EPÍLOGO 2
Estaba hace veinte minutos frente de aquella puerta y aún no se atrevía a tocarla. ¿Por qué? Miedo, esa era la simple respuesta, pero demonios que no podía tenerlo. Le había costado dar con su paradero, no solo ahora, sino hace mucho tiempo atrás también y solo aquella puerta los separaba.
Por Salazar, debía hacerlo.
Agarrándose con una mano el pelo mientras levantaba la otra hacia la puerta, cerró los ojos y tocó, pasos escuchándose desde el otro lado, acercándose.
La puerta se abrió.
El hombre recordó cómo le había costado llegar hasta ese lugar. Primero había ido a la mansión que hace cuatro años había sido remodelada y, como era habitual, su madre se encontraba tomando el té en la pequeña pérgola que se encontraba en medio de los jardines.
Cuando Narcissa levanto la vista, se dio cuenta de inmediato que a su hijo le pasó algo.
-Hijo, qué…
-La encontré, madre, la encontré- fue toda la respuesta de Draco.
Y Narcissa lo supo. Después de tanto tiempo… después de que su hijo había conseguido darse una oportunidad… Ella volvía. No es que no quisiera, es que simplemente no quería ver a su hijo así, no quería verlo recaer de nuevo. Mucho tiempo estuvo bajo una nube negra y no iba a permitir que esa nube volviera, fuese quién fuese.
La rubia dejo con parsimonia su taza en la mesa y se levantó para sostener las manos de su hijo, en su rostro no reflejaba nada.
-Y a mi hijo.
Ante esa revelación Narcissa Malfoy dejo caer las manos de su hijo para llevárselas a la boca con los ojos abiertos, ese fatídico día pasando velozmente por su cabeza. Les había costado salir adelante después de lo sucedido, cuando Draco se había llevado a la chica Narcissa tuvo que lidiar sola con un Lucius bastante furibundo, pero eso no fue nada comparado a cuando su hermana despertó. Si no fuera por su marido… quizás ella ahora estaría muerta, pero Lucius la había salvado de la ira de su hermana y la inminente crisis que sufrirían, solo basto con la floritura de su varita y su hermana había olvidado todo, pero el problema no era solo ella, sino también los otros testigos mortífagos que había quedado bien malheridos. Su esposo simplemente los elimino, iba a ser mucha la sospecha que seis mortífagos, sumada ya su hermana, no recordaran en el mismo período de tiempo. La frialdad con que su marido había empuñado su varita y hecho desaparecer sus cuerpos la sorprendió por un momento, pero ella sabía que no eran más que alimañas y no debía sentir pesar por ellos. Alimañas igual que su hermana que se salvó de su muerte solo por ser eso, su hermana y la mejor soldado del señor Tenebroso, eso sí que iba a ser sospechoso si la encontraban muerta y a pesar de todo, Narcissa la quería.
Cuando Lucius le dirigió una mirada una vez arreglado todo y vio la atónita de su esposa, dijo como toda explicación:
-La familia está primero.
En ese momento justo se escuchó un plop afueras de la habitación, no podía ser otro que su hijo, solo la familia Malfoy tenía permitido aparecerse libremente por la mansión, nunca se sabía de una emergencia y está claramente lo era. Narcissa y su marido habían ido a su encuentro y la mujer corrió al lado de su hijo cuando vio la sangre salir por sus ojos y muñecas. El juramento, el juramento lo estaba matando, lo había olvidado. Sin pensarlo dos veces, la mujer se acercó al muchacho, tomándole una de sus manos casi desesperada, sacando su varita para deshacer el hechizo. Cuando la hemorragia paro, Narcissa retrocedió para observar a su marido, pero no previó lo que venía a continuación, solo vio a su marido darle un duro puñetazo a su hijo que cayó como un muñeco destrozado al suelo. ¡Recién lo había curado, por Salazar!
-¡La familia está primero!- le gritó su marido, dispuesto a lanzarle otro golpe, sin importarle las marcas de sangre que rodeaban las mejillas y muñecas del rubio menor, pero Narcissa, otra vez se había interpuesto.
-¡Eso fue lo que hizo, Lucius!- le grito la mujer sin poder evitar las lágrimas que salían por sus ojos- Priorizo a su familia y nosotros somos unos imbéciles por tratar quitársela.
-¡Pero es una sangresucia!- se exaltó su marido, intentando hacer comprender a su mujer- ¡Está muerto, Cissa! ¡Mi único hijo está muerto!- el hombre cayó a los pies de su mujer, aguantando las lágrimas, pero cuando intento hablar de nuevo la voz se le quebró-. Cuando el señor Tenebroso se enteré… morirá.
