo del barco, se acercaban más buques de la marina de refuerzo, pero esta vez eran mucho más buques que los que originalmente había. Esto hizo que los piratas, trataran de huir lo más rápido posible, algunos tirándose al mar para sobrevivir.
Por eso bajo corriendo hasta la popa del barco donde estaban abordando los pequeños botes, pero fue muy tarde. Uno de los nuevos buques de la marina disparó sus cañones a los pequeños botes, impidiendo la única ruta de escape.
-¡Mierda, malditos marinos!- Gritó Antonio, aún en el barco de Arthur.
Rápidamente, los pocos piratas aún vivos que estaban en el barco se vieron rodeados por las nuevas fuerzas de la marina que habían abordado el barco pirata.
-Mon ami, ¿qué vamos a hacer ahora?- pregunto por lo bajo Francis a Antonio, mientras este abrazaba a un asustado Feliciano.
-Sólo espera.- fue la respuesta, mientras apretaba los dientes de impotencia y se preguntaba donde estaba Arthur y Gilbert.
Entretanto, Arthur aún luchaba con Iván en la proa, mientras Gilbert hacía lo mismo con la hermanita de este.
Los cuatro se veían muy cansados y heridos, pero aún así no flaqueaban en sus ataques.
-Kesesese, ¿acaso no pudieron con el awesome yo que tuvieron que llamar a más refuerzos? ¡Me halagan señores! ¡Kesesese! – se burlaba Gilbert, para luego ponerse en posición de batalla nuevamente contra Natasha. -¡Es hora de acabar con esto!
Fue todo lo que dijo antes de lanzarse a su último ataque, quien no dejo reaccionar a la chica, la cual solo pudo evadir el ataque de lleno gracias a sus cuchillos, que no fueron capaces de resistir el impacto del ataque y se rompieron, lanzando a Natasha fuera del barco, para caer en el mar.
-¡Definitivamente no eres de mi tipo, nena, kesesese!
Mientras Gilbert celebraba su victoria, Arthur seguía combatiendo contra el falso pirata. Mentalmente se trataba de apresurar para poder escapar a tiempo, por lo que lo más rápido que pudo ideo un plan para escapar de los ataques furiosos de Rusia.
-¡No te distraigas, England-kun, da!- llamo la atención el falso pirata cuando tiró un ataque que casi da en Arthur.
Por los pelos, pudo esquivar ese ataque, pudiendo así acercase hasta un barril llenos de botellas. Agarrando una, hizo creer a Rusia que se la iba a tirar haciendo que el falso pirata por reflejo se protegiera la cara con su arma pero nunca vino el golpe de la botella, pero si el golpe que le proporcionó Arthur con sus manos desnudas, para luego, velozmente agacharse y con su pierna dar una patada que hiciera caer a Rusia al piso directamente donde estaba la escotilla hacia la parte inferior del barco, cayendo por esta.
-Fiuu, buena esa, Cejas. Si que se la hiciste, kesesese.
-Ahora no es el momento de celebrar, idiota ¡Vámonos!
-¡Si, capitán Cejas!
Así, ambos corrieron hacia la popa del barco justo cuando el barco estaba siendo abordado por los nuevos buques de los marinos.
Al llegar donde estaban los demás piratas "atrincherados" prácticamente, Arthur vio con impotencia que no había forma de huir, los marinos se reagrupaban, mientras algunos piratas seguían combatiendo. Entre los marinos, Arthur vio como Alfred derrotaba a uno de los suyos, escogiéndose su corazón por esto.
-Piratas, están rodeados, no hay donde escapar ¡Entréguense!
Fue el grito de Alfred quien los enfrentó. En el fondo de su corazón, esperaba que los piratas se entregaran ahora y que aquella matanza se terminara de una vez por toda. Pero olvido que los piratas eran personas muy orgullosas. Especialmente Arthur.
-¡Jamás lo haremos, somos piratas moriremos luchando si es necesario!- Alguien de los piratas grito. Siendo apoyado por otras voces que apoyaban la idea.
-Ahí tienes Alfred, así somos los piratas, no nos entregaremos tan fácilmente ¡Preferimos morir en el mar ante que en un celda!- gritó Arthur.
Los piratas nuevamente tomaron sus armas dispuestos a seguir luchando hasta al final, pero un choque les hizo caer a todos en el barco, y les impidió continuar. Era el Clavel del Sol quien chocaba por la derecha al barco pirata, mientras del mismo barco, una balacera acabó con la mayoría de los marinos que mantenían rodeado a los piratas.
-¿¡Pero qué…!- fue lo primero que se pregunto Antonio, para luego ver a un tembloroso Lovino manejando el timón del barco.
-¡Da-damnit! ¡Todos los bastardos suban rápido!- ordenó Lovino.
Todos fueron subiendo, mientras la balacera de los piratas continuaba, esta vez siendo contestada por los marinos aún de pie.
-¡Vamos, Feliciano-san, hay que subir ya!- le gritaba Kiku, agarrando del brazo al mencionado, pero este no se movía, miraba fijamente al barco enemigo, Kiku siguió la mirada se du amigo y vio a Ludwig, y ahí entendió todo el por qué su amigo actuaba tan extraño.
-Felicano-san, Ludwig-san es un enemigo ahora, no hay nada que puedas hacer sobre eso.- le dijo mientras le agarraba por los dos brazos y se anteponía ante la vista de Feliciano.
-Pero, Kiku, él está ahí… tan cerca.
-Lo sé, pero este no es el momento-
Una bala de cañón cayó muy cerca de ellos destrozando el piso del barco y hiriendo la pierna derecha de Kiku, separándolos. Feliciano vio esta oportunidad para correr hacia el barco enemigo, hacia Ludwig.
