N.A.:*exhausta* Tengo que empezar por un agradecimiento muy especial y muy sentido a Isilen, por bombardearme toda la semana con todas las noticias sobre el capítulo 50 del manga, sus teorías y material vario. De no ser porque me ha mantenido la llamita del humor VK encendida no habría tenido energías para colgar hoy. ¡La escena CSI es tuya, cielo!

Bueno, este capítulo es muy árido, sobre todo en contraste con el anterior, pero era necesario para que la trama avanzara. En cuanto a Seiren, basándome en el perfil del personaje del Fanbook -¡gracias otra vez, tía!- construí su background. Es decir, gracias a que sólo pone que su habilidad (no poder) son las artes marciales. Lo demás, desde su estatus a su apellido o edad, "desconocido". Raro, ¿no?

Prometo que el siguiente capi será entre divertido y dramático. Paciencia con éste, please. *repta de nuevo a su madriguera oscura, agotada*

Capítulo 8. Construye un mundo nuevo. Parte 2

Martes. 18.50 horas. Es decir, unas 24 horas sin dormir. Cuando pasas de los 40 no hay cuerpo que aguante eso. Kaien Cross echó una última ojeada al reloj digital de su mesita de noche, suspiró como si el alma se le estuviera escapando por los labios y se dejó caer a peso en la cama, hundiendo el colchón. Las energías le habían llegado justito para sacarse el abrigo y los zapatos, pero nada más. Total, estaba en sus habitaciones de la Academia –por fin-, así que nadie iba a fisgonear qué hacía el director durmiendo completamente vestido en su propia cama. Cerró los ojos con agradecimiento, rindiéndose al sueño reparador.

Sólo que a éste no le daba la gana aceptar su rendición.

Duérmete, maldita sea. Necesitas descansar. Mañana será otro día duro y ya no eres un chaval. A ver… Una ovejita… dos ovejitas… tres ovejitas…

Cross llegó a juntar un rebaño de 20 ovejas mentales sin que el sueño hiciera acto de aparición. Eso sí, las punzadas en las sienes y en los párpados estaban en pleno apogeo. Gimió y se giró de costado, encogiéndose sobre sí mismo. A aquellas horas, los alumnos de la Clase Nocturna que quisieran ir a estudiar al edificio central estarían a punto de salir por la puerta. A Dios gracias que Yagari estaría allí para controlar la seguridad porque él ya no podía con su alma.

Aquellas últimas 24 horas habían sido un caos que habían puesto a prueba su resistencia física y mental junto con su capacidad de reacción. Al final podría considerarse que la cosa se había zanjado en tablas, lo cual ya era mucho. Kaien pensó que, quizás, si conseguía repasar ordenadamente los hechos su cerebro se sentiría en paz y podría hundirse en el sueño. ¿Sí? ¿Lo prometes? Pues vamos allá. ¿Cómo solía tomar las notas en su época oscura de cazador? ¡Ah, sí!

Informe. Kaien Cross.

Madrugada del sábado al domingo. Lord Shiki es asesinado tras recibir una visita de Kaname Kuran al que, en un primer momento, se le imputa el homicidio.

Tarde-noche del domingo. El citado Kaname Kuran, con el respaldo testimonial de su hermana, Yuuki Kuran, de su guardaespaldas oficiosa, Seiren, y de los compañeros de clase Hanabusa Aido, Akatsuki Kain y Ruka Souen, consiguen poner freno a los rumores y desviar las acusaciones de su persona.

21 horas de ese mismo domingo. Quien firma este informe se entrevista en su despacho de la Asociación con el jefe de patrullas de la ciudad, acompañado de su vampiro domado, respecto al ingreso formal de Zero Kiryu en la organización. El cazador expresa sutiles reticencias por el hecho de que el arriba citado es un vampiro. El arriba citado comparece en el despacho para ventilar a los cuatro vientos que a él no le tose ningún cazador. Tras lo cual, quien esto firma mantiene con él una de las conversaciones más extenuantes emocionalmente que recuerda, consiguiendo arrancarle la promesa de que no matará a ninguno de los Kuran sólo porque éstos interrumpan su línea visual y lo despide a patrullar por su cuadrante asignado.

¿23.30 horas de ese mismo domingo? El jefe de patrullas citado en la entrada anterior muere de forma violenta en las calles. Al mismo tiempo, quien esto escribe mantiene otra de las conversaciones más extenuantes emocionalmente que recuerda con Kaname Kuran, consiguiendo de éste la promesa de que no matará a Zero Kiryu si es que éste último no ataca primero.

23.43 horas de ese mismo domingo. Zero Kiryu encuentra el cadáver del jefe de patrullas, al parecer desangrado.

23.45 horas del mismo maldito domingo. Otro de los cazadores encuentra al anteriormente citado Zero Kiryu casi encima del cadáver, con espinas brotando de su brazo y reptando por el cuerpo del difunto, los ojos brillando en rojo y los colmillos extendidos. El cazador le dispara con una ballesta antivampírica, hiriéndole en el hombro, pero Kiryu huye. El cazador llama a la brigada de limpiadores de la Asociación.

Medianoche del mismo puñetero domingo. El cadáver es trasladado a las cámaras subterráneas de la Asociación de Cazadores.

01 de la madrugada de la noche del domingo al lunes. El cazador que ha hallado el cuerpo se presenta en casa de Touga Yagari, segundo en rango de la Asociación, en busca de Zero Kiryu. Es informado con amabilidad de que éste no se encuentra presente. El cazador refiere a Yagari su versión de los hechos, consistente en concluir que Kiryu es el asesino, al parecer, guiado por la sed de sangre. Yagari le recomienda que abandone su casa, advirtiéndole que el allanamiento de morada es delito.

01.30 horas de la misma condenada madrugada del domingo al lunes. Quien esto escribe recibe una llamada de Touga Yagari cuando se disponía a introducirse en el lecho, alertándole de los hechos arriba referidos y conminándole a que se persone en la Asociación de Cazadores tan rápido como le sea posible. Quien escribe convoca a los cazadores de mayor rango a un consejo urgente.

03 horas, seguimos en la misma madrugada del domingo al lunes. El mismo que sigue escribiendo se reúne en las cámaras de la Asociación con el consejo de cazadores para una primera inspección ocular del cadáver. El cuerpo presenta herida perforadora-cortante en el neumo-tórax, con incisión y desgarro del corazón, esto es, un agujero de parte a parte que le hizo fosfatina el citado órgano. El cuerpo presenta también una herida cortante en el hombro izquierdo. Ambas heridas están parcialmente deformadas por lo que parecen laceraciones inciso-cortantes, que salpican también el resto del cuerpo. El cadáver no ha sido desangrado, más allá de la lógica pérdida de sangre que acompañaría a las heridas referidas.

Tras esa primera inspección ocular, gran parte del consejo de cazadores expone, a modo de conclusión, que Zero Kiryu asesinó al jefe de patrullas utilizando como arma algún tipo de hoja, dado que es sabido que su tutor legal, quien esto escribe, maneja armas de filo, por tanto pudo equiparle con una. Refieren también que debió envolver al cazador con las extrañas zarzas que brotan de su cuerpo con el serio intento de desangrarlo para satisfacer sus desmedidas ansias de sangre, acción ésta que interrumpió el compañero cazador al llegar a la escena del crimen. Apuntan como posible móvil el descenso del joven al Nivel E y la inquina que le guardaba al jefe de patrullas por oponerse a su ingreso. Reclaman que se incluya a Kiryu en la lista de seres a destruir por parte de la Asociación.

Touga Yagari menciona ciertos detalles a favor del joven Kiryu. A saber, que Kiryu no salió de la Asociación portando arma de filo alguna, tan sólo su pistola Bloody Rose que, según consta en los archivos identificada con el código BR-K-0136, es actualmente un arma antivampírica de explosión. Touga Yagari repite esta información exactamente tres veces, para erudición de los presentes. Este cazador expone asimismo que el cuerpo no presenta heridas de colmillos y que Kiryu no fue encontrado drenándole ni "limpiando el suelo con la lengua" (sic). Yagari aporta también los datos de que el cuerpo del cazador presenta una película de sudor adherida a sus ropas, lo cual hace pensar que el traspasado se defendió en pelea cerrada antes de sucumbir a su oponente. Añade también que falta la katana antivampírica del cazador, identificada como Lágrima de la Noche, LN-K-2001, del escenario del crimen e inquiere de qué le iba a servir a Zero Kiryu contar con dos armas antivampíricas "cuando con una se basta y sobra para eliminar purasangres" (sic). Yagari insta a comprobar si existen restos de veneno antivampírico en las heridas del jefe de patrulla, para lo cual requiere a quien esto firma que mande traer al vampiro domesticado del cazador.

