Y aqui esta: capitulo 19, segunda parte.

Enjoy(:


Mientras avanzaba, podía notar como la tonalidad el cielo se iba aclarando cada vez más. De nuevo, todo a su alrededor se iba desvaneciendo conforme aumentaba sus pasos.

Poco a poco siguió derecho por su camino, hasta que llego frente a un enorme muro de piedra en el que se encontraba una puerta igual a la que había atravesado momentos antes.

Como en la ocasión anterior, sintió la curiosidad de indagar en lo que se encontraba del otro lado. Coloco su mano suavemente sobre la perilla y la giró sin prisa, a sabiendas de que lo que sea que estuviera dentro, no se movería de ahí. Tras pasarla la sorpresa la invadió al instante.

-¿Huh?- Susurro extrañada, inclinando su cabeza a manera de duda.

Una vez más, se encontraba en una sala médica.

Pero le bastó un breve vistazo a su alrededor para darse cuenta que aquella no era la misma de donde provenía.

Esa habitación, aun siendo para el mismo uso, distaba de mucho con la que había dejado atrás. Sus muebles eran mucho más nuevos y se notaba que habían recibido un mejor trato; sus paredes eran de un verde claro, con algunos cuadros en ellas para darle un poco mas de color a la frialdad de acero inoxidable de los aparatos médicos. Pero lo que daba realmente calidez era el enorme ventanal que estaba situado frente a ella, por el cual se colaba la reconfortante luz ámbar del atardecer.

Junto a la ventana, una cama cuyas sabanas, de apariencia suave, la invitaba a sentarse. Camino hasta ella sonriendo y se acomodo en el mullido colchón. Al sentir el cómodo toque de este que se amoldaba a su cuerpo perfectamente, le invadió la extraña sensación de familiaridad que no lograba realmente asociar con nada.

-Al parecer ya he estado aquí antes…- Se susurro.

-… Y yo me he mantenido en este lugar esperando tu regreso Sakura.- Respondió alguien más repentinamente.

Sorprendida, pero nunca asustada ni mucho menos sobresaltada, giro su cabeza hacia la proveniencia de aquella voz. Sus ojos verdes se encontraron con unos apacibles y brillantes orbes azules que hicieron que su pulso se acelerara. Sentía como su cuerpo era dominado por un extraño cosquilleo y una calidez reconfortante invadía cada centímetro de su ser. Observó como los labios de aquel joven de pie ante ella se curvaban en una sonrisa zorruna que subía hasta sus ojos, y ella sentía como su propia faz imitaba el gesto como un espejo.

Estaba feliz.

A diferencia del joven calmo de apariencia seria que había visto hacia unos instantes, este de la nada corrió del rincón en donde se encontraba y la tomo de manera cálida y fuerte entre sus brazos, bruscamente alzándola del piso pero al mismo tiempo haciéndola sentir segura.

-¡Dios no Sabes cuánto me has hecho falta Saku-chan!- Dijo el joven con voz quebrada, estrechándola más en aquel abrazo.

Sakura automáticamente respondió a aquel agarre, apretándose más contra el cuerpo del joven, hundiendo su rostro en su pecho, rodeando con sus brazos el cuello del chico.

-Tú también me hacías mucha falta.- Respondió al instante Sakura, sin realmente comprender la razón de sus palabras.

El joven la sostuvo así durante un largo rato, hasta que finalmente se decidió a ponerla de nuevo en el suelo, solo para poder abrazarla mejor. La miro durante unos instantes, examinando cada línea y milímetro de ese rostro blanco, tras lo cual hundía el suyo en el hueco entre el cuello y la clavícula de la joven. Sakura sentía una ligera sensación de calor que recorría su espina tras este contacto. Después esta sensación aumento cuando él comenzó a dar ligeros besos desde la zona en la que reposaban sus labios hasta el hueso de su mandíbula y terminar en la comisura derecha de sus labios.

-Sakura…- dijo sin aliento el rubio, tomando su rostro con su mano derecha.- Te he estado esperando durante tanto tiempo, no puedes siquiera imaginar cuanto.

Sakura se quedo examinando a su acompañante. Sus brillantes ojos azules tan vivaces, tan cálidos; sus labios curvados en una sonrisa sincera, piel ligeramente bronceada, cabello lacio y rubio alborotado. Una chispa de reconocimiento broto en su borrosa memoria, pero no la clase de recuerdo que hubiera esperado él.

-Tú eres el chico de mi sueño.- Aseguro ella en un susurro.

-¿El chico de tu sueño? Bueno, debo decir que es halagador el hecho de que sueñes conmigo…- comento en tono juguetón el joven.

Pero solo pudo decir estas palabras, pues la pelirrosa inmediatamente lo estrecho en un sofocador abrazo. El joven podía sentir como el corazón de ella palpitaba preocupantemente aprisa.

-¡Estás vivo! No estás herido ¡Pensé que él te había herido! ¡Que sus ojos rojos como la sangre habían apagado los tuyos!- Su voz iba subiendo de tono conforme hablaba. La kunoichi no podía explicar que era esa sensación tan atosigante.

-Shhh Sakura tranquila. Estoy bien, pero por el momento la que realmente me preocupa eres tu.- le dijo separándola cuidadosamente y mirándola a los ojos.