-¡Feliciano-san!- Kiku se disponía a saltar el hoyo provocado por la explosión, pero Francis le detuvo.
-¡Al barco, AHORA!
-Pero, Feliciano-san…
-No te preocupes por él, Arthur irá tras de él. ¡Ahora sube!
Kiku tuvo que obedecer las órdenes de Francis, ya que con su pierna lastimada, no podía hacer nada para alcanzar a Feliciano, pero vio como Arthur corría tras de él.
-¿¡Donde demonios vas, idiota!- le grito Arthur a Feliciano cuando le alcanzó.
-¡Ludwig está atrapado ahí!- le gritó Felicano de vuelta, sorprendiendo un poco a Arthur, pues eran muy raras las veces cuando Felicano le gritaba a Arthur.
-¡Idiota! ¡Él estará bien!- mintió Arthur, aunque realmente no era una mentira de todo, Ludwig después de todo si estaría bien, ya que él era parte de los que estaban atacando.
Tomo de un brazo a Feliciano, ignorando el dolor de su brazo lastimado en la batalla contra Rusia, y corrió hasta el barco, donde con la ayuda de Berwald, Antonio, Tino y otros piratas, trataban de separar el barco de Antonio del barco de Arthur, lográndolo muy fácilmente con la fuerza casi sobrehumana de Tino, por la mente de todos en ese momento se preguntaban cómo alguien tan pequeño y que se veía tan indefenso como él podía poseer tal fuerza.
Gilbert los esperaba para ayudarles a subir, ya habiendo subido los demás, sabía que Arthur estaba herido y que no podría subir él solo a Feliciano, mientras tanto, el barco de Antonio se alejaba con cada segundo que pasaba, y es que no podían esperar más, se había escuchado por alto parlante la orden de los buques para disparar al barco pirata, por lo que deben de estar preparando los cañones.
-¡Vamos, Cejas, Feli-chan, apresúrense!- gritaba Gilbert muy serio y preocupado por la situación en la que se encontraban.
Pero, algo salió mal.
En un pestañeo, los tres piratas se vieron nuevamente rodeados.
-No los dejaré escapar.
Alfred les apuntaba con su arma, seguido por los demás marinos.
-¿¡Por qué Alfred! Ya tienes lo que querías, ¿no? ¡Ya nos derrotaste!- grito Arthur mientras tomaba su arma y le apuntaba a Alfred, poniendo detrás suyo a Feliciano para protegerlo, Gilbert hizo lo mismo.
Alfred, por otro lado, no sabía qué más hacer. Era su plan original dejarlos escapar, era, después de todo, lo que más deseaba, pero Iván, unos minutos antes le había amenazado por radio. Y es que ninguno de los piratas sabía de la existencia del buque que se encontraba lejos de la vista de los piratas, apuntado a estos con un cañón de gran alcance y dispuesto a disparar a la menor orden de Iván. A fin de cuentas, el verdadero objetivo de Iván era sólo conseguir al heredero de Roma, aquel que poseía el mapa al tesoro.
Se volví a morder los labios, ahora así más que nunca le deseaba la muerte a aquel bastardo de Iván.
-Entréguense y ya nadie saldrá herido.- Esta vez era otra voz, una más seria.
-¡Ludwig!- grito Feliciano, pero sólo recibió como respuesta por el mencionado solo una mirada de pesar.
-¡Mierda! ¡El barco se irá!- fue el grito de Gilbert que alertó a Arthur.
En el barco, mientras todos esperaban ansiosos que los que faltaban subieran rápidos para emprender la retirada, especialmente Lovino que exigía a Antonio que se devolvieran a buscar a su hermano menor, pero como capitán del barco, Antonio no podía exponer a toda la tripulación por un sólo hombre aunque este mismo fuera su tan querido Feliciano.
Arthur, acercándose más a Feliciano, le susurro por lo bajo.
-Feliciano, salta al barco ahora.
-Pero…
-¡Sólo salta!
Feliciano iba a saltar, mientras Gilbert y Arthur distraían la atención de los marinos atacando a estos, pero nadie vio al otro Almirante, al falso pirata.
Iván no dejaría que ningunas de sus presas lograran escapar, aunque fueran muertas, no dejaría que nadie más abordara ese barco pirata, por lo que quitándole la pistola a un soldado apunto a Feliciano mientras este se subía a la baranda para saltar, aun dudoso de dejar a sus amigos ahí.
Antes de saltar, se detuvo y con los ojos llenos de lagrimas miro hacia atrás, mientras escuchaba los gritos de sus amigos y fratello del barco de Antonio que le pedían que saltará, encontrándose con la mirada azul de Ludwig quien con desesperación le miraba de vuelta, deseando en el fondo de su corazón que Feliciano saltara de una buena vez y se pusiera a salvo, pero ninguno de los dos vio al hombre que apuntaba una arma contra Feliciano.
Pero Arthur si la vio, justo unos segundos después de disparada el arma de Iván, corrió para empujar a Feliciano hacia el piso para ponerle a salvo, pero no logró salir ileso ya que la bala aún así rozo muy cerca contra su ojo izquierdo, dañándole su visión y provocando que sangrara mucho su herida, haciendo que gritara por el dolor.
-¿A-Arthur?- Feliciano estaba confundido con la acción de su amigo, pero cuando vio que Arthur se cubría su ojo lastimado con su mano, mientras un gesto de dolor colmaba la cara de su capitán y como la sangre fluía a través de los dedos de este entendió la situación. –¡Arthur! ¡Tu ojo, Arthur!
-¡Feliciano, huye, lánzate al mar y nada hasta el barco! ¡Es una orden!
