* Floraida Rangel De nada Floraida. Y muchas gracias por tus palabras y oraciones.

* Maria Soledad Rodriguez Siguen llegando más y más emociones en cada capítulo. Hoy sabrás eso ;) Prepárate para esta actualización.

* Yamii Leguizamon Las cosas estarán complicadas, pero habrán nuevos descubrimientos.

* Nicol López Alcívar ¿Lista para el nuevo capítulo? Las emociones fuertes siguen llegando.

Así es, Kurt finalmente no se verá forzado a ser Simone, lo que será un alivio, así como ya no estar a merced de Dupont.

* Jeny Sí, los dos sufren mucho. Hoy sabrás eso.

* Georgi G Así es, las cosas se pusieron feas. Kurt no pudo más y estalló.

* hummelandersonsmythe Todo ha sido más que complicado hasta ahora.

* RobinLegua Fue muy difícil para los dos, aunque las mentiras terminaron.

* AdrianaBotero2 =( Es complicado, lo sé.


CHAPITRE VINGT


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'¡Colección de Verano de Anderson, sólo para Travestis!'

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'¡Desfile de Alta Costura, una fiesta elegante y exclusiva con un Diseñador que juega para ambos equipos!'

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'¡El Buen Momento Gay de Blaine Anderson!'

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A la mañana siguiente una historia dominaba los titulares de cada periódico, no sólo en París, sino en todo el mundo. Los diarios se vendían a los amantes de la moda y del escándalo mientras la gente se sentaba en cafeterías, leyendo títulos y artículos, susurrando entre ellos. Algunos hasta charlaban con los desafortunados para no quedarse fuera de los últimos chismes.

- ¡Il se trouve qu'elle était un homme! (¡Resulta que era un hombre!)

- ¡Vraiment? (¿En serio?)

- ¡Oui! (¡Sí!)

Era de lo que todos estaban hablando en todas partes.

Blaine no había salido de su casa desde la noche anterior. El periódico que estaba en su puerta tenía su propio nombre en el título, y no podía incluso encender la radio por miedo de oír hablar de su humillación pública.

Había permanecido en el interior desde el incidente. No había dormido en toda la noche, y después de mucho pensar, había llegado a una conclusión. No iba a tener miedo. No iba a esconderse de la gente lo suficientemente insignificante como para ridiculizarlo por un mal juicio… un error.

¿Error? Realmente odiaba esa palabra. Pero en ese momento era como se sentía todo aquello.

Durante la noche había pasado por más emociones de las que había tenido en toda su vida. Cólera, confusión, trastorno, y Dios lo ayude… amor. Sí, incluso después de todo eso, algo profundo dentro de él todavía dolía por la mujer a la que le había propuesto matrimonio.

Mujer… hombre… estaba tan confundido.

¿Era el hombre de mis sueños? – Se preguntaba. Era muy difícil decir bajo todo ese maquillaje y ese vestido.

Su corazón golpeó contra su pecho mientras se colocaba el ancho sombrero dorado marrón tapando sus ojos rojos, los cuales estaban inyectados de sangre porque apenas había dormido. Mantenía la cabeza baja mientras caminaba por la calle, finalmente al aire libre, ya no escondido en su casa.

No quería ser reconocido. Era incómodo ya que era una de las caras más conocidas de la moda en el mundo entero. Se preguntaba si la noticia era tan grande en todas partes así como en París. ¿Había gente en América leyendo la historia? ¿Hablaban de ello los rusos? ¿Estaban los británicos oyendo en sus radios lo que pasó?

Bajó la cabeza y oyó susurrar. En su mente sabía que probablemente no estaban hablando de él, pero todo el murmullo de las personas a su alrededor sonaba tan siniestro y su paranoia lo abrumaba. Caminaba con paso veloz, sin vacilar en darse la vuelta y continuar por el sendero en la dirección de la que acababa de salir. Era demasiado para no tener miedo.

Mientras caminaba, sus pasos se hacían cada vez más rápidos hasta que estaba trotando. En su mente, todas las risas y habladurías a su alrededor estaban dirigidas hacia él.

