Me disculpo por haberme demorado mucho... MUCHO, en esta actualización. u.u
Tengo un bloqueo de avance de escritor cuya pared en mi camino son los dibujos, dibujos y más dibujos. XD
En serio, perdónenme.
Espero no volver a decepcionarlos. (?)
Bueno, sin más.
¡Que disfruten el show!
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Capítulo 21: Risas
::::FlashBack::::
—¿Si quiera tienes un plan para escapar de aquí? —preguntó Rafael una vez fue liberado de las correas.
—Es una opción que al menos nos dará un poco de ventaja —contestó el de negro—, ¿o tú tienes una mejor idea?
Silencio es lo que obtuvo por respuesta.
—Muy bien, de acuerdo, tú diriges —En lo más recóndito de su ser, Rafael jamás se habría imaginado el decirle algo así a Miguel Ángel en lo que llevaba vida— ¿Cuál es tu plan?
—Por ahora solo debemos colarnos por ahí —señaló unas cuantas tuberías conectadas a las paredes, pero uno de esos espacios dejaba ver una rendija que si bien recordaba la tortuga de rojo era propia de un ducto de ventilación.
—¿Y luego?
—Tomaremos un tiempo hasta que las cosas se calmen, luego nos moveremos dentro hasta aproximarnos al almacén. Le dicen así porque conserva todo material de antiguas batallas, eso incluye las armas de sus enemigos. Con algo de suerte, las nuestras estarán ahí.
El por qué conocía tanto este lugar era una de las razones por las que Rafael deseaba cuestionar a su hermanito acerca de lo que vivió todo este tiempo lejos de casa. Tristemente no era el momento para adentrarse a ese tema.
—Esta bien. Vamos.
Con ayuda de la tortuga temperamental, Miguel Ángel se trepó en sus hombros hasta llegar a la rendija del ducto, pero para ambos les era imposible no quejarse de dolor, ciertas heridas ardían con cada movimiento pues la piel levemente se estiraba. En dicha situación ambos no pudieron hacer más que quejarse por lo bajo y centrar su atención en lo que en estos momentos era lo más primordial.
Pero antes de que algo fuera a terminar bien se tenía que lidiar con una contingencia imprevista, la suya fue una luz roja que comenzó a parpadear en toda la habitación sonando posteriormente su alarma ensordecedora. Los jóvenes casi saltan del susto, pero el de rojo puso resistencia a pesar del dolor de sus heridas.
—¡Vigilen los calabozos! —Una voz aproximarse los hizo estremecer.
—Ya vienen, ¡ábrelo ya! —ordenó el mayor, comenzando a desesperarse.
—Está congelado, es complicado —ejerció presión, jalando lo que sería su única salida. Raspando sus uñas en el intento. Forzando su propia energía.
Pero no se rendiría.
Cuando el hielo se resquebrajó por completo lograron sacar la rendija, pero por la fuerza de su intento se tambalearon y cayeron estrepitosamente al suelo.
—¡Quietos ahí! —Ordenó uno de los hombres ni bien abrió la puerta, apuntando con su arma a los mutantes.
Instintivamente Mikey le lanzó el bisturí cerca suyo hacia su ojo, provocando que el hombre aullara de dolor, pues fue un movimiento imposible de esquivar.
Una ráfaga de disparos fueron lanzados hacia ambos ni bien el sujeto cayó al suelo, con ágiles movimientos ambos ninjas los evadían, finalizando por ocultarse tas la mesa metálica todavía tirada, afortunadamente sin ningún rasguño u otra clase de herida nueva.
En el segundo en el que los disparos se detuvieron hubo un inmenso silencio sepulcral, pues aunque los hombres hayan estado disparando continuamente al objeto de protección de los quelonios hermanos podían asegurar que fue suficiente para derribarlos. Ingenuamente no contaban con que Rafael rápidamente saliera de su escondite para lanzarles una bandeja de metal cual boomerang, llevándose en el acto tres vidas.
Descubriendo los restantes que la mesa metálica, aunque haya recibido los incesantes dispararos, sus balas nunca lograron traspasarla.