05 horas de la misma interminable madrugada. El abajo firmante baja en persona a las mazmorras para intercambiar impresiones con el vampiro domesticado del fallecido. Dado que su amo es ahora un cadáver, el Nivel C no se encuentra sujeto a domesticación alguna y verbaliza su desagrado y desacuerdo con su situación mediante palabras soeces. Quien esto escribe, en su calidad de presidente de la Asociación, le promete la libertad a cambio de que colabore en la investigación, dado que no puede ser reclamado ya por amo alguno, instándole a catar los restos de sangre de las heridas del cadáver, en busca de restos de veneno antivampírico.

05.45 horas, ¿había dicho que seguíamos en la misma madrugada? El Nivel C es llevado a la cámara ante el cuerpo del fallecido y el consejo de cazadores, ante quienes unta su dedo con sangre coagulada del cadáver y la prueba, declarando que "no serviría ni para alimentar a los chinches" (sic), pero dando sobrada fe de que se encuentra libre de veneno antivampírico. Luego se concluye que las laceraciones inciso-cortantes que presenta el cadáver y las heridas más profundas no fueron hechas con un arma antivampírica. Touga Yagari prorrumpe en aplausos y se le conmina a comportarse con la adecuada dignidad.

06.30 horas. ¿Consideramos que ya es lunes por la mañana? El consejo se disuelve con el encargo de dejar trabajar a los forenses de la Asociación para un análisis más exhaustivo del cadáver.

07-18 horas, lunes. El abajo firmante mantiene conversaciones con Touga Yagari, tomando nota de la información referida subrepticiamente por Zero Kiryu sobre la posible participación de un vampiro de sangre noble en el asesinato, así como con los diversos miembros del Consejo para intentar captar sus posiciones y reducir la hostilidad. La mitad del Consejo transmite su deseo de reducir a Kiryu a cenizas y de requisarle la Bloody Rose, habida cuenta de que el joven no puede someter su poder despertado. El resto de los miembros se dividen entre quienes creen que Kiryu no fue y quienes piden esperar hasta el final de la investigación.

18-21 horas. Quien esto escribe declara que el mundo puede seguir girando sin su presencia durante tres horas y decide echarse una siesta.

21 horas del lunes. El escriba del presente informe es despertado con el aviso de que ha llegado una carta manuscrita en sangre a la Asociación. Dicha misiva refiere, y cito, que "se invoca el tradicional juramento de la Asociación de Cazadores de exterminar a los vampiros que hayan quebrantado las leyes por las que se rige la raza de la noche, con el fin de dar caza al posible miembro de esta estirpe que, presuntamente, habría dado muerte injustificadamente a un cazavampiros. De esta forma, las nobles familias al frente de la raza en ausencia del anterior Consejo esperan evitar que la Asociación pronuncie falsas acusaciones guiadas por la ignorancia. Esto desviaría la atención de quien pudiera ser el auténtico asesino, esto es, probablemente, algún joven Nivel B que ha decidido tomarse la justicia por su mano en ausencia del Consejo de Ancianos, tradicional garante del orden".

Se comprueba que la misiva, anónima, ha sido escrita con sangre de vampiro y se acepta como prueba en la investigación, sin que nadie tenga ni idea de por dónde van los tiros.

22 horas del lunes. Quien esto firma llama a Kaname Kuran para alertarle sucintamente de los hechos, bajo promesa de ofrecer más explicaciones cuando lo acaecido se aclare, lo cual no parece que vaya a suceder pronto.

23 horas del lunes. Los cazadores se distribuyen por patrullas con el encargo de peinar la ciudad en busca de: A) Zero Kiryu, con la orden de traerlo vivo a la Asociación para ofrecer explicaciones. B) Algún vampiro con comportamiento sospechoso. C) En ausencia de los dos anteriores, cualquier cosa que pueda ofrecer la mínima pista sobre semejante embrollo.

01 de la madrugada del lunes (la noche pinta igual que la anterior). Los forenses que han examinado el cuerpo concluyen que el jefe de patrullas: 1) Murió por herida perforadora-cortante en el corazón, hecho que le provocó una parada cardíaca, agravada por algún tipo de "combustión espontánea" (sic) de dicho órgano vital, dado el estado de auténtica carbonilla en que se ha encontrado. 2) El cazador sostuvo algún tipo de combate que le requirió de gran esfuerzo físico, en el transcurso del cual recibió también una herida cortante en el hombro izquierdo que no hubiera bastado para provocarle la muerte pero que, probablemente, habría manchado de sangre las ropas de su asesino. 3) Las laceraciones inciso-perforadoras que deforman su cuerpo fueron hechas post-mortem. 4) El cadáver no presenta heridas de colmillos.

Basándose en dichas conclusiones, así como en los datos de los testigos personados en la escena del crimen, del examen ocular y de la misiva anónima aceptada como prueba, el consejo de cazadores concluye que:

A) El propósito del asesinato del jefe de patrullas no puede ser alimentarse de su sangre.

B) Murió por heridas de arma cortadora y fue mutilado con un arma no antivampírica, probablemente para simular el efecto de las zarzas conjuradas por Zero Kiryu quien, según testigo, no presentaba manchas de sangre en su ropa, aunque la oscuridad del escenario hace que esta observación no pueda considerarse concluyente.

C) Los vampiros tienen algún tipo de interés en este conflicto, lo cual hace necesario extremar todas las precauciones y estar atento a cualquier señal. Es decir, carecemos completamente de datos al respecto.

D) La situación de Zero Kiryu queda en suspenso, con la orden a todas las patrullas de localizarlo e instarle a personarse en la Asociación en condición de testigo para referir su versión de los hechos, así como para las pruebas periciales de que sus zarzas son, efectivamente, armas antivampíricas. Hasta que eso ocurra, se le considerará implicado en la trama, aunque no imputado. (Nota: buscar asesoramiento legal para dilucidar qué significa exactamente dicho matiz).

04 de la madrugada del maldito lunes al martes. Quien esto escribe informa telefónicamente a Kaname y Yuuki Kuran de la situación, advirtiéndoles de la necesidad de tomar precauciones adicionales en caso de salir de la Academia. Kaname Kuran expone la posibilidad de que el luctuoso suceso esté relacionado, de alguna retorcida manera, con una campaña de desprestigio de su persona impulsada por sus enemigos políticos. Kuran refiere también que el asesinato fue probablemente impulsado con el fin de eliminar el peligro que representa Zero Kiryu y, quizás, ejecutado por Takuma Ichijo, hecho éste último que me pide que no revele, a lo cual accedo. Kuran alerta también del posible uso violento que se le puede dar a la katana antivampírica sustraída del escenario del crimen y sostiene que la misiva anónima pudo haber sido enviada por alguna facción en discordia de sus enemigos políticos.

En otro orden de cosas, Kuran informa a quien firma este informe del desvío fraudulento de fondos desde sus cuentas a la de la Asociación de Cazadores y me pide que compruebe personalmente tal hecho, sin recurrir a nadie más. Yuuki Kuran me ruega que no haga nada con esos fondos, en caso de hallarlos, porque tiene "un plan en mente" (sic).

05 de la madrugada-09 de la mañana del martes (tras 6 tazas de café). El firmante de este informe comprueba el saldo de la Asociación, a falta del balance contable completo que pondrá fin al ejercicio, a 31 de diciembre, y confirma el ingreso de una escandalosa suma de dinero procedente de una empresa vinculada al entramado Kuran.

09-12 horas del martes. El firmante procede a bloquear esos fondos para evitar que puedan ser utilizados durante el funcionamiento ordinario de la Asociación, equivocándose tres veces en el proceso debido al temblor de manos derivado de la ingesta masiva de café.

13-17 horas del martes. El autor de este informe procede a acompañar en su dolor a la familia del cazador fallecido, a quien, por supuesto, se le honra como caído en combate y se le deparan los honores correspondientes.