La mujer mirando con todo el amor a su marido, se arrodillo junto a él y lo abrazo. No sabía cuánto lo entendía, él solo pensaba que estaba haciendo lo mejor por su hijo, como cualquier padre, incluso ella había creído que era lo mejor para Draco… Pero la verdad es que solo nuestros hijos saben lo que es mejor para ellos.
-No, Lucius, es su salvación- le dijo con cariño la rubia tomando por el mentón a su marido para que la mirara-. Es nuestra carta bajo la manga- y le sonrió.
En ese momento, Lucius Malfoy abrió tanto los ojos que por un momento su mujer creyó que se saldrían de sus cuencas, pero la comprensión brillando en estos la tranquilizo. El patriarca de los Malfoy vio a su hijo y supo que el futuro no estaba asegurado, por algo el señor Tenebroso seguía escondido y él haría de todo para proteger a su hijo mientras ese futuro se esclarecía. Solo rogaba por estar haciendo lo correcto.
-Vamos, familia, hay que prepararnos para recibir al Lord- dijo el patriarca de los Malfoy poniéndose de pie con su orgullo intacto, justo con Narcissa y acercándose a su hijo para ofrecerle su mano-. Vamos, Draco, espero que las clases de oclumancia con Snape te hayan servido de algo.
Y eso había sido todo. La familia Malfoy por todos los medios posibles había guardado el secreto mientras la guerra se llevaba a cabo y el destino se esclarecía. El resto había sido historia. El niño que vivió había ganado, la familia Malfoy se había salvado de ir a Askaban por la intervención de Narcissa y esa carta que suponían tenían bajo la manga pero que nunca apareció; sin embargo no se salvaron del arresto domiciliario y un Lucius Malfoy muy enojado porque le habían arrebatado su varita, sumando el hecho de que mucho tuvieron que aportar con la reconstrucción del mundo mágico. Y no les había molestado, al menos a Narcissa que como única preocupación tenía a su hijo. Ni siquiera se lamentaba por la muerte de Bella que según comprendía, se la había ganado.
Draco había sobrevivido con fortaleza a la guerra, se había convertido en todo un hombre a base de golpes, sangre y sufrimiento que ataco a todo el mundo, pero a lo que no había sobrevivido había sido a la desaparición de cierta castaña. Narcissa recordaba cómo durante dos años Draco la busco sin parar, hasta tal punto que se rebajó a disculparse con los Weasly –a la manera Malfoy, claro está–, pero sin obtener nada a cambió. Incluso se atrevió a amenazar a Potter y eso casi le cuesta la libertad, los aurores atentos a cada movimiento de los ex mortífagos que pudieran utilizar en su contra. Ni siquiera la niña Weasly que recibió a Hermione aquel día estuvo dispuesta a ayudarlo. Después de eso se refugió en la bebida, el recuerdo de aquel día atormentándolo una y otra vez y Narcissa lo comprendía porque a ella le sucedía lo mismo, lo peor era saber que no podía ayudarlo, ni su padre a quién constantemente culpaba de todo, lo que había herido a tal punto a Lucius que lo termino apagando, convirtiendo la existencia de su marido en un inferí ante la falta de magia, libertad y sobre todo la falta de cariño de su hijo lo termino matando y Narcissa tampoco pudo ayudarlo. Tal fue la crisis en que se encontraba su familia que incluso ella trato de encontrar a la muchacha sin éxito alguno. La incógnita de saber si su nieto estaba vivo los mantuvo mucho tiempo en las sombras hasta que cierta muchacha apareció.
Astoria Greengrass, una inesperada aliada para la familia ayudo a Draco a salir adelante. Primero su hijo había sido reticente, pero cuando alguien externo a su familia estuvo dispuesto a abrirle las puertas sin juzgarlo, no pudo resistirse. No había sanado, no podía olvidar, pero si podía tratar de vivir con ello y eso había hecho, todo gracias a esa mujer.
Y Draco intento, por aquella mujer que estaba perdiendo tiempo valioso de su vida, por su madre que estaba sufriendo en vida por su causa y por el pasado, ya que pronto lo dejaría atrás. Y aunque se juró no volver a intentar, no volver a buscar, lo había seguido haciendo hasta que se comprometió con Astoria, finalizando el asunto.
Sin embargo, no se esperó que el destino le jugará esa mala pasada y Narcissa no sabía si odiarlo por ello.
-Oh, hijo- fue todo lo que pronunció antes de abrazarlo. Era una noticia difícil de dirigir. Draco dejó caer su cabeza en el hombro de su madre.
-No sé qué hacer, madre, de nuevo los perdí de vista- se lamentó.
-¿Pero estás seguro de que eran ellos?
-Sí.
Su nieto, tenía un nieto.
-Tienes que encontrarlos- lo motivo la mujer, separando suavemente su cuerpo de su hijo y tomándolo por los hombros-. No lo podemos dejar ir de nuevo.
