Autora del fic: Nolebucgrl
Traducido por: Ligia Rodríguez Morel
Beta: Jocelynne Ulloa
Fanfiction addiction (Twilight).
EPOV
― ¿Fue aquí?― Lo ignoré, y continúe guardando mis cosas en mi casillero, como si él no estuviera acechando detrás de mí.
― ¿Aquí? ― No piqué el anzuelo, y seguí apagando mi celular y cerrando mi casillero.
―No fue el mío, ¿o sí? ― Sonaba preocupantemente emocionado por la idea de que hubiera podido ser en su casillero que Bella y yo lo hiciéramos, así que finalmente lo miré.
―Em, ¿cuál es tu maldito problema? ¿Por qué estás tan condenadamente interesado en saber el lugar? ― Me tomó todo mi control no mirar al lugar, porque, maldita sea, ese casillero en cuestión sería por siempre sagrado para mí. Tal vez debería construirle un altar en frente como aquel tipo en Ligas Mayores. Pensar en alguien usando a Buddha para celebrar un encuentro sexual no era la mejor idea. Sin embargo, creo que el tipo ese, Jobu, si estaría a favor de ella.
―Porque, hombre, ¡es algo importante! ― Sus ojos azules estaban cómicamente abiertos. ―Necesitamos marcar el sitio y honrarlo por toda la eternidad. Viviste el sueño. ¡No te lo guardes para ti!― El hecho de que nuestros pensamientos estén casi alineados me perturbaba. Claramente, he estado compartiendo con él demasiado tiempo.
Antes de haber articulado esa idea, un Jasper sin camisa pasaba con un pote del desinfectante Lysol. Roció todo su casillero antes de abrirlo y tomar su ropa. Emmett explotó en risas y yo empecé a soltarle un sermón.
― ¿Qué carajos hombre?
Jas hizo una mueca con su hombre antes de tomar la camiseta para entrenar.
―Sólo en caso de que el mío haya sido el lugar escogido.
Suspire y pasé mis manos por mi cabello.
―Aunque hubiera sido ese, no me vine sobre él.
― ¡Fue aquí! ― Gritó Emmett triunfante, empujando a Jasper y pegando casi su cara del metal. Arrugó su nariz mientras el olor a pino del Lysol lo asaltaba. ― Lo arruinaste―, acusó, mirando un poco más en perspectiva.
― ¡No fue en el de Jasper! ¿Pueden dejar de ser tan imbéciles?― Demandé. ¿Por qué, exactamente, había aceptado venir a entrenar con ellos en nuestra semana libre? Pude haber entrado en casa y evitar esta provocación. Ninguno de nuestros compañeros del equipo estaba aquí. Era un punto fuerte por el cual ser molestado, claramente.
Jasper empujó a Emmett lejos de su camino antes de cerrar su ahora descontaminado casillero.
―Más vale prevenir que lamentar, amigo.
― ¿Disculpa? A Emmett le hubiera gustado que hubiera sido en su casillero creo. Me sorprende que no haya traído algún microscopio y guantes.
Emmett frunció el ceño y se dejó caer en el banco.
―En serio lo iba a hacer. Rosie me dijo que era demasiado y me prohibió traerlos―. Rodé mis ojos y el hizo muecas nuevamente. ―Vamos, seductor en casilleros, sabes que sólo estoy molestándote. Estoy celoso como el demonio.
Respiré hondo por varios segundos antes de darme por vencido y sacudir mi cabeza.
―No sé por qué les digo las cosas.
Emmett se rió.
―No me lo dijiste, me lo imaginé―. Estaba brillando de orgullo. Pensarías que acabamos de ganar el Super Bowl o algo así.
―Porque algo anda realmente mal en ti. ¿Quién asumiría que tuve sexo con Bella inmediatamente después que escuchara que me entrevistó aquí?
Jasper pestañeo.
― ¿Cualquier hombre con sangre en las venas que haya jugado algún deporte o haya estado en un vestuario? Vamos, Edward. Si Alice fuera reportera y tu escucharas que ella me entrevistó luego de un juego, ¿Qué pensarías? ―. Una imagen de Jasper empujando a Alice contra los casilleros se filtró en mi cerebro. Demonios, él estaba en lo cierto.
―Aun así―, Murmuré mientras ambos reían como hienas.
―Hey, tienes suerte de que Emmett solo está tratando de encontrar el lugar. Esta es la única vez que pienso que pondría de lado mis sentimientos de hermandad hacia Bella para escuchar cada detalle―. Lo taladré con la mirada y él levantó sus dos manos. ―No estoy preguntando, estoy diciendo. ¿Fue candente, cierto?
Emmett se sentó con impaciencia. Ambos me miraban como perros rogando por un hueso. Me reí entre dientes.
―Fue por mucho, el momento más caliente en mi vida entera.
Em y Jas suspiraron y lo siguiente que supe fue que Emmett me daba un abrazo de oso.
― ¡Lo sabía! Eres un hombre con suerte, Casanova.
― ¿Crees que no lo sé? Bájame Emmett. Tengo cosas que hacer.
Me bajó nuevamente y me soltó.
― ¿Qué tienes que hacer? Pensé que veníamos a entrenar.
Suspire.
―Y así fue, pero necesito encontrar al entrenador y contarle lo de Bella. No creo que realmente le importe, pero puede ser que necesite saberlo antes de que toda esto se ventile. Luego necesito llamar a Victoria―. Ansiaba ver su reacción. ―Ella estará realmente enojada de que estemos juntos. No puedo esperar para decírselo.
― ¿No más soltero codiciado para las portadas de las revistas huh? Parecía que no le molestaba cuando salías con la diabla―. Jasper sacudió su cabeza.
―Tanya era famosa. Bella no lo es. En su cabeza, solo eso cuenta.
― ¡Que se joda! ― Gritó Emmett. Sorprendiéndonos a ambos. ―Trasero caliente vale lo que un millón de Stalins. Si te viene con cualquier mierda, despide su estúpido trasero.
Yo tuve la misma idea, pero ahora mismo tenía otras cosas de las que ocuparme.
― ¿No la llamaras trasero caliente en su cara, verdad? Tu mensaje de texto la enfadó mucho anoche, aunque lo aguantó hasta decírmelo cuando íbamos en el carro―. No es que me importe. Una Bella enojada era algo muy sexy y caliente y ayude a que sacara toda esa agresividad fuera de un modo muy satisfactorio para los dos.