17-18 horas del martes. El mismo autor de todo este maldito informe da órdenes a los cazadores para proseguir con las investigaciones pertinentes y es acompañado por Touga Yagari de vuelta a la Academia que preside.

18.50 horas del martes. Quien esto firma decide mandar el mundo al infierno durante tantas horas como le pida el cuerpo, con el convencimiento de que ha hecho todo lo humanamente posible en un universo que se ha vuelto del revés.

¿Satisfecha, conciencia? Ahora déjame dormir.

OOO

-Me voy a quedar ciega leyendo en el coche…

Kaname alzó una ceja y contempló con disimulo a su hermana, inclinada sobre su libro de texto, intentando leer con el ceño fruncido, un lápiz sujeto detrás de la oreja y la luz de una pequeña lamparita de la limusina. El purasangre recorrió el sobrio vestido de lana verde oscuro, que se ceñía con elegancia a sus curvas, resaltando sin insinuar más allá de lo correcto –cortesía de Ruka- mientras lo que habían compartido la noche anterior volvía a reproducirse en su mente. Por enésima vez.

Frunció el ceño, molesto por su falta de concentración, y desvió la vista al frente, aunque la partición oscura de la limusina no le permitía tener demasiado horizonte, más allá de una silenciosa Seiren sentada en el asiento de enfrente. Yuuki debería estar en la Academia enclaustrada en su habitación estudiando, no dirigiéndose a casa de su tesorero, pero aquella era una visita que no podía posponerse, teniendo en cuenta el rumbo de los acontecimientos. Las cosas parecían precipitarse y, cuanto antes se atara aquel cabo suelto, mejor.

La muchacha alzó la vista hacia Kaname, aún con el ceño fruncido.

-No sé por qué yo tengo que estar mareándome en el coche estudiando álgebra mientras tú vas mirando el paisaje la mar de tranquilo.- refunfuñó.

-Porque yo sacaré Excelente en el examen y tú, si no estudias, suspenderás de tal forma que habrá que inventar una nueva calificación de Insuficiente sólo para ti.- contestó Kaname con cariño y una suave sonrisa en los labios.- Además, no vas a marearte.

Ahí lo tienes, eres incapaz de enfadarte con él cuando te sonríe así. Yuuki arrugó la nariz, le sacó la lengua y volvió a hundir la mirada en el libro, intentando ignorar el cabeceo del coche. Como si pudiera concentrarse sabiendo que se encaminaba a decidir la vida de una persona. Kaname hacía todo lo posible para aparentar que se trataba de una mera visita de cortesía, pero sabía bien que las cosas podían acabar muy mal si el hombre realmente era culpable. Podían acabar en cenizas, literalmente.

Seiren contempló el cariñoso intercambio de pullas intentando esconder una sonrisa. Había visto muchos de los rostros ocultos de Kaname, siendo como era su escolta oficiosa desde hacía años, pero la mayoría tenían que ver con la tristeza de cuando estaba a solas, o el anhelo que asomaba a su mirada cuando contemplaba de lejos a Yuuki, o el poder desmedido de un purasangre. Era la primera vez que podía presenciar el rostro más "humano" de él, y aquello reforzó la decisión que había tomado hacía tiempo de ponerse a su servicio. Sí, los purasangres podían ser distintos. Era una lástima que no hubiera conocido bien a sus padres.

-¿En qué piensas, Seiren?

La joven morena alzó la vista hacia los inquisitivos ojos borgoña, sabiendo que había adivinado en parte el rumbo de sus pensamientos. Pero ella sabía que Kaname se sentía incómodo hablando de sentimientos y que tampoco esperaba una respuesta demasiado larga de ella.

-En Sara.- frunció el ceño y miró por la ventana.- O, más bien, en qué pasaría si me encontrara con ella o con Takuma mientras vigilo el exterior de esa casa.

-¿Temes no poder resistirte a su voz?- preguntó Kaname con amabilidad. Ella asintió.- Seiren, ningún noble podría resistirse a una orden de un purasangre. Para el caso, tanto tú como cualquier otro reaccionaría igual ante un Nivel A, no tienes por qué sentirte diferente por ello.

-Lo sé.- la joven siguió con la vista prendida en el paisaje nocturno.- Pero Takuma también podría someter mi voluntad gracias al sello de sangre que le conecta con Sara. Escuchar su voz sería como escuchar la de ella.- murmuró en voz baja.- No sé si tienes una buena guardaespaldas en este conflicto, Kaname. Con Rido... -hizo un esfuerzo por mirarlo.- Yo era igual que cualquier otro Nivel B, pero con Sara hay... complicaciones añadidas.

-¿Qué complicaciones?- la voz curiosa de Yuuki los sorprendió a ambos, que se giraron a mirarla como si se hubieran olvidado de su presencia.- Em... lo siento, es que... estamos en un coche, ¿sabéis? No he podido evitar oíros.

Seiren frunció el ceño de manera casi imperceptible, mirando a Kaname con alguna especie de pregunta en los rasgados ojos negros. El purasangre negó con la cabeza con el mismo movimiento sutil. Así que Kaname no le había explicado nada de su pasado a su hermana… El aprecio de Seiren por su líder subió un par de notas. Obviamente, Yuuki se acabaría enterando igual, ahora que empezaba a tratar con la nobleza, aunque fuera juntando fragmentos de insinuaciones y sonrisas altivas –había cosas que ningún noble educado comentaría abiertamente, por supuesto-. Pero era un detalle que Kaname dejara en sus manos la decisión de si contarle su pasado a Yuuki de primera mano o no.

La atlética muchacha contempló los ojos muy abiertos de la purasangre, que oscilaban entre ella y su hermano, intentando adivinar el motivo del silencioso intercambio de miradas. Yuuki era tan inocente a pesar de ser un purasangre… Seiren se dio cuenta de que la envidiaba. Envidiaba esa capacidad para ver todavía el mundo a través de un cristal limpio, sin la pátina de siglos de esclavismo, desconfianza y temor. Por un momento, estuvo tentada de explicar su historia con el afán de ensuciar un poco esa inocencia, de sacudir a Yuuki para que se diera cuenta de que el mundo no era de color rosa. Entonces, la joven sonrió algo avergonzada, bajando los ojos hacia el libro.

-Perdona, no tengo ningún derecho a preguntar. Ni siquiera hemos hablado antes, no sé quién creo que soy para sacar esos temas.- Yuuki se mordió el labio, sonrojándose.

Un purasangre disculpándose… Seiren alzó las cejas. Si sus antepasados hubieran visto tal cosa habrían vuelto a morir de la impresión. La guardaespaldas consultó con la mirada a su líder, pero Kaname había optado por mirar hacia fuera, hacia la luz de las farolas al pasar, dejándoles el peso de la conversación. Ninguno de los dos era un Nivel A ordinario. Si Kaname no la trataba como si fuera un ser inferior ni la ignoraba como solían hacerlo los demás estudiantes de la Clase Nocturna, quizás Yuuki –que ha vivido como humana, ¿recuerdas?- tampoco lo hiciera. La muchacha cruzó los brazos sobre el pecho, ocultando el leve temblor de sus manos que le provocaba hablar directamente a alguien. Su familia no había sido criada para los discursos, sólo para el silencio de la sumisión.

-Sara… tendría más influencia sobre mí que cualquier otro purasangre porque su familia creó a la mía… eras atrás.-murmuró.

-¿Cómo?- la cabeza de Yuuki se alzó de golpe y la joven parpadeó, intentando asimilar las bruscas palabras.

Seiren mantuvo la vista fija en sus rodillas y la voz en un susurro.

-Mi antepasado… el primero de mi familia… No fue un vampiro nacido. Fue un humano.- se pasó la lengua por los labios, resecos, notando los ojos de Yuuki fijos en ella. Intentó hablar pero no le salieron las palabras.-¿Te importaría no… mirarme… por favor? No puedo hablar si alguien está… pendiente de mí.

-¿Qué? ¡Claro! No… no te preocupes.- ésta es la conversación más extraña que he mantenido nunca, pensó mientras miraba por el cristal, haciendo el titánico esfuerzo de seguir una conversación sin parecer que le prestaba atención a su interlocutor.