Estaba temblando, y mientras llegaba a su casa buscaba nerviosamente las llaves. No había una multitud de personas de los medios alrededor de su hogar, pero cuando abrió la puerta oyó un ruido como el de una cámara y se giró para ver a un hombre pelirrojo con una chaqueta de lana y un sombrero a juego.

- ¡Señor Anderson! – Llamó, corriendo hacia delante con un bloc de notas en una mano, y Blaine lo fulminó con la mirada. – Sólo unas palabras…

- ¡Déjame en paz! – Gritó, abriendo la puerta, pero al dar un paso dentro, el reportero le sujetó el brazo.

- Vamos, tengo una familia con niños que alimentar, sólo unas pocas palabras.

Blaine giró alrededor, agarrando la muñeca del joven pelirrojo con la grabadora que había sacado de su bolsillo.

Este lo miró, parecía confundido mientras el diseñador silbaba entre dientes, su aliento abanicando sobre el viejo aparato.

- Escúchame, buitre despreciable. – Susurró entre dientes. – Estoy harto de ti y los de tu clase.

Quieres unas pocas palabras, bueno, tengo cuatro para ti: ¡Vete a la mierda! – Se giró pero luego miró de nuevo la grabadora y se la arrebató. – ¿Debería haberte dicho todo eso? Apaga la grabadora. – Luego la arrojó al suelo y se quedó de pie, escuchando al reportero gritar, pero no le importó. Le dio la espalda y cerró la puerta con llave desde el interior.

El joven diseñador subió las escaleras y se dirigió a su dormitorio, quitándose la chaqueta y el sombrero, echando la fina ropa en el suelo antes de colapsar sobre la cama, enterrando su rostro en la almohada. Gimió en voz alta e insatisfecha.

Nadie debería sentirse así, traicionado, enojado, molesto. Pero extrañamente estas emociones estaban dirigidas hacia sí mismo. Sentía que debía estar enojado con el hombre que lo había engañado, pero estaba enojado consigo mismo y sus acciones, así como su estupidez. Odiaba esto, y sobre todo, odiaba la confusión.

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- ¿Cómo te atreves a mostrar tu cara aquí otra vez? – Exclamó Madame Dupont al joven que estaba frente a su puerta. Trató de cerrar la estructura, pero él se levantó y la detuvo, poniendo su pie entre la puerta y el marco. Ella se esforzó por cerrarla, pero Kurt ingresó, mirando a su alrededor mientras todas las mujeres lo contemplaban tan confundidas.

Esta era la persona que cada una de ellas conocía, hasta cierto punto. Simone siempre fue misteriosa, pero el hecho era que seguía siendo su amiga, al menos lo había sido. Ahora ninguna de ellas sabía quién era.

- Necesitamos hablar. – Proclamó, y la mujer lo fulminó con la mirada, sacudiendo su cabeza y presionando sus pequeñas manos contra su pecho.

- ¡Fuera de mi establecimiento! – Gritó con voz aguda mientras las chicas empezaban a susurrar. Algunas bajaron las escaleras y lo miraron.

- Oíste a la señora. – Dijo una de ellas. – No eres bienvenido aquí.

Kurt miraba alrededor a las mujeres. Todas lo observaban, ninguna impresionada. Él sacudió la cabeza. – Necesito hablar con ella, a solas. – Dijo, pero una de las chicas se apoderó de su brazo, él nunca le levantaría la mano a una mujer.

- Vete… ahora… – Susurró mirándolo.

Él estaba tan confundido, ¿por qué había odio en sus ojos? ¿Por qué estaban tan enfadadas con él?

- E-esta mujer… – tartamudeó, mirando a todas las hermosas chicas. – e-ella sabía, ella me usó… ella ha estado usándolas a todas ustedes…

Una joven asiática se movió hacia delante, era muy pequeña e increíblemente bella con el cabello negro largo y los ojos oscuros en forma de almendra. Ni siquiera le llegaba al codo a Kurt por lo menuda que era.

- Usted no… entender. – Dijo, mirándolo. – Necesito aquí, aquí está… casa.

Unas cuantas chicas murmuraron de acuerdo. El castaño estaba confundido, eran mujeres hermosas y jóvenes obligadas a la prostitución.

