Hola, espero que esta vez no me haya tardado tanto como en el capítulo anterior, y que sean un poco pacientes, tengo un poco de trabajo que me complica el poder escribir todos los días, pero créanme que soy la más interesada en terminar esta historia. Bueno sin más por el momento las dejo con este capítulo, esperando sea de su agrado.
Capítulo 21: La fiesta de disfraces.
Era el gran día de la fiesta de disfraces, su madre había prometido hacerse cargo del más mínimo detalle, hasta ella se encargaría de llevarle el disfraz. Annie y Patty habían llegado casa de Candy desde el desayuno, ya que se habían ofrecido a ayudar con los preparativos.
Este tendría que ser un gran acontecimiento, ya que se presentaba ante la aristocracia inglesa a la futura heredera y Condesa Wilder, por ser la única hija del feliz matrimonio. Y si todo pasaba como pensaban sus padres, la fiesta sería el mejor pretexto para presentar y comprometer a una joven pareja.
La comida no fue muy diferente a las que s daban en esa casa, sólo que esta vez, la charla de la sobremesa fue muy diferente.
-Bueno señoritas, creo que es hora de prepararse para el baile, claro, si no quieren hacer esperar a los invitados.
Annie y Patty agradecieron la comida y se dirigieron a las habitaciones que les habían asignado en la mansión Wilder. En el camino, la chica de anteojos casi cae al evadir a un empleado que llevaba un enorme jarrón lleno de flores de colores, el cual adornaría la escalera de la entrada principal.
-Creo que yo también debo de ir a cambiarme – dijo Candy quien se había quedado unos minutos a hablar con sus padres.
-Espera hija, necesitamos hablar de algo.
-Si, ustedes dirán.
-Mi niña, hoy viene el hijo de un gran amigo nuestro, claro, con sus padres, él es el muchacho y educado de quien te hablamos y no pudiste conocer el día que saliste a cenar con tus amigos, y creo que lo más correcto es que seas buena anfitriona el día de hoy con él, y en un futuro se vuelvan buenos amigos.
-En eso tienes mucha razón papá, debo disculparme por haberlo dejado plantado. Además, si es el hijo de un amigo suyo, no tiene por qué caerme mal. Es importante que me disculpe por no asistir a la cena y eso es lo que pienso hacer.
-Por cierto querida – dijo su madre – tu disfraz te espera en tu alcoba, yo lo escogí, espero te guste mi amor.
-Gracias mamá, estaré lista pronto – ya se iba cuando recordó algo -¿Y cómo reconoceré al joven? – no se explicaba la razón, pero estaba muy interesada en conocer al chico, y claro que si ese día no hubiera llegado Albert, de seguro no habría faltado a la cena.
-Nosotros te lo presentaremos – dijo su padre.
-De acuerdo, nos vemos en un rato más.
Dicho esto, subió corriendo a su habitación, ya se le había hecho un poco tarde, y aunque Dorothy de segura ya le tendría todo acomodado, desde que conoció sus verdaderos orígenes, se prometió a ella misma, no volver a llegar tarde a algún evento.
Sobre su cama había uno de los vestidos más hermosos que había visto en su vida, zapatillas que hacían juego, un antifaz y una peluca castaña con el cabello trenzado. Candy no lo podía creer, era el disfraz de Julieta Capuleto, mucho más hermoso que el que Albert le había regalado hace años, y mejor que el que cualquier compañía de teatro podía adquirir para presentar una obra.
Sin embargo, esto para Candy fue algo muy doloroso, no sólo porque con este traje bailó por primera vez con Terry en el festival de mayo, sino porque fue la maldición de este personaje, la que la separó de él.
-No Candy, no llores más, ya has llorado demasiado por él – se decía a ella misma – además, mamá se esforzó mucho por conseguirlo.
Sin protestar, tratándose de resignar, pero con todo el dolor de su corazón, comenzó a arreglarse.