Seiren suspiró, aliviada. Detestaba ser el centro de atención, detestaba que la gente se diera cuenta de que estaba en una habitación. Las únicas veces que eso había ocurrido en el pasado había sido para castigarla a ella o a su familia. Debían ser como sombras, silenciosas, invisibles… Para eso se les había creado.

-Mi primer antepasado fue un humano que vivió pocos siglos después de que nacieran los vampiros como raza.- mejor, las palabras salían con más fluidez, aunque hizo una pausa para elegir las siguientes, sabiendo que no sería capaz de hablar durante mucho rato.- En aquella época, los purasangre ya habían descubierto que su mordedura creaba vampiros desestabilizados, humanos que perdían todo rastro de cordura, sucumbiendo a la sed de sangre. Eran criaturas aún más despreciadas que los humanos comunes.- lo último había sido un murmullo casi inaudible.- Pero a nadie se le había ocurrido todavía probar qué pasaba si esos humanos mordidos por un purasangre bebían la sangre de su creador.

-Así es como se crean los niveles D, ¿no?- preguntó Yuuki, girándose un instante para mirar a Kaname, que seguía con el rostro ladeado. Él asintió y ella volvió a girarse hacia la ventana.

-Sí, pero en aquel entonces… aún no se les conocía así. Lord Shirabuki fue el primero en experimentar, ofreciendo su sangre a un humano… mordido por él. Así… así vio que su… su sangre podía estabilizarlo y… y…- retorció las manos en el abrigo. Estás hablando demasiado, estás hablando demasiado… Eres una sombra, eres el silencio… no debes hablar…

Una mano elegante y tibia se posó sobre las suyas, enlazadas frenéticamente. Seiren levantó la vista para encontrarse con la cálida mirada de Kaname, donde parecía brillar un destello de comprensión. Le sostuvo la vista varios segundos, sintiendo que una corriente de calma la invadía, serenándola, permitiéndole respirar. Al cabo, incluso pudo mirar a Yuuki a la cara. La joven los observaba a ambos y, por una vez, su rostro de niña tenía una expresión de madura preocupación.

-No tienes por qué seguir si no quieres, Seiren. De verdad.- afirmó.

En realidad quieres decir "si no puedes", ¿verdad? Pero gracias por intentar salvar mi orgullo. La muchacha morena negó con la cabeza y Kaname retiró su mano, volviendo a girarse hacia la ventana. Era algo inaudito, un purasangre tocando a alguien como ella, que ni siquiera sabía de qué nivel era. Inspiró con profundidad y volvió a bajar la vista hacia su regazo. Odiaba sentirse débil. Su familia no había salido hacia delante siendo débil.

-Aquel… aquel purasangre, Lord Shirabuki, pronto se dio cuenta de que podía dominar la voluntad de aquel ex humano estabilizado y de que, incluso cuando no lo hacía y el… el odio de aquel hombre le impulsaba a intentar atentar contra él… era incapaz de atacarle. Shirabuki era su creador y el hombre, su esclavo.

Seiren hizo una pausa, incapaz de enlazar tantas frases seguidas. Silencio… Necesitaba tomar aire en silencio. Inspiró varias veces, encogiéndose en el asiento.

-¿Qué fue de aquel ex humano?- la voz de Yuuki era suave, amable, parecía que la abrazara con su mismo calor y, por la dirección de la que procedía, supo que la chica respetaba su deseo y seguía mirando hacia otro lado.

Merece la pena, entonces.

-Shirabuki lo usó para experimentar.- exhaló con suavidad.- Le permitió… beber muchas veces de él. Incluso obligó a otros nobles mestizos a quienes derrotaba a dejarse morder. Entonces… descubrió algo más.- se colocó un mechón de cabello detrás de una oreja. ¡Dios! Hasta su voz le sonaba extraña, escuchándola tanto rato.- El ex humano no adquirió ningún poder específico. No tenía una habilidad primaria, como los nobles mestizos, ni absorbió los poderes de su creador. Lo único que su… débil cuerpo de ex humano conseguía asimilar era la regeneración, la celeridad de los movimientos de un purasangre y su potencia física. Y… la necesidad de sangre.

Aquella pausa fue más larga, como si Seiren no tuviera fuerzas para seguir con su relato. Yuuki se mordió el labio, intentando mantener su promesa de no girarse. Aprovechó el intervalo para repasar todos sus conocimientos sobre su raza. Los Niveles A eran casi todopoderosos; los Niveles B tenían alguna habilidad primaria… ¿y los Niveles C? ¿Aquella, digamos, numerosa clase media a los que se solía ignorar? ¿Quizás ellos tampoco tenían ninguna habilidad?

-Entonces, tu antepasado… ¿era como un Nivel C? ¿Más fuerte y más rápido que un humano pero sin ninguna habilidad?-preguntó, con una arruga en el delicado entrecejo.

Seiren negó con la cabeza, sin caer en que ninguno de los dos la estaba mirando.

-No exactamente. Los Niveles C descienden de los B, de los nobles mestizos. Con el tiempo, aquellos purasangre que mezclaron su sangre con humanos y que no consiguieron integrarse en el… digamos… incipiente círculo nobiliario fueron intimando más con los humanos, perdiendo sus poderes de linaje. Los Niveles C son algo superiores a los humanos en físico, poco más.- Seiren torció el gesto, reflexionando.- Aquel ex humano hizo la progresión desde abajo. Era un humano que ingirió… grandes cantidades de sangre de un semidiós.- torció el gesto con ironía. Ella tenía a dos delante.- La sangre de los Niveles A y B supongo que transformó su… fisiología casi por completo. Su potencia física era comparable a la de un purasangre… sin ningún otro poder. Un ser con características nuevas sujeto al poder de Shirabuki.

-Ya lo entiendo.- Yuuki se retorció un mechón de pelo mientras la oscuridad exterior daba paso a las afueras de una ciudad.- Desciendes de un humano, tus poderes físicos son los de un purasangre, pero no tienes ninguna otra habilidad.- resumió con naturalidad.- Pero, ¿cómo llegó tu familia hasta hoy? No sé… parece raro que aquel…-abominable precedente de Sara- Shirabuki no lo… matara.

Seiren casi saltó en el asiento. Desciendes de un humano. Nada más. Una afirmación neutra, verídica… pero sin ningún juicio de valor. Ni desprecio, ni soberbia, ni conmiseración. Como si Yuuki fuera capaz de juzgar a las demás personas por algo más que por su origen. La joven espió de reojo el perfil de Kaname, creyendo detectar una leve sonrisa en aquellos labios pálidos. Tú lo sabías. Sabías que Yuuki reaccionaría así, que no me despreciaría. Intentas que conozca a tu hermana… Casi sonrió. Kaname sabía desde un principio que ella acabaría por apreciar a Yuuki, la única purasangre que había experimentado lo que era vivir como una humana. Inspiró para darse fuerzas para seguir con el relato, sabiendo que después de aquello necesitaría pasar días en silencio.

-Aquel hombre, aquel ex humano, fue el guardaespaldas de Shirabuki durante siglos... o su cómplice, según se mire.-su voz bajaba cada vez más de volumen y empezó a adquirir un tinte angustiado.-Cuando se creó el Consejo de Ancianos, el descendiente de Shirabuki lo regaló.

-¡¿Lo regaló?!- Yuuki saltó del asiento, mirándola de hito en hito un instante antes de recordar su promesa y volver a mirar por la ventana. Estaban parados en un semáforo.- ¿Como... como si fuera un jarrón?

Seiren tardó en contestar y, cuando lo hizo, su respiración era rápida y superficial.

-Más o menos. El descendiente de... Shirabuki... aseguró que ya... no tenía poder sobre él... -empezaba a faltarle el aire, demasiado rato luchando contra siglos de silencio inculcado.- Dijo... que era una muestra de... buena voluntad... hacia el nuevo Consejo... Un especimen educado en el... sometimiento... y la defensa... para seguir las órdenes... de... el nuevo...

-¿Quieres que siga yo, Seiren?- la voz suave de Kaname interrumpió su relato.