- Sr. Humm-el, si ese es su veldadelo nomble. – Dijo una mujer con un grueso acento oriental, mientras avanzaba. – ¡Si tengo que il de aquí, no tengo tlabajo!

- ¿Alguna vez ha oído hablar de 'tal deshonor'? – Preguntó una tercera mujer con lágrimas en los ojos. – Seré deportada, y si vuelvo a mi país, me matarán.

Kurt miró a esas mujeres, estaba tan confundido. A ese punto Madame Dupont se escondía detrás de sus chicas, y él era atropellado por todas ellas.

En cuanto a los papeles, él era un hombre sin nombre, ellas ni siquiera sabían que era Simone o que fue un empleado de la agencia.

Estaba tan confundido, ¿estas mujeres querían quedarse ahí?

- No entiendo. – Dijo en un tono manso. Las mujeres lo rodeaban, diciéndole en varios idiomas que saliera y no volviera.

Se sentía mucho menos seguro de lo que había estado y de su plan de hablar con la señora. Su confianza estaba ahora aplastada luego de que la muchedumbre de mujeres lo obligó a salir de la casa y la puerta se cerró de golpe en su rostro.

Durante unos segundos se limitó a mirar hacia la puerta, mordiéndose el labio. Algunas personas pasaron, mirándolo. Se sintió enfermo por un momento, preguntándose si lo reconocerían, pero no. Los dos hombres supusieron que era un chico tonto con poco dinero, y llamaron a la puerta, mientras él retrocedía.

Reconoció a un hombre. Era un regular, y el hombre miró, pero sólo se rió del "jovencito pobre", luego la puerta se abrió y entraron.

No lo reconoció. Kurt miró a su alrededor con los ojos muy abiertos. Nadie sabía quién era… era invisible una vez más.

Por un momento se sintió algo aliviado, pero… estaba solo otra vez, era sólo un jovencito en el centro de París que a nadie le importaba.

Estaba abrumado por todo eso, estaba tan confundido. ¿Cómo se había puesto todo tan mal?

Kurt pasó la última noche con Samuel y David, sólo sentado con los dos, hablando por momentos, llorando por otros. Incluso en la mañana tenía tanto miedo de salir de la casa, similar a como Blaine se sentía, pero una de las cosas que lo animaban a salir era ir a ver a Madame Dupont y expresarle exactamente lo que pensaba de ella. Aunque no estaba seguro de lo que iba a decir.

Había pensado en decirle que dejara ir a las chicas o que él se acercaría a los medios con su historia de todo lo que le había hecho. Pero todo había salido mal.

Caminaba en su camisa blanca de lino, la cual le quedaba demasiado grande, llevaba un gorro negro y su guitarra atada a la espalda. Iba por las calles llenas de gente, inadvertidamente agradecido, pensando que tal vez se dirigiría a Montmartre. No estaba seguro, así que decidió simplemente pasear.

Había estado tan angustiado en la noche después de todo eso, y se había convertido en una carga para Samuel y David. Realmente no quería ponerse en su camino más de lo necesario, aunque todo lo que quería en ese momento era acurrucarse en su cama.

No, lo que él quería más que nada era estar con Blaine. Pero sabía que eso nunca iba a suceder.

Vagaba alrededor de la ciudad ese día, de vez en cuando paraba para tocar para una multitud, asombrado de que cientos de personas lo pasaban de largo y nadie pensaba que era el hombre que causó tal escándalo la noche anterior.

Mientras tocaba todo en lo que podía pensar era Blaine. ¿Dónde estaba? ¿Cómo estaba? ¿Alguna vez lo vería y le explicaría?

.-.-.-.-.-.-.-.

Blaine estaba cansado esa noche, pero había decidido que tenía que salir. Estando solo en casa, todo en lo que podía pensar era en los eventos de la noche anterior. La confusión, la humillación. Sólo unas horas antes de que todo explotara, había creído que tendría una bella prometida y esposa para siempre, pero… evidentemente estaba equivocado.

Pero ahora estaba soltero, solo, mortificado y… ni siquiera podía pensar en una palabra para describirlo.

Se sentó en la parte trasera del coche de ciudad con chofer. No deseaba llevar el suyo. Lo había comprado para impresionar a Simone, y en ese momento no quería que nada le recordara a la joven. La ciudad pasó en un borrón, y suspiró suavemente, empañando el vidrio por segundos.