-No- concordó el rubio.
-Entonces, ¿qué esperas?- le sonrió Narcissa- Ve a buscarlo y tráelo a donde pertenece.
-Pero Granger…
-Con o sin Granger- sentenció la rubia. Quería conocer a su nieto.
Draco abrió los ojos sorprendido y luego recupero su inexpresividad, asintiendo. Debía recuperar a su hijo y está vez nadie lo iba a detener. Ni San Potty, ni la Comadreja mayor ni menor y mucho menos la Princesa de Gryffindor.
Cuando Narcissa vio a su hijo aparecerse, otro sonido plop llamo su atención.
-Ama Narcissa, la señorita Astoria ha venido a verla- susurró la criatura a sus pies.
Narcissa miró a la elfa y estuvo dispuesta a decirle que mintiera y que no se encontraba en la mansión, pero si ya estaba comunicándoselo era porque le había dicho a su nuera que se encontraba allí.
Suspiró.
-Haz que pase.
Y ahora a Narcissa le entró otra preocupación a la cabeza. ¿Qué sería de aquella muchacha? Solo esperaba que su hijo no cometiera ningún error, Astoria había sido tan buena con ellos…
Pero la felicidad de Draco ante todo…, se dijo mentalmente.
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-¡Oye!- gritó Ginevra Weasly al ser sorpresivamente acorralada fuera del ministerio.
-Ahora mismo, pelirroja, me dirás dónde se encuentra Granger y mi hijo- la mujer hizo amago de responder, pero el rubio la cortó-. Y no me digas que no sabes dónde están porque no te la creeré fácilmente está vez.
La muchacha entrecerró los ojos y se cruzó de brazos, el rubio se había asegurado de arrebatarle la varita apenas la abordó. Pensó en darle una patada en cierta parte de su anatomía que le haría sufrir mucho, pero el hombre había adivinado sus intenciones y estaba en una posición en la cual eso no era posible. En simples palabras, ella estaba con toda la desventaja, aun así Ginevra Weasly se rehusaba a ceder.
-Oblígame- fue la respuesta desafiante de la mujer que lo fulminaba con la mirada.
-Tú haz querido, pelirroja, ahora mismo no tengo paciencia- sacando rápidamente su varita, Draco pronunció-. Legerement.
La menor de los Weasly abrió sorpresivamente los ojos, sin esperarse por ningún motivo ese ataque, totalmente un golpe bajo, pero así jugaban las malditas serpientes y ahora lo recordaba. Malditamente se maldecía por no saber oclumancia, y no es que no quisiera cooperar con el rubio, pero aunque tanto le insistía a su amiga que aquel hombre debía saber, era decisión de ella finalmente. La pelirroja solo actuaba como su cruz.
Por otra parte, lo que había dicho Draco era cierto. No tenía paciencia. Había dado vuelta el ministerio buscando algún registro de Granger que todo el mundo se le negó a dar, por lo que prontamente aparecieron San Potty y la Comadreja para arrestarlo. Sin embargo, cuando Draco quería era hábil, mucho más si había una razón poderosa para serlo, pero apenas noqueo al niño que vivió que quizás ahora no debe estar precisamente vivo y a su amigo, Draco vio fugazmente por el rabillo del ojo a cierta pelirroja huyendo del lugar. Y es que debía agradecer que todos estuviesen concentrados, pero deshacerse de los demás aurores no había sido fácil, suerte tuvo cuando se encontró con Theo y Blaise que lo socorrieron de inmediato a escondidas, con ayuda totalmente inesperada: la loca de Lovegood. Según lo que alcanzo a escuchar antes de irse, los plim plim algo lo habían poseído y era peligroso que alguien se le acercará porque era contagioso, todo el mundo quedando paralizado entre la duda si creer o no creer, pero la chica era una de las científicas mágicas más inteligente del ministerio. Suerte que Theo le echo un ojo hace tiempo atrás o no habría tenido la suerte que estaba teniendo en este momento. Pero que lo jodieran si no lo iban a buscar después, solo esperaba que a su madre no la involucraran.
No obstante, cuando vio toda la información que necesitaba en su cabeza, agradeció internamente todo aquel caos. Había visto el apartamento, había visto a la pelirroja conversar con ella e incluso a su hijo, y vio una calle. Eso fue todo lo que le basto antes de retroceder unos pasos y alzar nuevamente la varita.
-Maldito desgraciado…- comenzó la Weasly.
-Desmaius.
La pelirroja cayo sin mucha delicadeza al suelo y Malfoy sabía que Potter lo mataría. Debía actuar rápido.
Sintió las náuseas habituales que siempre iban acompañadas de una aparición, vislumbrando en su cabeza aquella calle que vio en la mente de la pelirroja y luego con sus propios ojos al abrirlos. Un simple rastreo al lugar y comenzó a correr buscando el apartamento.