-¿Yo?- Ella observó extrañada como él asentía ante sus palabras.-

-Sí. Por más que quiera, no puedes quedarte aquí conmigo.- Un deje de tristeza brillo de manera fugaz en sus orbes azules tras esas palabras, mientras con su rostro miraba hacia el ventanal.

Al seguir el trayecto de su mirada, Sakura cayó en cuenta por primera vez que aquella luz ámbar no era el atardecer. Era una luz más limpia y brillante, tan brillante que no permitía ver nada más sin embargo, no hería sus ojos, era algo que desconocía por completo.

-¡NO! Otra vez no….- Nuevamente se estrecho contra aquel tipo, pero este la retiro suavemente y sostuvo con delicadeza su mentón para que lo observara mejor.

-Saku-chan, puedes decirme con seguridad ¿Quién soy yo?- Pregunto tranquilamente.

La joven se quedo inmóvil, confundida ante la pregunta. Cerró los ojos he intento recordar el nombre de aquel muchacho que la tenía entre sus manos. Si, era él quien salía en aquellos sueños tan preocupantes que la atormentaban por las noches, pero eso era todo.

-No lo sé.- Declaro decepcionada. - ¿Por qué no lo sé?- Una sensación incomoda por todo su cuerpo la embargo, era algo molesto que quería sacudir, pero no era nada físicamente palpable.

"Desesperación", fue el nombre que su mente dio a aquello.

-Tienes que seguir Sakura, yo tampoco conozco la razón, pero es algo más fuerte que nosotros. Solo así podre asegurarme de volverte a ver.- Dijo mientras rozaba su mejilla con el pulgar.

-¿Por qué no me dejan quedarme con ustedes?- Se sentía al borde del llanto, una sensación de abandono la embargaba al pensar en cómo tenía que dejar a ese joven igual que al anterior.

-No lo sé… - lanzo un suspiro y tomo la mano de la kunoichi para colocarla lentamente sobre su pecho..-… pero recuerda lo que te dije aquella última noche juntos Saku-chan: no importa lo que pase o lo que decidas, esto siempre será tuyo…

-"…y siempre recuerda, que mi corazón vive por tu calidez… y solo se detendrá el día en que tú dejes de existir en este mundo".- Susurro la joven interrumpiéndolo, recordando.

El rubio sonrió ampliamente y su mirada se lleno de una alegría pura y sincera. Sakura evocó esa noche en el departamento, más aun así no recordaba su nombre. El estrechó fuertemente la mano que sostenía la suya.

-Te amo Sakura.- Después de esto la soltó.- Ahora ve, y hagas lo que hagas no mires atrás. Prometo que la próxima vez que nos veamos no te dejare ir de nuevo. Y menos de una manera tan fácil.

Y tras este comentario comenzó a reír con alegría algo avergonzada, cuyo sonido contagioso lamia como espuma las paredes de su corazón, apaciguándola y dándole confianza para continuar.

La chica asintió, y sin decirle nada, sonrió majestuosamente como él sabía que solo ella podía. Tras eso le dio la espalda y abrió aquella enorme ventana al margen del suelo que le había indicado momentos antes. Una dulce brisa acaricio tersamente su piel invitándola a dar el primer paso.

Y así, el joven aun dentro de la habitación vio como aquella hermosa figura frente a él desaparecía en un abrasante océano luminoso, dejando solo el suave aroma de flores de cerezo a su paso.

-Mmm….- Comenzó a quejarse.

Sentía todo el cuerpo entumecido por permanecer mucho tiempo en la misma posición, su cabeza martilleaba y se sentía algo mareado. Abrió los ojos y no oculto su expresión de sorpresa al percatarse de donde se encontraba.

-¿Qué demonios estoy haciendo en el hospital?- Se incorporo pero sus movimientos fueron muy rápidos, se aturdió un poco y se apoyo de nuevo en la orilla de la cama.

Se llevo la mano a la cabeza y sintió un tirón desde el interior del codo: tenía un catéter puesto. También se percato de la serie de cables que estaban en su pecho y muñecas pegados con ventosas a su piel.

-De acuerdo ¿Qué demonios paso conmigo?- Se pregunto en voz alta extraño mientras se quitaba aquella molestia del cuerpo. Justo cuando terminaba y trataba de ponerse de nuevo en pie, alguien abrió la puerta.

-¡Naruto-kun!- Exclamo una voz sorprendida.

-Oh Shizune... ¿Podrías decirme que…¡Pero qué!- La interrogante inicial de Naruto fue interrumpida por la rápida embestida de un abrazo por parte de su interlocutora.

Lagrimas de alegría rodaban por las mejillas de la mujer, mientras sollozaba una y otra vez entre sonrisas aferrándose más a la cintura del rubio, quien estaba demasiado confundido para siquiera tratar de apartarse.

-¡Naruto-kun! ¡Me alegra tanto que hayas despertado! - No paraba de repetir la misma frase.

En medio de la confusión del ninja, alguien más se unió a la escena, una voz de mujer que sonaba algo ruda por su notable autosuficiencia.

