¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. Comencé el cole y ya se me acabó la libertad, estoy hasta el tope y bueno hago todo lo posible por actualizar rápido. Muchas han preguntado cuantos capítulos son o cuantos faltan, para ser sincera no lo sé, simplemente voy a donde mi inspiración me lleve sin embargo es probable que no falte mucho, como tengo tanto que hacer quiero finalizar lo más pronto posible para que no sufran ustedes ni yo jejeje. Disculpen si no respondo los reviews estoy full de verdad con las cosas del cole, la inscripción en la uni, para donde me voy cuando me gradúe, muchas cosas que me mantienen ocupada de lo que en verdad me gusta que es escribir, pero bueno pronto vienen carnavales y elecciones así que tendré un tiempin libre. Prometo actualizar lo más pronto posible y como siempre gracias por seguirme y hacer reviews aunque tarde mucho en actualizar a veces. Las quiero un mundo xoxo V

PD: Espero que les guste este cap


Tercera Persona P.O.V

Al cabo de unos minutos el equipo de rescate había sacado a la castaña de aquel barranco subiéndola con prisa hasta donde se encontraban la banda de camionetas que anteriormente les perseguía. Mientras atendían superficialmente sus heridas ya que no había mucho que hacer (debían llevarla a un hospital a juro) apareció un hombre que llamó mucho su atención, era buen mozo y tenía unos ojos color zafiro que la hicieron sonrojar, gracias a lo sucia que estaba, nadie lo notó. Aquel hombre se acercó a ella con desespero buscando su rostro, en el momento en que sus miradas se juntaron fue algo bastante peculiar. Ella sintió mariposas en el pecho mientras que él sintió un gran alivio pero también sintió algo extraño en la misma zona que la chica, algo así como emoción, deseo... Ignorando aquellas sensaciones Miroku corrió hasta la chica sin despegar su mirada ni un segundo, ella estaba sentada en el suelo ya que le dolía moverse, él se arrodillo a su lado moviendo a los paramédicos de su camino.

-¿Eres tú la señorita Sango Taisho?- preguntó seriamente con la esperanza en sus ojos, grabando cada facción de su rostro.

-Si- dijo ausente la chica que estaba distraída ante la cercanía de aquel hombre ¿Qué le estaba pasando?, inmediatamente Miroku sonrío arreglándole el cabello a la chica tras las orejas.

-Estás a salvo- Inquirió él sin dejar de sonreír, llevó una mano a su oído murmurando -Taisho, la tenemos- luego de una corta pausa volvió a hablar -Si, ya vamos para allá, te doy los detalles luego- él volvió a verla más cálidamente esta vez -Vamos a casa- Por alguna razón ella sintió ganas de llorar, de felicidad por su puesto, siempre había sido una chica fuerte que lloraba en tan sólo contadas ocasiones sin embargo en aquel momento decidió no aguantarse -Tranquila, ya todo estará bien- las palabras de aquel hombre sin duda la sorprendieron.

Al estabilizarse la montaron en la camilla de una ambulancia y se la llevaron escoltada por el resto de las camionetas aunque otras se quedaron para inspeccionar el área, ya que sus secuestradores aun se encontraban en algún lugar de ese barranco. Durante el camino Sango logró descansar aunque al principio no estaba muy convencida de la idea ya que el hombre de ojos azules la acompañaba.

-¿Quién eres?- preguntó la chica, no sólo por su deseo de saber quién era si no también por el hecho de que el debía tener las respuestas a sus preguntas. Inmediatamente el hombre que había estado callado subió su mirada encontrándose con unos ojos marrones enmarcados en círculos púrpuras.

-Miroku Walker…yo trabajo con tú hermano Inuyasha- Sango arrugó la cara -Déjame explicarte- Miroku respiró profundo y prosiguió a contarle todo lo que le había comunicado semanas atrás a sus padres. Al terminar el relato él miro a la chica que estaba acostada a su lado esperando su respuesta sin embargo no pudo más que notar el vacío en su rostro -Sé que es algo fuerte pero…- antes de que pudiese terminar fue interrumpido.

-¿En dónde están?- preguntó ella sin mirarlo, estaba aguantando las lágrimas como podía.

