Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo beteado por Esmeralda Cullen.
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Capítulo 21
Isabella no se dio cuenta en qué momento se quedó dormida, decir que logró descansar era sin duda una gran mentira, le hubiera gustado conseguir eso pero, lamentablemente, un poco de tranquilidad no estaba a su alcance, tuvo pesadillas que desearía olvidar. Al abrir los ojos notó que todo estaba en completa oscuridad y no escuchó ningún ruido. No sabía si Rosalie y Edward habían regresado y tenía cierto temor de averiguarlo. Con lentitud, se levantó de la cama y vio que eran las once de la noche, lo que significaba que durmió todo el día. Seguramente, no volvería a conciliar el sueño o al menos tardaría un poco en conseguirlo. Así que se limitó a mirar por la ventana, quiso evitar pensar en lo que sucedería al día siguiente, pero la imagen de su padre y de Andrew no se apartaba de su mente.
Con mucha inseguridad y nerviosismo tomó su teléfono, al encenderlo vio todos los mensajes que tenía y, sin darse cuenta, marcó un número que tan bien conocía. La voz de Andrew no tardó en contestar y ella no supo qué decir. Colgó lo más rápido posible y volvió a apagar el celular. Trató de volver a dormir y se acostó en la cama, cerró los ojos con la esperanza de que el amanecer llegara deprisa.
Lograr dormir fue todo un reto, Edward no sabía por qué se sentía tan angustiado, nervioso y temeroso. El día de desenmascarar a Andrew, finalmente, había llegado, entonces, ¿por qué temía que las cosas no salieran como lo planearon?
Al entrar en la cocina se encontró con Isabella, quien tenía la mirada ausente, la observó detenidamente esperando comprender por qué no podía acercarse a ella y platicar como antes. Él hacía su mejor esfuerzo por aparentar normalidad, sin embargo, convivir con ella era un poco complicado, sabía que sufría, que le costaba comunicarse con ellos y, aun así, no podía encontrar en ella a la amiga que una vez tuvo. Quizá se debía al hecho que desde hacía algún tiempo la veía de forma diferente. Él la amaba y nunca se lo había dicho, seguramente nunca lo confesaría, ya que después de todo lo sucedido, le era imposible imaginar algún futuro junto a ella.
Rosalie se acercó a él y lo saludó, luego fue con su amiga y empezó a charlar con ella, aunque era mejor decir que ella hablaba mientras Isabella se limitaba a mirarla. Edward regresó a su habitación, necesitaba pensar bien en cómo debía actuar y enfrentar cualquier cosa que se presentase. Después de meditar y sin llegar a ninguna conclusión, salió y se reunió con ellas, se sentó junto a Rosalie intentando seguir la conversación que mantenían.
—Es hora de irnos —mencionó Isabella, no quería esperar más tiempo, de lo contrario, podría arrepentirse. Edward las miró sin comprender lo que pensaban hacer—. Rosalie y tú irán con el abogado para iniciar la demanda en contra de Andrew y de mi familia —explicó con cierta tristeza—. Les he dado todas las pruebas, así que no tendrán inconveniente y, en su momento, yo testificaré en el juicio.
—¿Qué piensas hacer tú? —preguntó él, la idea original era ir todos y exponerlos frente a la sociedad, no entendía el motivo del cambio.
—Yo tengo que hablar con ellos y explicarles muchas cosas —contestó con poca seguridad—. No debes preocuparte, no pienso decirles nada de lo que vamos a hacer.
En los últimos días, Rose había notado un gran cambio en Isabella, a pesar de querer ocultarlo, siempre la veía deprimida, pensativa, como si tuviera mucho que decir pero no se atreviera. Ya no hablaba mucho con ella, solo lo necesario, pero lo más extraño era ver lo incómodos que Edward e Isabella parecían cuando estaban juntos, jamás creyó que todo volvería pronto a la normalidad, pero tampoco quería que el distanciamiento fuera tan grande.