La sonrisa de Emmett se ensanchó.
―Oh no, tengo otras cosas en mi mente para ella. Además, estoy seguro que te equivocas. Difundí tensión con mi acertado mensaje de texto.
― ¿Tensión? El único que estaba tenso era yo. Mi madre estaba diciendo todos esos comentarios sexuales; era como mi propio infierno. No sé qué se le metió―. Mi mamá siempre es divertida, pero anoche se pasó. ― ¿Cómo demonios supieron lo del trasero caliente igualmente?
Emmett hizo una mueca.
―Como soy tu mejor amigo, sus dos camaradas del periódico me acorralaron cuando me estaba yendo ayer. Me preguntaron quién era la castaña con el trasero caliente.
― ¿Y qué les dijiste?
Rodó los ojos.
― ¿Qué crees que les dije? Les dije que yo era tu trasero caliente. No te sorprendas cuando lo digan mañana.
Bueno, eso explica algo.
―Idiota, ¿por qué mi mamá de repente estaba hablando de las Kardashians o algo así?
Jasper aclaró su garganta.
―Bueno, puede que haya mencionada lo propensa que es Bella a decir cosas vergonzantes cuando estaba tensa―. Mi mandíbula se abrió y él se sonrojo. ―Tenía el presentimiento de que haría algo así anoche y quería advertir a tus padres para que no la miraran como si estuviera loca y la mandaran a correr por la colina.
Bueno, eso ciertamente explica por qué estoy traumatizado de por vida. Librerías y fiestas de máscaras y dedos, ¡Dios mío! Aun así estaba agradecido. Prefiero cargar con estas horribles imágenes mentales de mis padres que tener a Bella incomoda e infeliz alrededor de mi familia.
―Gracias hombre―. Él me miró cuidadosamente. ―No, en serio, me refiero, no te agradezco por el trauma de haber escuchado algunas implicaciones graves sobre mis padres y el sexo público…
― ¡Hey! ― Emmett gritó, cubriendo sus oídos. ―No quiero escuchar esas cosas sobre mamá y papá. Es suficiente malo con saber que lo hicieron una vez para hacerte a ti―. Sí, realmente estaba pasando mucho tiempo con Emmett. Esto era perturbador.
Reí.
―Si yo tengo que escucharlo, tú también deberías. Pero, por loco que parezca, eso hizo menos visible cuando Bella cometía sus errores―. Sonreí mientras recordaba la mortificación de su rostro cuando alabó los dedos de mi padre.
― ¿Cómo les fue? ― Preguntó Jasper.
―Genial, realmente. Mis padres la amaron y creo que a ella les cayeron bien, luego de pasar los comentarios―. Volteé mi cabeza hacia Emmett. ―Mamá llamó a papá el Amo de la carne de nuevo.
Emmett empezó a reír tan fuerte que hubiera tumbado el banco, por lo que Jasper lo estabilizó sosteniéndolo.
―Oh, mierda, hubiera pagado millones por ver la cara de Bella cuando eso pasó.
Sonreí ante el recuerdo.
―Fue memorable. Se atoró con agua, pero contrario a otras personas, se controló y lo guardó para ella.
― ¡Hey! No puedo esperar escuchar que a tu viejo le dicen el amo de la carne y no reírme―, Emmett se defendió ruidosamente. ―Ahí estaba yo, inocentemente, conociendo a la familia por primera vez y tu madre me suelta eso. ¿Existe alguna duda de que es mi madre ahora también?
Me reí entre dientes.
―Bella le preguntó a mamá si te había dado a luz sin saberlo.
Jasper resopló.
―Ella se hubiera dado cuenta si algo gigante hubiera pasado por su canal de natalidad.
Emmett le pegó en el brazo y Jasper hecho hacia atrás, apenas agarrándose para no caer al piso.
―Ella hubiera estado emocionada de tenerme. Yo era un bebe perfecto.
― ¿Si? ¿Y qué pasó contigo? ― Ellos empezaron a luchar y yo me apresure a salir de su camino.
― ¿Necesitan privacidad? Si desbaratán sus propios casilleros estaría feliz de dejarlos hacerlo―. Dejaron de luchar y me dieron una idéntica mirada de sorpresa.
― ¿Cuántas veces debo decirte, que si yo me volviera gay, sería por ti? Preguntó Emmett, parándose y dándole a Jasper una mano para ayudarlo a pararse.
―Bueno, era a él a quien tocabas por todas partes. Es un error fácil.
Emmett se lanzó hacia mí y yo salté lejos de su camino.
―Hey, si estás celoso estoy seguro que puedo darte algo de atención a ti también. Día de la mujer. Puedo ver por qué Bella te encontró tan irresistible.
―Mantén tus manos lejos de mí, Em. Soy hombre de una sola mujer.
Hizo una mueca. ―No soy una mujer.
―Lo que es una razón aún mejor idiota.
―Tal vez deba comprarte en la subasta, y dejarle a todas esas chicas su dinero―. Sus ojos se iluminaron con alegría ante la idea y no me quedó idea de que me compraría solo para hacer una escenita.
― ¡No te atrevas! Bella me va a comprar.
― ¿Qué? ¿La vas a quebrar? ―Jasper meneo su cabeza, ―Alice ha estado hablando con ella pero la última vez que hablamos todavía decía que no pagaría por ti.
―No yo. Mi mamá lo hará. Ella acabó con cualquier tentativa que lance sobre por qué no era una buena idea. Y Bella no aguantó―. Me sentía un poco mal al respecto, pero no le dije a mamá que no la arrinconara de esa manera. Lo habría hecho a su manera. Y yo realmente, verdaderamente quiero que Bella me gane. Más allá de no querer pasar una velada con una desconocida, preferiría mostrarle a mi chica a todos en la habitación, y luego de eso, al resto del país. Estaba increíblemente excitado sobre sólo sostener su mano en público. Era probablemente patético pero no puedo evitarlo.
―Está bien, si Bernstein va a comprarte, entonces no pujaré por ti―. Emmett lucía un poco triste ya que su nueva broma se veía frustrada. ―Compraré a Jasper.
―Con un demonio que lo harás― replicó enojado.
―Alice no la hará, ¿o sí?
―No. Está con Rose. Piensa que sería divertido verme pasar una velada con otra cita.
― ¿Por qué nos tenía que tocar mujeres que estuvieran tan malditamente seguras en nuestras relaciones? Espero que me compre una lindura. Decía Emmett malhumorado.