La joven asintió, notando una punzada en el pecho. Cuando se había puesto al servicio de Kaname y, sobre todo, cuando él había eliminado al Consejo, sus amos legales, se había jurado que intentaría superar todas las limitaciones que se habían inculcado a su familia a través de las generaciones. Que no tendría miedo de expresar su opinión, que no se marginaría más en las sombras... Pero era más fácil de decir que de hacer. Kaname apoyó levemente la mano en su rodilla y Seiren reprimió las lágrimas. Cuando estuvo seguro de que la joven había recuperado un poco su autocontrol, retiró la mano y enlazó la de Yuuki que, esta vez, sí se giró para mirar a su interlocutor.

-El descendiente de Shirabuki engañó al Consejo, por supuesto.-reanudó Kaname el relato.- La voz de los miembros de aquel linaje de purasangres siempre tendría poder sobre aquel hombre, pero a los Shirabuki les interesaba tener unos ojos obedientes dentro del Consejo.- apretó la mano de Yuuki con suavidad.- Las familias del Consejo pronto encontraron buen uso a las habilidades del ex humano y lo nombraron su ejecutor.

-¿Era su asesino?- la joven parpadeó, incapaz de cuadrar una profesión tan cruel con la descendiente que tenía delante.

Kaname se encogió de hombros.

-Asesino, guardaespaldas de las familias, mensajero de las órdenes del Consejo… El nombre no importa, sólo el hecho que aquel ex humano pasó a ser una propiedad preciada del Consejo.- su voz se endureció un tanto.- Con el transcurrir de los años, se vio que el hombre envejecía más rápido que un vampiro y el Consejo temió quedarse sin una pieza tan conveniente, así que lo autorizaron a reproducirse.

Yuuki tragó saliva.

-¿Lo… qué?

Kaname la miró con fijeza. Vas a descubrir más pecados…

-Fue autorizado a tomar como amante o como concubina a una mujer que había sido condenada por el Consejo.- la mirada escandalizada de Yuuki decía bien a las claras lo que pensaba.- Esa fue la norma a partir de aquel momento. Cada descendiente de aquel primer ex humano podría tomar un amante aprobado por el Consejo, normalmente reos o condenados que el propio individuo de aquel linaje era el encargado de custodiar. Sólo podía haber un hijo por generación.- intentó suavizar la voz para atenuar el impacto de lo que explicaba.- Ese hijo o hija era entrenado por el padre o la madre y examinado por el Consejo. Si se le encontraba apto, se le permitía seguir viviendo para servir a las familias. Si no, se le eliminaba y se obligaba al progenitor a concebir otro hijo.

Yuuki desvió la vista de su hermano a Seiren, que parecía haberse refugiado en su concha de silencio queriendo fundirse con la tapicería de cuero. Sabía que el Consejo había sido cruel, pero una cosa era tener un conocimiento difuso y otra la constatación exacta.

-¿Cuál es tu…? -no, no te dirijas a ella, déjala respirar.- ¿Cuál es su nombre de familia?

-No tienen.- contestó brevemente Kaname.- El Consejo siempre los consideró… objetos. Una creación. Una propiedad. No se les permitió adoptar un nombre de familia.

-¡Eso es esclavitud!-exclamó Yuuki, indignada.- ¡Ninguna persona es propiedad de nadie! ¡Ni del Consejo ni de nadie!

Seiren pareció sobresaltarse ante aquellas palabras y arriesgó una sorprendida mirada fugaz de reojo a la joven, que lucía dos manchas de color encendido en las mejillas. El enojo auténtico emanaba palpablemente de su aura y la morena vampiresa experimentó una punzada de gratitud. Yuuki seguía rebullendo inquieta en el asiento.

-¡Eso es increíble, Kaname! ¡Tiene que haber una manera de hacer que…!

-Shhhh. Calma, Yuuki.- él sonrió, poniéndole un dedo en los labios.- El Consejo ya no existe, ¿recuerdas? Seiren es libre. No es propiedad de nadie, su vida es suya para hacer lo que quiera.

Yuuki cortó la diatriba en seco, mordiéndose el torrente de palabras que ya iban a escapar de sus labios. Ahora entendía el perpetuo silencio de la joven, su habilidad –o su necesidad impuesta- de pasar desapercibida, la casi obsesión con la que protegía a Kaname. Su familia había sido criada para eso, para custodiar, llevaba aquella obligación en la sangre. Pero todo aquello no explicaba quién era Seiren, sólo de dónde había salido su familia. Se forzó a calmarse mientras el coche enfilaba el desvío que les llevaría a casa del tesorero.

-Seiren, ¿y tú padre o tu madre, entonces? ¿Dónde… dónde están? Eh… vale, no me contestes.- levantó las manos para negar al ver que la joven volvía a bajar la vista al regazo. Qué freaky es hablar de alguien que está presente haciendo ver que no lo está.

-El padre de Seiren era el custodio de los prisioneros del Consejo.- apuntó Kaname mientras echaba un vistazo a la ciudad por la ventana.- Fue asesinado por Rido la noche en que el Consejo conspiró para dejarlo en libertad. Intentó impedir su fuga. Seiren era una niña.

La boca de Yuuki se abrió antes de poder evitarlo. Rido otra vez… Era como si todo se hubiera convertido en un círculo, todos relacionados por lazos de sangre y por las acciones de otros. Así que Seiren era otra víctima de él, otra huérfana como ellos.

-Lo siento.-murmuró con la cabeza gacha apretando las manos en el regazo. Su primer impulso sería consolarla, pero algo le decía que la joven podría tomarse a mal el contacto. ¿Por qué el mundo es tan complicado…?

-Seiren se crió en el edificio del Consejo.- apuntó Kaname mientras volvía a mirar a Yuuki.- Ellos la entrenaron y ellos la apuntaron al instituto cuando yo decidí acudir. Por supuesto, pensaron que sería una buena opción para tenerme vigilado. Afortunadamente, las cosas fueron distintas.- la sonrisa de Kaname adquirió calor.

-Le ofrecí… mi vida… para expiar… el asesinato de sus padres.- la voz de Seiren fue un murmullo dolorido que sobresaltó a Yuuki por lo inesperado.

-¿Por qué?-no pudo evitar preguntar.- Seguro que tu padre hizo todo lo posible, no creo que fuera su culpa. Y menos la tuya, sólo eras una niña, no tienes por qué cargar con el pasado de los demás.

Seiren la miró directamente a los ojos por primera vez con una mezcla de sorpresa y sobresalto que se transformó casi en una suave… gratitud.

-Eso fue lo que me dijo Kaname. No aceptó mi vida.- confesó antes de volver a guardar silencio mientras el coche aminoraba la velocidad.

-Ni la aceptaré nunca, Seiren.- corroboró él con otro murmullo.- Te dije que me consideraba honrado si decidías protegerme, pero sólo si era lo que tú creías y si considerabas que podías asimilar lo que yo defendía. Quería que fuera una opción que tú escogieras libremente, no que te sintieras obligada por expiar una falsa culpa.

La joven morena lo miró de reojo antes de volver a fijar la vista en la noche.

-Sigo siendo vulnerable a la voz de Sara… y también lo sería a la de Takuma.- admitió.- No sé si tienes… si tenéis, el mejor guardaespaldas.

Yuuki y Kaname intercambiaron una mirada, tomando nota de que Seiren había usado el plural, incluyendo a la joven purasangre en lo que parecía considerar su misión vital. Ahora sí, Yuuki alargó la mano y cogió la de la muchacha, apretándola con afecto.

-No podríamos tener una mejor.

Seiren contempló aquellas dos leves sonrisas tan parecidas y las mismas miradas cálidas con una sensación de irrealidad. Aquello no solía pasarle a ella. A nadie le tocaba la lotería de aquella manera. En Kaname había encontrado algo que nunca pensó: un purasangre, como el responsable de la creación de su familia, pero que sabía de primera mano lo que era sentirse prisionero del Consejo, un títere. Alguien que también había reprimido sus emociones y su personalidad tanto tiempo que casi no sabía expresarlas. Al menos, hasta hacía muy poco. Sí, Kaname y ella se habían comprendido enseguida. Y, extrañamente, Yuuki, que no dejaba de ser una desconocida, tampoco la despreciaba, precisamente por sus vínculos con la humanidad. La cálida, sincera y espontánea Yuuki. Tan distintos y, sin embargo, juntos le ofrecían lo que nunca había tenido: comprensión y cariño.

Por primera vez en mucho tiempo, la solitaria, silenciosa y marginada Seiren sintió algo muy parecido a la felicidad.

