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Capítulo 21: Hoguera

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Lo oídos de Akane ya se habían adaptado al bullicio del casino, las resplandecientes luces y el gran ímpetu de los clientes. Con el paso de los días y las horas de trabajo Akane supo perfectamente darse a respetar entre un mundo de adultos, su valiente carácter no la dejaba rendirse ante las pruebas que desde semanas e incluso años se habían presentados; como cuando de pequeña perdió a su madre, cuando cada hombre que se le ponía enfrente eran patanes tratando de conquistarla, la dura enfermedad de su padre, su situación económica, problemas escolares y de salud por sobrecarga de tareas como las clases del Dojo y del instituto. Y ahora secuestros, compromisos impuestos, mentiras, manipulaciones, mafias, negocios clandestinos, ¿pero qué clase de vida estaba siguiendo ahora? Sin opción se le impuso vivir bajo los secretos de las calles de Kabukicho.

Fue así como a lo largo de los días varios hombres había salido muy heridos por los perfectos reflejos de Akane, sin embargo, aun su moldeada figura era muy bien vista y vigilada por muchos que iban con más frecuencia al casino. Y en esos mismos días, Ranma -según las observaciones de todos- parecía más agresivo, aunque tratando de aparentar indiferencia ante todas las preguntas indiscretas. Pero muy obvias eran sus rápidas reacciones defensivas cuando alguien se trataba de pasar de listo cerca de aquella chica.

—Akane ven a mi oficina —llamo Happosai entrando a la cocina, donde un pequeño grupo de chicas hablaban animadamente, las puertas de vaivén causaron un sonido abrupto haciendo que las risas de las jóvenes desaparecieran, la joven Tendo le miro con recelo caminando cautelosa hacia él, siguiendo su andar.

Al llegar Akane cerró la puerta y Happosai se giró hacia ella—Toma —extendió la mano mostrando un rectángulo negro—. Te lo has ganado.

— ¿Qué? ¿Por qué? —rápidamente tomo lo que era un celular de las pequeñas manos del anciano.

—Es tuyo… has demostrado ser fiel, puedes hablar con tu familia —dijo con un tono neutral.

—Este… yo... ¡Si! Gracias —rápidamente sus dedos se movieron marcando cada número.

"¿Eres tu mi pequeña?", sollozo Soun al escuchar el tembloroso saludo de Akane.

— ¡Si, si! ¡Papá! ¿Cómo estás? —estrujo el aparato entre su mano, sonriendo.

"Muy bien, mejor que nunca. Mas ahora con tu compromiso, soy tan feliz" —se escuchaba moquear—. "El dinero del tratamiento por fin esta saldado y con el medicamente me he estado sintiendo mucho mejor".

—Me alegro tanto papá.

"Tienes que volver pronto, Kasumi y Nabiki te ayudaran para planear la boda cuanto antes. Recuerda que los nietos deben ser después del matrimonio".

— ¡Papá! —grito sonrojada a mas no poder— ¡No confundas las cosa! Y sobre eso papá, no quier…

—Ey, no es todo el día —dijo Happosai—, tienes que trabajar.

— ¡Déjeme en paz! —le grito dándole la espalda, después de unos minutos en los que decidió preguntar por sus hermanas, decidió despedirse—. Tengo que irme. Pero prometo que volveré pronto a casa.

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Cada cierta fecha el casino se preparaba para el especial día de Pachinko, un agitado día para los trabajadores del casino quienes sustituían las máquinas tragamonedas por hileras de las tradicionales maquinas del juego de pachinko.

—Akane ¿está todo listo? —la chica se encontraba dando los últimos toques de limpieza a las maquinas.

—Sí, sí, no hay problema. Todo se ve muy bien —se llevó las manos a la cintura orgullosa de su trabajo, las maquinas brillaban de limpias con sus llamativos colores.

—La verdad que estos eventos no nos dan tanta propinas pero, las maquinas sí que le dan ganancia a Happosai.

—Todos están tan metidos en esa aparatos que ni caso hacen a su alrededor. Además son terriblemente ruidosas —se quejó una chica topándose los oídos.

—Oh por cierto escuche que mañana Ranma tendrá una pelea, ojala pudiéramos ir a apoyarlo —comento Rin llegando con un trapo en las manos dándole vueltas en el aire.

— ¿Una pelea? —le miro con interés, alzando su ceja derecha.

—Sí, ¿no te dijo? Qué raro, creí que eran cercanos.

—Sí Akane, tienes tanta suerte, incluso los más pervertidos y borrachos no se atreven a acercarte a ti, porque Ranma siempre está cuidándote.