Por cada empujón que daba recibía un insulto y es que no estaba para disculparse, menos lo haría, la gente que alcanzaba a apartarse lo miraban como si estuviese loco, la gota de sudor resbalando por su frente, se detuvo de pronto cuando casi pasa el edificio.
Velozmente entró, el recepcionista tratando de detenerlo, pero sin logro alguno. Escalera por escalera, Malfoy subió y maldijo a la gryffindor por vivir tan arriba, su respiración entrecortada, si no fuera por el Quidditch ya estaría muerto de un paro. Cuando por fin llego al piso que necesitaba, busco el número del apartamento y allí se encontraba ahora, frente a la puerta abierta junto con la dueña que también tenía la boca abierta de asombro, notablemente paralizada.
Sus ojos no podían creer lo que estaban registrando. Era ella, definitivamente era ella, no se había equivocado.
-Granger…
La pronunciación de su apellido logró hacer reaccionar a la mujer que intento cerrarle la puerta en la cara, pero sin éxito alguno. Ciertamente, no lo esperaba tan pronto, ¿cómo es que había dado con su paradero tan rápido?
Draco detuvo la puerta con su mano, abriéndola con cierta brusquedad y haciendo retroceder inevitablemente a su dueña que lo miraba entre asustada y reacia. Eso, sin entender el porqué, le había dolido, no quería verla así, pero sabía que no cambiaría su expresión con respecto a él. Entró y cerró la puerta detrás de él, adentrándose al territorio de la leona.
-¡Mamá! ¡Es el hombre malo!- se escuchó una pequeña voz gritar.
Draco vio una fugaz cabellera rubia pasar al lado de la castaña y previendo lo que se venía, estiro su brazo, deteniendo el ataque al sujetar por la cabeza a la pequeña criatura que intentaba golpearle con sus cortos bracitos. ¡Vaya que lo recordaba!
La castaña abrió aún más los ojos al ver a su hijo tan cerca del rubio.
-¡Scorpius!- gritó, tratando de alejar lo más rápidamente a su hijo de Malfoy.
El hombre la dejo hacerlo, viendo como la castaña cargaba con rapidez pero con sumo cuidado a su hijo. Al verlos tan juntos se maravilló del contraste en ellos, porque sus genes habían ganado, excepto por el pelo.
-¡Mami, es el hombre de la ventana!-siguió expresándose Scorpius, lanzándole una mirada envenenada, algo que nunca creyó posible en un niño de cuatro años- ¡Te viene a hacer daño!
La muchacha pestañeo ante la acusación de su hijo. ¿Hombre de la ventana? Por Gryffindor, esos dos ya habían interactuado antes, Hermione ya no sabía qué más procesar.
-Tranquilo, Scorpius, él no me hará nada- le dijo Hermione a su hijo, para luego mirar a Malfoy de forma intimidante-. Él ya se iba.
Draco abrió la boca sin emitir ningún sonido, totalmente indignado.
-De eso nada, Granger, tú y yo tenemos que conversar- no pudo medir el tono de furia.
-No tenemos nada que conversar- objeto la mujer con terquedad.
-Pues la apariencia del niño dice todo lo contrario- apuntó con la cabeza al niño en los brazos de su madre-. Grita Malfoy por todos sus poros- Draco se cruzó de brazos-. Así que mejor encierra al enano si no quieres que escuche todo.
-¡No soy ningún enano!- le gritó el niño enfurecido.
-Y yo soy un elfo- se burló Draco-. Debes aprender a aceptar lo que eres, enano.
La castaña volvió a fulminarle con la mirada y luego bajo a su hijo, acariciándolo por los cabellos le dijo:
-Anda, cariño, ve a jugar a la pieza, los adultos debemos conversar.
-No te dejaré sola con él- se cruzó ahora de brazos el niño.
-Scorpius…-le reto su madre y el niño no pudo aguantar más de dos minutos sosteniéndole la mirada para luego mirar feo a aquel extraño e irse a la pieza, pegando un portazo.
-Vaya que tiene carácter…-soltó el rubio una vez solos.
-¿Qué haces aquí?- preguntó la castaña sin rodeos.
-Ya sabes porque estoy aquí.
Ambos jóvenes se midieron. Si no fuera porque Hermione tenía la varita en su pieza, lo habría sacado volando de un hechizo de su apartamento.
-No, no lo sé. Y no tienes derecho a invadir mi propiedad…
-¿Cómo qué no? ¿Sabes por cuántos años te busque, Granger?- le escupió el rubio con una oculta ira.
Hermione retrocedió un paso ante el tono empleado. Claro que lo sabía, le había costado un mundo esconderse por culpa de Malfoy. Inesperadamente unos golpes histéricos se escucharon en su puerta y la castaña tomo rumbo a abrir, agradeciendo la intervención.