-Pero, tu ojo… sangra mucho, Arthur- Feliciano, ahora si lloraba por sentirse culpable por la herida de su capitán y amigo, ya que por que se distrajo provocó aquella situación. Si, por aun creer inocentemente en Ludwig, pero es que no podía dejar de creer en él, después de todo lo amaba.
Si, lo amaba, y mucho, aunque fue por un corto periodo de tiempo, Ludwig se coló de lleno en el corazón de Feliciano. Y desconocido por este último, Ludwig sentía lo mismo.
-Por favor, Feliciano… huye… please…- debido al dolor que le provoca su nueva herida y la sangre que está perdiendo, Arthur estaba lentamente perdiendo la conciencia. Lo último que vio con su ojo bueno, fue como Alfred con gran apuro y preocupación se acercaba corriendo hasta él, dando a gritos lo que parecía ser la orden de no disparar, pero leyó claramente los labios de Alfred, aunque no lo escuchaba, y supo en seguida que este le llamaba por ese nombre tan infantil que le había puesto cuando eran niños y no existían las peleas, ni los piratas ni marinos entre ellos, cuando todo era tranquilidad, inocencia y amor entre ellos
Lo último que escucho, eso sí, fue el grito desesperado de Feliciano llamando su nombre.
-A-Arthur… ¡ARTHUR!
Quiso decirle nuevamente que huyera, pero su voz ya no salía.
Pronto todo se volvió negro.
…
…
…
(Fin Flashback)
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En alguno lejano lugar en alta mar, tres horas después de la batalla.
El Clavel del Sol fue dañado, sus velas fueron rasgadas y la madera se había astillándose a los lados. Aunque el barco soporto bien, no mostrando peligro de hundiese, o algo por el estilo. Lo cual era increíble, pesando que luchó contra tantos acorazados de la marina, que le doblaban en tamaño y peso, y que aún así, hundió a algunos de ellos.
Pero aun así, el estado en que se encontraba dejaba mucho que desear, especialmente para las nuevas exigencias de Antonio, y es que el barco debería de estar listo y preparado en seguida para ir al rescate de los demás, pero el cansancio de la tripulación, como la pena y el dolor de esta a ver caer a gran número de los suyos en combate, no hacían sino demorar las reparaciones.
Entonces, hay que entender el por qué Antonio se encontraba histérico.
-¡¿Están listas las reparaciones? ¡Tenemos que partir YA!- gritaba dando órdenes el capitán español a quien se interpusiera en su camino -¡Francis, ¿las velas están reparadas?
-Tranquilo, mon cher, que no sacamos nada con apurarnos, no somos máquinas.- trato de tranquilizar a su amigo, sonriendo con su tan reconocidamente seductora sonrisa, aunque en esta ocasión se viera más forzada que nunca.
-¿Qué me tranquilice, dices? ¡Tienen a Feli-chan! ¡¿Sabes lo que le pueden estar haciendo?- le decía mientras le agarraba del cuello de la chaqueta a Francis. Realmente estaba alterado.
-¡Antonio, suéltame! Sé que esta es una gran emergencia, pero no lograras nada desesperándote… ¡lo único que haces con eso es asustar más a la tripulación! ¡Ellos están igual de preocupados que tú de Feli-chan, Arthur y de Gilbert!
Muy en el fondo, Antonio comprendía que su amigo tenía la razón, sólo bastaba ver las caras de sus compañeros para darse cuenta de ellos. Estaban preocupados por sus compañeros capturados. Lentamente, soltó la camisa de Francis, y sin decir palabra alguna se dirigió hasta el interior del dañado barco. Francis no tuvo que ni preguntar dónde iba, ya lo sabía de antemano, sólo siguió con la mirada a su amigo. A fin de cuentas existía alguien que estaba mucho más preocupado que nadie, causa de la verdadera desesperación del capitán.
Una vez dentro, Antonio se mordía los labios mientras escuchaba los gemidos de dolor de sus hombre y los de Arthur heridos. Pero no se detendría en ellos, no ahora. Por el momento su única misión era llegar hasta cierto camarote, donde lo esperaba su Lovinito.
Parándose fuera de la puerta que daba al camarote, Antonio se encontraba en una lucha interna si entrar o no entrar, por un lado quería ver a su Lovinito, pero por otro no se atrevía a ver a este a la cara, después de todo le había fallado, no fue capaz de proteger al hermano menor de su amado.
Siendo la vergüenza más grande, Antonio agacho la cabeza y dando vuelta se disponía a salir de ahí, aun no se atrevía a ver a su Lovinito, pero una voz lo detuvo.
-¡Si no entras rápido, juro que iré ahí a golpearte con la maldita puerta, dammit!- el grito Lovino desde el otro lado de la puerta, haciendo que Antonio volviera a estar enfrente de la puerta, esta vez con una leve y avergonzada sonrisa en su cara y abrió la puerta.
-Jajaja ¿Cómo supiste que estaba ahí, Lovinito? ¡Ah! ¿Acaso eres un síquico, o me amas tanto que me sientes en cualquier parte?
Esto último hizo sonrojar a Lovino, quien acostado en su cama veía al capitán pirata con la usual cara contrariada de siempre, solamente que esta vez sus ojos estaban rojos tanto llorar, esto casi rompió el corazón de Antonio.
-¡Cállate, bastardo! ¡Claro que sabía que estabas ahí, tus pasos son tan ruidosos que podrían despertar a un muerto!- dijo Lovino contrariadamente, mientras daba vuelta la cabeza para mirar la ventana y no a Antonio quien se reía por lo bajo por la reacción tan linda de Lovino.
-¡No te rías, dammit!
Pronto las risas de Antonio se desvanecieron, dejando en el aire un ambiente tenso entre ambos, Lovino aún esquivaba la mirada de Antonio.
-Lovinito, yo lo sie-
-¡No lo digas!