Era un sentimiento extraño y no sabía muy bien qué hacer con él, pero la burbuja simplemente se negaba a desaparecer por mucho que intentara repetirse que tenía que tocar con los pies en el suelo, que vincularse emocionalmente demasiado no era bueno. A pesar de su arraigada desconfianza y desapego, tenía la sensación de que había encontrado una familia y supo, sin lugar a dudas, que moriría por ella.

-Señor Kaname… hemos llegado.

La voz del conductor a través de los altavoces disimulados de la limusina los sobresaltó a todos, rompiendo el momento. Perdidos en aquella extraña sensación de familiaridad que había emergido entre ellos, ninguno se había dado cuenta de que habían llegado a su destino y de que el coche se había detenido. El corazón de Yuuki empezó a latir apresuradamente al recordar de golpe el propósito de su visita y recogió los libros y los apuntes con rapidez, amontonándolos en el asiento.

-Yuuki…

La voz de Kaname era como una caricia y ella se giró a mirarlo como si fuera un bálsamo. Su hermano se inclinó con un susurro del cabello sobre la americana y le dio un breve beso en los labios.

-Estamos juntos en esto… -susurró, apoyando levemente la frente contra la de ella.- ¿Estás bien?

-Sí.- la joven asintió con una sonrisa titubeante, mirando de reojo para ver que Seiren simplemente estaba abriendo la puerta del coche, sin ninguna reacción sobresaltada ante aquella muestra de cariño.

Era extraño, pero supo que podía comportarse libremente con su guardaespaldas –tenía claro que el término ahora se aplicaba también a ella además de a Kaname-. Siempre que fuera para demostrarle calor y amor a su hermano, estaba segura de que Seiren lo encontraría bien… mientras no acabaran revolcándose en el asiento de atrás de la limusina.

-¿Vamos?- él le acarició la cara con suavidad, esperando a su asentimiento.

Sonrió y descendió del coche, extendiendo caballerosamente una mano para ayudar a Yuuki a encaminarse hacia su primera decisión como purasangre.

OOO

-Coged sólo lo imprescindible. Si las cosas se tranquilizan ya volveremos a por el resto. No, sólo unas cuantas mudas, hija, deja eso.

El tesorero se apresuró a guardar todos los lápices de memoria y CD en los que almacenaba los últimos resultados contables del Consejo de Ancianos en un estuche y embutirlos en el fondo de su maleta. Echó un vistazo al sobrio despacho de madera clara desde donde había llevado las cuentas del organismo más poderoso de su mundo los últimos años. Y de uno de los seres más poderosos del mundo también...

Ese era el motivo por el que ahora su familia y él estaban haciendo las maletas con sólo unas pocas pertenencias. Los rumores habían empezado a correr rápido y él, como todo Nivel C con cierto nivel social, había escuchado muy atentamente. Kaname había asesinado al Consejo. Cierto, se decía que éste había intentado atentar contra toda la clase nocturna que le rodeaba, por lo cual se podía considerar defensa propia pero la historia era muy confusa y, en cambio, el hecho del asesinato era irrefutable.

El mismo heredero de los Kuran había enviado a uno de sus más fieles aliados, el joven Takuma Ichijo, a acabar con su abuelo, el cabeza de unade las familias más antiguas y prestigiosas del Consejo y -no había que olvidarlo- quien había cuidado dignamente de su patrimonio desde la muerte de sus padres. Sólo la intervención de la purasangre Sara Shirabuki había conseguido que Asato Ichijo saliera con vida. No es que el tesorero sintiera afecto por su jefe -era casi imposible que alguien sintiera afecto por aquella tétrica figura- pero, demonios, si Kuran era capaz de mandarlo asesinar, ¿qué no podía hacer con él, un humilde Nivel C?

Sin contar con la muerte de Lord Shiki. Oh, sí, parecía que el joven Kuran tenía sólidos testigos que avalaban su inocencia pero aquellos testigos eran miembros de la misma clase, de su círculo interior. ¿Tenían credibilidad?

Y luego estaban los rumores sobre que los Kuran -él mejor que nadie sabía que aquella hermana y heredera existía, para algo la había incluido en las cuentas- sufragaban a la Asociación de Cazadores. ¿Cómo no iba a saberlo él, que había cumplido las órdenes dadas por Kaname mismo vía correo electrónico para desviar los fondos hacia las cuentas de aquella entidad?

Sí, las cosas no pintaban bien. Si los poderosos caían, en lo que parecía un afán de venganza o de limpieza de los Kuran con todo lo que representaba el antiguo orden, ¿quién se iba a preocupar de los Niveles C? Nadie. Y siempre corría el riesgo de que aquel Kuran, al que sólo había visto una vez, de niño, quisiera hacer borrón y cuenta nueva con su tesorero para, después de muerto, poder cargarle la culpas de aquellas maniobras financieras. Tenía que sacar a su familia de la ciudad lo antes posible y...

¡DING DONG!

El corazón del tesorero se disparó a cien por hora al oír el timbre de la puerta. Su familia y él vivían en la parte superior de una lujosa casa donde la parte inferior había sido habilitada como bufete de abogados, notarios y economistas. Durante el día servía a los humanos como una de las más prestigiosas firmas de la ciudad y, durante la noche, a los vampiros. Por fortuna, la parte habitable tenía una salida propia sin tener que pasar por el despacho.

-¡Coged las maletas, salid por el ascensor de atrás!- ordenó apresuradamente a su mujer y a su hija mientras aferraba el abrigo del perchero.

Salió de su despacho privado a tiempo de ver a su mujer, con el rostro contraído por la preocupación, llamando a su hija y escuchó la alegre vocecita de ésta en las escaleras que conducían al piso inferior.

-¡Ya abro yo, papá!

-¡NO!

El hombre se precipitó escaleras abajo, descendiendo atropelladamente los escalones de madera para llegar al piso inferior justo cuando la pequeña abría la puerta de la calle. Una voz femenina, joven, sonó sorprendida desde el umbral.

-¡Hola, peque! Esto... ¿está tu padre?

-Síí.-canturreó la niña, señalando las escaleras con un dedo.- Mira, está bajando por las escaleras. Pero no lo entretengas mucho, ¿vale? Estábamos a punto de irnos de excursión.

-¡Oh, no! Sólo será un momento.

El tesorero aguantó el aliento mientras su hija retrocedía de puntillas abriendo la puerta a los desconocidos. Una adolescente con una larga melena castaña apareció en el recibidor, los ojos de color chocolate muy abiertos y una media sonrisa entre incómoda y divertida. Su piel tenía la textura de la porcelana y su cuerpo menudo, envuelto en un abrigo marrón del que asomaba parte de un vestido verde, tenía una gracia felina al andar. Su aura tenía la fuerza suficiente como para llenar toda la casa, aunque, extrañamente, no parecía amenazadora. La chica alzó los ojos hacia él y el hombre sintió que la sangre se le helaba en las venas.

Una purasangre...

Un joven alto y sombrío, con el largo cabello negro revoloteando por el viento a sus espaldas, entró en su casa justo después de la chica. Vestía traje oscuro y camisa blanca medio abierta, sin corbata, con un abrigo negro de buen paño por encima. Aquellos peculiares ojos sanguíneos se volvieron también hacia él después de examinar brevemente a la niña. Había cambiado, ahora era ya un hombre y no tenía aquel aire desvalido del niño huérfano que él había conocido, pero el aura oscura y poderosa que le rodeaba, casi robándole el aire, era la misma.

Kaname Kuran.

Entonces la chica... Su nombre aparecía en las instrucciones que había recibido para incluirla como heredera de la familia...

Yuuki Kuran.

Los nuevos príncipes de la noche...

... en su casa.

Estoy muerto.

Los ojos del tesorero se desviaron desde las dos majestuosas figuras hacia la pequeña con coletas que seguía sonriendo a los desconocidos con las manos detrás de la espalda y meciéndose alegremente a un lado y a otro. El hombre tragó saliva, rogando porque su hija no lo recordara como un cobarde cuando fuera mayor, si es que conseguía apelar a algo de humanidad en aquellos semidioses. Avanzó unos pasos, cogiendo a la pequeña por un brazo y poniéndola detrás de él para luego caer de rodillas ante los Kuran.

