N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar. No sé si lo habréis leído en Facebook o Wattpad, pero he tenido un problema con esta historia. Había escrito este capítulo pero cuando el domingo fui a actualizar, el capítulo había desaparecido. Me puse a volver a escribirlo pero me ha costado más de lo previsto. Aun así, tampoco estoy muy orgullosa del resultado, creo que el que se borró estaba mejor escrito...
Por otro lado, como comprenderéis, ahora no me va a dar tiempo a escribir el capítulo para el domingo, por lo que he decidido cambiar el fic a los jueves y así sigo actualizando cada semana sin problemas (al menos, eso espero).
CAPÍTULO 21: CUMPLEAÑOS
"Cumpleaños feliz
Cumpleaños feliz
Te deseamos todos
Cumpleaños feliz"
Todos aplaudieron cuando acabaron de cantar la canción. Valerie también movía sus manos para intentar imitarlos, pero no coordinaba muy bien sus movimientos todavía. Era el día de su cumpleaños, el primero de todos, y era el centro de atención, algo que a ella le encantaba.
Hacía apenas dos semanas que había dado sus primeros pasos sola y sus papás estaban muy orgullosos. Sin embargo, ella sabía que era más rápida gateando por lo que todavía no se animaba a caminar más frecuentemente. Aun así, antes de que le cantaran, todos los allí presentes le habían pedido que les mostrase su nuevo talento, algo que ella había acabado haciendo, aunque al final se había cansado y había acabado refugiada en los brazos de su papá Blaine.
Él y Sam le habían puesto un hermoso vestido blanco de primavera, de manga corta y con un estampado de flores rosas en la falda y un lazo en la cintura también en rosa para la ocasión. Ese era uno de los regalos que le habían hecho a su pequeña princesa. También llevaba unos zapatos blancos a juego con el vestido, especiales para que la niña aprendiera a andar.
Su cabello, de color castaño oscuro, estaba recogido en dos coletas y adornado con mariposas. Sin embargo, por mucho que lo habían intentado, habían sido incapaces de controlar esos hermosos rizos que su hija tenía, claramente heredados de su papá.
Esa era una de las pocas cosas que tenía parecida a la familia Anderson, ya que sus ojos azules eran grandes y redondeados, muy diferentes de los de su padre. Aunque la sonrisa sí era la de los Anderson, al igual que la de Cooper o Blaine, adorable y seductora a la vez.
– ¡Vamos princesa! ¡Sopla la vela! – El moreno la animó, mientras dejaba la tarta frente a ella. Sam la sostenía en sus brazos y la ayudó a apagar la vela. Todos volvieron a aplaudir y la pequeña se sentía el centro de atención, por lo que estaba aun más feliz.
Como su atención había estado en la vela primero y en los invitados después, no se había dado cuenta de que en la tarta había fresas. Era una de las cosas que más le gustaba a la pequeña. No lo dudó ni un minuto y alargó la mano para coger uno de los frutos rojos y comérselo. Anderson fue rápido y le puso un trapo a modo de babero y le sirvió un trozo de pastel, dejando que se lo comiera sola con la mano para que disfrutara. Después sirvió al resto de invitados, que estaban tan atentos a la pequeña que apenas prestaban atención a nada más.
El momento de los regalos llegó, haciendo que Val se sintiera aun más contenta. Brittany y Santana le habían regalado una muñeca, Artie había optado por un juego de encajar piezas de colores para que fuera aprendiendo mientras jugaba, Rachel había elegido dos DVD de películas de princesas Disney, los abuelos Evans dos vestidos para el verano, los Abuelos Anderson un conejo de peluche, los tíos Stacy y Steve le regalaron unos cuentos y el tío Cooper había hablado con sus papás y los cuatro irían al día siguiente a elegir un perrito o gatito para que fuera su mascota. La niña estaba encantada con el pastor alemán que tenía el matrimonio que vivía en el apartamento 5E y el gato de la señora que vivía al otro lado del pasillo.
Después de la fiesta, fue muy difícil contener a la pequeña. El azúcar de la tarta, la falta de siesta, tanta gente, tanta atención y el cambio de rutina la habían alterado demasiado. Aun así, más tarde de lo habitual, pero su papá Blaine consiguió meterla en la cama. Eligió el libro de La Sirenita, ese que Sam había ilustrado y que había leído a su hija para que se quedara dormida. Hacía poco que habían empezado esa rutina, pero esperaba que inculcara a su hija la pasión por la lectura.