Aquella distracción fue la oportunidad que el ninja de negro esperaba, este usó otros de los utensilios quirúrgicos para dejar fuera de combate a otros hombres más en lo que Rafael saltaba hacia la entrada del ducto para entrar ahí inmediatamente.
Todo ocurría a gran velocidad.
—¡Ven rápido! —lo llamó al momento en que lanzaba una tijera directo a una de las fundas de explosivos que logró divisar en uno de los hombres.
Inmediatamente le obedeció, conociendo las consecuencias de tal acto. Sostuvo con fuerza la mano del opuesto para ayudarse a subir hacia el ducto, evitando salir lastimados de la explosión que posteriormente provocó por el movimiento de Rafael.
Ambos se arrastraron hasta estar lo suficientemente alejados, con toda su adrenalina encima, jadeando y quejándose de sus heridas, no se detuvieron hasta una vez que llegaron a un punto en el que sería un poco difícil que los hombres de Kalanyos logren localizarlos.
Los hermanos se dieron un respiro.
Les dolía todo el cuerpo.
::::Fin del fashback::::
Ulbricht abofeteó al vigilante de las cámaras de seguridad, logrando tirarlo al suelo.
—¡¿Cómo fue que no te diste cuenta?! —Le hervía la sangre de coraje y las venas le palpitaban.
—El hacker me impidió descubrirlo a tiempo, señor —respondió el obeso hombre, sobando su mejilla. Temblando de terror cual gelatina.
—Si serás animal… ¡Era tu responsabilidad como encargado de las maquinarias el reforzar la seguridad ni bien trajimos al mutante que Kalanyos tanto buscaba! —Estaba fúrico, se giró para sostener sus cabellos con ambas manos.
—L-lo lamento, señor. Le juro que no volverá a pasar —No pudiendo evitar tartamudear, el hombre trato de compensar su error con vagas palabras.
—Sí, tienes razón —asintió mirando hacia otro lado, sus ojos estaban perdidos en las sombras—. No volverá a suceder.
Sin pensarlo dos veces, apuntó su pistola hacia el hombre jalando inmediatamente el gatillo. El cuerpo sin vida de la víctima cayó al suelo salpicando sangre.
Volvió a guardar su pistola en su cinturón.
Luego movió con la pierna hacia un lado del escritorio en frente de varias pantallas encendidas, sentándose en la silla giradora.
—Yo personalmente vigilaré…
Siria estaba al tanto de lo que sucedía, no podía evitar estar nerviosa pues eran sus amigos los que estaban en problemas, por el momento no había peligro para los dos hermanos que habían entrado recientemente, al parecer los guardias les perdieron el rastro cuando se camuflaron dentro de los ductos de ventilación, lo mismo con Rafa y Mikey.
Pero había algo que no le cuadraba en los planos que consiguió de aquella sede. Aunque los había revisado al derecho y al revés una y otra vez, no encontraba ciertas lógicas respecto a la "entrada" que los chicos usaron. Pues le parecía muy extraño que solo logre divisar una forma de ingresar a ese lugar, pues en todas las guaridas que investigó anteriormente o incluso en los palacios de las personas más buscadas, estas siempre portaban una salida de emergencia para ciertos imprevistos, algo que no encontraba aquí.
Y eso que los planos que poseía eran los más actualizados que pudo encontrar. Además, si se ponía a pensarlo bien, sería muy extraño ver a alguien ingresar desde una compuerta metálica en medio de una zona de construcción. Incluso otra de las incoherencias que descubrió fue la de un camino aparentemente sin salida cerca de la oficina general del primer piso.
A no ser qué...
Pero antes de que su mente hiciera click al descubrimiento, la pantalla del monitor parpadeó, comenzando a ponerse borrosa para después mostrar unos cuadros del panel de control de la computadora repetirse una y otra vez, alguien quería borrar su hacker.
—¿Qué? —Movió unos cuantos cuadros, tecleó códigos, pero no le funcionaba— Oh no, amigo, no me eliminarás tan fácil.