Cada pieza que se ponía del disfraz era una agonía para ella, no concebía cómo un vestido podía causarle tanto dolor, y a pesar de prometerse no llorar, tenía una opresión en el corazón que dificultaba su respiración. Terminó de arreglarse y se miró al espejo, y si no fuera por esos ojos verdes que veía tras el antifaz, podría jurar que esa persona del reflejo era otra, se veía tan diferente que ni sus padres y amigos la reconocerían así.
Para Terry las cosas no fueron diferentes, le sorprendió mucho ver el traje de Romeo en su alcoba, y a pesar de que amaba el teatro, y que en otras circunstancias estaría orgulloso de portar ese traje, no le perdonaba al teatro haberle arrebata el gran amor de su vida, Candy. No obstante, aceptó ponérselo por falta de tiempo para conseguir otro.
Por casualidad o no, Romeo y Julieta vivirían esta noche representados por los cuerpos de Terry y Candy, a quienes el destino volvía a poner frente a frente.
La fiesta fue mejor de lo que se esperaba, había muchos invitados, Annie y Archie se habían puesto de acuerdo y se habían disfrazado de rey y reina, Patty y Stear, habían optado por algo más moderno y se vistieron de pilotos, mientras que Albert y Sofía fueron más discretos vistiendo de gala y usando antifaces. Todo mundo se divertía cuando una guapa castaña, que portaba un hermoso vestido, bajaba de las escaleras, ella era señalada por todas las miradas del salón, la chica que bajaba había logrado cautiva a todos con su belleza.
A primera vista, sus amigos no lograron reconocerla, de verdad lucía muy hermosa, además poseía cierta gracia que no cualquiera podía tener, los Corwell y sus respectivas parejas se dieron cuenta de que era Candy, hasta que ella entabló una conversación con ellos, se encontraban asombrados por la elegancia de la chica, quien de verdad había impactado con su belleza a todos los invitados, en conclusión, Candy se veía ese día simplemente hermosa, y eso era muy evidente.
El Conde se dirigió hacia ella para ayudarla a bajar la escalera.
-Hija, te ves preciosa – dijeron ambos padres.
-No creo que sea para tanto – sonrojándose – este vestido es hermoso, y yo creo que se debe a eso el que me vea algo bien, y no soy yo.
-Ally, tesoro, debes de aprender a no ser tan modesta, los vestidos en un aparador lucen bonitos, pero tu te ves radiante – el comentario de su padre hizo que se sonrojara – y si no me crees, dime por qué todo el mundo te esta mirando.
-Dices eso porque soy tu hija.
-No tesoro – esta vez la que intervino fue su mamá – de verdad te ves encantadora.
-Gracias a lo dos – y les dio un fuerte abrazo.
-Vamos hija, ahora tienes que disfrutar de tu fiesta.
-Gracias padre, por cierto, dijo que me presentaría a alguien esta noche, ¿aún no ha llegado?
-No hija, ve con tus amigos, en cuento llegue te lo haré saber.
Tenía un presentimiento extraño, por alguna razón, Candy tenía muchas ganas de conocer a ese chico misterioso del cual hablaban sus padres, estaba tan concentrada en imaginar cómo sería él, que no notaba como todos los invitados la observaban, y no sólo se debía al hermoso vestido que llevaba como decía ella, sino toda su persona, su belleza, su gracia, su elegancia al deslizarse por toda la estancia donde se llevaba a cabo la fiesta. Todo esto cautivó a los invitados, y al ver cómo hablaba con los Condes Wilder, era fácil imaginar que esa hermosa chica era el motivo por el cual se encontraban festejando, lo que provocó que muchos caballeros le pidieran una pieza para bailar.