-¡Shizune! Sigue así y lo tendremos que retener más tiempo por causa de un trauma torácico. Lo último que deseo es atender a un chiquillo quejumbroso con costillas rotas queriendo escapar cada tres minutos por ir a entrenar.- Pero su alivio no se podía ocultar aun en un comentario tan mordaz.

-S-si Tsunade-sama.- Respondió Shizune intentando controlar su lagrimeo al tiempo que se apartaba del adolescente. Su sonrisa seguía inalterable en sus labios.

Naruto miro extrañado a la mujer de cabello negro, sin comprender aun bien lo que acababa de suceder. De ahí su vista se poso en la persona cruzada de brazos ante él observándolo, sonriendo satisfecha desde el umbral de la habitación.

-Nunca cambiaras Naruto Uzumaki ¿En verdad pensabas irte sin que te diera de alta? Tendré que anestesiarte las piernas cuando te vuelvan a internar para que te quedes en cama.-

Pero a pesar del comentario burlón, Naruto no pudo pensar en nada más que la incógnita que revoloteaba por su cabeza desde que despertó.

-¿Qué me sucedió?- Solo quería recibir respuesta cuanto antes.

Al instante de escuchar esto, las sonrisas de las mujeres cambiaron por una mueca tensa. Se miraron un instante sin contestar, pero el joven rubio seguía viéndolas penetrantemente, esperando una explicación.

Finalmente la Hokage suspiro cansinamente y miro al ninja.

-Te desmayaste durante tu entrenamiento con Yamato y Sai, ellos fueron lo que te trajeron inmediatamente aquí después de fallar numerosas veces al intentar reanimarte.- Naruto escuchaba atentamente cada palabra.

-Cuando llegaste aquí presentabas fiebre muy alta, y tu pulso cardiaco se encontraba en estado crítico.- Prosiguió Shizune.- Después caíste en un estado de semi-consiencia, sin embargo nunca despertaste del todo. Solo murmurabas cosas sin sentido, delirios por la misma fiebre y te quejabas de un dolor en el centro de tu torso constantemente, pero por más estudios que te realizamos, no encontramos nada.

-¿Dolor en el torso?- El rubio miro extrañado a sus acompañantes y se llevo la mano al pecho. –Si… ahora recuerdo. Estaba en el campo practicando un nuevo jutsu cuando sentí…- Se quedo mudo un instante.-… Sentí como si me atravesaran el cuerpo.- Lo último fue un murmullo audible solo para sí mismo.

La cara de desconcierto de Naruto provoco que Tsunade frunciera el ceño con preocupación.

-Naruto, deberás quedarte esta noche en observación.

-¿¡Eh!- Se alejo de sus pensamientos un instante para alegar.- Pero si estoy bien…

-Te quedaras y no se negociara el asunto.- La voz de Tsunade era tajante, llena de autoridad. Sin embargo, el rubio noto algo extraño.

-Dime Tsunade-san- la voz de él se torno seria y madura, algo atípico de su personalidad.- ¿Realmente que fue lo que paso conmigo?-.

Tsunade guardo silencio. Deseaba no responder, pero sabía que era su obligación no solo como nin-medica, sino como persona cercana al chico.

-Sera mejor que te sientes Naruto, lo que te diré no es fácil de asimilar.-

El rubio obedeció al instante, pero no oculto su escepticismo.

-Shizune no vino corriendo a esta habitación por casualidad, en realidad acudía a auxiliarte. La alarma que se activa con los registros anormales en el electrocardiógrafo se activo momentos antes. – Tsunade camino hasta un lado del joven, pero se detuvo a revisar un aparato extraño junto a la cama. Él se dio cuenta que era el lugar de donde provenían los cables que estaban pegados a su piel cuando despertó.

Tras ver la larga lista de papel que provenía del aparato, Tsunade cerró los ojos y tomo aire, después de esto miro a su compañera, quien se llevo con preocupación las manos al pecho al comprender aquella mirada. Todo esto no ayudaba al joven.

-Efectivamente. El aparato no miente, no fue un error del sistema.-

-Tsunade-sama…- Shizune quería añadir algo pero fue interrumpida.

-¡Ya basta de tanto rodeo anciana! ¡Dime que está sucediendo!- Tanto preámbulo le causaba desesperación, lo único que deseaba era largarse de aquel sitio.

-De acuerdo, iré al grano: Hace unos momentos estuviste oficialmente muerto Naruto.- Tsunade no hizo pausa alguna ni utilizo el menor tacto.

El golpe de estas palabras le pego con una fuerza tan violenta que lo dejo sin aire. Tuvo que aferrarse del borde de la cama para no resbalar hasta el suelo a causa del mareo que sintió.

-Eso no puede ser verdad, entonces no sería posible que estuviera aquí hablando con ustedes…- La voz de Naruto era un susurro débil.

-El electrocardiograma no miente Naruto, tu pulso se detuvo durante un minuto completo. Sin embargo en este momento te vez como si nada de esto hubiera pasado, lo cual es preocupantemente extraño. No es algo común que una persona que sufre un paro cardiaco se recupere sin intervención alguna, a decir verdad el hecho de que una reversión espontanea suceda es algo casi imposible. Por eso lo mejor será que te quedes en observación ¿comprendes esto?-. Su voz era más suave, intentado aligerar la conmoción que acababa de causarle.