Era de noche y tenía algunos boletos para un espectáculo en su bolsillo. La ópera.

En realidad, poseía dos pases. Había estado esperando llevar a la mujer a la que le había propuesto matrimonio. Había estado deseando consentirla completamente, darle todo y cualquier cosa que quisiera, pero eso no iba a suceder. Se estremeció al recordar lo que había pasado la noche anterior.

El chófer se acercó a la casa de la ópera y Blaine permaneció sentado unos minutos. Se alegró de tener su propio balcón privado y se paró, tirando del collar cerca de su cuello y bajando la cabeza. Lo peor era un abrigo largo de color beige oscuro bajo el que llevaba una camisa de seda roja y negra y unos pantalones negros. El chaleco que llevaba estaba abierto y era sólo de un negro apagado para emparejar sus pantalones. No había reflexionado necesariamente en su conjunto esa noche, y no parecía el normalmente el extravagante Monsieur Anderson.

Afortunadamente debido a eso, nadie parecía notarlo, pero se aseguró de mantener el sombrero sobre su frente. Caminó por dentro, estaba bastante oscuro, así que nadie lo miró aunque pasó por un puesto de revistas, viendo su rostro en varios periódicos.

Cerró los ojos y siguió avanzando hasta llegar a la entrada lateral de la ópera.

Había un joven que estaba en el interior, pidiéndole su boleto y se lo mostró, accidentalmente sacando dos antes de que dejara el segundo en una mesa a su lado, ignorándolo.

El joven rasgó la esquina del boleto para marcarlo y devolvérselo. Blaine le dio las gracias y luego subió la escalera, oyendo el bullicio de la gente en el pasillo principal. Era tranquilo y privado en los balcones, y cuando entró en su apartado miró los dos asientos antes de sacudir la cabeza, sentándose.

Había imaginado que esa noche sería tan diferente. Emocionante y nueva. Se había imaginado sentado junto a Simone, tocando, besándose, sonriendo suavemente. No esperaba estar ahí solo. Se sentó, miró a la derecha sobre la mesa, donde dos vasos de vino tinto descansaban. Suspiró, decidiendo que necesitaría los dos vasos y recogió el primero, bebiendo mientras los asientos se llenaban y todo empezaba.

El espectáculo era realmente sensacional y la música en vivo intensa. Blaine había pedido unos cuantos vasos de vino y estaba ebrio ahora. Se encontraba apoyado en el balcón observando mientras la música lo rodeaba, el hombre en el escenario cantaba en voz alta.

Beata María, sabes que soy un hombre justo… de mi virtud, estoy orgulloso…

Et tibi Pater… (Yo confieso)

Beata María. Sabes que soy mucho más puro que la muchedumbre común, vulgar, débil y licenciosa.

Entonces dime, María, ¿por qué la veo bailar ahí, por qué sus ojos ardientes todavía me queman el alma? La siento, la veo.

El sol atrapado en el cabello negro azabache está ardiendo en mí fuera de control…

Blaine comenzó a sentirse incómodo conforme la canción progresaba.

Como el fuego. Fuego del infierno. Este fuego en mi piel… Este ardiente deseo me está convirtiendo en pecad…

Blaine se levantó rápidamente y agarró su chaqueta, tambaleándose por todo el vino bebido mientras salía del privado, bajando las escaleras, la música todavía lo suficientemente fuerte para oírla.

No es mi culpa… No soy culpable… Es la gitana, la bruja que envió esta llama.

Los pasos de Blaine se convirtieron en una carrera, esa canción de alguna manera lo afectaba, así que desesperadamente trataba de bloquearla.

¡Mea maxima culpa! (Mi máxima culpa)

No es mi culpa. Si en el plan de Dios… hizo al diablo mucho más fuerte que un hombre.

¡Mea maxima culpa!

Blaine se aferró a la barandilla ¿Por qué la escalera era tan larga?

Protégeme, María… No dejes que esta sirena emita su hechizo…

No dejes que su fuego abrase mi carne y hueso.

Destrúyela y déjala probar los fuegos del infierno o déjala ser mía y solo mía…

¡Fuego Infernal! ¡Fuego oscuro!