Con el apoyo del wifi podría cancelar el bloqueo, solo debía ser astuta, sabía lo que pasaba, ya la habían descubierto por lo tanto ahora intentaban eliminar su hackeo para que le sea imposible infiltrarse de nuevo con un bloqueo personalizado.
Pero Siria Belleth no era cualquier novata.
—¿Hay algo?
—Por acá está despejado, señor —respondió un cabo.
—Sigan buscando, no deben estar lejos —Con un movimiento de cabeza, los grupos se separaron hacia diversos puntos.
Ignorando el estar siendo vigilados desde una rendija perteneciente a uno de los ductos. Dos pares de ojos se mantenían quietos pues no deseaban ser descubiertos con el más mínimo movimiento.
—Creo que ya se fueron Leo… —susurró el de morado.
—Sí —confirmó el líder— Sigamos Donnie, debemos encontrar a Rafa y a Mikey lo antes posible.
Las paredes de los ductos eran un tanto estrechas, además de que la baja temperatura del lugar les incomodaba. Hasta donde sabían, Siria les había dicho que solo había una cámara dentro de esos ductos, y mientras ella controle las grabaciones podía reemplazar a las de ayer para que no se muestren los chicos si es que pasaban por ahí.
Debían ir despacio, sosteniendo sus cuerpos con sus brazos y piernas para que al avanzar arrastrando estas mismas no hagan mucho ruido.
Leonardo tragó saliva, de manera instintiva. Podía sentir su corazón latir a una intensa velocidad, las gotas de sudor resbalando por su cuerpo, la manera en cómo temblaba su mandíbula, sus dientes chocando entre sí provocando ese rechinido audible solo para él.
Ahora, si no encontraba a sus hermanos a tiempo todo estaría perdido, ta vez los descubrirían antes, quizás matasen a los menores sin haberles dado la oportunidad de verlos, nadie sabía qué podría ocurrir... Pero si no volvía a ver los rostros de Rafael y Miguel Ángel sentía que se iba a perder.
Los necesitaba.
Necesitaba sentirse completo.
Ya empezaba a tolerar el ambiente que provocaba la ausencia del ninja de naranja, la cual se reparó un poco al saberlo vivo y, por el momento, junto a ellos, si esta vez volvía le volvía a pasar algo... o peor, que su hermano de rojo se involucrara, su estabilidad volvería a derrumbarse.
Respiraba el aire con una tensión que le apretaba los pulmones, exhalaba con temblor, dejando salir un tenue vapor que el ambiente frió provocó.
Reconocía esa sensación, el nudo en su garganta que le costaba pasar, ya lo había experimentado de la peor manera posible hace unos seis meses, tal vez un poco más.
Miedo.
No quería pensar en lo peor, debía de creer que existía la opción de que sus hermanos estuvieran bien. Ser fuerte era lo que lo caracterizaba de ser el líder, de no ser así el equilibrio del equipo se desbalancearía, casi sucede las primeras semanas desde la supuesta muerte de Mikey.
No iba a permitirlo.
Recuperaría a sus hermanos, a todos. No importa el costo. Los protegería, los traería con vida a casa y se cercioraría de que su bienestar hasta el fin de sus días.
El que no sucediera de ese modo no era una opción.
El vibrador de su T-Phone lo sobresaltó, pero mantuvo la postura al contestar.
—¿Siria?
—¡Leo hay un problema grande! —La chica se escuchaba alterada. Demasiado.
Genial, con lo tranquilo que quería estar tenía que llamar ella para no aminorar sus nervios.
—¿Qué pasó?
—¡Descubrieron el hacker! —Ahora el frío del lugar no tenía comparación al de su propio cuerpo.
—¿Qué? —Hubiera querido gritar, pero estaban en una situación crítica.
Donatello estaba atento.
—Me han quitado los datos de su base y los planos de la construcción en general, pero les cuesta más trabajo con las cámaras. Chicos, no sé si pueda evitar que me las quite. Hago todo lo posible por mantenerme conectada pero quién sea que esté causándome estos problemas es bueno, muy bueno.
—Ay no… —Las palabras se le fueron.