Naruto simplemente asintió, más su semblante no se atrevía a moverse ni un centímetro.

"Muerto, Muerto, Muerto…" Una y otra vez, las palabras de la rubia hacían eco en su desconcertada mente.

¿Cómo podía ser aquello? Era imposible que fuera cierto. Después de todo se había enfrentado en numerosas situaciones de peligro, había luchado con enemigos que atentaban contra su vida en muchas ocasiones, lograba sanar siempre de sus dolorosas heridas como si nada… ¡¿Cómo era posible que pudiera realmente "Morir" sin motivo alguno?

¿Acaso eso significaba que a sus 17 años debía vivir con el miedo de sufrir en cualquier momento una muerte súbita?

Este pensamiento le helo la sangre.

Justo cuando toda esta confusión lo embargaba, una suave brisa entro a la habitación desde el ventanal a su espalda.

-Naruto-kun, no debes abrir la ventana, no sabemos si el frio podría enfermarte.- Le dijo Shizune al tiempo que caminaba en dirección de esta para cerrarla.

-Yo no abrí la venta…- Comenzó a susurrar Naruto, más un flechazo de un borroso recuerdo lo golpeo.-¡Espera!-. Grito mientras se levantaba para detener a Shizune.

-¡Naruto siéntate en este instante!- Ordeno Tsunade, pero este no le obedeció.

-¡Espera!- Repitió el rubio nuevamente tomándola por el brazo para detenerla.

-¿Qué sucede Naruto-kun?- Preguntó confundida la mujer de ojos negros mientras miraba como el chico que la tomaba del brazo se quedaba contemplando fuera del ventana.

-Yo no la abrí…- Respondió él, más para sí mismo que para ella mientras la soltaba de su agarre.

El ninja miro al rojo atardecer, majestuoso desde el bosque, pero sentía que esta imagen no encajaba ahí. Cerró los ojos y por un instante recordó una cálida y brillante luz, que aun detrás de sus parpados lo cegaba ligeramente, brindándole el calor de un sueño lejano el cual no podía recordar.

De nuevo como hace un instante, un céfiro volvió a entrar tímidamente en el recinto, pero esta era distinta.

El vientecillo era más fresco que el día, y un ligero perfume lo teñía sutilmente de algo, que le causaba melancolía al rubio. Él conocía ese efluvio más que cualquier otra cosa, ese aroma fresco y seductor que apaciguo la gelidez de su sangre, pero al mismo tiempo lo lleno de preocupación.

-¿Qué sucedió contigo Sakura?-.

Y tras sus palabras, desconcertantes para sus acompañantes, abrió los ojos y se quedo ahí, de pie en silencio, mirando el ocaso teñido de sangre, sintiéndose menos solo de lo que se había sentido en mucho tiempo.

Aun así, no sabía si eso era algo bueno.

Itachi seguía en la misma posición desde que se había sentado, la única diferencia desde que dejó la habitación en la que se encontraba Sakura era que su aliento, el cual se había detenido haci unos instantes. No sabía porque de repente un escalofrió recorrió toda su espina, pero no se atrevía a moverse.

Era como un mal presagio, algo estaba sucediendo, pero no sentía que pudiera trasladarse ni un ápice de su lugar. Era como si su cuerpo estuviera pegado al duro suelo. Tanto preámbulo estaba acabando con su cordura.

-¿Quién diría que el gran Itachi Uchiha podría verse tan patético?- .

Itachi normalmente no se hubiera molestado siquiera en mirar, conocía esa voz perfectamente como para causarle curiosidad alguna, últimamente no dejaba de molestarle a donde sea que fuera. Tal vez era este mismo hecho lo que provoco que su paciencia de evaporara.

-Si vienes a estarme jodiendo Hidan te advierto que este no es el momento.- Su voz era fría y clara.

El rojo Sharingan del Uchiha resplandecía amenazante al momento que se ponía de pie ante aquel intruso de su silencio. Más al ver a aquel hombre frente a él, quedo extrañado.

-No estoy aquí para estarte jodiendo.- Dijo el tipo de ojos amatista seriamente.- Solo venia ha…

-¿Ah qué?- Era cortante, no sabía porque, pero el semblante de aquel tipo le causaba aun más rabia que si lo hubiera venido a provocarle. Era ese coraje extraño que no podía descifrar desde hacia días cuando lo sintió con Deidara.

Un silencio incomodo fue lo único que inundo el pasillo. Ambos se miraban serios, sabían realmente la respuesta a aquella pregunta, pero ninguno de ellos deseaba hablar realmente con el otro al respecto.

-¿Cómo carajo se encuentra?- Y si: esa era su manera sutil de preguntarlo.

-No tengo la más remota idea.- Respondió Itachi.

A pesar de esto, los dos sentían que algo no estaba bien. Era una corazonada asfixiante. Para acabar con su incertidumbre, un grito proveniente de la enfermería se escucho por todo el pasillo, desgarrando furiosamente la paz de sus semblantes solemnes.

-¡MIERDA KONAN HAZLO AHORA!- Aquella era la voz de Zetsu exasperada a un grado que jamás habían oído.

-¡AAAAAHHHHHH!- Y ese fue el aullido que los perturbo.