Ahora gitana, es tu turno. Elígeme a mí o a tu hoguera Sé mía o te quemarás.

Finalmente llegó al último de los escalones, caminando por el pasillo vacío hasta la puerta lateral.

Dios tenga misericordia de ella… Dios tenga piedad de mí…

¡Pero ella será mía o se quemará!

Blaine alcanzó la puerta y luchó por un momento. Estaba ebrio, y abrió la estructura perdiendo el equilibrio y cayendo de golpe a la calle.

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Kurt había estado vagando, cantando. Había ganado un poco de dinero, pero tendría que conseguir un trabajo adecuado ahora que Simone estaba fuera del mapa. Tenía que salir adelante por sí mismo, y no importaba lo buen cantante que fuera, nunca iba a hacer suficiente dinero decente tocando en la calle.

Sin embargo, se había detenido frente a la ópera parisina, conociendo algunas de las canciones de la obra que estaba tocando. Se paró junto a una entrada lateral con la guitarra en sus manos, cantando suavemente. Tenía una gorra en el suelo y estaba sorprendido por el dinero que la gente le estaba entregando, no mucho, pero todavía una buena cantidad.

Tantas veces aquí he visto a un feliz par de amantes caminando por la noche…

Se mordió el labio cuando una joven pareja pasó, sin siquiera detenerse a escuchar su voz angélica.

Sabía que nunca conocería ese resplandor cálido y cariñoso. Aunque pudiera desearlo con todas mis fuerzas…

Ninguna cara tan horrible como la mía jamás significaría algo para la luz del cielo.

Kurt se mordió el labio, pero continuó cantando.

Pero de repente un ángel me ha sonreído y besado mi mejilla sin un trazo de miedo.

Me atrevo a soñar que incluso podría cuidarme, y mientras cantaba mi canción esa noche…

mi casa oscura y fría parecía tan brillante…

Juro que debe ser la luz del cielo.

Nadie estaba realmente prestando atención al hermoso cantante en el costado de la vía, pero había hecho una buena cantidad de dinero. Sin embargo, continuó hasta el final de la canción, más antes de que pudiera llegar, la puerta a su lado se abrió rápidamente, golpeándolo y haciéndolo tambalear.

- ¡Oye! – Gritó Kurt, pero entonces escuchó un golpe y giró alrededor, mirando como un joven de cabello oscuro cayó al suelo con un gemido. Saltó, tirando de la correa de su guitarra y se inclinó a su lado.

¿Monsieur? ¿Monsieur? ¿Sont vous bien? (¿Señor? ¿Señor? ¿Se siente bien?)

El joven trató de moverse, pero Kurt pudo oler el poco de alcohol de su cuerpo.

Le tocó la mejilla y logró darle la vuelta. Cuando el rostro de Blaine apareció a la vista, saltó hacia atrás dando un chillido de niña, retirando las manos hacia su pecho como si acabara de ser quemado.

El diseñador estaba desorientado y se frotó la frente, observando a su alrededor al joven castaño. Su vista se duplicó por un segundo y luego se aclaró. No lo reconoció, en absoluto. De hecho, se acarició el cabello y se sentó, mirándolo.

- ¿Qui sont vous? (¿Quién eres?) – Preguntó queriendo saber quién era el joven, y Kurt lo miró, mordiéndose el labio.

Blaine lucía terrible con círculos oscuros bajo sus ojos inyectados en sangre, contrastando con la palidez de su rostro. No pudo resistirse a tocar su mejilla. Oh dios, su corazón empezó a golpear, todavía amaba tanto a este hombre, y él ni siquiera lo reconocía.

Por un momento se vio dividido entre el llanto de la felicidad de estar tan cerca de tocarlo, o de romperse por el dolor en su pecho. Blaine le había dicho a Simone que la amaba, y la trataba como una princesa, pero ni siquiera podía reconocer al hombre detrás de la mujer. La persona que había… que había arruinado su vida.

- Un ami. (Un amigo) – Respondió, diciéndole que era simplemente un amigo, y lo rodeó con sus brazos, ayudándolo a levantarse.

