Capítulo 20
Sebastian Smythe creía haber visto todo tipo de escenas en los lugares que frecuentaba cuando era más joven pero nunca se había imaginado que la más triste la vería unos años después al llegar al departamento de su mejor amigo. Blaine estaba sentado en el piso con la cabeza ladeada en un sofá mientras abrazaba una botella con los ojos cerrados, para su suerte la puerta estaba abierta; cosa que fue un mal indicio desde el principio porque el psicólogo jamás tendría un descuido como ése.
El castaño había llegado un poco tarde aquella noche y su amigo no había respondido a ninguno de sus llamados, el profesor se encontraba en un profundo sueño después de haberse bebido el contenido de la botella de vino que tenía entre sus brazos. Blaine estaba sufriendo, el recuerdo de su alumna a punto de romper en llanto seguía torturándolo incluso después de haberse embriagado y sabía que al despertar seria lo primero que aparecería en su cabeza.
El diseñador no tuvo más remedio que levantarlo con cuidado y llevarlo hasta su cama para que descansara, se quedó a su lado toda la noche por si necesitaba algo y por la mañana le dio una pastilla para la primera resaca de su vida. En cuanto el mayor despertó ninguno de los dos dijo nada, sus miradas expresaron más de lo que podían imaginar y un abrazo fue suficiente para saber que les esperaba una larga tarde.
– ¿No tienes que impartir alguna clase hoy? – Preguntó Sebastian una vez que llegaron a la pequeña cafetería en la que habían desayunado anteriormente cuando estaba de visita.
– No en realidad, los chicos tienen que enviarme sus trabajos finales y voy a darles su calificación por correo. – Explicó el profesor dándole un vistazo al menú.
– Ya veo… – Replicó el diseñador mientras el mesero se acercaba a tomar su orden.
El castaño no lo sabía pero en esa cafetería el profesor se había encontrado alguna vez con Brittany y su mejor amiga, no había pasado nada en aquel entonces pero la imagen había aparecido de repente entre sus pensamientos. Un suspiro escapó de sus labios. Después de lo que había pasado la noche anterior sería más complicado verla en clases e incluso en su cabeza. El mesero terminó de tomar su orden y se retiró de inmediato dejando a los amigos en un incómodo silencio.
– Te agradezco mucho que hayas venido Seb pero si tienes cosas importantes del trabajo… – Comenzó a decir el ojimiel al ver que su amigo no diría nada hasta que él estuviera listo pero no pudo terminar su idea.
– Ni lo menciones. – Intervino el más alto. – Traje trabajo conmigo y pienso acompañarte en lo que acabas el semestre. Hagas lo que hagas no me iré de aquí pronto. – Sentenció con cariño y se ganó una sonrisa de su amigo.
– Significa mucho para mí Seb, gracias.
– Para eso están los amigos. – Le hizo saber tomando una de sus manos entre las suyas. – Y ya sabes, acompañarte es un placer pero también me gustaría escucharte. ¿Me dirás qué pasó? – Siguió diciendo con tranquilidad.
– Sí… Lamento haberme quedado dormido ayer. – Se disculpó el profesor.
– Necesitabas descansar después de llorar tanto. – Señaló el ojiverde preocupado.
Al escuchar esas palabras aquella extraña e incluso familiar sensación se hizo presente en el pecho de Blaine y de pronto se soltó del agarre de su amigo. – Es una locura Sebastian ni siquiera era para tanto. – Dijo con una risa nerviosa.
– ¿Qué pasó? – Insistió el joven Smythe provocando que su acompañante soltara todo el aire que había estado conteniendo hasta el momento.
– Todo comenzó hace un mes. – Comentó con pesadez. – Era una tarde lluviosa y la vi caminar bajo el agua en el campus así que se me ocurrió que podría llevarla a su casa. Ella subió al auto pero tenté a la suerte y la invité al apartamento para que viera al sr. patitas suaves.
– Ella aceptó. – Concluyó el diseñador.
– Si… – Confirmó con las manos en la cara. – Estábamos bien pero no tenía hecha la despensa y se me ocurrió invitarle una copa de vino. – Soltó sin verlo a los ojos.
– Interesante Blainey… – Se burló Sebastian mientras el mesero dejaba su desayuno en frente de ellos.
– No es lo que imaginas pero sí fue un error. Ella nunca había bebido y se le subió un poco, tuvimos una conversación algo íntima y la presioné un poco para saber quién le gustaba. – Continuó en cuanto se quedaron solos nuevamente.