Se miraron un breve instante y sin pronunciar palabra se adentraron a velocidad sobre humana a la enfermería.

-¿¡QUÉ CARAJO ESTA PASANDO AQUÍ!- grito Hidan en cuanto cruzaron la puerta, pero calló enseguida.

Lo que vieron al entrar, fue algo tan bizarro que los dejo helados.

Tras atravesar el ventanal, Sakura caminaba sin rumbo por aquel limbo de luz blanca. Se preguntaba cuanto tiempo habría pasado desde que vio al primer joven de cabellos oscuros hasta ese momento. Sentía que eran horas largas y pausadas, casi podría jurar que el tiempo había trascurrido en su lento compas hasta un nuevo día. Pero realmente en ningún segundo desde que despertó, se asomo un amanecer, ocaso o una noche en aquel lugar, por lo que no estaba segura de nada.

"Sakura…"

La joven se detuvo en seco. Por un instante, un hormigueo reocrrio por sus palmas hasta sus dedos, y una ligera presión se hizo notar esporádicamente en su pecho. Le pareció escuchar su nombre, pero no sentía el sonido proveniente de otro lugar… era como si alguien la hubiera llamado desde dentro de sí misma.

No escucho nada más, así que continuo por su indefinido camino en silencio. Nuevamente la embargo aquella extraña sensación y volvió a escuchar:

"Sakura…"

¿Sería su imaginación o alguien la estaba llamando?

Se quedo inmóvil tratando de descifrar que era todo aquello. En eso, sintió como una mano la tomaba suavemente del hombro.

En lugar de sobresaltarse, hubo algo en la calidez de ese roce que calmo todo su ser, era sumamente familiar. Sin perder tiempo, Sakura se giro al encuentro de aquel quien la buscaba.

Su rostro al instante dibujo una de las sonrisas más genuinas y radiantes que jamás hubieran curvado aquellos labios; y es que nada la llenaba más de felicidad que reconocer, entre todos los rostros que se habían presentado ante ella en ese viaje, el rostro de ese hombre.

-¿Papá?- La voz de Sakura era una dulce expresión forzada para no quebrarse en un sollozo.

-Mira que hermosa te has puesto Sakura, mi niña.- Dijo cariñosamente aquel hombre, mientras posaba su otra mano en el rostro de su hija.

Sakura cerró los ojos y disfruto de la calidez de aquel toque. También fue consciente de la lágrima que resbalaba por su mejilla y del momento en que su padre la secaba con su pulgar.

-Después de todo, sigues siendo un chica sentimental cariño.- Agregó el hombre bromeando.

-S-supongo.- Respondió ella, secándose el resto de las lágrimas e intentado calmar sus sollozos.

-Y yo que había apostado con tu padre que no llorarías hasta que yo llegara.- Aquella nueva voz, era femenina y cantarina, tan fluida y fresca como el agua de un manantial.

-¿¡Mamá!- La respiración de Sakura se detuvo en una exclamación de sorpresa.

Detrás de su padre, la hermosa y esbelta figura de aquella mujer los contemplaba con esos penetrantes y abrazadores orbes color jade, mismos que había heredado ella.

El hombre soltó a la chica, para que esta corriera a los brazos de su amada progenitora, los cuales la acunaron suavemente. Sakura podía sentir su desbocado corazón golpeando contra su pecho, pero no le interesaba en lo absoluto, solo le importaba sentir la calidez de su madre, pues algo le decía que aquello solo seria temporal.

-Déjame verte Sakura.- Le pidió su madre mientras cambiaba la posición de sus manos hasta tomar las de su hija, para tener una mejor imagen de esta.- Ya casi eres una mujer.

-Mamá yo…- la chica comenzó a hiperventilar, la emoción que la embargaba era abrumadora.- No tienes idea de cuánto te he extrañado, a los dos.- Continuo girando su mirada hasta su padre, quien se acerco para abrazarlas a ambas.

-Lo sabemos hija. Pero debes que entender que siempre estamos contigo, no debes echarnos de menos.- La voz de su padre era tan profunda y serena como la recordaba.

Sakura comprendía esto, pero aun así no podía evitar la añoranza que la invadía cuando los recordaba, el sobrecogedor vacio que sentía cada vez que estaba sola en casa, en la casa de ellos.

Ahora comenzaba a recordar todo: comenzaba a recordar su hogar, la aldea, sus amigos, Akatsuki, y por fin recordaba quienes eran aquellos dos jóvenes que había encontrado en su camino.

Pero tras esto, la comprensión de algo mucho más pesado cayó sobre sus hombros.

-He luchado a muerte hace no se cuanto tiempo.- Sakura los observo a ambos anonadada.- Y hace años que ustedes están muertos…

-No amor, no venimos a llevarte con nosotros.- La interrumpió su madre.- Aunque lo desearas, no es tiempo aun de que nos acompañes.

Sakura sintió un ligero alivio al escuchar estas palabras. Aun así, necesitaba sentir a sus padres más que nunca. Después de todo, en esos pocos meses había pasado por tantas cosas.

-Sakura, ya es hora de que vuelvas.- Comenzó su padre, acariciando su cabello rosa.- Recuerda que él aun está esperando.

-¿Me está esperando?- Sakura sintió que el corazón volvía a acelerársele con esa frase.- ¿De quién me hablas?-.