Cambiando al inglés, miró al joven al que estaba ayudando a ponerse de pie. Este apenas podía sostenerse, eran como un peso muerto conectado a su cuerpo. – ¿Dónde está tu auto? – Preguntó, Blaine miró a su alrededor, señalando uno, y Kurt caminó alrededor del vehículo, abriendo la puerta trasera.

El diseñador se sentó en el interior y el castaño giró para salir, necesitando conseguir su guitarra y su dinero.

Al irse, sintió que alguien se aferraba a su manga, y miró por encima del hombro a un enfermizo Blaine Anderson.

- Por favor quédate. – Suplicó, sin sentirse bien. Este hombre dijo que era su amigo. No se rió de él ni susurró lo patético que era, y en ese momento lo que necesitaba era exactamente eso, un amigo.

Kurt sabía que no debía hacerlo. Le había causado tantas penurias, pero en ese momento no podía detenerse, así que renunció a sus ganancias diarias y a su instrumento y se sentó en el coche. Haría cualquier cosa por Blaine, cualquier cosa, y se acomodó a su lado.

Anderson habló en un tono apagado a su chofer mientras se tapaba la boca, parecía a punto de vomitar. Él no era un bebedor, y encontró que era demasiado unos pocos vasos. Realmente no se sentía bien, y con forme el auto comenzó a moverse, aquello sólo empeoró. Cerró los ojos y suspiró.

El ojiazul temblaba, tenía la mano en el estómago y la otra estaba cerca de la pierna de Blaine.

El hombre mayor había movido la mano para ya no aferrarse a los puños de la camisa de Kurt, pero ahora sostenía su mano, con los dedos entrelazados.

El corazón de Hummel latía con fuerza, y miraba por la ventana, sin decir una palabra mientras el mundo los pasaba.

Pronto llegaron al gran hogar del diseñador y el castaño lo miró, luego se puso de pie, inmóvil. El chofer salió del coche, abrió la puerta de Blaine y lo ayudó a salir, luego el cantante salió por la otra puerta, cerrándola detrás de él. Miró a su alrededor y observó al pelinegro.

- Debo irme. – Dijo en un tono tranquilo y miró hacia el otro lado.

Blaine estaba tambaleándose, sus piernas eran como jalea, y tocó el brazo del muchacho.

- Realmente podría necesitar un amigo. – Dijo, mordiéndose el labio, con los ojos llorosos.

Kurt pudo ver que el pelinegro lo había pasado mal desde la noche anterior, y se sentía horrible por haberle hecho eso. Miró hacia abajo y cerró los ojos durante unos segundos antes de asentir lentamente y caminar con él a la casa. Lo ayudó sosteniéndolo mientras este se tambaleaba.

El alcohol estaba afectando al ojimiel, volviéndolo loco. Se sentía enfermo, pero no lo suficiente como para vomitar.

Kurt esperó a que Blaine abriera la puerta, miró a su alrededor, sin darse cuenta del gran hombre que los miraba desde el costado de la casa, tomando una fotografía con el equipo de estilo antiguo que tenía en sus manos. Se mordió el labio, pensaba irse, pero su hogar había sido invadido desde que todo aquello explotó, le había tomado mucho esfuerzo escaparse sin ser visto. No podía regresar.

Blaine no pudo desbloquear la entrada, pero las puertas se abrieron cuando su mayordomo dio un vistazo desde su patrón hacia el hombre que lo sostenía. Este murmuró algo, tratando de afirmar que el joven era su amigo.

El mayordomo asintió y ambos entraron, el pelinegro pidiendo a Kurt que lo llevase a su dormitorio. Estaba casi desmayándose. El ojiazul prácticamente lo subió por los escalones a pesar de que él era mucho más ligero que este. Recordaba estar ahí como Simone, Blaine llamándola su musa, mostrándole los más exquisitos dibujos.

Llegaron a la habitación y Kurt se sintió un poco incómodo. Miró cómo Blaine se acostó, todavía agarrándose a su brazo y tirándolo hacia abajo.

- Quédate… amigo. – Susurró, sin siquiera darse cuenta de que no sabía el nombre de aquel hombre, y en cuestión de segundos su mano se resbaló, y cayó en un sueño profundo, roncando suavemente.