Los Grandchester hicieron su aparición en la fiesta, Terry estaba irreconocible, al igual que Candy, usaba un peluquín negro el cual ocupaba para cubrir su larga cabellera castaña. Además, logró robar las miradas de muchas jovencitas, no siempre se veía a chicos tan guapos en este tipo de fiestas. El Conde y la Condesa recibieron a los Duques como invitados especiales, Terry sólo saludó a los anfitriones y decidió ir a un espacio donde no hubiera tanta gente.
-Arthur, qué bonita fiesta – dijo el Duque acercándose a su amigo – todo esta perfecto.
-Si, todo luce encantador – intervino Eleonor.
-Lo mejor para nuestra hija, después de no festejarla 17 años, esto no se compara – dijo el Conde – por cierto ¿dónde está Terry? Hace rato lo vi por aquí, pero lo he perdido de vista.
-En un momento nos alcanza – dijo Eleonor – dijo que tomaría un poco de aire.
Todos los jóvenes querían invitar a bailar a la linda Julieta, Candy estaba agotada de tanto que la habían sacado a bailar, con la escusa de tomar un poco de agua, salió al balcón creyendo que no había nadie allí. Pero estaba equivocada, puesto que ahí se encontraba Romeo, quien miraba hacia el patio principal. Una extraña fuerza hizo que la rubia se acercara más al joven que estaba en el balcón, a pesar de que este se encontraba dándole la espalda.
-Disculpe, creí que no había nadie – dijo Candy – su voz congeló a Terry, era ella, esto era un sueño, había escuchado a su pecosa detrás de él, no quería voltear puesto que si esto era un sueño o truco de su imaginación, no quería despertar. Él sabía que esa era la voz de su amada Candy, pero a la vez, sabía que ella no podía encontrarse en ese lugar.
Pero la curiosidad fue tan tentadora que giró lentamente sobre sus pies, frente a él, no vio a Candy, pero sí a una de las mujeres más hermosas que había visto en toda su vida. La observó bien, analizó cada centímetro de la joven, fue entonces que se encontró con un par de esmeraldas, la máscara no dejaba ver su rostro, pero juraría que se trataba de Candy, esos ojos eran suyos y de nadie más; pero su razón regresó y lo obligó a aceptar que era imposible que aquella chica fuera su Candy.
-Subí al balcón a buscar a Julieta, pues esperé mucho tiempo haya abajo y nunca apareció – dijo sarcásticamente Terry.
Candy enmudeció – es su voz, es la voz de Terry, pensaba ella, pero no puede ser, él está casado pero es tan parecido a este joven.
Candy no sabía qué hacer, le temblaron las piernas al escuchar la voz de él, se preguntaba si acaso la voz de Terry era tan común en Inglaterra. Lo observó, hasta toparse con ese par de ojos azules que siempre le habían gustado, podría jurar que era Terry, a no ser porque su razón vencía a su corazón, y acabó por convencerse de que todo era parte de su imaginación.
Candy siguió con su juego.
-¿Y Romeo es tan valiente para estar tan tranquilo en casa de los Capuleto? – Terry no lo podía creer, a parte de bella, conocedora de teatro.
-¿Conoce la obra? – Por qué se sentía tan raro? La voz, los ojos, su imaginación si que le estaba jugando una mala pasada.
-Si, aunque no es de mi agrado, por lo que veo usted también la conoce.
-Por lo menos estamos de acuerdo, a mi tampoco me gusta la obra, es una historia muy triste.
-Entonces por qué viene vestido de Romeo si no le gusta.
-¿No cree que yo debería de hacerle la misma pregunta?
Ambos sonrieron y se vieron a los ojos, había sido la primera sonrisa sincera que ambos habían tenido desde hace mucho tiempo. Por alguna extraña razón, la compañas que se hacían, era gratificante para ambos.
-Creo que por lo menos valió la pena venir a la fiesta de esta niña malcriada.
-Por lo que dices creo que conoce bien a los anfitriones y no le caen muy bien – dijo Candy disimulando su molestia.