—Pero puedo ayudarlos aún —Eso sí podía ser—. Miren, antes de que algo más pase debo decirles que encontré a Mikey y a Rafa.
—¿En serio?
—¡Sí! —Podía escuchar los infinitos tecleos provenir del monitor del Tortu Móvil— Están un poco lejos, pero si siguen más adelante y…
Nada.
Ya no se escuchaba nada. Solo el sonido de la estática provenir del otro lado.
—¿Siria, qué pasa?
—Cortó la comunicación —Estaba impactada frente al pantalla—. ¡Ese maldito cortó la comunicación!
Click por aquí, click por allá. Ahora le quedaban las cámaras de vídeo, podía ver todo, pero era imposible llamarlos. Su pecho subía y bajaba, los ojos comenzaron a humedecerse.
¿Ahora qué?
—¿Leo?
—No responde. Algo le pasó a la señal —afirmó—. Pero logró decirme que vio a Rafa y Mikey.
—¿De verdad? —Le brillaron los ojos.
—Sí, la única indicación que me dio fue seguir adelante, no terminó lo demás.
—Pero al menos ya vamos por buen camino —Se veía ansioso—. ¡Hay que seguir! Podemos encontrarlos, Leo— Con mucha rapidez tomó lugar delante de su hermano mayor.
Este solo sonrió de medio lado.
Esperaba que algo bueno saliera de todo esto.
Los dos hermanos restantes apenas podían respirar. Aunque uno esté más lastimado que el otro, ambos podían sentir el mismo agotamiento.
Miguel Ángel respiraba por la boca, de vez en cuando se quejaba de dolor, ya que esas quemaduras en sus brazos a causa de las descargas eléctricas no te brindaban una linda sensación al chocar con el frió metal del ducto en el que se encontraban. Además de algunos cortes por los látigos, solo sudaba.
Estaba muy cansado, daría lo que fuera por al menos dormir un rato. Hubiera querido tumbarse ahí mismo y descansar hasta no poder más.
Pero tenía el tiempo contra el reloj, si no salían antes del amanecer existían pocas posibilidades de lograrlo sin que un humano los viera. No quería eso.
Por el rabillo del ojo encontró a Rafael cabizbajo, siguiendo su paso. Con unas ojeras que su roja bandana no podía ocultar. Pero tampoco daba el brazo a torcer.
Sintió un poco de lástima cuando vio esos oscuros moretones adornar su anatomía, unos cuantos raspones en su caparazón y otras partes de su cuerpo. Al menos, no lo lastimaron tanto como a él.
Se odiaba a sí mismo por sentirse bien por ello.
Y se odiaba aún más por sentir esa inmensa felicidad y dicha de saberse acompañado en esta situación. Al menos, con todo el egoísmo posible, agradecía compartir esa angustia de no salir vivo de aquí con alguien más.
Cruel.
—Oye… ¿sabes a dónde vamos? —Le habló Rafael con una pasividad que le sorprendió en muchos sentidos.
Debía estar destrozado.
—Sí, conozco bien este lugar. El almacén está un poco lejos de nuestra posición actual, si seguimos con cautela llegaremos a él, como dije tienen todos los instrumentos que toman de sus peores enemigos cada vez que los capturan o matan. Depende de la situación. Solo hay que llegar para tomar nuestras cosas, tal vez las de otros que puedan servirnos y después ya nos las arreglaremos.
—No parece tan difícil —Meditó un poco, tal vez podía sacar provecho de todo esto—. Dime... ¿puedes decirme de qué te culpa Kalanyos? Tal vez pueda ayudarte.
Silencio es lo que obtuvo como respuesta. Más el sonido de sus cuerpos sonando con el metal al avanzar. Era una melodía que acompañaba perfectamente a la situación.
—No —Una rotunda sílaba—. Eso no es de tu incumbencia. Además, tampoco es como si puedes ayudar, nadie puede —Arrastró sus palabras con rencor— Mejor hay que centrarnos en salir de aquí para ya no…
TUMB
Se quedaron quietos.
TUMB
Otra vez ese mismo sonido.
TUMB
Con más claridad.