―Nadie será más caliente para ti que Rose―, señalé.
El dio un gran suspiro. ―Lo sé. Ella también lo sabe. Cree que es gracioso. Es tú culpa que esté haciendo esto.
― ¿Mi culpa? Como yo lo recuerdo, cuando mencionaron la idea, tú fuiste el primero en apuntarte, luego de llamar a Rose―. Esto no fue idea mía, maldita sea.
―Bueno, pensé que sería divertido tener mujeres peleando por mí―. Su cara resplandeció. ―Y lo será"
―Espero que te compre la vieja Señora Fuller―, le dije.
―Hermano, ¡eso es cruel! ― Abigail Fuller era una aproximadamente vieja de noventa años a la que le gustaba contar todas las historias de cada uno de sus hijos, que resultaba que eran perros. Era una gran filántropa y nos la encontrábamos en la mayoría de los eventos a los que íbamos.
―Estoy seguro de que ella querrá contarte como Muffy parió a sus hijitos en el medio de su cama―. Jasper dijo, sin intentar contener la gracia que le hacía pensar en la Señora Fuller pujando por Emmett.
―Como sea, ella puede comprarte a ti. Tú eres a quién le contó llorando sobre la muerte de Butch―. Me uní a las risas de Emmett, recordando la incomodidad de Jasper mientras le daba unos golpecitos consoladores en la espalda mientras ella ponía su cabeza en el estómago de él y se limpiaba con un pañuelo. Sospeché que en secreto ella era una viejecita pervertida, usando sus lágrimas para acercarse a cualquier hombre joven que le pasaba cerca.
―Esto va a apestar―, dijo Jasper moviendo su cabeza. ―De alguna manera sospecho que las chicas hermosas con tarjetas de crédito de papá no nos ganarán.
―Habla por ti. Mi chica sexy me va a ganar.
Ambos me miraron. ―Si no se acobarda― señaló Jasper. ―Quizá debería hacerle una llamada….
―Hazlo y mueres―, le dije.
Jasper levantó sus manos.
―Solo bromeaba hombre. No puedo esperar por ver a Bella pararse frente a todas esas personas y reclamarte como suyo.
Dios, eso era sexy.
―Yo tampoco.
― ¿Están ustedes aquí para entrenar o solo vinieron en su semana libre a sentarse en el vestuario y hablar de ustedes? Porque estoy seguro que puedo encontrar algo para ponerles a hacer.
Todos nos volteamos y vimos al entrenador Clapp, que nos escudriñaba a nosotros.
―Estábamos a punto de iniciar entrenador―, le dije.
―Me parece que estaban a punto de iniciar desde hace media hora. ¿Qué les parece si entrenan sudando un poco en vez de intercambiar recetas?
Emmett y Jasper se pararon y rápidamente atravesaron la puerta, Emmett haciéndole un saludo militar al entrenador mientras avanzaba.
―Uh, Entrenador, necesito decirle algo.
― ¿Qué es Cullen? Necesito ver el video del equipo de los Bear.
―Es solo; pienso que debe saber que estoy saliendo con una reportera del periódico The Republic.
―Cullen, ¿te parece que tengo vagina?
Lo mireé sorprendido. ¿Qué demonios? ―Um, no.
―Entonces me importa una mierda con quién sales. Mientras ella no te pregunte por el plan de juego, y tú no le adelantes nada, sal con quien te de la regalada gana. Sólo no tengan sexo los domingos.
Diciendo eso, se fue. Eso fue sorpresivamente fácil. No creo poder anticipar que vaya a ser lo mismo con Victoria, pero la llamaría y lideraría con ella más tarde.
XOXOXOXOXOXO
BPOV
Golpeé la puerta y Ted levantó la vista de su computador. Su expresión era indescifrable mientras me decía que pasara.
―Por favor, cierra la puerta Bella―. Lo hice y me hundí en la silla negra, poniendo lo mejor de mí para no hacer notar cuan condenadamente nerviosa estaba, aún Buddy me haya asegurado que todavía tenía un trabajo.
Ted se sentó cómodamente tocando sus dedos.
―Te debo una disculpa.
Mis ojos se ensancharon pero gracias a Dios mi mandíbula no. ¿Ted Gass, disculpándose conmigo? No dije nada para responder, porque honestamente no sabía que decir.
―Estaba fuera de contexto ayer, sugiriendo que posiblemente tendrías que elegir entre esto y, eh, tu novio―. Le di un cabeceo leve, porque, maldición, sí que lo estaba. ―Estaba sorprendido y en lugar de pararme a pensar, te dije todo lo que pensaba. Espero que sepas que no te estaba dando ningún ultimátum. Sólo pensaba en voz alta y considerando qué tan serio todo esto era para ti.
Me incliné un poco hacia adelante y finalmente encontré mi voz.
―Es muy serio para mí. Este trabajo es mi sustento y soy de esos pocos afortunados que en realidad ama lo que hace. Amo venir a trabajar todos los días. Amo ir a los partidos y hablar con las personas y escribir sobre ello. Me mataría tener que marcharme.
Él también se inclinó hacia adelante, apoyando sus codos en el escritorio.
―Pero lo harías.
No era una pregunta pero igual la respondí.
―Sí. Porque por más que ame esas cosas, a él lo amo más. Y si me doy vencida con él por culpa de mi trabajo, entonces dejaré de amar el trabajo.
― ¿Si renuncias a tu trabajo para estar con él, cambiarían las cosas entre ustedes?
Era una buena pregunta, pero sabía la respuesta a eso.
―No. Él nunca me pediría que dejara mi trabajo. Él les daría el acceso especial y cualquier cosa que pidan para asegurarse que me pueda quedar. Él no es ese tipo de personas.
Ted abrió y cerró los ojos. ―Y yo lo soy. O al menos eso piensas tú.
―No lo pensaba, al menos no hasta ayer.
Rápidamente sus ojos se abrieron.
―No lo soy Bella. Dije algo estúpido. Estaba sorprendido y sí, estaba molesto porque no lo habías dicho. Pudiste haber puesto al periódico en una posición incómoda si tu relación con él se hubiera revelado. Pudimos haber sido acusados de tener favoritismo, demostrado preferencias o tener información de dentro…― Se recostó nuevamente. ―Por todas las cosas que mencioné en la habitación de Buddy en el hospital, te pido disculpas, tenías razón. No podemos usar tu relación con Cullen, no importa qué tan ventajoso pudiera ser―. Me dio una sonrisa débil.