Estoy casi segura que él es el joven que querían presentarme mis padres, y está molesto por haberlo plantado, de alguna manera lo entiendo, yo fui la que le quedó mal, pensó Candy.
-A los Condes sí, y son maravillosas personas, pero su hija ha de ser una niña mimada que cancela compromisos de último momento.
Sí, él debe ser el joven que me querían presentar aquella noche, pensó Candy, le seguiré el juego, esto va a ser divertido.
Era raro que la conversación que entablaban era fluida, que daba el aspecto que tuvieran mucho tiempo de haberse conocido, se sentían muy cómodos platicando entre ellos desde el momento en que cruzaron la primera palabra.
-Entonces, si dice que no es de su agrado la festejada, ¿por qué cree que valió la pena asistir a la fiesta?, ¿acaso no es por los Condes?
-Por ellos también claro, pero además por el gusto de conocer una Julieta tan encantadora – Candy se sonrojó, Terry tomó su mano y plantó un tierno beso en ella. En el momento en que su piel hizo contacto, por alguna extraña razón, ambos sintieron como una corriente eléctrica atravesaba todo su cuerpo e inexplicablemente sentían como si antes ya hubieran estado juntos y experimentado todo eso. El tiempo pareció congelarse sólo existían ellos dos, ambos pensaban lo mismo - ¿Qué es esto que me pasa? ¿Por qué no quiero que termine? Me siento extraño (extraña en el caso de Candy) pero a gusto a su lado.
Candy juraría que eso que sintió ya lo había sentido antes, o mejor dicho, alguien se lo había hecho sentir, pero cómo era posible que ese joven la hiciera sentir esas emociones si tenía unos minutos de haberlo conocido, si apenas había cruzado con él unas cuantas palabras, y esos ojos, juraría que esos ojos eran los de él, los de Terry; pero su razón seguía venciendo a su corazón, y trató de dejar a un lado lo que empezaba a sentir.
Pero Terry no se encontraba mejor, el también juraba que esos eran los ojos de su Candy, su vos, su aroma, pero cómo era posible que le pasara esto cuando había decidido darle una oportunidad a la vida. Su corazón le decía que era ella pero su razón le indicaba que estaba loco, que veía a Candy en esa chica porque todavía no había podido olvidarla.
El momento tan especial que tenían, fue interrumpido por uno de los sirvientes, cuanto hubieran dado por que el sirviente no los hubiera interrumpido.
-Señorita Wilder, su padre solicita de su presencia en la estancia.
-Gracias Alfred, voy enseguida – ahora dirigiéndose a Terry – Me va a disculpar, pero la niña malcriada tienen que retirarse por un tiempo – dicho esto, entró en la sala dejando a un Terry sonrojado.
-Ella me recuerda tanto a mi pecas – dijo para sí.
Pero ahora se explicaba el porqué de esos verdes, ella era la hija de la Condesa, i al igual que su madre, ella también tenía esos adorables ojos verdes, ella era Allison Wilder, y no Candy White. Pero también recordó otra cosa, esa chica lo había plantado, el coraje que eso le había provocado se esfumó en un segundo, ahora, lo único que le importaba era conocer mejor a esa chica.
Candy fue presentada como Allison Wilder, la hija de los Condes Wilder. Mientras transcurría la presentación, Terry se encontraba en una esquina esperando a que esta terminara. Cuando ella soltó el brazo de su padre, Terry se le adelantó al resto de los jóvenes que esperaban ansiosos bailar con ella, y la tomó del brazo.
-Creo que como todo caballero debo disculparme – tomándola de la mano – lamento mi comportamiento de hace unos minutos.
-No se preocupe, todos comentemos errores, yo también me disculpo por dejarlo plantado la otra noche. Pero ahora usted ya sebe mi nombre, y me gustaría conocer el suyo.