Su padre solo comenzó a reír suavemente, y su madre fue la que contesto:

-Si en este momento no lo sabes, lo descubrirás más tarde, con el tiempo. Y lo aprobamos, porque confiamos en tu juicio, además de la paciencia con la que él aguardara siempre por ti…

-Después de todo es un buen hombre, y sabemos más que él mismo lo mucho que te ama.- Finalizo su padre.

La pelirrosa se quedo en silencio pensando en aquellas palabras. ¿De qué demonios hablarían sus padres? No pudo evitar sonrojarse ante la idea de no saber a quien se referían, era demasiado vergonzoso.

-Sakura.- Su madre llamo nuevamente su atención, pero esta se sorprendió al ver las lagrimas brillantes y puras rodando por sus mejillas.- Ten en cuenta que en esta vida tendrás miles de dudas, retos y situaciones difíciles. Pero siempre debes ser fuerte y seguir avanzando con la mirada en alto. Lo que más nos duele es no poder afrontar esto contigo, mas siempre ten en cuenta que te amamos, más que nada.

-Y estamos orgulloso de ti, hagas lo que hagas. No temas a las incitaciones ni retos, eres una Haruno, eres fuerte. -Añadió el hombre mientras la abrazaba fuertemente.

-Gracias.-dijo la chica. No podía pronunciar más, sentía que cualquier otra palabra solo arruinaría el sentimiento que realmente les quería transmitir. A veces no era necesario agregar nada.

-Ahora, debes continuar tu camino.- Dijo la hermosa, mujer mientras ella y su esposo la soltaban suavemente.- Sigue Sakura.

La chica asintió, y les dio la espalda, echándose a andar de nuevo, sin voltear atrás.

"Prometo que la próxima vez que los encuentre, no habrá ningún remordimiento en los recuerdos de mi vida"

Y con este pensamiento, continuo durante un largo rato, deambulando sin rumbo pero segura de que aquel era su camino.

….

(Momentos antes de la entrada de Hidan e Itachi)

-Sakura….-.

Era ya mucho tiempo el que había transcurrido sin obtener respuesta por parte de Sakura. El intento de reanimarla se estaba tornando cansino y desesperante, más Konan no se rendía en su tarea.

-Vamos Sakura, tienes que despertar.- Alegaba con convicción Konan mientras Zetsu le daba compresiones a la chica.

-¡Es inútil Konan! Esto no va a funcionar… ¡tienes que usar el otro método ya!- Apuro Zetsu sin detenerse.

-¡No pienso hacerlo! ¡TU solo continua!- Grito la chica.

Pero contrario a sus palabras, Zetsu se detuvo y fue rápidamente hasta la mesa para tomar una jeringa y un frasco.

-¡¿Qué mierda crees que estás haciendo?- Comenzó a reprender histérica la peliazul al tiempo que tomaba el lugar de Zetsu desesperada.- ¡¿ESTAS DEMENTE?-.

Peor Zetsu estaba concentrado en llenar la jeringa con aquel líquido denso.

-¡Sakura!- Exclama entre jadeos exhaustos la peliazul.

-¡Escúchame bien Konan! ¡Ya vas a cumplir los 8 minutos intentando lo mismo! Si esta chica muere no es problema mío, pero si por tu terquedad logras traerla solo en coma… bueno no pienso vivir cuidando de un cuerpo inmóvil, y sé que Pein no guardara uno.- Declaro mirándola con la inyección en la mano ya preparada.

Konan solo se quedo en silencio molesta, sin dejar de ver a Sakura ni parar su labor.

-¡Ahora Toma!- Agarro furiosamente su mano y deposito la inyección en ella.- ¡Oh le administras la jodida inyección de adrenalina o le saco el corazón ahora mismo para que aceptes que ha muerto!-.

-¡CIERRA LA MALDITA BOCA!- Grito hecha una fiera Konan.

La mujer de cabello azul giro a ver a la chica en la camilla. Sakura lucia tan apacible que era doloroso de observar. No, no dejaría que sus planes se arruinara así, no permitiría que la joven se fuera para siempre, no cuando había logrado entrar a la organización.

La Akatsuki respiro hondo y tomo la inyección firmemente entre las dos manos, apuntando al corazón de la kunoichi. Sentía como las gotas de sudor frio le resbalaban por la espalda, y la mirada inquisitoria de Zetsu no la apoyaba en nada.

-Más te vale que despiertes después de esto Sakura…-Susurro amenazante por sus nervios.

….

Sakura caminaba sin saber bien que buscar, pero algo le decía que iba en la dirección correcta. La experiencia que acababa de tener la emocionó de tal manera, que había olvidado aquella sensación que la embargo antes de ver a sus padres.

Sin embargo, depuse de un rato de caminar, ese hormigueo en las manos y presión en el pecho habían continuado. Era algo rítmico y firme, pero más allá de la mera sensación, no le molestaba en lo absoluto.

Por fin, a lo lejos, pudo observar a una persona en alguna clase de umbral caminando hacia ella. La chica decidió acelerar el paso para encontrarse con aquella persona, preguntándose quién seria ahora su siguiente guía.