Le di una oportunidad y me acomodé en mi silla, relajando mi tiesa postura. Él estaba tratando de ser un hombre adulto y disculpándose y yo las iba a aceptar.
―Usted también tenía razón. Debí haberle dicho. Antes del domingo, pero en realidad no fue un conflicto de intereses. Buddy escribió sobre él y lo entrevistó. Yo solo recogí números y estadísticas. No es como si yo pudiera hacer gran cosa con eso.
Mi voz tenía un tinte un poco amargo y sabía que él lo había notado.
―No mostraste ninguna preferencia en tu artículo, como Buddy te lo señaló. Lo leí, lo firmé aprobándolo, y lo haría de nuevo, aun sabiendo lo que sé ahora. Hiciste un buen trabajo, Bella, y siento mucho que lo haya hecho menos ayer. Te defendiste muy bien y en verdad lo aprecio.
El contraste entre ayer y hoy es innegable. Pero, ayer había hecho una aberración. Ted y yo siempre nos habíamos llevado bien. Quizá todavía podíamos.
―Estuve feliz de hacerlo, y me alegra que pienses que estuvo bien.
Sus ojos grises brillaron con una emoción que no pude identificar.
―Lo hiciste mucho mejor que bien. Te iba a ofrecer el puesto hasta que Buddy vuelva a estar con nosotros.
¿Iba? Mi corazón se rompió un poco. Quizá había cambiado de opinión luego de hablar con Buddy ayer.
―Lo aprecio y entiendo que ahora pienses que no debes―. Pude ser madura con respecto a esto. Bueno, podía ser madura hasta que me fuera lejos de su vista y luego pudiera ir a casa, tirarme en la cama y llorar. Por extraño que parezca, no era mi cama en la que me veía. Era en la de Edward. Eso casi hizo que me sintiera mejor.
Ted exhaló, haciendo volar su canoso pelo sobre su frente.
―No te estoy quitando la oportunidad, Bella. Solo me siento menos entusiasmado de ofrecértelo.
Yo solté el aire que había estado conteniendo.
― ¿Entonces, todavía piensa dármelo?
El suspiró. ―Lo haré, pero con ciertas condiciones.
Lo sabía. Lo esperaba. Gracias Buddy, por prevenirme.
― ¿Y cuáles son esas condiciones?
―Primero, tú y Cullen deben sentarse a dar una entrevista a las chicas Gossip Girls antes del siguiente juego. Tenemos que tener la información en la calle y dejarla morir antes de mandarte de nuevo al campo.
Luché contra el impulso de rechazar eso de sentarme con Edward a hablar de nuestra vida privada. Buddy me lo había advertido y no me sorprendía. Pero eso no significa que esté feliz con la situación, pero si lo consideramos desde otra perspectiva, no era tan malo.
―Si, podemos hacer eso.
― ¿No necesitas confirmar con él primero? ― Ted lucía sorprendido y yo me hubiera reído de su expresión en otra circunstancia.
―Sí le dije, Edward haría cualquier cosa para asegurarse que yo pudiera conservar mi trabajo. Yo no le pediría que hiciera nada que lo comprometiera como jugador, y no le pediría que hiciera nada que nos comprometiera como pareja pero él ya había aceptado esto por encima de mí.
La boca de Ted se curvó en una media sonrisa.
―¿Buddy te llamó?
Yo le sonreí devuelta ―Edward lo llamó. Él fue, ― ¿Qué palabras usaría? ― molesto por cómo había resultado las cosas en el hospital y quería encontrar la mejor forma de asegurarse de que conservaría mi trabajo. Buddy le dijo que sentarse con Lauren y Jessica sería un buen inicio. Edward aceptó eso incluso antes de que yo lo hiciera.
La sonrisa de Ted se amplió más.
―Eso demuestra que tienes unos defensores fieros, Bella. Buddy estaba bastante molesto conmigo cuando te fuiste ayer. Tanto que estaba preocupado de que sufriera otro infarto―. Solté una risotada. Sin lugar a dudas Buddy había jugado con la preocupación de Ted. Sin embargo, era un mal momento para que incomodarlo y él lo había usado para protegerme. ―Y tu pequeña amiga Alice, es toda una fierecilla, ¿cierto? ― Su voz revelaba sus nervios. Alice lo había asustado al hablarle de abogados. Debía sentirme un poco mal por eso, pero no lo estaba.
―Ella es un poco intimidante―. Le dije, no sonriendo esta vez. Quería que supiera que si me despedía por salir con quien lo hago, pelearía con uñas y dientes.
Ted tragó en seco antes de continuar.
―En segundo lugar, no quiero saber por qué saliste de ese vestidor vistiendo su abrigo…― Ahora fue mi turno de tragar en seco. ―Pero apreciaría bastante que ambos se abstuvieran de repetir algo como eso en el futuro, al menos mientras estés con él por asuntos de trabajo―. Cabecee apresuradamente. ―Se espera que lo trates como un entrevistado más solamente los domingos, y cualquier otro día que tengas que hablar con él por razones de trabajo.
Aunque una parte de mi odiaba decirle adiós al sexo en los vestidores, Ted tenía razón. Había sido poco ética y profesional y había puesto al periódico en riesgo cuando él estuvo cargándome de esa forma.
―Estoy de acuerdo señor. No sucederá de nuevo.
Sus ojos grises se posaron en mí.
― ¿Desde cuándo me dices Señor? ― suspiré. Desde ayer aparentemente. ―Sé que fui un imbécil ayer Bella, pero me gustaría pensar que podemos superar eso.
―Podemos. Lo siento, Ted. Me es difícil saber cómo actuar a tu alrededor el día de hoy imagino.
El cabeceo pesarosamente.
―Sí, se exactamente a qué te refieres. No me gusta ejercer el papel de jefe de esta manera, pero tenía que hacerlo. Estamos caminando por una delgada línea aquí, pero es necesario tener todos los puntos aclarados antes de hacerlo público. Ser un cretino no es mi estilo, y no quiero serlo. Solo debemos ser muy cuidadosos.
Me relajé un poco más. No necesitaba tener una mala actitud cuando estaba obteniendo casi todo lo que quería.
―Lo sé, no quiero comprometer el periódico como tampoco quiero hacerle daño a la carrera de Edward.
Ted se pasó las manos por el rostro.