-¿Eh?
-No te atrevas a decirlo.
-Pero, Lovinito, realmente lo sie-
-¡Que no lo digas, dammit!- esta vez Lovino junto su mirada con la de Antonio mientras gritaba, dejando callado a este último. Continúo hablando.
-Ni se te ocurra decirme que lo sientes o pedirme disculpas, ya sé como tú te sientes, ¡no soy un idiota!- respiro un segundo mientras se levantaba de la cama y se acercaba a un estático Antonio- Si hay algo que quieras decirme que sea una promesa, prométeme que traerás de vuelta a mi hermano y a los otros dos idiotas, es eso lo único que quiero escuchar, no tus disculpas, ¿entiendes, bastardo?
Antonio aun estático en su lugar miraba con los ojos abiertos a Lovino quien se encontraba a solo un paso de Antonio, frente a él y mirándole a los ojos. Si como de un hechizo roto se tratará, el capitán pirata reaccionó dando su calurosa sonrisa habitual.
-¡Claro que lo haré! Te lo prometo, a ti, a la tripulación, como a mí mismo, que rescataré a todos. ¡Después de todo, no por nada soy el jefe de todos, ¿no?
Fue la respuesta efusiva de Antonio, que acompañada por un fuerte y gran abrazo a su Lovinito, quién por primera vez no trató de sacarlo de encima, sino que, casi tímidamente, abrazó de vuelta.
-¡Más te vale que lo hagas, bastardo!
Con esto, Antonio ahora más tranquilo, dirigió la tripulación hasta el puerto pesquero más cercano en busca de material para arreglar el barco, ayuda médica para los heridos e información de sus amigos capturados, orden que todos arriba del barco apoyaron con entusiasmo, motivados por el deseo de ver a salvo a su otro capitán y a los otros dos piratas.
Mientras navegaban hacia el puerto, Antonio en la popa miraba hacia el horizonte, volviendo a recitar para sí el juramente que tanto él y Arthur le había hecho a Roma unos años antes, cuando el anciano le había confiado a ambos el bienestar de sus nietos como la custodia del "tesoro". Deseaba, además, que Arthur se acuerde de su "plan en caso de emergencia", que los volviera a juntar en caso de que algo así pasara. A fin de cuentas, todos estaba en las aquellas "cartas de navegación" que ambos crearon.
"Arthur, más te vale que no te hayas olvidado de nuestro juramento o sino… ¡le diré a todos que nunca aprendiste a nadar bien y que aún te cuesta!"- se prometió, mientras esbozaba otra brillante sonrisa que desafiaba al sol mismo.
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En el Cuartel Central de la Marina –Celdas de prisioneros-
…
…
…
Mientras abrazaba al pirata, escucho como las cadenas por sobre su cabeza se mecían y provocaban ruido, indicando que Arthur se movía o trataba de hacerlo. Sin soltarle, miro la cara del pirata, y lo que vio le sorprendió.
Arthur lloraba.
…
…
…
-¡Suéltame!- como si de un rugido se tratara, Arthur le gritó a Alfred, quien a pesar de lo fuerte de la petición, no aflojó el agarre.
-No lo haré hasta que me escuches- al no escuchar replica de parte del pirata, siguió hablando.
-…No pido que me perdones ¡Diablos! ¡Merezco que me odies! Pero, por ahora, necesito que confíes en mí. –El abrazo se volvió más afectuoso ante las palabras del joven almirante -yo te sacaré de aquí- ahora aflojando levemente el abrazo, hasta sujetar a Arthur por los hombros, mirándole a los ojos, mientras el pirata le miraba sin hacer ruido pero con una cara que demostraba asombro, especialmente cuando vio la gran sonrisa del otro.
Aun así, el pirata no quiso creer en la sinceridad de esa mirada de color cielo, tal vez cegado por la ira, el dolor y la traición, pero no quiso aceptar la ayuda ofrecida. Cambiando la cara asombrada reemplazándola con una que demostraba sus sentimientos ciertos de traición.
-¿Tú me pides que confié en ti, Alfie?- el tono sarcástico fue palpable en su voz, borrándole casi de inmediato la sonrisa de la cara a Alfred- ¡Claro que confiaré en ti! Tal como confié en ti en el barco, cuando creí que eras uno más de nosotros, pero ¡Ah, sorpresa! Me traicionaste apenas pude recordar quien eras, git!
El sarcasmo se hacía cada vez más afilado en los labios de Arthur, sumado a su mirada afilada y llena de traición que no despegaba su vista de los ojos azules conmocionados frente a él, pero que aun así no desviaba la vista del pirata encadenado en aquella celda.
-Sé que es difícil, pero si no quieres confiar en que te sacaré de aquí, debes ayudarme a sacar por último a Feliciano ¿lo harás Arthur?- lo último era, en cierta forma una mentira que Alfred tenía preparada en caso de que Arthur actuara de esa forma. A fin de cuentas, el almirante estaba al tanto de la sobreprotección y cuidado que tenía Arthur sobre Feliciano, que aunque le hacia sentirse un poco celoso, en cierta forma la entendía, o por lo menos se imaginaba de que iba aquella protección excesiva. Es por eso que utilizó el bienestar de Feliciano para "chantajear" al pirata. Confiaba en que su plan resultará. - ¿o dejarás que tu orgullo mate a tus amigos, Arthur?
También entendía que lo que estaba diciendo era duro, pero era la verdad, como también entendió que el pirata frente a él entendía su posición.
Frunciendo levemente el ceño, Arthur se obligo a sí mismo a tranquilizarse y a pensar con lo mente fría y ya más claramente, pero aun así una parte de él no quería confiar en el hombre frente a él, especialmente su corazón traicionado.