-Inuyasha está en tú casa recuperándose, ya pronto lo verás- ella asintió.

-¿Y…Aome?- aquel nombre le cortaba la lengua y le ahogaba la garganta, Miroku suspiró.

-Ella…ella está en Rusia…- dijo muy bajito aquel hombre. Ella se quedó callada por un rato.

-¿Cómo está?- preguntó Sango luego de preparase mentalmente para cualquier respuesta que pudiese recibir.

-Nosotros…no lo sabemos…- La castaña giró su cuello bruscamente lo cual le causó un dolor agudo a lo largo de su espalda sin embargo decidió ignorarlo mirando con confusión al pelinegro -Lo único que sabemos es que está allá sin embargo no tenemos idea de su estado físico o en dónde está precisamente…su estado psicológico es lo que nos preocupa más…- la última oración la murmuró para si corriendo con la mala suerte de que Sango lo escuchara.

-¿A qué te refieres con su estado psicológico?- preguntó inmediatamente la chica sin entender exactamente a qué se refería. Sabiendo que había metido la pata él se quedó callado por unos momentos sin dejar de verla mientras debatía internamente si debía decirle o no la verdad.

"Tarde o temprano se va a enterar…Inuyasha ya lo sabe y se nota que esta niña insiste bastante, si no se lo digo yo se lo va a preguntar a Inuyasha que estoy seguro de que eventualmente cedería…a demás…podría ser de gran ayuda hasta que Inuyasha se recupere, si sobrevivió todo este tiempo y logró escapar dada la oportunidad demuestra de que es alguien inteligente…"

-¿Alguna vez has escuchado hablar sobre las personalidades múltiples?- la pregunta inesperada le cayó como un balde de agua fría, definitivamente no era lo que estaba esperando.

-Si, algo he escuchado por ahí...- respondió sin entender exactamente por dónde iba la conversación, al ver la cara de confusión de la chica él decidió explicarle brevemente.

-Verás éste fenómeno surge cuando por ejemplo alguien, generalmente cuando es pequeño, sufre algún trauma o abuso grave tanto físico como psicológico por lo que la mente en forma de defensa crea a otra persona para que el verdadero individuo que ha sufrido el trauma lo olvide por algunos momentos…cuando una personalidad alterna toma control la persona no puede recordar lo que hizo o lo que pasó durante ese lapso de tiempo, tanto es así que la persona no sabe cuando sus personalidades cambian, de pronto pueden estar viendo televisión y ver o escuchar algo que despierte a la otra persona- Sango escuchaba atenta cada palabra.

-¿Pero…qué tiene que ver Aome en todo esto?- preguntó ella, él suspiró.

-La señorita Karshnikova sufre de éste fenómeno debido a los traumas y abusos que sufrió durante la niñez específicamente después de ser adoptada…digamos que su "padre" no era el más dulce- los ojos de la chica se abrieron como ventanas ¿Qué le habían hecho a su amiga? -En fin…Aome… ella posee algo en su mente, una información que es sumamente valiosa para nosotros sin embargo si esa información cae en manos equivocadas podría significar el comienzo de una guerra entre Rusia y los Estados Unidos. Naraku Karshnikova de alguna forma se enteró de esto y como le beneficia a nivel monetario quiere esa información pero…el problema radica en que al Aome desarrollar distintas personalidades es más difícil descifrar cual de ellas tiene lo que necesitamos…ni ella misma sabe que sufre de éste trastorno o que es crucial para el país…- Sango no creía lo que escuchaba estaba anonadada sin poder asimilar bien la información que le acaba de transmitir Miroku -Por ello nos perocupa mucho su estado psicológico y ahora que está perdida del mapa nos encontramos en alerta roja permanente, obvio, el país no lo sabe sólo los que estamos a nivel gubernamental lo sabemos, no podemos darnos el lujo de alarmar a los residentes- La chica lo seguía mirando atenta respirando poco a poco, entonces como pudo colocó su mano sobre la de él haciendo que sus miradas se econtraran una vez más.

-La vamos a encontrar…la tenemos que encontrar- reafirmó muy valiente Sango, su actitud le recordó mucho a como era su hermano, cansada se dejó abrazar por el sueño.


