Lamento el retraso, he cogido la gripe y esta es la primera vez desde el sábado que me encuentro lo bastante bien como para plantarme delante del ordenador u.u
El capítulo lo escribí a ratos en el móvil, así que siento que no sea muy bueno o tenga algo raro, la verdad es que no estoy para repasar ahora mismo :/
Y, dicho esto, tenemos review número 100 :D Tsuki Lamperouge, ya sabes, puedes pedirme un one-shot de One Piece cuando quieras :D
Capítulo 21: Momentos del día a día
Los dIas de lluvia eran uno de los fenómeenos meteorológicos màs asquerosos que podían aparecer, al menos en lo que a Portgas D. Ace respectaba. No solo salir a la calle era un verdadero incordio ya que, paraguas o no, era raro que no tw mojases ninguna parte del cuerpo, sino que, además, apenas había luz natural, creando un ambiente muy deprimente.
Ace fulminó una vez más la ventana con la mirada, por donde se veía el cielo gris y la lluvia cayendo, y abrazó con más fuerza la almohada, girándose para dar la espalda a la ventana.
-¿Vas a quedarte de morros todo el día?
Ace levantó la cabeza para mirar a Marco, que lo miraba, divertido, apoyado contra el marco de la puerta.
-¿Y por qué no?
Marco se acercó, inclunándose sobre él pero sin llegar a apoyarse en la cama, y Ace sonrió. Puede que aquel día de lluvia no fuese a estar tan mal, después de todo.
-Si en diez minutos no te has levantado, no te preparo el desayuno.
Marco se fue de la habitación, dejando a un estupefacto Ace parpadeando, desconcertado, en la cama.
Manta y sábana salieron volando al tiempo en que el jóven moreno saltó de la cama, gritando:
-¡No seas cabrón!
Marco se rio, entrando a la cocina, con Ace corriendo detrás de él y tratando de atraparlo.
Eustass Kid gruñó cuando el edredón le fue arrancado de encima de un tirón y la luz del sol le dio en toda la cara.
-Me cago en la hostia, Trafalgar, devuélveme eso -protestó, sin necesidad de que sus ojos se adaptasen a la luz para saber quién lo había despertado.
-De eso nada, Eustass-ya. Es hora de levantarse.
-Hoy no tengo clase -se defendió Kid, fijándose en que Law ya estaba completamente vestido.
-Cierto, pero te recuerdo que has quedado con Killer-ya para seguir con el trabajo de fin de carrera.
-A eso puedo llegar tarde -dijo Kid, tratando de hacerse de nuevo con su edredón. Law lo dejó caer al suelo.
Capullo.
-Si tan cansado estás -comenzó a hablar Law, inclinándose sobre él -a lo mejor debería reconsiderar lo de venir entre semana. Después de todo no me gustaría interferir en tus estudios.
Kid agarró a Law de los brazos y lo tiró sobre la cama, girando para colocarse sobre él.
-Ni se te ocurra jugar con eso, imbécil -gruñó.
Law sonrió.
-¿Te levantas Ya?
Kid lo besó con fuerza antes de levantarse a mala gana de la cama.
Marco se había sorprendido la primera vez que vio comer a Ace. No se había horrorizado, como imaginaba que el chico había temido, pero sí que se había sorprendido bastante ya que, contando a todos sus hermanos del orfanato, los modales de Ace en la mesa eran de los peores que había visto. A Marco le daba igual, pues era consciente de que los suyos propios dejaban bastante que desear.
Además, ver a Ace comer era una gran fuente de entretenimiento. No solo le parecía adorable que el chico, a pesar de llenarse laboca de grandes cantidades de comida a una velocidad prácticsmente inhumana, se asegurase de dejar siempre un poco de todo para que Marco no se quedase sin nada que pudiera querer, sino que observar las reacciones wue provocaba en la gente cada vez que salían a comer por ahí resultaba bastante divertido.
Hacía apenas un par de minutod que una chica con aspecto de ser bastante remilgada había pedido la cuenta a toda prisa y había salido, pràcticamente corriendo, del restaurante. Una madre estaba regañando a su hijo por haber ignorado sus modales y haberse metido un trozo entero de carne en la boca como acababa de hacer Ace, y un grupo de abuelas no dejaban de señalarlos entre cuchicheos.
Marco les sonrió a las mujeres y le ofreció el plato fe arroz tres deliciad a Ace, aseguràndole que él ya no quería más.
Una de las primeras cosas que Trafalgar Law había aprendido sobre su novio, Eustass Kid, cuando comenzó, propiamente dicho, a salir con él fue que no soportaba a la gente con prejuicios absurdos, y menos aún a aquellos que parecían sentir la necesidad de hacerlos constar.
Por eso cada vez que algún gilipollas o grupo de estos hacía algún comentario al verlos caminar por la calle cogidos de la mano o con un brazo alrededor del otro, Kid tendía a reaccionar haciendo gala de su extenso vocabulario, seguido de una demostración de cuànto le importaba la opinión de los imbéciles en cuestión. Tampoco es como si a Law le molestase encontrarse de espaldas a la pared o apretado contra el pecho de Kid, besàndose apasionadamente con él. De hecho, más de una vez les había dado una bonita visión de su dedo corazón a los desafortunados espectadores y, como respuesta, Kid se había reído contra sus labios.