—No deberías ir sola —dijo Edward, en realidad le hubiera gustado acompañarla, sin embargo, al verla supo que ella no quería compañía.
—Avísanos si nos necesitas —intervino Rosalie—. Sabes en dónde puedes encontrarnos —añadió antes de despedirse y salir junto con Edward.
Isabella se quedó en silencio, contemplando la posibilidad de quedarse o enfrentar de inmediato a las personas que quería; de antemano, era consciente que su madre no se pondría feliz al verla, tal vez su papá sí la iba a escuchar, pero y Andrew… ¿Cómo reaccionaría él?
Antes de ir al abogado, Edward y Rosalie pasaron por el hospital, Esme de inmediato les pidió una explicación sobre lo ocurrido en los últimos días; ella estaba feliz porque Isabella no se casó, pero molesta por la manera en que procedieron.
Rose le contó el motivo por el que lo habían hecho y le aseguró que pronto recuperarían el dinero que les robaron. Eso era una buena noticia, aunque no era de lo que deseaba hablarles.
—¿Cómo está Isabella? —preguntó Esme, ella la quería y anhelaba verla feliz—. Debió ser muy difícil para ella todo esto.
Edward no supo qué responder, no quería admitir que, a pesar de estar lo suficientemente cerca físicamente, ignoraba por completo lo que ella podría sentir o pensar.
—Ella está triste —contestó Rosalie, eso era algo que no se podía ocultar aunque Isabella lo intentaba—. Pero nosotros estamos ahí para ayudarla.
Esme se resignó a no saber más, no insistió ni hizo más preguntas, estaba muy preocupada por lo que podría pasar, ya que seguramente Andrew no se quedaría tranquilo. Les pidió que le dijeran a Isabella que quería hablar con ella y luego cambió el tema, en realidad tenía relación con lo que antes habían hablado, pero involucraba a otra persona.
—Jessica está muy impaciente por hablar con ustedes —comentó Esme—, ¿no creen que deberían buscarla o llamarla?
Edward y Rosalie sabían que Esme tenía razón, el haberle ocultado todos sus planes seguramente la había hecho sentir excluida. Al inicio Rose quiso contárselo, pero al ver que ella no quería ni mencionar el nombre de Isabella, desistió. No comprendía el porqué de su actitud, aunque estaba convencida de que Edward tenía algo que ver. Desde hacía algún tiempo había notado los sentimientos que Jess empezaba a sentir por su amigo.
En un comienzo, Isabella pensó en enfrentarse primero a sus padres, pero, sin darse cuenta, llegó a la casa de Andrew. No sabía si lo encontraría ahí todavía, aun así, tocó el timbre. Después de varios segundos que a ella le parecieron eternos, alguien abrió la puerta, aunque no era precisamente la persona que esperaba encontrar.
—No es un buen momento para aparecer —dijo Jasper en voz baja—. Te aconsejo que vengas otro día o mejor lo llamas por teléfono primero.
Él había pasado esa mañana a dejar a sus hijos con Alice y no fue bien recibido por su excuñado, así que después de enviar a sus hijos a la escuela, junto a Carmen, se dispuso a marcharse de inmediato, estaba cerca de la puerta cuando escuchó el timbre. Apreciaba a Isabella por ser amiga de su hermana, a pesar de que nunca han sido muy cercanos, no creía conveniente que se expusiera a encontrarse con Andrew.
—¿Quién es, Jasper? —preguntó Alice apareciendo detrás de él—. ¿Qué haces aquí? —gritó cuando la vio, y quiso lanzarse sobre ella, pero Jasper la sujetó con fuerza.
—Necesito hablar con Andrew —respondió Isabella sin moverse de su lugar, necesitaba enfrentarlo antes de que perdiera su valor—. Por favor, díganle que estoy aquí.
—¿Cómo te atreves a presentarte después de lo que has hecho? —cuestionó Alice un poco más tranquila—. Si no querías casarte, hubieras suspendido todo, mi hermano te ama, ¿acaso no te importan sus sentimientos?