Inuyasha P.O.V

Las horas pasaban y la ansiedad me carcomía ¿Cuándo iban a llegar? Miroku había quedado en avisarme a penas tocaran tierra norteamericana. Le había avisado inmediatamente a Seshomaru que ya Sango estaba a salvo y prometí informarle cualquier otra eventualidad. Gracias al cielo ya podía caminar, lo único que me limitaba un poco era mi brazo pero definitivamente ya podía valerme por mi mismo sin embargo no había sanado del todo según el doctor. Para mi ya estaba lo suficientemente bien como para ir en busca de Aome ya que mi hermana se encontraba bien nuevamente. Opté por no decirle nada a mis padres hasta que Miroku llegara al país.

-Taisho ya estamos aterrizando, estaremos llegando al hospital en eso de veinte minutos sin embargo no puedes salir de tú casa, avísale a tú familia para que la reciban, ella está desesperada por verlos-

-¡¿Cómo que no puedo salir?- exclamé tal vez muy alto haciendo que Shippo corriera a mi habitación pero lo ignoré.

-Recuerda que hasta el día de la audición tienes morada por cárcel y tenemos que hacer todo lo más real posible, si sales de tú casa podrías estar en un verdadero y grave problema a demás complicarías todo más de lo que ya está, así que dile a tú familia que vaya al hospital a recibir a tú hermana, lo más probable es que le den de alta en unos días, nos veremos pronto Taisho tenemos cosas que planear- Aunque estaba sin duda molesto entendía su punto, no podíamos arriesgarnos una vez más, ésta era sin duda nuestra última oportunidad para engañar a Naraku y así poder recuperar a Aome. Respiré profundo descargando mi ira e impotencia con mi mano buena dándole un golpe sordo a la pared.

-De acuerdo…gracias Miroku- le dije seriamente, sin duda estaba eternamente agradecido por encontrar a mi hermana.

-Es mi placer Taisho, nos vemos pronto- dejé de escuchar la voz de mi jefe que a su vez se había vuelto un gran amigo. Me quedé en mi lugar pensando, viendo por la ventana a ningún lugar en especifico.

-¿Hermano, está todo bien?- escuché la voz de Shippo resonar a mis espaldas, respiré profundo para girarme y encontrarme con sus ojos verdes, los cuales siempre me pregunté de dónde los había sacado, Seshomaru y yo teníamos los ojos como mi padre y Sango como mi madre pero Shippo era totalmente diferente. Caminé hasta él y puse una mano en su hombro delgado, Dios debía entrenar a ese niño parecía un fideo.

-Ve a vestirte- sin más salí de mi habitación caminando lentamente hasta el cuarto de mi madre en donde estaba cien por ciento seguro de que la encontraría. La puerta estaba medio abierta dejando a la vista la oscuridad del cuarto, las cortinas estaban completamente cerradas sin embargo un rayo de luz se escabullía por ellas dejándome divisar la figura de mi madre sobre la cama, el ambiente era pesado y pude notar unos cuantos trozos de papel arrugados regados por la cama rodeando a mamá. Ella estaba echa un ovillo, en su delicada mano estaba atrapado un poco de papel y en su pecho abrazado por su otro brazo una foto de Sango, su respiración era tranquila sin embargo su rostro mostraba la tristeza que sentía, sus ojos estaban hinchados por tanto llorar. Abrí un poco las cortinas, lo suficiente para iluminar con sutileza la habitación, me arrodillé frente a mi madre lentamente ignorando la molestia que ocasionaba mi herida -Mamá- susurré quitando unos mechones desordenados de cabello que enmarcaban su rostro, su cabello era tan suave, recordé entonces los numerosos momentos en los que me dormí jugando con él. Ella abrió sus ojos lentamente suspirando al verme, escondió la foto de mi hermana y se incorporó rápidamente.

-¿Qué pasó hijo te duele la herida?- preguntó tratando de levantarse, yo no pude evitar sonreír, ella siempre trataba de ser fuerte, más que nunca en estos últimos días.

-Mamá…ya encontraron a Sango- le dije tomando su mano, inmediatamente sus ojos se abrieron de par en par.

-¿De verás?- preguntó incorporándose con mayor rapidez.