―Está bien, bueno, sé que sabrás comportarte de forma profesional, eso es lo único que te pido.
―Puedo hacerlo―. No importa cuán sexy se vea luego de un juego. Le brincaré encima cuando lleguemos a casa, luego de que haya escrito mi reportaje.
―Los próximos juegos no serán aquí. Buddy, obviamente, no podrá viajar. Te enviaré a cubrir esos juegos, con el compromiso de que te mantendrás lejos de Cullen. Sé que para ese entonces todos sabrán acerca de su relación, pero no creo que ir de una habitación a otra, o tener una cena con todos observándolos sea lo mejor para ti, o para ambos.
Eso era mucho más que justo. No es cómo si Edward fuera a tener mucho tiempo para compartir conmigo de alguna forma.
―Puedo acceder a eso.
―Creo que pasará al menos un mes hasta que Buddy esté en condiciones de volver. Revaloraremos todo cuando él esté de vuelta, pero mientras tanto, pondré mi confianza en ti―. Me miró por un segundo. ―Sé que no me defraudarás. Eres una empleada modelo en los dos años que has trabajado aquí, te has ganado esta oportunidad. Habrá muchos que cuestionen tu relación, Bella. No puedo engañarte. Pero puedo asegurarte que eso no tiene nada que ver con el hecho de que te haya ofrecido esta oportunidad. Te la has ganado a pulso.
Sus palabras derribaron el último poco de resentimiento que me quedaba hacia él y sentí mis ojos humedecerse un poco.
―Gracias Ted. Estoy muy avergonzada por haberte ocultado todo y te prometo que no haré nada que haga que te arrepientas de haberme dado la oportunidad de cubrir a "Los Cardinals".
El sonrío. ―Lo sé, Bella―. Sentándose derecho, de repente se veía más cómodo. ―¿Has pensado en lo que te espera cuando te presentes a entrevistare con las chicas?.
Mordí mi labio, un poco nerviosa de sacar nuestra relación al foco público, pero sé que él está de acuerdo, así que no me preocupó mucho por eso.
―En realidad, ¿sabes de esa subasta para los niños del hospital? ― Ted asintió por lo que continúe. ―Bueno, Edward no está para nada contento con la idea de que algún desconocido lo compre y estuvimos conversando sobre la idea de que yo debería comprarlo―. Las palabras salieron rápido. Esperaba ansiosa porque me dijera algo.
― ¿Cuánto es que te estamos pagando? ― Me preguntó sin evitar crispar su boca.
Dejé escapar una risa.
―No tanto así, te lo aseguro. Edward estaría pagando por él mismo, más o menos, a través de mí. Si estás de acuerdo, lo haré―. No dijo nada así que continúe. ―Pensamos que podíamos dar la entrevista a Lauren y Jess el sábado en la mañana para que salga en el periódico del domingo, junto con una fotografía de la subasta y nuestra relación.
Ted lucía intrigado mientras se sentaba cómodamente, tamborileando sus dedos en el escritorio.
―Puede funcionar―, murmuró suavemente. ―Ustedes dos deberán hacer más entrevistas luego por supuesto. Si hablan solo con nosotros; nos acusarían de favoritismo.
―Por supuesto, la publicista de Edward probablemente haga algunos arreglos. A la revista People siempre le gusta hablar de él. Hablamos sobre esto un poco ayer y estuvimos de acuerdo en que tendríamos que hacer algunas entrevistas luego de salir a la luz pública como pareja. Luego el contestaría unas preguntas por aquí y por allá. No pensamos que tenemos que hacer más de ahí.
Ted resopló.
―Es justo. No hay realmente más nada que decir luego de decir cómo se conocieron, cuánto tiempo han estado juntos, etcétera. No te diré que es lo que debes decir, pero espero que si te preguntan sobre lo del abrigo respondas algo que no comprometa tu integridad.
―Yo, eh, derramé un refresco en mi blusa. Era blanca. Edward me dio su abrigo para cubrirlo―. Incluso para mis oídos resultaba inverosímil.
Ted resopló. ―Intenta decirlo más convincentemente, ¿de acuerdo?
Suspiré y sentí como mis mejillas quemaban ―Trabajaré en ello.
―Bien, eso es todo lo que pido. Me gusta un poco la idea. Las consecuencias de la subasta serán una gran noticia y tendremos la exclusiva. Incluso planeamos tener los reporteros de eventos ahí. Tal vez deberíamos mandar a Lauren y Jessica también.
Eso sería un gran paso para obtener su perdón por no decirles que yo era su chica misteriosa.
―Es una excelente idea―, le dije entusiasmada.
Él se rió entre dientes. ―Lo dices ahora. Hablaré con su editora y veré lo que tiene para decir. No dejaré que Margie les diga quién es la misteriosa chica antes del sábado. Creo que es mejor que no lo sepan hasta ese día. No aguantarían si supieran que eres tú.
Tendría cuatro días más de paz. Sé que me harán falta, no me cabe la menor duda.
―No, es seguro decir que no estarían tranquilas.
Ted rodó sus ojos.
―Quedarse quietas no es su especialidad. Las escuché hablar esta mañana sobre una celebridad embarazada―. Reí acompañándolo un minuto.
―Creo que eso es todo. Me disculpo, nuevamente, por cruzar los límites en la habitación de Buddy. Si me hubiera detenido a pensarlo, bueno, hubiera resultado muy diferente.
Meneé mi cabeza.
―Te sorprendí. No era el lugar o momento correcto. Creo que ambos hicimos las cosas mal.
Ted se recolocó y seguí su ejemplo.
―Pongámonos de acuerdo en dejarlo en el pasado. ¿Podemos iniciar de nuevo?
El extendió su mano y yo se la estreché.
―Absolutamente.
―Está bien, sal de aquí y ve a hacer algún reportaje. ¿Puedes continuar con las competencias escolares esta semana? No necesito mucho de ti y "Los Cardinals", sólo reporta los lesionados, a menos que algo más suceda.
―Cuenta con eso―, le dije.
―Arreglaré todo para el sábado. Vete a trabajar, reportera.
Sonreí ante el apodo. ―Lo haré―. Abandoné a oficina de Ted sintiéndome cien veces más ligera que como entré. Tenía un excelente trabajo y un gran novio. Las cosas se iban a complicar un poco, pero podríamos con ello.