Jasper quiso intervenir, pero antes de que dijera algo a favor de Isabella, Alice le pidió que se retirara; para su fortuna, sus hijos no presenciarían ninguna discusión. A pesar de querer quedarse no tenía motivo para hacerlo, por lo que se despidió de ellas y salió.
—Déjala pasar, Alice —dijo Andrew después de que Jasper se marchara.
Desde su habitación, él había visto a Isabella llegar, tuvo la esperanza de que quizás ella estuviese arrepentida y quisiera regresar con él. Esperó pacientemente a que Alice se calmara, quería escuchar alguna señal que le indicara que iba a pedirle perdón, pero al no escucharla decir algo, finalmente, apareció.
—No tienes por qué escuchar cualquier excusa que venga a decirte. —Alice no estaba dispuesta a permitir que le siguieran haciendo daño a su hermano e iba a hacer todo lo posible por alejar a Isabella de su lado.
—Es algo que tenemos que solucionar únicamente nosotros —alegó Andrew y sin decir más, sacó a su hermana de la casa y le indicó a Isabella que podía pasar.
Ella lo miró con cierto temor, pero al recordar el motivo por el que actuó así, trató de mostrarse lo más segura posible. Se quedó de pie cerca de la puerta, no tenía mucho que decir, así que podría marcharse pronto.
—¿Piensas quedarte ahí? —preguntó Andrew y ella asintió—. Supongo que no aceptarías un café de mi parte.
—No me voy a quedar aquí mucho tiempo —contestó sin dejar de mirarlo a los ojos—. Sé que no debí dejar que las cosas fueran demasiado lejos…
Andrew no tenía ganas de escuchar una simple disculpa, estaba furioso con ella por dejarlo esperando en el altar y enviar a su amiga para que se burlara de él.
—¿Cuándo nos vamos a casar? —inquirió Andrew, él la quería de regreso y no estaba dispuesto a dejarla ir.
Isabella lo miró sin comprender sus palabras, creyó que todo estaba claro entre ellos, no pensó que él soltaría tan absurda pregunta.
—No hay matrimonio, jamás lo habrá —aseguró tajante—. Yo vine para que me explicaras lo que hiciste.
—No sé qué mentira te diría Edward o lo que creas que sucedió, lo único que me importa es que ese matrimonio se realice lo más pronto posible —contestó fríamente, lo que provocó el enojo de ella.
—Edward no me ha dicho nada, ¿acaso piensas que no tengo la capacidad para tomar mis propias decisiones? ¿Me crees tan tonta como para no investigar por mi cuenta? —cuestionó furiosa, sin comprender por qué nombraba a Edward.
—No niego que eres inteligente y tienes la capacidad de conseguir lo que quieras, pero también sé que eres demasiado inocente como para actuar por tu propia cuenta —dijo acercándose más a ella, Isabella retrocedió hasta que llegó a la puerta—. Aunque es evidente que me has estado engañando, parece que detrás de esa fachada de niña decente e ingenua se esconde una persona sin escrúpulos a quien no le importa jugar con los sentimientos de los demás.
«Tranquilízate, Isabella», se repetía en su mente, contó despacio hasta diez para calmarse un poco, él continuaba recriminándola cosas, así que no logró permanecer mucho tiempo en silencio.
—¿Me hablas a mí de jugar con los sentimientos? —gritó y lo empujó lejos de ella—. ¡Por Dios, Andrew!, ¿cómo crees que me sentí cuando me enteré del traro que hiciste con mis padres?
Escuchar esas palabras lo dejó sin defensa por varios minutos, de algún modo ella se había enterado, aunque él no estaba dispuesto a aceptarlo.
—No sé de qué me hablas —dijo después de un largo silencio—. Seguramente alguien te ha mentido.
—Te hablo del hecho de ayudarlos a cambio de casarme contigo; de fingir que apenas los conocías cuando, al parecer, son grandes amigos; de mentirme; de manipularme; de robarle todo a los Cullen… No vengas a exigirme que cumpla mi palabra ni a reclamarme nada, cuando has sido tú el único culpable de todo.