TUMB
Alguien se acercaba
—¿Qué camino hay que tomar? —preguntó Leo. Aunque más parecía que se cuestionaba así mismo.
Tristemente su hermano de morado no lo tomó así.
Donatello no sabía qué responder, era obvio que estaba en el mismo dilema que él. Habían llegado a un punto en el que se toparon con dos caminos al terminar uno de los pasillos del ducto. Ninguno parecía diferenciarse del otro. Podían visualizar la misma sombra que llenaba el final de esas dos vías opuestas, ese fétido aroma de metal oxidado proveniente de las paredes del lugar, el frío que te entraba por los poros y causaba una reacción de espasmos a menor nivel que sin querer aumentaban a cada minuto.
Esto era malo.
Ambos estaban en el centro, donde los caminos se dividían en dos.
—Maite no nos pudo decir a dónde ir exactamente, tampoco podemos separarnos, Donnie —habló el mayor, llevándose el pulgar a la boca en signo de meditación.
—Eso significa que... —Era fácil leerle el pensamiento. Cosa que odiaba.
En serio, hubiera querido cualquier cosa, menos tener siempre la razón.
—Tendremos que ir hacia una dirección, esperemos que sea la correcta.
En cierto sentido no estaba de acuerdo con él. Lo expresó con su ceño fruncido a causa del desconcierto.
—Pero Leo, podemos abarcar más terreno si nos dividimos.
Cuando este le devolvió la mirada descubrió un rayo de alteración provenir que aquellos orbes azules, su corazón se paralizó en ese instante. Conocía esa expresión, la había visto en algunas ocasiones, sus hermanos también. Leonardo estaba empezando a perder su calma, eso significaba que la situación era mucho peor de lo que aparentaba ya que cada vez que eso ocurría significaba que los sentidos de su hermano mayor estaban desactivándose por sus presentimientos, si el líder era de esos que nunca se equivocaban solo significaba una sola cosa.
Algo malo iba a pasar.
—No quiero poner eso discusión ahora Donnie —No era capaz de verlo directamente, podía sentir esa penetrante mirada en su nuca. Hablaba en serio.
Ya no tenía ánimos de contradecirlo. No después de ver sus ojos.
—Bien.
Justo antes de decir algo más, ambos hermanos sienten el metal vibrar bajo sus brazos y piernas. Era algo tenue, pero fácil de percibir gracias a sus sentidos ninjas.
Nadie dijo nada, apenas podían escuchar ecos a la distancia, pero nadie sabía de qué dirección provenía. Lo que era consientes era del hecho de que no estaban solos ahí, o alguien se acercaba o alguien se alejaba. Quizás era bueno, podía tratarse de sus otros hermanos. Pero también existía la posibilidad de que no fuera así y se trate de algún servidor de Kalanyos al que hayan mandado a revisar los ductos. Eso último era lo más probable, estaban enterados de que las tortugas a las que capturaron escaparon por ahí así que debían encontrarlas de alguna manera.
Esperaron a sentir lo mismo.
Un rato más...
De nuevo.
La misma vibración.
Ambos lograron percibir a la perfección de dónde provenía dicho movimiento metálico. Sus miradas se dirigieron hacia el lado derecho, un camino que parecía tener una luz al final, así como el mismo pase al infierno.
Leonardo no quería arriesgar a su hermano, algo como eso sería imperdonable, así que abriéndose camino en todo ese espacio cerrado volvió a tomar el lugar de enfrente. No había otra forma de salir de este estúpido embrollo, o se arriesgaban a averiguar quién se encontraba más adelante o volvían al inicio de todo este laberinto que no haría más que enredarlos más. Donatello lo siguió con la misma tensión. Comprendía que el líder tuviera la costumbre de arriesgarse siempre en las misiones porque así lo dictaba su instinto protector. Además, contradecirlo nunca era una opción, él no daba su brazo a torcer en circunstancias como estas.
—¿Te sientes bien?