-No habrás- le ordenó Malfoy deteniéndole por el brazo.
-No me toques- se soltó con brusquedad Hermione.
Pero no necesito acercarse a la puerta para que ésta se abriera de golpe y una acalorada Ginny entrará al lugar.
-¡Hermione! El malnacido de Malfoy me aturdió y…- la pelirroja se detuvo al darse cuenta de la presencia del susodicho y no se contuvo de alzar su varita, Malfoy ya preparado con la suya-. Tú.
-Tú- la reto Draco.
Y antes de que la pelirroja pudiera hacer algo, sintió una mano sobre su hombro, girando un poco su cabeza, pero sin despegar un ojo del hombre, viendo a su amiga.
-Ginny, llévate a Scorpius, por favor.
-Ni lo sueñes, Granger- se envaró Draco.
-Tú tampoco, Malfoy- contestó la pelirroja teniendo su varita a pocos centímetros del cuello rubio.
-No se llevarán otra vez a mi hijo lejos de mi.
Aquellas palabras de cierta manera removieron algo al interior de la castaña, pero sin querer analizarlo mucho se puso en medio de los dos, extendiendo los brazos para que no destrozarán su apartamento y mirando expresamente al rubio.
-Si quieres hablar, Malfoy, no será con Scorpius aquí- su tono no permitía réplica-. No quiero que escuche gritos.
Ante eso, Draco bajo la varita sin poder rebatir nada, él tampoco quería que el niño escuchará los gritos y con lo ofuscado que estaba dudaba que pudiera mantener un tono de voz ameno. Se trataba de Granger y él, ¡por Salazar!
-Ginny, por favor.
La pelirroja reacia bajo su varita, lanzándole antes una mirada llena de amenaza a Malfoy, antes de dirigirse a la habitación de su sobrino y salir con él en brazos hasta la chimenea y agarrar un poco de polvos flu.
-¿Dónde se lo lleva…?- preguntó impotente Draco al ver como la chimenea se tragaba al pequeño rubio y escuchar que se dirigían a "La Madriguera". No pudo evitar recordar el último momento que había estado allí, su rostro ensombreciéndose.
Cuando la castaña vio que su hijo desaparecía sintió que pudo respirar un poco mejor. Estaba a solas con Malfoy. M.A.L.F.O.Y.
La mujer suspiró, dejándose caer en el sillón y eso llamo la atención del rubio. Granger, frente a él.
-Me vas a contestar o no, Granger- de nuevo al ataque- ¿Por qué desapareciste?
La castaña lo miro con odio desde su posición en el sofá.
-No te parece obvio- arremetió Hermione, ahora sin pelos en la lengua-. ¿O tengo que recordarte la situación de hace cuatro años, Malfoy?
El hombre no pudo evitar que se le cortará la respiración y sus ojos se volviesen aún más negros. No quería recordar. Eso había sido golpe bajo.
-Al parecer, no- prosiguió la muchacha, notando el cambió en el rubio que ya había guardado la varita.
-No…- fue todo lo que pudo pronunciar el rubio.
-Entonces, ¿qué haces aquí?
-Mi hijo…
-No- lo cortó de inmediato la leona-. Mi hijo.
Ambos adultos se mantuvieron la mirada, ninguno cediendo.
-Lleva mi sangre.
-La sangre no significa nada.
Ante eso, Malfoy no pudo replicar, sabía que había una doble implicación.
-Tienes razón, no significa nada, pero eso no quita que sigue siendo hijo mío y lo quiero conmigo- afirmó el joven rubio-. Y esta vez, Granger, no te lo llevarás, maldita sea que no lo harás, no después de que lo vi, no cuando sé que está vivo- sentenció.
La castaña oculto el leve temblor que habían causado aquellas palabras en su cuerpo.
-Ya tienes tú vida hecha, Malfoy, tendrás otros hijos con tu prometida, ¿para qué lo quieres?
La indignación se hizo patente en la cara del rubio, ignorando deliberadamente que la chica sabía de su compromiso. Cómo no hacerlo si estaba anunciado en todas las revistas y diarios del mundo mágico.
-¿Para qué lo quiero? ¿Es en serio?- la incredulidad notable en su voz- ¿Y te haces llamar la mejor bruja de nuestra generación?
-No me insultes.
-Pues no digas estupideces.
Silencio.
Luego un suspiró.
-¿Por qué nunca me lo dijiste?
La mujer rió sin ganas.
-¿También tengo que recordarte cómo me maltrataste después de la visita de tu padre?
-Aun así…
-¡Me dejaste, Malfoy! ¡Y sin ninguna explicación!
-Fue por tú bien.