-Por favor... Haced lo que tengáis que hacerme a mí. Pero... -apretó los ojos. ¿Desde cuando los purasangres se conmueven?- ... dejad que mi familia se marche. No... Por favor, que mi hija no lo vea...

-¿Papaaá?

El tono cantarín y sorprendido de la niña fue lo único que rompió el silencio momentáneo del recibidor. Eso, y los pasos apresurados de una mujer, que se detuvieron en lo alto de la escalera con una exclamación ahogada.

-Levántate. No hemos venido a eliminarte... en principio. Mi hermana quiere hablar contigo.

La voz del joven era como plata líquida, suave e hipnótica, aunque el hombre sabía que el purasangre no estaba usando ninguno de sus poderes. Desde su posición vio cómo la purasangre cambiaba el peso de un pie a otro y luego oyó su voz melodiosa con la petición más extraña que jamás había recibido de uno de su estirpe.

-Esto... ¿por qué no nos dejáis pasar y nos tomamos todos un té tranquilamente?

OOO

Yuuki pensó que debía estar soñando. La gente sólo se postraba de rodillas ante otras personas cuando saludaba a reinas, como en "Sissí", no delante de estudiantes de secundaria. Claro, que la gente tampoco miraba a estudiantes como si fueran la Parca que iba a acabar con sus vidas. Miró de reojo a Kaname, pero su hermano aparentaba la misma compostura de siempre y su aura le decía que no estaba alterado ni extrañado en absoluto, como si el hecho de que los demás se dejaran los meniscos en las baldosas fuera de lo más habitual.

El miedo que emanaba del hombre menudo con bigotillo que tenía arrodillado delante casi la mareaba, llenando la estancia con sus oscuros efluvios. El mismo pánico surgía de la mujer que aparentaba ser de mediana edad paralizada en lo alto de la escalera. Parecía una estatua donde lo único vivo eran sus ojos, que se movían enfebrecidos desde ellos a su hija y a su marido. La niña, que no parecía tener más de 9 ó 10 años, parpadeó mirando a sus padres sin entender el por qué de la reacción y su aura empezó a emitir los primeros parpadeos de aprensión.

Era la primera vez que alguien se asustaba de ella.

Yuuki había tenido miedo muchas veces en su vida. Su primer recuerdo como humana era el miedo, a una boca de serpiente con colmillos que quería devorarla. Había sentido miedo cada vez que intentaba recordar su pasado y sólo percibía un vacío; había sentido miedo cada vez que mirada en los ojos tristes de Zero y veía la rendición a un futuro de locura, la desesperanza; había sentido miedo cuando sus recuerdos casi habían roto su cordura... Sí, Yuuki sabía muy bien qué era el miedo, y el conocimiento de que ahora era ella quien provocaba esa emoción en una familia normal como aquella -por muy vampiros que fueran- le revolvió el estómago.

Frunció el ceño, peleando por disminuir la potencia de su aura para no impresionar más a aquella gente. No era algo en lo que tuviera mucha práctica, pero su determinación acudió en su ayuda y notó que Kaname seguía su ejemplo.

-Escuche, sólo hemos venido a hablar con usted para aclarar algunas cosas, de verdad. Por favor, no... no se arrodille.- ¡tengo 16 años, por Dios!- Vamos... vamos a hablar con tranquilidad, ¿de acuerdo?

El hombre levantó sus ojos miopes hacia ella tras unas gafas sin montura, parpadeando como si fuera incapaz de creerla y pensara que era una trampa para pillarlo desprevenido, pero obedeció igualmente, incorporándose de manera queocultó a la pequeña con su cuerpo.

-Hace mucho tiempo que no nos vemos.- la voz suave del heredero de los Kuran atrajo su atención.- Hemos venido a aclarar algunos detalles y a que conozca a mi hermana. Nuestra visita no tiene por qué acabar en sangre. Depende de usted.

El tesorero contempló un segundo aquel rostro perfecto y la mirada insondable, aceptando su derrota. Si los Kuran querían realmente acabar con él y su familia, no había nada que pudiera hacer para evitarlo. Si no era así, entonces estaba siendo un desconsiderado… y también podían tomárselo como una ofensa. Hiciera lo que hiciera, su destino estaba en sus manos, así que ¿por qué no afrontarlo con dignidad, por mucho que sólo fuera un Nivel C?

Se incorporó lentamente, sacudiéndose el polvo de los pantalones, y se volvió un instante hacia su hija, que lo miró con curiosidad.

-Cariño… -que no te tiemble la voz, que no te tiemble la voz.- ¿Por qué no ayudas a tu madre a preparar té para nuestros… invitados?

-Pero, papá, ¿no teníamos tanta prisa por irnos?

Los niños siempre tan sinceros… Esbozó una sonrisa entre triste e irónica.

-No, vida, ya no. Ayuda a tu madre, ¿quieres? Estaremos en mi despacho, arriba.

La chiquilla asintió con brío, sonriendo una última vez a los misteriosos visitantes y subió los escalones de par en par, donde su madre la cogió de la mano, desapareciendo por el pasillo. El tesorero se giró hacia los Kuran.

-¿Me acompañan?- preguntó, extendiendo una mano hacia la escalera.

Lo habitual hubiera sido dejar pasar primero a los invitados, pero nadie osaría pedir a un purasangre que diera la espalda a alguien; lo correcto era que los de posición inferior ofrecieran su espalda a los Niveles A. Otra muestra más de sumisión. El tesorero echó a andar, subiendo rígidamente la escalera mientras notaba las dos auras presionando contra él, por mucho que sus propietarios hubieran escogido –increíblemente- disminuirlas.

Condujo a los purasangres a su despacho en completo silencio, preguntándose por qué mantenían aquella estrategia de parecer… corteses cuando no tenían ninguna necesidad. Una vez dentro, gesticuló hacia las dos sillas de respaldo alto situadas ante su mesa y él mismo tomó asiento en el butacón detrás del escritorio, contemplando cómo el heredero de los Kuran ofrecía caballerosamente la silla a su hermana. La joven sonrió un tanto indecisa, como si no estuviera acostumbrada a aquel protocolo, y ojeó el despacho con incomodidad. Kuran se acomodó cruzando las piernas lánguidamente, apoyó los codos en los reposabrazos y cruzó los dedos, iniciando la conversación como si aquello no fuera más que una visita social sin cita previa.

-Hace mucho que no nos veíamos, ¿verdad? Tenía intención de visitarle en cuanto cumplí la mayoría de edad y recuperé el control de mis cuentas. Pero la vida resultó ser... agitada el curso pasado.- sonrió con cortesía.- Igualmente, aún quedan algunos, digamos, flecos pendientes de aclarar en los pleitos que tengo interpuestos contra el señor Ichijo.- su mirada se volvió más aguda y su sonrisa pareció adquirir una nota depredadora.- ¿Le ha visto recientemente?

La pregunta había sido formulada en el mismo tono de gentil cortesía que el breve parlamento anterior, pero el tesorero contuvo un escalofrío al percibir que el aura que emanaba del purasangre parecía oscurecerse. Por fin dices lo que has venido a decir... Estaba claro que Kuran creía que él estaba de parte de Ichijo y del antiguo Consejo. ¿Por qué la élite nunca entendía que los trabajadores de base no se mezclaban en las intrigas de sus jefes, que sólo cumplían su deber para llegar a final de mes?

Suspiró, repentinamente agotado por aquella pantomima de amabilidad y buenas maneras. Se pasó la mano por el pelo y se ajustó las gafas con gesto cansado.

-Si van a sacarme de en medio porque creen que mi lealtad está con el extinto Consejo, háganlo ya. Me rindo. No puedo luchar y no hay necesidad de mostrarse corteses.- los miró a los ojos. El joven parecía ensimismado y la chica directamente sobresaltada.- Sólo les pido que no toquen a mi familia, ellos siempre han estado al margen de todo. Si es que pueden creerme...

-¡No venimos a matarle, señor! ¿Por qué cree que somos tan crueles?- la joven purasangre se aferró a los brazos de la silla, con los ojos muy abiertos.

-¿Por qué?- los ojillos del hombre parpadearon detrás de los cristales mientras sentía una inesperada corriente de ira recorriéndolo.- Porque son purasangres y eso es lo que hacen. Disponer de las vidas de los demás como si fueran parte de un juego de ajedrez. Acabaron con el Consejo y ahora quieren eliminar a los que creen que lo apoyaban, ¿no es así?