XOXOXOXOXOXOXOXOXO
― ¡Estoy aquí! ― Dije mientras entraba al apartamento de Edward. Me dijo que viniera cuando lo llamé, así que utilicé mi llave en lugar de tocar. Era difícil de creer que tenía una llave de su casa, pero amaba poder usarla.
Puse mi cartera en la mesilla y procedí a entrar a la sala, donde se escuchaba el televisor encendido, cuando algo de repente se me apareció por un lado y estuve a punto de caer.
― ¿Qué mier…
―J—Lo― gritó Emmett, tirándome sobre sus hombros y cargándome hacia la sala donde Edward estaba parado, probablemente iba a salvarme. Al menos eso esperaba.
― ¿Cómo me llamaste? ― traté ineficazmente de pegarle en el estómago. Era como un muro de concreto. Malditamente injusto.
―Bueno, ella es reconocida por su trasero, como tú. Trasero caliente. O te podría llamar Swan trasero caliente, como esa chica de MASH―, ponderó.
―Si me dices de alguna de esas formas, escribiré que estás acabado y sugeriré que "Los Cardinals" te van a cambiar a Búfalo―, le dije.
El resopló.
―Cómo si de verdad alguna vez fueran a cámbiame. El niño bonito me necesita demasiado.
Edward, como siempre mi héroe, vino y me quitó de los brazos de Emmett.
―Deja ir a mi mujer―, le dijo. Emmett soltó un gran suspiro pero permitió que él me quitara de sus hombros, cuando Edward me bajó, le lancé otro puñetazo al pecho de Emmett. Lo que lastimó mucho mi mano.
―Ahora Kim Kardashian, no te vayas a lastimar la mano con mi escultural cuerpo de Adonis―. Traté de pegarle en la nariz, lo que le habría dolido si no hubiera visto mis intenciones desde el principio y me hubiera detenido.
― ¿Quién te lo dijo? ¿Fue Alice? ¡La voy a matar!
Sacudió su cabeza.
―No vayas a atacar a Francis Ford Coppola por esto, Jessica Biel. Puedes culpar a tus compañeras de trabajo por decírmelo. Ellas decidieron acorralar al mejor amigo de Edward para hacerle preguntas.
― ¿Qué te hace pensar que eres mi mejor amigo? ― Preguntó Edward, abrazándome por detrás, ya sea porque quería tocarme o porque quería protegerme de un posible ataque de Emmett, no estaba segura.
Emmett lucía herido e hizo un puchero. Era increíble ver eso en un tipo tan grande y no pude evitar soltar una carcajada.
― ¿Quién más colgaría un collage tuyo sobre su cama? Quién más te da consejos para que no dejes a Shakira? ¡Por supuesto que soy tu mejor amigo! ―. Puntualizó con un tono empático.
―Dudo mucho que ese collage sobre tu cama cuente como un símbolo de tu condición de amigo―, Edward le informó, acariciando mi cuello. Lo besé para saludarlo finalmente. En el instante en que mis labios tocaron los suyos, realmente sentí que había llegado a casa.
Emmett empezó a tararear algo que sonaba sospechosamente como "Baby got back" y finalmente me separé de Edward para mirarlo.
El levantó sus manos en defensa.
―Vengo en son de paz, Beyonce. Les dejaré a solas. Tengo que llamar a Rosie de cualquier forma. ¿Puedo usar tu teléfono? Dejé el mío en el carro.
―Está en mi cartera cerca de la puerta―, le dije, uniendo mis labios a los de Edward nuevamente. Emmett rio y nos dejó solos.
Las manos de Edward se movieron por mi cuerpo y apretaron mi trasero, me eché hacia atrás y le di una mirada llena de lujuria y el gruño.
―Está muy caliente aquí, bebé―. Lo empujé hacia atrás y me senté en el sillón. Él se sentó al lado mío y puso su brazo sobre mi hombro. ― ¿Cómo te fue en el trabajo?
Le conté sobre mi conversación con Ted.
―Eso es genial Bella. ¿Estuvo de acuerdo con lo que le sugeriste entonces?
―Sí. Bueno, el piensa que necesito practicar el ser más convincente cuando alguien me pregunte sobre el incidente del abrigo.
Edward se carcajeó y yo lo miré ceñuda pero él no me soltó. Malditos futbolistas fuertes.
―Lo siento cariño. Debí haber manejado mejor la situación pero, bueno, en realidad no lo siento. Si pudiera volver el tiempo atrás lo haría nuevamente.
Le sonreí. ―Yo también.
―Bien―. Me cargó y me sentó en su regazo. ―Le conté al entrenador sobre nosotros.
― ¿Qué te dijo?
―Uh, unas cuantas cosas que no pienso repetir y qué mientras no escribas nuestro plan de juego le importa una mierda con quién salga.
Reí y lo besé en la mejilla.
―Bueno, casi estamos, pero…
Pegó su frente a la mía.
― ¿Qué?
―Necesito contarle a mis padres con quién estoy saliendo. Saben que hay alguien, pero no saben mucho más. Cada vez que mi papá me preguntaba, mi madre le decía que eso era asunto mío y que debían ser pacientes conmigo―. Rodé los ojos mientras Edward reía. ―Solo espera a conocerla. Ella asumirá que sabe todo de ti sin siquiera decirte una palabra.
―Ansío ese momento―, apretó su abrazo a mí alrededor. ―¿Has pensado en lo que harás para las vacaciones?
Recosté mi cabeza en su hombro.
―Planeo quedarme aquí para Acción de Gracias. Mamá quiere que vaya en navidad, pero si estoy trabajando probablemente no pueda ir―. Igual no quería alejarme de él.
―Bueno, ¿qué te parece si vamos luego del juego, si ellos están de acuerdo? Podemos hacerlo el domingo antes. ¿Podemos celebrar navidad un día antes? Lucía tan esperanzado que lo besé nuevamente.
―Les voy a preguntar qué piensan―. Tenía el presentimiento de que todo estaría bien, a menos que papá se reusé a dejar entrar al enemigo en casa.
―Bien. Podemos pasar la navidad con mi familia el domingo en la mañana, luego ir al juego, y luego volar a Washington―. Amé el plan y se lo dije. ¿Qué maravilla era que mi novio me quisiera incluir es sus navidades, y ser incluido en las mías? La mayoría de los chicos, en mi experiencia, no querían compartir las vacaciones, al menos no en el inicio de la relación. Lo conozco hace tres meses y ya parece que es toda una vida. Y si tenía suerte, lo sería.