– Te dijo que tú. – Pensó en voz alta el castaño esperando con ansiedad la respuesta.
– No, sólo me dio pistas y terminó besándome.
– ¡Sí, ésas son agallas! – Gritó su mejor amigo con emoción provocando que algunos voltearan a verlos. – Pero imagino que tu sensatez arruinó todo… – Siguió con un tono más moderado al razonar un poco cómo podría haber reaccionado Blaine.
– ¿Arruinar qué? No hay nada entre nosotros que no sea una relación maestro-alumno. – Señaló el mayor haciendo que la emoción del otro se esfumara totalmente.
– ¿Qué pasó después Blaine? – Preguntó sin realmente querer saber la respuesta.
– La dejé en su departamento y nunca tocamos el tema. Hasta ayer… – Recordó con tristeza. – Me visitó de nuevo y me enfrentó directamente, le dije que lo nuestro no era posible por la diferencia de edades, porque soy su maestro y porque podría ser su padre. – Confesó mirando al vacío.
– Idiota. – Tuvo que señalar su acompañante.
– Le rompí el corazón y verla destrozada me hizo sentir tan miserable que terminé llamándote y bebiendo la última botella de vino que tenía en el frigorífico. Por eso me dormí tan rápido… – Explicó sin atreverse a mirarlo a los ojos.
– ¿De verdad le dijiste que podrías ser su padre? – Preguntó Seb recordando haber escuchado esas mismas palabras en otro momento.
– Sí pero ella no se dio por vencida e insistió en preguntarme si saldría con ella si no fuera mi alumna.
– ¿Y cuál fue tu respuesta exactamente? – Quiso saber el más alto.
– Que no me podía permitir responder esa pregunta. – Respondió el profesor aclarándose la garganta para terminar su relato. – Después de eso dijo que tenía que irse, no me dejó llevarla a su departamento porque dijo que no quería mi lástima y me sentí muy mal por ver lágrimas a punto de resbalar por sus mejillas.
– ¿Qué sentiste cuando viste que le habías roto el corazón? – Preguntó sin dudar el diseñador.
– Me sentí triste y también furioso, nunca debí permitir que pasara todo esto Sebastian. – Reconoció el mayor con frustración.
– Te refieres al beso, ¿no? Pero piénsalo un segundo, tú dejaste que pasara. ¡Le correspondiste Blaine! Eso tiene que significar algo para ti… – Insistió el ojiverde.
– Fue el mejor beso de mi vida. – Soltó Blaine sin pensar.
– Entonces lucha Blaine, no dejes que esto termine aquí. El semestre se va a acabar, tú puedes conseguir trabajo en cualquier otro lugar o tomarte tus vacaciones y conocer a esa chica. – Lo animó su amigo.
– ¿Crees que no lo he pensado? No es tan fácil Sebastian. – Se quejó el ojimiel. – ¿Qué va a pasar cuando no sea un simple sueño de universitaria? ¿Qué va a suceder cuando se dé cuenta que sólo es admiración lo que siente por mí y que realmente soy muy grande para ella? – Preguntó con la voz quebrada.
– ¿La estás protegiendo a ella o a ti? – Lo retó el diseñador.
– ¡A ambos! No quiero que ninguno salga herido con todo esto.
– Para eso es muy tarde y es estúpido porque ambos están sufriendo por algo que quieren. – Señaló molesto su acompañante. – ¿Tan malo sería que salieras con ella? – Inquirió.
– ¿Y cómo podría hacer eso aquí? La ciudad está llena de estudiantes y maestros de la universidad Sebastian, no pienso arriesgar toda mi carrera por una tontería. – Contestó con seriedad el mayor.
– No creo que Brittany sea una tontería para ti. – Replicó el castaño.
– Vaya, vaya… Buen día profesor Anderson. – Los sorprendió una tercera voz y sus miradas se clavaron en la joven que se había acercado a su mesa.
– Buenos días Maggie. – La saludó el mayor.
– No pude evitar escuchar su plática y creo que apoyo a su amigo señor Anderson, debería salir con esa tal Brittany. Ya sabe, sólo se vive una vez… – Comentó con atrevimiento la recién llegada.
– ¿Tus padres no te enseñaron que es de mala educación escuchar pláticas ajenas? – La reprendió el más alto pero ella ni siquiera lo miró.
– Quizá lo hicieron pero no les presté atención. – Dijo al aire haciendo enojar al diseñador.
