De nuevo les recuerdo que nada es mío, los personajes son de Stephanie Meyer y autora de la historia es Payton79, yo solo traduzco.
Mi compañera de armas está presente una vez más en esta traducción, gracias a mi querida Beta Erica Castelo por corregir todos mis horrores.
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Capítulo 20 – Donde pertenezco
EPOV
Sada-cadula-sal-chicomula-Bibidi-Babidi-Boo…
Me levanté de un salto del sofá, agarrando mi teléfono, casi tirándolo antes de que pudiera tocar la pantalla para aceptar la llamada.
"¡Bella, gracias a Dios! ¡Estaba muy preocupado!" Dejé escapar un suspiro, sintiendo como si lo hubiese estado conteniendo desde el momento que regresé a casa temprano y encontré que Bella no estaba. "¿Dónde estás? ¿Estás bien?"
Hubo una pequeña pausa antes de recibir una respuesta. El alma se me cayó al suelo cuando la voz del otro lado de la línea no era la que había estado ansioso por escuchar
"Es Rose." Salió como un susurro. "Bella está aquí conmigo en mi departamento. Solo quería avisarte que está bien."
"Si nada está mal, entonces, ¿por qué huyó? Se supone que esté en reposo absoluto." No lo entendía. ¿Por qué sintió la necesidad de dejar nuestro hogar?"
"No tengo mucho tiempo. Bella saldrá pronto del baño," murmuró Rosalie. "Necesita algo de espacio y tiempo para pensar. Tu padre le hizo una visita hoy."
"¡Oh joder!" Dije con un suspiro, cerrando mis ojos en shock. "¿Qué le dijo? ¿Está ella bien? ¡Maldición, ese hijo de puta!"
"Estoy segura que ella misma te lo dirá en unos días. Está alterada y confundida en este momento y no quiere hablar contigo, pero cambiará de opinión." Se escuchó ruido en el fondo, y escuché que Rose jadeó. "Tengo que irme. Aguanta. Ella volverá pronto." Con eso, me colgó.
Exhalé; aliviado de saber que Bella y el bebé estaban bien, al menos físicamente. Estaba más que agradecido con Rose por decirme dónde estaba Bella y por qué. Pero maldita sea, ahora mi padre de verdad se había pasado de la raya, y esta vez, no podía dejarlo pasar.
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Conduje el coche por el camino de entrada a la residencia Cullen y apagué el motor. Dejándolo estacionado a unos metros de distancia de la puerta principal, salí de un salto y subí corriendo los escalones para tocar el timbre agresivamente. Eran casi las diez de la noche, y no podía recordar que una visita viniera a la casa a esa hora de la noche sin que hubiera una fiesta.
Después de un minuto, una mujer de apariencia molesta con uniforme de sirvienta abrió la puerta, pero antes de que pudiera saludarme o preguntarme qué quería, ya había pasado junto a ella de camino al estudio. Estaba seguro de que lo encontraría ahí ya que pocas veces pasaba lo noche en otra parte.
Sin molestarme en tocar, entré furioso para encontrar al doctor Cullen frente a su escritorio con un vaso lleno de whiskey en su mano y unos papeles frente a él. No estaba seguro de qué exactamente iba a suceder, pero sabía que, esta vez, no me iba a contener. De modo que, con una última idea clara, cerré la puerta detrás de mí pero no sin azotarla con fuerza, lo que provocó que sus fríos ojos azules se levantaran de golpe de los papeles sobre su escritorio.
"Eres un hijo de puta," comencé a decir al cruzar la habitación, solo deteniéndome justo frente al escritorio.
"Cuida tu lenguaje," me siseó con los ojos entrecerrados. "¿Qué estás haciendo aquí? ¿No te dije que ya no eras bienvenido?"
Erizado por la rabia, me agaché y puse mis manos sobre la superficie de madera. "¿Quién eres tú para decirme que cuide mi lenguaje? Voy a decir la mierda que quiera. Perdiste todo derecho a sermonearme cuando trataste de conseguir que mi novia me dejara y me quitara a mi bebé, bastardo enfermo. Y sobre el que me hayas corrido de la casa, no te preocupes. Me iré nada más diga lo que pienso." Por supuesto, Bella no me había dicho nada, pero podía suponer sin temor a equivocarme que hasta ahora estaba en lo correcto, a juzgar por la ausencia de respuesta.