Empezamos a besarnos nuevamente y cambié, procedí a montarlo antes de recordar que Emmett estaba en algún lugar cerca y lo último que necesitaba era darle algo más con lo que molestarme. Fuimos interrumpidos por el ruido de un teléfono sonando y Edward hizo una mueca y tomó su celular de la mesilla, moviéndome sin esforzarse.
―Es Victoria. Le dejé un mensaje―. Oh si, ella necesita saber lo nuestro antes de que lo publiquen seguramente.
―Hola―. Él se detuvo brevemente mientras ella le hablaba. ―Uh, huh, uh huh. Bueno, sí, la subasta, de eso es que quería hablarte―. Mi miró y sonrío. ―Mi novia y yo lo haremos público en la subasta.
Escuché un grito, luego de una sarta de palabras ininteligibles mientras Edward apartaba el teléfono de su oído y rodaba los ojos. Eventualmente ella se calmó y él empezó a hablar de nuevo.
―Estoy consciente de ello. No, no me importa si pierdo el título de sortero codiciado. Esa mierda no me importa, lo sabes. Me va a ir bien sin ser el soltero más sexy. Absolutamente no. Te enviaré el artículo el domingo. Tendrás todo lo que necesitas. Sé que habrá que dar algunas entrevistas, y las daremos. Pero sólo una vez. Mi relación no estará para entretener a otros.
El paró y se rió.
―No, no posaremos para las parejas de Sport's Illustrated. Claro que es hermosa, ese no es el problema. Uh huh. Nadie verá a mi chica en bikini excepto yo. Sí, estoy seguro. No, no te daré ninguna información antes de la subasta. Sí, hablo en serio.
Sus ojos se achicaron ante algo que ella dijo.
―Si tienes algún problema con ello puedo ir donde cualquier otro―. Sonrió ante lo que sea que ella haya dicho. ―De acuerdo entonces. Hablamos el domingo.
Cerró su teléfono y pasó su mano por su rostro.
―Eso fue divertido.
Nuevamente me senté en su regazo, ― ¿Salió bien, eh?
Su risa vibró en mi oreja.
―Ella no estaba muy entusiasmada, por decir lo menos. Pero cuando le dije que podía encontrar a alguien más que no tuviera problemas con ello, lo asumió muy bien.
Me reí entre dientes suavemente.
―Si, sonaba a eso―, ver su celular me hizo recordar algo. ― ¿Dónde demonios está Emmett con mi celular?
―Justo aquí―, dijo entrando a la sala, y pasándome mi teléfono. ―Debo ir a casa. Rosie tiene planes―. Movió sus cejas sugestivamente. ―Parece que ustedes también, así que me largo. Gracias por prestarme tu teléfono, Vida Guerra.
―No sé quién es―, le dije probándolo y arrancando mi teléfono de sus manos.
―Investígalo― me dijo, ―hasta luego Casanova―. Edward lo miró mal y él se carcajeo mientras abandonaba la habitación tan rápido como vino.
Miré a Edward y le dije, ―tus amigos son extraños.
Reía mientras acariciaba mi cuello, ―también son tus amigos.
Solté un falso suspiro.
―Supongo que lo son―. Estaba increíblemente feliz con ese hecho incluso si iba a ser bombardeada con ridículos sobrenombres.
― ¿Estás listo para hablar con los padres? ―le pregunté.
Edward hizo unas muecas y mordisqueo mi oreja. Reí y gemí.
―Puedo pensar mejores cosas que hacer, pero supongo que debemos hacerlo.
Lo besé rápidamente antes de marcar el número dos, directo a casa de mis padres. Alice estaba conmigo cuando me dieron mi teléfono e insistió es ser mi primer contacto. Puse el teléfono es altavoz mientras sonaba. Edward fue echándose hacia atrás mientras besaba mi cuello lo que era mucho más que una pequeña distracción mientras trataba de hablar con mis padres.
― ¿Hola?
―Hola papá―, dije gimiendo un poco mientras Edward frotó su cuello contra mi mandíbula.
― ¡Bella! ¿Cómo estás? Me sorprende que hayas llamado tan rápido. Justo hablamos ayer―. Claro que lo hicimos, para discutir sobre mi artículo. Esto era diferente.
―Estoy bien papá, genial, en realidad―. Mis ojos se abrieron como platos cuando sentí la mano de Edward meterse en la parte trasera de mis pantalones y traté de mover su mano. El gruñó suavemente.
―Entonces, ¿qué pasa? ¿Decidiste dejar de escribir sobre el enemigo y traer tu trasero a Seattle para cubrir a un verdadero equipo? ― Edward resopló y yo rápidamente puse mi mano sobre su boca.
― ¿Qué fue eso?
―Nada papá, solo la televisión― me deslumbré con la mirada de Edward y él intentó hablar pero mi mano continuaba sobre su boca.
Antes que mi papá siguiera preguntando, la otra línea fue levantada.
― ¿Bella? ¿Qué sucede? Estaba trabajando en un envase―. Otro proyecto de cerámica. Mi madre y sus pasatiempos.
―Uh, en realidad estaba llamando para decirles algo.
― ¿No estás embarazada verdad? ―demandó mi padre. Rodé mis ojos y Edward rió de nuevo aún con mi mano encima de su boca.
― ¡Claro que no papá! Por Dios.
―Bueno, ¿cuál es el misterio entonces? Escúpelo.
Ese es mi padre. No pierde tiempo.
―Quiero hablarles sobre mi novio.
Mi madre soltó un gritillo mientras mi padre bufaba.
― ¡Lo sabía! Tu aura estaba muy ligera y despreocupada últimamente.
―Mamá, no puedes ver mi aura a través del teléfono―. Le recordé por milésima vez.
―Una madre puede Bella. Un día te darás cuenta. ¡Ahora cuéntanos sobre él! ¡Ya era hora!
Edward lamió mi mano y lo solté mientras sentía como mojaba mis pantalones. ―Idiota― dije bajito.
― ¿Qué fue eso? Mi papá tenía oídos de gato, lo juro.
―Eso fue Bella llamándome idiota señor―, contestó Edward por mí.
Hubo una pausa antes de que mis padres hablaran al mismo tiempo.
― ¿Eres uno? ― Eso vino de mi padre, por supuesto.
―Por supuesto que lo eres. Puedo ver tu aura. Es de un azul/verdoso. Con un pequeño toque de rojo. Calmado, concentrado y un poco fiero―, y ahí estaba mi madre.