– Pues préstame atención a mí jovencita, deja de meterte en lo que no te incumbe porque este hombre de aquí podrá ser tu profesor pero yo no soy nada de ti y en lo que a mí concierne podría… – Comenzó a decir pero su amigo no lo dejó terminar su amenaza.
– ¡Sebastian!
– ¿Qué? ¿Vas a dejar que esta basura se meta en tus asuntos? – Se quejó el castaño.
– Es sólo una joven que ya se va, ¿cierto? – Exclamó mirando a su alumna.
– Así es. Gracias por defenderme de su psicópata amigo, nos vemos cuando entregue calificaciones profesor pero no olvide mi consejo porque lo decía en serio. – Dijo la joven con una sonrisa. – Ya que si esa chica no acepta la propuesta, yo estaría encantada de pasarla bien con usted… – Agregó con voz seductora mientras le guiñaba un ojo.
– Hasta luego Margaret. – Espetó Blaine dando por terminada esa conversación.
– Hasta pronto guapo. – Respondió su alumna antes de comenzar a caminar hacia la salida.
– ¿Es en serio? ¿Te le pusiste al tú por tú a una de mis alumnas? – Preguntó molesto el profesor a su mejor amigo en cuanto estuvieron a solas.
– ¿Acaso estás sordo y ciego? ¡Esa chica es una perra! La puedo oler a distancia y tú hiciste muy mal en defenderla, debí ponerla en su lugar para que deje de molestarte. ¿Viste cómo se te insinuó? – Se quejó con indignación el ojiverde.
– Sebastian, ¿no te das cuenta de lo que pasó? ¡Ella escuchó toda nuestra conversación! – Casi gritó el mayor.
– Y por eso es que tenía que ponerla en su lugar y no me dejaste. – Insistió.
– No puedes amenazar a una de mis estudiantes Sebastian… – Le hizo saber intentando tranquilizarse.
– Claro que puedo. – Aseguró con terquedad su acompañante y le dio un sorbo a su café.
– Olvidemos esto y cambiemos de tema, ¿de acuerdo? – Propuso el profesor Anderson.
– Estoy de acuerdo sólo porque no quiero arruinar del todo mi desayuno. – Concordó Sebastian y ambos agradecieron internamente no tener que pelear más en ese momento.
Después de aquella conversación el profesor se negó a tocar el tema nuevamente, su corazón seguía doliendo al pensar en lo que había sucedido pero su cabeza estaba convenciéndolo de que las cosas serían mejor así. ¿Acaso necesitaba meterse en problemas por culpa de un supuesto enamoramiento? La respuesta era evidente: no. Lo sentía en lo profundo de su ser por la joven involucrada pero sabía que ella terminaría superándolo más pronto de lo que esperaba y él haría lo mismo. Después de todo, Blaine tenía suficientes trabajos que revisar como para seguir atormentándose con tonterías. Su fuerte siempre había sido su trabajo y ahora que era maestro nada había cambiado, sus alumnos tenían buenas ideas pero les faltaba afinar algunos detalles que él estaba encantado en señalar.
Así fue como los siguientes dos días pasaron sin que él o su amigo se dieran cuenta, casi no salían del departamento a menos que fuera por alimentos y Sebastian comenzaba a creer que así sería hasta que el mayor terminara de enviar sus calificaciones. Sin embargo, el jueves por la tarde después de que el diseñador enviara por correo su trabajo pendiente decidió sonsacar al ojimiel para que salieran a caminar un momento, estar dentro de esas cuatro paredes estaba acabando con su creatividad.
Además, a su parecer Chicago era una ciudad grande y mucha gente vivía ahí, si su terco amigo se decidiera a darle una oportunidad al amor seguro tendría muchos lugares que recorrer y nadie le prestaría suficiente atención. Aunque después de aquel encuentro con la chiquilla malcriada en la cafetería, Sebastian tenía que reconocer que su amigo tenía algo de razón al temer que alguno de sus alumnos se enterara si él tenía un romance con la innombrable.
El castaño ya no sabía ni siquiera si mencionar su nombre porque el mayor estaba intentando con muchas ganas olvidarla pero él estaba seguro que no le estaba yendo nada bien con esa tarea. Para prueba de ello esa misma tarde de regreso al departamento Blaine chocó "accidentalmente" con una joven que se le hizo familiar al instante. – Disculpa, estaba distraído… – Lo escuchó decir fingiendo estar apenado. – ¿Marley? ¡Oh! Hola, ¿cómo has estado? – Agregó ayudándola a levantar las hojas que se le habían caído.
– Pues de la única forma en la que podría estar a finales de semestre. – Respondió cortantemente la ojimarrón.