-Por supuesto señorita Allison, pero debe concederme esta pieza, será como fumar la pipa de la paz, usted por haberme dejado plantado en la cena de la otra noche, y yo por haberla llamado malcriada – ella sonrió.
-Sólo si me hace un favor, llámeme Lizi o Ally, me gusta más que me llamen de esa forma, Allison me parece un nombre muy largo.
-De acuerdo Ally, ¿bailamos? – Ofreciéndole su mano.
En realidad, no fue una pieza la que bailaron, sino que fue por mucho tiempo. Todos los asistentes admiraban como bailaba la joven pareja, ambos se sentían tan bien juntos, que el tiempo se les fue volando.
Mientras sus amigos se preguntaban quien era el joven que bailaba con Candy, los padres de la pareja conversaban.
-Creo que no va a ser necesario presentar a nuestros hijos, veo que ya se conocen y se agradan – dijo la Condesa, los tres asintieron con alegría.
Todos los invitados se preguntaban quien era el chico que bailaba con Allison Wilder, sin embargo, los más interesados eran los amigos de Candy, claro y la misma señorita Pecas.
-Candy se ve muy contenta – dijo Patty.
-Creo que después de todo lo que ha vivido se lo merece – intervino Stear.
-Sí, sólo espero que este aristócrata no vaya a salir como el otro.
-Vamos Archie – dijo Stear – deja que Candy se divierta, si este joven le falta al respeto, aquí estamos para defenderla.
-Mejor sigamos bailando – pidió Annie y continuaron con el baile.
Después de tanto bailar, Romeo y Julieta salieron a la terraza.
-Bueno, ya cumplí con bailar, ahora me gustaría conocer vuestro nombre – a ambos se les iluminaban los ojos cada vez que se miraban.
-Soy Romeo ¿acaso no lo has notado – Terry reía.
-Buen chiste, pero ¿Romeo no tendrá otro nombre?
-Graham, mi nombre es Graham – algo extraño sintió Candy, sabía que había escuchado ese nombre pero no recordaba donde, al final, dejó de pensar en esa idea que nada más le causaba dolores de cabeza.
-Graham, ¿te gusta el teatro?
-Algo - ¿Por qué lo preguntará?, pensaba Terry.
Pensamientos de Terry
¿Por qué le dije mi segundo nombre y no le dije que me llamo Terrence? Mmmm, cómo si no lo supiera, su voz tan parecida a la de mi Pecosa; no soportaría que una voz así pronunciara mi nombre, me sentía tan bien cada vez que escuchaba "Terry" salir de sus labios. Terrence murió al perder al amor de mi vida, de ahora en adelante seré Graham.
-Graham – decía Ally - ¿Me estás escuchando?
-Lo siento, me distraje un poco, me decías que si me gusta el teatro ¿no?, en realidad, me gusta un poco – antes era la segunda cosa que más amaba en el mundo, pero gracias a que me separó de Candy, no se si vuelva a sentir ese amor por él, pensaba Terry.
-Hay una maldición en el teatro, dicen que quienes interpretan a Romeo y Julieta, serán pareja por siempre, ¿será verdad?
-Antes te dije que no me gustaba esta obra, y no creo que sea cierto, un momento, ¿dijiste maldición? – Y comenzó a reír.
Más que burlona, su risa era irónica, como esta chica podía saber tantas cosas de su vida, era algo inexplicable. Mientras ella seguía cautiva da por el joven, quien también poseía la risa de su rebelde.
-Sí, y no te burles, dije maldición – ella se veía apenada.
-No creo que usar los trajes sea algo mágico – si lo fuera, yo estaría en estos momentos con Candy, fue con ella con quien los usé por primera vez, en el festival de mayo, y ahora no estamos juntos, pensó el castaño.
-Tienes razón, los trajes no son mágicos, pero el escenario sí – Candy recordó aquella tarde donde Karen le relató la maldición de Romeo y Julieta, que en ese entonces no creía.