Ponía diferentes voces, para interpretar los personajes y diferenciarlos del narrador. Además, de vez en cuando se dejaba llevar e incluía canciones como Bajo el Mar o Bésala, lo que su hija disfrutaba mucho. Por su parte, Anderson disfrutaba viendo las ilustraciones que su pareja había creado. Eran elegantes y muy elaboradas y cualquier adulto podía perderse en los detalles, quedando maravillado... O tal vez sólo era que Blaine no era muy imparcial.
Sam se acercó al cabo de un rato para comprobar que la niña todavía estaba despierta, muy atenta a lo que su papá le leía.
– ¿Qué es eso? ¿Y a mí no me cuentas el cuento? – El rubio fingió enfado y su novio rió.
– Ven aquí. – El moreno pidió y el otro obedeció, quedando los dos papás a ambos lados de la niña aunque se cogieron de la mano para mantener el contacto. El ojimiel siguió la historia por donde la había dejado, sabiendo que el otro no protestaría.
Pronto la niña se durmió y sus papás la arroparon antes de apagar la luz y encender la lámpara con forma de gatito que tenía sobre la mesilla, que creaba una iluminación muy suave y que servía para que la niña no se asustara en caso de que se despertara por la noche.
La pareja estaba en su habitación después del largo día del cumpleaños de su hija y todo el trabajo de limpieza que habían tenido que hacer después. Los dos estaban cansados pero después de tanto tiempo todavía aprovechaban esos momentos de intimidad. Seguían tan enamorados como el primer día y eso lo notaba hasta la pequeña Valerie. Después de varios minutos de besos y caricias, por fin se habían metido en la cama, dispuesto a aumentar el nivel de esas muestras de amor.
Además, esa noche Sam había tomado una decisión, llevaba tiempo meditando pero estaba convencido de que era lo mejor para él y para el hombre que estaba a su lado.
– He estado pensando... Val ya tiene un año y... Siempre hemos querido tener varios niños y no quiero que tengan mucha diferencia de edad... Nosotros sabemos lo difícil que puede ser una relación entre hermanos cuando hay una gran diferencia de edad...
– Sam, cariño, sabes que puedes contarme lo que sea. No voy a juzgarte, no tienes que darme tantas explicaciones. Sólo dilo. – El moreno lo interrumpió, deseando aportarle la tranquilidad que parecía necesitar mientras sostenía sus manos. Si el ojimiel era sincero, sabía lo que quería decirle y él estaba de acuerdo. No era algo tan extraño al final, por mucho que sólo llevaran año y medio de relación, ya eran una familia.
– Creo que es un buen momento para pensar en tener otro hijo. Para cuando nazca, Val tendrá unos dos años salvo que se nos de muy bien eso de hacer bebés y... Creo que es el momento ideal... ¿Tú qué opinas? – El ojiverde quiso saber.
– Creo que tienes razón. Es un buen momento, tu trabajo va cada vez mejor, yo sé que la compañía me dejará actuar hasta que ya no pueda seguir el ritmo. Mis padres están en Jersey, por lo que nos pueden ayudar... ¿Te parece bien si empezamos a intentarlo ahora? – El actor propuso, acercándose más a él. Él llevaba más de un año en la misma compañía (aunque no en la misma obra) y una de las actrices que estaban con él se enteró de que estaba embarazada poco después del estreno. Para sorpresa de muchos, la compañía le dijo que podría estar haciendo el papel hasta que ella quisiera y después le cambiaron el puesto. Ella decidió estar sobre los escenarios hasta el quinto mes de embarazo, el momento en el que su barriga ya no podía confundirse con sobrepeso y además se encontraba algo torpe y con dolor de espalda. Él aspiraba a algo así.
– ¿Cómo? ¿Ahora? ¿Ya? – El dibujante estaba perplejo, no se esperaba tanta "prisa".
– ¡Claro! Sólo tenemos que hacer lo de siempre... Pero sin protección... ¿No te apetece? – Anderson preguntó con una sonrisa pícara.
– Creo que nunca me negaré a eso, aunque confieso que me has sorprendido. – Evans sonrió.
En ese momento, ambos se fundieron en un beso. Su amor, con el paso del tiempo, iba aumentando más y más. Habían llegado a un gran nivel de complicidad y el sexo se había convertido en un método más para conectar y sentirse cerca. Esa noche, como todas, los dos volvieron a fundir sus cuerpos, sus corazones y sus almas. Se durmieron abrazados, como siempre, deseando que algo estuviera ocurriendo y pronto tuvieran esa gran noticia que esperaban.