Alfred detectando la inseguridad de Arthur y ya no sabiendo más que hacer para convencer al terco y orgulloso hombre frente a él, sólo le quedo rezar mientras se mordía los labios tan fuerte que podía sacarse sangre. Para distraerse y darle tiempo a Arthur de aclarar sus ideas, decidió distraerse con cualquier otra cosa. Lástima que nada a parte del pirata aparecían por su mente.
Encadenado a la muralla y sentado sobre el frio piso de piedra de la sucia celda, ligeramente con las piernas entreabiertas, estaba Arthur, SU Artie, quien también tenía la chaqueta semi caída a nivel de los hombros, con su camisa con los primeros botones abiertos junto con los últimos mostrando ese pecho pálido pero suave el cual Alfred ya había tanteado y más abajo mostrando su ombligo y su firme estomago… sin duda alguna una vista muy erótica. Alfred se sintió sonrojar hasta las orejas.
"OhShitohshitohshit! ¡Este no es el momento para ponerse a pensar en 'aquello'! ¡Concéntrate Alfred!"- se reprochaba a sí mismo.
Mientras Alfred discutía con sus diablillos internos, Arthur seguía midiendo las consecuencias de sus posibles futuras decisiones. Trató de imaginar que decisión tomaría Kiku si estuviese en su posición, el cual era reconocido por su prudencia y sus buenas decisiones. Mentalmente se imagino a Kiku, llegando a la conclusión de que su amigo oriental hubiese hecho lo posible por salvar a Feliciano, su amigo, y él, como uno de los guardianes de los hermanos Vargas (y también amigo, aunque Arthur no lo aceptaba), tendría el deber de hacer lo mismo, aunque eso significara vender su alma al holandés errante y hacer un trato con Barbanegra al mismo tiempo. Su orgullo se lo exigía. Además, por más que pensara esa era la única posibilidad de escape que se le ocurría y a riesgo de que fuese otra trampa, debí de tomar la apuesta. Era todo o nada.
Pero su corazón aún se negaba y se encontraba en un dudoso estado.
Levantando su cabeza para mirar al almirante frente a él y hacerle saber su decisión, a regañadientes tomada, quedo con las palabras en la boca al ver como Alfred le miraba con sus mejillas sonrojadas y con claras muestra de lujuria en sus ojos azules.
Inmediatamente se fijo que él era la causa de aquel aspecto tan indecoroso del Almirante como también se dio cuenta de su posición y estado, sonrojándose automáticamente ante esto. Y con un grito leve (más bien un chillido… viril) pateó al almirante para llamar su atención.
-¡Qué demonios estas mirando, git!- le grito sonrojándose más y trayendo la atención de Alfred a la realidad de su discusión/debate/imaginación. Pronto trató de acomodarse y de hacer su posición menos indecorosa pero las cadenas y el dolor de de sus heridas, en especial de su ojo izquierdo le molestaban mucho para moverse libremente, haciendo que el sonrojo en su cara nuevamente llevase a Alfred a su imaginación. Recibiendo una nueva patada del pirata que esta vez sí le trajo a la realidad.
-Hahaha. No, no miraba nada. Hahaha- dijo casi tímidamente rascándose la parte de atrás de su cuello en un acto de nerviosismo por ser descubierto.- ¡Los héroes no hacemos eso!
-¡Mentiroso! Me estabas mirando igual que esa rana* mira a las mujerzuelas de esos burdeles- se estremeció de acordarse de la forma tan desvergonzada con la que Francis miraba a aquellas mujeres, podía ser pirata pero por lo menos tenía un poco de decencia, palideció ante esto- ¡Santo cielo! Te juntaste mucho con él ¿¡Qué te dije sobre juntarte con pervertidos como ese!
-¡Ehh! Pero Artie…- hizo un puchero.
-Nada de peros, pensé que te enseñé mejor que eso.
Sin darse cuenta, el aire tenso alrededor de ellos desapareció siendo reemplazado por un sentimiento más familiar y cálido. Aunque ambos se dieron cuenta del cambio, ninguno de los dos trato de cambiarlo, ya que ambos agradecieron internamente el cambio agradable a su ya problemático ambiente.
Así, ambos siguieron discutiendo por un par de minutos más, donde Arthur llamaba pervertido a Alfred y este se defendía llamando al pirata embaucador erótico.
-Pervertido, ecchi, hentai, pervertí- ¡Auch!- un fuerte dolor en su ojo izquierdo mal herido le impidió continuar con su oración.
-¡Artie! ¡Tu ojo está sangrando!
-¡Lo sé baka! Duele como los mil demonios… ¡maldito sea ese Rusia!
Precisamente, el ojo herido de Arthur sangraba nuevamente empapando las vendas que le cubrían, dejándolas, nuevamente, inútiles. Sin hacer preguntas, Alfred se levanto de su posición frente a Arthur y salió de la celda. Arthur no alcanzó ni siquiera a preguntarse a donde se dirigía el chico, porque este regresó inmediatamente, eso sí que esta vez portaba una caja blanca con una cruz roja pequeña en medio, un botiquín. Sin emitir palabra alguna y sin dudar de sus acciones el marine se volvió a poner frente a frente al pirata encadenado.
Abriendo el botiquín saco lo necesario para curar y vendar la herida, todo bajo la atenta mirada de Arthur. Listo para la curación, Alfred se vio detenido por la débil y mal hecha patada de Arthur.
-¡No te atrevas a tocarme!- decir que esto sorprendió a Alfred sería una declaración comedida, él esperaba esta reacción del orgulloso pirata. Suspiró.
-Pero Artie, si no lo hago se va a infectar- trató de utilizar su tono más suave y tranquilizarse a sí mismo para que Arthur también lo hiciera.