-Solo falta que me encuentre a mi abuela.- Murmuro en una broma personal. Ralamente no creía estar preparada para encontrarse con más personas teniendo ahora el recuerdo de que había pasado con ellos.

Conforme Sakura se acercaba a su nuevo acompañante, el umbral se hacía ligeramente más grande. La chica por fin topo con aquella persona de extrema belleza que había reconocido al inicio de su viaje, y una vez más miro incrédula la imagen que se mostraba frente a ella.

-Este espejo es enorme.- Exclamo sorprendida al ver aquel cristal que se elevaba metros y metros por encima de su cabeza, y cuyo ancho parecía extenderse kilómetros.

Ese era el límite de aquel mundo.

Sakura observo curiosa la figura que le mostraba su reflejo y no pudo evitar sonrojarse ante su propia vanidad. Cada vez que se miraba en algún cristal de ese lugar, se sentía una beldad.

-Ojala pudiera llevarme uno de esto conmigo, seguro que me haría amanecer de buen humor.- Una suave risita broto de entre sus labios, y como era de esperarse, su yo del otro lado del espejo imito el gesto con una encantadora gracia.

Entonces la sensación de presión en su pecho se intensifico, lastimándola.

-¡Agh!- Exclamo ella llevándose las manos al punto que la afligía.

"Sakura…".

-E-es de nuevo esa voz…-murmuro jadeante la chica.- ¡Agh!-. Una presión más fuerte la hizo doblarse de dolor.

"¡Sakura!"

Aquella voz desesperada, no podía ser otra, ahora la reconocía sin problemas.

-¿Ko-nan?- Pregunto al aire.

Sakura miro al espejo de nuevo, y lo que vio la dejo pasmada.

Desde el otro lado del espejo, podía ver la imagen de Konan desde arriba, como si aquel espejo estuviera flotando por encima de su cabeza, mientras esta intentaba desesperada y furiosa junto a Zetsu reanimar a su cuerpo inerte.

Pero en si no era esta imagen lo que sorprendía a la kunoichi, sino era ver como la figura ensangrentada y malherida recostada en aquella camilla la miraba desafiante a los ojos, sonriendo socarronamente ante la ignorancia de los Akatsuki, quienes al parecer no veían esto.

"Tienes la opción de escoger Sakura".

Aquella voz era la que escuchaba ahora dentro de su cabeza, satisfecha y altanera, era nueva. Era la voz que provenía de aquella figura, aquella Sakura desconocida, quien la llamaba sin mover los labios.

"Aun puedes quedarte a vagar por ese mundo tan apacible, allá donde no conocerás el dolor ni la pena. No tendrás que vivir con la idea de que eres un maldita traidora, ya sea con tu aldea o con tus hombres: Sasuke, Naruto, ITachi… bueno ¿vaya que eres una incitadora no?".

-¡¿Qué demonios quieres?- Grito Sakura desesperada, sin poder librarse de aquel dolor exasperante.

"Tranquila, solo te estoy ofreciendo la paz eterna. ¿No es eso acaso lo que todos desean?"

La voz de aquella mujer del espejo era pausada y seductora, una invitación tentadora a algo que no le causaba buena espina a la joven.

-¡¿Quién crees que eres? ¡YO DEBO REGRESAR! ¡AGH!- La calidez de la sangre resbalo por sus dedos, nuevamente el dolor de las heridas que se abrían volvía a ser parte de su cuerpo.

Una risilla perversa resonó en los oídos de Sakura aturdiéndola.

"Yo soy quien soy. Solamente buscaba darte el privilegio de elegir, eso es todo. Si lo que quieres es volver, adelante."

Sakura comenzó a jadear y cayó de rodillas a suelo. Sentía que se desmayaría en cualquier momento y para no caer completamente al piso, se apoyo en aquel espejo.

Entre su semi-conciencia (o lo que sea que aquello fuera), pudo observar como Zetsu pasaba una jeringa a Konan, quien tras vacilar la tomaba firme entre sus manos.

"Entonces está decidido."

La mano de aquel taimado reflejo estiro su mano hasta la de Sakura. Esta observo como sobresalía más allá de la superficie de su lado, acariciando y tomando la mano de la chica. Pero Sakura estaba en demasiada agonía como para tener reacción alguna.

La Sakura del otro lado del espejo pasó ligeramente su rostro a través del cristal, como si de un estanque se tratara. Sus labios se acercaron hasta el oído de Sakura y susurro provocadoramente:

"Nos veremos pronto Sakura".

Al mismo tiempo, más allá de aquella imagen, pudo escuchar como Zetsu gritaba a Konan algo furioso y esta dejaba caer de golpe la aguja sobre su corazón.

--¡AAAAAHHHHHH!- Fue el grito que desgarro la garganta de la chica ante el brinco que dio su corazón.

Y sin añadir nada más, Sakura fue arrastrada velozmente en un parpadeo hacia el otro lado del espejo.

-¡AAAAAHHHHHH!- El grito de la kunoichi levantándose repentinamente de su sopor desgarro los tímpanos de Konan y Zetsu.

En ese preciso instante, los pasos veloces de personas se hicieron presentes, hasta que dos figuras entraron abruptamente por la puerta.

-¿¡QUÉ CARAJO ESTA PASANDO AQUÍ!- Grito Hidan, pero enseguida guardo silencio.