—No digan tonterías, lo que ocurre es que yo se cuidarme sola —frunció el ceño cruzándose de brazos—. Además si me dijo, solo que lo olvide —dijo indignada.

—Bueno pues Happosai elige quien ira como su asistente y claro, dicen que reciben dinero extra… Oye ¡Akane espera! —rápidamente la perdió de vista. La noticia fue de gran interés para la joven Tendo quien no dudo en ir a hablar con Happosai.

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— ¡Yo iré! —entro de improvisto a la oficina azotando la puerta.

—Vaya me gusta tu entusiasmo pero, ¿a dónde? —dejo los papeles que estaba leyendo en su escritorio.

—No se haga el desentendido, a la pelea de Ranma —camino decidida al frente de la mesa.

—No.

— ¿Por qué? —apoyo las dos manos en el mueble.

—Un momento —hizo un ademan de espera—, primero lloriqueas de tu estancia y ahora resulta que quieres inmiscuirte en peleas —dijo confuso, alzando la ceja extrañado.

—Rin dijo que elige quien ir y yo puedo... además necesito el dinero.

—Así es, yo elijo, y prefiero a chicas sin problemas de autoridad como tú. Además es muy peligroso, por eso les doy un extra, pero no a ti. Ya puedes retirarte —señalo la puerta.

—Jajá, usted habla de peligros —comento con ironía, cruzándose de brazos a la altura del pecho.

—No quieras darle vueltas al asunto, Akane, no iras —sentencio, bajando de nuevo la vista a los documentos—. Aunque tengo un modelo de biki…—Akane desapareció furiosa antes de que pudiera terminar la frase.

— ¡Pero si es muy lindo! —sollozo Happosai.

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—Hola Ranma —le encontró yendo a los vestuarios.

— ¿Qué quieres? —se giró encarándola, como siempre su vestuario lo cautivaba, sin embargo su mirada siempre se posaba en su sonrisa.

—Oye vengo a saludarte tarado.

— ¿En serio? —cruzo las manos en la nuca— A mí me parece que vienes para que yo convenza a Happosai sobre que te deje ir a la pelea de Yokohama.

—Eh, si… bueno, claro que no ¿Por qué querría ir? —desvió la mirada.

—Lo mismo me pregunto yo ¿A caso te preocupo? ¿Quieres estar ahí para curar mis heridas? ¿Verme sin camisa? —Akane se iba sonrojando cada vez más, mientras que Ranma la miraba burlón.

—Idiota engreído, ¿quién querría estar con alguien como tú? No tengo tiempo para tus tonterías —giro sobre sus talones pero, no dio el primer paso cuando Ranma la detuvo tomándola del brazo.

—Ey, ya ¿por qué quieres ir? —la jalo un poco para que se volteara.

—En clases se dice que quienes participan en estas peleas pueden ganar mucho dinero y bueno…

—Eres tonta, claro que no puedes participar, te harían trizas, es muy peligroso. Ellos no se tientan el corazón, te golpearan sin piedad.

— ¡Yo también puedo defenderme! —grito acercándose a él.

—No puedes —frunció el ceño dando un paso más.

—Creí que me ayudaría a salir de aquí.

—¡Pero en una pieza Akane! —dijo exasperado—. No ganarías tanto como crees ¿Y de que servirá? Happosai ni siquiera te quería con los hematomas de tus manos y ahora, ¿quieres golpes en la cara?

—No voy a per…

—Basta, no quiero discutir más.

— ¡Yo puedo! —le miro con sus grandes ojos café, tan brillantes e hipnóticos.

— ¡No! —la miro furioso. Akane le miro con el mismo sentimiento yéndose a zancadas.

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La tarde del día siguiente había llegado, el clima acalorado de los últimos rayos de sol no afectaban el interior del casino con el refrescante aire acondicionado. El ensordecedor ruido de las maquinas era mucho más fuerte que las tragamonedas causando dolor de cabeza a la joven Tendo, quien se encargaba de recoger las bolitas al terminar de jugar. Y así se llegó las 10 de la noche.

— ¿A dónde vas Akane? —el grupo de chicas se reunieron en el pasillo de los vestuarios para retirarse ya que habían comenzado su turno más temprano de lo habitual.

—Ya regreso —les sonrió—. Olvide algo en mi casillero.

—Las chicas y yo iremos a un karaoke cerca de aquí —explico Ukyo—, vamos será divertido.

—No… ah, gracias pero no. Prefiero ir a descansar.

—Hm… está bien, solo llama al chofer y el vendrá por ti, pero no se queda así, nos acompañaras a la próxima.

—Sí, gracias, que se diviertan —se despidieron y mientras ellas salían, Akane se adentraba de nuevo a la habitación. Se colocó unos pantalones oscuros, un par de tenis y una sudadera con capucha.