-¿Mi bien? ¡Ja!- se levantó Hermione del sillón, iracunda- ¡Ya ves dónde termine! ¡En el suelo de tu maldita mansión!
Y de pronto, una marca nublaba su mirada. ¿Qué era eso? Una cicatriz, una terrible cicatriz con forma de letras: sangresucia. El rubio no pudo evitar retroceder ante eso y la mujer, percatándose de lo que había hecho, bajo la manga de su camiseta y le dio la espalda.
-No quiero seguir hablando contigo, Malfoy- dijo sin voltear a mirarle-. Tampoco te quiero cerca de mi hijo.
-Granger, yo…
-Es mi última palabra- le interrumpió.
Silencio nuevamente, Draco quería explotar, pero la cicatriz de la castaña lo tenía paralizado, pero diablos, él sabía muy bien que el tema iba salir a relucir, sin embargo no había previsto ver una evidencia física. Emocional ya tenían bastante.
No tuvo tiempo de seguir analizando la situación ya que fuertes golpes en la puerta los volvieron a interrumpir, acompañados de unos gritos.
-Harry…-susurró la castaña sorprendida por la violencia de los golpes.
-¡Hermione, abre! ¡Sabemos que ese malnacido está ahí! ¡Hermione!- se escuchó la voz de Harry.
-¿Qué…?
-¡Hermione!- está vez fue Ron- ¡Malfoy, te mataré!
La castaña giro automáticamente hacia el nombrado que no estaba más que cinco centímetros lejos de ella.
-Pues la mía no- fue todo lo que dijo Malfoy antes de agarrar por la cintura a la mujer que se revolvía como una leona en sus brazos y tomaba un puñado de polvos flu, pensando en un lugar que no fuera obvio al que pudiera escapar. La casa de verano –o de conquistas, mejor dicho– en Italia de Blaise.
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-Ya les dije que no está aquí.
Narcissa se había esperado la indeseada visita desde que Draco salió de la mansión, debía dar créditos a su hijo por actuar tan rápido.
-Tampoco se encontraba en el departamento de Hermione, ¡y adivine! Hermione menos- dijo Harry irónico, pero con la molestia evidente en su voz.
-No entiendo a qué se refiere- Narcissa se mantenía con las manos juntas, tranquila.
-No se haga la tonta, señora, que no le queda.
-Más respeto, Potter- intervino ahora Astoria que no entendía nada la visita de los aurores-. Serás el niño que salvo el mundo mágico, pero eso no te da derecho a insultar a mi suegra, menos en su propiedad.
Harry desvió su vista de la mujer mayor a la joven rubia que lo observaba cruzada de brazos, con evidente molestia.
-Sabes, acaso, dónde está tu prometido ahora.
Astoria alzó su mentón, manifestando que no sabía la respuesta.
-Con Hermione- terminó de meter la daga el pelinegro.
La joven rubia miro a su suegra que de inmediato poso sus ojos en los suyos, la disculpa implícita en ellos. Algo sabía de la historia de su prometido con Granger, no todo, claro está, pero lo aceptaba. Sin embargo que ahora estuviese precisamente con esa mujer a pocos días de casarse, no era muy bueno para su orgullo, precisamente. Y es que a cualquier mujer le molestaría que su prometido desapareciera con su ex.
-Algún asunto han de tratar- fue toda la respuesta escueta de Astoria, sin caer en la trampa del auror.
Potter la fulmino con la mirada al no conseguir lo que quería, información.
-Supongo que no sabes cuál "asunto"- siguió. Debía intentar lo que fuera.
-No me destaco precisamente por ser una entrometida, Potter- la slytherin no se iba a dejarse atemorizar-. Si tienes algo que decir, suéltalo, si no, vete.
En ese momento, Narcissa amo a su yerna por cómo estaba llevando la situación, mientras Harry la odiaba. Los demás aurores aparecieron en el salón principal, buscando a su jefe.
-No está aquí, Harry- confirmó fastidiado Ron a su espalda.
-Entonces no tenemos nada más que hacer aquí- le respondió Harry, volteando para irse.
-Ya era hora- bufo intencionadamente alto Astoria.
Harry no se pudo contener de contestarle.
-Si me llego a enterar que lo están ocultando, tendrán problemas- amenazó.
-Lo mismo digo si me llego a enterar de que le hiciste algo a mi hijo, Potter- replico Narcissa, dejando de lado por un segundo su lado pasivo-. Voldemort no se compara con el poder de las madres, muy bien lo sabes.
Ante eso el pelinegro no supo qué responder, simplemente les dio la espalda a ambas mujeres y salió de la mansión con sus demás compañeros. Narcissa emitió un sonoro suspiró.
-Narcissa- la llamó su yerna y la mujer la miró-, sé que dije que no era una entrometida, pero… Necesito saber lo que está ocurriendo.