―Soy todo eso Señora Swan. Y no Señor, no creo que sea un idiota. Al menos, no con Bella.
―Así que, ¿quién eres? ―, preguntó mi padre. Podía verlo dando vueltas de un lugar a otro en la sala ahora mismo.
―Mi nombre es Edward Cullen―. Me guiñó un ojo mientras esperábamos su reacción.
― ¿Qué? ¿Quién eres en realidad? No creo que mentirme sea la forma de hacer una buena primera impresión―. Mi padre sonaba realmente enfadado.
―Eso explica el rojo que estoy viendo― mi madre replicó confidencialmente. Dios Santo, ella era tan extraña. La amaba, ¿pero quién decía esa mierda?
Edward me miró expectante.
―Realmente es Edward Cullen papá. He estado saliendo con él por unos cuantos meses.
― ¿En serio? ¿No estás bromeando?
―No papá ¿por qué mentiría?
―Porque sabes que eso me irritaría mucho―. Edward sonrió y yo solo sacudí mi cabeza.
―Con todo lo divertido que suena. No estoy mintiendo.
― ¿Estaban ustedes juntos cuando el destrozó a mi equipo este año? ― preguntó suspicazmente.
Suspiré. Aquí voy. ―Si.
―Traidora.
― ¿Cómo es que soy una traidora si nunca fui fan de ese equipo?
―Humph. ¿Qué clase de hija eres? ― Sabía que estaba bromeando por lo que suspiré.
―Es la clase de hija que puede darle entradas en la línea de la yarda cincuenta cuando la visite―. Edward contesto colaborando.
―Hmmm. Creo que la convierte en una muy buena entonces―. Los deportes son la debilidad de mi padre. Confiaba en que Edward sabía cómo ganárselo.
―Creo que sí― Edward corroboró. ―Y puede tener entradas por los próximos años cuando vayamos a su ciudad. Quiero que este muy cerca cuando aniquile a su equipo.
Mi padre se rió mucho y muy fuerte.
―Creo que, aunque juegas para el equipo equivocado, me gustaría tenerte cerca, hijo.
―Eso es bueno señor.
―Llámame Charlie.
―Charlie será. Es un placer conocerlo.
― ¿Estás cuidando a mi niña Edward?
Hizo una mueca y apretó mi trasero nuevamente
―Claro que lo estoy haciendo―. Gracias a Dios esto no era un video.
― ¿Dónde está mamá? ― pregunté ya que había notado el silencio luego de que habló sobre su aura.
―Aquí estoy querida. Es que tenía que verlo… Oh Dios. Eres atractivo ¿no es cierto? ― Oh no, ella había entrado a internet. Esto no era nada bueno.
Edward sonrió.
―Me gusta pensar que sí. Bella lo hace también.
―Bella, ¿has visto la foto de él con jeans y sin camisa? Dios, oh Dios, se puede cortar vidrio con esos abdominales. Eres una chica con suerte―. Edward se sacudía en carcajadas y esos abdominales se frotaban con mis muslos.
―Sí, lo soy madre. Ahora, ¿podrías dejar de buscar fotos de mi novio?
― ¡Pero es que hay tantas! ¿Has visto esa en la que sostiene un cachorro? ¡Es tan sexy! Siento como me derrito.
―Madre, ¡él está aquí! ― Él no podía hablar ni siquiera para salvar su vida, mientras lágrimas cubrían su rostro de reírse tanto.
―Bueno. Él sabe que está que arde Bella. ¡Estoy segura que no es un misterio para él! ― Mi padre soltó otro bufido que mi madre decidió ignorar. ―Solo quiero saber su fecha de nacimiento. Ah, aquí esta. Junio 20, 1985. Trabajaré su carta astrológica y la tuya. Desde ya puedo decirles que son una pareja perfecta.
Edward finalmente se calmó lo suficiente para contestar.
―Definitivamente, lo somos.
―Sí―, murmuró ella, perdida en las estrellas. ―Lo tendré en breve. ¿Eres muy apasionado verdad?
Edward abrió la boca y yo se la cerré de nuevo.
―Realmente mamá, papá no quiere escuchar eso.
―No, no quiero― prácticamente grito por el teléfono. ―Mejor será que guarde su pasión para el campo de jugo, cuando no esté jugando con mi equipo.
―Estoy segura que lo hará papá. Debemos irnos. Mamá tiene que mirar las cartas y estoy segura que por ahí hay algún juego de basquetbol llamándote―. Tiempo de colgar antes de que mamá dijera algo peor, si era posible. ¿A quién trato de engañar? Con mi madre, todo era posible.
―Bien. Pero estaremos hablando de por qué no puedes salir con un jugador del equipo de Seattle. Estoy seguro que hay suficientes solteros en el equipo. Reneé, busca eso cuando termines de lamer la pantalla de la computadora. Adiós Bella, Adiós tramposo.
― ¿Tramposo? ―, preguntó Edward.
―Seguro robaron sus señales para destruirlos.
Edward rió.
―Quizá soy así de bueno.
―Quizá seas así de egoísta―, mi papá le contestó.
―Sirve en mi línea de trabajo.
―En la mía no. ¿Te han arrestado alguna vez Cullen?
―No señor.
―Lo veremos―, murmuró mi padre. ―Bella te llamaré mañana, luego de ver el historial de tu chico.
―Es un ciudadano modelo papá.
―Demasiado bueno para ser verdad mi niña. Hablamos después―. Se fue pero quedaba mamá.
― ¿Mamá?
―Perdón cariño. Estaba viendo esas fotos. Realmente él llena ese uniforme ¿verdad? ¿Es esa su copa o está feliz de verme? ― Y ahí estaba. Si, podía ponerse peor.
― ¡Madre! ― Mátenme ya.
Ella se unió a Edward con las risas.
―Estoy bromeando bebé, más o menos, te llamaré cuando haya leído las cartas. Te quiero a ti y a Edward. ¡Adiós! ― Y luego se fue. Así mandándole cariños a Edward.
Edward todavía reía, su cuerpo entero se sacudía, haciendo que el mío también se sacudiera.
― ¿Fue divertido?
Trató de calmarse y recuperar el aire, abrazándome fuerte dijo
―Sí. Tus padres son geniales, en serio, un poco intimidantes; pero me parece que la diversión apenas empieza, dulzura.
Suspiré y colapsé encima de él. Tenía el extraño presentimiento de que él estaba en lo cierto.