Sin ser vista salió por la puerta trasera escondida tras el bote de basura, quedándose quieta en espera de la llegada del auto que llevaría a Ranma y a Happosai a Yokohama. Minutos más tarde este apareció e inmediatamente cuando echo su andar Akane se escabullo tomando un taxi.

—Siga a ese auto —ordeno con seriedad al taxista.

—Sí señor —el hombre solo miro de soslayo por el retrovisor, sin embargo no capto su rostro. Volvió su vista al frente observando el tráfico, muchos autos le resultaban iguales por lo que le fue difícil seguirlo; además percibía que estaba dando muchas vueltas por calles sin sentido, pero no le menciono nada a su pasajera. Finalmente después de varias vueltas el taxista perdió al automóvil.

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—Viejo esta paranoico ese taxi no nos seguía.

—Llámalo instinto Ranma, pero nunca me equivoco —exhalo el humo de su puro.

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Una hora más tarde, muy llegada la noche al fondo de un cajón de la oficina de Happosai un celular sonaba con insistencia, las vibraciones retumbaban en la solida madera, hasta que se detuvo. Fue cuando unas delicadas manos lo tomaron con curiosidad desconociendo totalmente el numero.

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En los callejones de Yokohama, en la excentricidad de chinatown con un bajo perfil, una pelea bien organizada se llevaba a cabo en sus edificios. Ranma en medio de la pelea y sin mucho esfuerzo luchaba a puños y patadas con un hombre el doble de su peso, mucho más prominente y pretencioso, podía verse en sus expresiones de extrema confianza.

La piel del joven Saotome brillaba con el sudor del sofocante y oscuro lugar, con solo luces de colores que podrían poner nervioso a cualquiera que no hubiera visitado antes este sitio; sin mencionar los gritos ensordecedores ocultos tras las paredes aislantes del edificio.

El bolsillo de Happosai comenzó a vibrar y a pesar de su débil sonido atendió el llamado.

— ¡Happosai! ¡Ayuda… happy…! —se entrecortaba la llamada. Con recelo se levantó de la silla de la primera fila.

— ¿Qué sucede? Bueno… —tapo uno de sus oídos yéndose cada vez más hacia atrás, huyendo del ruido. Ranma sin bajar la guardia vio el rostro del preocupado anciano.

Y sin esperar más le dio un golpe certero en el estómago a su contrincante, sacando el aire de sus pulmones dolorosamente; y uno más en la cara mal herida y ensangrentada del hombre, noqueandolo enseguida. La gente rápidamente estallo en júbilo, Ranma algo jadeante miro a su alrededor sin ver a Happosai, tanta gente gritando su nombre lo aturdió, de repente un hombre con micrófono levanto su mano para darle la victoria. Fue cuando salió de sus pensamientos, poniéndose en contra de su serenidad de luchador, para pasar a conjeturas donde una menuda chica que había dejado sola se metía de nuevo en problemas.

Bajo inmediatamente quitando a todos a su paso— ¿Viejo que ocurre? —Happosai lo ignoro tratando de escuchar, pego más el auricular a su oído y frunció el ceño tratando de entender.

— ¡Fuego! —Happosai abrió los ojos al retumbar la palabra de alerta.

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Continuara…


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Notas de autora:

Un poco de información sobre el juego de pachinko…

Consiste en que el jugador compra una gran cantidad de bolitas de acero, al tirar las bolitas, gira haciendo que éstas salgan lanzadas hacia abajo, donde la mayoría cae al fondo de la máquina sin proporcionar premio, y muy pocas realmente caen en unas especies de pequeñas puertas que bonifican ganando más bolas, siendo esto último el objetivo del juego. El jugador las puede usar para seguir jugando, o para cambiarlas por premios.

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Bueno como he dicho en anteriores notas se aproxima el final, y me gustaría leer no sé, alguna sugerencia, que quieren que pase o algún punto que tal vez se me haya pasado explicar, si creen que deba en los siguientes capítulos resaltar algún detalle… No sé lo que ustedes piensen, agradeciendo así su gran apoyo en este tiempo el cual agradezco mucho. Hacen feliz un mal día.

Como siempre en mención y honor a sus comentarios, gracias y un enorme saludo:

flakita, AZULMITLA, Esmeralda Saotom, Alambrita, rosefe-123, Sav21, Vianey199815 , nancyricoleon.

A los lectores silenciosos que sé que andan por ahí también, porque todos alguna vez lo fuimos. Y quienes le han dado follow y lo han puesto en favoritos, Gracias, espero algún recibir su opiniones también, me alegraría leer sus palabras.

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Sin más por el momento, me despido…