A pesar que sabía que no existían malas intenciones en el acto de Alfred, no pudo evitar actuar de esa forma. Desviando la vista de los azules sinceros y preocupados del otro chico, manifestó la razón que ya Alfred conocía.
-Ya te dije que aún no puedo confiar en ti, me traicionaste antes- apretando fuertemente los puños y aún reusándose mirar al rubio frente a él, continuó - ¿Por qué no lo harías ahora?- ahora mirándole, con su único ojo mientras el otro aún sangraba, dándole al otro una mirada afilada que a pesar de todas aquellas emociones funestas, aún mostraban el deseo por una respuesta que le hiciese creer en el otro. No, más bien, deseaba creer en Alfred.
Alfred se dio cuenta del verdadero significado de las palabras de Arthur. Suspiro nuevamente.
-Mira, ya debes de haberte dado cuenta que no tienes otra mejor opción que confiar en mi ahora- dijo mirando con la misma intensidad que Arthur le tenía a la vista.- o aceptas mi ayuda y salvamos a Feli-chan y a Gilbert o te quedas aquí y son los tres ajusticiados, por favor confía en mí en esto, después si quieres haces lo que quieras conmigo, si quieres hasta me tiras a los tiburones envuelto en carne cruda. Pero, please, confía en mí.
Ya estaba hecho, sus sentimientos estaban todos expuestos en aquella frase, él no se daría por vencido, rescataría de ahí a Arthur a los demás, no importa si después este le quisiese matar por su traición.
A fin de cuentas se merecía un castigo por ello.
Arthur entendía a Alfred, su dilema de hacer lo que siempre considero que fue correcto como marino y el traicionar a tus amigos, si hubiese sido otro caso donde el sólo hubiese sido un observante, hubiese apoyado al rubio almirante pero era él el traicionado.
Y por su persona amada ya sea.
Como se encontraba en una encrucijada, el pirata se obligo a pensar de forma objetiva y fría. Debía de tomar una decisión rápida. Con su rápida mente analítica y revisando los pro y contras, aceptó lo que hace rato de había percatado: que en lo que Alfred le ofrecía, él ganaba más. O sea, no sólo lograría su libertad, sino también la de sus amigos, mientras tanto, ¿Alfred que sería después de esto?
"Un criminal", se dijo a sí mismo dándose cuenta de la situación en que quedaría el almirante después de ayudarle.
Mientras Arthur analizaba su situación y la de Alfred, este esperaba una respuesta. Pero nunca fue bueno esperando.
-Ahora, no es como si te vaya a echar sal en la herida- dijo llamando la atención del pirata y dando una de sus patentadas sonrisas- Así que déjame ver ese ojo.
Con casi timidez y con extrema delicadeza, se acerco al ojo herido de Arthur, y lentamente, intentando no causar más dolor al pirata sacó la venda ya teñida por la sangre fresca. Mientras iba desenvolviendo la venda de la cabeza de Arthur este con su ojo bueno observaba al muchacho.
"No,"-se corrigió a sí mismo-"al hombre."
Ahora que podía recordar, pudo apreciar cuanto Alfie creció. Sus ojos eran algo que no había cambiado mucho, seguían tan azules y sinceros tal cual los recordaba, tal vez ya no con ese constante brillos inocente, inocencia que había de seguro perdido con la edad, pero aún ese brillo de inocencia no estaba del todo ausente, él se percató cuando estaban en el barco. Su cuerpo si había cambiado, obviamente creció como todas las personas, pero el entrenamiento de la marina seguro hizo maravillas en el cuerpo de Alfred, formando un cuerpo digno de envidia, con hombros anchos pero elegantes y un torso musculoso pero terso, y esa piel besado por el sol…
"Dios, tengo que detener esto ahora", se dijo Arthur tratando de detener las imagines del almirante en su cabeza, más bien la del almirante desnudo en su cabeza mientras evitada que el otro se diera cuenta de su mortal sonrojo. Para su suerte, Alfred estaba muy concentrado en sus labores de curación.
Pero, en resumen era definitivamente cierto que Alfred se volvió un hombre muy apuesto, y él tuvo la oportunidad de tener a ese hombre en su cama.
Los recuerdos de esa noche le hicieron sonrojar de forma extrema, aunque no se recordaba de todos los detalles de aquella noche (¡demos gracias al alcohol! –Sarcasmo-) definitivamente había desfrutado de aquella noche poseyendo ese cuerpo. Una sonrisa cómplice y depredadora adornó su cara.
En cambio, Alfred por razones distintas estaba que lloraba de pena, la herida en el ojo del pirata estaba peor de lo que creía, sanaría de eso no cabía duda, lo sabía sin tener que tener ayuda médica profesional, pero tardaría su tiempo, pero le causa un dolor tremendo y una pena infinita el saber que por su culpa no podría ver los hermosos ojos verdes del pirata. O por lo menos, no ambos.
Trató de tranquilizarse y continuar con la limpieza del ojo herido, haciendo el procedimiento lo más suave que podía para no dañar en sí el hermoso ojo del pirata. Una vez que esta labor esta casi hecha, notó la cercanía inconsciente en la que se encontraban. Una cercanía que era mucha a su parecer, pero que aún así no trató de alejarse de ella. Trató de concentrarse de nuevo en la curación pero no pudo evitar que sus mejillas fueran teñidas con un leve sonrojo o que su mirada cayera de vez en cuando en los labios pequeños, rosados y deliciosamente entreabiertos de Arthur. De repente estos se vieron muy apetecibles para él y se sintió con ganas a saber a que sabían en esta ocasión: ¿aún sabrían a ron y whisky? ¿A sal y té? O esta vez sabrían a algo más delicioso aún, a un sabor indefinible de libertad tal vez.