-Si, ya la están llevando al hospital por algunas heridas que tiene pero no es nada grave, ya todo está bien mamá- acaricié su rostro escuchando un sollozo escapar de su boca -Ve a vestirte para que te lleves a Shippo, ya le aviso a papá y a Seshomaru- ella asintió levantándose de la cama, parados los dos, le di un abrazo -Anda, ella está ansiosa por verlos- ella asintió sonriente con unas lágrimas escapando por sus mejillas.

-¿Tú no vas a venir?- me preguntó recogiendo el desastre de papeles sobre la cama.

-Estoy bajo arresto, ¿Recuerdas?- ella se detuvo por un momento, creo que metí la pata en ese momento -No te preocupes es todo parte del plan, tú solo confía en mi- caminé de nuevo hasta ella para verla a los ojos -Todo estará bien mamá, ahora ve a vestirte que yo me encargo de arreglar la casa- mamá me miró por unos momentos para luego asentir, tomó mi rostro dándome un beso en la frente, poniéndose de puntillas claro y yo agachando un poco la cabeza. Mientras mamá se bañaba y se vestía arreglé su cama deshaciéndome de los interminables papeles, llamé a mi padre y a mi hermano para darles la noticia mientras Shippo no podía contener la emoción. Al cabo de unos minutos ya estaban listos para partir.

-¿Seguro que no puedes venir?- preguntó mamá colocándose el abrigo.

-Totalmente, ella vendrá pronto a casa de todas formas así que no te preocupes- sin más los despedí viendo como se perdían en el auto por la avenida. Respiré profundo cuando sentí la casa completamente sola.

Hacia bastante tiempo que no me encontraba en un lugar de esa forma, solo. Solía estar así en mi antiguo apartamento sin embargo el ruido de los vecinos siempre me hacia sentir que había alguien, en aquel momento todo estaba en absoluto silencio, por primera vez en un buen tiempo me sentí totalmente solo. Caminé por la casa viendo en el camino cada foto familiar, cada retrato que capturaba algún momento, alguna época dorada, alguna fiesta, las fotos navideñas, el día que Sango junto con Aome montó un puesto de limonada, el día en que gané mi primer trofeo, el día en que Shippo llegó por primera vez a casa, el día que Seshomaru montó bicicleta por primera vez, el día en que mis padres se casaron…tantos recuerdos que me hacían feliz.

Un sonido proveniente del sótano perturbó mi momento de paz alarmándome completamente. Miré la puerta que estaba bajo las escaleras automáticamente, con cuidado me acerqué a la chimenea tomando uno de los palos de acero para mover la leña y caminé con sigilo a la puerta, ni de broma bajaba indefenso y herido. Me paré al lado de la puerta escuchando atentamente dentro de ella al cabo de unos segundo escuché un THUMP proveniente del otro lado, iba a abrir la puerta cuando escuché algo caerse desde la cocina, acto reflejo corrí al lugar encontrándome nada más y nada menos que con Miroku que había abierto el refrigerado dejando caer un pote de leche que estaba ahora en el suelo. Mi jefe y amigo alzó las manos al nivel de su rostro al ver el palo de acero que llevaba en mi mano.

-Soy inocente- dijo sonriente, yo quería matarlo.

-¿Tienes idea del susto que me pegaste?- me quejé dejando mi arma en su lugar recibiendo risas por parte de Miroku -Un momento si eras tú, entonces qué fue lo del sótano…- dije viéndolo un poco alarmado, mientras él recogía el pote de leche respondió.

-Esos sonidos fueron Michael y Jesse tú sabes como son de revoltosos, les dije que cuidaran desde el sótano por si acaso- yo asentí recordando a mis compañeros de trabajo.

-¿A qué debo tú inesperada visita?- pregunté viendo como se servía un vaso de agua.

-Te dije que nos veríamos pronto ¿o no? Tenemos cosas que planear Taisho- me respondió tomando un sorbo de su bebida, yo asentí simplemente.

-¿Cómo está Sango?- pregunté notando un cambio en él, como si le incomodara el tema.

-Está bien, solo algunos golpes por la huida, un hombro dislocado pero más nada- su despreocupación me alertó y él pareció notarlo.