Detestaba su comportamiento, Andrew en verdad la creía idiota, pretendía engañarla nuevamente y ella no iba a permitirlo. Él se dio cuenta que no conseguiría nada fingiendo inocencia.
—Todo lo hice para tenerte a mi lado. Yo te amo, Isabella, quiero estar a tu lado —confesó finalmente.
—¿Cómo puedes amarme y al mismo tiempo hacerme tanto daño? Eres un monstruo —susurró, sintió las lágrimas acumularse, pero no iba a permitir que cayera ni una—. Quizá si no hubieras hecho eso, yo me hubiera casado contigo, ¿acaso piensas que yo no siento nada por ti? —preguntó, no le permitió responder, ya que enseguida añadió—: Te odio a ti por alejarme de todos y a mí misma por no poder borrar mis sentimientos, estuve dispuesta a formar una familia contigo, a compartir mi vida, ¿era necesario todo eso?
—De otro modo, tus padres no hubieran aceptado nuestra relación. —En su momento, le pareció un buen trato, creyó que era necesario la aprobación de los señores Swan.
—Con que yo hubiera aceptado la relación era suficiente —aclaró, para entonces ya había alejado cualquier molestia que tuviese—. Que te quede claro que no vine por una reconciliación, lo único que deseaba era hablar contigo por última vez.
—Si quieres que tus amigos vivan tranquilamente, te casarás conmigo —gritó en un intento desesperado por retenerla.
—No puedes estar hablando en serio, Andrew, no te reconozco, no eres el hombre que yo creí que eras, ¿serías capaz de hacer algo en contra de ellos? —Él asintió—. Puedes hacer lo que quieras, que a mí no me importa, gracias a ti, ya no confío en mi familia y, al parecer, me quedé sin amigos —añadió antes de salir de ahí.
Andrew trató de detenerla, pero ella fue más rápida y se subió en el primer taxi que apareció.
Jessica llegó al hospital cuando Edward y Rosalie estaban saliendo, les negó el paso y cuando ellos accedieron a hablar con ella, salieron al jardín para que nadie los escuchara. Rose le explicó brevemente lo sucedido, Jessica casi no la escuchó, con quien realmente deseaba hablar a solas era con Edward, así que se lo hizo saber a su amiga, Rose miró a Edward antes de alejarse, él no tenía nada que esconder, así que le concedió unos minutos.
—¿Por qué lo hicieron? —preguntó Jessica para iniciar la conversación.
—Rose te lo explicó, no creímos que quisieras ayudar a Isabella, tú misma has evitado hablar de ella —respondió de inmediato, no tenía que dar más detalles.
—Lo hice por ti, sé que te lastima hablar de ella. —Y lo que menos quería Jess era que Isabella siguiera presente en los pensamientos de Edward.
—No he pedido que dejes de frecuentarla —se defendió, él estaba agradecido por todo lo que ella había hecho, pero nunca se imaginó que se alejaría de su amiga.
—¿Crees que no lo sé? Tú nunca me has pedido nada, sólo me agradeces por lo que hago por tu familia y por ti —dijo amargamente, evitando ocultar cualquier sentimiento—. Tampoco me has prometido nada y, sin embargo, lo único que quiero es que seas feliz, ¿acaso crees que no me doy cuenta que estás enamorado de ella? —inquirió molesta—. No soy tan ciega, pero creí que si no sabías nada de ella, con el tiempo te olvidarías de esos sentimientos, Isabella no te quiere y tú no tienes por qué ayudarla.
Edward esperó pacientemente a que terminara de hablar, le desconcertó saber que Jessica conocía sus sentimientos.
—Isabella siempre ha sido tu amiga y a ti no te ha hecho nada —le recordó—. Deberías volver a hablar con ella y solucionar sus problemas, si es que tienen alguno.