Sakura respiraba aceleradamente, ante la mirada anonadada de todos. Entonces, miro hacia abajo, donde pudo apreciar una enorme jeringa clavada en su pecho.

Aun sin poder calmar sus palpitaciones, torno su temblorosa mano hasta el objeto y con una firmeza que no sabía de donde provenía, extrajo aquello y lo arrojo al suelo.

Todos en la habitación estaban demasiado conmocionados como para detenerla.

Sakura sentía como las gotas de sudor le brotaban por la frente, pecho y espalda. Tenía tierra y sangre seca por toda la piel y el cuerpo le dolía horrores. Finalmente se llevo una mano al rostro eh intento inhalar profundamente en vano. Tras su intención se sentó lo más derecha que le permitía el cuerpo y miro a Konan, quien estaba a su lado.

Con su entrecortada voz, pronuncio sus primeras palabras:

-¿D-donde Es-ta Sa-so-ri?- A pesar de su agitación, su pregunta sonaba determinante.

Konan se quedo en silencio observándola, aun sin poder ocultar el asombro de su rostro. Después de todo, hacia unos segundos esa chica estuvo…

-Sasori está muerto.- La dura voz de Hidan fue la que le otorgo respuesta.

Sakura lo observo en silencio, aun algo jadeante. Los ojos amatistas del hombre la miraban con seriedad, pero no demostraba la misma turbación que Konan, daba este mensaje con el grado de importancia que ameritaba.

Entonces, la kunoichi miro fugazmente al hombre que se encontraba al lado de Hidan, que la observaba también serio e imperturbable. Itachi solo asintió confirmándole aquello.

-Bi-en Enton-ces... de-jen-me sola- Concluyo la chica.

Sin decir nada más, Sakura se hecho hacia atrás, dejándose caer en la camilla agotada.

Todos se le quedaron viendo de pie desde sus lugares. Nadie entendía realmente lo que acababan de observar, aun Zetsu y Konan que habían llevado a cabo la reanimación de Sakura, no podían ignorar del todo el hecho de ver a alguien volver a la vida de manera tan abrupta. La Kunoichi de la hoja había vencido a Sasori.

No.

La Kunoichi Sakura Haruno había vencido a la muerte.

Fue Itachi el primero en moverse, ordenándoles a todos con la mirada que salieran de la habitación mientras les sostenía la puerta. Uno por uno fue abandonando la enfermería, siendo el penúltimo Hidan, que dio una rápida ojeada a la chica y sonrió satisfecho de manera altanera al Uchiha. El pelinegro solo lo miro serio.

Itachi se quedo observando a su pelirrosa, jadeante y ensangrentada como se encontraba. Frunció el ceño ante esto y su deseo de soledad, algo le daba mala espina. Sin embargo salió de la habitación sin decir nada, no planeaba atentar contra la petición de Sakura.

La joven sintió como todos abandonaban la habitación, eh incluso noto como un vacilante Itachi se debatía entre quedarse y salir.

Finalmente, se quedo sola.

Poco a poco, fue regulando su respiración, hasta que su pulso volvió a un ritmo tranquilo y su cuerpo logro encontrar un deje de paz.

Mirando a las luces del techo, se quedo pensando en lo que acaba de suceder. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde la pelea, pero presentía que era ya bastante. No recordaba nada después de que Sasori la atravesara con su katana.

-Sasori ha muerto.- Susurro para sí misma.-Y yo estoy viva.-

Y sorprendentemente, algo insólito sucedió. Sintió como su rostro se contorsionaba en una mueca, y una risa suave comenzó a brotar de entre sus labios. Poco a poco, su risa fue subiendo de tono, hasta volverse una limpia carcajada.

Tal vez ignoraba lo siniestro del gesto, pero eso no le importaba un bledo. Ella estaba viva, malherida, pero aun así era lo bastante fuerte para sobrevivir y eso era lo que en ese momento más le importaba.

Gradualmente, se calmo de nuevo, regresando a la serenidad que había alcanzado en cuanto la dejaron sus compañeros. Y ese último pensamiento resonó en su mente fuertemente.

Si, ahora ellos eran sus compañeros.

-Sakura Haruno, miembro de Akatsuki. Tal vez no suene tan mal después de todo…- Y su sonrisa satisfecha se le volvió a dibujar en el rostro, antes de cerrar los ojos.

Eventualmente Konan regreso a la enfermería, y bajo las instrucciones de la pelirrosa, la ayudo a terminar de curar sus heridas.


Vaya final cierre eh? Disculpen si fue algo melodramatico para su gusto en ciertas partes, pero tenia rato que no me entretenia tanto escribiendo.

Este es mi regalo muy atrasado para ustedes de MArketing day! (14 de febrero), espero les haya gustado.

Dejen sus comentarios y opiniones, lo que deseen.

y este domingo son los oscares! soy la unica emocionada?

Naah, no lo creo(;

Quienes creen que ganaran este año?

Tambien dejen sus comentarios(:

Nos vemos pronto, con suerte antes de el domingo;D!

oh si, y chequen mi otro fanfic, que subiere hoy mas tarde(:

Espero tengan una gran semana.

Salut!

by: SaAdikDollL