Arthur notó la cercanía antes que Alfred, pero no hizo nada para dejar saber al otro de ella, disfrutando de la vista que el rostro serio y concentrado de Alfred le entregaba, rostro que le tenía maravillado. Pero una vez que se dio cuenta que el otro reaccionó a su cercanía, se tensó, especialmente cuando noto que los ojos maravillosos del otro observaban detenidamente sus labios, haciendo que se sonrojara. Y más aún cuando dicho almirante le tocaba delicadamente haciendo pasar este toque por un accidente al estar curando su herida en el ojo.
-Cu-cuidado, baka.
-Lo-lo siento, Artie. Tendré más cuidado.
A pesar de esta conversación no fue suficiente para romper el encantó, es más lo aumento, ya que Arthur en ningún momento le pidió que le dejase de tocar, sino que tuviera cuidado, ¿era acoso una invitación? Arthur lo negaría si fuese un sí.
Alfred siguió haciendo como si estuviese concentrado en la herida del pirata, mientras este último le miraba de reojo. Ambos rostros mostraban un leve sonrojo, pero en su interior, ambos estaban felices, deseando que pudiesen estar siempre así, donde las palabras no eran necesarias y donde podían estar juntos sin que ningún problema les agobie, ya que en ese mágico momento se olvidaron de todo, solo existía el otro frente a ellos.
El crujir de las cadenas de Arthur fue el que terminó por romper el encanto y marcaron el fin de la curación por Alfred, el ojo del pirata ya tenía nuevas vendas. Quedando en el aire la tensión del momento. Rompiendo la cercanía, Alfred en silencio guardó las cosas en el botiquín y una vez guardado todo, tomo un poco de valor y se atrevió a decir su confesión a Arthur, tal vez le creería y él no se rendiría tan fácilmente, haría comprender al otro que sus sentimientos eran verdaderos.
-Artie, yo- a pesar de su determinación dudo un poco, pero sus dudas se disiparon cuando se percató que Arthur le tenía a la vista con una mirada curiosa. – te amo.
Ahí está, lo dijo de una forma directa y de una forma segura. Quizás no era la mejor forma de decirlo, ya que una celda mal oliente y mohosa no era el lugar más romántico del planeta, pero ya nada importaba en eso momento, sólo que lo había dicho nuevamente y que lo volvería a decir hasta que Arthur dijese lo que él quería oír. No se rendiría, jamás lo haría.
Al fijarse en el silencio del pirata, quien bajó la mirada y su pelo oscurecía sus ojos, decidió seguir hablando, tal vez por el nerviosismo, además todo el mundo sabe que Alfred F. Jones no puede estar callado por mucho tiempo y más cuando se encontraba en una situación que ponía a prueba sus nervios.
-Yo-yo n-no te digo esto para que confíen en mi errr, ¡ah! yo te a-amado desde que soy un niño ¡desde que te conocí! mmm ¿te acuerdas como nos conocimos? Hahaha de seguro que te acuerdas, que cosas digo, errr- dudo en que decir por un segundo, para seguir con monologo sin sentido- ¿te-te acuerdas cuando te pedí que cuando grandes te casaras conmigo? En ese momento hablaba en serio, ¡di-digo, no me refiero que cumpliré esa promesa ahora!, so-solo si tu quieres claro- nuevamente quedo en silencio, pero aún no había respuesta de Arthur, le puso más nervioso - ¡lo que importa es que siempre estuve enamorado de ti! Y no sabes cómo te busque cuando nos separamos ¡me negaba a creer que estabas muerto! A pesas que todos decían eso. Yo-yo ermm- al parecer el nerviosismo no sólo le puso hablador, sino que sus gestos con las manos eran de locos y se sentía muy avergonzado, pero para decir lo siguiente se obligó a tranquilizarse. Suspiro - sentía que tú estabas vivo, en mi corazón, por eso me metí a la marina, para buscarte y salvarte de los piratas que te secuestraron, entonces yo podría ser tu hero como tanto soñé cua-
-Cállate- a pesar que su voz fue muy suave, Alfred logro escucharla, callándole, Arthur en ningún momento levantó la mirada o siquiera moverse.
-¿Arthur?- preguntó confundido, y aunque no querría reconocerlo después, asustado.-¿Arthur?- le llamó nuevamente.
-¡Que te calles!- gruño el pirata, para después levantar su mirada y juntarla con la de Alfred.
Cuando el verde hizo contacto con el azul, Arthur, quien portaba un ceño fruncido es su cara, miraba fijamente a Alfred, quien a cada segundo sentía que sus manos sudaban más por los nervios, hasta que Arthur suspiro suavizando sus facciones delicadas.
-…Eres realmente un idiota Alfred, enamórate de alguien como yo, quien fue tu hermano por tanto tiempo…
-¡Nunca te consideré mi verdadero hermano!-interrumpió agarrando los hombros de Arthur, sorprendiendo a este. Dándose cuenta de su acceso y suavizando se agarre, continuó.
-Err, digo, te quería mucho y aún lo hago, pero nunca te consideré un verdadero hermano o un familiar ya sea…
Arthur no pudo evitar la mirada de daño que paso por sus ojos.
-…para mí siempre fuiste más que eso, eras mi todo, la persona más importante en mi vida. Y aún hoy lo eres.
La sinceridad y la alegría que salió de la voz de Alfred al decir lo anterior hicieron a Arthur muy feliz, haciendo que se le olvidara el daño de enterarse que nunca Alfred y él fueron "hermanos".