"Entonces, ¿te contó sobre nuestra pequeña… conversación?" Una sonrisa malvada jugaba en torno a su boca. "Estaba seguro que se lo guardaría. Bueno, ahora puedo ver el atractivo. Aparte del vientre, es una mujer muy atractiva, y puedo imaginar que es una fiera en la cama. Aunque es algo atrevida, esa pequeña zorra. En lugar de tomar mi dinero, ¿corre y llora contigo?" Sacudió la cabeza con incredulidad. "Estaba seguro que la tenía cuando me fui."
Era difícil controlar mi ira cuando no deseaba nada más que agarrar a mi padre por el cuello de su camisa y golpearlo en la cara. Pero eso no me llevaría a ninguna parte, así que apreté los dientes y hablé tan tranquilo como pude. "¿Pensaste que podrías comprar a Bella? Maldita sea, no tienes idea. Tal vez el dinero mueve tu mundo pero no significa nada para ella." Mi corazón latió violentamente con amor por ella cuando me di cuenta de cuán cierta era esa declaración.
"No creo eso, pero no es a lo que me refiero. Traté de hacerle ver que ustedes dos se dirigen a un completo desastre cuando tu carrera se vaya al infierno, y tú la culpes por ello," dijo él. Lo dijo con tanta indiferencia; como si fuera la cosa más normal del mundo.
Oh. Dios. Mío. Él es el hijo de puta más enfermo que he conocido. "¿Usaste chantaje emocional con una mujer embarazada? Eres un puto monstruo," grité, agarrando el pisapapeles y lanzándolo al otro lado de la habitación.
Eso finalmente captó la atención de Carlisle, y pareció darse cuenta que estaba de verdad furioso. Clavándome sus penetrantes ojos, se levantó de su silla y también se apoyó en la superficie del escritorio; siendo la monstruosa pieza de accesorio lo único que nos separaba.
"No te atrevas a hablarme así," escupió. "Siempre he tenido en mente lo que es mejor para ti. Todo lo hice por ti, porque eres demasiado débil para encargarte tú mismo de tu indiscreción." En ese momento estaba que echaba humo de la rabia.
Solté un resoplido, sacudiendo mi cabeza con incredulidad. "Joder, tienes que estar bromeando. Todo lo que has hecho en tu vida, o la mía, fue para tu beneficio. Nunca me preguntaste lo que yo quería o necesitaba. Todo lo que hiciste fue reprenderme y decirme lo que estaba haciendo mal. Pero eso va a terminar ahora." Golpeé el escritorio con mi puño para enfatizar mi punto. "No vuelvas a acercarte jamás a Bella o a nuestro bebé. Tú y yo, hemos terminado."
Carlisle se enderezó y caminó los pocos pasos para rodear el escritorio y quedar a solo medio metro de mí, golpeando mi pecho con su dedo extendido.
"No te corresponde decirme qué hacer, hijo. Aquí sigo siendo el que está a cargo."
Estaba agradecido de haber tenido el tiempo de pensar bien todo en mi viaje de una hora a la casa, y no pude ocultar del todo la pequeña sonrisa de satisfacción en mi rostro.
"Eso crees, ¿eh?" Le hablé despacio y con seguridad. "Bueno, te diré que va a ocurrir. Si alguna vez me entero de que siquiera miraste a mi familia de nuevo, entonces me aseguraré de que cada colega y miembro de tus preciosas organizaciones benéficas sepa cómo no solo repudiaste a tu propio hijo sino que también trataste de obligarlo a que abortara su hijo y trataste de sobornar a su novia. Y si eso no es suficiente, remataré contando tus actividades extramaritales a cualquiera que esté dispuesto a escuchar."
Le sostuve la mirada, bañándome en la sensación de tener por primera vez la ventaja.
Sus ojos se ampliaron casi imperceptiblemente, pero lo conocía lo bastante bien para ver que lo había puesto nervioso. "No tienes ninguna prueba," respondió con arrogancia, pero noté una pizca de duda.
Utilicé eso de lleno. "No son necesarias las pruebas para que los chismes destruyan una reputación."