Apenas pudo digerir aquella pregunta formulada por la tortuga de rojo, pues su cabeza solo lograba recepcionar ecos lejanos debido a su situación. Tambaleó su cuerpo hacia un costado, chocando con una de las paredes metálicas, usó ese soporte para recostarse con cuidado usando su antebrazo de soporte al paso en que cerraba con fuerza sus ojos con la intención de alejar esas molestas punzadas que mataban su cabeza cada vez más.
En el peor momento tuvo que sufrir una crisis.
Rafael lo veía temblar, eso no ayudaba en nada, solo a aumentar sus nervios que volvían resbaladizas sus manos y húmedo su cuello entero.
—¿A-Asahi? —Qué estúpido se oía tartamudeando ese falso nombre.
El chico lo ignoraba, su respiración se había vuelto entrecortada debido al amargo aire que percibía adentrarse por sus fosas nasales, quizás alucinaba, quizás no. Apretando sus párpados con fuerza rogaba que aquel malestar se fuera ya, era insoportable. Los nudillos de sus manos estaban blancos por la fuerza que usaba al estrujar sus dedos en las palmas, los cuales estaban con el mismo tono pálido.
Fue después de que lo oyó quejarse de dolor una vez más que Rafael pareció captar otro sonido a unos metros de su ubicación actual. Ellos se encontraban siguiendo un camino del ducto de ventilación hasta que más adelante visualizaron otro en el lado izquierdo del muro de metal, pero antes de llegar a esa parte su hermanito había comenzado a tener ese problema corporal.
Tal parecía que el producto de tantas torturas estaba cobrando factura.
Ahora lo que más molestaba al muchacho en estos momentos era que alguien o algo se les acercaba a paso firme. Eso no le gustaba en absoluto.
No.
Sea lo que sea, no iban a hacerle daño a Mikey, de ninguna manera. Perdió gran parte de su vida todos estos meses que lo creyó muerto, ahora que lo tenía justo consigo no estaba dispuesto a dejarlo ir otra vez.
Se encargo de tomar posición delante del menor, agudizando sus sentidos, dispuesto a lanzarse al que se atreva a aparecer con intenciones hostiles. Podrá no tener armas, pero sus manos o incluso sus dientes podían servir bastante si tomaba al enemigo desprevenido.
Miguel Ángel pudo sentir su movimiento, así que entreabriendo los ojos se dio con la sorpresa de que su "compañero" de misión había tomado una pose de alerta delante suyo, como si sus intenciones fueran defenderlo...
Otra punzada en la cien lo desconectó del mundo en ese momento.
Sus ojos se nublaron más.
No lo soportaba.
Rafael podía sentir las vibraciones metálicas bajo sus rodillas y manos, esas cada vez más fuertes y parecían resonar entre sí. Confirmando eso con horror supo que no era una persona la que se acercaba, cuando máximo podrían ser tres o tal vez dos. Y él, malherido pero dispuesto a defender a su hermano menor. Necesitaría una dosis completa de adrenalina para pelear sin agotarse, porque aunque esté lastimado por las sesiones de tortura no se rendiría hasta ganar. Salir de este lugar con Miguel Ángel consciente era su prioridad.
Sin importar qué.
Humedeció sus labios para posteriormente tragar saliva. No sabía por qué se sentía tan nervioso, desde antes había experimentado la sensación de no saber a lo que se iba a enfrentar, él junto a sus hermanos.
Pero ahora estaba solo.
Solo...
Oh por Dios.
Lo había olvidado.
Siempre le ocurría esto, esta sensación que estrujaba su ser cada vez que sus hermanos no estaban con él. Era como que la respiración se le iba, como si unas fuertes manos estrujaran su garganta con la intención de quitarle el aire. Algo con lo que siempre tenía que luchar hasta el momento de verse junto a sus hermanos otra vez.
¿Cuándo fue que empezó a sentirse así?
TUMB
Por supuesto.
TUMB
Fue desde el momento en el que el destino lo golpeó de la peor manera posible.
TUMB
Cuando se llevaron a Mikey.
¡TUMB!
Cuando al volverlo a ver supo que nada sería igual.
Por más que lo tenga consigo. Esas manos aún seguirían estrujándolo porque sabían que no era real... dolía, le dolía mucho, aún más al no querer admitir que a quién protegía ya no era Miguel Ángel.