– Claro… – Fue lo único que atinó a decir el profesor.
– ¿Otra de tus alumnas? – Quiso saber el más alto.
– Sí, ella es Marley Rose y él es mi amigo Sebastian Smythe. – Los presentó Blaine.
– Mucho gusto. – Respondió la joven extendiendo la mano hacia él pero no fue correspondida.
– El gusto es todo tuyo. – Dijo con orgullo el diseñador ganándose un ligero golpe en las costillas.
– Bueno, si me disculpan tengo que retirarme… – Decidió decir la señorita Rose.
– ¡Espera! – Espetó en voz alta el mayor causando que ambos lo miraran con un poco de confusión.
– ¿Necesitaba algo profesor?
– Yo… Sí, te hablé porque quería preguntarte si sabías algo sobre Brittany. – Respondió Blaine con un poco de vergüenza.
– No creo que eso sea de su incumbencia, con todo respeto profesor… – Contraatacó de mal modo la joven y él supo que estaba al tanto de lo sucedido.
– No, yo… Me refiero a que si no sabes por qué no envió su ensayo cuando se los pedí. – Aclaró intentando mantener su profesionalismo.
– ¡¿No envió el ensayo?! – Gritó la castaña.
– No, he revisado estos últimos días para ver si habría ocurrido algún error pero nada… – Confesó el mayor.
– No puede ser… – Se quejó por lo bajo. – Ella, yo… – Intentó justificarla pero nada se le ocurrió en el momento. – Disculpe profesor, ¿cree que podría recibir ese trabajo todavía? – Preguntó con el tono más dulce que pudo.
– Tendría que haber un buen motivo para aceptarlo, ¿no Blaine? – Intervino Sebastian. – Algo sumamente extraordinario como que tu amiga se hubiera deprimido súbitamente como para no terminar el ensayo o que una rata gigante hubiera destrozado su computadora, uno nunca sabe… – Agregó con sorna.
– Ella… Ella debe tener una buena explicación, ¿puedo decirle que lo contacte por correo? – Quiso saber Marley.
– Si acepto su ensayo tendría que calificarlo sobre 80 y no sobre 100. – Advirtió el profesor con el afán de ayudar.
– Seguro que no le importaría, espere su trabajo esta tarde profesor y gracias. – Fue lo último que dijo la joven antes de darse la vuelta y alejarse a paso veloz.
– Gracias a ti, hasta luego querida. – Comentó su mejor amigo con una sonrisa.
– ¿Qué fue eso? – Quiso saber el moreno en cuanto su alumna se había ido.
La sonrisa de Sebastian se hizo más amplia y pasó uno de sus brazos sobre los hombros de su amigo para caminar con él. – Bueno parece que es evidente, ¿no? Tu alumna está tan mal que está descuidando la escuela y todo porque no quisiste darle una oportunidad, ¿no crees que podrías hacer algo para remediar esta situación? – Respondió esperando su reacción.
– Voy a aceptar su ensayo, ¿no es suficiente? – Dijo el profesor sin ninguna expresión en el rostro.
– Quizá puedas hacer algo más por ella… – Decidió insistir el castaño.
Blaine sabía perfectamente a lo que se refería su amigo pero la imagen de su alumna aquella noche en su departamento llegó súbitamente a su cabeza y ese familiar sentimiento se instaló en su pecho una vez más. – Dudo que ella quiera hablar conmigo otra vez Seb, debiste verla esa noche… – Soltó en voz alta mirando al vacío.
– ¿Entonces? ¿Qué harás? – Preguntó sosteniéndole la mirada.
– Lo que siempre he hecho, seguir adelante. No puedo estancarme porque creo tener sentimientos por una niña.
– No es una niña. – Señaló el más alto.
– Como sea… – Agregó restándole importancia a su comentario. – ¿Ordenamos pizza? – Propuso mientras continuaba con su camino.
– Si eso es lo que quieres… – Decidió decir su amigo por el momento pero no quitaría el dedo del renglón. Ese par estaba sufriendo y aunque Blaine había dicho que se iba a mantener al margen, sus acciones decían otra cosa. Si en los próximos días el ojiverde no conseguía ningún avance se vería obligado a pedir refuerzos, aunque la idea no le gustara del todo, sólo había una persona que conocía más que él al psicólogo y sólo ella podría convencerlo de dejarse sentir por primera vez algo como lo que estaba sintiendo por esa chica.
Hasta aquí un capítulo más. ¡Nos leemos lo más pronto posible!
Saluditos ;)