La mujer mayor cerró los ojos, claro que se había esperado eso.
-No te puedo decir mucho- comenzó la rubia mayor, alejándose de la entrada principal de la mansión para dirigirse nuevamente a la pérgola-, eso lo debe hacer mi hijo, pero quizás te pueda adelantar un poco…
Y con esas palabras, Astoria supo que cualquier cosa que le revelará su suegra no le iba a gustar.
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Apenas sintió que salieron de la chimenea, Hermione se apresuró a apartarse del rubio, sin reconocer, obviamente, su entorno. Todo era neutro y dedicada elegancia, pero aún más hermoso eran los cuadros que se encontraban instalados en la estancia y de artista desconocido, entregándole toda la vida al lugar, la medida justa.
Hermione se recrimino por estar pensando en algún día vivir en un lugar así, pero pronto centro su mente cuando se fijó en el hombre que bloqueaba la puerta del lugar. Al parecer, Malfoy había bloqueado la salida.
-¿Dónde diablos me trajiste?- gruño la leona evidentemente cabreada.
-A un lugar donde podamos conversar tranquilos- fue la respuesta escueta de Draco.
-No tenías derecho…
-No, pero lo hice.
¡Por Godric! A Hermione definitivamente le iba a dar un ataque. Se acercó a donde se encontraba el hombre para salir, pero obviamente estiró un brazo impidiéndoselo, golpeando su mano frustrada.
-¡Déjame salir!
-No- respondió Draco con calma-. No te servirá de nada tampoco, no estamos en Londres.
-¿Qué?
-Estamos en Italia.
La castaña se llevó ambas manos a los ojos, estirando terrorífica la piel bajo sus ojos.
-¡¿Acaso no te enseñaron que no debes secuestrar gente?!- chilló la mujer- Oh, claro que no, si así fue como comenzó todo- se dejó caer en uno de los modernos y cómodos sofás que se encontraban en aquella hermosa sala.
-Granger,- comenzó el rubio con los brazos cruzados, impaciente- no tengo todo el tiempo del mundo para aguantar tus berrinches. Potter y demás amigos me están buscando.
-Merecidamente.
Draco gruño.
-Granger, contrólate, solo quiero hablar del niño.
-¿Niño? Esta es la última vez que te lo dejo en claro, Malfoy: es mi hijo y no estoy dispuesta a compartirlo contigo. Me importa una mierda que tenga tú sangre, luzca como tú o tenga en demasía tú carácter. No lo quiero cerca de ti.
-Imposible, como lo haz dejado en claro, es mi hijo también.
-Yo lo críe.
-Porque lo alejaste de mi.
-No merecías ser su padre.
Aquellas palabras golpearon fuerte al rubio.
-¿No? ¿Y por qué no?- Draco comenzó a acercarse peligrosamente a la mujer- ¿Por qué te insulte en el colegio? ¿Por qué jugué contigo? ¿Por qué me convertí en mortífago?- poso sus brazos en cada lado del sofá, encerrando a la castaña que se pegó lo más posible a los brazos del sofá- Madura, Granger, eso ya paso.
La indignación de la muchacha se hizo patente en su rostro.
-¿Ya paso? ¿En serio?- sin controlarse, acercó ahora ella amenazadoramente su rostro al de Draco- Tú no eres quién se ha despertado cada noche de estos últimos cuatro años por mis pesadillas, Malfoy, ha sido mi hijo.
Draco retrocedió, como si le hubiesen quemado y no pudo evitar desviar sus ojos al brazo marcado de la chica, cubierto por su camiseta.
-No me importa lo que digas, Malfoy, no lo quiero cerca de ti, tú familia ni nada que tenga que ver contigo. Representas todo lo malo y me he esforzado por mantenerlo a salvo.
-Perdón.
Hermione cerró los ojos y aspiro con fuerza, esa palabra, no. Esa palabra era la misma que había escuchado después de cada pesadilla, esa palabra era la que la hacía despertar para que no siguiera sufriendo dormida, esa palabra era la que la había ayudado a salir adelante. Y recordó, recordó un momento que su mente había bloqueado en defensa propia y, aunque su amiga pelirroja le contó todo, se negaba a creerlo, ¿pero quién si no? Recordó como aquellos brazos la rodearon y alzaron con delicadeza, recordó su aroma a sudor después de la batalla, sobre todo recordó las manchas de sangre que habían quedado impregnadas en su ropa y que no pertenecían a ella, preguntándose mil veces si seguía vivo y, por último, recordó aquella palabra dicha en su oído.
Se limpió las mejillas con el dorso de la mano, sin saber en qué momento las lágrimas habían escapado de sus ojos.
-Granger…
La mujer se echó a llorar, cubriendo su rostro. El rubio se arrodillo frente a ella, acariciando su cabeza.