¡TUMB! ¡TUMB!
¿Pero qué más le quedaba?
Él ahora solo era una representación de las piezas rotas que tenía que ayudar a unir una vez más. Tal vez no logre un gran cambio. Pero esta vez procuraría cuidarlo para siempre, como nunca antes lo hizo en su vida.
Ni el tiempo de existencia de este mundo eran suficientes para poder enmendar su error. Lo sabía.
Estaban muy cerca.
Podía ser capaz de sentir sus respiraciones.
Ahora las manos apretaban más fuerte. El aire se le iba, los musculos se tensaban. No podía parpadear.
¿Quién o qué se aproximaba?
¿Qué tan letal sería el enemigo?
¿Resistiría?
No, más bien.
¿Miguel Ángel resistiría?
Jamás se dio cuenta del nudo en su garganta hasta que intentó pasar saliva una última vez.
Estaba perdido.
—¿Hola?
No puede ser.
Por unos segundos su corazón dejó de latir.
La nada era lo que oía.
Mente en blanco.
Sentidos completamente desactivados.
Hasta que en menos de 5 segundos volvieron a funcionar.
El destino era increíble. Increíble.
Algo bueno tuvo que haber hecho para poseer tal suerte.
Exhaló incrédulo.
Porque en ocasiones como estas era capas de afirmar que existía un Dios.
Sus labios se torcían en un torpe gesto por intentar sonreír. Exhibiendo sus dientes.
Fue cuando divisó un par de ojos azules asomarse que las líneas de lágrimas resbalaron por sus mejillas. Un llanto silencioso que detonaba felicidad. Total sorpresa. Un oasis en medio del desierto en el que se creyeron perdidos, pues una eternidad fue lo que sintieron pasar estando separados. El hermano mayor también se sentía muy aliviado. Le sonreía de la misma manera. Igual de acongojado. Sin ser capaz de moverse o reaccionar.
Solo lo miraba.
Rafael estaba por decir algo.
Leonardo estaba por decir algo.
Pero alguien más se abrió paso por este último. Tal parecía que la reciente paralización de su líder lo preocupó un poco. El de bandana morada se hizo a un costado por fin haciendo acto de presencia. Llevándose la misma sorpresa por descubrir a su segundo hermano mayor justo a la vuelta de la esquina.
Mirándolo totalmente feliz. Y un tanto incrédulo, no por su presencia, si no porque en muy raras ocasiones veía llorar a Rafael, y más si era de felicidad.
Giró su rostro hacía el intrépido para confirmar que no veía una alucinación.
Todo era real. Al fin estaban juntos.
El genio dejó salir una tenue carcajada.
Al parecer estaba listo para decir algo.
Inhalando.
—Ra... —Su oración terminó por perderse abruptamente. No por la emoción. Ni porque se le hayan olvidado las palabras por lo primero. Mucho menos por que alguno de sus hermanos se hayan lanzado a abrazarse.
Si no por el simple hecho de que un fuerte puñetazo chocó con su rostro, en ese punto en dónde debería tener una nariz. Obligándolo a mover su cabeza por tal impacto.
Un cuerpo tambaleante mantenía su brazo suspendido, con el puño cerrado.
Rafael estaba que no cabía en sí. Su boca y la de su hermano mayor estaban muy abiertas, con las lágrimas secándose en sus mejillas. En definitiva no se esperaban una acción como esa en estas circunstancias.
Especialmente si provenía del menor de sus hermanos. Ese en el que apenas notaron su presencia.
¿Cómo es que no lo oyeron moverse? ¿Habrá sido la emoción del momento?
Aunque Leonardo comenzaba a suponer que ni su hermanito de negro sabía que era lo que estaba haciendo. Pues su cabeza agachada lo hacía ver demasiado obvio, aunque el puño sostenido seguía ahí. Jadeando como si hubiera corrido un maratón de más de un millón de kilómetros sin haberse detenido a descansar, el susodicho muchacho por fin se digna a levantar su agotada mirada, solo para descubrir tres pares de ojos mirarlo con asombro, shock e indignación.