-Ven vamos a sentarnos hay mucho de que hablar- Miroku invitó a sentarme en una silla y comenzó a relatarme lo sucedido con mi hermana, de cómo escapo, de quiénes la habían capturado, de que lamentablemente no pudieron atraparlos, que habían desaparecido como el aire.

-Esos malditos lo van a pagar- mascullé.

-No deben estar muy lejos de donde los encontramos así que no te preocupes- trató de tranquilizarme.

-Sólo quiero hacer algo si los atrapan- Miroku me miró expectante -Antes que nada, a penas la tengan, quiero hablar con Kikyo- no quise dar explicaciones a mis deseos y agradecí que Miroku respetara aquello.

-Bueno tenlo por seguro, ahora a hablar del siguiente paso…rescatar a Aome- Alcé la mirada al escuchar su nombre, necesitaba tenerla a mi lado.


Aome P.O.V

Setenta días habían pasado desde que me mudaron de habitación, lo tenía todo anotado en una de las láminas de madera que sostenía el colchón de mi cama, cada día antes de dormir escabulléndome debajo de la cama y con el bolígrafo que se supone debía usar para escribir marcaba una raya en la madera. Los desmayos y ausencias se hacían cada vez más prolongados y frecuentes por lo que estaba confundida la mayor parte del tiempo, Petrovski venía rutinariamente y hablábamos aunque siempre me desmayaba en las sesiones. Por alguna razón hallaba a el doctor inofensivo, no tenía idea de lo que tramaba pero no planeaba hacerme nada malo…había mencionado algo acerca de un trastorno mental…de personalidades múltiples sin embargo no tenía sentido para mi…yo era yo y nadie más, Aleksandria era simplemente mi nombre adoptivo y Angélica era el apodo del club pero…tenía algo de sentido debido a las lagunas que tenía últimamente aunque sinceramente no estaba segura. Petrovski acostumbraba hacerme escribir en un cuaderno algún pensamiento que pasara por mi mente en ese momento, era como mi confidente realmente, de alguna forma el había logrado que hablara sobre mis problemas.

Con cada día que pasaba me sentía más y más cansada, los dolores de cabeza a veces eran insoportables, un día tuve un ataque de ansiedad tal que tuvieron que sedarme ya que gritaba y me golpeaba contra las paredes, los morados aun permanecían en mi piel, mis dedos estaban magullados ya que varias veces intente cavar bajo la puerta. Ya me era difícil recordar mi rostro aunque en cierta forma agradecía el hecho no verme en algún espejo o reflejo, tenía miedo de ver mi cara…¿Y si había cambiado? ¿Y si y no era la misma? ¿Qué haría?. Durante todo ese tiempo nunca había salido de la habitación hasta aquel día. Estaba sentada sobre mi cama contando los hilos que conformaban la sábana cuando de pronto apareció Minka, una de las enfermeras.

-¿Qué tal si damos un paseo?- me preguntó invitándome a salir, dudosa subí la mirada encontrando la suya ¿Me estaría mintiendo? -Vamos ¿No quieres conocer a los demás?- Demás… no estaba sola. Con cuidado me levanté de la cama caminando lentamente hasta Minka una mujer robusta de cabello rulo y rojizo -Ven- con su acostumbrada delicadez tomó mi brazo desnutrido sacándome de la habitación. Pronto me encontré en una pasillo completamente desconocido para mi.

Comenzamos a caminar lentamente ya que no podía ir más rápido por la falta de energía , no era que no me alimentaban, simplemente nunca tenía apetito. De la nada apareció una niña parada frente a una ventana usaba una falda amarillo pálido con una camisa color lila, tenía el cabello negro amarrado en una cola alta junto con un flequillo que cubría su frente, era pálida, tanto que parecía brillar. Caminé más lento, por alguna razón sentí miedo así que me detuve, un ataque de pánico comenzó a subirme por las piernas como un alacrán. Minka me miró serena tomando mis manos tratando de tranquilizarme con su acostumbrada dulzura buscando una manera de motivarme a seguir caminando. La niña parecía no haber notado nuestra presencia, veía fijamente fuera por la ventana sin embargo no se movía, no estaba segura si respiraba. Luego de unos largos minutos de recobrar mi valentía seguí caminando con Minka a mi lado, mis pasos eran pausados y cortos, mi mirada fija en la niña que por alguna razón me hacia temblar, cuando estuve cerca de ella sentí como mi corazón se aceleraba con una fuerza tal que era el que me empujaba hacia adelante, en mi pecho se engendró un nudo de miedo, desesperación y pánico, clave mis uñas en la carne de Minka sin piedad de lo asustada que estaba, quería salir de allí, no quería ver a esa niña.