"Estás jodiendo con la persona equivocada, Edward. ¡Te voy a arruinar en el hospital!" Sabía que estaba disparando su último cartucho, y una sonrisa engreída se extendió en mi rostro al mismo tiempo que me encogía de hombros y me daba la vuelta para caminar hacia la puerta.
"¡Adelante! Mañana voy a entregar mi renuncia de todos modos. Me voy del Nortwestern Memorial." Aliviado en un extraño éxtasis, giré el pomo de la puerta, pero me detuve cuando mi pa… su voz habló una vez más. "Entonces, ¿qué vas a hacer con tu vida?"
Abriendo la puerta y sin mirar atrás, le respondí. "Eso ya no te incumbe. No somos nada. Adiós, doctor Cullen."
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De vuelta en casa, mi sensación de euforia había desaparecido por completo. Después de vivir con Bella por tres meses, era extraño y doloroso saber que no estaría ahí en el sofá, esperándome, sonriendo cuando atravesara la puerta.
Ya que no había nada que hacer para mí o alguien con quien hablar, me fui directo a la cama, o más bien al sofá. Aunque Bella no estaba en casa, todavía consideraba la cama suya. No pasaba una noche sin que deseara estar ahí con ella, abrazándola o haciéndole el amor, pero me juré a mí mismo que no la presionaría a nada. No me haría ningún bien.
Para las dos de la mañana, después de dar vueltas y vueltas por horas y bebiendo una buena cantidad de Jack, por fin caí en un sueño inquieto, soñando con Bella en un largo vestido blanco.
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BPOV
*Inmediatamente después de que Carlisle se fuera y de la llamada a Rose*
"Bells, tienes que calmarte. La forma en que te estás preocupando no puede ser buena para el bebé." Rosalie rodeó mis hombros con sus brazos y me puso en un reconfortante abrazo.
Me había sentido aliviada cuando mi mejor amiga llegó al departamento solo quince minutos después de que la llamé en pánico y le pedí que me recogiera. Después de la visita del doctor Cullen, estaba tan fuera de mí, pensando hasta llegar a la histeria, el único escape que pude imaginar fue alejarme de todas las cosas relacionadas con Edward para pensar claramente sobre lo que su padre me había dicho.
Rose se presentó, y después de solo mencionar a mi anterior visitante, ella se hizo cargo enseguida y me empacó una pequeña maleta mientras me decía que agarrara mi computadora. Titubeé por un momento cuando pensé en llevarme mi libro de cuero negro. Acostumbraba llevarlo conmigo a todas partes la mayor parte del tiempo, monitoreando hasta lo más mínimo durante mi embarazo, pero era un regalo de Edward, y sentí una puñalada al recordar sus amables palabras la noche que me lo dio.
Sabía que el que me fuera lastimaría a Edward, y el no saber cuándo y si volvería me paralizó, pero necesitaba la distancia para tomar decisiones importantes.
"¿Estás lista para irte?" Rose preguntó al volver a salir de la recámara.
Tenía un nudo en mi garganta, imaginando a Edward llegando a casa y preocupándose, pero por ahora, tenía que irme. Por lo que solo dije "sí" con voz ahogada.
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"Ahí estás, Bells." Rose me dio un taza de humeante té herbal. "Esto debería ayudarte con los nervios."
Le articulé un bajo gracias, luego soplé sobre el líquido antes de tomar un sorbo. Sentir la caliente infusión bajando por mi garganta hizo que me relajara un poco.
"Así que, ¿qué pasó con papito querido?" Preguntó, poniéndose cómoda en el sofá. Aunque había insistido en no molestarla, ella nos llevó a su departamento y demandó que me quedara con ella hasta que tomara una decisión final sobre lo que quería hacer.
Mi mirada permaneció en el contenido color caramelo de mi taza por un minuto antes de que estuviera lista para revivir mi conversación con el padre de Edward.
"Trató de sobornarme," le confié a mi amiga, cuyos labios normalmente llenos se convirtieron en una fina línea. Aparentemente, no iba a decir nada, así que continué. "Afirmó que estaba mintiendo y que el bebé no era de Edward como para asegurarme cierta posición social y financiera. Empezó ofreciéndome medio millón de dólares para firmar una acuerdo de confidencialidad e irme sin dejar rastro."