Hummel se sentía incómodo y culpable, ya que el diseñador parecía pensar en él como un amigo, sin darse cuenta de que era quien le causó todo ese dolor de cabeza. Aun así, se acostó a su lado y cerró los ojos.

El olor del hombre que amaba estaba rodeándolo, era almizclado pero dulce, un aroma afrutado pero picante que sólo pertenecía a Blaine Anderson.

El diseñador durmió esa noche, y se sorprendió gratamente cuando sus sueños incluyeron a un castaño. Esta vez el castaño estaba vestido con un corsé y bombachos, sentado en un taburete balanceando los pies, la cabeza la movía hacia los lados mientras tarareaba para sí mismo.

Él estaba sentado detrás de este en el suelo, con la cabeza inclinada hacia un lado mientras miraba. – ¿Por qué me mentiste? – Preguntó a la figura de ensueño, pero el castaño sólo continuaba balanceándose y tarareando. Blaine sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa apagada como antes. – Por favor, háblame.

Una vez más no hubo respuesta y él solo observó la parte de atrás de la cabeza y los pies balanceándose.

Se puso de pie, se cepilló los pantalones y miró al castaño. – Por favor, sólo quiero saber. – Dijo en un tono ronco, caminando y apoyando una mano en su hombro.

El castaño miró por encima del hombro, pero ya no era él. Tenía el cabello negro atado en un moño con una flor y usaba un kimono verde esmeralda. Era Simone.

- Blaine, mi querido. – Dijo exageradamente, poniéndose se pie y sosteniéndose de los hombros de este. El diseñador trató de retroceder, sintiéndose extrañamente enfermo pero con cierta comodidad. – Bésame mi amor.

- Déjame solo. – Expresó mirando por encima del hombro donde el hombre había desaparecido.

- Oh, querido, por favor. – La mujer hizo una mueca, apoyándose en él, pero este retrocedió. Ella lucía llorosa y molesta. – Dijiste que me amabas. – Sus manos corrieron por su figura femenina escondida detrás de la tela verde. – Soy hermosa, ¿no? Soy todo lo que deseabas.

Blaine sacudió la cabeza, retrocediendo. – No. – Susurró.

Ella parecía molesta. – ¿Qué está mal? ¿No soy lo suficientemente hermosa?

El diseñador miró a la mujer, sacudiendo nuevamente la cabeza. – Me enamoré de la persona. – Dijo con una voz fuerte, y luego todo a su alrededor se puso blanco y desapareció.

Estaba realmente harto de esos sueños, lo confundían sin fin. – ¿Simone? – Llamó al abismo, pero no obtuvo respuesta. Trató de recordar el nombre del hombre, pero no pudo. ¿Qué había pasado? Todo lo que había dicho era que se enamoró de la persona…

Entonces hubo una pausa.

Lo había hecho, se había enamorado de la persona. El resto eran sólo adornos, la feminidad, los vestidos, las miradas. Se detuvo unos segundos y se cubrió la boca con una mano.

¿Estaba realmente bien con la homosexualidad? No es que alguna vez tuviera un problema con eso en general, pero ser uno de ellos, un homosexual... era un caballo de un color diferente.

Pasó los dedos por su cabello y se mordió el labio. No, no, no creía que estuviera bien con eso. Aún no. Necesitaba tiempo, pero lo más importante era saber por qué. ¿Por qué él le había mentido?

El diseñador se despertó, sintiéndose notablemente mejor que antes de dormirse. Se sentó en la cama mirando a su alrededor. Su cabeza estaba golpeando suavemente con un ligero dolor, pero no estaba tan mal. Todavía se sentía cansado, pero su corazón acelerado iba a hacer que fuese imposible dormir.

Sintió que la cama se sumergía a su lado y miró a su lado, viendo a un hombre castaño dormido. Tenía el rostro cubierto con su cabello claro desordenado, los labios se veían suaves, y las pestañas proyectaban la más ligera sombra sobre sus mejillas redondas.

Blaine no pudo detenerse mientras se estiraba hacia este. Su corazón latía con fuerza en su pecho y podía literalmente sentir la sangre que bombeaba a través de sus venas mientras miraba al joven en frente de él. No había forma de negarlo.

- Eres tú. – Susurró, acariciándole la mejilla con los dedos.