-Vámonos de aquí- dije entrecortada casi corriendo, al pasar al lado de la pequeña que ni se inmutó, Minka me miró pensativa mientras la arrastraba con mis escasas fuerzas sin embargo no me detuvo. Cuando ya había recobrado la calma unos veinte pasos más allá me giré para comprobar si la niña seguía allí, para mi sorpresa y alivio se había esfumado como polvo en el desierto. Respiré profundo girándome de nuevo para seguir caminando, agradecí enormemente que Minka no me apurara en ningún momento. Sentí su mano de jamón en mi espalda haciendo un recorrido de arriba hacia abajo tranquilizándome efectivamente.

-¿Seguimos?- me preguntó con una jovial sonrisa marcando un par de hoyuelos en su rostro, parpadee tres veces y asentí en silencio dejándome guiar. Luego de vagar por un mismo pasillo por un lapso de tiempo corto fuimos a dar a un amplio salón en donde habían sillas, muebles, mesas, ventanas, televisores, radios, libros, pero lo más resaltante…gente. Había un aproximado de veinte personas más pero lo que llamó mi atención fue el hecho de que todas esas personas eran únicamente mujeres, la edad variaba pero ninguna llegaba a ser mayor de sesenta años. Algunas de ellas estaban sentadas mirando fijamente al suelo, otras veían la televisión, dos leían o pretendían hacerlo, y el resto estaba disperso, caminaban lentamente de un lado a otro o se quedaban en una esquina. Me sentí completamente fuera de lugar sin embargo de cierta manera sabía que encajaba…al parecer estaba en un sanatorio con puras mujeres locas…al parecer estaba loca -¿Quieres que me quede o prefieres estar tú sola?- escuché la voz de Minka en mi oreja sacándome de mis pensamientos, cuando entendí que me había dicho automáticamente miré a mi alrededor para confirmar que aquella niña no estaba en la habitación, luego del rápido escaneo respondí.

-Yo puedo sola, gracias- mi acompañante se sonrió marchándose dejándome plantada entre aquella cantidad de mujeres que parecían no notar mi presencia, todas estaban muy ocupadas en su mundo.

Me abracé escondiendo mis manos en las mangas largas del suéter tejido que usaba, busqué un lugar para sentarme o ver que podría hacer a lo que divisé un sofá individual en una esquina, por alguna razón decidí ir allí. Caminé con cuidado de no tocar a nadie o llamar su atención, veía todo a mi al rededor con detenimiento, era tan extraño todo lo que podía lograr la mente. Pasé al lado de una muchacha que tendría unos tres o cuatro años más que yo que escribía en un cuaderno a alta velocidad, cuando eché un ojo para ver que decía descubrí que eran tan solo rayas o arabescos. Seguí mi camino en paz hasta el mueble y me senté hundiéndome inmediatamente en él. Desde aquel punto de la habitación podía ver absolutamente todo, como una de las mujeres hablaba con la pared, como otra estaba parada viendo al suelo fijamente, a su lado una tarareaba una canción meciéndose de un lado a otro, una señora ya mayor caminaba en círculos hablando para si, yo parecía la única "normal" por así decirlo. Sin querer ver más recogí mis piernas abrazándolas a mi pecho, acto seguido escondí mi rostro entre ellas dejando todo oscuro, inmediatamente la imagen de aquella niña se plasmó en mi mente haciéndome temblar, sentí una mano tocar mi brazo y como un resorte salté en el asiento. Una chica sonriente de cabello enmarañado me veía con ojos brillantes de color azulado, tenía pecas por todo su rostro, las cejas pobladas y noté que en su cuello habían marcas rosadas…¿Suicidio tal vez?