La mandíbula de Rosalie se abrió al instante cuando mencioné la suma. "¿Medio millón de dólares? Wow. Eso es mucho dinero. Realmente tiene un problema con que estés vinculada a su hijo."
"Eso no es ni la mitad." El repentino timbre de mi teléfono me sobresaltó un poco y detuvo mi explicación. No necesitaba mirar para saber quién me estaba llamando.
El turno de Edward había terminado hace más de una hora y debía haber llegado a casa para encontrar que no estaba.
"¿No quieres tomar su llamada?" Rose me preguntó con prudencia.
Sentí las lágrimas inundar mis ojos pero solo sacudí la cabeza en negación. "No puedo. No sé qué decirle." Mi voz se quebró con las últimas palabras. Sabía que, si escuchaba su voz, me sentiría nostálgica y no podría tomar una decisión racional.
"Muy bien, entonces. Supongo que vivirá si tiene que esperar un rato." No sonaba convencida pero tampoco discutió. "Entonces, le dijiste al pendejo que no lo harías, ¿verdad?" Rose me preguntó con una ceja levantada, reanudando nuestra anterior conversación.
"Por supuesto. Le dije que el bebé era sin lugar a dudas de Edward, y que nunca les haría eso a ninguno de ellos." Tomé otro sorbo de té.
"¿Qué dijo él?" Rose desplazaba su peso con nerviosismo.
Clavé mis ojos en los de ella. "Setecientos cincuenta mil."
Casi se salieron sus ojos. "Maldición, esa es una fortuna. Qué lástima que Edward es el verdadero padre y un tipo agradable."
Al escuchar su comentario, se me escapó un resoplido. "Una vez más, me negué a aceptar, insistiendo en que era su nieto. Él me dijo que no le parecía una puta y que tenía talento para negociar. Luego elevó su oferta una última vez a un millón de dólares."
"¡Qué me jodan!" Rose se dejó caer hacia atrás en el sofá, riéndose para sí misma sin humor. "¿Un millón de dólares? ¿Un. Millón. De. Dólares? Mierda, no sabía que Edward fuera así de rico."
"No creo que Edward sea así de rico," diferí. Mi teléfono zumbó con un mensaje entrante que me esforcé por ignorar. "En fin, lo rechacé una última vez, tratando de hacerle ver que no iba a lastimar a Edward o al bebé al mantenerlos alejados el uno del otro."
Rosalie se volvió enderezar en su asiento y se puso seria de nuevo. "Entonces, te negaste a tomar el millón de dólares por dejar al padre de tu hijo. El dinero te hubiera venido bien, pero el tipo está loco." Tomó un sorbo de té, luego se me quedó mirando fijamente. "Pero, ¿por qué estás tan molesta? Sabes que es un pendejo y no quiere que el bebé sea oficial. No debía haber sido una sorpresa para ti. ¿Qué te tiene tan preocupada de repente?"
Mordisqueé mi labio inferior, una vez más ignorando una llamada hasta que se desvió al buzón de voz. "Todavía no había terminado. Cuando se dio cuenta que no estaba mordiendo el anzuelo, me dijo lo que tener un hijo fuera del matrimonio y con alguien como yo significaría para la reputación de Edward y su carrera."
Se me quedó mirando con escepticismo. "¿Qué tan malo puede ser? No estamos en la Edad Media después de todo."
Pasando mi dedo medio por el borde de mi taza, me quedé mirando al té marrón. "Lo sé, pero al parecer, los hospitales todavía funcionan de la forma antigua. Junto con experiencia médica, las promociones se dan de acuerdo al criterio social y tener un bebé con una mujer de un nivel social más bajo te mantiene en el rango más bajo." Mi movimiento se detuvo cuando me preparé para admitir lo que me había preocupado más. "Dijo que ninguna mujer de su círculo social consideraría salir con Edward de nuevo si él reconocía a un hijo ilegitimo. El doctor Cullen predijo que, eventualmente, Edward me odiaría y sentiría resentimiento hacía el bebé por arruinar su vida." Las últimas palabras fueron apenas más fuertes que un susurro.