—Solo me está impidiendo obtener tu amor —susurró mirando al suelo, no estaba segura si la había escuchado, pero necesitaba decirlo—. Yo creí que algún día llegarías a quererme, supongo que si la estás ayudando es porque no la has olvidado.
—Jess, nosotros siempre hemos sido amigos, jamás hice nada para que pienses lo contrario. —No quería perderla como amiga, así que quiso ser lo más cuidadoso posible.
—Sé que no lo recuerdas, pero… —Se quedó en silencio, era inútil decirle la verdad, si no recordaba la noche que pasaron juntos era porque no fue importante para él. Sin decir más, se fue corriendo de ahí.
Después del enfrentamiento con Andrew no se sintió capaz de poder pararse frente a sus padres sin desmoronarse, sin embargo, no tenía opción. El taxi la llevó a su antigua casa y entró con la llave que todavía conservaba.
—Vaya, vaya, vaya, miren quién ha decidido aparecer —dijo Renée fríamente, se acercó a ella y antes de que pudiera hablar le dio una bofetada—. Esto es lo mínimo que mereces, niña estúpida.
—Si es todo lo que vas a decir será mejor marcharme —contestó sin dejar que las lágrimas se hicieran presentes, tenía claro que ella no era la que se había equivocado.
—No te vas a ir hasta que nos des una explicación —exigió Renée y la llevó del brazo hasta el despacho de Charlie, en donde él estaba tranquilo sin percatarse de lo que sucedía.
Cuando las vio entrar, de inmediato se acercó.
—Suéltala —exigió él acercándose a su hija—. No vuelvas a tocarla.
Renée ignoró las palabras de su esposo y se dedicó a interrogar a su hija, quien se negaba a contestar sus preguntas poniéndola aún más furiosa, cuando quiso volver a golpearla, Charlie se interpuso y la apartó de ella.
—Si no quieres irte de la casa, será mejor que la trates con respeto —dijo Charlie sorprendiendo a su esposa e hija—. Isabella, dinos que estás haciendo aquí.
—¿Por qué lo hicieron? —preguntó—. ¿Por qué me vendieron de esa manera a Andrew?
Charlie sabía que no podía continuar retrasando esa conversación, aunque le hubiera gustado que nunca llegase ese momento.
—Nosotros solo cumplimos tus deseos —aseguró Renée sin ningún remordimiento—. Fuiste tú quien puso sus ojos en ese viejo, no vengas a reclamarnos nada a nosotros.
Isabella se quedó en silencio por unos minutos, ya que su madre no le mentía, fue ella la que inició una relación con Andrew, lo quería, estuvo dispuesta a permanecer a su lado, pero no en medio de tantas mentiras y engaños en los que se encontraban. Admitía su parte de culpa, pero no podía evitar también culpar a otros.
—El trato que nos ofreció Andrew nos benefició a todos, fuiste tú quien arruinó todo —continuó Renée, sonriendo amenazadoramente—. Así que ahora mismo, vas y le pides disculpas y fijan una nueva fecha, todavía estamos a tiempo de solucionar todo.
—Ella no se casará con él —contradijo Charlie y luego miró a su hija—. Siento mucho que estés involucrada en esto, jamás te casarás en contra de tu voluntad.
Isabella ya no supo qué decir, tenía claro que jamás conseguiría escuchar lo que ella anhelaba y de obtenerlas, no lograría sentirse mejor. Decidió que ya no necesitaba ninguna explicación, cada quien actuó como mejor le pareció y ella no tenía por qué juzgar a nadie, solo a ella misma por dejarse manipular de tal modo.
Después de la conversación con Jessica, Edward se quedó desconcertado. Había algo que no le dijo, eso era evidente, estaba seguro que si se lo preguntase no le respondería, así que no tenía más opción que conseguir sus respuestas en otro lado. Él quería a Jess, pero únicamente como amiga. Rosalie llegó y lo sacó de sus pensamientos, no mencionaron nada más sobre su amiga y se dirigieron a la oficina del abogado con todas las pruebas en sus manos, estaban impacientes por solucionar ese asunto lo más pronto posible.