Todavía en silencio, Arthur sonrío, pero esta sonrisa era distintas a las otras, a cualquier otra que hubiese dado antes, no era sarcástica ni tampoco una llena de arrogancia, sino que eran de las sinceras, llenas de amor y sinceridad, que raramente Arthur se dejaba mostrar, de aquellas sonrisas de las cuales Alfred recordaba, las que en muchos sueños él veía y anhelaba volver a ver, de aquellas sonrisas que siempre le mantuvieron en pie en sus momentos más difíciles, que eran su motivación cuando se quería rendir (hasta un héroe en un punto quiere tirar la toalla) en su búsqueda de su Artie. Pero que siempre el recuerdo y la añoranza de ver esa maravillosa sonrisa nuevamente y a su portador le daban fuerza para seguir luchando.
Y en aquellos momentos, que por fin la tenía frente suyo, lo único que pudo hacer fue sonreír de vuelta mientras sus ojos llorosos pero alegres demostraban su felicidad infinita. Su sonrisa suavizó sus facciones iluminando su rostro, fue una sonrisa suave.
Sus manos dejaban los hombros de Arthur y se presionaban en la cara de este, quien miro casi sorprendido, pero sabiendo que no había nada que temer con la acción del otro, quien sin apuro alguno se cerco al otro, juntando sus labios en un beso casto que no duro mucho pero que si fue significativo y lleno de amor, luego se separaron levemente, juntando sus frentes y ambos sonriendo al unísono.
-Te extrañe, Artie.
-Y yo a ti, git.
Y sin más, compartieron otro beso, pero esta vez más largo, que cada vez se ponía más intenso y profundo. Ambos sentían que aquel beso era distinto a cualquiera que se hubieran dado antes, no sabía a alcohol o a despedida, sino que sabía a promesa y amor, a un amor puro de que llevaba esperando muchísimo tiempo por salir a la luz.
Pronto la necesidad de aire se hizo presente y ambos con un acuerdo silencioso se separaron sin mucho apuro, para juntar sus frentes y sonreír nuevamente, se volvieron a olvidar de todo a su alrededor, de sus problemas y de su situación actual, sólo existía el otro frente a ellos.
-Te amo, Arthur- volvió a decir Alfred.
-Yo también te-te amo, Alfred- respondió, tímidamente, dejando de lado su orgullo.
Esto hizo increíblemente alegre a Alfred que luego de un grito de alegría se abrazó al cuerpo del otro, olvidándose de las heridas del pirata, haciendo que este emitiera un gemido de dolor.
-¡Baka, eso duele! ¡Auch!
-Hahaha, lo siento- se disculpó Alfred algo avergonzado pero aún feliz y sin soltar a Arthur, sólo aligerando el abrazo. No quería soltar al otro, no quería dejarle ir nunca.
-También deseo abrazarte, sabes-dijo en voz baja y desviando la mirada, Arthur- pero estas malditas cadenas…
No necesito continuar, Alfred ya sabía cómo terminaría esa frase, aún así miro con odio a las cadenas.
-Sí, lo sé, pronto te liberaré de ellas, pero antes necesito saber si es que me vas a ayudar a salvar a Feli-chan (y Gilbert)- dijo seriamente el rubio, sin soltar aún al pirata.
Arthur bufó.
-¿No crees que la respuesta es obvia en estos momentos?
-¿Es eso un sí?- contrarresto tímidamente Alfred rascándose la mejilla.
Arthur suspiro ante la idiotez de su amado.
-¡No tengo ninguna otra alternativa! ¿O acaso hay alguna?- dijo con una sonrisa astuta para después enderezar su cabeza y depositar un beso en la mejilla del almirante. Sorprendido pero feliz, Alfred volvió a abrazar suavemente al pirata.
-Así que déjeme escuchar su brillante plan, Almirante Jones.
Si es posible la sonrisa de Alfred creció más.
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Notas:
*Lo más probable que se hayan dado cuenta que se refería a Francis, pero si no lo hicieron, pues… ¡se refería a Francis!
Errr, por favor no me golpeen. Tengo mis razones para esta demora de… ¡más de un año! Dios, ¿qué me pasó? No pido que me perdonen, como tampoco voy a exponer voluntariamente mis razones del este terrible atraso, pero si ustedes me piden una explicación la daré (algo que inventar se me ocurrirá juajajajaja... naa, mentira)
Sobre el capítulo, tengo que decir que es largo (a comparación de lo que siempre escribo) originalmente serían 3 capítulos, pero esta es mi compensación por el tiempo que hize esperar (¡LO SIENTO! T.T).
Otro punto, es que tal vez sea un poco confuso, con tantos flashback en flashback xD (sorry, me di cuenta demasiado tarde lo que estaba haciendo) y la continuación de las partes de capítulos anteriores. Para que les quede más claro, la parte donde Alfred y Arthur en la celda es la continuación directa del capítulo anterior, todo lo anterior es flashback. Si aún así sigue confuso, por favor denme a entender para dejar más clara la situación.
Otra cosa es que por fin hay USUK, me costó y no es mucho, pero quede conforme, nunca antes había escrito algo así, más bien esta se podría considerar como una de las primeras cosas que escribo, incluido el "romance", pero juzguen ustedes, en serio espero que les haya gustado.
Bueno, pues lo de siempre: comentarios, piedrazos, amenazas de muerte, regalos, críticas, y otros, en un review por favor.
¡Ah! Olvidaba algo de mucha importancia, con respecto a los próximos capítulos: ¿qué prefieren? ¿Que sean largos y me demore en publicar o cortos y publique más seguido? Por favor dejen la opción que más les guste en un review =D
Ahora sí, ¡Adiós! Hasta la otra actualización.
P.D.: Espero no demorarme tanto, por lo menos no un año (y más) otra vez.
P.D.2: Necesito urgentemente una beta. Se aceptan recomendaciones.
P.D.3: Cualquier falta de ortografía, avisenme por favor, ya que es o culpa mía o de fanfiction.