-¡No!- la joven frunció el ceño con decisión.- Hemos venido a preguntarle. Sabemos que usted ha ingresado mucho dinero procedente de las cuentas de mi... de nuestras cuentas en la Asociación de Cazadores. Y nos gustaría saber por qué lo ha hecho.

El tesorero enlazó las manos sobre la mesa para evitar que vieran que le temblaban. ¿Dos purasangres que venían a preguntar? Eso era tan probable como que dijeran por favor...

-Por favor. Cuéntenos la verdad.- pidió la joven como si le hubiera leído el pensamiento.

Los ojos del contable se abrieron de par en par y untic nervioso hizo que su bigote oscilara un par de veces cómicamente. Aquella chica no parecía en absoluto un Nivel A, y había conocido unos cuantos, empezando por el joven que se sentaba en silencio a su lado, contento con observarla. Parecía casi... una Nivel C. Y, lo más increíble de todo, parecía sincera. Volvió a pasarse la mano por el cabello, suspirando. La pregunta no tenía ningún sentido.

-Hice esa transferencia porque el señor Kuran me lo pidió, señorita.- repuso, desviando la vista hacia el silencioso purasangre.

-Ah, ¿sí?- la muchacha retrocedió en el asiento, mirando pasmada a su hermano mayor.

-¿Y cómo se supone que le pedí que hiciera tal cosa, señor?- inquirió Kuran sin perder la compostura.

-Me... me envío un mensaje desde su cuenta de banca online.-respondió el hombrecillo, preguntándose si aquello era una versión retorcida de la cámara oculta.

Los dos hermanos intercambiaron una mirada antes de que Kaname volviera a taladrar con la mirada al contable.

-¿Además de usted, quién más conoce mis antiguas claves de acceso a mi cuenta online?- preguntó, sacudiéndose un mechón de los ojos.

-¿Qu... quién más? Pues, a ver... -los ojos del hombre se movieron de un lado a otro, completamente perdido en cuanto al rumbo de la conversación.- Yo, por supuesto, y... y su tutor legal, el señor Ichijo, si es que no las ha cambiado hasta fecha reciente.

El contable se calló de golpe, entendiendo al fin qué es lo que insinuaban los Kuran.

-¿Creen... que el señor Ichijo fue quién... quién ordenó esos movimientos? ¿Sin su consentimiento?

Los dos volvieron a mirarse, una peculiar mirada cómplice que revelaba que estaban más unidos que dos simples hermanos. Parecían estar acordando en silencio quién hablaba a continuación y, al final, el joven asintió y la muchacha volvió sus grandes ojos hacia él con expresión solemne.

-Disculpe la pregunta, pero- comenzó un poco titubeante.- ¿sabía usted que no era Kaname quien estaba ordenando esos movimientos?

-¡No! ¿Cómo iba a saberlo? -paseó la mirada del uno al otro, viendo la esperanza de salir de aquel apuro.- Yo sigo las instrucciones que me llegan. Nunca... nunca hablamos directamente.- miró a Kaname al decir aquello.- Es la forma de trabajar que teníamos acordada con el señor Ichijo.

El joven Kuran contempló a su hermana con la pregunta escrita abiertamente en su mirada. La chica volvió a fijar la vista en el contable y sus ojos parecieron desenfocarse por décimas de segundo, como si viera algo que los demás no podían. Luego asintió con una leve sonrisa de ánimo y se giró hacia Kaname.

-Dice la verdad.- afirmó con una sonrisa más amplia, casi... aliviada.

El mismo gesto se dibujó en los labios del purasangre y su mirada pareció perder frialdad, volviéndose más cercana.

-Bien, eso está bien. Dígame una cosa. ¿A dónde pretendían ir cuando hemos llegado nosotros?

El hombre casi saltó en el asiento y una gota de sudor resbaló por su sien. Había tenido la sensación de que le quitaban la soga del cuello pero ahora parecía que le habían vuelto a subir al patíbulo.

-Es... bueno... los rumores.- se aclaró la garganta.- Creí que mi familia estaría más segura lejos hasta que... em... las cosas se tranquilicen un poco.

-Oh. ¿Quiere decir que creía que vendría a por usted para acabar lo que empecé con el Consejo?- terminó Kaname por él, inclinando la cabeza con lo que parecía inocente curiosidad.

-¡Kaname!-le regañó Yuuki con el ceño fruncido.- No hace falta que le pongas nervioso. ¡Ya sabemos que es inocente, es normal que quisiera poner a su familia a salvo!

El purasangre enarcó una ceja y siguió mirando al contable con expresión divertida, como si compartiera una cierta camaradería masculina de quien tiene que soportar que su mujer le dé una reprimenda en público.

-Tienes razón, cielo.- concedió con voz amable, sonriéndole de nuevo y haciendo que la chica se sonrojara.- No tengo pensado matar a nadie. Aquello fue sólo un acto de defensa de las personas que sus familias habían dejado a mi cargo en la Academia. Si alguien no se alza contra nosotros a traición, no tenemos por qué comprometer su integridad.- se inclinó un poco hacia delante.- Pero tiene razón en creer que su vida y la de su familia pueden estar en peligro. Justamente porque alguien quiera hacer ver que yo soy un asesino. Mi hermana tiene una propuesta que hacerle.- el tono volvió a ser afectuoso.- Yuuki...

-¿Qué? -ella lo miró como si hubiera olvidado su papel en la obra y luego sonrió, contrita.- Queríamos proponerle que trabajara para nosotros de ahora en adelante. Sin intermediaros por en medio, quiero decir. Nosotros nos ocuparíamos de alojarle a usted y a su familia en un lugar seguro temporalmente antes de que pudieran volver a casa. ¿Le parece bien?

Yuuki sonrió, más segura de sí misma. Ya habían atado los detalles con Ruka al respecto. A fin de cuentas, su familia tenía amplios intereses hoteleros e inmobiliarios y no les había sido difícil apalabrar un alojamiento digno en lugar seguro por si acaso el hombre -como ella intuía- resultaba ser inocente.

-Podría aprovechar que ya tiene hechas las maletas... -la sonrisa de Yuuki adquirió aquel calor especial que sólo tenía a veces y que hacía que sus ojos parecieran de miel líquida.

La sonrisa pareció surtir el mismo efecto en el contable que en los demás hombres; nadie podía desconfiar de alguien que parecía tener el sol en los ojos cuando reía.

-¿Sólo... sólo trabajaría para ustedes?- ¿nada de un lío de intereses entre las familias del Consejo, nada de lidiar con recelos y desconfianzas de múltiples bandos?

-¿Le parece una mala idea?- Kaname seguía mirándolo con el rostro inclinado a un lado.- A cambio sólo le pediría un pequeño favor.

El hombre se quedó de piedra. ¿El qué? ¿Mi sangre, mi alma, un pacto con el demonio…?

-Usted… usted dirá.

-Que nos acompañe al Baile de Invierno.- la sonrisa de Kaname fue tan amplia que le permitió adivinar la punta de sus colmillos.

-¿Nada más?

-Nada más. Ni siquiera tendrá que hablar, sólo asistir.

El tesorero se permitió respirar de verdadero alivio por primera vez en aquella noche.

-Acepto la oferta.- cómo no, acaba de salvar mi vida, la de mi mujer y la de mi hija.

-¡Bien!-Yuuki se palmeó los muslos.- Kaname, ¿puedes encargarte de avisar para confirmar el alojamiento?- la joven se puso de pie con energía, dando un paso hacia la puerta del despacho.

-Claro.- el purasangre enarcó las cejas.- ¿A dónde vas tú?

-A ayudar a la señora con la bandeja del té. ¡Le tiemblan tanto las manos que oigo tintinear las tazas al otro lado de la puerta!

El tesorero paseó la mirada de un purasangre a otro, totalmente incrédulo al ver a la joven abrir la puerta y coger la bandeja de manos de su esposa, plantada en el umbral con una mezcla de pánico y asombro en la cara. No tenía ni idea de cómo iba a ser su vida y la de su familia de ahora en adelante, pero una cosa estaba clara.

Si los Kuran ascendían al trono, el mundo de la noche que construirían sería totalmente nuevo.