—Me... golpeaste... en la cara —Lo que menos esperaba de su hermanito, es que este lo recibiera, (después de que probablemente haya vivido un infierno en este lugar) con un puñetazo—. ¿Otra vez? —No era su intención levantar la voz, por eso trataba de ser lo más sutil posible.
—«Oops... lo siento» —Fue lo que hubiera querido decir. Pero en su lugar solo se quedó sin voz, con una impresión tal que por un segundo quiso tocar el rostro del de morado para cerciorarse de no estar alucinando por el dolor. Pero algo como eso era imposible. Si lo había golpeado hace rato, por algo el chico le reclamaba. Claro que en ese momento no sabía a quién atacaba, solo pensó que si Rafael tenía el coraje para enfrentar a los desconocidos que se aproximaban, pues él también los tendría.
Aunque todo dio un giro inesperado al final.
Un gracioso y aliviador giro.
Una pequeña risa.
Y no podía estar más agradecido por eso.
Otra pequeña risa.
Leo, Rafa y Donnie se estaban asustando, en un segundo su hermanito menor estaba que los miraba incrédulos, como si estuviera viendo muertos que acabaran de resucitar, y en el otro pasa a reírse como si nada hubiera pasado.
Una pequeña risa.
Claro que... él se veía tan aliviado.
Otra pequeña risa.
Como si el golpe que le dio a Donnie fuera lo que necesitara para eliminar gran cantidad de ese peso muerto que cargaba injustamente.
Una risa más.
Sobando uno de sus ojos, aún mantenía esa sonrisa en los labios y esas carcajadas saliendo como nunca antes lo hicieron.
Muchas más risas.
Aunque sea en voz baja, total contaba como risa, pues no eran aquellas sarcásticas que carecían de honestidad.
De algún modo, estaban felices de oírlas.
Las risas de Miguel Ángel.
Y aunque no sea el mejor momento como para ponerse a compartir una alegría como esa.
Unas pequeñas risas.
No les importó en absoluto... si era reír junto a él.
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Se siente tan raro actualizar. XD
Quiero agradecer a Akiane por insistir tanto... TANTO en que continuara esto. (No, la verdad no, no lo agradezco en absoluto)
Pero ya, volviendo al caso, no sé cuánto me demore en actualizar el próximo capítulo, siendo honesto el tiempo no me preocupa. :v Lo que me preocupa es si lo haré o no... Ay...
¡No! ¡No debo dejar este fic! ¡No debo!
¡Me ha dado tantas cosas bonitas! T-T
Ya, ya. Mejor paso a los reviews...
*andyhamato99: Gracias por tus comentarios, nena. *Inserten corazón* Espero que este capítulo también te haya gustado.
*AKIANE: A ti, ni mi mirada. *Visto*
*Talia43: Gracias por hacerme acordar lo del nombre de la chica. XD En serio. Me alegra que le pongan atención a detalles como esos... TvT ¡Espero que este cap. te haya gustado!
*Annie Hamato Saotome: ¡Saludos, linda! Gracias por leer. *Inserten corazón*
*FujoshiCestor: Ay, me alegra que me hayas extrañado... TvT Pensé que nadie lo haría. TvT
*Dana veronica: Espero no seguirme perdiendo. XD Pero gracias. :D Acerca de ese dibujo que hiciste del fic de Joma, sería interesante verlo. :3 Además, me alegra ver que alguien más dibuje sobre ese fic. Es de mis favoritos. ¡Espero que este cap. te haya gustado!
*Lea Turtle: Uy, hasta que sepa que son sus hermanos le faltará un buen. XD
*Bilbogirl: Ya se encontraron. XD ¿Feliz?
*Alber: Que bueno que te guste mi historia. :D Respondiendo a tu pregunta... al verdad ya me olvidé de ese niño. jajaja Solo fue un noticiero que salió y que los chicos vieron por accidente, pero ya veré qué hago con esa noticia después. XD
Y eso es todo.
No diré nada del final de TMNT o me pondré a llorar. :'v
¡LOS AMO!