Sin atreverme a levantar la vista y ver que Rose estaba de acuerdo, mantuve la mirada en la taza en mis manos, removiéndome nerviosa.
"Le creíste, ¿no es así?" Su voz suave estaba seria.
"Sí—no… no es que le haya creído sino que confirmó lo que he estado temiendo todo este tiempo: que Edward despertará un día y se preguntará que ha estado haciendo con Frijolito y conmigo." Solté un largo suspiro y sentí que un poco de la tensión me dejaba a medida que las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.
De pronto, la taza fue retirada con cuidado de mis manos cuando Rose me envolvió en sus brazos y me puso en un reconfortante abrazo. "O, cariño," murmuró cuando el primer doloroso sollozo escapó de mi garganta. "Vamos, llora si lo necesitas, luego discutiremos esto, ¿está bien?"
Su mano subía y bajaba por mi espalda mientras mis lágrimas saturaban su camiseta blanca. Incluso en mi ataque de llanto, recordé lo que se sentía cuando Edward me abrazaba a su pecho para tranquilizarme cuando mis estúpidas hormonas de nuevo me gastaban una broma. Me sentí mal al anhelar su abrazo en vez del de mi mejor amiga.
Poco a poco, mi llanto disminuyó y Rose me dio un pañuelo para soplarme la nariz y secar mis ojos.
"Ahora, vamos a analizar lo que pasó hoy, ¿de acuerdo?" Asentí, titubeante, y ella continuó. "¿Cuáles crees que eran las intenciones del doctor Cullen cuando decidió visitarte hoy?"
Lo pensé por un segundo. "Quiere que desaparezca de la vida de Edward."
"Y cuándo se dio cuenta que no podía sobornarte, trató de usar la culpa para que te fueras." Tuvo completo sentido cuando lo dijo de esa forma. Demonios, incluso yo había sentido como si estuviera tratando de engañarme en el momento, pero aun así, había puesto el dedo en la llaga.
"Pero, ¿qué pasa si él tiene razón? ¿Qué pasa si Edward se arrepiente más tarde de su compromiso?" Hasta hoy, no había estado consciente de que la idea me había estado consumiendo, pero después de las palabras del doctor Cullen, fue difícil enviarla de vuelta a los recovecos de mi mente.
"¿Te ha dado Edward alguna indicio que no esté cien por ciento seguro de lo que está haciendo?" Preguntó Rose, deteniendo mi depresivo monólogo interior.
Podía responder su pregunta sin tener que pensarlo mucho. "Nunca."
"¿Y crees que él quiera ascender por la proverbial escalera médica y tomar posiciones más altas?" Continuó.
No habíamos hablado antes de eso, pero de la forma en que lo veía, estaría satisfecho con solo tratar y sanar a niños.
"No lo creo," respondí dócilmente.
"Entonces, ¿de qué crees que se arrepentiría?" Le expresión de Rose mostraba confusión.
Tuve que tragar para decirlo en voz alta. "La parte dónde ninguna mujer lo querría con un niño."
Rose se aguantó la risa. "Bella, sé que no estás lista para toda la verdad, pero déjame explicártelo de esta forma: no creo que a Edward le gusten las mujeres de la alta sociedad. Además de esa mujer Tanya, solo ha salido con la parte más baja de la cadena alimenticia. De modo que creo que puedo decir sin temor a equivocarme que no habrá ningún problema en ese aspecto."
Tenía sentido lo que decía. Tal vez no tenía que preocuparme tanto.
"Repetidas veces le has dado una salida, y todo lo que siempre hace él es entrelazar aún más sus vidas. Te lo prometo, él nunca se arrepentirá de la decisión de ser un padre para su hijo." Rose habló con tanta convicción que no había forma de no creerle.
Ahora que me sentía más calmada, repentinamente me di cuenta que mi vejiga estaba a punto de estallar y Frijolito parecía estarse divirtiéndose en grande pateándola. Así que me disculpé para ir al baño.
Me tomé mi tiempo, lavándome las manos y arrojando un poco de agua a mi rostro para quitar las manchas de las lágrimas.
Cuando regresé a la sala, Rose estaba jugueteando inquieta con un almohadón que había colocado en su regazo, viéndose algo culpable.
"¿Qué pasó?" Me senté junto a ella.