-No te entiendo – Terry también se sintió incómodo con la conversación.
-Olvídalo, sólo digo tonterías Graham, por cierto, no me has dicho tu apellido.
Esto no le gustó nada a Terry, ella quería saber a qué familia pertenecía, y eso la hacía ver como una choca interesada, claro al saber que era un Grandchester todo cambiaría, pero se equivocó.
-Bueno, la verdad eso no me importa, las rosas son bellas por su color, por su esencia, y no por llamarse rosas, y aunque dejaran de llamarse así, no perderían su belleza.
-Creí que había dicho que no le gustaba la obra de Shakespeare – esa chica lo sorprendía a cada momento, y lo hacía cambiar de parecer, ya que su carácter y forma de ser no tenían nada que ver con su estatus social.
-¿Podemos dejarlo sólo en Graham?
-Claro, con la condición que para ti, sea sólo Ally – los dos confirmaron al sonreír mutuamente.
-Bueno, y regresando a lo de la maldición, ¿crees que los disfraces tienen magia?
-La verdad no lo se.
-Pues yo creo que si tienen algo de magia, eres la primera chica que no se enoja cuando le dicen malcriada. Además, nunca creí encontrarme a una Julieta tan linda y agradable en este lugar. Yo creí que Allison Wilder era una chica malcriada y mimada, pero veo que me equivoqué, y me dio mucho gusto haber venido para poder conocerte.
-A mí también me da mucho gusto haberte conocido.
Ambos se rieron por los comentarios que se hacían. Pasaron el resto de la noche platicando, cuando Terry tuvo que retirarse, ambos se prometieron seguir en contacto. Habían pasado la mejor velada desde su separación, al grado que a Terry se le olvidó presentarle a Ally a sus padres.
Los dos habían decidido darle una nueva oportunidad a su corazón, aunque en realidad, ya se pertenecían el uno al otro…
Bueno qué les pareció.
Me gustaría comentar unos puntos, primero, claro que sus corazones sabían que eran ellos, pero lo menciona tanto con Terry como con Candy, su corazón estaba tan dañado que no tenía la fuerza para asegurarles quienes eran, la razón venció al creer que cada uno había hecho su vida en un lugar del mundo lejos de allí. La verdad le quiero poner una pruebita de amor a esta parejita, pero no se desesperen, pronto se verán las caras sin máscara.
Segundo punto, estuve investigando el segundo nombre de Terry y lo encontré como Greum y como Graham, la verdad, me gustó más el segundo, jijiji por eso lo dejé.
Agradezco tanto sus comentarios, y para aquellas que esperaban se rencontraran en esta fiesta me disculpo, pero mi idea de la historia no era reunirlos en este momento, pero vuelvo a pedir paciencia, gracias por su comprensión de antemano.
Con relación al porqué los padres no los presentaron, bueno, fue explicado que a Terry se le olvidó, además el no quiere que ella se entere de que es un Grandchester, Allison le gusta y quiere que lo quiera por su persona y no por su nombre jajajjajaj ando medio loquita con estas ideas.
Bueno, el siguiente capítulo es de muchas confusiones y remordimientos, ambos se enfrentaran a creer que están traicionando al amor de sus vidas al sentir algo por alguien más, que lindos, cuando se enteren de que son ellos mismos…
Por otro lado, Candy se entera de que estuvo comprometida con Graham desde su nacimiento, qué actitud tomará.
Agradezco a todas las que se han tomado su tiempo para leerme, y les pediría que si tienen unos minutos más, me dejen un review, la verdad son un gran estímulo, y sirven para saber cómo va la historia.
Y cumplo mi promesa, ya no los hago sufrir más, están contentos, aunque no saben que son ellos, están felices porque han encontrado a alguien muy especial, bueno hasta el próximo capítulo, espero poder realizar agradecimientos personalizado para la próxima, hasta entonces, nos estamos leyendo.