-Granger, no llores…
Y no pudo evitarlo, se lanzó a los brazos del hombre, parecían tan cómodos. Lloró en su hombro todo lo que había guardado durante esos cuatro años, por su hijo no se había permitido ser débil y ahora estaba allí, sola con él.
-No sabes cuánto te busque- le susurró el hombre en el oído, aprovechando que la tenía cerca-, necesitaba disculparme, necesitaba saber que estabas bien, que tú y él estaban bien…
La castaña lloró aún más fuerte.
-Pero no te encontré… Perdóname, perdóname por no ser lo suficientemente valiente para defenderlos, perdóname por todo.
Draco desenlazo los brazos de la castaña de su cuello y tomó el brazo que tenía la marca, alzando la manga, vislumbrando la fea cicatriz. El hombre no dudo en posar sus labios allí y la mujer cerro los ojos, suspirando, las lágrimas deteniéndose. Hermione no podía sentirse así…
-Basta, Malfoy, ya me siento mejor- y la mujer se alejó, volviendo a sentarse en el sofá-. ¿De verdad quieres conocer a Scorpius?- lo vio asentir con cuidado- ¿No te importa que su sangre sea…?
-Ni se te ocurra terminar esa frase- la atajó antes Draco.
La mujer ni se inmuto.
-¿Quién me asegura que tus padres no reaccionaran mal?- los ojos de Hermione volvieron a la vida, llameando- Si le hacen algo a mi hijo, juro que…
-Mi madre estará feliz, ya quiere conocerlo, por otro lado, mi padre… Está muerto.
-Oh- profirió la castaña, no sabía aquella información-, lo siento- en verdad no.
-No mientas, Granger, te sienta fatal- dijo el rubio ofreciéndole su mano. Ya era hora de volver.
-¿Y tú prometida?
Draco se tensó y Hermione se reprendió mentalmente por su gran bocota. Y Draco no respondió, solo se limitó a aparecer con Hermione, de vuelta a su apartamento. Apenas se aparecieron, un auror desconocido ingreso, viéndolos y mandando un rápido patronus a su jefe.
Hermione arqueó una ceja.
-Creo que estás en problemas- le dijo.
-Por tú culpa- aclaró Draco.
-Te lo merecías, por amenazar a mi hijo con tirarlo por la ventana. No lo he olvidado, Malfoy.
El rubio hizo una mueca.
-Digamos que entre Malfoys no somos especialmente cariñosos.
De repente, el rubio sintió un fuerte dolor en la mejilla, su rostro inclinado hacia un lado. ¿Lo había golpeado?
-Eso, por amenazar a nuestro hijo- Hermione alzó nuevamente su mano, esta vez dirigiéndola hacia la otra mejilla. El ruido hizo eco en el departamento, tanto que el auror se asustó y salió a esperar a sus colegas fuera-. Y este, por aquella vez en el tren. ¡Y ni te creas que esto es todo lo que te voy a cobrar por esa vez!
Malfoy se irguió, claramente sorprendido, no había esperado esos golpes, ganados a pulso debía reconocer. Aun así sonrió, porque la castaña había nombrado al enano como "nuestro".
Okayyy… No sé cómo quedo, pero me costó escribirlo bastante, ¡vaya que es difícil retratar emociones intensas! Todo un desafío y no sé si lo he conseguido de la mejor manera.
HOLA! Aquí con el segundo epílogo, al parecer se dividirá en tres porque éste ya me quedo bastante largo XD Pero como ya ven, no se preocupen, la actualización del final ha sido seguida ahahahaha. ¡AMENME!
Nada más decirle que esperen el final final, que sí o sí es el próximo (solo a mi se me ocurre alargar los finales, pero son difíciles, ¡dios!).
Besos y abrazotes a todos, me encantan sus review con sus opiniones y críticas constructivas que me hacen analizar todo. Espero haber logrado lo mejor para ustedes.
*SALESIA: ¡Querida! ¡Hola! Tantos, soles, lunas, estrellas, etc etc. ¿Cómo estás? Un gusto leerte nuevamente. Sí, me perdí por mucho pero volví, jajajajjaja. La inspiración no me atacaba, pero me puse a ello de todos modos. Y bueno, espero con este cap haber resolvido alguna de tus dudas, al leer tus review siempre me haces pensar cosas que se me van por despistada que soy (en serio, cuando hay laguna es porque olvido cosas, problema mío). Y bueno, en vez de estar con las tareas me he dedicado a escribir. Espero tú próximo review, eres como mi beta ahahaahahaha Te quiero, abrazos!
CHAITO A TODOS, PRONTO VOLVERÉ CON EL FINAL FINAL! No me odien.
PD: no olviden abusar de Draco y Levi mentalmente, ¡pero solo un poco!