Sus ojos se clavaron a los míos, y supe que había algo que sentía que tenía que confesar.
"Bells, espero que no te cabrees, pero llamé a Edward." Sus cejas se elevaron expectantes, y sentí que mi respiración se aceleró un poco. "Estaba preocupado. Solo le dije que estabas bien y que estaba cuidando de ti. Estaba completamente fuera de sí."
La idea de Edward preocupándose por mí y el bebé apretó mi corazón. De nuevo, desee estar cerca de él, pero no podía. Todavía no.
"Bells, ¿cuándo regresarás con él?" Rosalie inquirió con un tono dudoso. "¿Quieres que te lleve de vuelta a casa?"
"Esta noche no, Rose. No sabría que decirle en este momento," le respondí en voz baja.
Su frente se arrugó en confusión. "¿Decirle? ¿Sobre qué?"
Había una cosa que no le había contado, la única cosa que todavía pesaba en mi mente.
"El doctor Cullen dijo que quería que Edward me hiciera abortar." Rose jadeó, y me sentí asqueada tan solo con hablar de ello. "Edward nunca me lo dijo. Nunca me dijo que su papá quería que el bebé y yo desapareciéramos. Solo dijo que estaba tratando de convencerlo de que no reconociera al niño. ¿Por qué no me lo dijo, Rose? ¿Por qué me dejó desprevenida para la emboscada de su padre?"
Mis ojos se estaban llenando de lágrimas una vez más, y luché por controlarme.
"Estoy segura que no quiso preocuparte. Ya que él estaba seguro de su camino, no pensó que fuera necesario hacerte sentir mal de esa forma." Tomó mi mano en la suya y la apretó para tranquilizarme.
Me sorbí la nariz, luego la limpié. "Pero él me mintió, Rose."
"No lo llamaría necesariamente una mentira," mi mejor amiga dijo vacilante. "Fue solo que no te dijo toda la verdad."
"Se le llama mentir por omisión, y duele. Me pregunto que más vio necesario ocultarme para no preocuparme." Eso era lo que en realidad me molestaba. Si había sido deshonesto una vez, ¿quién decía que era la única vez?
"Tienes que hacerle esa pregunta a él. No seas tan dura con el tipo, cariño. Estoy segura que tenía las mejores intenciones. ¿Al menos le darás el beneficio de la duda hasta que pueda defenderse? Saliste corriendo y lo dejaste sin una forma de redimirse." Estaba abogando por Edward y con todas las peleas que los dos habían tenido en el pasado, significaba mucho más el que ahora, por decirlo así, estaba de su lado.
"Lo haré. Pero esta noche no. Estoy cansada, y necesito un poco más de tiempo para despejar mi mente. Necesito este descanso. ¿Está bien si me quedó aquí esta noche, y entonces probablemente regrese mañana?"
Sabía que regresaría al departamento tarde o temprano, pero necesitaba un poco de tiempo para comprender cómo me sentía sobre todas esas revelaciones. Necesitaba hablar con Edward porque solo él podía responder mis preguntas, pero no esta noche.
"Claro, Bells. Puedes quedarte tanto como quieras. Te lo dije, incluso puedes venirte a vivir conmigo si lo necesitas." Me atrajo en un reconfortante abrazo antes de que las dos nos preparáramos para dormir.
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Después de una noche particularmente inquieta con sueños demasiado reales, o debería llamarlos pesadillas, de Edward y su padre, desperté con un dolor de cabeza y nudos en mi estómago. Aunque mi mente había sido un embrollo, me había quedado dormida muy rápido, acariciando mi pancita como si le asegurara a su residente que todo estaría bien.
Había conseguido tragar dos cucharadas del cereal excesivamente dulce de Rose y media taza de té herbal antes de que ya no pudiera soportarlo y le pidiera a mi amiga que me llevara de vuelta al departamento de Edward.
Todavía era temprano por la mañana, y no estaba segura si estaría en casa o en el trabajo, considerando que sus turnos cambiaban de improviso desde el Día de Gracias.
Mi mano estaba temblando con aprensión cuando traté de poner la llave en la cerradura para abrir la puerta. Rose se había negado a solo dejarme e irse otra vez, así que estaba justo detrás de mí, cargando mi maleta. Al menos, pude convencerla que, si Edward estaba en casa, preferiría hablar sola con él y ella se iría sin decir nada más. Después de una serie de fallidos intentos, finalmente pude quitar el seguro de la puerta y abrirla.