La mayoría de esos incidentes terminaban ahí, ya que pocos se atrevían a meterse con Kid ya de por sí, y con ambos menos aún ahora que la ropa de invierno ya no ocultaba el hecho de que, además de alto, Law también tenía una musculatura bastante desarrollada.
Aún así, alguna que otra vez habían acabado en la sala de urgencias del hospital, pero nunca como los perdedores
Hacía meses ya que Ace había decidido que, después de la cama, su sitio preferido del piso de Marco era la alfombra del salón, bastante más cómoda que los algo destartalados sofás, que tenían más de un muelle fuera de lugar.
Eran, además, momentos como aquel los que hacían que su amor por la alfombra aumentase. Habían estado viendo la tele, una película bastante interesante para variar, cuando la narcolepsia de Ace decidió hacer acto de presencia. Al despertar se había encontrado tumbado en la alfombra, con la cabeza apoyada sobre las piernas de Marco y la mano de este moviéndose distraidamente por su cabello.
-¿Ya estás despirto? -Preguntó Marco, sin retirar la mano.
Ace se estiró.
-Creo que aún no.
Al ser ya mayo la biblioteca de la universidad comenzaba a llenarse de estudiantes preparándose para los exámenes, y reservarr una de las salas de trabajo se iba volviendo cada vez más difícil, así que Kid y Killer habían decidido pasar sus sesiones de trabajo a casa del pelirrojo.
Hacía meses ya que Killer sabía que la relación de Kid con Trafalgar Law era más seria de lo que sus anteriores relaciones, si es que se las podía llamar así, lo habían sido, pero no había tenido ni idea de cuan seria era hasta que entró en casa de su amigo y vio todas las cosas que antes no habían estado allí: el abrigo colgado junto a la puerta, demasiado pequeño para ser de Kid, los libros de medicina dejados caer en varias superficies, kos zapatos de hombre con tacòn junto al sofá...
Killer no conocía demasiado a Trafalgar Law, pero del par de encuentros que había tenido con este había podido sacar un par de cosas en claro: la primera era que el moreno era muy inteligente, y la segunda era que estaba lo más loco que alguien podía estar sin acabar encerrado. Aquello era bueno, pues un hombre normal saldría corriendo al par de meses de conocer a Kid, y para Killer era evidente que Law le importaba.
Ese día fue testigo de otra prueba de lo cercana que era la relación de aquellos dos cuando, tras escuchar una puerta abrirse, se giró para encontrarse con un desnudo Trafalgar Law en ella, cubierto solo por una toalla alrededor de su cintura.
-¿Me has traido el champú? -Le preguntó a Kid.
Kid, sin inmutarse, asintió y señaló la bolsa de la compra que había llevado al ir a recoger a Killer hacía un rato y que ahora estaba en la encimera de la cocina.
-Ahí lo tienes.
Sonriendo, Law fue hacia la bolsa
-Buenos días, Killer-ya .lo saludó como si nada.
Demasiado atónito para hablar, Killer simplemente hizo un gesto con la cabeza.
Bueno, Kid nunca había entendido demasiado bien el término "vergüenza", era de esperar que su novio tampoco lo hiciera.
Edward Newgate estalló en carcajadas al ver la expresión de desconcierto del chico sentado frente a él en el comedor. Era comprensible, después de todo acababa de ofrecerle un trabajo para fines de semana y vacaciones, pero aquello no hacía que su expresión fuera menos cómica.
-¿En serio? -Preguntó el chico al cabo de un par de minutos, recomponièndose.
-Pues claro. El orfanato necesita otro monitor y tú ya eres de la familia.
Portgas D. Ace sonrió ampliamente.
-Me encantaría trabajar aquí.
Con una sonrisa de satisfacción, Trafalgar Law dejó sus carras sobre el espacio de suelo que estaban utilizando para jugar
-Doble pareja -anunció.
-¡Mierda! -Exclamó Kid, tirando sus cartas sobre las de Law.
Un trío de sietes.
-Creo que has perdido, Eustass-ya.
-Eso ya lo veo.
-Entonces, si no te importa... -dijo Law, haciendo un gesto con la mano hacia el pelirrojo.
éste se levantó y se quitó a toda prisa el pantalón, tiràndoselo antes de volver a sentarse. Law paró la prenda al vuelo y la dejó en el montón fe ropa de Kid que tenía a un lado, montón al que ya solo le faltaba los boxers rojos que llevaba el pelirrojo para estar completoAl montón de ropa de Law junto a Kid, además de la ropa interior, le faltaba el pantalón vaquero que llevaba el moreno.
-Te toca repartir -dijo Law.
Kid recogió las cartas y comenzó a barajarlad cuando el móvil de Law, en el suelo junto a la ropa del pelirrojo, empezó a sonar.
Law cogió el aparato, se fijó en que no lo llamaba ninguno de sus contactos, y contestó:
-¿Diga?
-¿Law? Ha habido un problema.
Law se extrañó al reconocer la voz al otro lado de la línea.
-¿Smoker? -Kid dejó de mover las cartas y lo miró -¿Qué ha pasado?
-Monkey D. Luffy está en el hospital.
Continuará