-Hola mi nombre es Kassandra Jovlov, un placer, ¿Acabas de llegar?, ¿Qué edad tienes?, ¿Te gustan los animales? ¿Mi color preferido es el morado y el tuyo?, Me dijeron que vienes de Norte América ¿Es cierto?- su voz chillona perforaba mis tímpanos haciendo que inevitablemente llevara mis manos a mis oídos para no escucharla sin embargo era imposible no hacerlo.


Tercera Persona P.O.V

La chica de ojos chocolate se retorcía internamente con cada palabra que escuchaba de aquella muchacha que hacia preguntas sin parar, de inmediato apareció Aleksandria. La azabache se sentó entonces como una princesa, con las piernas cruzadas y las manos en reposando en su regazo, su espina dorsal se enderezó y con una sonrisa miró a la castaña que parecía un loro.

-Hola Kassandra, mi nombre es Alexandria Karshnikova, verás hablaste muy rápido y no entendí nada de lo que dijiste, ¿Qué tal si hablas más lento y bajo?, así podremos conversar mejor- para su sorpresa y buena suerte la castaña se calló inmediatamente que escuchó su voz. Alexandria la veía con los ojos bien abiertos esperando su respuesta.

-Lo lamento Aleksandria no volverá a pasar…- la catira desaliñada bajó la mirada unos segundos para después verla una vez más -¿Qué haces en mi silla?- preguntó la chica enojada.

-No sabía que era tuya…- murmuró Aleksandria sonrojandose a penas.

-Pues ya lo sabes ahora muévete, nadie se siente en mi puesto, entendido- la voz severa y prepotente de la mujer a su lado la tenía confundida hace un momento actuaba muy dulce, hasta infantil y de pronto se volvió una amargada.

-Disculpa- sin más Alexandria se levantó y caminó sentándose en otro lugar viendo como aquella chica tan mal educada se enfurruñaba en el sofá.


En otro lugar del lúgubre edifico se encontraba Petrovski hablabando con la enfermera Minka encargada de cuidar a la niña Karshnilova que era su prioridad en aquel momento, las demás podían esperar.

-¡Doctor se quedó viendo la ventana muerta de susto! Le puedo mostrar las marcas de las uñas que me dejó, parecía como si estuviese viendo al diablo en persona- decía preocupada la empleada mientras su superior simplemente se acariciaba la barbilla como si estuviese pensando.

-¿No te dijo qué había visto?- preguntó al cabo de una pausa recibiendo un inmediato "no" con la cabeza de su enfermera, él suspiró, sin avisar una de sus ayudantes apareció corriendo muy agitada.

-¡Doctor la niña Karshnikova ha perdido el control!- le gritó jalándolo para que la siguiera, corrieron por los pasillos hasta llegar a la sala común en donde estaba el revuelo a millón, se escuchaban los gritos desgarradores de la chica mientras las demás mujeres se quejaban tapandose los oídos, otras estaban en posición fetal, otras se escondían en donde podían, otras lloraban. Petrovski divisó de inmediato a su paciente estrella que era retenida por cuatro enfermeros, la chica se retorcía y gritaba, las lágrimas caían sin parar, tenía la cara roja y las ojos cerrados.

-¡Qué se vaya por favor! ¡Saquenme de aquí! ¡Llevensela!- exclamaba a todo pulmón la adolescente.

-¿A quién querida? ¿Quien debe irse? ¿Por qué?- preguntó el doctor buscando respuestas.

-¡La niña! ¡Ahí!- dijo señalando el medio de la habitación -¡Ahí está! ¡Que se vaya! ¡Me asusta! - lloraba desenfrenada buscando una salida. Petrovski miró a al lugar en donde apuntaba la azabache sin embargo no había nadie…sería posible que…

-¡Llévala al cuarto blanco vamos!- comandó el doctor -Ustedes tranquilicenlas a ellas- ordenó a las otras enfermeras en la habitación -Minka venga conmigo- tomando a la gordita por el brazo salieron del lugar seguidos por los enfermeros y la chica que estaba fuera de control.

-¿Qué pasa doctor?- preguntó Minka sin mucho aire.

-Ella dice que ve a una niña que la asusta, que quiere que se vaya, esa niña que dice ver puede que sea lo que vio cuando la llevabas a la sala común y también…- el doctor se pausó tomando aire -También puede ser que esa niña sea lo que estamos buscando-