La sala estaba oscura con excepción de la lámpara en la mesita auxiliar, que estaba a media luz. Pude ver a Edward en el sofá, dormido. Sus brazos abrazando una almohada con fuerza y su rostro hundido en la esponjosa tela. Rose también debió haber notado la presencia de Edward, porque dejó mi maleta en el suelo y llevó la mano a su oído con el pulgar y el meñique estirados, indicando que hablaríamos más tarde por teléfono, y luego se fue en silencio.
Al acercarme al sofá, noté un vaso sobre la mesita de café, todavía con un charco de líquido ámbar y una botella de Jack Daniels medio vacía a un lado. Eh. Se ve que ha estado bebiendo. La idea de Edward necesitando adormecer su preocupación o incluso el dolor, hizo que me tragara la culpa que aumentaba.
Me quité mi chaqueta y la colgué en el respaldo del sillón, luego me acerqué al sofá sin hacer ruido, poniéndome de cuclillas junto a la cabeza de Edward. Tan cerca como estaba ahora, al fin pude ver que su rostro no estaba relajado en un sueño pacífico, sino que su frente tenía arrugas por la preocupación, con sus labios apretados con fuerza.
Sin una orden consciente, mi mano se extendió y las yemas de mis dedos trataron de alisar las inusuales líneas en su rostro angelical. De pronto, sus ojos se abrieron y sus preciosas orbes verdes se fijaron en mí con atención.
"Regresaste," susurró, con incredulidad.
Las palabras me fallaron cuando sus ojos me mostraron el profundo miedo dentro de él, así que solo asentí hasta que Edward me atrajo en un fuerte abrazo. "Tenía miedo que nunca volverías," dijo con voz estrangulada mientras continuaba aplastándome a él. "Por favor, nunca me vuelvas a dejar." Su súplica sincera hizo que mi pecho se contrajera dolorosamente.
"No lo haré," me apresuré a asegurarle, luego me aparté para poder mirar su rostro. "Pero tenemos que hablar."
Los ojos de Edward se abrieron por la sorpresa, luego se cerraron y asintió derrotado.
"Oye, no me volveré a ir, ¿está bien? ¿Por qué no tomas una ducha? Te prepararé el desayuno y continuaremos desde allí." Necesitaba que supiera que no iba a huir de nuevo.
Me miró a los ojos una vez más, probablemente para averiguar si estaba diciendo la verdad, luego se levantó del sofá y se encaminó al baño.
Todavía me sentía intranquila con todo, pero estaba de nuevo en casa, y después de hoy, no quedaría nada que pudiera interponerse en el camino de nuestra familia.
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Bueno, después de todo papito querido no se salió con la suya. Pero estos dos todavía tienen que resolver algunos asuntos pendientes. Bella solo quería algo de tiempo para pensar racionalmente y no pensó que podría hacerlo en el departamento de Edward, lo bueno es que Rose la hizo recapacitar y darse cuenta que Edward en verdad quieren ser el padre de Frijolito y estar con ella. Pero, ¿será que todavía acepté vivir con él? Bueno, ya lo veremos. ¿Y qué les pareció ese enfrentamiento entre Edward y su padre? Como siempre, saber su opinión :)
Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Lady Grigori, LOQUIBELL, AliciaGA, Aline, Sony Bells, thranbely green dankworth, Ericastelo, Brenda Cullenn, somas, Manligrez, Adriu, torposoplo12, Shikara65, Diablillo07, Antonia, paosierra, Tata XOXO, cary, Gabriela Cullen, LeslieeMariia, soledadcullen, Hanna D.L, sonia sandria, injoa, Sei, dushakis, lagie, Sofa, Anastacia T. Crawford, tulgarita, patymdn, lizdayanna, bbluelilas, Jazmin Li, freedom604, Schatzie0713, Roxy Sanchez, Sully YM, glow0718, Pam Malfoy Black, ginnicullenswan, Yoliki, Mafer, Bertlin, y algunos anónimos. Nos leemos en el siguiente capítulo.
